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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 87 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
El ritmo del combate había cambiado de forma drástica. Lo sentía con absoluta claridad en el ambiente… en la vibración del suelo y en cada hoja que temblaba en las copas de los árboles milenarios. Esto… ya no era un simple duelo de práctica ni una prueba de habilidad. Era una danza mortal. Cada fibra de mi cuerpo reaccionaba de manera autónoma, esquivando y bloqueando como si hubiera ejecutado estos mismos movimientos diez mil veces en una vida pasada. Necesitaba ganar algo de tiempo… tan solo unos segundos para canalizar de nuevo el Dragón Celeste de los Mil Dioses. Un instante de margen para concentrar mi energía y lanzar el contraataque definitivo. Sin embargo, Saleh no era un guerrero común; él también lo notó de inmediato. La mirada del Rey de la Guerra mutó en un segundo. Ese brillo analítico, ese instinto primario que solo poseen los veteranos de mil batallas se encendió en sus pupilas. —Algo no anda bien con este mocoso… —susurró Saleh para sí mismo en un murmullo apenas audible. Fue entonces cuando lo percibí: una presencia oscura e implacable se materializó a mi espalda. Una presión siniestra, una luz nocturna que pareció rasgar la estructura misma del aire. Saleh apareció detrás de mí sin previo aviso, descargando una onda destructiva de mana que hizo retumbar las entrañas del bosque entero. Me arrojé hacia atrás en el último microsegundo, usando un impulso mágico para evitar lo peor del impacto, pero la fuerza residual me erizó la piel. Esa luz… ese poder abrumador… ¿Qué demonios fue eso?, me pregunté con la respiración agitada. ¿Una técnica prohibida no registrada? ¿O acaso es una ilusión nacida de mi propia mente al estar al borde de mis límites físicos? Saleh se me quedó mirando en completo silencio, visiblemente fascinado por lo que acababa de presenciar. \> El chico esquiva mis ataques mortales… como si conociera de antemano la ejecución de mis posturas, pensó el rey elfo. Se mueve… exactamente igual que yo. ¿Quién diablos es este muchacho en realidad? \> A lo lejos, resguardada tras la barrera arcana, Alefa observaba el enfrentamiento con el corazón en la garganta. Yo continuaba esquivando cada embate con precisión milimétrica. Era una sensación surrealista: sentía como si estuviera contemplando a mi propio reflejo enfrentándose a mí en un espejo de combate. La expresión de Saleh se volvió seria, casi glacial… como si en su mente hubiera encajado las piezas de un misterio antiguo. —Debo reconocer que eres alguien verdaderamente impresionante, muchacho —habló con una voz grave que hizo ecos entre los árboles—. Pero ha llegado la hora… de que conozcas el alcance de una verdadera lanza. El ambiente se transformó por completo. Un aura colosal e imponente se desplegó desde su cuerpo como una marea de sombras y luz divina. Sentí el lecho del bosque temblar violentamente bajo mis botas. La presión mágica se volvió tan aplastante que, por un segundo, mis pulmones se negaron a absorber aire. Pero yo ya me había anticipado a su movimiento. No di un solo paso atrás. En lugar de adoptar una postura defensiva, caminé directamente hacia él mientras el reflejo de su ataque definitivo brillaba en sus pupilas. Saleh parpadeó, desconcertado por mi accionar. Una ráfaga de viento feroz estalló en torno a nosotros. El corte de su lanza se detuvo de golpe… a milímetros de mi cuello. —¿Por qué no intentaste atacar ni defenderte? —me cuestionó con la mirada fría y calculadora. —Porque era consciente de que terminaría perdiendo contra usted, señor Saleh —respondí mirándolo fijamente a los ojos, sin una sola grieta de duda en mi voz—. Y si decidía liberar mi máximo poder para contrarrestarlo… este bosque sagrado habría quedado reducido a cenizas. Y usted comprende esa realidad mejor que nadie. Un silencio denso y pesado descendió sobre el claro. Entonces… Saleh bajó lentamente su arma y esbozó una leve sonrisa. —Lo que dices tiene bastante sentido. Decidiste no levantar tu lanza porque antepusiste la preservación de este lugar sagrado a tu propio orgullo de guerrero. Eres un chico verdaderamente inteligente… aunque innegablemente demasiado arrogante para la edad que tienes. Sus ojos plateados se desviaron levemente hacia un