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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 82 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 82: Sombras de la traición, el despertar de la verdad y el peso del linaje Punto de vista — Carlos (La visión de la ejecución) ¿A dónde estoy…? El lugar es completamente oscuro, helado y silencioso. El aire pesa como si estuviera sumergido en agua salada. ¡¿Pero qué… es esto?! Mis manos no responden, flotan en la nada. Esta vibración en el ambiente… ¡son los recuerdos de Yuki! Espera un momento… si esto son sus recuerdos, entonces debo prestar atención. Ella me estaba observando en aquel entonces… justo cuando fui ejecutado en mi vida anterior. Una risa desagradable, áspera y chillona rompió la penumbra. Reconocí de inmediato esa voz: era Kronos. —Fue tan explícito matar a Carlos —rió con abierta malicia, paseándose frente a los demás—. Tal como lo esperaba… fue ridículamente fácil hacerle creer que lo quería como a un hermano. Solo dejé que las cosas fluyeran, mostrándome comprensivo, y así lo mantuve bajo mi absoluto mando sin que sospechara jamás. Era un estorbo para mis verdaderos planes. Tarde o temprano descubriría mi verdadero objetivo… conquistar todos los reinos y volverme invencible. Cada una de sus palabras me quemaba el alma como aceite hirviendo. —¿En verdad tenías que hacerlo de esa forma, Kronos? —dijo Charlotte, con la voz completamente destrozada y lágrimas corriendo por sus mejillas—. ¿Por qué tuvimos que hacerle algo así? Él no tenía la culpa de nada… siempre estuvo para nosotros… —Mejor cierra tu maldita boca, perra —gruñó Kronos, volviéndose hacia ella con los ojos encendidos en ira—. No estoy de humor para escuchar tus llantos hipócritas. —Ten algo de respeto… Kronos… —intervino Kratos. Su voz sonaba apática, vacía, con la mirada apagada como si alguien le hubiera arrancado la luz y el alma de los ojos—. Carlos… en verdad lo siento tanto… Al escuchar sus palabras, bajé la mirada dentro del plano espiritual. Ellos… a pesar de la crueldad de la escena, todavía seguían siendo mis amigos en el fondo. Fueron obligados a traicionarme; las sombras de Kronos los tenían acorralados. ¿Pero qué hay de Drako, Óscar y Ascan…? De seguro ellos sí estuvieron completamente de acuerdo con el plan de mi hermano desde el principio. Se dejaron sobornar por una porción de poder… ¿pero por qué llegar a semejante extremo? —Es tal como dice Kronos —respondió Drako cruzándose de brazos, mostrando un desdén absoluto—. Carlos era un problema colosal para nuestros proyectos. Ustedes no tienen idea de lo mucho que costó manipularlo sutilmente para que acabara con nuestros enemigos más peligrosos sin pedir explicaciones. Solo era una herramienta conveniente. Y cuando una herramienta deja de ser útil… simplemente se destruye y se arroja a la basura. Ascan y Óscar asintieron al unísono, con rostros fríos e indiferentes. —Vamos, chicos, no empiecen a pelear ahora que logramos la victoria —dijo Óscar con una sonrisa cargada de cinismo—. Ya nuestros planes se hicieron realidad… ¿o no es así, Gabriel? Dirigí la vista hacia Gabriel. Se veía absurdamente satisfecho, feliz con el trato que había recibido a costa de mi sangre. —Al contrario —dijo Gabriel con voz pausada y elegante—. Fue gracias a tu intervención que pude regresar de las sombras a este plano terrenal. Ya era hora de acabar con la molestia que representaba Carlos… Pero Kronos, ahora que lograste lo que querías y te deshiciste de él… deberías cumplir de inmediato tu parte del trato conmigo. —Tranquilo, Gabriel. No te impacientes —respondió Kronos dándole la espalda—. Más tarde te lo recompensaré como es debido. Por ahora… debemos abandonar este sitio antes de que la energía residual atraiga atención no deseada. Charlotte y Kratos agacharon la cabeza, aplastados por la culpa. Tiempo atrás, ellos fueron más que simples camaradas. Fueron mis hermanos de armas. Recordé los días en que fui humillado, pisoteado y calificado como un perdedor sin nada especial. Ellos fueron quienes me levantaron, quienes me hicieron creer en mi propio valor y me devolvieron la esperanza de luchar. Pero jamás fui capaz de ver el dolor desgarrador que cargaban en silencio… Y entonces, cuando la desesperación amenazaba con consumirme, la voz de Yuki explotó en el recuerdo como un trueno que resquebrajó el cielo: —¡Kronos! ¡Maldito traidor de porquería! —rugió Yuki desde el borde del abismo—. ¡¿Cómo te atreviste a matarlo de esa manera?! ¡¿Acaso mi señor tenía que morir ejecutado como un criminal?! ¡Para él… tú lo eras TODO! ¡Le diste la espalda a quien te dio un hogar! ¡En verdad, Kronos… eres la basura de persona más despreciable que existe! —¡¿Por qué le hiciste eso a Carlos?! —grité yo mismo en el recuerdo, desesperada por la impotencia—. ¡Verlo ejecutado frente a mis ojos fue el mayor dolor de toda mi vida! ¡Alguien con un corazón tan puro… no tenía por qué acabar así! La oscuridad alrededor se volvió aún más fría. El recuerdo dejó de ser una imagen para convertirse en dolor físico purificador. Kronos se giró despacio, observando a Yuki con unos ojos vacíos de toda humanidad. —Oh, vaya… pensé que mi ataque inicial había acabado con todos ustedes —dijo con una sonrisa burlona—. Me equivoque. Ese maldito idiota de mi hermano no fue capaz ni de asegurar a su propia gente. No sé por qué me reclamas