arrow_back

Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 88 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
. Capítulo 88 —Vamos, no seas tan cruel conmigo, Alefa… —dije intentando sonar valiente y desinhibido, aunque por dentro aún sentía el frío escalofrío de su amenaza. Una mirada glacial se dibujó en su rostro, atenuando los destellos dorados que el bosque le otorgaba. —Si yo llego a caerme o a lastimarme por tus imprudencias… la culpa absoluta será tuya. ¿Te quedó completamente claro? —Sí, sí… lo que tú digas —respondí encogiéndome de hombros, dejando traslucir mi claro temor. Ella me clavó una última mirada fulminante, soltó un bufido y giró el rostro hacia un lado, visiblemente enojada. ¿Por qué demonios siempre termino arruinándolo todo en el peor momento posible?, me recriminé en silencio. Sea como sea… tengo que hacer algo para que se le pase el enojo antes de que sea tarde. —Alefa, no tienes por qué ponerte así por una broma… —Lo sé perfectamente, Carlos. Pero sabes muy bien que no tengo la menor idea de cómo montar a caballo. ¿Y si lo intentamos ahora mismo en mitad de la penumbra? Respiré hondo, tratando de estabilizar mi ritmo cardíaco. —Solo quiero que me confirmes una sola cosa… que no me vas a golpear mientras estamos intentando aprender. Ella se cruzó de brazos, fingiendo desdén. —Está bien… lo prometo. Pero a cambio quiero darte algo en cuanto lleguemos al palacio. —Sí, sí… lo que diga la señorita. Tras nuestra pequeña discusión, nos pusimos finalmente en marcha. Sus manos temblaban ligeramente por el nerviosismo, así que la tomé de la cintura para apoyarla con firmeza mientras subíamos al corcel de colores radiantes. —Cálmate… no te alteres. Deja que el caballo avance solo, no le jales la crin. Carecíamos por completo de monturas, riendas o herramientas adecuadas… así que concentré mi mana y usé mi magia de agua para moldear una estructura semilíquida y templada alrededor del torso del animal, creando una especie de armadura y silla de contención segura. —Bien… me parece que con esto será más que suficiente para no caernos, ¿no crees? —En ese caso… me iré bajando para montar al caballo oscuro —comenté amagando con soltarla. Pero Alefa agarró el borde de mi playera, deteniéndome con una firmeza que rozaba el pánico. —No te bajes… por favor, no te bajes ahora. Así que estás asustada de verdad, pensé para mí en absoluto silencio. Bueno… supongo que no pasa nada si la acompaño solo por hoy. Me acomodé detrás de ella, tomando suavemente las riendas hechas de agua. Miré de reojo hacia la espesura: ¿estaría bien el caballo oscuro? Al cruzar miradas con él, el corcel azabache dejó escapar un resoplido plateado; parecía comprender perfectamente nuestras intenciones. Nos seguiría desde las sombras sin necesidad de pedirlo. Una leve sonrisa se dibujó en mi rostro. —Bien… en marcha. El tiempo transcurrió a un ritmo pausado y contemplativo. Al cabo de unos minutos, logramos dejar atrás la densidad del Bosque del Destino; el aire helado de la noche resonaba en el valle como un suave suspiro de la naturaleza. Nos dirigíamos a paso firme hacia el palacio real. Alefa había dejado atrás el temor a la cabalgata, pero el rubor de sus mejillas no se disipaba… como si la simple proximidad de mi cuerpo a sus espaldas fuera motivo suficiente para mantenerla alterada. Es una chica un poco rara… pero agradable, reflexioné. Por suerte, logramos llegar a tiempo antes de que los guardias cerraran las grandes puertas de la ciudadela. Descendí del caballo de un salto y le ofrecí inmediatamente mi mano. Ella la tomó con una calidez temblorosa. —Muchas gracias… —susurró sin mirarme directamente. Ambos caballos espirituales se detuvieron a nuestro lado y nos observaron en silencio con sus ojos brillantes, como si comprendieran instintivamente que este momento marcaba una despedida. Sin embargo, antes de retirarse hacia las sombras, las auras de ambos animales se condensaron en el aire, materializando dos anillos gemelos: uno que resplandecía con los tonos variables del arcoíris… y otro de un tono azabache, oscuro como la noche y brillante como la luz de la luna. —Esto es… —murmuré, completamente incapaz de comprender la naturaleza de semejante magia. No sabía cómo explicar el fenómeno, pero en el fondo de mi alma sentía que aquellas criaturas