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Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 6 online gratis en español

La recepcionista solo tuvo que revisar un par de expedientes para encontrar la promoción que habían otorgado a Atila. Inspeccionó el documento detenidamente, como si no quisiera perderse ningún detalle antes de anunciar los resultados. También como si Atila no existiera. Lo hizo esperar todo el tiempo que estimó conveniente. Cuando terminó de examinar el documento, bajó la hoja que sostenía y volvió a mirar a Atila con indiferencia. —Usted ha sido promovido de la posición 9.999.998 a la posición 9.993.999, respectivamente, en la prioridad. —Además, se le asignó una residencia permanente en la zona residencial. Será la misma que ocupa actualmente; no hace falta que se mude. —Por último, acorde con los beneficios que se le han otorgado, también ha aumentado la cuota que debe cumplir. —La cuota anterior era de cien kilos semanales de adamantita. Debido a la dureza de la roca y a la profundidad a la que se trabaja actualmente, su nueva cuota será de ciento cincuenta kilos semanales, debido a su reciente desempeño. Mientras la recepcionista seguía parloteando como si fuera una máquina, Atila la escuchaba. Aunque, cada vez, con menos atención. Comenzó a recitar cosas como la equivalencia en kilos diarios, o que podía entregar otros minerales en mayor cantidad para compensar la cuota de adamantita. Cosas que Atila ya sabía. Lo importante para él era su nuevo número: 9.993.999. No sabía qué pensar. Debería ser algo bueno, pero ya no estaba tan seguro de cómo reaccionar. Simplemente comenzó a calcular cuántos puestos había subido. Mientras Atila hacía sus cálculos mentales, la recepcionista lo interrumpió. Ni siquiera le había dicho su nombre todavía. —¿Tiene alguna duda? —Si no es así, puede volver a sus deberes. Es todo por hoy. Como Atila solo tenía preguntas para las que no tenía respuesta, la recepcionista respondió a su mirada fría con unos ojos tranquilos. Hizo un gesto con la mano antes de irse. —No, señorita. Gracias. La recepcionista miró la espada de Atila durante un momento antes de volver a hojear el papeleo que tenía frente a sí. Ninguno de los dos le dio mayor importancia al otro. Por su parte, Atila siguió caminando hacia su residencia, que ahora era permanente. Pensaba en lo que haría. Ahora que tenía una residencia permanente, no tenía que cumplir con ningún horario. Solo debía mantener un flujo estable de ciento cincuenta kilos semanales. Lo cual no debería ser muy difícil, teniendo en cuenta la mejora constante de sus habilidades. Con suficiente esfuerzo, debería poder hacerlo sin problemas. Cuando ese flujo de pensamientos pasó por su mente, su ánimo mejoró un poco. Todavía se sentía algo deprimido por no haber mantenido en secreto sus nuevas capacidades. Por haber sido imprudente. Pero, al pensar en que ya no tendría que cumplir horarios, la amargura se atenuó levemente. Sentía que las cadenas que lo ataban se habían aflojado un poco. Que ya no estaban tan adheridas a su cuello. Eso lo hizo acelerar el paso hacia su residencia. Al poco tiempo, Atila llegó. Cuando abrió la puerta y vio su habitación, pareció como si nunca hubiera estado dentro. La analizó con la mirada, intentando encontrar algo nuevo. Pero seguía igual. Los pocos muebles viejos estaban donde siempre habían estado. La cama seguía igual de desordenada. Como Atila nunca hacía su cama —simplemente arrojaba las sábanas hacia atrás y hacia adelante para dormir—, estas rozaban levemente el piso. Al ver el estado de la habitación, comprendió que no tenía nada más que hacer. Había viajado hasta su habitación por inercia. No tenía nada que hacer allí, salvo dormir un rato. Al darse cuenta de esto, no lo pensó demasiado. Volvió a agarrar la manija de la puerta con su mano hábil, la derecha, y cerró la habitación dándose media vuelta. —Supongo que hay que farmear un poco más hoy —dijo Atila en voz alta, con una ligera sonrisa que mostraba parte de su dentadura. Se podía ver un leve color amarillento en sus dientes, pero no le causaba ninguna incomodidad. De hecho, Atila ni siquiera se había dado cuenta. Hacía mucho tiempo que no se veía en un espejo. Por lo menos, no en uno en buenas condiciones. Así que, a pesar de su aspecto, no vaciló en ningún paso. Se dirigió a buscar las herramientas que necesitaba para trabajar. En poco tiempo llegó a la bodega y recogió todo lo necesario. La picota, la carretilla, los estabilizadores y demás cosas misceláneas, como un casco con una runa que producía luz. Con todo en mano, comenzó a bajar por el camino hacia el mismo túnel de siempre. Atila había trabajado todo el mes anterior en ese mismo lugar. Y había sido una decisión sabia. Si no hubiera entregado tanta materia prima, nadie se habría dado cuenta de las acciones que realizaba todo el tiempo. Como siempre trabajaba en el mismo