Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 9 online gratis en español
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CAPÍTULO 9: Sombras de la memoria y la estrella solitaria
Hace exactamente tres años, cuando tenía tan solo siete años de edad, la verdad es que no alcanzaba a comprender en su totalidad la magnitud de los eventos que sacudían a este mundo. Aquel día fatídico me dejó una lección dolorosamente clara: los dioses del plano divino habían comenzado a mover sus fichas en el tablero terrenal por razones que superaban la lógica mortal. Sin embargo, la gran pregunta que martilleaba incansablemente en mi cabeza era: ¿qué es lo que están tramando exactamente estos dioses —o mejor dicho— los sacerdotes corruptos de las altas esferas del imperio? ¿Por qué se empeñan con tanto fervor en resucitar a un Dios Antiguo del abismo? Era algo que aún no lograba descifrar con absoluta firmeza.
Analizando minuciosamente cada detalle de la batalla, me surgió una duda ineludible: ¿de qué manera fue que Kenzo Hashima Tower se dejó manipular por esas entidades cuando su espíritu despertó apenas unos días después de nuestro combate? Decidido a obtener respuestas de primera mano, me dirigí sin demora hacia la capital imperial, donde las autoridades mantenían encarcelado a Kenzo por los actos destructivos que cometió bajo la posesión. Allí se me revelarían los hilos invisibles de la conspiración y la forma en que todo terminó sucediendo. Al cruzar las puertas de la gran prisión imperial, una guardia de caballeros de élite me esperaba en la entrada.
—Bienvenido a la capital, joven Carlos Tanaka Sánchez. Hemos sido enviados por la corona para escoltarlo durante su estadía —anunciaron inclinando la cabeza con profundo respeto.
—Les agradezco el gesto, no se preocupen por la cortesía —respondí manteniendo una postura firme—. Por el momento, ¿podrían llevarme directamente al calabozo de máxima seguridad? Hay un prisionero en particular a quien necesito visitar a solas.
Al descender por la prolongada y húmeda escalera de piedra que conducía a las entrañas del calabozo, bajé la mirada pensativo; sabía muy bien que tarde o temprano terminaría regresando a este lúgubre lugar donde yacían encadenados los criminales más peligrosos y temibles de todo el continente. Nada ha cambiado en lo absoluto en estas mazmorras: el olor a moho, la humedad sofocante y el silencio sepulcral siguen exactamente igual desde la última vez que pisé estas cadenas en mi vida pasada. Sin embargo, esta vez debía realizar el interrogatorio estrictamente por mi propia cuenta. Al llegar al fondo del pasillo principal, frente a la celda de acero imbuido en maná, Kenzo y yo cruzamos miradas por primera vez tras la batalla.
—Por un momento no podía creerlo... ¿se puede saber qué demonios haces en este agujero infestado de ratas, mocoso? —dijo Kenzo incorporándose torpemente mientras arrastraba sus cadenas.
—¡He venido porque necesito hacerte unas cuantas preguntas cruciales! —le respondi clavando mis ojos azules en los suyos.
—¿Y de qué tema tan urgente quieres hablar conmigo? —preguntó Kenzo soltando un pesado suspiro.
—No es nada grave para ti, solo quiero que me digas con absoluta honestidad cómo fue que conociste a ese Dios Antiguo, hacia dónde se dirigió tras dejar tu cuerpo y bajo qué circunstancias se cruzaron sus caminos por primera vez —le pregunté con un tono helado, movido por la profunda curiosidad de saber con exactitud cómo ocurrió semejante tragedia.
Kenzo guardó silencio durante unos segundos, mirando al suelo antes de comenzar su relato con la voz rasposa.
—Todo ocurrió en el interior de una mazmorra abandonada en las fronteras del norte... Vi a un grupo de personas encapuchadas que buscaban con desesperación un objeto místico perdido conocido en los textos antiguos como los Ojos del Dios Caído.
—Jamás había escuchado en mis lecturas sobre la existencia de semejante reliquia ancestral —lo interrumpí frunciendo el ceño—. ¿Qué más pudiste presenciar en ese lugar? ¿Viste algo fuera de lo común?
