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Leer ¡Torre del Encarcelamiento Celestial! (Novela) Capítulo 247 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Ji Qingyu lo comprendió de pronto. Como secta de la vía demoníaca de tercer orden, ¡en lo que más destacaba el Palacio del Demonio Venenoso era en el uso del veneno! ¡La razón por la que ella había salido indemne era porque Ye Tianci siempre la había protegido tras de sí! En cambio, Ye Tianci se había mantenido en la vanguardia absoluta de la contienda en todo momento e incluso había encarado de frente la demencia final de Murong Xiao. En medio de un choque tan encarnizado, ¿quién sabía cuántas maquinaciones ponzoñosas y ataques a traición habría soportado? ¡Y aquellos eran ardides casi imposibles de percibir! Al pensar en esto, el corazón de Ji Qingyu se encogió como si una mano invisible lo atenazara con fuerza, y la culpa junto con la preocupación la anegaron como una marea incontenible. Contempló los patrones de veneno verde oscuro que se extendían a toda prisa por el cuerpo de Ye Tianci. Aquellas líneas venenosas parecían criaturas vivientes que culebreaban bajo su piel y, por dondequiera que avanzaban, la vitalidad se extinguía a ojos vistas, despidiendo un hálito aciago. A juzgar por la velocidad con la que se propagaba su ponzoña, ¡sin duda se trataba del veneno mortal de origen vital que Murong Xiao había condensado con el cultivo de toda su vida! "¡No, no puedes morir!" La angustia y el desespero embargaron a Ji Qingyu; incapaz de reparar en nada más, de inmediato pasó un brazo de Ye Tianci sobre sus delicados hombros, sostuvo su cuerpo vacilante y, convertida en un haz de luz, voló a toda velocidad hacia las profundidades del Palacio del Demonio Venenoso. Sabía bien que una secta como el Palacio del Demonio Venenoso forzosamente dispondría de un palacio de la medicina reservado en exclusiva para albergar píldoras y manuales de venenos. ¡Quizá allí encontraría un antídoto! Poco después, Ji Qingyu irrumpió con Ye Tianci en un gran salón tétrico y sombrío. En el interior se erigían hileras interminables de estantes medicinales abarrotados de frascos y recipientes. El aire estaba impregnado de un penetrante e insoportable hedor medicinal que parecía incapaz de disiparse; guardaba la sutil fragancia de las hierbas, pero mezclada sobre todo con la pestilencia nauseabunda de incontables venenos, provocando arcadas a quienquiera que lo respirara. Aquel lugar era con certeza el palacio de la medicina del Palacio del Demonio Venenoso. Ji Qingyu acomodó a Ye Tianci con suma cautela en un rincón limpio, dejándolo sentado y apoyado contra la pared. "¡Resiste, encontraré el antídoto de inmediato!" Le dijo a Ye Tianci con tono firme y, acto seguido, se volvió hacia los estantes de medicamentos. Con un ademán de sus manos de jade, su poder espiritual hizo levitar un frasco tras otro en el aire. Destapaba los tapones con presteza y los examinaba con su sentido divino en un intento desesperado por discernir cuál de ellos era la cura. No obstante, las píldoras y venenos reunidos en aquel sitio se contaban por millares o decenas de millares, y muchos recipientes ni siquiera tenían rótulo alguno. El tiempo transcurría de manera inexorable. Finas gotas de sudor brotaron en la frente de Ji Qingyu, consumida por la ansiedad. ¡Eran demasiados medicamentos, resultaba del todo imposible distinguir cuál era el antídoto! Mientras tanto, los trazos venenosos sobre el cuerpo de Ye Tianci se propagaban a un ritmo aún más vertiginoso; ya casi le habían trepado hasta el cuello, ¡a punto de invadirle la cabeza! "¿Qué hago...? ¿Qué se supone que haga? Hay tantos frascos... ¡no tengo idea de cuál es el antídoto!" Ji Qingyu estaba tan desesperada que estuvo al borde del llanto; jamás