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Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 9 online gratis en español

Cuando Atila escuchó esas palabras, se paralizó de inmediato. Como si lo hubieran descubierto haciendo algo malo. Su mano pareció congelarse en el tiempo. Quedó extendida frente a la herramienta, pero sin tocarla. Su rostro también quedó congelado, con las cejas levantadas, como si no pudiera creerlo. Después de un tiempo, al ver que no sucedía nada, giró la cabeza hacia todos lados, moviéndola de lado a lado, buscando a quien lo hubiera estado observando. Tenía que encontrarlo. Si no lo hacía y descubrían que había despertado sin ayuda de nadie, no podía imaginar un buen futuro para él. Se convertiría automáticamente en un esclavo premium. Pero, cuando Atila comprendió que no había nadie, que no importaba hacia dónde mirara, no encontró rastro alguno. Ni siquiera una sola huella aparte de sus propias pisadas en el polvo. Sin quererlo, comenzó a sentir una ansiedad sin precedentes. Como si hubiera cometido el error más grande del mundo. Uno imperdonable. Incluso sus manos comenzaron a tiritar suavemente. Su propio cuerpo intentaba tranquilizarlo de alguna manera. Pero, para Atila, no era más que un recordatorio. Le causaba más ansiedad, intensificando todas sus reacciones. Justo cuando estaba imaginando todo tipo de escenarios, cada uno más desafortunado que el anterior, volvió a escuchar la voz. (“Asustado, ¿eh? Bueno, es esperable, viendo que has sido algo descuidado.”) Apenas comenzó a escucharla, Atila giró bruscamente, buscando por todos lados. Otra vez no encontró nada. Pero se concentró aún más, intentando no perderse ninguna señal. (“No me busques afuera. Estoy dentro de ti, chico. Nadie más que tú puede escucharme. Te estoy hablando directamente.”) Inconscientemente, Atila se miró el pecho al escuchar las palabras de aquella voz misteriosa. Pero, antes de que pudiera apartar la mirada o hacer algún comentario, la voz siguió hablando. (“Soy el artefacto que encontraste hace algunos meses.”) (“Sé que puede ser mucho para asimilar, pero no tenemos mucho tiempo. Aún es pronto; estuve demasiado tiempo vagando.”) (“Se podría decir que estoy descargado. Así que pregúntame lo que quieras. Responderé cuatro o cinco preguntas, dependiendo de cuánto me explaye.”) (“Después de eso, escucha lo que quiero decirte.”) (“Puedes comenzar cuando quieras. No tienes que hablar en voz alta; puedo escuchar tus pensamientos. Estoy unido a tu alma.”) Sin saber qué pensar, Atila se dejó caer al suelo, como si las piernas le hubieran fallado. Sentado y apoyado contra una de las paredes de roca del túnel, hizo la primera pregunta que se le vino a la mente. (¿Quién eres realmente?) (“Es una buena pregunta para empezar. Aunque no te daré todos los detalles, aquí voy.”) (“En pocas palabras, soy una persona poderosa. O, más que nada, lo era. Pero también fui una persona desafortunada. El poder fue capaz de ampliar mis horizontes.”) (“Pero vi cosas que no debería haber visto.”) (“Bueno, eso, si lo vemos desde el punto de vista de los demás. ¿Por qué deberían existir cosas que tengo prohibido ver o saber? Así que me arrebataron mis alas. Pero no me rendí; ya había visto fuera del pozo.”) (“Así que un amigo me ayudó a ser lo que soy ahora: un objeto. Antiguamente me llamaban Alphonse Trajano, aunque siempre se referían a mí por mi apellido.”) Atila frunció un poco el ceño mientras escuchaba. “Alphonse” hablaba con muchos acertijos y metáforas, como si intentara explicar el gran marco de las cosas sin contar todo. Eso lo molestaba un poco. Así que hizo otra pregunta. (¿Por qué debería confiar en ti? En un cubo raro que me habla sin que nadie más escuche.) (“Esa también es buena. Me ahorras parte de la explicación.”) (“Deberías hacerlo por dos motivos: yo también busqué la libertad, como tú, y