Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 81 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 81: Ecos del pasado, sombras del destino y la chispa del despertar
Punto de vista — Miguel Sasai
Desde el instante en que crucé el imponente portón principal del castillo Tanaka, una sensación de insignificancia me oprimió el pecho. Las dimensiones de la arquitectura, los techos abovedados y la pulcritud de los largos pasillos me hacían sentir diminuto a cada paso; sin embargo, en el fondo de mi ser, experimenté algo que no sentía desde hacía años: una extraña y profunda paz.
Durante nuestro breve cruce en la entrada, la madre de Carlos me observó detenidamente. No supe cómo reaccionar bajo esa mirada felina y penetrante. No contenía desprecio ni arrogancia; era la mirada de alguien que evalúa el metal antes de forjarlo. Me estaba midiendo. Aun así, dentro de mí creció una certeza: me habían concedido una oportunidad real. Una oportunidad para reconstruirme, para afilar mis debilidades y para demostrar de qué estoy hecho. Quería volverme alguien de quien mi familia, si algún día decidía mirarme a los ojos, no pudiera avergonzarse.
Estaba exhausto de habitar en la sombra de la soledad, cansado de entregar hasta la última gota de esfuerzo sin escuchar jamás un «bien hecho». Lo único que anhelaba era ser reconocido.
No voy a defraudar a nadie, me prometí en silencio, apretando los puños dentro de mis bolsillos. Demostraré que no soy una decepción. Cuando mi abuelo me mire desde donde quiera que esté, sabrá que sus enseñanzas no cayeron en tierra estéril. Él fue el único que permaneció a mi lado cuando todos los demás me dieron la espalda.
En un plazo de cinco meses, durante el festival, el mundo entero sabría quién es Miguel Sasai.
Fue en ese preciso instante cuando percibí una fijación pesada desde las alturas. Elevé la vista hacia los grandes ventanales del segundo nivel y allí lo vi: Josué Tanaka. El hombre que me tendió la mano cuando las sombras amenazaban con tragarme por completo; el primero que me ofreció un camino sin exigir explicaciones a cambio.
—Gracias por elegirme, patriarca —susurré para mí mismo, manteniendo la mirada fija en su silueta—. Le juro que no seré una carga. Seré el discípulo más fuerte que haya tenido.
Josué me observaba con una severidad impertérrita, pero en el fondo de sus ojos se adivinaba un destello indescifrable. Un eco del pasado.
Punto de vista — Josué Tanaka
Ese muchacho… me recuerda de un modo casi doloroso a mi propia infancia.
Permanecí junto al ventanal observando la determinación implacable en los ojos de Miguel. Los recuerdos me golpearon con la fuerza de una marea violenta. Las décadas habían transcurrido desde la última vez que crucé palabra con mi padre, pero el dolor de la humillación permanecía intacto en la memoria. Recordé mi ingreso a la academia, el día en que conocí a Hina y el vendaval de problemas, desprecios y habladurías que se desató a partir de entonces.
Pese a las miradas cargadas de desdén y los intentos continuos por quebrarnos, la perseverancia fue nuestra única respuesta.
Fuiste el pilar que necesitaba cuando nadie más notaba mi presencia, pensé, evocando la figura de quien creyó en mí en mis años más oscuros. Sin ti, Hina jamás habría alcanzado la cúspide de su poder, y yo me habría desmoronado en el camino. Porque cuando una sola persona cree en ti de verdad, el destino cambia de curso.
El respeto y los títulos que poseo hoy no son fruto del azar o la fortuna. Se pagaron con sudor diario, noches en vela, dolor físico y una disciplina implacable que se extendió por años. El esfuerzo jamás cae en saco roto si la voluntad se mantiene firme.
Sigue avanzando, Miguel, transmití mentalmente hacia el joven que aguardaba en el patio. No permitas que la duda apague tu fuego. El fracaso no es el final de nada; es simplemente la puerta de entrada a un nivel superior de conciencia. Camina, entrena, resiste y silencia a quienes dudaron de ti hasta que tus logros hablen por sí solos.
Punto de vista — Miguel Sasai
A lo lejos, en el patio central, divisé a Shiro y a Gojo observando la vasta extensión de las propiedades. La complicidad entre ambos era evidente; habían consolidado un círculo de confianza absoluto dentro de esta fortaleza.
Un poco más allá, en los jardines adornados por hileras de flores luminosas, Mei caminaba a paso lento junto a Mío y Melissa. Una brisa suave mecía la vegetación, haciendo que las corolas parecieran susurrar al compás del viento.
