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Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 8 online gratis en español

El trío de esclavos era audaz, pero no eran tontos. Rápidamente soltaron a Atila y se dieron media vuelta para marcharse. Cuando Atila sintió que el peso que tenía encima fue removido, abrió violentamente los ojos y miró a sus costados. Al ver que el trío huía, respiró profundamente. Cerró los ojos por un instante, solo para volver a abrirlos y tomar fuerzas para levantarse. Al abrirlos, se sorprendió un poco al ver a Zeff mirándolo fijamente mientras volvía a envainar la espada en el costado izquierdo de su cintura. Se paró frente a Atila durante un tiempo, analizando su cuerpo de arriba abajo, una y otra vez. Asentía de vez en cuando, como si detectara algo. Cuando comprendió que la otra persona parecía haberse congelado en el tiempo, se acercó un poco más. —¿Qué? ¿No piensas pararte? —¿O también quieres que te recoja? Con una sonrisa pícara, siguió mirando a Atila hasta que este se levantó como pudo. Mientras Atila sacudía el cuerpo para apartar el polvo acumulado en el piso, comenzó a hurgar en la bolsa que llevaba amarrada a la cintura, del lado derecho. Antes de que pudiera agradecer o preguntar, Zeff encontró lo que buscaba. Era un pequeño frasco con un líquido amarillento dentro. El frasco era tan pequeño que podía sostenerse entre los dedos. Como máximo, podía almacenar un trago. Zeff aseguró su bolsa y estiró la mano hacia adelante, ofreciéndole el frasco. Aprovechó que Atila ya se había levantado y limpiado. Y, antes de que Atila pudiera preguntar qué era o qué estaba haciendo, comenzó a hablar sin más. —Al principio pensé que tenías algún tipo de plan. Que eras más interesante que los demás. —Pero parece que no. Que no eres tan inteligente como pensaba. Que ese impulso que tenías no era calculado. —Que ese impulso, más bien, era imprudencia. Que todavía sigues siendo arrastrado por la corriente. Zeff comenzó a soltar comentario tras comentario mientras golpeaba intermitentemente el mango de su espada. Como si estuviera accediendo a información muy profunda de su mente. Atila simplemente escuchaba. Pero, cuanto más escuchaba, más evitaba su mirada. Terminó fijándola en el vial amarillo que tenía entre las manos. —Cuando me di cuenta de que te habías postulado por iniciativa propia a la esclavitud, mis expectativas aumentaron aún más. —Las teorías comenzaron a abundar en mi mente. —Pensé que los días en la mina serían más interesantes. —Tiempo después fuiste asignado permanentemente y, después, vino una seguidilla de aumentos. Pensé que ya habías acumulado suficiente impulso. —Que tenías algún invento en mente, alguna técnica, algún legado. Que ya querías comenzar a destacar frente a los demás. —¿Quién hubiera imaginado que no era nada de eso? Es más, ni siquiera sabes defenderte… Zeff dejó de mirarlo y alzó la vista hacia el techo. Como si pudiera ver más allá de él. Mucho más lejos de la mina. Por un momento, dejó de golpear el mango de su espada. Bajó la mirada y la volvió a enfocar en Atila, que parecía avergonzado. A esas alturas, tenía los ojos algo brillosos y los puños apretados sobre sí mismo. —Bueno, la vida a veces no es como uno espera. Esto es un tónico para el cuerpo; úsalo para recuperarte. —Creo que, aunque fue un impulso imprudente, aún hay esperanza. Se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia su roca de siempre. Zeff parecía algo decepcionado, pero aún tenía una sonrisa dibujada en el rostro. Y justo cuando Atila estaba por levantar la cabeza para agradecerle a los gritos, Zeff se dio media vuelta. —Se me olvidaba: haz algo más que solo minar, corderito. Jajajaja. Y así, sin más, volvió a girarse sobre sí mismo, ondeando la mano en un vaivén de despedida. Dejando atónito a Atila, con el tónico en la mano. Un instante después, Atila apretó con más fuerza la mano que sostenía el vial. Con la otra, se limpió rápidamente los ojos con el antebrazo, borrando toda evidencia de lo que acababa de ocurrir. Sin dudarlo, abrió el vial que le habían regalado y se lo tomó de un trago. No dudó un segundo. Aunque tenía la mente confusa, sabía que, por lo menos en esta ocasión, Zeff no tenía malas intenciones hacia él. Así que lo bebió sin titubear. Comenzó a sentir un calor por todo el cuerpo. Similar a estar frente a una fogata. Solo que, en este caso, la fogata estaba dentro de él y bajaba por la tráquea. Con el cuerpo en un estado extraño, Atila comenzó a observar su entorno. Se dio cuenta de que estaba igual que antes de la tragedia. Todavía era temprano y no había gente cerca. Solo aquel momento de tensión había hecho que pareciera una eternidad. Así que se apresuró a limpiar la escena. Se acercó a la carreta, que estaba tirada en mitad del patio, y la levantó. Después de recoger las cosas, se percató de que las herramientas, como la picota, estaban rotas. No se habían conformado solo con golpearlo en las costillas. —Tch. Bastardos codiciosos. Atila hizo una mueca de disgusto. Recogió las cosas que estaban tiradas, las arrojó dentro de la carreta y