no la conseguí. Además, no puedo hacerte daño.”) (“No puedo hacerte daño porque tardé demasiado en encontrar a alguien capaz. Si hubiera sido unos cientos de años antes, podría haber suplantado tu identidad fácilmente.”) (“Pero, para sobrevivir, tuve que dispersar mi alma verdadera. Sé que no sabes lo que es, pero digamos que es el núcleo del alma; lo más importante. Lo hice para poder recargar energía y seguir esperando.”) (“Por eso estoy ligado a tu alma. Para poder seguir existiendo, tengo que estar conectado a tu alma verdadera. En ese momento hice una apuesta y tuve éxito, porque te encontré.”) (“Acudiste a mi llamado.”) Apenas escuchó esas últimas palabras, Atila no pudo contenerse y preguntó de inmediato. (¿Tu llamado? ¿A qué te refieres?) (“Supongo que, antes de encontrarme, tuviste alucinaciones, escuchaste susurros o tuviste algunos sueños extraños. Era yo llamándote. Simplemente resonaba con tu alma para que llegaras hasta mí.”) Mientras Atila escuchaba lo que decía Alphonse, no pudo evitar recordar todo lo que le había sucedido. Los sueños que había tenido anteriormente. Las sensaciones extrañas en el pecho. Y cómo habían crecido con el tiempo. Todo el tiempo había sido su culpa. Ahora le hacía sentido. Él había venido muchas veces a la misma mina y nunca había sentido nada. (“Mi tiempo, principalmente, me lo pasaba hibernando para ahorrar energía. El restante lo utilizaba escaneando a las personas de los alrededores. De hecho, puedo escanear toda la colina si quiero.”) Mientras más escuchaba Atila, más se asombraba. Era simplemente una persona muerta. Después de quizás cuántos años: cientos, miles de años. Y aún conservaba habilidades que, a sus ojos, parecían divinas. Era solo un cubo inerte, pero tenía capacidades que le recordaban las leyendas que escuchaba cuando era niño. Cuando todavía tenía una familia. Cuando esos pensamientos llegaron a su mente, Atila salió rápidamente de su ensoñación. Trató de pensar en una pregunta. (¿Por qué me elegiste a mí? Ya lo has mencionado varias veces.) (“Esa es una mejor pregunta. Es simple: eres especial por más de un motivo. Pero seré franco: no puedo decirte todos los motivos, porque sería contraproducente para ti.”) (“Pero te puedo decir uno de los principales: tu habilidad. Es una que no está restringida como la gran mayoría. Lo entenderás más adelante, pero tiene que ver con la ascensión en el camino del poder.”) Atila comenzaba a sentir una confusión en la cabeza. Mientras seguía pensando en lo que Alphonse había dicho, este volvía a responder otra pregunta y lo dejaba con aún más dudas. Así que esta vez se quedó callado por un tiempo. Pero, antes de que pasaran más de veinte segundos en silencio, Alphonse comenzó a hablar igualmente. (“Bueno, no tenemos todo el tiempo del mundo. No me he recuperado ni mucho menos, así que mi tiempo es limitado. Todavía necesito seguir nutriéndome de tu energía espiritual.”) —¿Energía espiritual? ¿Qué es eso? Extrañado, Atila preguntó en voz alta sin ninguna intención. Lo tomó por sorpresa. (“Eso no es relevante ahora. Como dije, no queda mucho tiempo. Pero quédate con que es la energía que moviliza tu alma y con la que has activado todo este tiempo tu habilidad innata.”) (“Aun así, responderé otra pregunta que tenías, pero no hiciste: sí, fui yo quien te brindó toda esa información cuando despertaste. Por eso parecía contextualizada.”) (“Puedes creerme o no; eso lo dejo a tu discreción. Aunque no tienes otra opción.”) Atila asintió, dándole la razón a Alphonse. Era su mejor opción por el momento. No era como si pudiera ir al Departamento de Recursos Humanos a comparar la información. Aunque no tomaría todo al pie de la letra. Todavía no confiaba en lo más mínimo. Así que siguió pensando, mientras Alphonse continuaba con lo suyo. (“Lo importante ahora es dejarte claras dos cosas. Lo primero es que aún