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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 94 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 94: El Peso del Infinito y las Cicatrices Olvidadas Punto de vista de Gojo Akinori Veamos… las cosas ya habían tomado este rumbo desde el día de ayer, justo después de que Shiro saliera corriendo del comedor como una exhalación. Para ser honesto, no pensé que mis palabras fueran a afectarle de una manera tan profunda. Mientras caminaba despacio por el interminable pasillo del palacio, preparaba mis pertenencias para marcharnos. Natsuki nos había mandado llamar hace un rato para informarnos con seriedad que Carlos no regresará a la academia por un tiempo indeterminado… y esa noticia solo me llevó a una única conclusión lógica. Tal vez regrese justo cuando dé inicio el gran festival anual. Sonreí levemente para mis adentros. —Si eso es lo que tienes pensado hacer, Carlos… entonces más te vale volver siendo infinitamente más fuerte. Tengo expectativas sumamente altas puestas en ti. Al fin y al cabo, como su compañero de habitación que soy, tengo el deber de ayudarlo en lo que pueda… y además, debía resolver mis propios asuntos pendientes con Shiro. ¿Acaso lo más sensato sería pedirle una disculpa? Bueno… yo soy la clase de persona que jamás se disculpa con nadie. Es algo que va contra mi naturaleza. Desde el instante en que mi padre me habló por primera vez sobre la magnitud de mi talento innato, jamás imaginé que llegaría tan lejos en este mundo, ni siquiera cuando estuve literalmente al borde de la muerte. Aún recuerdo con total claridad cuando me decía a mí mismo en mitad del peligro: “No… yo voy a ganar. Siempre gano.” Coloqué mis dos brazos detrás de la cabeza, entrelazando los dedos mientras miraba hacia el techo. Debería tomarme el tiempo de buscar aquel viejo libro que mi hermana me regaló hace muchos años; sin embargo, desde el día en que ella decidió marcharse de la casa familiar… no volví a saber absolutamente nada de su paradero. Fue como si, de la noche a la mañana, su existencia hubiese sido borrada de la faz de la tierra. La gran mayoría de las personas en la academia no saben absolutamente nada sobre mi pasado… y mucho menos sobre la verdadera naturaleza de mi familia. Mi padre fue el hombre que logró la proeza de unificar a las Doce Grandes Familias de la nobleza, y actualmente ostenta el título de líder supremo. Todo el mundo le teme y lo respeta por sus descomunales hazañas en el campo de batalla. Dejé escapar un suspiró pesado mientras murmuraba en voz baja para que nadie me oyera: —No quiero ser el heredero de semejante clan. Lo detesto con cada fibra de mi ser. ¿Por qué el maldito destino tuvo que elegirme a mí… y no a mi hermana mayor? Ella lo tenía absolutamente todo: potencial desmedido, una fuerza abrumadora… todo lo necesario para liderar a las Familias. Pero las cosas cambiaron de forma drástica y cruel. La extraño. Muchísimo más de lo que soy capaz de admitir. Mi madre siempre me repetía que no debía preocuparme por nada en este mundo… pero yo crecí a su lado. Ambos sabemos perfectamente lo que ocurrió aquel nefasto día. Cuando mis verdaderos amigos… Levanté la vista hacia el cielo azul que se vislumbraba por los ventanales. Un dolor punzante e instintivo me atravesó el pecho por un segundo. Ese recuerdo… se sentía como si fuera el último rastro de humanidad pura que me quedaba por conservar. Y de pronto, esa voz resonó en mi mente como si estuviera ocurriendo ahora mismo. —Oye, Gojo —preguntó un chico mirándome con una sonrisa abierta—, ¿no tienes planes para el día de hoy? —Bueno… la verdad es que no. ¿Qué tienes pensado hacer tú, Lucas? —Yo estaba pensando en ir a explorar el Templo de la Calamidad. —¿Estás diciendo en serio que quieres ir a ese lugar? Sabes perfectamente bien las consecuencias mortales que podría haber ahí adentro —le dije mirándolo con profunda desconfianza. —No dudes tanto, Gojo. Solo iremos tú, yo… y nuestros cuatro amigos más. Negué con la cabeza, esbozando