Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 24 online gratis en español
Desperté con la sensación de que algo dentro de mí había cambiado de lugar. No era dolor, ni hambre, ni sed. Era como si un órgano que siempre había estado dormido ahora respirara a mi lado, marcando un ritmo nuevo.
El conducto.
Seguía oscuro en la cueva, pero ya no era la misma oscuridad de antes. Ahora cada vez que cerraba los ojos sentía el hilo de energía que nacía en mi pecho y se perdía en algún punto más profundo.
Me llevé la mano al brazo, a la marca que siempre había usado para transmutar. La piel estaba igual, pero la sensación bajo ella era distinta. Como si hubiera una segunda capa, un canal oculto que ahora podía tocar con la mente.
“Bien” Murmuré en la oscuridad.
“Veamos qué puedes hacer”.
Apoyé la palma en el suelo irregular de la cueva y dejé que la energía fluyera desde mi mar de estrellas. El proceso ya era familiar para mi, la materia se deshacía en información, la información se reordenaba y luego volvía a tomar forma según lo que yo quisiera.
Pero esta vez presté atención a algo que antes ni siquiera había notado, el desperdicio.
Cada vez que transmutaba, siempre había una parte de energía que se perdía. No era mucho, no era más que un residuo que se disipaba en el aire, que se iba a ninguna parte.
Pero si se acumulaba… y si pasaban los días, meses, años….
Antes ni siquiera lo sentía, ahora con el conducto despierto, era como ver cómo una parte del agua se escapaba entre los dedos cada vez que intentaba llenar un vaso. Era una sensación inaceptable, como si estuviera sufriendo una pérdida cada vez que actuaba.
“Si ese canal existe… debería poder atrapar algo de eso”
Concentré la atención en el flujo de energía. No intenté cambiar la transmutación en sí, solo observar por dónde se movía, por dónde se filtraba.
Al principio fue caótico, la energía iba y venía, se dispersaba, volvía a agruparse pero después de varios intentos, logré distinguir un patrón.
Había un camino.
Un trayecto que la energía recorría una y otra vez, como un río que siempre vuelve al mismo cauce. Y en los bordes de ese cauce, pequeñas corrientes se desviaban, perdiéndose en la nada.
El conducto era eso, un nuevo cauce. Un canal paralelo que podía recoger parte de ese desperdicio y mantenerlo en circulación.
No era mucho. Era más bien un hilo fino, apenas un brillo en la periferia de mi conciencia, pero estaba ahí, energía que antes se perdía, ahora almacenada, esperando que se usará para algún fin.
“Esto… cambia las cosas” Dije en voz baja imaginándome un sin fin de posibilidades y ventajas.
Me quedé un rato quieto, dejando que esa pequeña reserva se asentara. No quería forzarla, no todavía. Tenía que entender cómo se comportaba, si se disipaba con el tiempo, si podía entender sus límites.
Después de un rato, pensé en el cuchillo.
Lo había creado semanas atrás, en uno de esos momentos en que todavía creía que podría defenderme de algo, aunque no supiera bien de qué. Lo dejé atrás, en la habitación de la prisión, cuando todo se derrumbó. No lo tenía conmigo pero la idea seguía ahí, una hoja recta, sin adornos, con un filo que había probado contra mi solo para asegurarme de que cortaba.
“Necesito uno nuevo, creo que servirá…” Murmuré con una idea específica en mente.
Apoyé la palma de la mano en el suelo y dejé que la energía fluyera. Esta vez, además de transmutar la tierra, presté atención al conducto. Dejé que el canal se abriera, que recogiera todo lo que pudiera del desperdicio habitual.
No fue fácil.
Al principio, la energía se resistía. Era como intentar atrapar humo con las manos. Pero insistí, ajustando el flujo, imaginando que el conducto era una especie de tubo interno por el que podía empujar esa energía.
Poco a poco, algo se quedó.
Cuando sentí que tenía lo suficiente, comencé a darle forma. Era metal, o al menos lo más parecido a metal que podía lograr con lo que tenía a mano. Minerales dispersos en la tierra, impurezas, todo lo que pudiera endurecerse lo suficiente como para cortar.
La energía fluyó desde mi mar de estrellas, pasó por el conducto, y una parte se quedó atrapada en el canal, como un residuo que ahora tenía un propósito. El resto se usó para la transmutación en sí.
Sobre mi palma, la materia comenzó a tomar forma. Primero fue solo un bulto, luego una línea recta, luego un filo. No era perfecto, no tenía el equilibrio del cuchillo que había dejado atrás.
Pero era suficiente.
Cuando lo tuve en la mano, sentí el peso del metal frío contra la piel. Siempre había sentido una sensación extraña.
Era algo que yo había hecho, pero que no era del todo mío. No lo sentía así, la idea no había sido mía, y había recibido ayuda, ayuda de Alphonse y de manera auxiliar también del artefacto, del cubo, de las marcas en mi brazo.
Esta vez, sin embargo, tenía una idea distinta.
“Si el conducto puede almacenar energía… ¿Podrá también atarla a algo?” Pensé ambiciosa mente.
Apoyé la punta del cuchillo en la palma de mi mano izquierda, justo sobre la marca. Cerré los ojos y dejé que la energía del conducto fluyera hacia ese punto de contacto.