no comienzas a ascender por el camino del poder. Aunque no hay una forma universal de ascender, todos los caminos comparten algo fundamental: su inicio.”) (“Todas las formas que conozco tienen como inicio la acumulación de energía. Lo que tú has estado haciendo todo este tiempo es entrenar tu habilidad y tu destreza con ella, y de forma rudimentaria. En ningún momento has acumulado energía.”) (“Esto tiene muchos matices en los que no es momento de entrar. Solo quiero que entiendas: para acumular energía, generalmente hay dos caminos que no son excluyentes entre sí. Se pueden practicar a la vez.”) (“Uno es el camino de los caballeros dragón. Se llaman así porque, básicamente, robaron la idea de ellos. Convierten su corazón en un órgano de maná, acumulando la energía en él. Tampoco es momento de saber cómo lo hacen.”) (“El segundo camino es el de los magos. Aunque en la alta sociedad se le conoce como el camino del conocedor del cosmos. Consiste en acumular la energía en el espacio espiritual, un reino esotérico e inmaterial.”) (“Esto puede sonar muy esotérico, lo sé. Pero quiero que te hagas una idea: todavía eres una rana en el fondo del pozo. Solo que has comenzado a alzar la mirada hacia arriba.”) (“Ni siquiera has sido capaz de ver el final de este. Por eso necesitas saberlo desde ya, para que cambies.”) Atila, apoyado contra la pared, escuchaba atentamente todo lo que decía. Tenía una expresión seria. Y se había llevado el pulgar a los labios sin querer. Cuando le comenzó a picar la mano derecha, la marca del diamante se materializó como nunca antes. Las líneas, que antes eran negras, ahora eran rojizas. Antes de que pudiera apartar la mirada de ellas, brillaron. Y, de un momento a otro, se materializó una figura translúcida, sin ningún tipo de facciones. —Sé que dije que no tenía ni tiempo ni energía, pero esto es más importante que un poco de energía. Simplemente dormiré un poco más. —Pensar en formas de picar y farmear minerales no te sacará de la situación en la que estás. Nunca lo hará. Solo la fuerza puede hacerlo. La política, la diplomacia y las reglas solo aplican si están en igualdad de condiciones. —Maldita sea. Por lo menos, piensa en cómo transmutar un cuchillo y practica con él. Nadie podrá encontrar un arma así, y si te lo hacen, simplemente di que lo encontraste por ahí. La figura translúcida que era Alphonse agachó un poco la cabeza y se masajeó la frente, reflejando cierta decepción. Pero rápidamente se recompuso. Se acercó a Atila, agachándose un poco. —Yo te ayudaré, Atila. Dos piensan mejor que uno. —No pierdas las alas antes de siquiera aprender a usarlas. Aprende a defenderte. Mientras le decía esas palabras, el Alphonse translúcido se acercó aún más. En su rostro se materializó una boca. Le dirigió una sonrisa y estiró el brazo hasta quedar frente a la frente de Atila. Antes de que pudiera levantar la cabeza, Alphonse simplemente le golpeó la frente con los dedos, dándole un chirlito. Y se esfumó. Dejando a Atila petrificado nuevamente. Tan rápido como llegó, se fue. Parecía una ilusión. Como si no hubiera pasado nada. Pero fue real. Atila lo sabía. Sus emociones lo reflejaban. Tenía una mezcolanza de sentimientos sin igual: intriga, incertidumbre, miedo, alegría. Pero, sobre todo, esperanza. Le daban igual la mayoría de las cosas. Pero saber que había algo más que la vida que tenía, y que podía poseerlo, le daba esperanza. Le daba fuerzas para salir adelante. Igual que el día en que despertó su habilidad innata. Aunque esta vez era un poco diferente. Atila creía que había encontrado un rumbo. Un camino a seguir.
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Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 9

Estás leyendo el capítulo 9 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 16 de agosto de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.