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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 83 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Al día siguiente, después de la intensa y reveladora conversación que sostuve con mi padre, todo pareció asentarse en un remanso de paz. El aire matutino se sentía sereno, fresco, casi milagroso. Todo parecía… normal. Demasiado normal para el caótico ritmo de nuestras vidas. Hasta que abrí los ojos. La sensación térmica bajo las cobijas era sofocante, y no era para menos teniendo en cuenta la cantidad de cuerpos presionando contra mí. Parpadeé un par de veces intentando aclarar mi visión nublada por el sueño, solo para encontrarme con una escena completamente disparatada. —… ¿Oigan? ¿Qué demonios hacen ustedes tres en mi habitación? —murmuré con la voz ronca por el cansancio. A mi derecha, Yue me estaba abrazando con una fuerza descomunal, descansando su rostro sobre mi pecho como si yo fuera su almohada personal de tamaño real. Pegada a mi lado izquierdo, Karen dormía plácidamente, adueñándose de más de la mitad del colchón como si aquella fuera su cama privada desde siempre. Pero lo que verdaderamente me dejó sin aliento y al borde del colapso mental fue ver a Natsuki, acurrucada cerca de los pies de la cama con una expresión inocente. ¿Ella? ¡Jamás creí que fuera capaz de sumarse a algo semejante! Al parecer, pasar tanto tiempo cerca de Karen le había contagiado la pésima y atrevida costumbre de invadir mi espacio personal sin pedir el más mínimo permiso. Suspiré profundamente, sintiendo cómo el cansancio regresaba a mis sienes. Para la próxima vez… tendré que contratar una guardia real entera para la puerta de mi cuarto, pensé, frotándome la frente. Porque esto ya no es solo cercanía, esto es un abuso flagrante de confianza. Sin embargo, me detuve un segundo a observarlas. Las tres respiraban a un ritmo pausado, sumergidas en un sueño profundo y reparador. Ninguna se movía. Ninguna sospechaba absolutamente nada de lo que pasaba a su alrededor. Una sonrisa malévola y lenta comenzó a dibujarse en la comisura de mis labios. —Esto… se pone sumamente interesante —susurré para mí mismo. Las posibilidades se agolparon en mi mente. Podría despertar a cada una con un grito, o tal vez… preparar algo mucho más elaborado. Una broma digna de recordar. Pasaron varios minutos en los que me quedé inmóvil, analizando el entorno, calculando las distancias, sopesando las probables reacciones y planificando el escenario perfecto con precisión milimétrica. Finalmente, asentí para mis adentros. —Creo que ya sé exactamente lo que voy a hacer. Dos horas después… Las sombras cubrían por completo el entorno. El ambiente olía a humedad, polvo acumulado y un encierro opresivo. Poco a poco, los efectos del hechizo de sueño ligero que les había aplicado comenzaron a disiparse. Las tres chicas comenzaron a despertar de su largo y pesado letargo. Apenas podían despegar los párpados, sintiendo las extremidades entumecidas. Parpadearon repetidamente buscando algún punto de referencia visual, solo para descubrir con horror que se encontraban atrapadas en medio de un recinto completamente oscuro, helado y desconocido. —Oigan… chicas… ¿a-a dónde estamos? —preguntó Natsu, con la voz quebrada y un temblor inocultable que denotaba su pánico emergente. Karen se incorporó torpemente, palpando el suelo de piedra fría. Tragó saliva con dificultad mientras su corazón empezaba a martillear contra sus costillas. —Oye… Yue… Esto no es una de tus bromas pesadas de siempre… ¿verdad? —¡Para nada! —respondió Yue de inmediato, alzando las manos a la defensiva en la penumbra—. Tal vez yo sea juguetona y me guste molestar a papá… ¡pero algo tan espeluznante como esto jamás lo haría yo! Un silencio helado y denso cayó sobre las tres como una losa de mármol. De repente, la atmósfera del lugar cambió drásticamente. Algo comenzó a moverse lentamente entre las sombras más profundas de la estancia. Se escuchaba el eco sutil de pisadas pesadas, el roce susurrante de una túnica contra el suelo y el aliento helado de una presencia que parecía acecharlas desde la nada. —Chicas… esto sí me está asustando de verdad… —susurró Natsu, pegándose a la espalda de Karen. ¡De repente, una figura oscura y gigantesca emergió justo detrás de ellas! Se giraron temblando, centímetro a centímetro, contenidas por el terror más puro. La sombra se alzó sobre sus cabezas, abrió los brazos y una voz distorsionada resonó en