con tanto ímpetu algo de alguien que ya no está en este mundo… pero no te desanimes, mocosa. Tú también te irás con él muy pronto, directo a lo más profundo del infierno… maldita escoria. No olvides cuál es tu lugar en esta jerarquía… insignificante estúpida. Yuki se mordió el labio inferior con tanta fuerza que un hilo de sangre brotó de su boca. La rabia le ardía en los ojos como dos brasas incandescentes. Apretó los dientes con una furia desmedida, desenvainó su espada y se lanzó de cabeza a atacar a Kronos. Fue una lucha encarnizada, desigual y sofocante. Verlo desde afuera me helaba la sangre: jamás imaginé que Yuki estuviera dispuesta a pelear de esa forma tan suicida contra mi hermano para vengar mi nombre. Eran siete contra uno. El caos, las explosiones de maná y las estocadas dominaban por completo el campo de batalla. Pero de pronto… toda la energía del entorno cambió de forma drástica. Todos los presentes se congelaron. Un estremecimiento violento recorrió la tierra. Silencio absoluto. Una presencia abrumadora, pesada y sofocante cayó sobre ellos desde las alturas. El cielo se iluminó con una grieta de luz violácea y dorada. Un ser desconocido acababa de materializarse. Nadie en aquel lugar lo conocía, pero su sola aura pesaba sobre los hombros como una sentencia de muerte inminente. Aquel ser no pronunció una sola palabra; comenzó a atacar sin dudar. No hubo piedad, ni advertencias, ni negociaciones. En cuestión de segundos, todo el perímetro fue erradicado. Las tropas y sirvientes que estaban allí fueron borrados de la existencia con tan solo mover un dedo. Kronos, Drako y los demás giraron hacia ese ser desconocido, con lagunas de puro terror reflejadas en las pupilas. —Gabriel… —murmuró Kronos, temblando visiblemente por primera vez—. ¿Quién demonios… es él? —¿Acaso no sabes quién es? —respondió Gabriel con la voz profundamente quebrada y el aliento agitado—. Es el mortal… el ser humano que se convirtió en Dios en medio de la gran guerra ancestral… Su nombre es el Dios Nocturno. El impacto de las palabras fue inmediato y devastador. Los rostros de todos se congelaron en una mueca de incredulidad. El aire se volvió tan pesado que costaba respirar. —Creí que eso no era más que un mito contado para asustar niños… —alcanzó a articular Ascan, dando un paso atrás. —Sí, todos pensábamos que era una simple leyenda… pero es completamente real —dijo Gabriel tragando saliva con dificultad—. Él es la mayor amenaza existente para todos nosotros sin excepción. Sabes muy bien lo que esto significa, ¿no es así, Kronos? A ese ser no le gusta en absoluto que le quiten su valioso tiempo ni que alteren el orden que él impone. Jamás pensé que vendría personalmente hasta aquí… Por ahora, nuestra única opción lógica es unirnos temporalmente incluso con nuestros enemigos. Sabes perfectamente que no tenemos ni la más mínima oportunidad de ganar contra semejante entidad. Kronos apretó los dientes hasta hacerlos crujir. La idea de ceder le consumía las entrañas por dentro, pero el miedo a ser borrado de la faz de la tierra fue más fuerte. —Tch… Espera un segundo… esto puede servir perfectamente para mis planes a largo plazo —murmuró Kronos recuperando parte de su frialdad—. Está bien, Gabriel… nos iremos y nos aliaremos con el Dios Nocturno si es necesario. Yuki, tendida entre los escombros y respirando con dificultad, entendió de inmediato la monstruosidad de lo que estaba presenciando. —¡Esto es imposible…! —exclamó con la voz ahogada—. ¿Qué diablos es esa cosa? Antes de que pudiera reaccionar, una fuerza invisible y devastadora la atravesó de lado a lado. El cuerpo de Yuki fue lanzado por los aires a decenas de metros, volando como un simple pedazo de papel en medio de un huracán. El lugar entero explotó en una marea de energía destructiva. El dolor la inmovilizó en el suelo calcinado. Su cuerpo estaba gravemente dañado, con fracturas expuestas y quemaduras de tercer grado. Sin embargo, en medio del tormento físico, su mente solo podía concentrarse en una persona: en mí. En todo lo que le enseñé, en cada batalla compartida y en el profundo respeto que sentía por su líder. Los recuerdos regresaron a su mente como un torrente de fuego: las sonrisas tras una victoria difícil, las caminatas bajo la lluvia, las severas lecciones de combate… momentos preciosos que jamás debían morir en el olvido. El infierno ardía a su alrededor, y el Dios Nocturno continuaba su avance imparable, destruyendo la geografía del lugar sin detenerse un solo segundo. Con un movimiento brutal de su maná, el Dios Nocturno le cercenó el brazo izquierdo a Yuki. La sangre salpicó el suelo caliente con un siseo aterrador. —Eres alguien que jamás debió haber existido —alcanzó a pronunciar Yuki entre dientes, encarando con la vista nublada a ese ser. —Las preguntas solo las hago yo, humana insignificante —respondió la entidad con una voz resonante que hacía vibrar los huesos—. ¿Crees que alguien tan miserable como tú valía la pena? ¿Crees seriamente que eres lo suficientemente fuerte para desafiar a alguien que ascendió a la divinidad? No eres más que una criatura débil… una insignificante mortal que se niega a aceptar la cruel realidad de su propia impotencia. Cada una de sus palabras caía sobre Yuki como un martillazo destinado a destruirla por completo. QUerían verla rogar, querían verla quebrada. Pero ella se negaba a