costado, posándose sobre Alefa. —Además —añadí cruzando los brazos—, eche un vistazo a su hija. Si continúa así, va a dejarla traumatizada. Alefa nos observaba desde la distancia con una expresión facial… lisa y llanamente peligrosa. —Oye, papá… —dijo ella con un tono de voz extremadamente dulce, tan meloso que resultaba mortal—: ¿quién demonios te dio el derecho de interrumpir mi día de paseo con Carlos? Me estabas siguiendo a escondidas desde que salimos del palacio, ¿verdad? Saleh tragó saliva ruidosamente. La tensión de la batalla se evaporó en un segundo, sustituida por un peligro cotidiano de un calibre infinitamente superior. —Vamos, hija mía… yo simplemente estaba— —Mírame a los ojos cuando te hablo, padre —lo interrumpió ella, dando un paso al frente con una aura amenazante. El Rey de la Guerra dio un paso hacia atrás de forma instintiva, como si estuviera viendo a la criatura más aterradora del continente. Murmuró con absoluta resignación: —Diablos… le salió exactamente igualita a su madre. Punto de vista de Carlos —Como sea… me alegro sinceramente de que no hayas matado a Tanaka con ese último ataque —comentó Alefa, cruzándose de brazos mientras la barrera que la protegía se disipaba. Saleh dejó escapar una pequeña risa nerviosa. —Además de enfadada, ¿ahora resulta que te volviste adivina? —bromeó intentando aligerar el ambiente—. Pero mira el lado positivo, hija… nadie terminó muerto hoy. Muy al contrario, solo quería poner a prueba su templanza. Y tras ver su reacción, me ha dejado ridículamente claro que… Hizo una pausa deliberada. Sus ojos se fijaron de nuevo en mí con una severidad imponente. Sentí el peso de su mirada evaluando mi alma. —Es a él a quien quiero formalmente como mi próximo discípulo. Y no solo eso… Alefa se giró hacia su padre, abriendo los ojos de par en par. —Espera un momento… no me digas que él… Saleh asintió con firmeza inquebrantable. —Así es. Este muchacho será mi representante oficial. El futuro gran guerrero de la Lanza Lunar. Me quedé helado en mi sitio, procesando la magnitud de sus palabras. —Espere un segundo… ¿qué fue lo que dijo? Yo… yo no puedo aceptar semejante responsabilidad así como así… —Sé perfectamente lo que piensas, chico —respondió Saleh, caminando despacio hacia mí hasta posar una mano sobre mi hombro—. Pero posees una cualidad que casi nadie en este mundo ha logrado cultivar. Tienes aquello que transforma a un simple combatiente en un verdadero guerrero digno. Eché un vistazo a Alefa; su rostro se había iluminado con una ilusión radiante, como si en su mente estuviera visualizando un futuro donde ambos pasaríamos días enteros entrenando y estando juntos. —Entonces… ¿eso significa que yo también…? —preguntó ella con timidez y esperanza. Saleh le sonrió con afecto paternal. —Serás mi discípula… tal y como me lo habías estado pidiendo desde hace tiempo, ¿no es así? Hoy por hoy, no existe nadie con una determinación y una firmeza superiores a la tuya. Eso… es plenamente digno de una guerrera de nuestra estirpe. Pero hay un detalle que no deja de causarme una profunda curiosidad, muchacho… ¿Cómo es posible que domines exactamente los mismos movimientos que yo? Tienes mi mismo estilo de combate, mi misma fluidez. Eso no puede ser una simple coincidencia… ¿Quién demonios eres realmente, Carlos? Tomé un sorbo profundo de aire y bajé la mirada hacia las hojas secas del suelo. —Yo solo soy un estudiante común… que desea volverse lo suficientemente fuerte como para no volver a depender de nadie más. Saleh soltó una carcajada sonora que resonó por todo el bosque. —Esa mentira no se la creerían ni tus propios padres. Pero está bien, respeto tu secretismo. Escúchame con atención, chico: hay acontecimientos en marcha que ni tú ni nadie alcanzan a comprender todavía. La estructura misma de este mundo está tambaleándose. Debes hacerte fuerte… no te permitas mirar atrás jamás. Sigue avanzando sin dudar. Sus palabras se grabaron a fuego en lo más profundo de mi ser. ¿Realmente alguien como yo está destinado a soportar todo este peso?, me cuestioné en silencio. Pero… si de verdad quiero alcanzar la fuerza necesaria para proteger lo que amo, debo intentarlo sin importar el costo. Sin darme cuenta, me quedé mirando a Alefa con una mueca de evidente desconcierto ante la forma en que me observaba. Saleh notó de inmediato la interacción. —Oye, señor