—Lo que presencié a continuación fue la figura de un dios emergiendo de las profundidades de esa estructura —continuó Kenzo con una mueca de terror en el rostro—. En ese preciso instante me di cuenta de que se trataba nada más y nada menos que del Dios de la Lujuria. ¿Qué hacía una entidad de ese calibre atrapada en un calabozo terrenal? ¿Cuál era su verdadero propósito u objetivo final en nuestro plano? Lo único que alcancé a escuchar de sus murmullos fue que tenían un miedo cerval de que alguien en este mundo arruinara sus planes de resurrección. Al darme cuenta de la gravedad del asunto, cometí el error de hacer un ligero ruido al pisar una piedra suelta.
—¿Y qué sucedió cuando te descubrieron? —indagué dando un paso más cerca de las rejas.
—Salí corriendo a toda velocidad; no tenía el menor deseo de entablar un combate contra semejantes monstruos —admitió Kenzo apretando los puños—. Sin embargo, no me dejaron opción y tuve que pelear por mi vida. La batalla se prolongó durante días y horas sin fin, una lucha encarnizada sin un ganador claro. Me encontraba al límite de mis fuerzas y aterradoramente débil aquel día, hasta que finalmente me desmayé por la inanición de maná. Cuando volví a abrir los ojos, descubrí que me habían arrastrado hasta las ruinas de una iglesia abandonada en las montañas. Los sacerdotes encapuchados comentaban con frialdad que me utilizarían como el recipiente y sacrificio humano perfecto para traer a su dios de regreso al mundo terrenal.
—¿Qué fue lo último que viste antes de perder el control de tu cuerpo, Kenzo? —pregunté apretando los dientes.
—Vi a un demonio de aura imponente parado justo frente a mí, mirándome con una sonrisa horrible y unos ojos sedientos de sangre —respondió con un escalofrío recorriéndole la espalda—. En un principio pensé que me ejecutarían en el acto, pero la cruda realidad es que usaron mi cuerpo como un mero contenedor mágico. Por cierto... por pura casualidad, ese demonio llevaba ceñida a la cintura una espada completamente negra y brillante, tan oscura que parecía absorber la luz a su alrededor.
—La forma en que me lo estás describiendo, Kenzo... confirma mis peores sospechas —dije apretando los puños con rabia contenida—. Ese sujeto llevaba exactamente el arma que yo conozco.
—¿Qué está pasando aquí, Carlos? —preguntó Kenzo sorprendido al ver la alteración en mi rostro—. ¿Acaso sabes con certeza quién es ese tipo de la espada negra?
—Sí, lo conozco perfectamente bien —respondí con una voz profunda y cargada de odio—. Ese sujeto que viste en la iglesia abandonada se llama Lucifer, el supremo Rey Demonio del abismo.
Kenzo se quedó completamente petrificado en su lugar al escuchar semejante nombre mitológico. Con una voz temblorosa y visiblemente asustada, preguntó:
—¿Q-Qué es lo que va a pasar conmigo a partir de ahora, Carlos? ¿La corona me ejecutará?
—De eso no tienes por qué preocuparte por el momento —le contesté recuperando la serenidad—. Ya has dicho todo lo que necesitabas revelar. Pero puedo hacer esto por ti: intercederé con mi padre para que no te ejecuten, a cambio de que no quiero que absolutamente nadie en este imperio se entere de lo que hemos hablado en esta celda. ¿Ha quedado completamente entendido, Kenzo?
—¡Sí, lo juro por mi honor! —contestó él apresuradamente—. A cambio de tu ayuda, hablaré directamente con mi padre para retirar cualquier cargo contra los Tanaka. Lo único que tienes que hacer es disculparte formalmente por los daños del salón; eso es todo. Pero dime... ¿qué es lo que piensas hacer ahora que ya conoces la terrible verdad detrás de todo esto, Carlos? Ese Dios Antiguo te advirtió durante la pelea que alguien más vendría en el futuro y te asesinará... ¿Lo recuerdas? ¿Tienes la menor idea de lo que eso significa para ti?
Lo sabía perfectamente bien. Era un peso que debía sobrellevar completamente solo, tal y como siempre he estado a lo largo de mis vidas; conocía con claridad cuál era mi verdadero deber en esta era: exterminar a cada uno de esos demonios antes de que destruyan todo. Aunque esa cruzada me tome años de entrenamiento, e incluso miles de años en el ciclo de las almas, debía seguir peleando sin dudar.
—No logro comprender cómo haces para seguir caminando hacia adelante sin mirar atrás un solo segundo... —murmuró Kenzo observándome con asombro—. Dime la verdad, Carlos: ¿cómo es posible hacerse tan aterradoramente fuerte como tú?