rendirse; la memoria de mi muerte la mantenía aferrada a la vida. Sin su líder… el mundo carecía de sentido. Y entonces… en el umbral entre la vida y la muerte, mi voz resonó en su corazón: «No te rindas, Yuki. Eres alguien sumamente especial… nunca lo olvides.» «—¿Por qué dice eso con tanta seguridad, líder? —preguntó la joven Yuki del pasado, mirándolo con curiosidad.» «—Pronto lo sabrás con el paso del tiempo —respondió el Carlos del recuerdo, contemplando el horizonte—. No te rindas jamás. Sigue adelante… porque la vida continúa a pesar de la tragedia. Debemos caminar con firmeza por el sendero que elegimos. No dejes que la tristeza ni la derrota te depriman… tú eres alguien increíblemente fuerte. Todos tenemos nuestro lado débil, Yuki; eso solo es el reflejo de lo que somos o de lo que nos cuesta aceptar. Si algo me llegara a pasar en el futuro… promete que no convertirás tu dolor en puro odio y sed de venganza. No quiero verte morir por mi causa. La vida sigue… y si llego a caer, será simplemente porque fui el más débil de todos.» Aquel recuerdo cargaba con una verdad aplastante. Tenía dolor, pero también un amor incondicional por sus camaradas. Yuki apretó el único puño que le quedaba, sintiendo un agradecimiento infinito por haberlo conocido. Él la había guiado fuera de la miseria, pero aceptar su partida era una batalla interna que aún no estaba lista para perder. «Ya no eres la niña tímida, asustada y débil que conocí en aquellos callejones… ya eres toda una comandante admirable —le dijo Carlos en su memoria, girándose hacia ella con una sonrisa cálida y sincera—. Todos tus esfuerzos no fueron en vano. Me siento profundamente orgulloso de ti, Yuki.» Él comenzó a alejarse hacia la luz en la visión de la chica, dejando caer sus últimas palabras, las cuales quedaron tatuadas a fuego en su espíritu: «—Cuida bien de los demás… en mi lugar, mi capitana.» —No debo dejar que estos recuerdos mueran… —susurró Yuki sobre la tierra ensangrentada—. Haría cualquier cosa imaginable por traer de vuelta a mi líder. Debo mirar hacia adelante. Debo demostrarle a mis enemigos… de qué estoy hecha realmente. La silueta de Yuki se dibujó frente a mí en el recuerdo, y sí… efectivamente era ella en su punto más alto de determinación. Vi cómo se levantaba una vez más, apoyándose en su espada quebrada. Esto era una lucha definitiva entre la vida y la muerte. Siguió atacando, no se detuvo a pesar de la hemorragia ni del dolor insoportable. Pero la distancia de poderes era abismal. El Dios Nocturno, desinteresado, liberó un último ataque concentrado que terminó por aplastarla. Un solo impacto devastador. El mundo ardió en llamas oscuras. No quedaron señales de vida en kilómetros a la redonda. El Dios Nocturno se giró para retirarse junto a Kronos y los demás traidores. —Qué humana más débil a la que me he tenido que enfrentar… —murmuró el Dios con aburrimiento—. Aunque… hay algo que la mantenía de pie contra todo pronóstico. Sus ojos… sus ojos seguían ardiendo con una determinación ridícula incluso al final. Miró sobre su hombro hacia la polvareda y añadió: —Supongo que existe la remota posibilidad de que no hayas muerto del todo después de ese ataque destructivo… mocosa. El despertar de Carlos y la verdad revelada La visión comenzó a disiparse lentamente. Todo lo que acababa de presenciar confirmaba mis sospechas: Eime había cambiado radicalmente desde aquel entonces porque cargaba con el peso de esa masacre. Pero también comprendí que ella logró sobrevivir a duras penas a ese infierno. En el recuerdo final, Yuki se retorcía de agonía entre los escombros calcinados. La sangre manaba copiosamente de sus heridas y su mirada estaba terriblemente debilitada… pero su corazón aún latía. —Logré… sobrevivir a esa monstruosidad… —pensó Yuki con extrema dificultad, tosiendo sangre—. Pero… ¿cómo es posible que alguien como él haya podido convertirse en un Dios? Debo encontrar una forma… la forma que sea para vengar la muerte de mi líder. ¿De qué sirve que sea una guardiana de la orden si ni siquiera fui capaz de protegerlo a él? ¿Qué cara les voy a poner a los demás… cuando se enteren de que murió a manos de su propio hermano? La duda y la desesperanza quisieron instalarse en su alma, pero Yuki las desterró con pura fuerza de voluntad. —Tiene que haber un camino… Una sola alternativa. Hacer… que él regrese a la vida. Reencarnarlo. El costo de semejante magia prohibida era colosal: mis recuerdos serían completamente borrados al nacer en una nueva era. —Y si algún día él llega a recordar quién es realmente… y cómo terminó todo en el pasado… entonces quizá… nos volveríamos a reencontrar en esta vida. Mi señor… Demonio Nocturno. Al abrir los ojos en mi mente, todo encajó a la perfección. Mi regreso a este mundo, el despertar del Dios Antiguo, cómo tomó control de mi recipiente, cómo me envió temporalmente a un plano sin magia ni guerras… Y fue allí donde el recuerdo de una persona clave vino a mi mente: Angélica. —¿Será posible que ella sea…? No. Aún no debo sacar conclusiones apresuradas sin pruebas firmes. Ahora entendía con absoluta claridad por qué tuve esta segunda oportunidad. Todos los logros, el entrenamiento y la fuerza que he acumulado en esta nueva vida fueron gracias al sacrificio de Yuki para permitirme reencarnar. Una mirada fría, calculadora y carente de piedad se dibujó en mi rostro dentro de la