Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 23 online gratis en español
Después de un mes de práctica ininterrumpida mi cuerpo había comenzado a perder peso, incluso podía sentir mis costillas si pasaba las manos por mi torso.
Evidentemente una dieta de pan con agua no era suficiente para tener una vida saludable.
La piel se me había puesto pálida como un hueso y las orejas colgaban como bolsas desgastadas. Pero todo eso no me importaba mucho, en este punto no pensaba en nada más que el flujo de energía mientras estaba tumbado en la pequeña cueva.
Esta había crecido un poco, no sabía muy bien cuánto ya que estaba todo oscuro pero algo de espacio había creado.
En medio de mi entrenamiento habitual, estaba Transmutando granos de tierra como siempre. Mi reino emanaba la energía necesaria, transformaba el grano en energía espiritual y luego la dirigía hacia la marca en mi brazo.
La conexión que tenía con el cubo hacia el resto del trabajo.
A mitad de este proceso comencé a sentir un picor inusual, tuve que detener inmediatamente la transmutación, no me podía concentrar.
Pero el picor que sentía no actuaba en ninguna parte de mi cuerpo, más bien era una especie de migraña en la cabeza. Aunque estaba acostumbrado a sentir tensiones en mi consciencia esto era diferente, era por algún motivo insoportable.
Cuando me di cuenta del efecto, retiré mi conciencia del mundo material, cerré los ojos y entré a mi reino espiritual.
Enseguida estuve flotando en medio del lienzo negro y el mar de estrellas que era mi reino espiritual.
Pero también me di cuenta que tampoco era el lugar de la picazón, era algo más profundo. Comencé a navegar a ciegas por mi reino espiritual alejándome del poco brillo que emitían las estrellas mientras intentaba captar la señal, no sabía si lo que estaba haciendo estaba bien pero era la única respuesta que podía dar.
Con el paso del tiempo la noción de este mismo se perdió por completo. A la vez el picor dentro de mi conciencia se fue intensificando como si hubiera encontrado el camino indicado a pesar de no saber hacia dónde iba.
La sensación se fue incrementando poco a poco hasta que pareció alcanzar su clímax, la sensación era tan intensa que mi propia proyección estaba teniendo espasmos repentinos.
Al borde de perder la proyección repentinamente todo el picor se desvaneció y la visión de todo lo que me rodeaba cambió por completo. Completamente opuesto a la vista anterior, el ambiente que me rodeaba ahora era todo blanco, había un blanco resplandeciente que se esparcía por todos lados.
Quede perplejo momentáneamente ya que el espacio parecía infinito pero se me quitó rápidamente porque había un rectángulo frente a mí que parecía fuera de lugar, era de color marrón y parecía hecho de algún material parecido a la tierra, como si fuera greda.
Un poco confuso con todo me esforcé por notar cualquier detalle que tuviera el objeto frente a mi.
Las dimensiones que tenía la hacían parecer una gran puerta, tenía más de dos metros de alto.
El objeto parecía estar echando raíces en el espacio que lo rodeaba, tenía en la parte inferior una gran cantidad de líneas que se bifurcaban unas de otras tratando de abarcar el mayor espacio posible.
También parecía tener un marco fino delimitado, cerca del borde el relieve bajaba repentinamente de altura, si uno lo viera desde arriba parecería una gran bandeja de greda.
Por lo demás estaba vacío, no tenía más detalles.
Aunque al momento de mirar la parte más alta de la “puerta” me di cuenta que estaba equivocado. La puerta parecía estar cambiando, se estaba creando un círculo de la nada con trazos que eran inentendibles, como si la greda apareciera de la nada para depositarse sobre la puerta.
Cuando mis “ojos” se depositaron en el círculo que se estaba formando caí bajo una hipnosis automática, ya que comencé a caminar hacia la puerta hasta tocarla con mis propias manos.
Al momento que mis manos hicieron contacto con la puerta una corriente de información comenzó a salir de ella.
La corriente de información no entró como palabras, ni como imágenes claras. Fue más bien como si todo a mi alrededor dejara de ser silencio y empezara a vibrar con un ritmo que no había sentido antes.
Caí de rodillas frente a la puerta de greda, aunque no había suelo real bajo mí. El picor en la cabeza se transformó en una presión constante, como si algo muy grande estuviera apoyando su peso sobre mi existencia.
Pero no era un peso aplastante e insoportable.
La puerta frente a mí comenzó a cambiar. Las raíces que la sostenían en el espacio blanco se espesaron, se volvieron más oscuras, como si absorbiera algo del entorno. Y entonces, desde el centro del rectángulo, algo se desprendió.
No fue un objeto.
Fue más bien una línea, un trazo luminoso que nació en la puerta y se extendió hacia mí. Avanzó lentamente, como si el espacio mismo se resistiera a ser atravesado, hasta que llegó a mi pecho y se hundió en mi interior sin dolor, solo con una certeza absoluta.
Había sido reconocido.
En ese instante, el blanco infinito dejó de ser sólo blanco. Aparecieron destellos de algo más profundo, una especie de red invisible que lo cruzaba todo, como si el universo tuviera una estructura oculta hecha de hilos de energía. Y yo, por primera vez, pude ver uno de esos hilos conectándose directamente con la puerta.
“¿Qué… es esto?”. Pensé, sin estar seguro de si alguien podría escucharme.
No hubo voz, ni respuesta en palabras, solo llegó una comprensión directa, como si el universo mismo me estuviera mostrando una verdad que siempre había estado ahí, pero que nadie me había señalado.
