Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 17 online gratis en español
La reunión no duró mucho, después de la sorpresa inicial se hizo el tonto y no hablo nuevamente, solo se limito a comer lo que le daban en la boca cada tanto.
Elira por su parte prestó atención a los gestos que hacía Atila mientras comía, se dio cuenta que estaba algo incomodo, aunque no sabía porque pero no quiso preguntar, era muy probable que se pusiera a la defensiva .
Así que tampoco inició una conversación mientras se desarrollaba todo dentro de la habitación.
Rápidamente cada uno se fue por su lado y la habitación volvió a su penumbra y ha su silencio característico.
Cuando todo volvió a la normalidad Atila por fin pudo suspirar tranquilamente sin ningún tipo de presión, había intentado actuar lo más normal posible para no hacer sonar las alarmas tempranamente.
Con la tranquilidad devuelta dejó de prestarle atención al mundo físico y volvió la atención sobre sí, o más bien dentro de sí, devolvió su atención hacia el reino de su conciencia.
Un mundo con un tapiz negro de fondo se hizo presente, seguia igual que siempre, ensombrecido casi por completo, sin novedades, sin movimiento, a no ser que prestaras atención a las periferias del reino.
Allí habían tres puntos blancos que giraban uniformemente, si uno los mirara más de cerca se daría cuenta que no eran puntos sino que eran cuerpos diminutos comparados con el volumen que los rodeaba.
No todas eran del mismo tamaño, la más grande de todas tenía un radio de quince centímetros, otra tenía un radio de casi diez y la última tenía poco más de ocho. Todas giraban a la misma velocidad como si estuvieran ordenadas y orquestadas por un gran director.
Mientras Atila se detenía a admirar lo que había construido hasta el momento, se sintió relativamente orgulloso, no podía creer que alguien como él pudiera hacer esas cosas, se sentía en un sueño, a veces se preguntaba si todo era real o si simplemente ya se había vuelto loco.
Con tanto soledad, silencio y carencias todo era posible, no había mente mortal que se resistiera.
Pero no, todo se sentía tan real, el dolor, la incertidumbre, el miedo y la fatiga.
Todo lo que había sentido y vivido últimamente se sentía tan real, tan agotador que le parecía aún más imposible que fuera una ilusión, incluso en estos momentos quería detenerse y descansar un tiempo.
En medio de la fría habitación con las muñecas moradas después de días colgado y sufriendo la asfixia del metal en las muñecas, Atila de todas formas apretó firmemente el puño.
Lo sentía real, las venas se abultaron ligeramente y algo de sangre pasó de un lado a otro.
Rápidamente apartó ese tipo de pensamientos que sentía que no le sumaban en nada, había terminado de cultivar y de comer, tenía que hacer otra actividad antes de que lo volvieran a distraer.
En su agenda solo quedaba una cosa pendiente, solo había un objetivo que aún no había comenzado, la autolesión, usar su habilidad innata para interrumpir la curación, ya llevaba varios días encarcelado y no sabía cuántos le quedaban.
Necesitaba apresurar las cosas, si en alguna visita de Elira está notaba que ya estaba bien o lo suficientemente funcional podrían echarlo a patadas sin siquiera avisarle antes.
Así que por primera vez desde que llegó a la celda dejó de cultivar y comenzó a pensar en cómo hacer realidad su idea, era el otro eje central de su plan, no podía quedar inconcluso.
Pensando en cómo hacer realidad su idea se dio cuenta de dos cosas, que no sabía nada, no tenía idea de cómo se curaban sus heridas, como funcionaba la reparación o lesión de su cuerpo.
Estaba en blanco, era una de esas cosas en las que uno solo lo daba por sentado, como respirar, uno no se preguntaba como ocurría ni cómo se hacía, uno simplemente lo realizaba y después sentía sus efectos.
En segunda instancia se percató de que debería poder hacerlo aun y con toda su ignorancia, simplemente pensando en su objetivo, con una resolución clara y sacrificando todo lo que tenía, debería poder lograrlo, lo sentía instintivamente.
El problema era que iba a ser demasiado ineficiente, sentía que iba a sacrificar toda su energía simplemente para abrir una herida diminuta de la cual salga un poco de sangre.
Eso no le iba a servir para nada.
Así que como no tenía ni idea, como no tenía un punto de partida, inicio como todo gran descubrimiento, observando. Aunque en peores condiciones que cualquier gran inventor ya que estaba encadenado y con las luces apagadas, solo se veían siluetas.
Pero como era su cuerpo, era más fácil percibir todo tipo de sensaciones, comenzó a concentrarse en el flujo de líquido que caía por su piel, la picazón que ocurría en algunos lugares y la irritación que sentía.
Esas no podían ser sensaciones al azar, algo estaba ocurriendo y era una reacción a lo que le habían hecho, a los golpes que le habían proporcionado.
A los latigazos…
Cuando llegó a esa revelación abrió sus ojos inmediatamente, sabía que era un buen comienzo, esa imagen, esa acción le servía mucho más que la intención ciega de lastimarse.
La imagen mental que debería tener a la hora de activar su habilidad debería ser esa. Imaginar un látigo azotando algo que él quiera.
Aunque no frena la curación, debería bastar para generar más heridas que también se deberían curar, no era lo mismo pero cumplía casi la misma función.