comenzó a conducirla hacia el túnel. Quería despejar la mente. No tenía nada más que hacer. Tenía la cabeza hecha un completo desastre. El repentino ataque lo había descolocado, y las palabras de Zeff lo alteraron aún más. Así que, con el cuerpo hormigueando en varias zonas por efecto del tónico, comenzó a bajar. Pasó por el puesto de Zeff sin mirar hacia el costado, haciéndose el indiferente. Mientras se adentraba en el túnel de siempre, recién comenzó a pensar en todo lo que le había pasado. Por qué lo habían atacado. Y todo lo que le habían dicho. Comenzó a juntar las palabras de Zeff y las del trío de idiotas. Se dio cuenta de que solo había dos escenarios probables: La envidia o la frustración. Un odio sin razón. Aunque, en ambos casos, la causa era la misma: Los rápidos ascensos que había estado teniendo. Llegó a esa conclusión por las palabras de Zeff y por las características del trío. Aunque uno era mucho más joven que los otros dos, todos eran mayores que Atila. Si después de muchos años no logras lo que te habías propuesto, o si ni siquiera estás cerca de lo que esperabas al principio, y además ves que alguien más sí lo consigue, comienzan a despertar en ti sentimientos oscuros. A ese escenario había que sumarle que los logros que ellos querían los conseguía un niño que fácilmente podría ser su hijo. Lo que puede despertar en alguien ya frágil de mente podría ser mucho más grave que simple envidia. Mientras Atila divagaba en su cabeza y comprendía cada vez más el enredo en el que se había metido, se dio cuenta de dónde había pisado en falso y dónde había acertado. Sin querer, chocó contra la pared. Había llegado al final del túnel. —Tch, maldita sea. Como si no me doliera la cabeza —maldijo en voz baja, mientras se acariciaba la frente y se daba la vuelta. Al girarse, se quedó mirando fijamente su carreta, con la picota rota, durante unos momentos. En el camino también había pensado en qué iba a hacer. Estaba bajando a la mina con la herramienta rota. Obviamente, no podía devolverse a pedir otra y hacer como que no había pasado nada. Meditando, se le vino a la mente un pensamiento intrusivo. Ya había realizado transmutaciones durante meses. Y, con el reciente sermón que le habían dado, quería hacer más que solo crear mineral. Se le ocurrió la idea de transmutar la picota rota en una nueva, utilizando el mineral y la roca disponibles en la mina. Así aprendería a reparar herramientas. Sería un buen comienzo. Además, si había algo que conocía bien además de los minerales, era su herramienta. La que lo había acompañado durante años. Así que, con la herramienta rota, comenzó a picar la pared, dejando atrás un gran lote de material. Estuvo así por un buen rato. Unos treinta minutos acumulando todo lo que podía. No sabía cuánto le costaría hacerlo y no quería fallar solo porque hubiera material insuficiente. Cuando pensó que tenía de sobra, se acercó a la pila de material y arrojó la herramienta. Se puso en cuclillas frente a la pila y estiró la mano. Cerró los ojos para concentrarse en la tarea que tenía por delante. Visualizó la imagen de la herramienta. La tenía más que clara. No se demoró mucho. Tenía el concepto, la imagen y la función. Todo claro. Y activó su habilidad. Rápidamente, en su mano derecha se materializó una imagen. Ya no era un cubo. Había sido rotado, formando un diamante. En el centro del diamante había una llama, mucho más vívida que la última vez que se había materializado. Fuera del diamante salían líneas inconexas desde las cuatro puntas, subiendo por su antebrazo. Al instante, la materia comenzó a derretirse, formando algo parecido al plasma. Se derritió toda la materia alrededor de la picota. Esta quedó intacta. Los dos trozos de la herramienta quedaron cubiertos por el plasma formado por el material. Este comenzó a adherirse a ambas piezas, uniéndolas. Cuando las piezas se juntaron con el plasma, Atila sintió una especie de tirón en la mente. Una punzada en el alma misma. Seguido de esto, le vino un bajón. Tan rápido como llegó, se fue. Pero el cansancio seguía allí. Inmediatamente, su pulso se aceleró. Después de la punzada, abrió los ojos. Vio cómo el plasma se enfriaba rápidamente sobre el material. Pasó del rojo vivo al azul. Y finalmente tomó una coloración café. Allí estaba la picota, con el mango completamente reformado. La fatiga que había sentido se esfumó, como si nunca hubiera existido. En su rostro se dibujó automáticamente una sonrisa. Se acercó para tomar la herramienta. Quería comprobar si lo que veían sus ojos era real. Y justo cuando estaba por tocar con las manos lo que había hecho, escuchó una voz fuerte y clara. Como si la persona estuviera parada junto a su oreja. —Mmmm, no está mal. Es un comienzo. Pero parece que no aprendiste, chico. —¿Acaso quieres que te golpeen de nuevo, o trabajar para siempre aquí?
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Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 8

Estás leyendo el capítulo 8 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 16 de agosto de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.