Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 97 online gratis en español
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Capítulo 97: La Pequeña Alicia y la Paz del Guerrero
Interior – Sala de Partos – El Amanecer del Mañana
Los meses habían transcurrido con la lentitud de los milagros… y al fin, aquel ansiado e inevitable instante había llegado a sus vidas.
La puerta de la estancia se abrió suavemente y la enfermera ingresó con una sonrisa dulce dibujada en el rostro mientras sostenía con delicadeza un pequeño bulto envuelto en mantas de color rosa pastel.
—Muchas felicidades a ambos… Es una hermosa y saludable niña —anunció la mujer con absoluta ternura en la voz.
En ese preciso instante, Emanuel sintió cómo las piernas le temblaban descontroladamente. El corazón le martilleaba con tanta fuerza dentro del pecho que amenazaba con salírsele del torso. Se acercó a paso lento, casi con miedo de romper la atmósfera sagrada de la habitación… y cuando sus ojos se posaron por primera vez en la diminuta figura de su hija, su respiración se quebró por completo. Era una criatura infinitamente pequeña, cálida, perfecta en todos los sentidos.
—Vamos, no te me quedes ahí parado como una estatua, no seas tímido —murmuró Jimena desde la cama, dedicándole una sonrisa juguetona y cansada al mismo tiempo—. ¿Acaso el gran caballero no sabe cómo sostener a un indefenso bebé?
Emanuel tragó saliva con dificultad, intentando calmar los nervios que atenazaban sus manos.
—E-está bien… claro que puedo hacerlo.
Con un cuidado casi ritual, extendió los brazos y tomó a la recién nacida contra su pecho. El calor emanado por el diminuto cuerpo de la pequeña lo envolvió al instante como un manto protector. La niña permanecía plácidamente dormida… hasta que la grave voz de su padre resonó cerca de ella.
Sus párpados se entreabrieron poco a poco, revelando unos ojitos brillantes, confundidos y curiosos que lo contemplaron fijamente, como si en su memoria más profunda intentara reconocer al hombre que la sostenía.
—Jimena… ¿has pensado ya en algún nombre para nuestra hija? —preguntó Emanuel, completamente hipnotizado, siendo incapaz de apartar la mirada del rostro de la bebé.
—Ah… es verdad, no he tenido tiempo de pensarlo bien —respondió ella, llevándose una mano a la cabeza mientras dejaba escapar una risita apenada—. ¡Qué tonta y descuidada soy! No cabe duda de que soy una madre sumamente irresponsable…
Emanuel giró la cabeza bruscamente hacia la cama, desconcertado por el tono repentinamente lejano de su voz.
—¿Dijiste algo, amor?
Pero al voltear… la cama estaba completamente vacía. Jimena ya no se encontraba allí.
El rostro de Emanuel se congeló en el acto, poniéndose pálido como la cera.
—¿Jimena? …¿Jime? ¿A dónde demonios te fuiste?
El pánico apretó su corazón… hasta que una risita suave y contenida resonó desde la penumbra detrás de la cortina. Jimena se asomó con una expresión traviesa y juguetona, contemplándolo con infinita ternura mientras disfrutaba de ver a su imponente caballero asustado como un niño pequeño perdido en la multitud.
Caminó lentamente de regreso hacia él, rozando su hombro con cariño y, con una voz suave que llenó cada rincón de la estancia iluminada por los primeros rayos del sol, sentenció:
—Ya sé exactamente cuál será su nombre… Se llamará Alicia.
Como si la pequeña hubiese comprendido la belleza de esas palabras, la recién nacida esbozó una diminuta, pura y luminosa sonrisa frente a ellos.
Los ojos de Emanuel se llenaron de un brillo desbordante de pura emoción.
—En ese caso… sé bienvenida a esta familia, mi amada princesa Alicia —susurró conmovido, depositando un tierno beso sobre la frente de la pequeña.
Jimena lo observó en silencio, mientras lágrimas silenciosas de pura felicidad resbalaban por sus mejillas. El nuevo amanecer terminaba de filtrarse por la ventana… bañando de luz dorada a los tres mientras se fundían en un cálido abrazo. Era el nacimiento de una verdadera familia surgida de entre las sombras del pasado.
En la Actualidad
Años más tarde, la figura de Alicia apareció repentinamente en el umbral de la puerta. Sus cejas se encontraban levemente fruncidas en un gesto de absoluta determinación, pero sus grandes ojos brillaban con una combinación perfecta de decisión y ternura infantil.