la habitación: —¡¡BU!! Las tres emitieron un alarido tan agudo y ensordecedor que pareció retumbar en los cimientos del lugar, como si sus almas intentaran escapar de sus cuerpos. Sin embargo, lo que yo no preví dentro de mis calculados planes… fue que la reacción defensiva de las tres fuese tan desmedida, instintiva y absolutamente explosiva. Porque, impulsadas por el pánico puro y sin darse cuenta de quién era en realidad… las tres liberaron sus ráfagas mágicas al unísono, haciéndome estallar en mil pedazos de luz y fuego. ¡BOOM! Salí disparado del cuarto oscuro convertida la puerta en escombros, atravesando el pasillo en trayectoria parabólica y completamente envuelto en llamas mágicas. Caí al suelo rodando varias veces hasta quedar tendido boca arriba, echando humo por la ropa. En la entrada de la habitación, Yue se asomó tosiendo levemente por el humo, mirando la escena con los ojos muy abiertos. —…Mamá —dijo Yue con una inocencia casi infantil—, creo que esta vez sí te pasaste un poco con ese destello de fuego. —Oh, vamos, pequeña —respondió la mujer aludida, apareciendo a su lado con una sonrisa diabólica y cruzándose de brazos—. Tu padre es rematadamente malo haciendo bromas… ¡solo le devolvimos el favor multiplicador! Aunque… sí. Quizá me pasé un poco de la raya. ¿Qué dirá mi suegra cuando vea esto? Tal vez crea que maltrato a su preciado bebé… Pero no importa. Él me acepta tal como soy, con todo y mi temperamento. Y eso… es algo que jamás me podrá negar. Karen salió detrás de ellas, limpiándose el hollín de la cara y mirándola con una expresión de total incredulidad. —Esta tipa es una perversa absoluta… debería denunciarla formalmente por violencia doméstica y golpeadora de hombres. Natsu dejó escapar un suspiro cargado de diversión, dejando de lado el susto inicial al ver mi deplorable estado. —¿Una vida compartida con ella? Haría cualquier cosa solo para molestar a mi hermano día y noche… deberías enseñarme esa técnica de fuego, Natsu. —¿Te refieres… a cómo usar la magia para maltratar a tu tonto hermano cuando se pase de listo? —Natsu sonrió con malicia refinada—. Cuando quieras. Y así fue como dio inicio una mañana más… una mañana de la que, francamente, hubiese preferido no haber despertado jamás. Rato después, mientras caminaban por los pasillos interiores de la residencia para sacudirse el polvo y el cansancio, la conversación tomó un rumbo distinto. —Oye, Karen… por cierto, dime una cosa: ¿a dónde irá tu hermano hoy? —preguntó Natsu, frunciendo el ceño con una visible inquietud reflejada en la mirada—. Parece que ha estado actuando muy misterioso desde anoche. —En verdad no sé nada concreto —respondió Karen acomodándose el cabello—, pero… una elfa entró a su habitación ayer tarde. —¿¡Qué!? —Natsu se detuvo en seco, abriendo los ojos de par en par—. ¿¡Una elfa entró a su habitación privada!? Debes estar bromeando… dime que estás bromeando. —No es ninguna broma —contestó Karen con firmeza. Y, al decir la verdad, una sonrisa burlona y juguetona se dibujó en su rostro—. Debo admitir que esa mujer es demasiado hermosa… y destaca por dos grandes razones que saltan a la vista. Natsu bajó la mirada de inmediato. Sus mejillas ardieron en un rojo tan intenso y rápido que parecía un tomate a punto de estallar por la presión de sus celos y su molestia contenida. Apretaba los puños a los costados, incapaz de articular palabra. —Pero no te preocupes tanto, mamá —habló Yue, interviniendo para romper el ambiente denso y cargado de tensión que se había formado—. Ella solo vino a hablar de asuntos oficiales y muy importantes… aunque, para serte sincera, yo escuché absolutamente todo lo que hablaron ayer… y también todo lo que hicieron. Natsu dejó escapar un largo suspiro de alivio, relajando los hombros de golpe. —Me alegro de que al menos alguien esté al pendiente de los pasos de Carlos —dijo Natsu con total sinceridad—. Hiciste un gran trabajo de supervisión, Yue. Con una leve y cálida sonrisa, Natsu se acercó a la pequeña y le acarició las mejillas con ternura, expresándole todo su agradecimiento sin necesidad de recurrir a más palabras. —Bueno… es hora de ir a desayunar, se me está haciendo tarde —mencionó Yue cambiando de tema. —Tienes toda la razón, no hemos probado bocado —respondió Natsu recobrando el ánimo—, pero me alegra mucho que nosotras tres estemos pasando tiempo y divirtiéndonos juntas. Esto me trae una paz inmensa… hace que todos los grandes problemas del mundo se desvanezcan por un