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Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 16 online gratis en español

El descanso no duró mucho, a medianoche cuando todo seguía oscuro, mientras el frío comenzaba a aumentar Atila despertó de su sueño. Comenzaron a sonar ruidos en el exterior como en los primeros días. Los sonidos eran variados y además con la interferencia de las paredes se escuchaban a medias lo que dejaba margen a la imaginación. Aunque ocasionalmente eran claros, demasiado lastimeros como para no reconocerlos, como si estuvieran caminando sobre clavos. Estos ruidos fueron más que suficientes para sacarlo del mundo de los sueños, se despertó a regañadientes pero finalmente no pudo no pudo volver a dormir así que no tuvo más que aceptar su destino. Por un buen tiempo estuvo existiendo sin más dentro de la habitación, pero con el pasar del tiempo comenzó a hilar diferentes pensamientos. Comenzó a extrañar su cama, a pensar lo cómodo que sería volver a su dormitorio. Pensó en lo satisfactorio que sería volver a comer con sus manos, lo agradable que era sentir el suelo con los pies, el caminar por un sendero a pesar del frío y el suelo anguloso. Empezó a pensar que a lo mejor no era tan malo trabajar en la mina… Que era una bendición poder vivir de su trabajo. Y que las cosas tarde o temprano iban a comenzar a mejorar, que solo era cuestión de tiempo. Cuando el hilo de pensamiento llegó a ese punto Atila trató de enderezarse sin querer, intentando pensar para mejor trato de colocar la columna recta pero inmediatamente ocasionó que el grillete del cuello lo estrangulaba a la altura de la clavícula. De un momento a otro se quedó sin aire y retrajo su posición, un miedo surgió desde lo más profundo y de manera repentina mientras trataba de recuperar el aliento. Pero mientras pasaban los segundos ese miedo comenzó a transformarse en frustración y luego en furia, un enojo que iba creciendo sin conocer un tope. Los pensamientos anteriores se esfumaron uno por uno, que bendición, que esperanza, aquí dentro no había nada como eso, o por lo menos él no lo había experimentado. Con una furia intensa Atila comenzó a recapitular acontecimientos, los gritos que escuchaba, su situación actual y no pudo más que mirar su pecho observando los grilletes que limitaban su cuello. Le recordó los tiempos en que marchaba mes a mes, en los que desfilaba con sus similares. También recordó cuando le asignaron una residencia permanente, los sentimientos que había sentido en aquel momento, se sentía tan tonto recordando todo aquello. No pudo más que agachar momentáneamente y murmurar. “La memoria es tan…” “Tan corta”. A la vez que la furia se comenzaba a teñir de amargura siguió recordando todo lo que le había pasado en los últimos meses hasta que llegó a su cabeza la imagen de alguien. Alguien completamente transparente, una sonrisa, unos toques en la frente y algunas palabras de esa persona. Cuando esas imágenes comenzaron a rondar por su cabeza toda amargura se esfumó y levantó la cabeza gacha. Se dio cuenta que los lamentos no iban a cambiar su situación, no iban a liberar sus grilletes. Que parecía haberse olvidado de la promesa con Alphonse, era verdaderamente corta la memoria. En instantes la situación se revirtió y comenzó a aislar los pensamientos, intentar hacer algo productivo. Y lo consiguió rápidamente, se dio cuenta que había estado haciéndolo bien, pero no del todo. Necesitaba esforzarse más, necesitaba cultivar más, con toda potencia, no necesitaba ningún tipo de descanso. ¿Para qué quería descansar si ni siquiera quería curar sus heridas? ¿Si su plan era pasar el mayor tiempo encadenado, libre de todos, acumulando fuerzas a oscuras? Cuando se dio cuenta de lo tonto que había sido no lo pensó por mucho tiempo y cerro sus ojos intentando alcanzar la máxima concentración rápidamente. E incluso antes de alcanzar la concentración que esperaba liberó el grillete del puente ciego, ¿Y que si era algo imprudente? Mejor así, más tiempo encerrado para él. Atila comenzó a operar a toda máquina la runa, la ventisca de energía empezó a emerger en su reino espiritual para comenzar a rodear la única bolita blanca que había en la negrura del reino. La bola comenzó a descender en velocidad pero aun así no cesó de absorber la brisa de energía que le llegaba, de hecho todo lo contrario parecía absorber una pequeña cantidad mayor por cada giro que daba. Y así era, mientras más aumentaba su radio más energía era capaz de atraer y absorber, aunque la velocidad caía gradualmente pero nada que no se pudiera regular después. El tiempo fue pasando y Atila no aflojaba por ningún motivo ni ningún momento, llevaba casi una hora a máxima potencia sin pausas y la “bolita” anterior casi ya ni giraba. Ahora la bola era una masa de energía completamente esférica de un radio de casi 10 centímetros, la velocidad de giro que tenía era mínima, de alrededor de 2 metros por segundos. Casi nada, ni cerca de la velocidad anterior, así que comenzó a aumentar su velocidad. La fuerza del alma comenzó a desplegarse y adherirse cerca de la esfera blanca, encapsulando incluso los destellos ocasionales que emitía intermitentemente. La fuerza del alma parecía imprudente y ansiosa ya que la envolvía la esfera