—Papá… ¿ocurre algo malo? Quería preguntarte si… si me podrías enseñar un poco más sobre cómo usar la espada —dijo haciendo un tierno puchero de concentración.
Emanuel detuvo de inmediato lo que estaba haciendo. Su habitual actitud serena e introspectiva se transformó al instante en una sonrisa cálida e inevitable.
—Está bien, mi niña. Te ayudaré con eso. Pero a cambio… ¿qué te parece si salimos al patio? Hay algunas cosas completamente nuevas que me gustaría enseñarte el día de hoy.
Los ojos de Alicia se abrieron de par en par como si un brillante sol se hubiese encendido en su interior. Sin pensarlo dos veces, saltó hacia él y lo envolvió en un eufórico abrazo.
—¡Muchas gracias, padre! ¡Eres el mejor!
Desde la mesa del comedor, Jimena levantó lentamente la mirada de sus labores. Su voz resonó con un tono dulzón… sospechosamente dulce.
—Oh… ¿qué es esta extraña sensación que está recorriendo mi pecho en este momento?
Sus ojos verde esmeralda se entrecerraron en dos finas ranuras mientras contemplaba el prolongado abrazo entre padre e hija.
—¿Acaso… estoy sintiendo celos de mi propia hija?
Alicia giró apenas el rostro por encima del hombro de Emanuel y, sin perder su victoriosa sonrisa, le sacó con inocencia la lengua a su madre. Una declaración silenciosa de guerra. Una victoria afectiva anticipada.
El gesto de Jimena se endureció al instante.
Esta niña terca… pretende quitarme el amor y el cariño exclusivo de mi querido esposo…
Respiró hondo, cuadrando los hombros como una experimentada general a punto de ingresar al campo de batalla.
Muy bien, Alicia. Si esa es la lucha que quieres librar… entonces demos inicio al duelo formal. Pero ten por seguro que esta vez… seré yo quien salga victoriosa.
Tres minutos después…
La habitación adyacente se encontraba en una penumbra casi absoluta. Debajo de la pesada cama de madera, una figura temblorosa se hallaba encogida con el orgullo completamente reducido a cenizas.
Jimena dejaba escapar pequeños sollozos amortiguados en voz baja, con un dramatismo casi infantil.
—No es justo… para nada justo… —murmuró para sí misma—. Es infinitamente más adorable que yo… Me siento completamente humillada…
Se cubrió el rostro con ambas manos para ocultar su sonrojo de derrota.
—Está bien que sea la niña más tierna del mundo… ¡pero que me arrebate el cariño de Emanuel de esa forma… eso sí que no lo voy a permitir jamás!
Sus ojos brillaron de repente con una determinación ardiente y cómica.
—¡Ya les demostraré a los dos… que yo sigo siendo la consentida indiscutible de esta casa!
A través del ventanal del patio, Jimena observaba en silencio la escena exterior.
Emanuel se encontraba inclinado pacientemente hacia Alicia, corrigiendo la postura de sus pequeñas manos sobre la empuñadura de madera y mostrándole la ejecución de un movimiento básico de esgrima. La niña soltaba alegres risotadas cada vez que cometía un error en el ángulo del golpe, y él no podía evitar reír a la par con ella.
El viento fresco de la tarde mecía suavemente el cabello de ambos.
Jimena dejó escapar un largo y pausado suspiro desde la sombra del marco de la ventana.
Últimamente… Emanuel se nota tan sumamente cansado… Como antigua dama de la nobleza y practicante de las artes militares, lo sé perfectamente… pero la pesada carga que él lleva sobre sus hombros es inmensurablemente mayor que la mía.
Su mirada endurecida por los celos cómicos se fue suavizando poco a poco. Toda la tensión acumulada en su rostro se derritió en un cálido y pacifico silencio.
Debe ser únicamente mi imaginación… —pensó sintiendo un leve y reconfortante temblor en el pecho—. Pero verlos interactuar de esta manera… verlo reír abiertamente junto a nuestra pequeña Alicia…
Cerró los ojos por un breve instante, dejando que la brisa la envolviera.
…me llena el alma de una paz inmensa. Y de una calma profunda. Es como si todo aquello que alguna vez dolió hasta desgarrarnos por dentro… por fin hubiese comenzado a sanar verdaderamente.
Jimena parpadeó un par de veces para despejar sus pensamientos mientras continuaba observando la lección desde la discreción de la puerta.