momento. Aunque, pensando en el futuro… tal vez debería enfocarme seriamente en mi entrenamiento… ¿podrías ayudarme con eso, Karen? —Ah, por supuesto… ¿pero exactamente en qué área quieres mejorar? —preguntó Karen con curiosidad. Natsu bajó la mirada, mostrándose un tanto tímida e insegura. —Es que… quería que me ayudaras específicamente con el manejo de la esgrima. La verdad no soy nada buena con la espada, ya que será la primera vez en mi vida que tome este tipo de lecciones formales. Karen pareció recordar algo importante de golpe. —¿Recuerdas lo que mencionó el profesor el otro día sobre la evaluación? —Ah, te refieres al torneo del festival. Sí, escuché varios rumores entre los pasillos… pero según tengo entendido, todavía faltan como cinco meses para que se lleve a cabo. —Ahora que lo mencionas con calma, deberíamos buscar a alguien con verdadera experiencia que nos ayude a entrenar duro. Mis padres están demasiado ocupados con los asuntos diplomáticos como para pedirles tiempo. —¿Y si le dices a tu maestro de armas? —sugirió Natsu iluminándosele el rostro. —Hace bastante tiempo que no lo veo ni sé de su paradero… pero sería una excelente idea. Déjame ver si logro localizarlo más tarde. Yo te aviso para que me acompañes a buscarlo. Hubo un breve silencio entre ambas. El tono informal de la charla comenzó a disiparse y la mirada de Karen se volvió sensiblemente más seria y profunda. —Pero… hay cosas de extrema gravedad que debo decirte, Natsu. Se trata sobre lo que averigüé ayer por la noche… cuando hablé a solas con mi madre. Te contaré detalladamente lo que revelamos… Sin perder tiempo, Karen comenzó a relatar con hilo de voz cada uno de los descubrimientos, los secretos antiguos y las sombras que comenzaban a acecharlos. —Ya veo… —murmuró Natsu al cabo de unos minutos, con un tono sombrío y profundamente preocupado—. Así que eso fue lo que pasó en realidad… no debías haber cargado con todo eso tú sola. En este tipo de guerras, todo puede ocurrir en el momento menos pensado. Pero lo que me deja helada e inquieta… fue cuando ella mencionó directamente a Astaroth… y a los Abismales. Entonces… aquel día de la invasión… ¿ese sujeto ni siquiera peleó en serio contra nosotros? ¿Acaso solo fuimos simples piezas insignificantes en su gigantesco tablero de ajedrez? Karen permaneció en silencio, mirando al suelo. La atmósfera alrededor de ambas se volvió densa, pesada, sofocante. Sin embargo, Natsu sabía que debía mostrarse fuerte para animarla, especialmente si Karen no estaba dispuesta a rendirse todavía. Ella es sumamente importante para su hermano…, pensó Natsu mientras observaba a su compañera. Y tengo perfectamente claro que él se pondría exactamente en la misma posición de riesgo por protegerla a ella. Carlos es tan diferente a los demás… Siempre lo veo caminando solo, cargando con todo sobre la espalda, aunque intente disfrazar su soledad con sonrisas y bromas absurdas. Siempre lo observo detenidamente desde la distancia… y me da la angustiosa sensación de que, en el fondo, habita en un desierto. O tal vez… hay algo demasiado oscuro que lo mantiene trágicamente alejado de todos nosotros. —Vamos, Karen —dijo Natsu esbozando una sonrisa forzada mientras empujaba la gran puerta de madera—. Hay que salir ya de esta habitación y dar la cara al día. Ambas caminaron juntas por el pasillo principal y comenzaron a descender las amplias escaleras de piedra. El ambiente en la residencia estaba tranquilo… demasiado tranquilo para ser verdad. Al llegar al gran comedor principal, notaron que la mesa ya estaba ocupada. Shiro, Mío, Mei, Miguel y Gojo se encontraban allí, disfrutando del desayuno mientras platicaban animadamente sobre diversos temas. —¿En serio tuviste esa clase de entrenamiento salvaje en las montañas, Miguel? —preguntó Gojo con los ojos brillando de emoción y los puños apretados sobre la mesa—. ¡Qué envidia te tengo, hermano! Con una rutina así, al menos estás garantizando volverte muchísimo más fuerte. Sin embargo, Shiro interrumpió la conversación abruptamente. Miró a Gojo de reojo y dejó ver una sonrisa helada, casi amenazante. —Eh… hablas mucho de volverte fuerte, Gojo… pero si siempre que me ves aparecer en el campo de práctica, sales huyendo de mí como un cobarde. Gojo se quedó callado al instante. La sonrisa entusiasta de su rostro desapareció por completo. Algo en su mirada cambió de manera drástica, como si sus expresiones se hubieran congelado bajo una capa de hielo. —Bueno… pero ayer