arrow_back

Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 29 online gratis en español

Cerré los ojos. El cuchillo aún apoyado en la pared, la tierra a punto de ceder, el túnel helado a mi alrededor. “Si sigues así, te va a encontrar antes de que salgas.” Las palabras de Alphonse resonaban en mi cabeza como un tambor. Sabía que tenía razón. Lo sentía en los huesos. Respiré hondo. No había tiempo para dudas. No había margen para errores. “Alphonse.” “Estoy.” La voz no venía de fuera. No era un sonido, era más bien un pensamiento que no era mío, pero que resonaba en mi cabeza como si lo fuera. “Me contactaste porque ya tienes la solución clara. Así que dime. ¿Cuál es la mejor opción?” Hubo un silencio. No largo, pero pesado. Como si Alphonse estuviera midiendo si valía la pena decirlo en voz alta. “Es verdad. La tengo.” “Entonces dila.” “Pero no vas a querer escucharla.” Sentí un nudo en el estómago. Ya sabía por dónde iba esto, pero igual me costaba aceptarlo. “¿Qué necesitas?” “El cuerpo. Otra vez.” La palabra cayó como una piedra. Me quedé un segundo en silencio, procesando. “¿Otra vez?” “Sí.” “¿Y yo?” “Vas a entrar en reposo. Tu alma va a resultar dañada. Vas a estar en suspensión más tiempo que la última vez. Días. Semanas. Quizás más.” “¿Y tú?” “Yo voy a usar todo.” “La transmutación.” “El conducto.” “Mis propias habilidades. Voy a abrir un canal en el tejido mismo del espacio y salir hacia afuera.” “¿Un canal en el espacio?” “Sí. No voy a perforar la roca. Voy a abrir un paso a través de ella. Como si la montaña no estuviera ahí.” “Y tu vas a sufrir mientras permanezcas consciente, luego no vas a sentir nada.” “Hasta que despierte.” “Hasta que despiertes.” “¿Y mientras tanto?” “Mientras tanto, yo salgo. Yo me muevo. Yo hago lo que hay que hacer.” “Y yo no soy nada.” “Tú eres el precio.” La frase me cayó como un golpe. No era nueva. Ya la había escuchado antes, en otros contextos, de otras formas. Pero ahora, dicha así, sin adornos, sonaba más real. Me hizo recordar el día en que me convertí en esclavo. Despertó en mí sentimientos que pensaba que había olvidado y enterrado profundamente. “La última vez que te dejé el cuerpo, pasé días enteros sin poder decidir, sin poder moverme, sin poder hacer nada.” “Y sobreviviste.” “Porque no había otra opción.” “Exacto. Y ahora tampoco la hay.” “Nada ha cambiado.” “Estás equivocado y lo sabes, en el fondo lo sabes.” “Sí ha cambiado, ahora sabes lo que estás haciendo, ahora sabes el precio.” “Ya no estás a oscuras en una habitación sin salida.” Me quedé mudo por unos instantes, sopesando las cosas. Pero sabía que no era el momento de dudar, a pesar de que quería hacerlo, quería relajarme y pensar las cosas detenidamente. “Entonces… entonces lo haré, pagaré el precio.” No lo dije como un héroe de manera valiente ni como un mártir que da todo sin esperar nada a cambio. Lo dije como lo que era, alguien que no tenía otra opción. ¿Por qué? “Porque si no lo hago, me atrapan. Y si me atrapan, todo lo que hice hasta ahora no sirvió de nada.” “Todo lo que pasamos últimamente también lo habrá sido.” Las palabras de Alphonse tocaron una fibra sensible. Tocaron justo donde debían. Sentí rabia. Impotencia. Pero también algo más, una especie de resignación cansada. “Por un momento, pensé que íbamos a salir los dos…” “Y lo haremos, solo que intercambiaremos roles un tiempo.” “Lo importante es sobrevivir, solo necesitamos una oportunidad. Solo con una pondremos patas arriba este mundo jajajaja.” “Solo nos falta tiempo, vida, oportunidades.” “Entonces nos falta de todo…” Alphonse no respondió a mi comentario, así que cerré los ojos por un momento. El conducto latía más fuerte. “Está bien.” La palabra salió sola, sin que yo la llamara. “Está bien. Hazlo.” “¿Seguro?” “No. Pero no importa.” “Aunque tienes que prometerme algo, necesito que hagas algo por mí.” “¿Qué?” “Un mensaje.” “¿Un mensaje?” “Sí. Antes de irme, quiero dejar un mensaje. Un mensaje para el que me busca.” “¿Qué quieres decirle?” “Algo que lo haga entender que llegó tarde. Que se dé cuenta de que perdió.” “Bueno, está bien, hagámoslo ahora mismo.” Sentí algo que se parecía a una sonrisa en el fondo de mi cabeza. No era mía. Era de Alphonse. “Parece que eres bastante vengativo.” No le respondí al comentario sarcástico, estaba pensando en algo más profundo, algo que no sabía si quería decirlo. Pero de todas maneras lo hice. “Oye, Alphonse.” “¿Sí?