—Debería ir en este momento a ayudarlos un poco… —susurró para sí misma con ironía—. No vaya a ser que este par de tontos termine haciendo alguna locura…
Cruzo los brazos sobre el pecho, suspiró con afecto y dio un paso hacia el exterior. Sin embargo, se detuvo en seco.
Alicia se había posicionado firmemente frente a su padre, mostrando una concentración absoluta, plantando los pies en el césped como si la mismísima tierra le otorgara soporte. Emanuel, a su lado, le corrigió la postura con infinita paciencia.
—Solo intenta ejecutar un golpe sencillo y directo, mi vida —le dijo con voz pausada.
La pequeña respiró hondo, llenando sus pulmones. Su manita se alzó sosteniendo la espada de práctica. De repente, una tenue e imprevista aura mágica comenzó a vibrar a su alrededor, casi imperceptible al principio…
Y entonces…
¡BOOOOOOM!
El suelo del patio se quebró bruscamente en una fisura profunda y rectilínea bajo sus pies, levantando una densa nube de polvo, rocas fragmentadas y ráfagas de energía mágica concentrada que sacudieron la explanada.
Jimena se quedó completamente petrificada en el umbral, con los ojos abiertos de par en par.
—¿P-Pero qué clase de…? —balbuceó incansablemente, sin poder dar crédito a lo que acababa de presenciar.
Alicia contempló el enorme destrozo a sus pies con una inocencia absoluta y desarmante, como si simplemente hubiera pisado una hojuela seca y no partido a la mitad la mitad del patio de entrenamiento.
Sabía perfectamente que nuestra hija poseía un talento nato y era muy fuerte… pero esto… ¿Acaso su Maná ha despertado a una edad tan temprana? Esto es… sencillamente increíble.
Antes de que Jimena pudiera salir de su asombro, Emanuel levantó la mirada hacia donde ella se encontraba.
Su rostro no reflejaba susto ni reprimenda; su sonrisa era serena, profundamente orgullosa… y rebosante de una calidez reconfortante. Una sonrisa genuina que, a pesar de todas las tragedias, guerras y sombras que le tocó presenciar en su pasado, aún lograba iluminarse por completo ante la vida.
Jimena sintió cómo su pecho se ablandaba de golpe… y, sin poder evitarlo, le devolvió la sonrisa con el mismo amor de siempre.
Avanzó a paso lento hacia ellos, contemplando con admiración el cuadro frente a sus ojos: el padre dedicado enseñando con amor, la hija brillando con la luz de su propio futuro, y un mundo entero que parecía tornarse mucho más amable únicamente por verlos juntos.
Pensamientos de Jimena
Sé perfectamente que no fue para nada fácil para ti volver a sonreírle al mundo, mi amado Emanuel… Conozco a la perfección cada uno de los infiernos que tuviste que atravesar en tu juventud. La trágica muerte de tus padres te quebró el alma en un lugar tan oscuro y profundo donde nadie era capaz de alcanzarte.
Bajó levemente la mirada por un segundo, rememorando los años de desesperada búsqueda.
En aquel entonces busqué respuestas incansablemente… hablé con los ancianos del pueblo… incluso encaré a mis propios padres nobles para descubrir a los culpables… pero nadie sabía nada. O tal vez… nadie en este cruel mundo quiso decir la verdad por miedo.
Levantó nuevamente los ojos, posándolos sobre la figura de su esposo.
Emanuel se encontraba riendo abiertamente mientras le sacudía con ternura el polvo del cabello a una orgullosa Alicia.
Y aun así… aquí estás hoy. De pie frente a mí. Renacido de las cenizas de tu dolor. Convertido en un padre ejemplar. Un gran maestro. El hombre al que amo con cada fibra de mi ser.
Una ola de ternura profunda y cálida le recorrió el cuerpo entero.
Jimena se apoyó suavemente contra el marco de madera de la puerta, sosteniendo sus mejillas con ambas manos mientras los observaba fascinada, completamente embelesada por la escena.
—Verte sonreír de esta manera otra vez… —murmuró con una voz tan suave que se confundió con el viento— es, sin duda alguna, lo que más feliz me ha hecho en toda mi vida.
Y su mirada llena de luz se posó finalmente sobre la pequeña Alicia, luciendo radiante y llena de orgullo maternal:
—Los amo con toda mi alma… a los dos.
Continuará.

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Estás leyendo el capítulo 97 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.