sin contratiempos, esta comenzó a girar ligeramente de inmediato obedeciendo su voluntad. Un rato después ya había alcanzado un ritmo constante, ya se comenzaba a notar el giro aun así el alma de Atila parecía insatisfecha, siguió pujando y pujando hasta que alcanzó los diez metros por segundo. Cuando alcanzó este hito comenzó a bajarle el ritmo, aunque llegados a un momento lo mantuvo constante, un azote constante comenzó a surtir efecto sin parar. En paralelo mientras seguía haciendo rotar la bola blanca, liberó nuevamente los grilletes que había sellado de antemano y otra vez la brisa blanca comenzó a entrar al reino. Esta vez la energía no fue a parar al punto que estaba girando en la periferia, sino que comenzó a acumularse lentamente a una distancia prudente. El flujo no era tan voraz como hace un tiempo pero era lo esperado, estaba a la vez girando el otro cuerpo, estaba cultivando en paralelo dos cuerpos y era la primera vez que lo intentaba. Comenzó a sentir una fatiga mayor, la tensión en la mente era mayor que la suma de las partes, la tensión que generaban dos cuerpos era mayor que simplemente el doble de un solo cuerpo. Aun así Atila lo tomó como un reto más, un contratiempo más, comenzó a estabilizar la situación y acostumbrarse a la sensación, el truco era no intentar sentir nada, sino más bien sobrellevar la sensación. El segundo cuerpo comenzó a crecer, la bruma blanca que pintaba el fondo negro empezo a colapsar en un mismo punto y a juntarse la una con la otra aumentando su densidad energética. La bruma rápidamente pareció mutar en un río blanquecino que destellaba y aunque le costó un poco más varios minutos después logró colapsar en un pequeño punto sólido, el cuerpo no giraba ni nada, pero ya tenía orbitando más energía que no había dejado de entrar en ningún momento. Atila dudo por un segundo que hacer, o seguir acumulando energía o generar rotación pero la respuesta llegó al instante, mientras hiciera las dos antes de acabar daba igual el orden en este punto. No tenía problemas de espacio ni de tensión mental, por lo que ahora mismo tenía el lienzo casi en blanco podía hacer lo que quisiera mientras no se saliera del marco. Así que siguió acumulando energía como un desquiciado. \- \- \- Unas horas después mientras Atila aun seguía concentrado con los ojos cerrados y no daba señales de vida más que la ligera expansión del pecho, la puerta se abrió. Ya había llegado la mañana, había amanecido y era hora de alimentar a las personas que venían recién despertando, eso si fueran personas normales. Era una mujer de 1.60 metros que tiraba de un carro metálico plateado, apenas estuvo a la altura prendió las luces y se giró para cerrar la puerta cuando el carro había entrado por completo. Con las luces prendidas se podían ver mejor sus rasgos mientras se acercaba, cabello castaño hasta los hombros, ojos cafés y unos dientes sorprendentemente blancos. Elira traía nuevamente la comida como todos los días, se acercó hacia Atila algo intrigada por la tranquilidad que había en la habitación, lo que desvaneció su sonrisa. Cuando estuvo frente al cuerpo suspendido y vio que todavía no pasaba nada se quedó mirando un buen tiempo, analizo sus facciones, su cuerpo, las heridas…. Mirando el pecho descubrió que aun no sanaba, todavía goteaba líquido que intentaba cerrar heridas internas, era un líquido blanquecino pálido que parecía sudor. Aprovechando la situación Elira rodeo el cuerpo de Atila y vio en primer plano su espalda, a primera vista parecía que alguien hubiera derramado un balde de pintura, tenía toda la espalda roja en forma de X superpuestas ligeramente sobre sí. Como si hubieran intentado remarcar la figura desviándose un poco en cada intento.Había pequeñas costras con sangre por todos lados creando la ilusión de una piel escamosa. Cuando vio esa imagen arrugó sin querer la cara, no se pudo colocar en el lugar de la otra persona, aunque había visto muchos casos últimamente y por su trabajo tenía cierta tolerancia, aun así le pareció mucho. No duró mucho más y desvío la mirada mientras volvía pensó en lo que había hecho la persona para merecer algo así, le costaba imaginar algo así. De un momento a otro trato de olvidarse de todo y poner la mejor cara, en poco tiempo preparo todo sobre su mesón metálico y se propuso despertar a Atila. Estiró su mano levemente y le zamorreo un poco los hombros para despertarlo, lo que no esperaba era que al mínimo contacto este abriera los ojos de golpe.Como si le hubiera golpeado los testículos. Dejo la sorpresa de lado y simplemente lo saludo. “Hola parece que por fin pudiste dormir profundamente” Elira aun algo impactada sonrió como pudo. Atila que estaba aún más sorprendido que ella no supo cómo responder de inmediato, pero hizo el esfuerzo. “Mmmm eh… si… supongo, Ehhh ya sabes uno se acostumbra” Sonriendo como pudo le respondió mientras le caía la gota de la frente. Atila no había dormido en ningún momento, se había desvelado cultivando hasta que le tocaron el hombro.
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Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 16

Estás leyendo el capítulo 16 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 26 de agosto de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.