sabían mucho más de nuestro destino que nosotros mismos. Percibía que, si en algún momento el peligro volvía a acecharnos, bastaría con invocar la energía de esas joyas. Tomé ambos Anillos Espirituales con cuidado. Alefa me miró con una timidez abrumadora, retorciéndose levemente los dedos. —Entonces… ¿qué se supone que debemos hacer con estos anillos? —En verdad no lo sé con certeza… pero si esto forma parte de las costumbres de las criaturas de este reino… tal vez deberíamos llevarlos puestos. Tomé su muñeca con delicadeza, deslizándole el anillo multicolor en su dedo. Alefa suspiró profundamente y, con las manos temblorosas, colocó el anillo azabache en el mío. —Oye… —dijo con la voz entrecortada y las mejillas ardiendo de vergüenza—, ¿no crees que si alguien nos ve con esto puesto van a pensar que tú y yo…? —No te preocupes por los malentendidos —la interrumpí para tranquilizarla—. Estos anillos son reliquias para emergencias. Si nos encontramos en verdaderos aprietos, las criaturas vendrán a protegernos sin importar dónde estemos. —Bueno… si tú lo dices, confiare en tu palabra. Pero ya que logramos llegar a tiempo… quiero que pases conmigo a mi sala privada, ¿está bien? —Está bien, te acompaño. Solo recuerda que mañana a primera hora tengo una audiencia programada con los reyes. —Lo sé, no me he olvidado. Primero despidámonos de ellos. Los dos corceles dieron media vuelta y comenzaron a alejarse con paso elegante, ocultando su presencia entre la penumbra del patio real. Sus ojos brillaron por última vez entre las sombras de los árboles ornamentales… y un segundo después, desaparecieron del plano terrenal sin dejar rastro de mana. Luego de todo lo que nos había tocado vivir durante la jornada, la curiosidad comenzó a germinar con fuerza en mi interior. Era la primera vez en mi vida que presenciaba la manifestación de caballos espirituales, y aun así sentía que esas entidades conocían secretos de nuestra existencia que nosotros mismos ignorábamos. Alefa caminaba a mi lado por los pasillos del palacio con una sonrisa serena, acariciando distraidamente el anillo multicolor. Parecía genuinamente feliz, como si el regalo de aquellas criaturas albergara un significado sagrado para su corazón. Al llegar al ala residencial, recordé su petición inicial. No quise guardarme la duda. —Por cierto… dijiste hace un momento que querías que fuera a tu habitación. ¿A qué se debe exactamente esta invitación a estas horas? Alefa se detuvo frente a su puerta y me miró directamente a los ojos, mostrando una firmeza y una claridad que me tomaron por sorpresa. —Quería que habláramos a solas… necesito conocerte mejor, Carlos. Asentí despacio. No tenía la menor objeción. Y siendo completamente franco… yo también guardaba un mar de dudas respecto a su vida. Especialmente sobre la figura de su padre. No pude evitar abordar el tema con total seriedad: —Si hay algo que desees saber sobre mí, pregunta sin miedo… pero yo también siento una inmensa curiosidad por ti. Y sobre Saleh. Necesito entender cómo terminó convirtiéndose en el hombre de tu época —expliqué con voz grave. Porque el guerrero que yo había conocido en mis memorias y entrenamientos… no se parecía en nada al padre sonriente y sobreprotector que acababa de presenciar en el bosque. —El hombre que yo conocí… era un ser distante. Frío. Cruel en sus métodos. No mostraba la menor emoción en su rostro… era como si alguien le hubiera arrancado de cuajo la parte más valiosa de su alma. Pero aun con toda esa oscuridad a cuestas… fue mi maestro. Recordé la rigidez de sus enseñanzas. Su mirada severa atravesando la mía… su constante silencio reflexivo. Y por encima de todo, su magia distintiva: la teletransportación. No se trataba de un hechizo elemental ordinario. Nadie en el continente poseía el dominio absoluto de la manipulación espacial… excepto él. Era su mayor don, pero al mismo tiempo representaba su condena eterna. Hasta que un día, llevado por la curiosidad de su propia disciplina, decidió probar la compatibilidad de su magia en mí. Y en ese instante, las leyes de su conocimiento se rompieron. Resulté ser perfectamente compatible. Aún puedo escuchar el eco de su voz retumbando en mi memoria. Su rostro descompuesto por el asombro. La frialdad de sus palabras al comprender que su técnica ancestral… funcionaba