Saleh… ¿qué le pasa a su hija? La noto con un humor bastante peculiar… —le murmuré de reojo. —Ni la menor idea, muchacho —me respondió él en un susurro complice—. Pero te daré un consejo de vida: cuando se pone de esa manera, yo simplemente huyo antes de que empiece a pedirme cuentas. —¿Cómo que huye…? Cuando volví a levantar la vista para pedirle una explicación… la posición donde estaba Saleh estaba completamente vacía. Se había esfumado sin dejar rastro. —¿En serio tuvo la audacia de dejarme completamente solo con ella en mitad de este bosque? —suspiré frustrado—. Bueno… no creo que la situación sea para tanto… Me giré despacio para dirigirme a Alefa… Y sin previo aviso, ella se abalanzó sobre mí con todo su peso. Ambos caímos de golpe contra el césped suave. —¡Oye! ¿Te encuentras bien? —le pregunté desorientado, intentando reincorporarme. Su expresión dura había desaparecido por completo; ahora lucía preocupada, con una ternura casi infantil dirigida únicamente hacia mí. —Lamento muchísimo todo lo que acaba de ocurrir… —murmuró ella apenada. —No, para nada… no te preocupes por eso —le respondí acomodándome—. Tu padre solo quería cerciorarse de qué clase de persona era yo. Pero… ¿por qué te lanzaste sobre mí de esa manera? —Bueno… eso… ¡eso es porque…! —balbuceó Alefa, poniéndose roja como un tomate de la cabeza a los pies. El atardecer comenzaba a teñir el Bosque del Destino con una luz dorada y mágica. La brisa vespertina sopló con suavidad, despeinando sus cabellos. Lucía… francamente hermosa. Una chica sonrojada de esta manera… es verdaderamente una vista espectacular…, no pude evitar pensar en el fondo de mi mente. Y sin meditar demasiado el impacto de mis palabras, solté: —No tenía idea de que podías llegar a ser tan… así, Alefa. —¡N-No, Carlos! —exclamó ella completamente descompuesta y agitando las manos en el aire—. ¡No es para nada lo que estás pensando! ¡Solo fue un impulso incontrolable… yo solo… estaba muy preocupada por ti! Aprestó la barbilla contra su pecho para ocultar su vergüenza. El silencio que siguió fue extrañamente cálido y reconfortante. El último rayo de sol iluminó la curva de su rostro. Y fue entonces cuando, esbozando una sonrisa dulce y sincera, me miró a los ojos: —Solo prométeme una sola cosa… Si en algún momento las cosas se ponen difíciles o estás en peligro… no dudes ni un segundo en llamarme. Solo quiero que estés bien. Solo necesito saber que vas a cumplir con una sola promesa: No te mueras. Sus palabras retumbaron como un juramento ancestral sellado por la energía del bosque. El Bosque del Destino parecía estar actuando como testigo místico de nuestra conversación. En ese instante comprendí… que esa no era la única promesa que estaba obligado a cumplir en esta vida. Le debía una promesa sagrada a alguien más. Un legado pendiente… Una verdad dolorosa que debía transmitirle a Melissa sin falta. Lo haré… tan pronto como estemos de regreso en la academia. Pasamos un largo rato disfrutando de la serenidad del entorno, conversando sobre la vida, nuestras aspiraciones y las cargas silenciosas que cada uno llevaba sobre la espalda. Pero hubo un momento en particular que me tomó totalmente desprevenido: cuando Alefa comenzó a cantar en voz baja. Jamás imaginé que su voz poseyera semejante calidez… una paz tan envolvente que parecía capaz de sanar cualquier herida del alma. Las notas fluían con suavidad, integrándose con el murmullo del viento entre los árboles. Y entonces ocurrió algo maravilloso. Diversas criaturas místicas emergieron cautelosamente de la densidad de la arboleda. Algunas atraídas por la belleza de su melodía… o tal vez porque la naturaleza misma deseaba ser espectadora de su canto. Un par de aves de plumaje resplandeciente volaron hacia mí y se posaron sin el menor atisbo de temor sobre mi cabeza y mis hombros. No mostraron agresividad alguna; simplemente se quedaron allí, observándonos en silencio. Era la primera vez en mi vida que experimentaba una conexión tan pura con el entorno… y sin darme cuenta, una sonrisa genuina se dibujó en mi rostro. La noche acababa de convertirse en un escenario celestial… y Alefa era, sin duda alguna, su estrella principal. Los latidos acelerados de mi corazón se apaciguaron. Mis constantes preocupaciones y la sombra de mi pasado se disiparon lentamente. Su voz actuaba como un bálsamo invisible contra