Leer Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
Al otro día temprano por la mañana, mientras aún no amanecía pero comenzaba a subir unos grados la temperatura.
Atila aún estaba durmiendo plácidamente en su cama, la noche anterior no había podido dormir bien, así que a pesar de estar cerca del horario en que sonaba la alarma no daba indicios de despertar pronto.
La pieza no mostraba ningún signo en particular, seguía igual de polvorienta en algunos lados como siempre, y no se habían agregado ni quitado muebles.
Atila en algún momento había pensado reparar los muebles o crear algunos nuevos, pero descarto esa idea al momento, no había necesidad de atraer atención por que si, solo por un poco de comodidad.
Mientras Atila dormía y se escuchaba la oscilación de su respiración sonó un ruido que perturbó el equilibrio que había alcanzado la habitación.
Toc, Toc.
Sonó la puerta de la habitación sin previo aviso, a pesar de eso Atila no mostró signos de despertar, ni siquiera se vio interrumpido su ritmo de respiración.
La puerta volvió a sonar pocos segundos después.
Toc, Toc.
Dos golpes nuevamente, pero esta vez sonaban más secos y con una intensidad mayor, indicando algún tipo de advertencia que difícilmente alguien no captaría si la escuchara.
Antes de que las cosas se pusieran peores, Alphonse actuó salvaguardando la situación de la única manera que podía.
La marca en la mano derecha se manifestó instantáneamente y comenzó a generar calor como si se hubiera incendiado, se puso roja al sobrecargarse ligeramente.
Sin esperar una respuesta a la vez le habló rápidamente mediante la conexión que tenían para asegurarse que despertara.
( “DESPIERTA HOMBRE!!!!, tenemos problemas” )
( “Hazlo rápido y ni pienses en ponerte en guardia, de hecho antes de cualquier cosa esconde el cuchillo debajo de la cama” )
Como si hubiera recibido una descarga, Atila rápidamente abrió los ojos y se inclinó en la cama con la espalda completamente recta.
Todo tipo de cansancio y sueño se esfumó sin posibilidad de regreso.
Sin preguntar y pronunciar aunque sea una palabra metió sus manos debajo del pantalón y se sacó la hoja que mantenía guardada.
Rápidamente se acercó al borde de la cama y cuando metió su cabeza debajo de ella aprovechó de guardar la hoja en el espacio que había entre el colchón y los palos de la cama.
Cuando había terminado la tarea, en la pieza se escuchó de fondo un clik que paralizó la atmósfera por un momento.
Click.
La puerta se abrió ligeramente y mientras lo hacía Atila atinó a levantarse como pudo y ponerse sus zapatos en caso de cualquier cosa. Era la única ventaja que podía adquirir en estos momentos.
Por último si tenía que correr no lo haría descalzo, era una ventaja considerable con el relieve que tiene la zona y el frío que hacía.
Justo cuando terminó de ponerse sus zapatos la puerta se abrió completamente, y entraron dos personas sin ningún escrúpulo.
Los dos hombres entraron sin pronunciar ninguna palabra y no lo hicieron hasta estar frente Atila, solo mantuvieron su mirada fija.
Eran dos personas de mediana edad, ambos de pelo negro, lo único que los diferenciaba eran los ojos. Ya que ambos tenían una contextura similar, los dos tenían cuerpos trabajados.
Uno tenia los ojos negros y el otro de color verde, aunque los dos tenían una mirada indiferente, fría, como si no hubiera nada interesante alrededor.
Esa actitud combinaba con las ropas que traían, era un traje completo negro que contaba con un gran abrigo largo que les llegaba hasta las rodillas y pantalones del mismo color, además tenían accesorios como guantes y cubre bocas que tambien eran negros.
Otro detalle particular era que en el abrigo y los guantes tienen un sello distintivo, tenía bordada una cadena en forma de serpiente, simulando su movimiento.
Cuando estuvieron frente Atila, no pidieron su opinión ni nada por el estilo solo proclamaron su objetivo y los pasos a seguir.
“Somos del departamento de aplicación de la ley, actuamos por notificación de un incumplimiento de cuota por parte de un residente permanente”
“El infractor es el esclavo 9.993.510 que es usted respectivamente, ahora lo llevaremos a las instalaciones para el juicio respectivo”
“No tiene permitido nada más que asistir inmediatamente, nos puede acompañar voluntariamente o negarse, en ambos casos tendrá el mismo final”
“Elija por favor numero 9.993.510”
Cuando terminó de recitar el hombre de los ojos verdes no sabia que pensar, estaba sorprendido y asustado, no sabía en qué había fallado, en que se había equivocado.
Pero antes de que realizara cualquier acto imprudente escucho una voz de fondo, una voz que fue un salvavidas en tiempos de necesidad.
( “ No seas estupido Atila solo obedece, esta es una batalla perdida” )
( “Aunque pudiéramos escapar de ellos, ¿Luego que?, estamos atrapados aquí, no nos servirá de nada un pequeño berrinche” )
Atila al escuchar las palabras de Alphonse supo que era verdad, que tenía razón, aun así apretó sus puños en señal de lucha, de reticencia.
Una señal que no pasó desapercibida por el dúo, pero qué hicieron caso omiso.
Pero contrariamente a las expectativas de cualquiera, rápidamente se tranquilizó y manifestó cooperación.
“Vamos entonces” habló de forma algo mansa Atila mientras miraba al dúo con un rostro sereno.
El dúo se miró el uno al otro solo una vez y sin siquiera esposar o amarrar de alguna manera al acusado se dieron vuelta mientras le daban órdenes.
