Leer Ultimátum de Diez Días (Novela) Capítulo 56 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Cuando el grito de Xiao Ran comenzó a aumentar, el Doctor Zhao rápidamente le puso una mano sobre la boca, amortiguando su grito en un gemido ahogado.
El silencio era sofocante mientras los cuatro permanecían paralizados, con los ojos abiertos por el terror, fijos en la grotesca figura que tenían delante. El doctor Zhao, tras haberlos seguido afuera por curiosidad, se quedó paralizado, con la sangre helada al ver a la extraña criatura.
La figura ante ellos, más parecida a un grillo que a una persona, se movía con un ritmo de pesadilla. Balanceaba sus patas traseras con una velocidad sobrenatural, girando erráticamente como si buscara algo invisible. Su cuerpo demacrado se contorsionaba de maneras que desafiaban la anatomía humana, y sus dos cuencas oculares huecas escudriñaban el área, como si aún pudieran ver a pesar de estar vacías.
El cuello de la criatura se retorció con una velocidad inhumana, con una amplitud de movimiento tan antinatural que parecía que su cabeza iba a partirse en cualquier momento. Los rápidos movimientos, casi insectoides, infundieron terror en el grupo, dejándolos paralizados en la opresiva oscuridad, intentando desesperadamente no llamar su atención.
Unos segundos después, la {persona} saltó repentinamente en el aire, dirigiéndose hacia la pared de la tienda de conveniencia.
Qi Xia levantó rápidamente la antorcha; su luz parpadeante proyectaba sombras inquietantes mientras intentaba desesperadamente no perder de vista la figura. Sabía que en aquella oscuridad opresiva, perder de vista a semejante objetivo podría ser fatal.
Sin embargo, cuando la luz de la antorcha barrió la pared, Qi Xia, a pesar de su confianza en su fortaleza mental, casi se derrumbó bajo el peso del horror que lo enfrentó.
La pared estaba repleta de {personas}: docenas de ellas, cada una tan demacrada y grotesca como la anterior, moviéndose con una velocidad y una coordinación inquietantes. Se aferraban a la pared como insectos, deslizándose por su superficie con un ritmo descoordinado que ponía los pelos de punta a Qi Xia.
Cuando la luz del fuego se reflejaba en las paredes, las criaturas parecieron reaccionar y escabullirse hacia las sombras; sus movimientos recordaban inquietantemente a los de los grillos, las cucarachas y las arañas.
Estos seres tenían poco parecido con los humanos.
Un escalofrío recorrió la columna de Qi Xia y sintió que se le erizaban los pelos del cuerpo.
Mientras él y Lin Qin recorrían el oscuro camino hacia la tienda, los envolvió el persistente susurro de los insectos. El sonido a veces era distante y otras, inquietantemente cercano.
Ahora, la aterradora verdad cayó sobre él.
No eran insectos en absoluto: eran personas.
Al comprenderlo, Qi Xia sintió un hormigueo en la piel con un sudor frío. La idea de haber caminado a escasos centímetros de esas grotescas criaturas, con su presencia oculta en la oscuridad, lo llenó de un terror indescriptible que trascendió la simple réplica.
Su respiración se volvió superficial mientras giraba lentamente, haciendo una señal a los demás con un gesto cauteloso.
Todos comprendieron la orden silenciosa y comenzaron a retirarse.
Qi Xia, sujetando la antorcha con fuerza, mantenía la mirada fija en las criaturas aferradas a la pared. Retrocedió con pasos pausados y mesurados, guiando a los demás.
Los cuatro se movían al unísono, cada paso dolorosamente lento, conteniendo la respiración por temor a llamar la atención. No se atrevían a hacer ruido, retrocediendo lentamente hacia la seguridad del edificio con silenciosa urgencia.
Estas criaturas parecían haber perdido los ojos, pues dependían únicamente del sonido para orientarse. Afortunadamente, todos comprendían que su supervivencia dependía de mantener un silencio absoluto, y ni un solo sonido escapó de sus labios.
Una vez que todos entraron a la tienda, Qi Xia agarró rápidamente una tabla de madera y la apoyó contra la puerta cerrada. El grupo continuó su retirada hasta que sus espaldas quedaron pegadas a la pared del fondo, cuya superficie fría y moteada les daba una pequeña sensación de seguridad.
Xiao Ran, con voz temblorosa, finalmente rompió el silencio. "¿Qué... qué demonios son esas cosas?"
"Es una persona...", empezó el doctor Zhao, pero luego negó rápidamente con la cabeza, corrigiéndose. "No... no, el esqueleto humano no puede soportar tales movimientos. Deben ser... insectos..."
Qi Xia respiró hondo, con la voz firme pero cargada de tensión. «Anoche también oí estos crujidos y chirridos, lo que significa que estas cosas no aparecieron hoy; llevan aquí desde siempre».
Se volvió hacia Lin Qin con expresión seria. "Tuvimos muchísima suerte de no haberlos pisado en el camino..."
Lin Qin asintió, con el rostro pálido por el miedo persistente. La conmoción por su escape por los pelos aún la estaba afectando.
Un pesado silencio se apoderó del grupo.
Antes de presenciar esta escena de pesadilla, tal vez podrían haber descansado en la oscuridad. Pero ahora, dormir era imposible. Solo podían apoyarse en la fría y áspera pared, con la mirada fija en la puerta, temiendo que esas criaturas entraran en cualquier momento.