(“Pero debería seguir buscando…. Eso no puede ser lo mejor que tenga”)
(“Si encuentro algo, algo más… bastaría”)
(“Sería mínimamente eficiente”). Atila se sumergió a reflexionar insatisfecho con los resultados.
Se sumergió por un buen tiempo buscando nuevas relaciones pero fracasó, no pudo encontrar nada más.
Pero no se ofusco en lo más mínimo, comenzó a centrarse en mejorar la imagen que ya tenía.
Los látigos.
Empezó a imaginar su ejecución en distintos lugares, golpeando la piel, los músculos e incluso los huesos.
Al hacer contacto imagino los efectos que tendría, la irritación, el enrojecimiento, luego los cortes hasta el desgarro final y culminando con el brote de la sangre.
Esto desencadenaría un flujo, un deslizamiento por la zona como si hormigas estuvieran caminando sobre la superficie. La temperatura bajaría ligeramente y las heridas serían abiertas.
También imagino otro escenario, en el que los golpes fueran más contundentes, en vez de desgarros y derramamiento de sangre se producirían moretones, la sangre se abultaba y se machacaba cambiando su coloración. Era otro final posible, otro tipo de lesión.
Finalmente cuando no se le ocurrieron más detalles, le llegó otra epifanía, las costras, estas podrían resquebrajarse.
Se partirían igual que las rocas al contacto con la picota, se agrietarían y sucumbirían a los golpes.
Estas escenas Atila las practicó una y otra vez hasta que la imaginación se hizo escasa, hasta que tuvo el mínimo de fe en sí.
Repaso una última vez el ciclo y la imagen antes de empezar definitivamente.
Se miró ligeramente el pecho como pudo, enfocándose en una herida en particular que tenía, una cruz que estaba entreabierta de la cual había dejado de salir liquido.
Sonrió amargamente, algo sorprendido y desilusionado por lo que estaba pensando en hacer, incluso antes de atacar a alguien más con su habilidad, la utilizaría consigo mismo.
Quien diría que la primera víctima de su habilidad no iba a ser otro que él.
Con ese último pensamiento de inmediato comenzó a trabajar en múltiples frentes, soltó nuevamente los grilletes de la runa y comenzó a absorber energía, también comenzó a canalizar energía que ya tenía almacenada hacia sí mientras activaba su habilidad.
Rápidamente la imagen que había repasado de antemano comenzó a formarse una y otra vez, reproduciéndose en un ciclo sin fin.
La runa en su mano derecha se manifestó, el diamante y las líneas que salían de él se hicieron visibles respondiendo a su llamado.
Cuando la energía fue suficiente la habilidad respondió completamente y Atila abrió los ojos.
Se miró el pecho, donde había mirado antes de comenzar el proceso.
Comenzó la transmutación.
La energía se fue esfumando aceleradamente a la vez que la zona se comenzó a colorear con tonos rojizos, una picazón poco después apareció sin aviso previo y finalmente la herida se abrió derramando un poco de sangre sobre la zona.
Durante todo el proceso Atila sintió pinchazos que le hacían arrugar la cara de vez en cuando, como no quería gritar por nada del mundo, aunque sintiera dolores en la piel y aunque sintiera que se le quemaba simplemente mantuvo la boca cerrada.
Solo movía las cadenas ocasionalmente.
Finalmente se le acabó la energía y la transmutación se acabó, por fin pudo suspirar y tomar aire.
Lo había conseguido.
“.....”
“ Tuve éxito…” Murmuró ligeramente, aún no lo creía, quería intentarlo de nuevo para convencerse.
Por segunda vez lo intento, otro éxito, esta vez se abrió una herida en la espalda, podía sentir como un poco de líquido bajaba por su espalda.
La tercera vez éxito nuevamente, los antebrazos se enrojecieron, no pudo abrir una herida nueva solo logró irritar la zona.
Comenzó a sonreír como un maníaco mientras seguía practicando su nueva transmutación, lesión tras lesión se formó sobre el cuerpo hasta que por fin paró.
Por su cara caía líquido como una cascada, no era sangre sino más bien sudor, se había esforzado como nunca antes, sentía cierta tensión en su cabeza, un dolor en forma de punzada detrás de la oreja que lo amenazaba cada tanto.
“Creo que es hora… un pequeño, pequeñísimo descanso”
“Me lo merezco ¿No?...” murmuraba solo tratando de convencerse momentáneamente.
Y le sirvió, encontró paz, cerró los ojos y durmió.
En medio de la siesta y mientras Atila dormía Alphonse hizo presencia, había despertado cuando activo su habilidad, así que había visto toda la acción sin hacer ningún comentario.
“Eres temerario chico, o mucho más de lo que esperaba, incluso llegué a pensar que no serias capaz de hacerte daño”
“Pero mírate sonriendo haciendo aquello que dudaba”
“Eres mejor…mucho mejor que antes”
“¿No es así Edward?...” Con ese comentario al aire, volvió a dormir, se estaba recuperando mucho mejor gracias a todo el esfuerzo de Atila.
Nadie había escuchado sus palabras, simplemente resonaron en la conciencia de ambos y se perdieron en el mar de pensamientos.

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Estás leyendo el capítulo 17 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 28 de agosto de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.