Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 98 online gratis en español
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Capítulo 98: Las Sombras del Pasado y la Calamidad Incipiente
—Solo fue un gran recuerdo de mis días cuando la conocí… —murmuré con la voz ahogada en el interior de mi casco mientras me incorporaba lentamente, sacudiendo el polvo acumulado en el espeso manto oscuro que arrastraba a mi espalda.
Di un paso firme hacia mi incierto destino, sintiendo cómo cada eco resonante de la piedra bajo mis pesadas botas de metal traía consigo un doloroso fragmento del pasado.
La herida del Caballero Oscuro jamás quedó enterrada en aquellos distantes recuerdos. No… esa profunda cicatriz en el alma cargaba con un peso incalculable, mucho más abrumador de lo que cualquiera en este desdichado mundo podría llegar a imaginar.
Años… llevo ya incontables años sin quitarme este casco ni por un solo segundo desde que cometí aquel acto. Y aun así, la misma pregunta atormentadora golpea las paredes de mi mente una y otra vez:
¿Por qué no me lo quito? ¿No sería acaso lo más lógico y natural?
Pero en el fondo ya conozco perfectamente la amarga respuesta. No quiero mirarme a un espejo. Me rehúso a ver al despreciable monstruo en el que me he convertido.
La culpa asfixiante… la estúpida ingenuidad de mi juventud… y la absoluta soledad en la que me dejaron atrapado cuando todos, absolutamente todos, me dieron la espalda sin piedad.
Jamás descubrí la verdadera identidad de quien me arrebató cada instante de mi existencia, de mi efímera felicidad… ni quién fue la mano maldita que apagó para siempre la luz en la vida de mis amados padres.
En mi juventud solo quería ser el mejor. Anhelaba con todas mis fuerzas cumplir el humilde sueño de vivir en paz con mi familia… al lado de mi amada esposa. Pero todo eso quedó reducido a un cascarón vacío. Quedé tirado en el fondo de un abismo de tinieblas que jamás dejó de devorarme por dentro.
Mientras continúo avanzando a través del páramo, una idea destructiva vuelve a germinar y hervir con furia en mi mente:
—¿Será acaso una buena opción destruir el reino por completo? —escupí con profunda rabia contenida.
Lo intenté en el pasado. Y ese maldito lugar habría ardido entero hasta convertirse en cenizas de no haber sido por ciertas personas que se interpusieron en mi camino. Sencillamente no logro entender por qué se empeñan en proteger esa tierra podrida… si fueron ellos mismos quienes me lo arrebataron todo.
O al menos… eso era lo que yo creía.
Desde el momento en que me dijeron que la tragedia de mi vida había sido orquestada por el reino, no sé qué pensar ni en qué creer. Al rey del imperio… no supe verdaderamente quién era hasta el instante en que lo tuve frente a frente. Ese rostro… Ese maldito y despreciable rostro.
Era el mismo muchacho aristócrata que me molestaba e intimidaba en mis días de academia. El cobarde que me amenazó. El que se burló descaradamente de mí cuando la conocí a ella.
Y lo peor de todo…
Para llegar hasta aquí, maté a muchísimas personas. Perdió la cuenta mi memoria hace mucho tiempo. Mi odio desmedido, mi sed insaciable de venganza, esa cruenta necesidad de sangre que me consume las entrañas…
Todo eso me transformó.
Estoy irremisiblemente maldito. O quizá nací con el único propósito de ver quemar al mundo entero.
En cada sangrienta batalla que libré, en cada territorio conquistado a mi paso… los supervivientes me bautizaron con múltiples nombres llenos de pavor: La Muerte. La Estrella de la Muerte Eterna. El Caballero Oscuro.
Ese es el único sentimiento que mi mera presencia logra despertar en sus corazones: un miedo paralizante. Una desesperación absoluta.
Y cuando arrebataba sus vidas… no sentía absolutamente nada. Ni remordimiento, ni satisfacción. Nada.
Algo crucial en lo más profundo de mi ser se apagó para siempre. Dejé de ser un ser humano. Lo gané todo en términos de fuerza y poder… pero fui incapaz de proteger lo único que verdaderamente amaba en este mundo.
Los dejé morir a todos. Tal vez, después de todo, fue completamente culpa mía. Tal vez mi absoluta falta de comprensión. Tal vez… simplemente no fui lo suficientemente fuerte.
—¿Acaso soy una mala persona…? —mi voz retumbó horriblemente dentro de las paredes de hierro del casco, ahogada en un eco lúgubre.
