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Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 32 online gratis en español

Como si se hubiera conjurado un hechizo, Mictia le dio automáticamente la bienvenida, abriendo por completo la puerta y dejando al descubierto el cuerpo que antes permanecía resguardado. Vestía un atuendo de cuero que no mostraba mucha piel, salvo los tobillos. Estos quedaban algo descubiertos porque el buzo y las botas no formaban una sola pieza; no era un atuendo descuidado, pero sí tenía esos pequeños detalles. Su cabello tenía un largo estándar y estaba recogido en una cola de caballo. Era negro, muy negro, como si hubiera sido teñido con tinta de calamar. Sus ojos, en cambio, brillaban de manera inusual y poseían un color aún más extraño: morado. Definitivamente era una mujer atractiva. Sus rasgos eran encantadores y causaban una primera impresión favorable. Si el objetivo de esos ojos hubiera sido un hombre, seguramente se habría perdido en ellos y no habría hablado de inmediato. Pero nada de eso afectó ni un ápice la actitud de Alphonse. No le dedicó más tiempo del debido y solo caminó hacia adentro cuando le hicieron señas de entrar. Sus tiempos mozos ya habían pasado; ya no estaba para andar cortejando mujeres, mucho menos a alguien que le sacaba tanta diferencia de edad. Una vez dentro, lo primero que vio fue una mesa de madera bien cuidada, rodeada por seis sillas dispuestas de manera ordenada. En una de ellas, en la cabecera de la mesa, había un hombre sentado bebiendo un líquido caliente. Al verlo entrar, el hombre giró levemente la cabeza y le sonrió, como esperando que se acercara, mientras seguía tomando lo que fuera que bebía. A primera vista parecía ser alguien viejo: tenía canas por todas partes y la piel algo arrugada. También lucía una barba algo descuidada, teñida por el paso del tiempo, que le cubría parte del cuello. Sin embargo, sus ojos cafés oscuro decían lo contrario. Reflejaban una vitalidad oculta que Alphonse no pasó por alto ni descartó mientras se acercaba al hombre. Se sentó en una silla contigua a él y se encogió un poco de hombros, liberando algo de tensión antes de entablar la conversación. Pero el hombre se le adelantó. “Eso, eso, ponte cómodo, chico. Hace mucho tiempo que no nos visitaba un vecino” Pronunció sarcásticamente, mientras volvía a tomar un sorbo del líquido caliente, como invitando al recién llegado a presentarse. Alphonse leyó entre líneas de inmediato y sopesó las opciones que tenía. No tenía muy claro cuán sincero debía ser. Eran personas totalmente desconocidas tanto para él como para Atila. Un paso en falso en ese momento podía tirar todo por la borda: sus años de planificación, su determinación, la determinación de Atila… Cuando sus pensamientos llegaron a ese punto, se puso algo sentimental, así que lo descartó rápidamente. No era algo útil para la situación actual. Pero lo que más lo desconcertaba y lo hacía dudar era lo que había percibido con su habilidad. Al activar su visión del alma, aunque lo hizo de manera superficial para que nadie se diera cuenta, no encontró ninguna mala intención en ninguna de las dos personas. Era como si no estuvieran manchadas por la maldad del mundo, como si no albergaran desconfianza ni resentimiento. Por parte de la chica podía llegar a entenderlo: aún era joven y podía tener una visión sesgada de las cosas. ¿Pero en alguien viejo, que probablemente había visto la peor cara del mundo y de las personas? Era algo más que inaudito, casi fantástico. ¿Quién no se pondría alerta si entrara a su casa alguien al que le faltaba un brazo? De hecho, la chica parecía más alarmada que el viejo. Escaneó más de una vez el brazo faltante de Alphonse; en cambio, el anciano ni siquiera hizo eso. Alphonse estaba en un dilema. No tenía problemas en mentir, podía vivir solo y seguir avanzando, incluso podía sobrevivir indefinidamente en las montañas sin ayuda de nadie si contaba con algo de suerte. Pero estaba pensando en el futuro y en Atila. No solo tenía que crecer en poder, también debía crecer en personalidad y experimentar la vida de distintas maneras para seguir avanzando y fortaleciéndose. Así que, en cuestión de instantes, decidió rápidamente y eligió decir medias verdades. Después, cuando Atila despertara, se las arreglaría como pudiera. “Bueno, no creo que todos los días un esclavo se revele y escape de su amo. Así que debe tener pocos vecinos.” Alphonse lanzó la bomba en forma de doble sentido y, siguiendo el tono sarcástico del hombre, miró al techo con aire despistado. Aun así, el viejo no pareció sorprenderse en lo más mínimo, como si fuera algo normal, y siguió tomando un par de sorbos de su vaso, que parecía hecho de algo parecido a la greda. “Si tienes razón, no todos pueden tener aventuras tan