penumbra. —Así que esta era la verdadera razón por la cual yo era tu mayor amenaza… ¿no es así, Kronos? Tú, Drako, Óscar y Ascan… Disfruten su tiempo. Cuando llegue el festival de la academia, haré que todos ustedes caigan de rodillas delante del mundo entero. Ya lo había decidido en lo más profundo de mi ser. Además… surgía una nueva incógnita técnica: ¿cómo demonios hago para dominar y utilizar, aunque sea por una sola hora, mi verdadero poder nocturno sin perder el control? Debería ponerme a entrenar eso seriamente a partir de mañana. Sería… sumamente interesante ver hasta dónde puedo llegar. Un golpe seco en la realidad me hizo abrir los ojos de golpe. Estaba de vuelta en la cama de mi habitación en la fortaleza Tanaka. La luz tenue de la luna filtraba por la ventana. A mi lado, la pequeña Yue dormía plácidamente. La sola visión de su rostro angelical me devolvió la paz y la felicidad por unos instantes, disipando la negrura de los recuerdos. Sin embargo, escuché su pequeña voz susurrar en medio de su sueño: —No… por favor, espera… no me dejes sola otra vez… ¿Está teniendo pesadillas? La tomé con delicadeza entre mis brazos, pegándola a mi pecho en un abrazo protector, y le dije con una voz cálida y suave: —Todo estará bien, mi niña. No tienes por qué tener pesadillas… papá está aquí contigo y jamás se irá. Al sentir mi contacto, Yue se calmó al instante. Respiró hondo y abrió despacio sus ojitos brillantes, esbozando una sonrisa dulce. —Buenas noches, papá… —Buenas noches, Yue… —le respondí acariciándole el cabello—. Espera un momento… ¿por cuánto tiempo me quedé profundamente dormido? —Alrededor de unas seis horas enteros —respondió acomodándose las cobijas—. Tuviste un día muy pesado. Hoy mi abuelita Hina y Lucía tuvieron que cargarte y traerte hasta tu habitación para que descansaras. En ese preciso momento, unos golpes suaves y dudosos sonaron al otro lado de la puerta de madera. No tenía idea de quién podía buscarme a estas horas de la noche, así que me levanté con cuidado de la cama, dejando a Yue a un lado. La niña me miró de inmediato de forma berrinchida, cruzándose de brazos y poniendo una expresión de evidente molestia, como si quisiera gritar: «¡No es justo que alguien venga a interrumpir un momento perfecto entre padre e hija!». Respiré hondo para recuperar la compostura, caminé hacia la entrada y giré la perilla. Al abrir, me encontré de frente con la elfa que había rescatado recientemente durante la misión. —¿Ocurre algo malo? —pregunté extrañado. —Ah… pues verás… —su voz temblaba ligeramente, notándose claramente tímida e insegura al tenerme en frente. Cierto… lo había olvidado por completo con todo el caos de la jornada. —¿Cómo te llamas? —le pregunté con amabilidad para romper el hielo. —Tienes razón, qué distraída soy, no nos hemos presentado como es debido —dijo sonrojándose levemente—. Mi nombre es Alefa. Qué bonito nombre, pensé al mirarla a los ojos. Y para mi sorpresa, lo dije en voz alta sin darme cuenta: —Qué bonito nombre tienes, Alefa. —Muchas gracias… mis padres me lo pusieron cuando era apenas una bebé —sonrió de forma suave y melancólica, como si traer a la mente a su familia le otorgara un instante de paz—. Pero… me gustaría mucho saber cuál es tu nombre. —Ah, claro… por supuesto, qué modales los míos. Mi nombre es Carlos. —Qué lindo nombre tienes, Carlos… —susurró ella, con una mirada inquieta mientras se pasaba una mano por el cabello dorado, peinándolo hacia atrás. Se produjo un breve pero sumamente intenso silencio en el pasillo. —¿Crees que podamos hablar a solas un momento? —me preguntó, levantando la vista. Esa forma tan seria de decirlo… algo en la intensidad de su mirada me hizo comprender de inmediato que no se trataba de una simple conversación de cortesía. —¿De qué se trata exactamente, Alefa? —Es sobre mí… sobre mi pueblo, y hay cosas muy importantes que necesito contarte —dijo bajando la voz. Al observarla detenidamente bajo el marco de la puerta, un pensamiento cruzó por mi mente sin que nadie lo notara: ¿Acaso esta chica elfa tiene exactamente la misma edad que yo? Le hice un gesto para que pasara. Ella entró con timidez a mi habitación, pero se detuvo en seco al percatarse de la presencia de Yue sentada en la cama. —¡Wow…! Pero qué niña tan ridículamente linda —exclamó Alefa abriendo los ojos con sorpresa—. ¿De dónde la sacaste, Carlos? —Ah… esa es una historia larguísima y bastante complicada —respondí esbozando una leve sonrisa de orgullo paternal—. Pero bien, dime lo que me ibas a comentar. —Es verdad… concéntrate, Alefa —se dijo a sí misma dando un suspiro profundo—. Quería que supieras la verdad sobre la situación de mi reino. A las personas de allá no les caen para nada bien los humanos. Jamás. Luego de aquella supuesta alianza de paz que prometieron las autoridades hace años… los humanos jamás la respetaron. Traicionaron cada acuerdo. Pero entonces tú apareciste en medio del mercado negro… y nos salvaste a todos sin pedir nada a cambio. Me he estado preguntando todo este tiempo por qué lo hiciste. Suspiré pesadamente, cruzándome de brazos. Podía sentir claramente su duda, su miedo a ser utilizada de nuevo y, al mismo tiempo, esa frágil chispa de esperanza. —Sé perfectamente que tienes muchas dudas… y créeme que no eres la única. Todos en este mundo pensamos igual en algún punto. Yo estoy rotundamente en contra de las