en mi cuerpo. \> —Carlos… eres el primer ser humano en la historia capaz de asimilar mi magia de teletransportación. No alcanzo a comprender la razón exacta… pero hay algo sumamente anormal en la estructura de tu mana. Algo diferente. Un misterio que me veo obligado a investigar a fondo. \> Guardé silencio por unos segundos, dejando que los recuerdos se asentaran. Cuando levanté la vista, noté que Alefa me observaba con una intensidad abrumadora. Como si ella supiera muchísimo más de lo que dejaba entrever. Como si, desde el primer momento en que nos cruzamos, hubiera existido una verdad oculta que deseaba confesarme. —Bueno… es la verdad —dijo Alefa rompiendo el hielo, con una chispa de melancolía en la mirada—. Sobre mi padre… él tuvo que atravesar una época oscura donde absolutamente nada de lo que ocurría le parecía normal. ¿Hay detalles específicos que realmente desees saber? —Así es —respondí con voz pausada mientras ella abría la cerradura—. Necesito comprender la causa de su desgracia. Quiero entender por qué se volvió un maestro implacable con todos los que lo rodeaban. Tal vez… hay una verdad que jamás se atrevió a decirme. Un peso que decidió guardarse en la soledad. Me quedé en silencio tras cruzar el umbral, perdido en las visiones de mi pasado. Siempre que lo recordaba, me venía a la mente la imagen de Saleh entrenando bajo tormentas incansables… llorando en silencio mientras la lluvia camuflaba sus lágrimas. Cada vez que presenciaba ese dolor, mi mente me gritaba que me acercara y le preguntara qué demonios le atormentaba, pero el miedo me paralizaba. No sabía si él estaba preparado para romper su silencio… o si yo tenía la madurez suficiente para soportar su respuesta. —En verdad… ¿por qué las personas en este mundo tienen que sufrir de esta manera? —susurré para mí mismo—. Él no fue el único en llevar una cruz. Yo también vivo aterrorizado por mis propios fantasmas… me da un pánico desgarrador perder a las personas que me han enseñado a luchar, o ver caer a quienes me rodean. Eso es algo que jamás podría superar… y si está en mis manos evitarlo, haré lo que sea necesario. Fue en ese momento cuando enfoqué la vista en el interior del aposento de Alefa. Lo primero que impactó mis ojos fue un caos absoluto. La habitación era un verdadero desastre: ropa desperdigada, pergaminos arrugados por el suelo y libros apilados sin el menor orden. Alefa se giró bruscamente hacia mí con una expresión de puro trauma y vergüenza en el rostro. —Verás… yo no quería por nada del mundo que vieras esto, Carlos… —No te preocupes en absoluto —comenté escapándome una leve risa burlona—. Te aseguro que he visto campos de batalla desgarradores… pero debo admitir que este cuarto está en un estado fatal. —¡Tú mejor cállate la boca! —respondió con un puchero caprichoso y las mejillas encendidas—. Las cosas se acumulan, Carlos. Y te voy advirtiendo algo muy serio: si te vuelves a burlar de la limpieza de mi habitación… te juro que mañana vas a amanecer necesitando una silla de ruedas. —Oye, oye… tranquila, no te alteres —dije levantando ambas manos en señal de absoluta rendición—. Solo estaba intentando romper la tensión del momento… Pero viendo la seriedad de tu amenaza, creo que prefiero guardarme mis comentarios sobre cómo terminaría mi salud mañana. —¿En verdad te asustaste? —dijo ella mientras una sonrisa traviesa y juguetona se dibujaba en sus labios—. Vamos, no me salgas con que eres tan miedoso. Aprovechando mi guardia baja, dio un paso al frente y se aproximó a mi oído… quedando peligrosamente cerca de mi rostro. —Nadie en este palacio se enterará de lo que pase entre nosotros aquí adentro… —susurró con una voz suave y seductora. —¿Eh…? —exclamé, congelándome en el sitio sin saber cómo reaccionar. Una carcajada sonora y cristalina estalló en sus labios, haciendo eco en la habitación. —¡Jajaja! ¡Tranquilo, tonto, era solo una broma! Solo quería ver qué cara ponías. Pero sabes algo… eres ridículamente inocente. ¿Acaso será porque todavía eres virgen? Fruncí el ceño, sintiendo cómo la sangre se me subía a la cara por la vergüenza. —Oye… tú tampoco deberías estar hablando de esos temas como si nada. Y no intentes cambiar la conversación… ¿es que acaso no puedo tener ni cinco segundos de paz a tu lado? —Lo sé, lo sé —respondió ella conservando