Al principio no pasó nada. Solo el mismo silencio de siempre, la misma sensación de estar hablando solo en la oscuridad. Pero entonces, como cuando había tocado la puerta en mi reino, noté un cambio sutil.
El metal dejó de sentirse completamente ajeno.
Era como si una parte de la energía que había almacenado en el conducto se estuviera filtrando hacia el cuchillo, impregnándolo.
No lo veía, no brillaba, no cambiaba de forma, pero lo sentía, una especie de vibración muy tenue, como un latido del corazón, como si el arma tuviera vida propia.
Seguí empujando energía desde el conducto hacia el cuchillo, pero con cuidado. No quería vaciarlo de golpe, no sabía qué pasaría si lo hacía. Fui dosificando, como si alimentara un fuego pequeño con ramas secas.
Con cada nueva carga, la sensación se hacía más clara. El cuchillo ya no era solo un objeto que podía usar. Era un punto fijo en mi red de energía, algo así como una extensión del conducto. Si cerraba los ojos y me concentraba, podía sentirlo incluso cuando no lo tocaba, como un peso extra en mi conciencia.
“Como si fuera parte de mí”.
Era un vínculo.
Dejé el cuchillo sobre la palma de mi mano y lo observé en la oscuridad, como si pudiera verlo. No necesitaba luz para saber que algo había cambiado. El filo parecía más estable, menos frágil. Como si, en lugar de ser solo materia, ahora tuviera también un poco de mi energía corriendo por dentro.
“Bien… Si voy a cavar, que sea con esto, quizás me lleve una sorpresa”
Me puse de pie y me acerqué a la pared que había estado excavando grano a grano durante semanas. Ya había avanzado bastante, lo suficiente como para que la cueva se sintiera menos como una tumba y más como un refugio.
Apoyé la punta del cuchillo en la tierra y dejé que la energía fluyera. Esta vez no fui tan lento como antes.
El conducto respondió de inmediato.
Sentí cómo la energía almacenada se liberaba poco a poco mezclándose con la que venía de mi mar de estrellas. La tierra crujía con el cuchillo, cada pasada del filo era más limpia, más precisa.
Y, lo más importante, yo no me sentía tan agotado como otras veces.
Antes, después de un rato de transmutar, empezaba a notar el peso en los huesos, el vacío en el pecho, esa sensación de que estaba tomando prestado más de lo que debía. Ahora, con el conducto, era como si tuviera un segundo aliento. Cuando mi energía natural comenzaba a flaquear, el conducto liberaba un poco de lo almacenado y yo podía seguir.
“Esto… es otra cosa” Dije entre dientes, mientras la pared cedía poco a poco.
No era invencible.
Lo sabía, había límites, si vaciaba el conducto por completo probablemente el golpe sería peor que antes. Pero por primera vez en mucho tiempo sentía que tenía cierto control. Que no dependía solo de la suerte o de algún milagro que pudiera hacer Alphonse.
Mientras avanzaba, empecé a notar algo más.
Cada vez que el cuchillo cortaba la tierra, una parte de esa materia transmutada volvía a mí, no como energía pura, sino como información. No eran imágenes ni palabras, sino sensaciones, la textura del suelo, su compactación, las zonas más duras, las más blandas.
Era como si el cuchillo, al estar conectado al conducto, me devolviera un eco de lo que tocaba.
En un momento, sin querer, cerré los ojos y me concentré en ese eco. La oscuridad de la cueva se volvió menos densa. No veía nada, pero sentía la pared frente a mí como una especie de mapa borroso. Podía distinguir, más o menos, dónde la tierra estaba más suelta y dónde había algo más duro detrás.
“Esto… ¿es por el cuchillo? ¿O es el conducto?” Me pregunté en voz baja.
No lo sabía, parecía una mezcla de ambos, pero me recordó a una habilidad que había mencionado alphonse.
Me quedé un rato quieto, dejando que esa sensación se asentara. No quise forzarla. Tenía miedo de que, si exigía demasiado, todo se cerrara de golpe y volviera a la ceguera de antes.
“Poco a poco”
“Ya es demasiado, un paso a la vez, enfocado Atila”. Me di un poco de aliento y seguí.
Seguí cavando, pero con más calma. Cada tanto me detenía, dejaba que el conducto se recargara un poco, y luego volvía al trabajo. El cuchillo respondía mejor con cada pasada, como si se estuviera acostumbrando a ser lo que era ahora, más que un arma.
En algún momento, mientras descansaba apoyado en la pared, me di cuenta de que estaba sonriendo.
No era una sonrisa grande, ni alegre. Era el gesto de alguien que, después de mucho tiempo sintiéndose a la deriva y perdido, por fin tenía algo bajo los pies.
“Voy a salir de aquí… si persevero… si sigo aguantando lo haré”
No sabía cuándo.
No sabía qué iba a encontrar del otro lado, pero por primera vez, la idea de escapar no se sentía como un deseo lejano, sino como algo posible.
Me senté en el suelo de la cueva.
La oscuridad seguía siendo la misma, pero ya no me pesaba igual.
Cerré los ojos y escuché el latido del conducto dentro de mí.
“Mañana…” Dije en la oscuridad
“Seguimos”.
Y por primera vez en semanas, dormir no se sintió como rendirse.
Se sintió como prepararse.

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Estás leyendo el capítulo 24 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 16 de septiembre de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.