Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 31 online gratis en español
El clima en las colinas de Mirgan estaba relativamente bien.
El “verano” acababa de terminar y daba pie nuevamente para el invierno, las ventiscas comenzaban a azotar sin piedad a cualquiera que estuviera al frente. La escarcha comenzaba a decorar la superficie de las rocas y de la hierba que había en las montañas.
De vez en cuando comenzaban a caer granizos sin ningún tipo de premonición, pero se iban tan rápido como llegaban, como si los mismos cielos estuvieran advirtiendo a las mortales de ante mano. Vaticinando con lo que se toparían si no buscaban refugio y continuaban adentrándose en la quebrada y las montañas.
Sin embargo, la vista era maravillosa, el cielo estaba completamente despejado, aunque algo opaco, el cielo era de un azul profundo, si en algunos lugares el cielo celeste fuera la superficie del mar en las montañas de Mirgan eran el fondo del océano. Un azul envolvente y fuerte que se reflejaba en la escarcha que había por todos lados.
Aunque las condiciones eran adversas y parecía un lugar inhóspito, había vegetación que había logrado sobrevivir y adaptarse con el tiempo pudiendo florecer en pleno invierno, algunas incluso manteniendo el verde durante todo el año, sin flaquear en ninguna estación.
Otras no eran tan resilientes y cristalizaban sus hojas para preservarlas como si se estuvieran criogenizando y esperando el sol y el verano para volver a nutrirse y repetir el ciclo una y otra vez.
La vegetación no era la única que se había adaptado, había todo tipo de bestias que rondaban los cauces, quebradas y en definitiva por cualquier lugar que fuera transitable, cada uno sobrevivía como podía.
Pero lo más sorprendente que había en las montañas no era ni la mina, ni las bestias ni las plantas que habitaban todos los rincones de la montaña, sino que eran los humanos, los nativos de las montañas.
Sus residentes originales.
Eran una tribu que había estado viviendo incontables años ya que nadie sabia verdaderamente cuando fue que llegaron y se instalaron en las montañas, pero fue el tiempo suficiente para adaptarse a ella.
Ellos podían andar sin camisa y descalzos sin sufrir ningún perjuicio, incluso podían ver casi con claridad por la noche y comer hielo como si fueran aperitivos.
Se hacían llamar la tribu de la estrella azul y habían estado coexistiendo en relativa tranquilidad, manteniendo un equilibrio con las bestias de los alrededores tomando su existencia como una dificultad de la vida y un adversario con el cual competir.
Pero todo eso se fue por la borda cuando la familia Fritz comenzó a hacer presencia en el norte y en especifico en las montañas Mirgan donde ellos residían.
Al principio solo hubo pequeños roces, advertencias y malas palabras entre los dos bandos, pero cuando comenzaron a realizar minería en las montañas la tribu de la estrella azul no lo tolero en lo más mínimo.
De un momento de armo la guerra entre los dos bandos, obviamente como ya habían pasado muchos años y las minas seguían operando estaba claro quien había ganado el altercado.
Pero no era mas que una victoria pírrica, la tribu estaba en terreno favorable, en su casa y nunca se habían rendido formalmente, se habían retirado sin previo aviso para nunca más volver.
Nadie sabia que estaban haciendo, solo había rumores sobre ellos, como que habían encontrado un guardián, un jefe protector y que por ese motivo la casa Fritz no seguía con la guerra y se conformaba con las ganancias que estaban teniendo.
Sim embargo la gran mayoría desconfiaba de esos rumores ya que nadie los confirmaba, además la fuente de estos rumores no eran particularmente gente de alto rango.
Así que como nadie seguía profundizando en las montañas poco a poco la tribu se fue convirtiendo en una leyenda y una fabula para contarle a los más jóvenes.
Por su parte Alphonse que seguía en el cuerpo de Atila había estado viajando sin parar por 10 días sin rumbo alguno, solo había querido alejarse lo más rápido posible, como si algo aterrador lo estuviera persiguiendo sin descanso.
Y aunque no era literal, el se lo tomaba como tal, como si el mismo diablo le estuviera mirando las espaldas.
Por diez días se alejó sin siquiera parar un momento, incluso de alimentaba en movimiento gracias a la habilidad innata. Al principio lo hacia manualmente creaba un pan de la nada en su mano y se atragantaba con él mientras mantenía el paso.
Pero rápidamente lo encontró ineficiente, innecesario y le estaba carcomiendo la mente tanto como su paranoia de que alguien aún podría estar siguiendo sus pisadas y rastreando su paradero.
Así que comenzó a innovar y encontró un método mucho mejor, simplemente en vez de llevar manualmente el pan con su única mano restante comenzó a hacerlo con el conducto en movimiento, utilizando su “telekinesis”.
Al principio lo encontró suficiente pero después también le pareció inapropiado, aunque practico sentía que estaba utilizando demasiada capacidad del conducto para algo muy simple, ya que estaba utilizando un método indirecto.
Primero utilizaba el conducto para crear una “telekinesis” y luego utilizaba eso para recién mover el pan hacia su boca.
Por lo que mientras avanzaba por una quebrada con un rio congelado y lleno de arbustos cristalizados en su orilla disminuyo el paso y creo un nuevo método para alimentarse.
Ya que todavía parecía medio muerto, estaba completamente desnutrido y necesitaba comer algo mas que pan con agua.
Necesitaba comida de verdad, el cuerpo de Atila solo estaba en pie porque lo manejaba Alphonse y su resiliencia mental era algo que difícilmente podría quebrantarse por algo como las sensaciones carnales.