todas mis aflicciones. La contemple en absoluto silencio durante minutos que parecieron eternidades. No tenía idea de cuánto tiempo había transcurrido. Solo sentía una serenidad absoluta. —Ya se ha hecho bastante tarde… —murmuré rompiendo el trance—. Quizás sea momento de emprender el regreso hacia el palacio real. Ella se giró hacia mí, un poco sobresaltada. —¿No te parece que la noche ya ha caído por completo, Carlos…? Alcé la vista al firmamento. La luna llena brillaba en su punto más alto, bañando la arboleda en un manto de plata. Efectivamente… la oscuridad nos había alcanzado. Los pequeños animales del bosque comenzaron a internarse suavemente entre la maleza para descansar… pero justo cuando nos disponíamos a ponernos de pie… Un majestuoso caballo espiritual emergió de la penumbra entre los árboles. Su pelaje traslúcido emitía destellos multicolor, como si llevara un arcoíris cautivo dentro de su propia anatomía. Un aura de luz pura lo envolvía por entero; era una visión casi irreal. —Simplemente increíble… —comenté de forma impulsiva, dejando escapar una voz un poco más grave y solemne de lo habitual. Alefa se ruborizó al instante, dando un paso atrás mientras se cubría el rostro con ambas manos. —¿Ocurre algo malo? —le pregunté confundido por su reacción. —N-No… no es nada… —murmuró desviando la mirada hacia las copas de los árboles—. Es solo que… cuando hablas con esa voz tan seria y profunda… me matas dos pájaros de un tiro. No logré descifrar si aquello era un cumplido sobre mi tono o una amenaza velada contra mi persona. Pero me hizo cuestionarme en silencio: ¿habría ya alguien ocupando un lugar en su corazón? ¿Por qué me miraba con semejante intensidad…? \> Pensamientos de Alefa: \> No estoy insinuando para nada que él me guste… pero mientras más tiempo comparto a su lado… más nerviosa me pongo. Mi padre fue sumamente popular durante su juventud… muchas mujeres lo buscaban incansablemente. Pero él solo tuvo ojos para mi madre. ¿Será posible que yo… tenga al menos una pequeña oportunidad con él? \> Alefa observó a Carlos a la luz de la fogata improvisada. Había una sombra persistente en sus ojos… Una soledad inmensa y desgarradora. Era como si el muchacho sintiera que el destino de todo el mundo descansaba sobre sus hombros… Como si estuviera cargando con una cruz invisible para todos los demás. No quiero que continúe viviendo de esta manera…, reflexionó la elfa con opresión en el pecho. Nadie en este mundo debería cargar con una pesadumbre tan desoladora. Aquel sentimiento le trajo a la memoria los relatos sobre el pasado de su padre… En su juventud, Saleh y su grupo de camaradas cayeron en una emboscada ruin. Sus mejores amigos perecieron trágicamente a manos de un grupo de humanos despiadados. Su padre fue el único superviviente que logró regresar a casa… cargando sobre sus espaldas las armas melladas de cada uno de sus compañeros caídos. Aquella culpa lo persiguió como una maldición durante décadas. Precisamente por ese trauma, su padre le tenía estrictamente prohibido abandonar las fronteras del reino. Y en su afán por demostrarle que no todos los humanos eran seres despreciables, ella terminó siendo capturada y secuestrada. Si Carlos no hubiera aparecido milagrosamente para rescatarla… ella habría terminado con un destino aborrecible. Alefa prefirió interrumpir ese hilo de pensamientos, bajando la vista en silencio. En ese momento, el caballo espiritual de colores radiantes se aproximó a ella con delicadeza, frotando su hocico contra su hombro en un gesto de puro afecto. —Eres una criatura preciosa… gracias por intentar darme ánimos —le susurró la elfa acariciando su lomo. El animal se acomodó a su lado con absoluta docilidad, como si reconociera a su auténtica ama. Pero la noche aún guardaba una última sorpresa en el Bosque del Destino. De la densidad de las sombras brotó una segunda criatura majestuosa: un caballo de pelaje totalmente oscuro como el azabache, resplandeciente bajo la penumbra y con unos ojos de un azul eléctrico tan profundo como el cielo antes de una tormenta. La criatura ignoró la presencia de Alefa y caminó con paso firme y elegante directamente hacia Carlos. Él sostuvo la mirada del corcel… y el animal clavó sus ojos azules en los suyos. En ese brevísimo instante, pareció que sus almas se reconocían a través de la eternidad. —Así que tú también