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Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 28 online gratis en español

Zeff encontró la entrada del túnel unas horas después de entrar en la celda. No fue fácil. El rastro era débil, apenas una deformación residual en la roca o en los poros, como el eco de algo que había ocurrido hacía mucho, pero su dominio era lo suficientemente afilado como para captarlo. Se detuvo frente a la pared donde encontró las irregularidades. La textura era distinta, más lisa, como si la materia hubiera sido reescrita desde adentro. No había sangre, no había restos, pero el aire tenía un olor metálico que no encajaba con el resto de la prisión. “Alguien pasó por aquí.” Activó el dominio. El círculo de dos metros se desplegó a su alrededor, llenándolo de información. No era magia ni tampoco adivinación. Era su habilidad innata llevada al límite, todos sus sentidos potenciados, proyectados en el espacio como una red invisible. Podía sentir la roca, el aire, las marcas en el suelo, los cambios de textura en las paredes. Podía oler el sudor seco, la tierra removida, el metal oxidado. Podía ver, en su mente, el mapa completo del entorno bajo su influencia. “Interesante.” Siguió los rastros, moviéndose por la habitación como si estuviera reconstruyendo una escena. No había dudas: alguien había estado ahí. Y ese alguien no había salido por los pasillos. El rastro se metía en la pared, hacia la roca viva de la montaña. Zeff sonrió, sin disimular. “Así que te abriste camino.” No lo notificó, no envió un mensaje a sus superiores, no pidió refuerzo, no registró el hallazgo en ningún informe. Lo guardó para sí. No era solo ego. Era algo más profundo. Una necesidad de demostrar que podía hacerlo sin ayuda, que sus sentidos eran lo suficientemente afilados, que no necesitaba que nadie le dijera cómo cazar. “Siempre hay alguien más fuerte, más rápido, más respetado. Pero en un túnel como este, eso no vale nada. Aquí solo importan los sentidos. De un momento a otro el corazón de Zeff comenzó a latir de forma desenfrenada bombeando energía. Desenvainó su espada confiando completamente en su juicio y cortó hacia la pared. Finos cortes en forma de cubo aparecieron y aunque al principio la pared parecía no estar hueca termino flaqueando al final y dejando al descubierto el túnel que había. La roca cedió lo suficiente como para dejar un hueco. Se agachó y entró. El túnel era estrecho, apenas lo suficiente para que pasara un cuerpo. Zeff tuvo que encorvarse, y la armadura comenzó a rozar contra las paredes de inmediato. “Qué mierda.” El metal de la armadura arañaba la roca, haciendo un ruido que le resultaba insoportable. Cada movimiento era más torpe de lo que le hubiera gustado. No estaba acostumbrado a esto. Él era un cazador de espacios abiertos, de combates cortos, de misiones con logística. Esto era otra cosa. Avanzó con cuidado, siguiendo el rastro. El túnel no era recto. Tenía curvas cerradas, cambios de dirección bruscos, zonas donde la roca cedía y tenía que reforzar el paso con el dominio para que no se derrumbara. En algún punto, se perdió. El rastro se dividía en dos direcciones. Una iba hacia abajo, la otra hacia arriba. Zeff se detuvo, frunció el ceño, y dejó que el dominio leyera la roca. La de arriba tenía más marcas. “Subiste.” Tomó el túnel superior. Era una especie de escalera tallada en la montaña, un espiral que lo llevaba más alto dentro de la roca. Cada tramo era más corto que el anterior, como si quien lo hubiera hecho estuviera calculando algo. “Menos roca que romper…” Zeff sonrió, a pesar de la incomodidad. “Bien pensado, chico.” Pero el túnel no estaba hecho para él. Cada paso era una lucha. La armadura le quedaba grande en los pasajes estrechos, le apretaba en los codos, en las rodillas, en el pecho. El aire era más denso, menos circulante. Después de un rato, comenzó a sentir la garganta seca. “Mierda. No traje suficiente agua.” No había pensado en eso. Había asumido que sería rápido. Que entraría, seguiría el rastro, y saldría en menos de una hora. Pero llevaba ya varias horas dentro. El estómago le reclamó. No había comido desde antes de entrar en la celda. No era hambre real, todavía no, pero era una molestia que se sumaba al resto. “¿Cómo carajo aguantaste esto, Atila?” La pregunta le salió sin querer. No era admiración, no exactamente. Era más bien una especie de incredulidad forzada. “¿Qué clase de mente puede soportar esto sin volverse loca?” Él estaba acostumbrado a combates cortos, a dominios breves, a misiones con apoyo. Tenía comida, agua y equipo. Atila, en cambio, había llevado una guerra de desgaste durante meses, solo, sin nada. Y aun así, había avanzado. Zeff apretó los dientes. No iba a dejar que eso lo hiciera dudar. Si Atila había podido, él también. Siguió subiendo. El túnel se volvía más estrecho a medida que avanzaba. En algún punto, tuvo que detenerse. La armadura le impedía pasar. No había forma. “Mierda.” Salió del túnel, maldiciendo. Volvió a la celda, se quitó la armadura, dejó solo lo esencial: ropa ligera, un cuchillo, una cantimplora, algunas raciones. Volvió a entrar. Sin la armadura, el túnel era más transitable. Pero aún así, cada paso era una lucha. Tenía que agacharse, arrastrarse, a veces