La noche, desprovista de sueño y de sonido, se prolongó interminablemente.
Todos permanecieron junto al muro durante media noche, con el cuerpo dolorido por el esfuerzo. Les dolían la cintura y las piernas, y la fatiga los agobiaba.
A medida que pasaban las horas, empezaron a notar algo peculiar. Los insectos que había fuera de la puerta, aunque desconcertantes, parecían comportarse como insectos comunes. A pesar de su aspecto grotesco, no mostraban intención de entrar en la habitación iluminada.
Qi Xia intentó comprender el extraño fenómeno aplicando las reglas del lugar. A pesar de su apariencia grotesca —ojos sangrantes y formas retorcidas e inhumanas—, las criaturas del exterior eran, después de todo, solo insectos.
Si los {insectos} y los {dependientes} fueran en realidad manifestaciones del mismo principio subyacente, sin duda cumplirían con sus funciones asignadas con cierto rigor. Este razonamiento sugería que los insectos del exterior, aunque aterradores, podrían no representar una amenaza tan grave como se temía inicialmente. Incluso si se inclinaran a atacar a los humanos, sus acciones probablemente seguirían un patrón predecible; era improbable que intentaran colectivamente forzar la puerta.
Con esto en mente, Qi Xia se sentó lentamente en el suelo, estirando sus doloridas extremidades. Su calma deliberada pareció tener un efecto tranquilizador; los otros tres lo imitaron, aunque con la tensión persistente en sus rostros.
"Qi Xia... ¿qué debemos hacer?", preguntó Lin Qin con voz temblorosa por la incertidumbre.
Qi Xia, sumido en sus pensamientos, se tocó la barbilla antes de responder: "Duerme".
"¿Dormir?"
"Sí, duerme un rato y conserva tus energías", respondió Qi Xia con calma. Encontró una tabla de madera relativamente limpia y la colocó junto a Lin Qin. "Saldremos después del amanecer a buscar al oficial Li".
"Pero... esas cosas afuera de la puerta..." Lin Qin dudó, su miedo era evidente.
—No te preocupes —la tranquilizó Qi Xia con tono despreocupado—. No entrarán. Mientras no salgamos, no habrá peligro por ahora.
Lin Qin asintió con cautela, casi como un niño que busca consuelo en sus palabras, y luego se acostó, tratando de encontrar algo parecido a un descanso en medio de los terrores de la noche.
Qi Xia caminó hasta una esquina, encontró una tabla de madera limpia y la usó para cubrir la olla antes de sentarse sobre la tabla para presionarla.
Xiao Ran y el Doctor Zhao intercambiaron miradas inquietas, su aprensión era palpable mientras observaban a Qi Xia y Lin Qin.
¿Cómo podría alguien pensar en dormir en un momento como éste?
Aunque lograron superar el miedo a los insectos del exterior, Xiao Ran seguía sospechando de Qi Xia. Su anterior confesión de ser un estafador que había defraudado dos millones de dólares ensombrecía su reputación.
La mente de Xiao Ran se llenó de paranoia. Temía que si cerraba los ojos, no despertaría a la mañana siguiente. ¿Cómo podría confiar lo suficiente en él para dormir tranquila?
Qi Xia ignoró las miradas aprensivas de Xiao Ran y el Doctor Zhao. En cambio, se apoyó en la pared y cerró los ojos; la inquietud de los demás le importaba poco.
Lin Qin, observando a Qi Xia desde su lugar en la tabla de madera, sintió una punzada de compasión. Se acercó arrastrando los pies y dijo: «Qi Xia, la tabla es lo suficientemente grande para las dos. Puedes acostarte en ella también».
Qi Xia levantó los párpados y respondió: "No, estoy acostumbrado a dormir sentado".
"¿Dormir sentado?", pensó Lin Qin un momento, luego se levantó, acercó la tabla a Qi Xia y se recostó. "En ese caso, puedes sentarte a mi lado".
Qi Xia no se negó. Entre Xiao Ran y el Doctor Zhao, Lin Qin le había causado una mejor impresión.
Lin Qin, recostado en el tablero, miró con curiosidad a Qi Xia y preguntó: "¿Por qué has desarrollado el hábito de dormir sentado?"
Qi Xia arqueó las cejas y consideró la pregunta con detenimiento. "Dormir sentado me impide relajarme por completo y mantener mi mente alerta y operativa en todo momento".
Lin Qin asintió, aunque su expresión sugería que estaba reflexionando sobre algo más profundo. "¿Siempre has dormido así?"
"Sí."
"¿Y esta ha sido tu rutina durante muchos años?"
Qi Xia, percibiendo la naturaleza inusual de sus preguntas, se giró para mirarla. "¿Es esta pregunta realmente tan importante?"
Lin Qin dudó, reflexionando un momento antes de preguntar: "Pero tienes esposa... Incluso cuando están juntos, ¿sigues durmiendo sentado todas las noches?"

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Estás leyendo el capítulo 56 de Ultimátum de Diez Días (Novela), un novela. (Sin los típicos clichés de los harenes, patrones predecibles, protagonistas invencibles, motivos repetitivos, narrativas sin sentido y una historia satisfactoria, es posible que esta obra no sea del agrado de todos.… Este capítulo tiene publicado el 26 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ultimátum de Diez Días (Novela) tiene 483 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.