te vi caminando completamente sola por el patio, Shiro —dijo Gojo intentando usar un tono jocoso y gracioso para romper la repentina tensión del aire. Para Shiro… ese comentario y ese tono no resultaron en absoluto graciosos. Su rostro se ensombreció. Bajó la mirada, apretando la mandíbula con una expresión de absoluto rechazo y dolor contenido. —Eres un verdadero idiota, Gojo… —murmuró con una voz helada que hizo estremecer la mesa. Se levantó de su asiento de golpe, haciendo chocar la silla contra el suelo. Caminó a pasos agigantados… casi corriendo en dirección a la salida, pasando justo por el lado donde Karen y yo veníamos llegando. El ambiente del comedor se tensó de inmediato de forma sofocante. Todos los presentes se quedaron absolutamente callados, mirando el plato o la puerta. Era como si el aire de toda la estancia hubiera cambiado de densidad. Miguel fue el primero en romper el martirizante silencio, mirando a Gojo con una firmeza severa. —No debiste haber dicho eso, Gojo. Tal vez ella tuvo un pésimo día ayer… ninguno de nosotros sabe realmente por lo que está pasando o lo que le ocurre por dentro. Gojo dejó escapar un suspiro pesado, rascándose la nuca con visible incomodidad y remordimiento. —Eso lo tengo perfectamente claro… pero juro que no fue mi intención hacer que le afectara de esa manera. —Hay cosas y límites que debemos aprender a respetar —respondió Miguel con tono maduro—. Hay temas de conversación que, si una persona evita de forma tan marcada… es porque tal vez se siente profundamente sola. O porque está intentando ocultar una herida grande. Deberías ir a disculpararte seriamente con ella. Es lo mínimo que corresponde, me parece a mí… Mío intervino en la platica, aportando una mirada sincera y empática mientras observaba el pasillo vacío por donde Shiro había desaparecido. —Sé que todo esto es brutalmente duro para ella. Lo digo porque… aunque nosotras nunca hemos hablado de cosas personales ni somos íntimas… al verla detenidamente desde más cerca… Shiro siempre se esfuerza por parecer alegre ante los demás. Es una chica divertida, hermosa, sumamente inteligente… pero muy dentro de ella… habita una soledad gigantesca. Una oscuridad pesada que nadie se toma el tiempo de ver. El silencio volvió a adueñarse de la mesa por varios segundos. Todos escuchaban con atención; nadie se atrevía a interrumpir sus palabras. —Todos en este lugar pasamos por traumas o pérdidas similares —continuó Mío en voz baja—. Precisamente por eso deberíamos hacer el esfuerzo de volvernos más cercanos a ella… porque no es justo dejar a nadie solo en su propio infierno. Y menos a alguien que da la impresión de que podría romperse en cualquier momento cuando más necesite un apoyo… —Tienes toda la razón —añadió Melissa, con el rostro desencajado por la preocupación—. Ella se esfuerza enormemente todos los días por mantener su faceta amistosa y firme… pero tal vez… por dentro cree que debe cargar con absolutamente todo el peso del mundo ella sola. Es una maravillosa persona… solo que… le han ocurrido demasiadas cosas horribles en su vida. Mientras tanto, en la zona exterior del recinto… Lucia se encontraba de pie en el amplio patio trasero, observando la hermosa y serena vista de los jardines floridos mientras sostenía con ambas manos una taza de té bien caliente. La brisa de la mañana era suave y tranquila… demasiado tranquila para lo que estaba por acontecer. Bueno, al menos el día de hoy tengo algo de tiempo libre para mí…, pensó en medio de su meditación. Podré continuar sin interrupciones con mi rutina de entrenamiento mágico. Presiento que la jornada de hoy será muchísimo más intensa que la de ayer… pero sé que valdrá totalmente la pena. No debo darme el lujo de dejar de mejorar ni un solo segundo. Sin embargo, a pesar de sus pensamientos determinados, un peso opresivo continuaba alojado en el fondo de su corazón. Una inquietud amarga que no la dejaba respirar con plenitud. “¿Estarán bien mis padres en el reino?”, se preguntó a sí misma, alzando la vista hacia el cielo despejado con profunda aflicción. “Siempre les envío cartas de manera constante… les detallo minuciosamente todo lo que me ha pasado en la academia y aquí… pero últimamente no he recibido ni una sola respuesta de su parte. ¿Qué es lo que debería hacer si algo malo les ocurrió? ¿Por qué… siento este miedo tan paralizante rondando mi pecho?” De pronto, el ambiente cambió drásticamente. La brisa matutina dejó de soplar de golpe. El follaje