atrocidades que cometen los nobles y los traficantes humanos, pero debes saber algo importante: no todos nosotros somos así de crueles ni desalmados. Pero dime… ¿cómo se llama exactamente tu ciudad natal? —Se llama Starwhisper —respondió ella con nostalgia—. Es un reino hermoso, agradable y dulce. Todas las personas de nuestra raza son amables y unidas entre sí… pero cuando se trata de interactuar con los humanos… la historia cambia por completo. —Lo sé de sobra —murmuré apretando los puños—. Sabía que tarde o temprano este tipo de conversaciones llegarían. ¿Cuántas veces los reyes humanos han firmado una promesa de paz solo para romperla a la semana siguiente? Miles de elfos han sido masacrados sistemáticamente por los reinos centrales… y miles más han sido secuestrados para ser vendidos como esclavos en la capital. Pero los elfos no son la única raza en conflicto, Alefa. Las demás razas antiguas también están completamente distantes entre sí: viven atrapadas en el miedo, la sed de venganza, el odio ancestral y la corrupción de sus propios líderes. —Es exactamente tal como lo dices, Carlos —afirmó ella con la voz firme y decidida—. Por esa misma razón vine hasta aquí a buscarte a estas horas. Porque quiero hacerte una petición formal… una petición que podría cambiarlo todo. Alefa dio un paso al frente y me miró directamente a los ojos. —Quiero que nuestras razas estén unidas bajo un mismo estandarte… comenzando por convivir juntos dentro de una sola academia. —Oye, oye… espera un segundo —dije levantando las manos para frenar su entusiasmo—. Sabes perfectamente que eso sería catalogado como imposible por los altos mandos. Sabes muy bien que la política actual… —Lo tengo perfectamente claro —me interrumpió ella sin vacilar—. Por eso mismo, antes de venir a tu cuarto, hablé con el resto de los elfos que rescataste… y todos estuvieron absolutamente de acuerdo con esta propuesta. Sentí un golpe seco en el pecho. Maldita sea… si dejo que estas cosas se salgan de control sin una estrategia clara, los reinos humanos pensarán que estoy incitando una rebelión racial y me culparán a mí de ser el responsable de desestabilizar el continente. Me quedé pálido por un segundo. El corazón me latía con fuerza en los oídos ante la magnitud del problema político que se avecinaba… pero Alefa tomó mi mano y habló con absoluta firmeza: —No tengas miedo, Carlos. Además… para todos nosotros, tú ya eres nuestro salvador. —Fue simplemente hermoso cuando te vimos luchar contra esos mercenarios —agregó una voz con un brillo especial en los ojos. —Ah, sí… claro —respondí rodando los ojos con sarcasmo—. Lo único que alcancé a ver desde el escenario fue cómo ustedes estaban haciendo apuestas a mis espaldas sobre quién iba a ganar la pelea. Alefa giró la cabeza hacia atrás, disimulando con una sonrisa nerviosa y cara de absoluta confusión. —Pff… No sé de qué me estás hablando, Carlos. Solo vimos un gran y digno espectáculo de tu parte. Volví a suspirar. ¡Cielos! ¿Qué voy a hacer contigo? Se nota a leguas que le encanta el escándalo y el drama… Si dejo que esta elfa se junte demasiado con Gojo, o peor aún… con Shiro, se va a convertir en el dolor de cabeza definitivo para mí. Ya tengo más que suficiente con esos dos idiotas en mi vida diaria… son tan insoportables que ni siquiera se aguantan el uno al otro. —¿En qué estás pensando tanto, Carlos? —preguntó Alefa inclinando la cabeza—. Te ves increíblemente preocupado. —No es nada grave… —mentí para no estresarla—. Pero está bien, haremos lo siguiente. Me acerqué a la mesa y le conté a Alefa con lujo de detalles lo que tenía planeado para la mañana siguiente. Le expliqué los pasos a seguir para presentar la propuesta de forma legal ante la directiva de la academia sin levantar sospechas de traición. —Oh… ya veo —dijo Alefa asintiendo atentamente—. ¿Así que eso es exactamente lo que ejecutaremos mañana a primera hora? —Así es —respondí con total seriedad—. Pero debemos tener algo muy en claro desde ahora: si mi plan no sale bien y los nobles lo ven como una amenaza… seré considerado un criminal y terminaré como prisionero. Pero si todo sale exactamente como debe ser… haré que tu petición de unir a las razas en la academia se vuelva una realidad efectiva. —Entonces para eso… —ella sonrió con picardía—. Descuida, ya lo entendí todo. Escribiré inmediatamente una carta formal explicando los puntos clave de lo que haremos mañana, y le comunicaré al resto de mis compañeros las instrucciones exactas que me diste. Pero… antes de retirarme a mi habitación… ¿me darías permiso para jugar un ratito con esta pequeña preciosa? Mire a Yue. En el fondo de mi alma… no quería que absolutamente nadie jugara con mi niña. Sí… lo reconozco, soy enfermizamente celoso con mi hija. Pero debía mantener la compostura diplomática. Al final del día, es solo una elfa amigable… Si fuera un hombre el que me pidiera jugar con Yue… créeme que lo habría tumbado de un solo golpe definitivo antes de que terminara la frase. —está bien… solo un poco —concedí. Pasaron los minutos. Ellas dos se acomodaron en la alfombra y empezaron a jugar con unos muñecos de madera. Yue reía a carcajadas… se veía realmente feliz como hacía tiempo no la veía. Sin embargo, mi corazón seguía cargado de una culpa aplastante. Me siento terriblemente culpable por no contarle todavía toda la verdad sobre su origen y sobre lo