“Solo nos sigues de cerca sin despegarte, si lo haces se tomará como rebelión y todo será peor, iremos al centro de cumplimiento de la ley”
Justo cuando estaban saliendo por la puerta y Atila estaba por comenzar a seguirlo se escuchó de fondo.
“Sabes esta por sonar la alarma, eso será molesto”
“Mejor llevemos nosotros a este personaje y terminemos rápido”
Antes de que cualquier pudiera reaccionar e incluso advertir a Atila, la persona de ojos negros se movió.
Apareció instantáneamente detrás de él y lo noqueo con un movimiento preciso en la nuca.
Antes de que pudiera caer al suelo este lo sostuvo y se lo echó al hombro para volver a caminar hacia la puerta tranquilamente.
Cuando estuvo hombro con hombro él y su dúo comenzaron a caminar hasta perderse en el fondo de la mina, sin que nadie se diera cuenta, sin alertar a nadie.
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Un tiempo indeterminado después, en lo profundo de la mina había una habitación medianamente oscura, la habitación no era pequeña pero tampoco demasiado grande.
Del techo de la habitación caían cadenas que tintineaban entre sí con la brisa que pasaba cada tanto.
En las paredes y en el piso habían manchas carmesí que parecía ser sangre pero también había otros líquidos que no tenían un origen claro.
Algunas manchas carmesí había sido secadas por la erosión del tiempo, generando una especie de cicatriz en la misma habitación, lo que generaba una atmósfera aún más lúgubre.
En medio de la habitación había un cuerpo suspendido de dos cadenas que colgaban del techo, su cuerpo estaba intacto como si no hubiera sido contaminado por el entorno que lo rodeaba.
Era Atila.
Aún estaba inconsciente a pesar de estar colgado en la habitación, estaba sedado esperando su “juicio” pacientemente.
Mientras lo hacía se podían escuchar exclamaciones de los alrededores, la habitación no parecía insonorizar del todo los ruidos. Podría ser intencional o no.
Los ruidos se escuchaban de todas las direcciones, arriba, al costado e incluso de frente.
Después de unos 10 minutos de espera con los ruidos de fondo la puerta de la habitación donde residía Atila se abrió bruscamente de una patada.
Tack!!!, retumbó con la muralla.
Entró una persona que parecía un duende, metro cincuenta como máximo y que cargaba con una caja que tapaba su cara.
Se acercó al cuerpo que colgaba y dejó caer la caja frente a él dejando al descubierto su cara.
Era algo arrugada, los ojos eran algo rasgados y de color verdes, aunque la pupila estaba bruscamente teñida de rojo, como si no hubiera dormido en días o gracias al consumo de alguna sustancia.
Su nariz era puntiaguda y el pelo peinado hacia atrás de manera perfecta dejando al descubierto sus orejas alargadas.
Mientras miraba detenidamente el cuerpo de Atila este se llevó las manos a la barbilla y pensó brevemente, hasta que sonrió de manera desproporcionada y trajo una mesa de trabajo metálica.
Hurgo un rato en la caja que había traído y sacó una jeringa pequeña que utilizó en el tobillo de Atila.
Mientras esperaba que hiciera efecto, comenzó a ordenar las cosas de la caja en su mesa de trabajo silbando entre medias sin motivo alguno, como si fuera algo rutinario, de todas las mañanas.
Cuando la persona había terminado de ordenar comenzó a notar movimiento detrás suyo así que también trajo una silla y se sentó en frente apoyando su cabeza en el respaldo.
Unos segundos después cuando los ojos de Atila comenzaron a adquirir color y este a recuperar la consciencia.
La persona que parecía un duende se levantó y se plantó aún más cerca de él mirándolo a los ojos.
Cuando Atila por fin despertó y levantó su cabeza lo primero que vio fue a esta persona sonriéndole de cerca.
“Buenos días señor, me llamó Iscariote me han contado que es usted muy listo, ¿Es verdad?”
Le preguntó ansiosamente con una sonrisa desmesurada que de ninguna forma le creyó, aunque venía recién despertando no era estupido.
Además incluso antes de que pudiera responder algo este llamado Iscariote no se calló.
“Bueno eso da igual ahora mismo, pero me gustan los listillos”
“Usted ha sido sentenciado a un día de reclusión por sabotaje intencionado ¿Qué le parece?”
Cuando Atila escuchó que la sentencia había sido proclamada mientras estaba inconsciente casi cae desmayado nuevamente, le parecía ridículo así que pregunto inocentemente.
“Por…, ¿Porque?”- Pregunto tartamudeando un poco todavía desorientado.
Pero la respuesta llegó inmediatamente, Iscariote arrugó fuertemente su cara y se giró bruscamente para tomar un látigo que tenía en su mesón.
Rápidamente lo alzó y balanceo hacia el pecho de Atila.
“NO HE DICHO QUE PUEDES RESPONDER LISTILLO!!!!, NO SEAS ENGREÍDO!!”
Atila que no se esperaba para nada esa reacción se retorció inmediatamente por el dolor.
“AAAHHHGGS!!!!”
Las cadenas chocaron sin parar por un tiempo tintineando como gotas, lo que causó la risa del perpetrador.
“AJAJAJAJAJA, lo tienes merecido”
“AJAJJAJAJAJA”

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Transmutando Cadenas (Novela) Capítulo 11
Estás leyendo el capítulo 11 de Transmutando Cadenas (Novela), un novela. A veces las acciones no se ven recompensadas y uno se pregunta para que seguir, para que actuar de buena fe. La vida de Edwar fue asi, estudio pero no encontro trabajo, busco amor y le devolvieron migajas, busco… Este capítulo tiene publicado el 19 de agosto de 2026. Transmutando Cadenas (Novela) tiene 32 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.