No obtuve respuesta alguna. Solo un denso y pesado silencio. Silencio absoluto mientras observaba cada rincón del camino, cada sombra errante que pasaba a mi lado.
Eso es lo más seguro… que tal vez sí lo sea.
Pero… aquel día. Aquel fatídico día donde me enfrenté cara a cara a ese muchacho… —fruncí el ceño con rabia bajo la fría máscara de metal—. Carlos… ¿verdad?
Vi algo sumamente particular en él. Algo que jamás debí haber presenciado.
Un niño cargado de sueños. De metas. De una esperanza inquebrantable.
Y aun así… al final, nada en este cruel mundo puede cambiar el hecho de que nuestros sueños jamás se cumplen de la manera en que los imaginamos.
Eso fue exactamente lo que me ocurrió a mí. Y eso es precisamente lo que más me irrita y perturba: que en este mundo oxidado aún existan personas que pretendan inspirar a otros a seguir luchando.
Pero su combate… su mirada seria, siniestra y profunda… esa abrumadora presencia suya cubierta de múltiples heridas, de sangre hirviente y de una determinación inquebrantable…
Fue lo único en este mundo capaz de hacerme caer de rodillas.
Cuando sentí el impacto de su fuerza… la magnitud de su poder… la naturaleza de su magia…
Lo entendí con aterradora claridad:
Él también terminará cayendo. Él también se convertirá tarde o temprano en lo que yo soy. En un verdadero monstruo que lo ha perdido todo.
Y nadie… absolutamente nadie en este universo es capaz de escapar a esa inevitable realidad.
Él y yo somos dolorosamente similares. Dos sombras oscuras reflejadas en el mismo espejo.
—¿Qué tan fuerte se habrá vuelto ahora…? —susurré para mí mismo mientras una ráfaga de viento helado me golpeaba el manto.
Debe de andar rozando los catorce años ya… Ese mocoso… tiene exactamente la misma aura y vibra que tuvo alguna vez mi amada hija.
Mi pequeña hija…
La voz se me quebró sin querer en la garganta al recordarla.
Y, sin detenerme, continué caminando.
Parece que, después de tanto caminar sin rumbo como un idiota por senderos olvidados, he terminado por ingresar a los dominios de otro reino. Sin embargo, esta tierra es bastante desconocida para mi mapa mental. No obstante, en mi interior puedo percibir una vibra pesada… una energía siniestra y sofocante que se filtra por el aire. Debería averiguar con cautela de qué se trata exactamente este lugar.
Pero la gran pregunta que ronda mi mente es: ¿qué sucedería si me ven deambular libremente portando esta armadura? Soy la única persona en el mundo que posee este atuendo maldito. Debo actuar de manera precisa e impecable… ¿o debería simplemente avanzar así, sin ocultarme?
—Tratando de pasar desapercibido… —murmuré para mis adentros mientras cruzaba el límite de aquel reino.
Es un pensamiento común que cualquiera tendría… pero este lugar se siente radicalmente diferente.
Y entonces, con tan solo dar un paso más sobre la tierra del reino, lo percibí.
Una presencia abrumadora y destructiva se arrojó hacia mi posición a una velocidad brutal. Alguien venía directo a embestirme con la clara intención de matarme, como si hubieran anticipado con precisión mi llegada. El impacto inicial fue simplemente devastador, haciendo retumbar el suelo bajo mis pies.
—Bienvenido seas, Estrella de la Muerte Eterna. A decir verdad, no esperaba una visita tan ilustre el día de hoy —dijo un hombre de aspecto sumamente peculiar.
Algo hizo clic en mi mente al instante. Este sujeto no tenía la menor apariencia de ser alguien común o corriente.
—¿Quién demonios eres tú? —lo interrogué con absoluta seriedad, ajustando el agarre de mi empuñadura.
—Mm… es verdad, qué descortés de mi parte. Yo solo soy alguien que disfrutaba de un tranquilo paseo por estos lares —respondió exhibiendo una sonrisa sumamente molesta y abiertamente burlona—. Mi nombre es Kris. Y sí, tal como tu instinto te acaba de advertir… no soy un ser ordinario. ¿Acaso has oído hablar alguna vez de los Siete Asmales de la Calamidad? Bueno… resulta que yo soy uno de ellos —declaró mientras comenzaba a acortar la distancia con intenciones hostiles.
—¿Pero quiénes diablos se suponen que son ustedes? —exclamé, con la voz cargada de una dureza cortante.