una pequeña sonrisa de resignación. —Definitivamente no tienes remedio, Lucas. No sé qué clase de locura estés tramando, pero está bien. Iré con ustedes solo por esta vez. Lucas se emocionó al instante. Ambos salimos corriendo de nuestras clases cotidianas. Eso ocurrió cuando yo tenía apenas ocho años de edad. En esa época, mis padres me daban intensas lecciones privadas sobre cómo dominar nuestra magia ancestral y manipular los distintos tipos de maná. Fue justamente en ese periodo cuando Lucas, Arlette y el resto del grupo fuimos al Templo de la Calamidad. Al llegar, no había un solo guardia vigilando las inmediaciones… y aquello se me hizo sumamente extraño. Demasiado extraño para ser un sitio prohibido. —Bien chicos, vamos a entrar de una vez, ¿sí? Fue entonces cuando me percaté de que Lucas había invitado a una chica más. Su nombre era Arlette, una joven perteneciente a una de las Doce Grandes Familias. Era bastante popular dentro de los círculos de la academia… pero lo que ella y yo presenciamos en las entrañas de ese templo… jamás nos atrevimos a revelarlo en voz alta a nadie. En ese momento, ni siquiera le pregunté su nombre. Entramos todos juntos. El interior estaba sumergido en una penumbra absoluta y un silencio sepulcral. No se podía ver nada a un metro de distancia. Pero al pisar una losa del suelo… un pasadizo secreto se abrió bruscamente bajo nuestros pies. Todos dudaron en bajar a las profundidades. Pero como siempre, yo tomé la delantera. —No se preocupen, niñitas. Yo me encargo de abrir paso —dije con una falsa valentía infantil mientras descendía por la pendiente. Tenía una confianza ciega en mis capacidades. Estaba convencido de que, sin importar lo que hubiera abajo… nada malo podría pasarnos a nosotros. Qué estúpido e ingenuo fui. Porque cuando la vi… Una criatura monstruosa, de proporciones colosales, estaba agazapada allí. Observándonos fijamente desde lo alto de las ruinas, oculta entre las sombras más densas. Tenía garras afiladas como navajas y unos ojos penetrantes de los que emanaba un aura asesina. Una mirada totalmente retorcida… vacía, hambrienta y vil. Esa cosa tenía una presencia que… que simplemente me heló la sangre en las venas. Solo éramos unos niños. Unos niños tontos que no tenían la menor idea del infierno en el que se habían metido. Y entonces… La bestia empezó a atacar. No tuvimos más opción que dar media vuelta y huir a toda prisa… pero esa cosa nos perseguía sin descanso. El sonido ensordecedor de sus garras chocando contra las piedras retumbaba detrás de nosotros como un eco constante de muerte. Viendo que nos alcanzaba, no tuve más remedio que girarme y atacar: activé mi magia de fuego, creando una enorme ráfaga incandescente; de inmediato la combiné con mi magia de viento, formando una colosal flecha de fuego que iluminó por completo el túnel oscuro. Me tomó unos minutos asimilar lo que acababa de hacer. Lucas me miró con los ojos abiertos de par en par y me dijo con pánico en la voz: —¿En verdad tenemos que luchar contra esa cosa monstruosa? —Así es —le respondí, aunque sentía que las rodillas me temblaban—. No tenemos otra alternativa. No somos lo suficientemente fuertes, tenemos miles de defectos… somos imperfectos. Pero sabes una cosa, Lucas… no podemos bajo ningún motivo dejar que esa cosa salga a la superficie. Sé perfectamente que aún somos unos simples niños… pero, pase lo que pase, ¡debemos darlo todo para detenerla! Lo miré con absoluta determinación; nuestras miradas se cruzaron en la penumbra, compartiendo el mismo pavor primario pero también la misma firme decisión. Entre los tres ideamos un plan torpe y desesperado… pero era el único recurso que teníamos para intentar derrotar a ese ser horrible. Sin embargo, el monstruo desapareció de repente entre las sombras. Aquel ser era muchísimo más inteligente de lo que nuestra mente infantil pudo prever. Aprovechó la oscuridad y se llevó a dos de nuestros compañeros. Ellos… fueron devorados vivos frente a nosotros. La sangre salpicando las paredes… el