…” “Gracias, confiaré en ti.” No hubo respuesta. Solo un silencio pesado, como si Alphonse no supiera qué hacer con esa palabra. “Descansa. Cuando despiertes, ya habré salido.” “Vas a estar bien. Solo… vas a tardar más en volver.” “¿Cuánto?” “No lo sé. Pero vas a volver.” “Entonces… hasta luego, Atila.” No le respondí, en el fondo yo también estaba tan perdido como Alphonse. Hace mucho tiempo que no tenía interacciones que no fueran superficiales con alguien más. Compartir pensamientos sinceros, formar un vínculo que no fuera pasajero parecía aún más surreal que cualquier habilidad o poder. De un momento a otro sentí una especie de tirón en lo más profundo de mí. Era Alphonse intentando tomar el control, casi instintivamente me resistí, pero finalmente dejé que lo hiciera. Mi mente, mi conciencia se vio desplazada profundamente, como si fuera un espectador. Se vio sumergida en lo profundo de mi propio ser. Sentí cómo el cubo se activaba como nunca antes. Cómo el conducto se abría por completo. La energía fluía desde mi mar de estrellas hacia el cubo y hacia el cuchillo como nunca antes, estaba siendo succionada de una forma embravecida. Alphonse rápidamente alzó la mano con el cuchillo completamente cargado. El conducto, que solo era una conexión entre mi habilidad y algo más como el cuchillo o el cubo mismo, dejó de ser solo eso. Una nueva hebra nació del conducto principal. Se conectó con el cubo, en el fondo de mi alma, y a la vez con el cuchillo en la mano. Y el conducto, que solo era una conexión con el cuchillo, comenzó a alargarse, saliendo por la punta hasta tocar un punto en el espacio sin nada frente a él. El aire comenzó a vibrar y, de un momento a otro, comencé a sufrir como nunca antes, como si estuvieran desgarrando desde el fondo de mi ser mi alma con un cuchillo que la hacía sangrar y desgarrarse. No era como la transmutación de siempre. No era materia reordenándose. Era algo más profundo. Tocando un área que aún no debería ser posible para mí, para mi alma que se desvanecía por sí sola. Una línea apareció en el aire, una pequeña rendija. Delgada. Brillante. Como si el espacio mismo se estuviera abriendo un pequeño ojo para ver la realidad, un iris parecido al de un reptil. La línea se ensanchó, se convirtió en un óvalo y, cuando lo hizo, mi mente pareció colapsar para no volver a sentir. “Así que hasta ahí aguantaste… estuvo bien.” Estaba en los pasos finales cuando Atila se desmoronó. Era mucho mejor así, ya que lo que estaba por hacer podía enfurecerlo de más. Pero era lo que había que hacer. Todavía faltaba energía, pero no había nada más que utilizar, el alma de Atila no puede resistir más, las estrellas ya están casi secas, no hay más fuente de energía. Así que solo quedaba una opción. La transmutación siguió y, con ello, el brazo que no sostenía el cuchillo comenzó a desvanecerse en la nada poco a poco. Comencé a perder la sensibilidad en el brazo, primero fueron los dedos, luego la mano completa. Aun faltaba energía, así que seguí. Cuando había transmutado el brazo hasta la altura del codo, supe que ya era suficiente, así que me detuve, la distancia ya era suficiente. Caminé hasta el óvalo que había frente a mí y desaparecí en él. El portal se cerró automáticamente. Y luego, nada. \- \- \- \- Zeff llegó al túnel con el corazón acelerado. Los rastros eran frescos, muy frescos. Las marcas de pies, las migas de pan, las zonas húmedas… todo apuntaba a que Atila estaba cerca. “Estás a punto de salir.” Subió. El túnel se volvía más estrecho, pero más definido. Las paredes eran más lisas, como si alguien las hubiera trabajado con más cuidado. El aire cambiaba. Más frío. Más movimiento. “Estás cerca de la superficie.” Zeff sonrió. “Y yo estoy cerca de ti.” Llegó al final del túnel. Frente a él, una pared. Delgada. Lista para romperse. Pero no había nadie. No había Atila. No había salida. Solo la pared. Y en la pared, un mensaje. Zeff se acercó. Leyó. “Llegas tarde. Suerte para la próxima. Att: Atila.” Se quedó ahí, parado, mirando el mensaje. El corazón le latía fuerte. Las manos le temblaban. No de miedo. De rabia. “Mierda.” Golpeó la pared con el puño. La roca no se movió. “Mierda, mierda, mierda.” Se dio media vuelta. El túnel estaba vacío. No había nadie. “Te voy a encontrar, Atila. Te lo juro.” Pero en ese momento, solo estaba él. Y el mensaje. Y la certeza de que había llegado tarde.
Transmutando Cadenas (Novela)

Continúa leyendo

Transmutando Cadenas (Novela)

Capítulo 30

Siguiente Capítulo ›

Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 29

Estás leyendo el capítulo 29 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 19 de septiembre de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.