—Somos aquellos entes superiores que decidimos quiénes deben ser juzgados y eliminados. Tal vez tú no lo sepas todavía… o tal vez los de tu especie sí. Pero a juzgar por tu reacción defensiva, se nota a leguas que te ha dado curiosidad conocer nuestro verdadero origen. Aunque no tienes por qué ponerte tan tenso de esa manera; de igual modo, tú vas a morir en este mismo lugar.
Una sonrisa amarga y arrogante se dibujó en mi rostro bajo el casco.
—¿Matarme a mí? No me hagas reír, aparecido. No me interesa saber de qué raza maldita provengas, o si eres algo más horrendo que un simple demonio o un ángel… pero hay un rasgo en ti que te hace completamente distinto a cualquier oponente que haya enfrentado.
No deseaba llamar demasiado la atención en este reino desconocido, pero me estaba quedando sin alternativas. Suspiré en voz baja mientras observaba detenidamente a ese tipo. Poseía un aura sumamente peligrosa… un instinto primario hacía que mi cuerpo temblara levemente, pero no se trataba de miedo, sino de la clara certeza de que yo… y todo este reino a nuestro alrededor… podríamos ser erradicados del mapa en cualquier instante si desatábamos todo nuestro poder.
Sabía perfectamente que una situación así terminaría ocurriendo tarde o temprano. Pero afortunadamente solo se trata de uno… si el resto de los Asmales llegase a presentarse…
—Ah, puedes estar completamente tranquilo. Ellos no vendrán a este lugar. Vine yo solo —expresó Kris con una calma exasperante—. Así que hazme el favor de quitar esa mirada tan mediocre de tu rostro, Caballero de la Muerte.
—Oh, vamos… ¿es acaso otro título ridículo más que pretendes imponerme? —respondí secamente mientras no le quitaba los ojos de encima—. En fin, me retiro… solo por esta ocasión —agregué utilizando un tono de voz sereno, respirando con absoluta parsimonia.
—¿De verdad pretendes marcharte como si nada? —dijo él, adoptando de repente un tono sumamente oscuro y siniestro. Algo en el núcleo de su aura parecía estar al borde de una explosión destructiva—. Jamás me imaginé que un simple humano como tú fuese a faltarme al respeto de semejante manera.
—¿Intentar evitar una pelea evitable? Qué actuación tan ridícula… no eres más que un ser patético que solo da pena —continuó provocándome.
—¿Y cuál es tu verdadero problema? Simplemente he dicho que me marcho. No tengo la menor intención de enfrascarme en un combate contra un sujeto que ni siquiera es capaz de descender y contemplar la realidad por sí mismo.
Kris permaneció en absoluto silencio durante un breve y tenso instante…
—Es verdad… —admitió con un tono extrañamente divertido—. Presento mis más sinceras disculpas por mi exabrupto.
—Vaya… mejor ve y pídele disculpas a tus ancestros —le dije mirándolo desde abajo con desprecio—. Como sea, no me interesa en lo absoluto entablar una lucha contigo. Hazme el favor de regresar a tu propio reino.
La atmósfera del lugar se tensó hasta el límite. Una risa retorcida y desquiciada brotó del rostro de Kris.
—Ohhh… de modo que el legendario Caballero Oscuro prefiere huir cobardemente de una batalla. Resultaste ser mucho más que un simple cobarde. Eres alguien miserable que ni siquiera poseyó la capacidad de salvar a su propia hija ni a su amada esposa.
Sus palabras atravesaron la coraza de mi pecho como si se tratara de una cuchilla al rojo vivo.
No me molesté en mirar hacia atrás… porque todo lo que acababa de vomitar era la pura y cruel verdad. Fui capaz de ganar una guerra entera yo solo… ¿pero a qué costo tan nefasto? Una ira lenta, densa y destructiva comenzó a esculpirse en las facciones de mi rostro. Una energía oscura, pesada y profundamente siniestra empezó a brotar a borbotones de todo mi cuerpo.
Mientras tanto, Kris continuaba hablando con veneno en cada sílaba:
—Awww, pero qué escena tan conmovedora… ya te he hecho llorar. Qué espectáculo tan patético. ¿De verdad continúas creyendo que vales la pena como guerrero? Acepta de una buena vez que lo has perdido absolutamente todo. Jamás serás capaz de recuperar ese amor verdadero, ni esa emoción que alguna vez albergaste en el pecho. Eres demasiado humano como para lograr comprender cómo funciona la verdadera estructura de este mundo. Aunque intentes matarme con todas tus fuerzas… jamás serás capaz de lograrlo. Yo me encuentro infinitamente por encima de todos ustedes.