que ocurrió en su vida pasada. Pero sé que si algún día decido revelárselo… será únicamente cuando esté seguro de que no saldrá herida. Después de todo el infierno por el que tuvo que pasar… jamás permitiré que vuelva a sufrir. Durante todos estos meses… han pasado demasiadas cosas. El tiempo voló sin que nos diéramos cuenta. Decidí salir un momento de mi propia habitación para dejarlas jugar tranquilas. Caminé en silencio por los pasillos iluminados por candelabros de fuego mágico… hasta que en un cruce me encontré de frente con mi padre, Josué. Nos miramos en absoluto silencio durante unos segundos. Fue una coincidencia casi cósmica, como si el destino hubiera decidido que debíamos hablar a solas. —¿Cómo te ha ido realmente dentro de la academia durante este período, hijo? —preguntó Josué rompiendo el hielo. —Bueno… por el momento me ha ido bastante bien en los exámenes y combates —respondí apoyándome contra la pared—. Pero hay demasiadas cosas que no puedo dejar de pensar, padre. Las manipulaciones de Lucifer… los misterios ancestrales de este mundo… cosas que por más que analizo, no logro comprender del todo. Josué dio un paso al frente y puso sus dos manos firmes sobre mis hombros. —Carlos… hay cosas y pensamientos en tu mente que solo te destruirán lentamente si sigues obsesionándote de esa manera. Es mucho mejor que aprendas a descansar un poco. —¿Tan mal me veo a la cara? —respondi frunciendo el ceño, intentando desviar la mirada. —Bueno… siendo completamente honesto contigo… sí —sonrió con una calma paternal que pocas veces mostraba—. Pareces estar asistiendo a tu propio funeral todos los días. Solo debes aprender a relajarte. No dejes que el peso del mundo te afecte a un nivel tan personal. Vive tu vida como lo que eres ahora: un estudiante. Créeme… asumir esa mentalidad te ayudará enormemente a mejorar en los aspectos que sientes que te faltan. No deberías ser tan despiadadamente duro contigo mismo. Su voz era firme, autoritaria… pero profundamente cálida. —Disfruta todo lo que tienes a tu alrededor en este presente, hijo mío —continuó él mirándome con orgullo—. Convive más con tus amigos… con tus hermanos… con tus padres. Nosotros siempre estaremos aquí para escucharte, protegerte y aconsejarte cuando sientas que no puedes más. Sentí un leve temblor en el pecho mientras lo oía hablar. —Cuando naciste, para tu madre fuiste la mayor luz de felicidad que pudo haber recibido en toda su existencia —dijo Josué con una profunda nostalgia brillando en sus ojos—. Te pareces astronómicamente a ella. De niña… y de adolescente… ella fue conocida y temida en todo el continente como la Princesa Emperatriz de la Oscuridad. Ese título no se lo regalaron; se lo ganó a base de puro esfuerzo y sangre. —Padre… —murmuré sorprendido. —Hijo… en la historia de la humanidad hay acontecimientos que marcaron un antes y un después definitivo —prosiguió él—. Nosotros, las 12 grandes familias nobles… las razas antiguas… cada grupo tuvo su propia lucha sangrienta por la supervivencia. Y los 10 legendarios héroes de los relatos… todos en el mundo se preguntan con temor e ilusión si algún día… volverán a caminar entre nosotros. Lo escuchaba hablar atentamente… y aunque a veces solía extenderse demasiado en sus explicaciones, lo entendía perfectamente. Mi padre era un hombre sumamente serio, incluso aterrador para sus enemigos… pero por dentro era una persona intrínsecamente buena. Jamás se rindió ante la adversidad. Demostró a todos los reinos quién era realmente a través de sus actos. A su lado, por primera vez en mucho tiempo, sentí una paz genuina. Era como si sus palabras fueran exactamente la medicina que mi alma atormentada necesitaba en este preciso instante. Su enseñanza como padre es lo único que mantiene unida y viva a nuestra familia. Y esa unión… es lo que me aferra a seguir luchando día a día. —Quiero que me acompañes a un lugar privado —dijo Josué recuperando su porte majestuoso—. Quiero mostrarte algo muy importante… tal vez podamos pasar un tiempo de calidad juntos como padre e hijo. Caminaba unos pasos delante de mí por el pasillo principal, y al girar en una esquina, me lanzó una sonrisa cálida que me hizo seguirlo sin dudar un solo segundo. No tenía la menor idea de lo que me iba a mostrar, pero lo seguí a paso firme. Llegamos finalmente al despacho privado de mi padre, ese santuario donde siempre se encerraba a trabajar durante días enteros con sus investigaciones y sus subordinados más leales. Al llegar a la imponente puerta de roble, entramos y él le echó el pestillo por dentro. —Toma asiento, por favor —indicó Josué apuntando a una silla de cuero frente a su escritorio, mientras su voz se volvía sumamente seria—. Hay asuntos de extrema gravedad que debemos hablar… y ha llegado el momento crucial de revelarte una verdad oculta sobre tu madre… y sobre el origen real de su poder. Me quedé completamente helado en el sitio. ¿Por qué me diría algo así de la nada? Sabía que había algo más detrás de todo esto, algo oscuro que aún no descubría… y esa incertidumbre me inquietaba en lo más profundo. —Carlos —comenzó Josué apoyando los codos sobre el escritorio y entrelazando sus dedos—, todo este desastre empezó hace mil años. Ya has visto en los archivos prohibidos de la biblioteca los registros sobre el Dios Nocturno… y la catástrofe colosal que ocurrió en aquel año remoto. Me miró