en su vida se había sentido tan desamparada como en este instante. De pronto, una voz débil y entrecortada resonó a sus espaldas: "No... no busques más..." El delicado cuerpo de Ji Qingyu se estremeció. Se giró a toda prisa y corrió a acuclillarse frente a Ye Tianci. "Ye Tianci, ¿cómo estás? ¡No me asustes!" Extendió la mano para tomarle el pulso, solo para descubrir que su aliento era apenas perceptible, como si fuera a extinguirse en cualquier momento. Ye Tianci abrió los ojos con lentitud. Su mirada, antaño diáfana, ahora estaba anegada en un rojo carmesí, y el calor que emanaba de su figura era abrasador en extremo. Miró a la inigualable belleza consumida por la angustia frente a él y movió los labios con dificultad: "No... no busques más... lo que tengo... parece ser el veneno del Polvo Hehuan..." Sus palabras salían entrecortadas, impregnadas de una debilidad tan profunda como si hubiera agotado hasta la última brizna de sus fuerzas. "¿Qué? ¿El Polvo Hehuan?" Ji Qingyu se sobresaltó al oírlo, y de inmediato un rubor anómalo cubrió sus hermosas mejillas: "¿Por qué tenía que ser ese maldito veneno otra vez...?". Aparte de los discípulos del Palacio del Demonio Venenoso, difícilmente existía alguien en el mundo que conociera la naturaleza del Polvo Hehuan mejor que ella. Porque en el pasado, allá en Dongzhou, ella misma se lo había administrado a Ye Tianci. Solo que en aquella ocasión había empleado una fórmula modificada, mientras que el veneno que afectaba hoy a Ye Tianci, ¡con toda certeza era aún más violento! Si la víctima del Polvo Hehuan ordinario no realizaba el acto carnal entre hombre y mujer en el plazo de una hora, su cuerpo terminaría por estallar en pedazos una vez cumplido ese tiempo. Y si esta ponzoña era aún más letal, el margen restante solo sería todavía más corto. "Pe... pero tampoco sé dónde está el antídoto del Polvo Hehuan..." Tras vacilar un instante, Ji Qingyu se mordió los labios carmesíes antes de hablar, con un dejo de desconcierto y timidez en la voz. Los ojos de Ye Tianci se desviaron ligeramente; su mirada parecía haber perdido el foco, pero se posó con absoluta e impecable precisión sobre el busto henchido de Ji Qingyu, que subía y bajaba con suavidad al compás de su respiración agitada. Tragó saliva en silencio. "..." Al percatarse de la mirada de Ye Tianci, Ji Qingyu se quedó sin palabras, paralizada en el sitio como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Un calor indescriptible brotó desde lo más profundo de su corazón y recorrió con presteza todo su cuerpo, tiñendo sus mejillas de un rubor tan encendido que parecía a punto de sangrar. "Tú... tú quieres que te ayude a disipar el veneno, ¿verdad?" Preguntó Ji Qingyu; el arrebol de sus mejillas ya se había propagado hasta su níveo cuello. Ye Tianci negó con la cabeza, mostrando un semblante completamente extenuado mientras decía: "Si el Hada Ji no lo desea... en... entonces déjalo..." "Solo es la insignificante vida de este humilde Ye, perderla no es motivo de lamento..." Mientras hablaba, ladeó la cabeza, como si estuviera a punto de perder el conocimiento. "¡Qué tonterías dices!" Al ver aquello, a Ji Qingyu se le encogió el corazón y las palabras escaparon de sus labios sin pensarlo. "¡No dejaré que mueras!" Contempló el apuesto rostro de Ye Tianci, tan pálido y frágil por culpa del veneno, y en su mente no pudo evitar rememorar las escenas en las que él había combatido bañado en sangre para salvar a la Secta Piaomiao, y cómo luego había aniquilado en solitario el Palacio del Demonio Venenoso. ¡Había salvado a la Secta Piaomiao, la había salvado a ella e incluso había salvado a incontables mortales de Tianniuzhou...! ¿Cómo podría ella... quedarse de brazos cruzados viéndolo morir? Ante ese pensamiento, Ji Qingyu respiró hondo, como si hubiese tomado una firme resolución. Cerró despacio sus hermosos ojos, y cuando volvió a abrirlos, la timidez y el desconcierto habían sido reemplazados por una serena determinación. Apretó los dientes, alzó sus manos de jade y desató con premura el fajín de su cintura. 