una media sonrisa condescendiente—. A fin de cuentas… yo también soy virgen. Se quedó pensativa durante unos breves segundos, contemplando el suelo antes de agregar con tono divertido: —Aunque claramente no es algo que iría gritando a los cuatro vientos por los pasillos. Mi padre es extremadamente sobreprotector con esas cosas. Una leve sonrisa silenciosa y nostálgica se formó en mis labios. Así que te la pasas de guardián sobreprotector, ¿eh, Saleh?, pensé recordando la severidad del Rey de la Guerra. Alefa caminó hacia su cama y se dejó caer de espaldas sobre las sábanas, mirando fijamente el techo de madera tallada. Su tono de voz mutó por completo, volviéndose suave, pausado y transparente, como si estuviera exponiendo los rincones más íntimos de su espíritu. —Sabes una cosa… me agradas muchísimo, Carlos. Cuando estoy a tu lado, siento una paz y una tranquilidad que no puedo explicar. Siempre has demostrado ser una persona noble y transparente… y eso es precisamente lo que más me gusta de tu forma de ser. —Hizo una pausa prolongada, tomando aire—. Todo lo que pensaba en mis noches más oscuras… todo lo que soñaba mientras estaba cautiva… no fue en vano. De verdad… de todo corazón, gracias por haber aparecido en mi vida. Aunque técnicamente nos acabamos de conocer hace muy poco tiempo… en lo profundo de mi ser ya te siento como si fueras parte de mi propia familia. Me quedé completamente inmóvil, sin saber qué responder. No alcanzaba a comprender la verdadera magnitud de sus palabras, pero algo en mi pecho se sintió sumamente pesado, como si una brisa helada me hubiera impactado de lleno. ¿De verdad he hecho algo valioso por alguien? ¿Realmente soy merecedor de semejante gratitud? ¿Por qué… por qué se toma la molestia de darme las gracias con tanta devoción? Sentí una mezcla extraña de melancolía y desolación. Una sonrisa débil, casi desanimada, se dibujó de forma involuntaria en mi rostro… pero Alefa continuó expresando sus pensamientos sin apartar la mirada del techo. —Absolutamente todos atravesamos por días luminosos y días oscuros —comentó con madurez—. Este mundo no siempre nos recibe con los brazos abiertos ni nos da garantías. A veces… la vida solo se encarga de arrojarnos pruebas despiadadas que nos rompen por dentro. Pero el destino no está escrito en piedra; depende enteramente de cómo decidamos construirlo día a día. De cómo elijamos enfrentarlo. Giró lentamente la cabeza hacia mi posición, clavando en mí una mirada serena pero rebosante de una determinación inquebrantable. —Jamás permitas que nadie en este mundo te dicte lo que debes hacer o quién debes ser. Haz las cosas a tu propia manera… porque esta es tu propia historia. Tú eres el único que posee el derecho de decidir cómo quieres concluirla. Solo sigue caminando hacia adelante… tal y como lo has hecho con valentía hasta el día de hoy. Sentí que cada una de sus palabras atravesaba las barreras de mi alma, alojándose directamente en mi corazón. No se trataba de un simple consejo de cortesía; era una declaración profunda de fe en mi persona. ¿Acaso esto… es lo que la gente llama esperanza? Alefa se incorporó despacio de la cama, poniéndose de pie. Su rostro reflejaba una ternura cálida y desinteresada… como si hubiera estado conteniendo esa emoción en el pecho durante años. —¿Quieres saber qué es lo que más deseo en este mundo, Carlos? —dijo dando un par de pasos hacia mí—. Quiero que logres vivir una vida plena y feliz. Una existencia donde todas las personas… absolutamente todas, estén de pie aplaudiendo el valor de tus esfuerzos. Quiero que comprendas de una vez por todas… que nada de lo que sufras o hagas en esta vida será en vano. Sentí que el aire se congelaba en mis pulmones y mi respiración se detuvo por un segundo. El silencio que envolvió la habitación no resultaba incómodo en absoluto. Era denso, sagrado y profundo. Como si las fuerzas del destino estuvieran atestiguando que, a partir de ese preciso instante, la trayectoria de nuestras vidas había cambiado para siempre. Continuará.
The strongest warrior of humanity (Novela)

Continúa leyendo

The strongest warrior of humanity (Novela)

Capítulo 89

Siguiente Capítulo ›

The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 88

Estás leyendo el capítulo 88 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.