No era un regalo ni un discurso.
Era un reconocimiento.
Mi habilidad innata ya no estaba solitaria, ahora había algo más, un conducto. Una nueva habilidad.
La palabra apareció en mi conciencia sin sonido, sin idioma, solo como concepto puro. Y al nombrarla, algo dentro de mí se reordenó.
Sentí cómo la energía espiritual que normalmente fluía desde mi mar de estrellas hacia mi brazo ahora tenía un nuevo camino. Una parte de esa energía, en lugar de perderse después de cada transmutación, comenzaba a almacenarse en algún lugar dentro de mí. No en el cuerpo, no en el reino espiritual, sino en un espacio intermedio, un pequeño depósito que se estaba formando en el mismo instante en que lo pensaba.
El conducto.
Una capacidad para almacenar energía transmutada y mantenerla disponible, lista para ser usada después. No como un excedente, sino como un recurso contenido en un canal que apenas comenzaba a existir.
El canal no terminaba en mí, se extendía más allá, como un hilo luminoso que atravesaba la distancia entre mi conciencia y la puerta de greda. Y del otro lado, muy débil pero presente, sentí la presencia del cubo.
Era como si el cubo mismo, por primera vez, estuviera siendo “tocado” por mi habilidad. Durante todo este tiempo, el cubo había sido el que dirigía el flujo.
Yo simplemente ponía la energía.
Ahora, gracias al conducto, algo de esa energía volvía a mí, y a través de ese retorno, se había formado un canal entre el cubo y la puerta.
Era el primer paso hacia una posible fusión.
Gracias a la nueva conexión por fin pude sentir, aunque superficialmente, que era realmente el cubo.
No era una habilidad ni un artefacto, nunca había sido ninguna de las dos cosas. Y mucho menos habían sido posesiones mías.
El cubo era el camino de Alphonse cristalizado. Una amalgama de habilidades del alma, condensadas en un objeto que funcionaba como un conjunto de reglas grabadas. Todo lo que Alphonse había logrado, todo lo que había aprendido, todo lo que había sido, estaba contenido ahí dentro, en ese cubo que ahora latía al otro lado del canal.
Hasta ahora, yo solo había sido un usuario. Alguien que entregaba energía y recibía resultados. Pero la fusión que estaba comenzando iba a permitirme acceder al camino de Alphonse. A usar, como si fueran mías, las habilidades que él había forjado a lo largo de su existencia.
El universo no me lo explicó con palabras. Me lo hizo sentir.
Cada vez que usará el conducto para almacenar energía, el canal se fortalecería.
Cada vez que usará la energía almacenada para transmutar, el cubo y mi habilidad se sincronizarían un poco más.
Y si algún día lograba que la conexión fuera completa, ya no habría “cubo” y “habilidad innata”.
Y entonces podría hacer lo que él antiguamente pudo lograr. Ver las características de las personas, vivas o inertes, leer la composición de un objeto con solo tocarlo.
Pero el universo tampoco me mostró el final del camino, ni muchos detalles más, como si tuviera expectativas de mi, esperando y expectante por ver lo que podía lograr con lo que me había otorgado.
Antes de que todo volviera a la oscuridad habitual de mi reino, tuve una última sensación. El cubo, allá en algún lugar más profundo, había “notado” el canal. No con conciencia humana, sino con esa especie de intención fría y antigua que siempre había tenido. Como si, por primera vez, algo en su interior también hubiera cambiado.
Después de eso, el blanco se esfumo de un momento a otro.
Volví a mi cuerpo en la cueva oscura, con el corazón latiendo más rápido de lo normal. El aire seguía siendo el mismo, la tierra seguía siendo la misma, pero yo ya no no me sentía igual.
Levanté la mano, la que tenía la marca que conectaba con el cubo. Cerré los ojos y, con cuidado, intenté sentir el conducto.
Al principio solo hubo silencio. Luego, muy débil, llegó el latido.
Una pequeña reserva de energía transmutada, almacenada, esperando.
Un hilo que la unía con la puerta en mi reino.
Y más allá, el cubo, respondiendo con un pulso apenas perceptible.
Sonreí, a pesar del cansancio, a pesar del hambre, a pesar de todo.
“Conducto…” Murmuré en la oscuridad después de tanto tiempo.
No había hablado en mucho tiempo, me había concentrado únicamente en la tarea de transmutar, con un solo objetivo en mente.
Pero ahora me sentía más que satisfecho.
No era un sin número de habilidades nuevas. Era solo una pero era más que suficiente.
Por primera vez, no sentía que el cubo y yo fuéramos dos entes extraños y del cual había que temer. Sentía que, poco a poco, estábamos volviéndonos una sola cosa.
Y si eso significaba que algún día podría ver el interior de las personas como Alphonse, entender su estructura, su estado.
Entonces valía la pena pagar el precio que fuera.
Apoyé la espalda en la pared de tierra que yo mismo había excavado y dejé que la energía del conducto fluyera suavemente, sin forzarla, sin exigirle más de lo que podía dar.
“Bien….” Dije en voz baja
Y después de un tiempo sin querer o tal vez sin importarme nada comencé a reir sin ningún otro motivo mas que liberar el éxtasis y la emoción que sentía.
“Jajajajajaja”.
“Si esto es el primer paso, más vale que no me detenga”.
Y en la oscuridad de la cueva, con el nuevo latido del conducto resonando en mi interior, comencé a planear, por primera vez, cómo salir de ahí.

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Estás leyendo el capítulo 23 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 15 de septiembre de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.