Al escuchar sus palabras, un frío glacial recorrió mi pecho al recordar la catástrofe de mi vida pasada: aquella guerra sangrienta en la que no fui capaz de salvar a absolutamente nadie. Incluso cuando intenté arrasar al enemigo por mí mismo, me encontraba aterradoramente solo contra el mundo: un ejército demoníaco colosal que superaba con facilidad la cifra de un millón de soldados. Tuve que seguir avanzando entre los cadáveres sin importar lo que pasara a mi alrededor. Aún resonaban en mi memoria las últimas y desgarradoras palabras de las personas que lucharon a mi lado:
—Lo siento tanto, Carlos... me temo que no podré cumplir la promesa que te hice... —recordé la voz de mi compañero de armas llorando desesperadamente sobre el barro—. ¡No quiero morir aquí, Carlos! ¡Por lo que más quieras, ayúdame!
Sin embargo, antes de que pudiera extenderle la mano, una lanza enemiga cruzó el aire a velocidad supersónica y aplastó la cabeza de aquel ser tan importante para mí frente a mis propios ojos. Al ver cómo su cabeza se desintegraba... una pizca de sangre tibia cayó directamente sobre mi rostro, empapándome la mejilla. Todo a mi alrededor quedó cubierto por una alfombra de sangre y muerte. Fue en ese preciso instante, al presenciar semejante atrocidad, cuando me di cuenta con dolorosa claridad de que era un inútil incapaz de salvar a quienes amaba. Me culpé noche tras noche por no haber tenido la fuerza suficiente.
De vuelta al presente, suspiré profundamente; aún no estaba preparado para revelarle a Kenzo todo el infierno por el que tuve que pasar en la línea temporal anterior.
—Lo siento mucho, Kenzo —le dije mirándolo con empatía—, pero no puedo contarte exactamente todo lo que he vivido. Lo único que sí puedo decirte con absoluta certeza es esto: no te rindas jamás. Sigue adelante soportando el dolor de tus fallos, sin importar cuán oscura se vuelva la tormenta que se aproxima. Sigue firmemente tu propio camino y, cuando finalmente alcances aquello que más anhelas en la vida, ahí encontrarás la respuesta que tanto has estado buscando.
Le dediqué una cálida sonrisa de despedida, aunque por dentro mi alma fuera un completo desastre hecho pedazos.
Tras dar por concluido el interrogatorio en las profundidades de la mazmorra, salí a la superficie para distraer mi mente y caminar un rato por las concurridas calles de la capital imperial. Ver a los niños pequeños corriendo alegremente por las plazas y jugando entre las fuentes logró tranquilizar un poco la tormenta de mi corazón.
—¡Oye, hermano mayor! ¡Date prisa, vamos a jugar con los demás a la plaza! —gritó un niño pequeño tirando de la manga de su hermana.
—¡Dame solo un segundo, espérame! —respondió la chica riendo con alegría.
Al ver la escena, me sentí verdaderamente feliz en lo más profundo de mi ser; supongo que, a pesar de las sombras que amenazan al continente, aún existen personas inocentes que pueden disfrutar de una vida tranquila y pacífica. Sin embargo, yo no podía darme el lujo de disfrutar de esa paz cotidiana; era tal y como me advirtió el Dios Antiguo: todo aquello que obtenga con amor me será arrebatado de la forma más cruel imaginable si no me vuelvo lo suficientemente fuerte. Aun así, dentro de mi pecho sabía que existía una forma de cambiar ese destino trágico y proteger a todas estas personas.
Ya lo he decidido definitivamente: haré el mayor de mis esfuerzos en esta nueva oportunidad. Me levanté del banco de madera en el que me había sentado y emprendí el viaje de regreso a mi mansión. La noche había caído por completo sobre el reino y la luna llena brillaba con un esplendor plateado hermoso sobre el firmamento. A veces me descubro mirando al cielo nocturno durante horas; siento en el fondo de mi alma que las estrellas y mis guardianes del pasado me están esperando pacientemente.
Miré las constelaciones cómo se iluminaban una a una en el manto oscuro. Era una vista verdaderamente hermosa.
—Bueno... ya es momento de ir a la cama a descansar —pensé para mis adentros mientras cruzaba el umbral de mi habitación—. Mañana será un nuevo día para seguir volviéndome más fuerte.
Continuará…

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Estás leyendo el capítulo 9 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.