'Solo lo hago para salvarlo... sí, es únicamente para salvar una vida...' Se consolaba sin cesar en su fuero interno mientras se despojaba con lentitud de la túnica de color cian claro que vestía. La túnica cian resbaló, revelando las gráciles líneas de sus fragantes hombros y sus exquisitas y luminosas clavículas. Bajo la tenue luz del palacio de medicinas, su piel parecía el más selecto jade de grasa de carnero, desprendiendo un brillo suave y traslúcido. Para ese momento, las mejillas de Ji Qingyu estaban ya tan rojas como manzanas maduras. Ye Tianci se regocijó en su interior, aunque en la superficie persistía en su fingida flaqueza. "Hada Ji..." Su voz estaba colmada de una supuesta 'gratitud' y 'culpa'. "¡No hables más!" Ji Qingyu lo interrumpió, con un matiz apenas perceptible de pudor en el tono. "Tú... ¡date prisa y... tómame!" Cerró los ojos, con las pestañas temblando ligeramente, en una actitud de total entrega a su merced, aguardando aquel instante que sin duda llegaría. "Muchas gracias a la hada; entonces, este Ye se tomará esta atribución..." Dijo Ye Tianci con voz lánguida. Nada más pronunciar aquellas palabras, extendió el brazo y posó la mano sobre el hombro níveo y sedoso de Ji Qingyu. El delicado cuerpo de Ji Qingyu se estremeció; su corazón se desbocó frenético y el rubor de sus mejillas se encendió todavía más. Al ver que Ye Tianci tardaba en reaccionar, ella dijo: "¿No será que te has quedado sin fuerzas? Olvídalo, ¡mejor lo hago yo!" Dicho esto, recostó directamente a Ye Tianci en el suelo boca arriba, colocándose ella encima y dejándolo a él debajo. Acto seguido, se dispuso a desabrocharle la ropa. Sin embargo, fue en ese preciso instante cuando Ji Qingyu advirtió una sutil anomalía. La respiración de Ye Tianci era regular y su pulso fluía normal, ¿dónde quedaba el menor rastro de debilidad propia de un envenenamiento? ¡Incluso aquellas marcas de veneno verde oscuro habían desaparecido sin dejar rastro...! Al levantar la vista para mirarlo, descubrió que su mirada era completamente lúcida, observándola con desbordante interés, ¡e incluso con una sonrisa juguetona asomando en la comisura de sus labios! Esto... ¡¿dónde se parecía esto a alguien aquejado por un veneno mortal?! Ji Qingyu se quedó estupefacta al instante. ¡Al momento siguiente, una furia humillada por el engaño estalló con la fuerza de un volcán! Tiró con brusquedad de la túnica cian que tenía a medio quitar para cubrirse; su bello rostro pasó del rojo al lívido, del lívido al pálido, ¡y por último ardió en un encendido carmesí de pura indignación y vergüenza! "¡Vaya pieza estás hecho, Ye Tianci!" Un grito femenino cargado de ira resonó por todo el palacio de medicinas. "¿¡Te atreves a engañarme!?" \----- • Novela: Qiú Tiān Tǎ! / 囚天塔! • Autor: Lin Xiaoyu (琳小羽) • Traductor: Inmensurable ☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏
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¡Torre del Encarcelamiento Celestial! (Novela) Capítulo 247

Estás leyendo el capítulo 247 de ¡Torre del Encarcelamiento Celestial! (Novela), un novela. ¡En la cima de todos los cielos, el Dao Antiguo reina supremo! Ye Tianci, apodado «Buey Tonto», nació con el Físico Yang Puro y era considerado el tonto del que todos se burlaban en la Ciudad Nube Flotante. Su maestro… Este capítulo tiene publicado el 18 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Torre del Encarcelamiento Celestial! (Novela) tiene 259 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.