de los árboles quedó inmóvil. Y en ese preciso instante… Un ruido seco y ensordecedor, similar a un destello de energía comprimida, cortó por completo la paz del patio. —¿Qué diablos fue eso…? —Lucia giró rápidamente la cabeza hacia la estructura principal de la casa. Una figura humana salió disparada desde uno de los ventanales superiores, atravesando el aire a la velocidad de un proyectil militar. Se aproximaba en trayectoria directa hacia donde ella estaba parada, sin frenos y a una velocidad aterradora. A Lucia se le detuvo el corazón en el pecho. Era Carlos. Y venía cayendo exactamente sobre su posición… sin la menor posibilidad de que ella pudiera esquivarlo a tiempo. No tuvo el menor margen de reacción. ¡BOOOOOOM! Un impacto brutal y estruendoso resonó por cada rincón del patio exterior. La tierra del jardín saltó por los aires y una densa nube de humo gris y polvo se elevó en forma de hongo, cubriéndolo todo a varios metros a la redonda. Ambos quedaron tendidos en el suelo, sepultados bajo una capa de tierra fresca, como si hubieran sido enterrados vivos por una detonación de artillería. —Ay… ay… ay… eso sí que me dolió hasta los huesos —gruñó Carlos con la voz quebrada, tratando de recuperar el aliento entre la polvareda—. Definitivamente no pensé que Natsu fuera a reaccionar atacando con semejante fuego estando asustada… debí haber tomado lecciones previas con Gojo, ese sujeto sí que sabe cómo planear y ejecutar buenas bromas sin terminar moribundo… Sin embargo, Lucia, que estaba tirada justo debajo de él, comenzó a mirarlo con una furia implacable. Apretaba los dientes con tal fuerza que parecía que se le iban a romper. —Oye… pedazo de imbécil… ¿podrías tener la amabilidad de quitar tus sucias y asquerosas manos… de mi pecho izquierdo? Carlos se congeló en el acto. Lentamente, bajó la vista hacia su mano izquierda, la cual estaba firmemente posada sobre una zona sumamente blanda y delicada. —¿Eh… pecho?… Ah, bueno… esto es un tremendo malentendido técnico… sin embargo… Carlos, por puro instinto torpe, cerró los dedos y apretó ligeramente. —Tengo que admitir que… qué suaves son… Un silencio mortal y aterrador se apoderó del patio. El rostro de Lucia se tiñó de un rojo violento y abrasador… pero no era por vergüenza o timidez. Era el tono de la ira pura y absoluta. —Maldito… estúpido… pervertido… —susurró Lucia con una voz rasposa y cortante que prometía la muerte. De inmediato, decenas de orbes de luz verde brillante comenzaron a manifestarse a su alrededor, chisporroteando con energía mágica descontrolada y lista para detonar. Carlos tragó saliva con una dificultad enorme, viendo cómo los orbes lo rodeaban por completo. —Creo que… aquí y ahora es donde verdaderamente voy a tener mi funeral… Todos los ataques mágicos se dispararon al mismo tiempo sobre él, como una lluvia implacable de proyectiles destructivos. El cielo del patio se iluminó por completo con ráfagas verdes y doradas, semejante a un espectáculo dantesco de fuegos artificiales. ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! Una explosión final masiva hizo temblar los cimientos de la casa entera. Cuando el humo finalmente se disipó, Carlos yacía tirado en un cráter, literalmente hecho polvo y echando chispas por la ropa reducida a harapos. “Este absoluto idiota… ¿acaso no tiene la menor noción de lo que es el respeto?”, suspiré con un cansancio infinito mientras me sacudía la suciedad del vestido. “Bueno… viéndolo bien, se lo tenía bien merecido por degenerado y pervertido.” Me dejé caer sentada sobre el césped por un segundo, respirando con dificultad mientras el calor de mi rostro no cedía. “Ese tipo de verdad no tiene el menor remedio…”, pensé, llevándome una mano al pecho. “Pero… cuando puso su mano ahí… me sonrojé de una manera horrible. No entiendo por qué… ¿por qué demonios sentí esa calidez tan extraña recorriéndome el cuerpo?” Sacudí la cabeza rápidamente para espantar esos pensamientos. —Debería ponerme a limpiar todo este desastre de inmediato… o los demás pensarán que fui yo la loca que provocó semejante alboroto sin razón. Ni modo… me toca reparar el jardín. Mientras tanto, en el otro extremo de la propiedad… La última explosión de Lucia no solo había dejado a Carlos en el suelo, sino que el impulso residual lo había mandado volando por encima de la valla trasera, directo hacia las heladas aguas del río adyacente. ¡PLASH! Cayó de golpe contra la corriente, hundiéndose varios metros antes de salir a la superficie