te encuentras completamente solo contra el mundo… —murmuró Carlos con una solemnidad helada—. Tú y yo somos exactamente iguales. El corcel azabache dejó escapar un relincho suave y majestuoso. Su pelaje oscuro comenzó a emitir destellos plateados, brillando con la misma intensidad que la luna llena. Alefa lo comprendió de inmediato al observar la escena: aquellos dos seres eran almas gemelas. Ambos solitarios. Ambos cargando sobre sus espaldas una pesadumbre muy superior a la que deberían soportar. Fue entonces cuando el majestuoso caballo oscuro hincó sus patas delanteras, inclinándose con reverencia ante Carlos. Acto seguido, el corcel multicolor de Alefa imitó el gesto, inclinándose respetuosamente ante la joven elfa. El bosque entero quedó sumido en un silencio sagrado. La luna resplandeció con un brillo deslumbrante. Y por primera vez en mucho tiempo… sentí que no estábamos solos en esta batalla. Alefa y yo nos quedamos petrificados en nuestro sitio, contemplando la luna en completo silencio. No hizo falta articular una sola palabra para entender la gravedad del momento. En ese instante preciso, ambos lo percibimos en lo más profundo de nuestro ser: era como si el destino nos hubiera entrelazado a la fuerza… como si nuestras almas hubieran estado conectadas desde muchísimo antes de habernos conocido en esta vida. Dejé escapar un leve suspiro y tomé la mano de Alefa con firmeza. —Es hora de regresar al palacio… —le dije con determinación—. Y para lograrlo a tiempo… no nos queda más remedio que montar estos caballos espirituales. Alefa abrió los ojos de par en par, invadida por un pánico repentino. —¡E-Espera un segundo, Carlos! ¡Yo jamás en mi vida he montado a caballo! —Ah… bueno… —tragué saliva con cierta dificultad—. La verdad es que yo tampoco. Ella me clavó una mirada que transmitía de forma cristalina la pregunta: “¿¡Entonces por qué demonios hablas con semejante serenidad!?” —Pero no hay nada de qué preocuparse, podemos aprender sobre la marcha —añadí, intentando proyectar una valentía que no sentía. —¡¿Aprender sobre la marcha?! ¡¿Aquí mismo?! ¡¿En mitad de un bosque místico a altas horas de la noche?! ¡Eso es sumamente peligroso! —exclamó ella visiblemente alterada. Esbocé una sonrisa confiada como si tuviera la situación bajo control absoluto… a pesar de que por dentro estaba tan aterrorizado como ella. —No te preocupes. En el peor de los casos, si tú te caes… yo me caeré contigo. Estamos en el mismo barco. Alefa soltó un largo suspiro y rodó los ojos con resignación. —…Definitivamente contigo no hay remedio alguno. —Piénsalo de esta forma —continué bromeando para amenizar el momento—: en las antiguas leyendas, nuestros antepasados montaban corceles al amanecer, empuñando sus espadas para enfrentar a la oscuridad sin dudarlo un segundo. Una pequeña carcajada se le escapó a la elfa ante mi comentario… sin embargo, esa sonrisa juguetona comenzó a transformarse paulatinamente. Muy… pero muy lentamente. —Sabes una cosa, Carlos… —murmuró ella entre dientes, con un tono ominoso—. Creo que va a ser muchísimo mejor propinarte una paliza por andar de chistoso. En ese preciso instante, se me congeló la sangre en las venas. Un escalofrío de puro terror ancestral recorrió mi columna vertebral de arriba a abajo. —E-Espera un momento… ¿qué es lo que estás tramando exactamente…? —pregunté dando un paso atrás con verdadero miedo. —Solo voy a… darle su merecido castigo a cierto chico parlanchín… —respondió ella desplegando una sonrisa sumamente peligrosa. Y fue ahí donde comprendí la amarga verdad de las cosas: Ahora entendía a la perfección la razón por la cual Saleh había salido huyendo cobardemente del lugar. Y sinceramente, no quería ni imaginarme cómo debía ser el carácter de su esposa… pero con seguridad era diez veces más aterradora. Alefa apretó su puño con una determinación implacable. Yo levanté los míos en una postura de defensa ridícula, como si tuviera alguna oportunidad de bloquearla. Mi rostro reflejaba la pura expresión de un niño aterrorizado ante la palabra “castigo”. Porque, aunque mi orgullo me impidiera admitirlo abiertamente… A mí no me gusta para nada ser maltratado. Y ella… lo sabía a la absoluta perfección. Continuará.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 87

Estás leyendo el capítulo 87 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.