fijamente a los ojos, con una severidad que cortaba el aire. —Pero lo que voy a contarte a continuación… debe quedar estrictamente entre nosotros dos. Te lo pido por favor, Carlos. No se lo menciones absolutamente a nadie, ni siquiera a tus amigos más cercanos. Esto es demasiado peligroso y pesado. Respiré hondo, sintiendo el pulso acelerarse en mi cuello. Luego asentí con firmeza. —No tienes de qué preocuparte, padre. Juro por mi propia vida… que todo lo que se diga en esta habitación se quedará en absoluto silencio. Josué soltó un largo suspiro cargado de años de pesar… y comenzó a relatar la historia: —Bien… todo empezó en la época en que recién conocí a tu madre. Ella ya te ha contado parte de las aventuras y peligros que vivió en su juventud junto a su mejor amiga, Sara… pero lo que jamás te mencionó fue que hubo un período en el que ella, yo y otras dos personas más… fuimos a una expedición no oficial a un lugar legendario llamado la Mazmorra de los Caídos. Ese sitio… es infinitamente siniestro, oscuro… y esconde secretos tan macabros que ni los mismísimos dioses deberían llegar a conocer jamás. El aire dentro del despacho se volvió denso y pesado. Un silencio sepulcral nos envolvió a ambos. —Tu madre se adentró torpemente en las zonas no mapeadas de ese lugar… y cayó por accidente en lo más profundo del vacío subterráneo —continuó Josué con la vista perdida en el pasado—. Yo y los demás miembros del grupo la seguimos desesperadamente hacia las profundidades… y lo que encontramos en el fondo fue esto. Arió un compartimiento secreto oculto tras un panel de madera en su escritorio y sacó un objeto alargado envuelto en telas antiguas. —¿Eso que tienes ahí… es una espada? —pregunté inclinándome hacia adelante. —Así es. Esta espada de origen desconocido fue lo que encontramos tirado en el altar central. Pero no estaba sola; también había docenas de artefactos antiguos… ocultos allí por más de un siglo. Al principio creímos tontamente que era el refugio de algún nigromante o hechicero renegado… hasta que presenciamos algo que nos heló la sangre. —¿Qué fue lo que vieron, padre? —pregunté con un nudo en la garganta. Josué me miró fijamente a los ojos, y en ese preciso instante lo supe con aterradora certeza: lo que diría a continuación… cambiaría por completo la percepción de mi propia existencia. —Vimos a una criatura gigantesca… un verdadero monstruo colosal. Un escalofrío me recorrió la columna vertebral. Y al mismo tiempo, como si estuviera coordinado por el destino, los dos murmuramos exactamente el mismo nombre: —Los Dioses Antiguos… de la Apocalipsis Ancestral. —Son completamente reales —afirmó Josué con voz sombría—. Alguna vez aniquilaron a más de la mitad de la humanidad hace siglos en las guerras olvidadas… pero lo peor de todo, Carlos… es que hay señales claras de que podrían regresar a este plano en cualquier momento. Se me congeló la sangre en las venas. El horror de la visión que tuve anteriormente cobró un peso infinitamente más real. —¿Y qué ocurrió después de que vieron a ese gigante? —pregunté intentando mantener la compostura. —Nos preparamos para luchar con todo lo que teníamos —recordó Josué apretando los puños con rabia implacable—. Pero la realidad fue aplastante. No fue como en las historias heroicas. Ese gigante masacró brutalmente a las personas que iban con nosotros en cuestión de segundos… los torturó sin piedad. Sus gritos desgarradores todavía resuenan en mi cabeza por las noches: “¡Ayúdanos, Josué! ¡No queremos morir de esta forma tan horrible!”. Pero fue inútil… fueron aplastados como simples insectos, y su sangre cayó sobre nosotros como si fuera lluvia. Josué bajó la mirada, abrumado por la culpa de aquel recuerdo. —Yo… y tu madre… fuimos los únicos sobrevivientes que logramos salir con vida de esa masacre. Pero no lo derrotamos; simplemente huimos como pudimos. Por esa misma razón… te lo suplico como tu padre… jamás se te ocurra ir a ese lugar bajo ninguna circunstancia. Hay fuerzas allí que aún no logramos investigar ni comprender. Toma esto. Estiró el brazo y me entregó un tomo de cuero negro, pesadamente sellado con runas desgastadas. —¿Qué libro es este? —Lo encontramos tirado junto al altar ese mismo día. Pero te advierto: no intentes leerlo todavía. Tu mente no está lista. Cuando llegue el momento indicado en tu entrenamiento, sabrás exactamente qué hay detrás de las páginas de este libro. Me quedé en absoluto silencio, sopesando el tomo entre mis manos, sin lograr asimilar del todo la magnitud de lo que realmente estaba ocurriendo a nuestro alrededor. —Ah, y hay algo de extrema importancia que debes entender —continuó Josué mirándome solemnemente—. Lo que ocurrió con tu madre aquel fatídico día… fue el verdadero despertar involuntario de su poder latente. Al ver la masacre, solo por unos breves segundos… su energía explotó y pudo hacerle frente a semejante entidad colosal. Fue el primer despertar de la energía nocturna en siglos. Lo recordé de inmediato. Lo sentí vibrar en mi propio núcleo mágico. Fue exactamente la misma sensación aterradora que experimenté al enfrentarme yo mismo contra aquel dios antiguo en mi trance. —Y tras años de investigación, llegué a una conclusión irrefutable, Carlos… —sentenció mi padre—. Tú eres un Nocturno. Un portador puro. Al igual que tu madre. Ambos representan una amenaza colosal para el orden establecido