pataleando y echando agua por la boca, respirando desbocadamente como si acabara de regresar del reino de los muertos. Nadó torpemente hasta la orilla y se arrastró sobre los guijarros, boca arriba y completamente empapado. —Definitivamente hoy no estoy teniendo un buen día… —murmuró Carlos mirando al cielo con los ojos desorbitados—. Primero el ataque combinados de Natsu y las chicas… ahora el castigo pirotécnico de Lucia… ¿qué es lo que sigue en la lista? ¿Que me caiga un rayo del cielo… como si nada? Carlos se quedó mirando fijamente las nubes. En ese preciso milisegundo, el cielo se nubló de forma antinatural, un relámpago azul cruzó el firmamento y un rayo destructor descendió en línea recta, golpeándolo de lleno en medio del pecho. ¡ZAP! Carlos quedó completamente achicharrado, inconsciente y flotando plácidamente sobre la superficie del agua del río durante un buen rato. Regresando con Shiro Estoy hecha un absoluto desastre. Solo he estado corriendo y huyendo cobardemente de mis propios problemas… Hay sombras del pasado que, por más que me esfuerce, jamás podré borrar de mi mente. Una sonrisa amarga y profundamente triste se dibujó en mi rostro mientras me apoyaba contra la pared del pasillo. Estaba agotada emocionalmente… habían ocurrido cosas horribles en mi historia que nunca jamás podría deshacer o reparar. Hubo una chica… una persona maravillosa a la que conocí hace más de mil años. Desde que éramos unas niñas pequeñas, fuimos las mejores amigas, verdaderas almas gemelas e inseparables… siempre juntas en cada paso, compartiendo risas, sueños y secretos. Pero cuando la gran guerra de aquel entonces estalló… Para ese momento, ya éramos unas adolescentes. —Oye, Shiro… ¿por qué siempre tienes esa costumbre de estar tan pensativa y distante? —dijo aquella voz suave a mi lado. Su sonrisa radiante a veces resultaba un poco fastidiosa… pero era la única luz capaz de hacerme sentir bien en medio del caos. —No es nada importante… solo estaba examinando detenidamente el mapa de un libro antiguo que encontré en la sección prohibida. —¿Ese no es el famoso mito del Caballero Solitario? —Así es… ¿cómo es que lo sabes? —pregunté, mirándola con sincera curiosidad. Ella se puso visiblemente nerviosa, jugando con las puntas de su cabello. —No… no es nada especial… solo lo había escuchado mencionar por ahí a los ancianos. Por cierto… ¿puedo sentarme a tu lado a leer? —Por supuesto que sí —respondí dejándole ver una sonrisa leve. Pasamos horas enteras sumergidas entre las páginas de los tomos de la gran biblioteca. Al caer la tarde, salimos a tomar el aire y caminamos juntas por el sendero iluminado hasta llegar a las raíces del legendario Árbol de los Milagros. —¿Este es de verdad…? —dije deteniéndome, admirando sus hojas luminosas con asombro. —Sí —respondió ella, contemplando la copa del árbol con una calma infinita—. Es el árbol ancestral donde las personas se confiesan sus más profundos sentimientos… donde dejan atados sus deseos y metas para el futuro, Shiro. Luego se giró hacia mí… y me miró con una calidez tan pura que jamás, ni aunque viva diez mil años más, podré olvidar. —Quiero que hagamos una promesa sagrada de amigas. —¿Una promesa? —pregunté en un tono medio en broma, alzando una ceja. —Sí, hablo en serio. Todos en este mundo tienen un deseo que anhelan cumplir… y yo, como tu mejor amiga del alma… quiero prometerte que haré lo que sea para que vivas una vida plena y feliz. Me quedé en absoluto silencio. No supe qué responder ante semejante declaración. —Shiro… no puedes continuar intentando ocultar tus verdaderos sentimientos detrás de esa fachada. Eres sumamente buena escondiendo tu dolor ante los demás… pero a mí jamás podrás engañarme. Sé perfectamente que por dentro estás destrozada y sufriendo… porque te he estado observando con atención durante años. Sentí un nudo sofocante en la garganta. El aire pareció faltarme por completo. —No estás sola en este mundo. Me tienes a mí —dijo ella, dando un paso adelante y tomando mis manos entre las suyas—. Siempre estaré a tu lado, pase lo que pase. Es una promesa de por vida. Nuestras miradas se cruzaron… y lo que vi reflejado en el fondo de sus ojos… fue un amor sincero y desinteresado. El amor incondicional de una verdadera amiga del alma. Pero el tiempo fue despiadado… Y tiempo después… Ella murió. Fue brutalmente asesinada a manos del Dios Nocturno. Jamás en mis peores pesadillas me imaginé… que algo tan atroz pudiera ocurrirle a alguien tan