gatear. El aire era más denso, más pesado. La oscuridad era absoluta, pero su dominio le permitía “ver” lo suficiente como para no chocar contra las paredes. En algún punto, el rastro se debilitó. Zeff se detuvo, frunció el ceño, y dejó que el dominio se expandiera. Dos metros. Un metro. Medio metro. Concentró todo en un punto. Ahí. Había marcas de pies en el polvo. Pequeñas, dispersas, como si alguien hubiera caminado de un lado a otro sin un destino claro. Migas de pan en el suelo, secas, duras. Zonas húmedas donde alguien había bebido agua, o donde el sudor se había acumulado. “Descansaste aquí.” Se agachó, tocó el suelo. La roca tenía una textura distinta, como si alguien hubiera estado tumbado ahí durante mucho tiempo. Había marcas de codos, de rodillas, de espalda. “Y practicaste.” Se puso de pie, limpió el polvo de las manos, y siguió. El túnel se abría en pequeñas cámaras de vez en cuando. En cada una, encontraba más rastros. Más migas, más marcas de pies, más zonas donde alguien había dormido, comido, descansado. En una de ellas, encontró algo que lo detuvo. Había una pared entera que parecía… distinta. No era un cambio obvio. Era sutil, como si la tierra hubiera sido movida de forma distinta al resto. Había marcas de manos, de dedos, como si alguien la hubiera tocado una y otra vez. “¿Qué hiciste aquí?” No lo sabía, no podía saberlo, aun así el rastro seguía, más fresco, más nítido. Salió de la cámara, siguió el túnel. Pero en algún punto, se dio cuenta de que había tomado un camino errado. El rastro se cortaba. La roca cambiaba. El aire era más denso. “Mierda.” Tuvo que volver sobre sus pasos. Perdió horas buscando el camino correcto. Volvió a la cámara de la pared distinta, probó otro túnel, otro ángulo. En algún punto, tuvo que salir de nuevo. El aire se volvía irrespirable. No había circulación. Tuvo que volver a la superficie, buscar aire, comer, beber, descansar. Volvió a entrar al día siguiente. Y otra vez. Y otra. Cada vez que entraba, avanzaba un poco más. Cada vez que salía, maldecía. Pero no se rendía. En la cuarta entrada, encontró el camino correcto. El rastro era más fresco. Las marcas de pies más nítidas. Las migas de pan menos secas. Las zonas húmedas más recientes. “Casi te veo, chico.” Subió. El túnel se volvía más estrecho, pero más definido. Las paredes eran más lisas, como si alguien las hubiera trabajado con más cuidado. El aire cambiaba. Más frío. Más movimiento. “Estás cerca de la superficie.” Zeff sonrió. “Y yo estoy cerca de ti.” Mientras tanto, más arriba, Atila estaba en el último tramo. La roca frente a él era delgada. Podía sentirlo con la percepción superficial, aunque le costaba mantenerla activa por mucho tiempo. El aire cambiaba, era más frío, mucho más frío que antes. El túnel estaba helado, y eso solo podía significar que ya estaba cerca de la superficie. “Si sigo así… voy a salir.” No había celebración en su cabeza. Solo una certeza fría, clara. Se sentó en el suelo, apoyó la espalda en la pared, y cerró los ojos. El conducto latía en su interior, estable. El cuchillo descansaba a su lado, la hoja densa, alimentada por toda la energía que había desperdiciado y que el conducto había sabido aprovechar. El cubo… el cubo seguía ahí, pesado. Pero algo había cambiado. Al principio fue solo un pulso distinto. Como si algo en el fondo del cubo hubiera despertado. Luego, llegó la voz. No era un pensamiento suyo. No era un eco, era una voz clara, directa, que resonó en su cabeza sin pasar por los oídos. “Se acerca.” Atila abrió los ojos de golpe. “¿Alphonse?” No hubo respuesta inmediata. Solo un silencio pesado, como si la voz estuviera midiendo si valía la pena seguir hablando. “Sí. Llevo un tiempo observando.” Atila no respondió. No sabía qué decir. No esperaba que Alphonse hablara, no así, no ahora. “No es cualquier persona, sabe leer rastros. Usa algo que le permite ver lo que dejaste en las rocas.” Atila sintió un escalofrío que no tenía que ver con el frío. “¿Cuánto tiempo tengo?” “Poco. Si sigues así, te va a encontrar antes de que salgas.” Atila apretó los dientes. No quería escuchar eso. No quería que Alphonse tuviera razón. “¿Qué sugieres?” La voz tuvo algo que sonó como una sonrisa. “Eso depende de ti. Puedes apurar la salida, aunque sea más arriesgado". “Puedes preparar una trampa en el túnel o puedes confiar en que exagero y seguir como ibas.” Atila cerró los ojos. El conducto latía más fuerte. El cubo pesaba más que nunca. “¿Por qué me avisas?” “Porque si te atrapan, me atrapan. Y todo lo que he hecho habrá sido en vano.” “Y todo lo que hemos pasado últimamente también lo habrá sido. Atila abrió los ojos. La pared frente a él seguía ahí, delgada, lista para romperse. Pero las palabras que había pronunciado Alphonse habían tocado una fibra sensible, tocaban justo donde debían. Por un momento, dudo. Tomó el cuchillo, y lo apoyó en el centro de la pared tratando de pensar fríamente. Por un instante todo pareció detenerse esperando la decisión que iba a tomar Atila.
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Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 28

Estás leyendo el capítulo 28 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 19 de septiembre de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.