interesantes como las tuyas. Yo no era tan enérgico a tu edad, jajajaja. ¿Qué edad tienes, chico?” Alphonse dejó de mirar el techo y respondió de inmediato con otra media verdad. “No lo sé. Creo que unos quince o dieciséis años, algo así. Ya sabes, la gente que anda de aventura como yo no cuenta los días habitualmente.” El viejo sonrió pícaramente, como si no le creyera del todo, pero lo dejó pasar y respondió rápidamente. “Ohhh, entonces Mictia es un poco más grande que tú. Ella tiene diecisiete años, así que puede que se lleven bien. Aunque ella no tiene una habilidad innata como tú.” “…” Aunque el viejo volvió a tomar sorbos de su taza haciéndose el tonto, esta vez fue la oportunidad de Alphonse de sonreír. Solo que lo hizo de manera interna; no iba a ser tan descarado como el viejo. Él nunca tuvo planeado ocultar sus habilidades. Aunque sabía que el viejo lo dejaría pasar si lo negaba, no lo hizo. Era una parte fundamental de mentir: decir una pequeña verdad para esconder una gran mentira. Admitirlo abiertamente lo liberaría de la sospecha innata sobre otros temas que, a ojos de los demás, no eran tan importantes, pero que marcaban la diferencia. “Eso es normal, señor. O por lo menos en la mina era así. No conocí a nadie más con una habilidad ahí dentro. Yo solo la desperté un día, al azar. Desperté algo así como la telequinesis, aunque no sé si son todas mis capacidades.” Alphonse lo admitió abiertamente y eso pareció agradarle al viejo, ya que sonrió complacido y no comentó nada. Solo asintió un par de veces antes de seguir bebiendo de su taza. Unos momentos después, el viejo terminó su bebida y volvió a hablar, algo risueño, como si hubiera tenido una idea divertida tras beber todo el contenido. “Arriba hay una habitación con un par de cosas, ya que la usamos como bodega muchas veces. Duerme ahí mientras pensamos en algo mejor. No sé cuántos días llevas a la deriva, pero te ves como la mierda, chico.” “JAJAJAJAJA.” Le hizo unos gestos con la mano para que se fuera, como si estuviera ahuyentando a una mascota, mientras lo miraba. Así que Alphonse no tuvo más opción que levantarse y comenzar a subir. “Gracias, señor. Se lo agradezco.” Le agradeció apropiadamente antes de irse y, en solo unos segundos, abandonó el primer piso para ir a descansar, dejando momentáneamente en silencio la planta inferior. Aunque momentos después, Mictia rompió el silencio a pesar de no haber hablado durante toda la conversación. “¿Solo eso? ¿Un par de preguntas y lo dejas quedarse? Abuelo, estamos en medio de la nada y le falta un brazo. ¿Qué vecinos ni qué nada? A los últimos vecinos los mataste apenas aparecieron, y eran unos lobos rabiosos.” El viejo intentó aguantarse la risa por unos momentos, pero no lo logró. “JAJAJAJA. No hables así, Mictia. Si escucha esas cosas, nuestro invitado podría asustarse. Además, no parece mala persona. Aunque oculta cosas, por lo menos es sincero. ¿Quién no tiene secretos en este mundo? Confía en él, abuelo.” Mictia, por su parte, hizo unos pucheros y no le respondió. Salió del salón principal y se fue a la cocina a prepararse algo para comer; Alphonse había irrumpido justo cuando tenía pensado hacerlo. Alphonse, en el segundo piso, ya se había acomodado como pudo y se estiró un momento, intentando calmar la montaña rusa de emociones que había sentido últimamente para conciliar el sueño. Al principio le costó un poco, pero finalmente lo logró. Se sentía preparado para dormir. Sin embargo, aun desconfiaba un poco. Era algo inútil, porque ya estaba en la guarida del lobo, pero era una vieja maña que tenía: desconfiaba hasta no tener certeza. Así que utilizó nuevamente su habilidad de visión del alma. El mar de estrellas comenzó a bombear energía y su visión tocó sutilmente el alma de los otros residentes. Confirmó nuevamente que no había nada fuera de lugar y gruñó. No le gustaba que las cosas salieran tan bien; se sentía antinatural para él, como si estuviera siendo engañado. A pesar de que no era del todo cierto, las sensaciones que tenía Alphonse eran comprensibles, ya que habían sacrificado muchas cosas por un futuro incierto. Incluyendo el brazo que le faltaba al cuerpo de Atila. O la propia alma verdadera de Alphonse. De todas formas, Alphonse dejó de dudar y cerró los ojos después de semanas caminando sobre la superficie helada para finalmente dormirse. No sin antes dejar un conducto casi indetectable entre él y el cuchillo que tenía escondido entre sus ropas harapientas. Aun estando inconsciente, mantenía el vínculo listo para la acción.
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Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 32

Estás leyendo el capítulo 32 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 11 de octubre de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.