pura. Luchamos juntas con todas nuestras fuerzas contra ese ser malévolo. La batalla parecía interminable, un infierno de sangre y destrucción. Hasta que la vi… ser atravesada y destrozada en mil pedazos frente a mis propios ojos. Fue… sin lugar a dudas, el dolor más desgarrador y agónico de toda mi existencia. Con sus últimas fuerzas, manteniendo a duras penas la conciencia, me habló con un hilo de voz: —Shiro… pase lo que pase a partir de hoy… cumple nuestra promesa. No te encierres en la soledad. Vive una vida feliz… encuentra a personas que entiendan tu dolor y te acompañen… —¡No…! —grité en un alarido de pura desesperación, intentando sostener lo que quedaba de ella—. ¡No lo hagas! ¡Por favor, no me dejes sola! ¡No me abandones! Nuestras miradas se cruzaron por última vez en este mundo. —Gracias… por haberme permitido ser tu amiga del alma, Shiro… Reuniendo el último vestigio de su energía mágica, activó un hechizo prohibido de teletransportación forzada… y me expulsó del campo de batalla. Dejándome a salvo… pero completamente sola. El silencio que siguió a su partida fue oscuro, sepulcral… y un vacío insondable me consumió por completo por dentro. Ese fatídico día… perdí lo más valioso que tenía en mi camino. Mi Odio y mi rabia fueron tan colosales… que mi poder mágico se descontroló salvajemente, desencadenando un cataclismo que destruyó por completo aquella región. Fue en ese instante de pura oscuridad… cuando tomé la decisión de mi vida: Vengarme. Buscar a ese ser y matarlo… con mis propias manos. Entrené sin descanso durante siglos. Mil largos y agónicos años de entrenamiento inhumano. Al final de ese camino de sangre, ingresé a la Gran Academia junto a mi hermano mayor, quien siempre estuvo a mi lado intentando cuidarme. Él fue la única persona que se tomó el tiempo de escuchar mis temores más profundos… y el día que finalmente reuní el valor para contarle toda la verdad… corrió a abrazarme con todas sus fuerzas. Su llanto aquel día… fue desgarrador. Tiempo después, en ese mismo lugar, conocí a Hina… una chica que cargaba exactamente con el mismo tipo de dolor y pérdida en la mirada. El día de la prueba de aptitud, cuando ella tocó la esfera de evaluación… esta se rompió en mil pedazos debido a la inestabilidad de su energía. Sentí una profunda curiosidad por ella… pero cuando nuestras miradas se cruzaron por primera vez… le hablé con una frialdad distante. Me negaba rotundamente a entablar amistad con nadie más… porque sabía que si llegaba a quererla y luego la perdía… no sería capaz de soportarlo una segunda vez. Pero luego… conforme pasaron los días… su sonrisa tan luminosa… me recordó de forma inevitable a ella. Hay cosas que simplemente no puedo sacar de mi cabeza… La sola idea de llegar a perder a Hina aún me tormenta las noches. Cuando ella viajó a aquel conflicto en el Reino del Sol y regresó… gravemente herida. Tan devastada físicamente que tuve un pánico terrible de que jamás volviera a levantarse de esa cama. Recuerdo haberle exigido a Josué que me contara exactamente qué era lo que le había sucedido. Él me detalló todo lo ocurrido… y lo que ella había tenido que sacrificar y perder en ese horrendo lugar. En ese preciso instante, sentí cómo algo hirvió con furia dentro de mis entrañas… Rabia. Una rabia tan opresiva e intensa… que no sabía si ponerme a gritar hasta quedarme sin voz, llorar desconsoladamente o simplemente salir y destruirlo todo a mi paso. Meses después de aquellos eventos, mi hermano y yo tomamos la decisión de abandonar la academia por diversos motivos personales. Lo que nunca me imaginé fue que alguien más decidiría acompañarnos en ese viaje. Una chica misteriosa que caminaba siempre en absoluto silencio… como si intentara convencer al mundo de que no existía. Su nombre era Mikoto. Sin embargo, tiempo después, ella simplemente desapareció de nuestras vidas sin dejar el menor rastro. Mi hermano intentó por todos los medios obtener respuestas sobre su paradero… pero al final, lo único que pudo decir con amargura fue: —Todo sucedió demasiado rápido… no pudimos hacer nada. Actualidad En el presente. Me encuentro sentada en el amplio marco de madera junto a la ventana de la sala principal, contemplando el horizonte y el cielo azul. Quizás sea una actitud tonta y melancólica… viniendo de alguien como yo. Pero simplemente no puedo evitarlo. “Vive una vida feliz.” Esa fue la última promesa que me pediste… y la única que jamás he logrado cumplir. No sé si milagrosamente