ruido húmedo y crujiente… Los gritos desgarradores resonaron entre las paredes de piedra, rebotando una y otra vez como un trauma atroz que jamás podría borrar de mi mente. Yo… Lucas… y Arle nos quedamos completamente paralizados por el terror. Ninguno de nosotros podía mover un solo músculo. Pero entonces… —¡Gojo, cuidado, encima de ti! La bestia se abalanzó desde el techo con un rugido ensordecedor, clavando sus garras gigantescas exactamente en el punto donde yo había estado parado un segundo antes. Por puro instinto de supervivencia, lancé mi magia conjurada: llamas ardientes envolvieron el cuerpo de la criatura, comenzando a quemarla. En ese instante crucial se me ocurrió una idea desesperada. Le grité a Lucas y a Arle que usaran su magia de fuego con la mayor potencia de la que fueran capaces. Mientras ellos concentraban y preparaban el hechizo, me lancé hacia adelante, sirviendo como carnada para distraer al monstruo. Una batalla feroz estalló entre ambos. Esquivaba por milímetros. Bloqueaba. Retrocedía. Atacaba con todo. Pero un solo impacto… Un solo golpe brutal de la criatura bastó para dejarme fuera de combate. Sentí mi cuerpo impactar violentamente contra la pared y rebotar en el suelo. Lucas y Arle gritaron mi nombre sumidos en el pánico, pero mi visión empezó a volverse borrosa y oscura. La sangre no dejaba de brotar a borbotones de mi torso derecho, caliente, espesa, resbalando entre mis dedos helados. El monstruo caminó lentamente hacia mí. Lo vi levantar su garra gigante, listo para rebanarme la cabeza y acabar con mi vida. Pero alguien se interpuso en su camino. Lucas. Utilizó una magia desmedida y prohibida para su edad; las llamas ardientes lo envolvieron tanto por dentro como por fuera. Arle corrió desesperada hacia mi posición, tomándome en sus brazos y gritándome con todas sus fuerzas para evitar que perdiera la consciencia. Pero el monstruo… No sé de dónde sacó fuerzas… logró sobrevivir al impacto del fuego. Se lanzó con una furia ciega directamente hacia Arle, hacia el lugar donde ella me sostenía. Ella cerró los ojos, pensando que ese sería su trágico final. Pero Lucas… Lucas entregó su propia vida para salvarnos a ambos. Aquel ser le arrancó el brazo izquierdo de un solo tarascazo. El grito… El grito de agonía de Lucas fue tan terriblemente desgarrador que, incluso a día de hoy, sigo escuchándolo retumbar en mis pesadillas. La sangre caliente nos salpicó el rostro a mí y a Arle. Y con esa tragedia… Algo dentro de mi alma se rompió para siempre. Algo muy profundo en mi interior despertó. Un poder abrumador, insondable e ilimitado emergió desde lo más recóndito de mi ser. Una luz plateada, pura y cegadora estalló a mi alrededor, envolviéndome en una esfera ardiente de energía desconocida. El espacio… El tiempo… Ambos parecieron detenerse por completo. Impacté al monstruo con una fuerza sobrehumana e imposible, enviándolo a volar por los aires y haciendo que atravesara varias estructuras de las ruinas del templo. —¡Gojo… despertaste! —escuché la voz de Arle, temblorosa y ahogada por el llanto. Pero al girarse a mirarme… se congeló de puro pánico. Una mirada siniestra, helada, distante y completamente vacía se reflejaba en mis ojos. Di un paso firme hacia adelante. Luego otro. Y caminé con paso pausado… directo hacia aquella criatura infernal. Listo para masacrarla yo solo. Me moví por el lugar manipulando y deteniendo el flujo del tiempo. Usé destellos de luz temporal: cada intento de ataque, cada zarpazo del monstruo se volvió lento, torpe, suspendido en un silencio agónico. Mientras todo a mi alrededor permanecía congelado en el espacio, yo caminaba con total normalidad hacia él… sin experimentar la menor emoción humana. Le arranqué el brazo derecho de un solo movimiento seco, calcinándolo por completo con mi energía para asegurarme de que no pudiera regenerarse ni escapar. El olor penetrante a carne carbonizada llenó el aire del pasadizo. Pero yo… apenas lo registré en mi mente. Sabía perfectamente lo que acababa de despertar en mi