lugar, después de un tiempo nadie pensaba siquiera en trabajar en ese túnel. Era como si Atila se hubiera apropiado de él. Además, cualquier disturbio ocurriría muy en lo profundo, por lo que sería imposible que alguien más se diera cuenta. Cuando Atila comprendió que, inconscientemente, había hecho algo inteligente, simplemente siguió haciéndolo. Hasta el día de hoy, siempre se dirigía al mismo lugar. Por eso, hoy no pensaba hacer algo distinto. Recorrió el mismo camino, bajando por el mismo sendero con su carretilla, la picota encima y una mochila con estabilizadores. Hoy pensaba esforzarse al máximo. Quería mejorar mucho con la transmutación. Creía que, si lo hacía, le seguiría trayendo cosas buenas. Así que caminó y caminó con sus utensilios hasta que se encontró con alguien conocido. Zeff Valentine. Había estado durante todo el mes anterior en el mismo lugar, supuestamente vigilando desde su roca. Había adoptado una posición de relajación o meditación, y allí se había mantenido. Cuando Atila pasó por “su puesto de vigilancia”, se detuvo un momento y desvió la mirada hacia él, como esperando su aprobación. En el instante en que Atila posó los ojos sobre Zeff, este hizo una morisqueta. Aunque tenía los ojos cerrados. Sus dos manos sostenían la espada, posicionada entre sus piernas, con la punta tocando el suelo. Zeff ni siquiera abrió los ojos. Simplemente sonrió levemente y asintió con la cabeza, indicando que no había problema. Que siguiera su camino, como si hubiera realizado una inspección exhaustiva. Como Atila estaba acostumbrado a ese comportamiento, también asintió levemente. Aunque sin la sonrisa pícara de Zeff. Siguió su camino. No sabía si Zeff podía percibirlo todo a pesar de tener los ojos cerrados, pero sabía que no era normal. Por eso siempre se detenía un momento antes de continuar. Al poco tiempo encontró su túnel característico y comenzó a avanzar por él. Pensaba en cosas sin mucha importancia, intentando despejar la mente antes del trabajo. Como aquel que toma aire antes de un esfuerzo. O como quien mira al cielo cuando está perdido, buscando algún camino. Después de un tiempo, ya frente a la pared de roca, comenzó a descargar la carreta. Se puso manos a la obra. Comenzó a picar la pared con su picota a un ritmo calmado. Sin mucha prisa. Ponía énfasis en la técnica y en mantener el ritmo para no desperdiciar energía. Aunque Atila tenía una gran resistencia después de años de trabajo, prefería hacerlo así. Después tendría que transmutar todo lo que picara, y eso lo agotaba aún más. Tras años de trabajo, Atila resistía grandes períodos picando. Había formado un cuerpo con mucha musculatura en la espalda y los brazos. El esfuerzo y la buena alimentación lo habían hecho crecer en buena forma, lo que ayudaba a su rendimiento en la mina. Además, desde que despertó su habilidad innata, había tenido un crecimiento inesperado. Después de mucho tiempo agotándose y recuperándose por usar su habilidad, había ganado una gran resistencia mental. Cada vez que la utilizaba, sentía cierta tensión y fatiga. No sabía qué estaba usando normalmente para desencadenar sus poderes. Pero algo usaba. Y ese algo agotaba su fortaleza mental. Por eso, después de soportar tantas tensiones durante el último mes, había ganado fortaleza mental. Eso lo ayudaba de muchas maneras a resistir el sufrimiento y la fatiga. Era capaz de seguir picando durante un buen tiempo, aunque su cuerpo le pidiera que parara. Podía soportar el esfuerzo y ejecutar acciones gracias a la tenacidad de su mente. Ahora era capaz de mucho más al mismo tiempo. Podía picar bajo tensión. Y, si no la había, picaba mucho mejor, porque sentía una claridad mental sin igual. Por eso, Atila siguió agrandando el túnel, tanto a lo largo como a lo ancho, mientras pensaba en lo que haría a continuación. Tenía planeado mejorar su control. Su idea era transmutar un lote de material en varios trozos de adamantita a la vez. Anteriormente había practicado simplemente transmutar. Pero ahora quería realizar varias transmutaciones en paralelo. Si antes generaba una piedra grande, ahora quería generar varias piedras más pequeñas al mismo tiempo. Con esa idea en mente, avanzó y avanzó, picando y realizando transmutaciones a pequeña escala. Primero intentó formar dos trozos a la vez. Falló. Pero no se rindió ni se deprimió. Lo encontró natural. Era la primera vez que lo intentaba de esa manera. Así que siguió con su cometido. Y así, sin darse cuenta, pasó toda la tarde en la mina. No solo eso. Sin que nadie se diera cuenta, pasó un mes. Dos meses. Hasta tres meses en los que Atila se dedicó a practicar su transmutación en paralelo.
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Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 6

Estás leyendo el capítulo 6 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 16 de agosto de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.