lograste sobrevivir de alguna manera después de teletransportarme lejos de ti aquel día… Pero si por un milagro de los dioses sigues con vida en algún rincón de este mundo… Juro que haré pagar con sangre a ese monstruo por cada uno de sus crímenes. —Oh… vaya, no pensé que estarías aquí sola, Shiro —la voz suave de Hina interrumpió abruptamente el hilo de mis pensamientos. Entró a la estancia a pasos silenciosos y me miró con una expresión apacible y comprensiva. —¿Está todo bien por aquí? —No es nada preocupante… solo necesitaba tomar un poco de aire fresco y despejar la mente. —Ya veo… —dijo Hina observándome con detenimiento—. ¿Te molesta si me siento a tu lado un momento a hacerte compañía? Asentí en silencio. Hacía bastante tiempo que no teníamos una conversación tranquilamente a solas. —La última vez que estuvimos así de relajadas fue cuando fuimos a la academia de mi hijo, ¿te acuerdas? —comentó Hina esbozando una sonrisa nostálgica. —Tienes toda la razón —respondí, dejando escapar una débil sonrisa—. ¿Aún recuerdas la época en que te aterraban de muerte las arañas pequeñas? Ella soltó una carcajada limpia. —¡Oye! No te burles, tú tampoco te quedas para nada atrás. Tú también tienes tus propios traumas ridículos… aunque a decir verdad, la persona que más me traumó en la vida fuiste tú cuando me obligabas a pasar noches enteras estudiando para los exámenes. —Eso lo hacía porque siempre te la pasabas dormida a mitad de las lecciones —dije erguirme con orgullo y dándome aires de superioridad—. Si no hubiese sido por mi rigor, habrías reprobado absolutamente todas las materias del año. —Quizás tengas razón… pero gracias a tus regaños aprendí muchísimo. Mejoré de forma increíble en mis calificaciones. —Eso solo demuestra que nunca nada está verdaderamente perdido. Solo hay que tener la voluntad de intentarlo —murmuré con profunda sinceridad—. Por cierto… me gustaría que fuéramos a divertirnos a la ciudad el próximo fin de semana. Escuché que hay un evento cultural muy popular de moda… ¿te gustaría ir conmigo? —Definitivamente no has cambiado en absoluto, Hina —dije mirándola fijamente con una sonrisa sincera. Esa sonrisa suya tan transparente… siempre resultaba tan cálida y reconfortante. —Por supuesto que no —respondió ella alegremente—. Ya estoy más que acostumbrada a estar a tu lado. Y me alegra enormemente ver que sonríes y te ríes conmigo… verte bien me da una paz indescriptible. —Y dime… ¿cómo va tu entrenamiento personal, Hina? —Vamos avanzando a buen paso… gracias a los consejos que me diste logré finalmente estabilizar y controlar mi flujo de poder. ¡Aunque me tomó más de veinte años lograrlo… eso es completamente injusto! —se quejó haciendo un berrinche como si fuera una niña pequeña. —No seas tan dramática —reí suavemente. Pero de pronto… lo vi. En un abrir y cerrar de ojos, la expresión de Hina cambió radicalmente. Apareció esa sonrisa retorcida y malvada. —¿Sabes algo, Shiro? ¿Quieres que revivamos un poco los viejos tiempos? —dijo con un tono siniestro y juguetón—. ¡Como aquella famosa ocasión en la que me mentiste diciéndome que ya eran las nueve de la mañana para hacerme correr descalza… cuando ni siquiera había empezado la primera clase! Todo mi cuerpo se tensó de golpe. Sentí un escalofrío recorriéndome la columna. —Hina… por favor, no desempolvemos temas del pasado… Ella se acercó a paso lento y apoyó ambas manos con firmeza sobre mis hombros. Su mirada fija infundía un auténtico terror. —No seas tímida, mi querida Shiro. Siempre fuiste sumamente mala y cruel conmigo en la academia… pero finalmente ha llegado la hora de cobrarme esa vieja deuda con intereses. Me levanté del asiento muy despacio, midiendo la distancia… y en un segundo, salí disparada corriendo por el pasillo como si mi propia vida dependiera de ello. —¡¡Esa loca de verdad quiere vengarse por lo de la clase de hace años!! ¡¡Debo escapar de aquí de inmediato!! —¿A dónde crees que vas tan de prisa? —gritó Hina corriendo justo detrás de mí con una sonrisa desquiciada y divertida—. ¡No intentes huir de mí… simplemente déjate querer y acepta tu castigo, Shiro! —¡¡Eres una persona MUY mala y rencorosa conmigo!! —¡Prometo que solo será un castigo de unos pocos minutos…! —¡¡Mientes con todos los dientes!! —grité a todo pulmón mientras atravesaba la puerta principal a toda velocidad. Continuará.
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Estás leyendo el capítulo 83 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.