interior. El legendario poder del Infinito. Mis emociones humanas simplemente se extinguieron. Mis ojos estaban apagados, sin brillo. No porque yo lo deseara… sino porque fui incapaz de hacer algo para salvar a mis amigos. Lucas había perdido una cantidad letal de sangre. Cuando me acerqué a mirarlo, la luz de sus ojos se estaba apagando lentamente. Nuestras miradas se cruzaron por última vez en este mundo. Un dolor indescriptible me envolvió por completo. Quería caer de rodillas. Quería culparme de todo. Quería retroceder desesperadamente el tiempo que ahora tanto dominaba… pero no podía cambiar el pasado. —Lo siento tanto, Lucas… —murmuré con la voz completamente quebrada. Él me miró… aún con un hilo diminuto de vida en su cuerpo. —No… no te disculpes por nada, Gojo… —dijo formulando cada palabra con extrema dificultad—. Solo… vive… y sal a salvo con Arle de este templo… Pero primero acaba con ese maldito ser. No lo hagas por nosotros… hazlo por ti mismo. Él comprendía a la perfección la inmensa carga que yo tendría que soportar a partir de ese día. Un peso donde mi inmenso poder y mi culpa destructiva serían un caos para todos los que me rodearan. Pero cuando giré la cabeza para contemplarlo una vez más… Una pequeña sonrisa se había dibujado en su rostro. Pero no era una sonrisa real. Sus ojos ya no reflejaban brillo alguno en la oscuridad. Lucas… había muerto. Sintiendo que la garganta se me cerraba por completo, bajé la mirada. Y un grito desgarrador salió desde el fondo de mis entrañas, rompiéndome por dentro. El monstruo malherido intentó retroceder aterrado… pero no se lo permití. Lo masacré de la forma más despiadada y sin contener un solo ápice de mi poder. Cada impacto que le propinaba era un lamento lleno de rabia. Cada destello de luz plateada era un rugido por los amigos que ya no estaban. Las personas que una vez compartieron risas conmigo… habían muerto trágicamente frente a mis ojos. Solo pude mantener a salvo a Arle, reduciendo a cenizas y destruyendo por completo a ese miserable monstruo. Ella se me acercó lentamente tropezando con las piedras. Su voz temblaba descontroladamente: —¿Estás… estás bien, Gojo? La miré. Caminé hacia su posición y simplemente me derrumbé por dentro. —Lo lamento tanto… les fallé a todos… no logré salvarlos… Ella me envolvió en un abrazo apretado y cálido. —No te culpes por esto —susurró entre sollozos—. Hiciste todo lo que estuvo a tu alcance. Intentaste salvarnos a todos… y yo lo sé perfectamente. Sus palabras se clavaron como dagas en mi pecho, reconfortándome pero doliendo al mismo tiempo. —Ahora… solo debemos salir de este horrible lugar. Antes de emprender la caminata hacia la salida, me arrodillé respetuosamente frente al cuerpo inerte de Lucas. Con las manos temblando de emoción, le cerré suavemente los ojos. —Fuiste el único amigo real que siempre estuvo a mi lado. Mi mejor amigo. Jamás me voy a olvidar de ti, Lucas… Este recuerdo… este dolor que siento… será nuestro último adiós. El resplandor plateado del Infinito que flotaba a mi alrededor se apagó de forma lenta y pausada. De regreso a la actualidad Ahora finalmente lo comprendo todo… Sé perfectamente lo que se siente estar completamente solo en este mundo, Shiro. Jamás imaginé que ella también estuviera pasando por una tormenta similar en su corazón. Debo encontrarla cuanto antes… hablar seriamente con ella. O tal vez dejar que me propine un par de golpes… o que me robe algo de dinero, como acostumbra hacer siempre. Así es exactamente su forma de ser: problemática, impulsiva, sumamente molesta… Pero en el fondo de su alma no es una mala persona en absoluto. Simplemente… no tiene la menor idea de cómo demostrar lo que siente. Exactamente igual que yo. Por esa misma razón es que ella y yo siempre disfrutamos molestando a Carlos a todas horas… haciendo que él termine regañándonos a ambos como si fuera un padre profundamente cansado de sus hijos. Pero en fin… —Espero que te dignes a regresar pronto, Carlos. Si no lo haces a tiempo, me quedaré con tu preciada