de los reinos, pero la razón de esa persecución es muy simple: el clan de ese Dios Antiguo… cazó y mató a todos los Nocturnos sin piedad alguna en el pasado. Borró sus nombres de los libros, quemó sus ciudades y los eliminó por completo de la historia oficial por el supuesto 'bien del mundo'. Entonces lo entendí todo con una claridad escalofriante. Entendí por qué nadie en la academia ni en la capital hablaba jamás de ellos. Por qué no existían registros oficiales en las grandes bibliotecas. Mi madre… era la última sobreviviente de esa estirpe. O mejor dicho… nuestro linaje familiar era el único remanente. —Eso ocurrió —dijo Josué con un hilo de voz— cuando Sara estuvo al borde de la muerte para salvarnos. Ella tenía apenas quince años en ese entonces… y fue allí donde tu madre despertó su poder destructivo para intentar protegerla, ¿verdad? —Exacto… —respondí recordando las historias a medias que me contaron de niño. —Así que ese maldito Dios Antiguo… quiere regresar a este mundo únicamente para erradicar a los pocos que aún seguimos con vida —concluyó Josué. Solté un hondo suspiro, sintiendo cómo el miedo y la adrenalina luchaban en mi interior. —¿Qué ocurrió exactamente con Sara después de que ustedes lograron salir de la mazmorra? —pregunté. —Ella me habló directamente por telepatía utilizando las últimas reservas de su maná —recordó Josué con los ojos cristalizados—. Corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron para alcanzar la posición donde se encontraban. Cuando llegué al lugar del combate, Hina estaba acorralada, a punto de ser ejecutada por los siervos de la oscuridad. Pero Sara intervino en el último milisegundo… usó su propio cuerpo como escudo y nos dio el tiempo necesario para tomar a tu madre inconsciente y escapar del perímetro. —¿Y qué hay de ti, Sara? —preguntó la joven Hina en el recuerdo de mi padre, llorando desconsoladamente mientras Josué la arrastraba lejos del peligro—. ¡No podemos dejarte aquí sola! —No te preocupes por mí, Hina… —respondió Sara con una Sonrisa angelical en el rostro, cubierta de sangre de cabeza a pies—. Encontraré la forma de sobrevivir y regresar con ustedes algún día… pero si lo logro… ¿prometes que me comprarás una caja gigante de mis dulces favoritos? Josué bajó la cabeza, apretando los puños sobre el escritorio. Yo lo supe al escucharlo… y ella también lo sabía perfectamente en ese instante. Esa última sonrisa brillante… no era una promesa de reencuentro. Era… una despedida definitiva. —¡No… no… ¡NO ME HAGAS ESTO, SARA! —gritó la Hina del pasado con lágrimas desgarradoras brotando de sus ojos— ¡No quiero perder a la persona más importante de mi vida! ¡Eres mi mejor amiga… mi hermana! —En ese preciso momento… vi con mis propios ojos cómo tu madre se quebró por completo —continuó Josué con voz ahogada—. Su psique se rompió en mil pedazos. Durante meses no comía… no pronunciaba una sola palabra… su piel se volvió pálida como la de un fantasma. Y sus ojos… sus hermosos ojos, que alguna vez brillaron con una vida y una alegría contagiosas… se apagaron por completo en una oscuridad profunda de la que creí que jamás lograría rescatarla. Hizo una larga pausa para recuperar el aire y prosiguió: —Por esa misma razón Shiro y su hermano Shirou aún siguen caminando con vida entre nosotros. Ellos lograron sobrevivir a todas estas eras porque poseían hechizos prohibidos que les permitieron extender su expectativa de vida durante un milenio entero. Pero aun con toda nuestra fuerza combinada… ese Dios Antiguo podría reaparecer en cualquier momento, hijo. En cualquier instante… sin previo aviso y sin darnos la más mínima oportunidad de reaccionar o defendernos. Josué me miró con una mezcla de orgullo, tristeza y profunda solemnidad. —Por ahora… te he contado la verdad absoluta de todo lo que vivimos tu madre y yo en aquellos años oscuros. Ve a descansar a tu cuarto, Carlos. Mañana tienes asuntos sumamente importantes y delicados que ejecutar con la embajada de los elfos, ¿no es así? —Es verdad… —respondí con un hilo de voz, sintiendo la garganta completamente seca. Me levanté lentamente de la silla de cuero. Sentía claramente el peso aplastante de cada palabra revelada sobre mis hombros, como si llevara una armadura de plomo. Caminé despacio hacia la puerta de salida… sin ser capaz de girarme a mirarlo directamente a la cara. Pero justo antes de poner la mano sobre la perilla para salir, dije con voz firme pero cargada de emoción: —Que tenga una buena y tranquila noche… padre. Cerré la puerta de roble con extrema suavidad. El sonido del cerrojo retumbó en el pasillo solitario y vacío… como si el silencio de la fortaleza fuera infinitamente más pesado que cualquiera de las verdades que acababa de escuchar. Del otro lado de la puerta, Josué se quedó mirando el techo del despacho y murmuró apenas audible para sí mismo: —Ojalá algún día… tú puedas lograr nuestro verdadero objetivo y traer la paz definitiva, Carlos… Porque tu madre… tú… Shiro… y Shirou… son los únicos… los absolutos últimos que quedan con vida de ese majestuoso linaje. Y del otro lado de la madera, caminando a oscuras hacia mi habitación, sentí con absoluta claridad cómo el mundo a mi alrededor se volvía cada vez más frío. Continuará…
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Estás leyendo el capítulo 82 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.