Alphonse estimaba que podría seguir a ese ritmo dos semanas mas antes de colapsar, simplemente porque por muy sobresaliente que sea su espíritu y su resiliencia mental, el cuerpo tiene límites, el cuerpo quiere seguir viviendo por lo que en algún momento dirá basta.
Alphonse aminoro el paso levemente y comenzó a operar nuevamente el conducto, sostenía un pan en su mano, pero ni siquiera pensaba en masticarlo. El conducto penetro en sutilmente en el y estableció una conexión, esa conexión rápidamente se dirigió a otro destino, el estomago que tenia el cuerpo de Atila.
Cuando hubo una conexión entre la comida que tenía en las manos y su propio estomago comenzó la segunda parte, comenzó a subdividir el pan en pequeñas partes infinitesimales sin hacer colapsar la estructura completa, como si hubiera transformado la barra de pan en un gran rompecabezas.
Cuando Alphonse de dio cuenta que lo había logrado sonrió ligeramente prestando más atención a lo que tenía a su alrededor siendo consciente que había logrado lo más difícil.
Retomo su paso habitual sin tropezar por la orilla del rio congelado y evitando los arbustos que eran tan afilados como un cuchillo en sus ramas puntudas.
Finalmente empezó a bombear las pequeñas partes infinitesimales una tras otra por el conducto hacia su estómago, cuando estuvieron en la superficie de la piel los pequeños pedazos sorpresivamente no encontraron casi ningún impedimento, sino que fueron absorbidos por los poros directamente hacia el estómago.
Una vez dentro fueron rápidamente degradadas y absorbidas por el cuerpo de Atila, logrando una nutrición casi inmediata.
Alphonse que seguía avanzando se detuvo por un momento y se llevó su única mano a la cara, tapando su expresión parcialmente.
Estaba sonriendo, extasiado, parecía haber convertido de un momento a otro toda esa paranoia que lo abrumaba en emociones gratificantes.
“Me hace recordar mi juventud… que tiempos aquellos…”
“Sigamos, no hay que confiarse”
Rápidamente la sonrisa se esfumo y diluyo en la ventisca que corría por la quebrada, esta parecía concentrarse por el camino serpentesco que era el rio que caminaba Alphonse.
Los pocos trapos que llevaba encima eran tirados y agasajados con cada azote que daban de vez en cuando, como si al final del camino hubiera un gigante respirando intermitentemente.
Pero nada de eso detuvo a Alphonse con su nuevo método de alimentación se sentía aun mas renovado, si no fuera por todo el hielo que lo rodeaba incluso estaría corriendo.
Así que camino y camino con su muñón expuesto al aire y que hacia que su esqueleto se congelara completamente, ya que toda la ventisca le llegaba directamente al hueso que sobresalía de su codo.
Así estuvo por 3 días hasta que por fin encontró algo diferente.
En el horizonte de su vista podía encontrar una pequeña cabaña a la horilla del rio congelado.
Sobresalía de todo lo demás porque era de noche y esta brillaba sin cesar de igual forma que las estrellas en el cielo despejado.
Alphonse no se espantó por ningún motivo, ya sospechaba algo así por la escases de monstruos y bestias que había en todos los alrededores y algunas pistas que había encontrado en el camino.
Era raro que a lo largo de todo el rio no hubiera, aunque sea alguna bestia, así que siempre supo que por lo menos algo no era normal en la quebrada.
Así que no titubeo, mientras caminaba reviso por ultima vez el cuchillo que traía por debajo de lo que le quedaba de pantalón, memorizando su localización y agudizando sus sentidos.
Mientras caminaba y se acercaba a la cabaña se dio cuenta que no era para nada pequeña, se dio cuenta que incluso tenía rebaño, no sabía que animales tenía, pero podía escuchar sus sonidos.
Eso lo extraño un poco y lo puso aun mas alerta si es que se podía estarlo.
Cuando estuvo cerca de la casa utilizo sutilmente una de sus habilidades y escaneo el lugar de un vistazo rápido.
Dentro de la casa encontró solo dos presencias y una era mas grande que la otra, no encontró nada inusual así que se acercó hasta la puerta.
Como si fuera lo mas normal del mundo se paro frente a ella y levanto su única mano.
Toc toc.
Resonó en la quebrada, aunque su sonido fue amortiguado por el sonido de los animales.
Espero pacientemente afuera aun en guardia, pero ocultando sus intenciones lo máximo posible.
Cuando Alphonse pensaba en volver a hacerlo la puerta crujió y se abrió parcialmente hasta la mitad y se asomo por ella una mujer.
“Hola, ¿Quién es usted y que quiere?”
La mujer a pesar de ser mas baja que el invitado no invitado no parecía intimidada y escaneo de arriba abajo a Alphonse, deteniéndose brevemente en su mano faltante.
“Solo quiero descansar antes de seguir mi viaje, llevo un par de días de viaje ininterrumpido”
Alphonse fue lo mas franco que pudo y simplemente espero su respuesta, no necesitaba su ayuda desesperadamente. Si lo ayudaban bienvenido sea, sino podría seguir su camino de todas formas.
Él se las arreglaría, como siempre lo hizo.
Cuando la mujer comenzó a pensarlo sin todavía abrir la puerta en lo más mínimo como si fuera un escudo que la protegía de los forasteros, desde dentro de la casa llego una voz que dio el veredicto.
“Simplemente deja que pase Mictia, afuera hace frio”
“Solo es un chiquillo desafortunado”.

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Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 31
Estás leyendo el capítulo 31 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 10 de octubre de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.