colección de trofeos —dije en voz alta esbozando una sonrisa malévola, disfrutando de la sola idea de hacerlo rabiar. Di un paso hacia adelante y entonces… Una presencia intimidante se materializó de la nada justo detrás de mi espalda. Un susurro seco, helado y casi burlón resonó pegado a mi oreja: —¿Así que andas planeando robarte la colección de trofeos de Carlos, eh? —¡AHHH! —grité del puro susto, perdiendo el equilibrio y cayendo de espaldas contra el suelo, como si hubiese visto a un mismísimo fantasma. Shiro estaba parada allí mismo, cruzada de brazos, luciendo esa sonrisa desagradable y engreída que solo ella es capaz de poner. —En serio, Gojo… me das un golpe de risa. ¿Tanto pavor te da que aparezca de repente detrás de ti? ¿Acaso me estás viendo cara de monstruo o qué? —¿Monstruo? No, muchísimo peor… —respondí levantando la mirada mientras hacía una mueca burlona para disimular el pánico—. Te ves exactamente igual a un retrete del baño del fondo, de esos mugrientos que nadie en su sano juicio quiere usar. La vena de la frente de Shiro se le marcó de tal manera que parecía que le iba a explotar en cualquier momento. —¿Qué fue lo que dijiste, pedazo de idiota? Y sin darme el menor tiempo para reaccionar o hacerme a un lado, me estampó un puñetazo seco y directo en medio de la cabeza. —¡AY! ¡¿Por qué carajos siempre tienes que solucionarlo todo a golpes?! —me quejé sobándome el chichón mientras rodaba dramáticamente por el piso del pasillo. Eramod evidente que ambos no nos soportábamos el uno al otro… o al menos eso era lo que pretendíamos hacerle creer a los demás. Pero en ese preciso instante, al verla soltar una pequeña risa sincera… No tengo idea de qué clase de cosas horribles le habrán ocurrido en el pasado, pero me reconfortó el alma ver que era capaz de sonreír de nuevo. Shiro me fulminó con la mirada, intentando ocultar su cambio de ánimo: —Ey, ¿por qué me te me quedas viendo con esa cara de estúpido? Me repugna bastante tu rostro, idiota. ¡Levántate del suelo de una vez! Tenemos que irnos. —Sí, sí, ya voy… no te alteres —respondí poniéndome de pie mientras me sacudía el polvo del uniforme. Y así, tal como si fuéramos dos niños pequeños e hiperactivos, corrimos por los corredores, nos empujamos, nos hicimos tropezar y discutimos a viva voz a medida que avanzábamos hacia la salida. Pero por dentro, me sentía genuinamente feliz. Las cosas… finalmente parecían estar tomando un buen rumbo. Me pregunté cómo les habría ido a los demás con sus respectivos entrenamientos. Miguel fue el primero en divisarnos y acercarse con paso firme. —He aprendido una cantidad bárbara de cosas —dijo con el pecho henchido de orgullo—. ¡Volveré el próximo fin de semana para que puedas atestiguar con tus propios ojos mi gran mejoría! Le dediqué una sonrisa totalmente sincera esta vez. —Esa es la actitud adecuada, Miguel. Sigue esforzándote de esa manera y créeme… vas a llegar muchísimo más alto de lo que cualquier persona jamás haya podido imaginar. Miguel asintió con firmeza, mostrando una mirada desbordante de confianza en sí mismo. —Tienes toda la razón, Josué. Dio media vuelta para marcharse y, antes de alejarse del todo por el camino, levantó la mano en señal de despedida. —Hasta luego, Santo de la Espada. Lo me quedé contemplando mientras su figura se perdía en la distancia. Un pequeño respiro en medio del caos… una ligera y muy necesitada paz… Y en ese preciso instante, Shiro volvió a propinarme un empujón por la espalda. —¡Oye! ¡Avanza más rápido, inútil! —¡Ya voy! ¡Deja de estarme empujando todo el tiempo! Los dos continuamos discutiendo acaloradamente mientras el resto del día seguía su curso natural. Como si fuéramos dos hermanos peleoneros. Como si absolutamente nada malo hubiese ocurrido jamás. Como si, por un breve instante en el tiempo, el aplastante peso del pasado… se hubiera vuelto un poco más ligero de llevar. Continuará.
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Estás leyendo el capítulo 94 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.