Su sonrisa se ensanchó de forma grotesca y extremadamente venenosa.
—Y una simple escoria humana como tú no podrá ni siquiera ponerme una sola mano encima. Eres sencillamente un gran perdedor… un rotundo fracasado que jamás fue capaz de proteger a los seres que lo rodeaban. Qué lástima tan grande… pensar que alguien tan profundamente amable y buena persona… haya terminado convertido en semejante monstruo. Algo en lo que jamás debiste haberte convertido.
La frecuencia de su voz se tornó aún más tenebrosa.
—No logro comprender del todo qué clase de criatura fuiste en el pasado, Caballero Oscuro… pero aunque intentes golpearme con todo tu odio, no lograrás hacerme nada. Ni una simple cosquilla. Lo único que sé con certeza sobre ti es que fuiste vilmente traicionado por tu propio imperio. Hay muchísimas más verdades desgarradoras que conozco sobre tu pasado… pero no planeo decírtelas. Porque sé perfectamente que tu débil mente no sería capaz de soportarlas —soltó una risa desagradable que retumbó en las rocas.
Sus palabras eran inmensamente crueles… pero representaban verdades puras e incontestables. Me convertí exactamente en lo que soy hoy en día, y debía reconocerlo con madurez. Sin embargo, mis irreprimibles deseos de no rendirme jamás… continuaban completamente intactos.
En ese momento, un único y absoluto pensamiento dominó mi mente: matarlo. Una sed de sangre tan atroz, pura y concentrada brotó desde las profundidades más oscuras de mi alma, alcanzando tal magnitud que incluso Kris no pudo evitar sentir un escalofrío.
—Vaya… ya era hora de que reaccionaras. Espero que—
No tuvo la menor oportunidad de finalizar su frase.
En un parpadeo imperceptible, aparecí instantáneamente detrás de él, descargando un ataque devastador envuelto en colosales llamaradas de fuego oscuro de la muerte. La explosión resultante fue de proporciones brutales, levantando toneladas de tierra, fuego místico y sombras densas en todo el perímetro.
Sin embargo, Kris salió disparado de entre las llamas oscuras, arremetiendo directamente hacia mí para conectar su primer golpe masivo. Apenas logré esquivar la embestida por un milímetro, retrocediendo con evidente dificultad; salté velozmente, me deslicé con agilidad entre las sombras del entorno, reaparecí justo por encima de su cabeza y descargué un nuevo y feroz corte con mi espada:
—¡Oscuridad de la Destrucción!
La hoja azabache descendió cortando el viento con un poder tan abrumador que habría bastado para partir una cordillera entera en dos… pero Kris detuvo el impacto de mi espada utilizando una sola mano al descubierto.
Un movimiento casi invisible brotó repentinamente de su cuerpo, liberando una fuerza cinética tan brutal que me empujó violentamente hacia atrás. Caí pesadamente y rodé por el suelo, pero logré girar en el aire con destreza para reajustar mi postura y retroceder a la mayor velocidad posible.
Este tipo… representa un problema verdaderamente enorme.
Analicé desesperadamente la situación buscando cualquier punto débil en su guardia, cualquier mínimo espacio descubierto, pero me di cuenta de que solo me quedaba una alternativa extrema. Clavé con furia mi espada directamente en el suelo. El devastador impacto provocó que la tierra se fracturara en miles de pedazos mientras múltiples círculos mágicos de un color negro azabache emergían uno tras otro del subsuelo, elevándose en el aire como mandalas infernales.
—¡Magia Oscura: Árbol de la Muerte, Reino de Espinas de la Destrucción!
Desde las entrañas de la tierra brotaron gigantescas ramas negras retorcidas, afiladas como navajas de afeitar, entrelazándose frenéticamente para atraparlo, empalarlo y desintegrarlo en el acto. El hechizo cayó sobre su figura como una tormenta de maldición absoluta.
Pero entonces…
Una violenta ráfaga de aire resonó en el campo de batalla.
Una luz cegadora y antinatural emergió directamente del cuerpo de Kris. Tono a tono, toda mi magia oscura… comenzó a desaparecer de golpe, como si hubiese sido devorada, absorbida y borrada por completo de la existencia misma.
Él caminó serenamente desde el centro de la luz con una sonrisa intacta dibujada en el rostro.
—Bien… debo reconocer que ese fue un ataque verdaderamente excelente. Debería felicitarte por el esfuerzo —expresó mientras sacudía el polvo de sus ropas—. Pero no es, ni de cerca, suficiente para hacerme frente.
Continuará.

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