—Son hermosas, ¿verdad, Mei? —comentó Melissa, agachándose levemente para rozar los pétalos de una rosa azulina.
—Sí… —respondió Mei con serenidad—. Transmiten una calma muy especial. El color me reconforta. ¿Tú qué opinas, Mío?
Mío tomó una profunda bocanada de aire, contemplando el horizonte repleto de colinas verdes.
—Es mi primera vez en la residencia de Carlos… y la majestuosidad del lugar es abrumadora. Pero lo que más me impacta es la expresión de la servidumbre. Todos caminan con tranquilidad, como si sus corazones estuvieran en completa paz.
Sin embargo, al terminar la frase, la voz de Mío comenzó a quebrarse. Sus manos, cruzadas sobre el vestido, empezaron a temblar visiblemente.
—Entonces… ¿por qué me siento tan infinitamente vacía? —susurró, rompiéndose por dentro—. Extraño a mis padres de una forma desgarradora… Me duele el alma cada segundo. Desde aquel accidente, mi mundo se destruyó.
Freya, que se encontraba a pocos pasos, se aproximó con extrema cautela, temiendo que el menor movimiento brusco fragmentara el frágil estado de la chica. Con una voz teñida de verdadera culpa, Freya le pidió perdón por los errores cometidos, por el abandono, por las palabras punzantes del pasado y por haber deseado, en sus momentos más oscuros, su desaparición.
Mío apretó los labios mientras las lágrimas comenzaban a brotar sin freno, reflejando el destello del sol.
—Cuando conocí a Carlos, no comprendía la naturaleza de sus acciones —continuó Mío, limpiándose el rostro con el dorso de la mano—. Pero al atravesar las batallas a su lado, los recuerdos de Masha, David y Sasha volvieron a mí. Ellos lo entregaron todo cuando nuestras probabilidades de supervivencia eran nulas. Y Henry… el más silencioso, el más noble… se sacrificó por nosotros sin vacilar.
Mío elevó la mirada hacia el cielo despejado, permitiendo que el llanto fluyera, esta vez acompañado por una triste pero sincera sonrisa.
—Lo siento tanto… —dijo hacia la nada—. No merecía morir de esa forma. Tenía una hija que lo veneraba, una niña que creció queriendo heredar su valentía y su fuerza.
A mi mente vino la frase que Henry pronunció antes de caer en combate: «La única razón de ser de los fuertes es proteger a los débiles». Aquella convicción fue la misma que sepultó a Carlos bajo una montaña de culpa autodestructiva. Yo lo vi llorar en la penumbra, cuando todos creían que su espíritu era inquebrantable. Sufría en una soledad aterradora. Por eso Masha fue tan enfática antes de partir: «No dejes solo a Carlos ni por un instante».
David… ojalá la vida me permita reencontrarme contigo. Sasha… gracias por cada enseñanza, reflexioné mientras la voz de Mío se disipaba en el jardín. Desde sus honras fúnebres no he dejado de entrenar un solo día. No seré un estorbo para nadie. Encontraré mi propia fuerza.
Decidí retirarme en silencio para no interrumpir el espacio de las chicas. Avancé por uno de los pasillos laterales del castillo cuando me crucé con Abram y Karen, quienes caminaban junto a un individuo de presencia imponente. No pertenecía a ninguna raza que yo hubiera visto antes; de su figura emanaba un aura antigua, densa, como si perteneciera a una era olvidada por los libros de historia. Pasé a su lado manteniendo la vista al frente y me dirigí al salón principal, donde Josué ya me aguardaba.
—Bienvenido de nuevo, Miguel Sasai —me saludó el patriarca con un gesto afable—. Me alegra tenerte aquí.
—El honor es mío, patriarca. Gracias por la invitación.
—No hay nada que agradecer. Quería evaluar tu estado. En nuestro último encuentro noté una profunda melancolía en tus ojos, y me preocupó.
Guardé silencio. La herida seguía abierta, latiendo bajo la superficie.
—Pero es momento de dejar las sombras atrás —prosiguió Josué, erguirse con elegancia—. A partir de hoy, tu entrenamiento requerirá cada gota de tu energía. Para soportar el infierno que se avecina, necesitas una meta inamovible. Un propósito.
Su mirada se volvió tan afilada como el filo de una katana recién forjada.
—Por esa razón, Miguel… llevarás el nombre Tanaka como mi representante directo.
El peso de sus palabras congeló el aire del salón. El corazón me dio un vuelco violento.
—Dime, muchacho… ¿estás preparado para hacer cumplir tus promesas? La voluntad solo se materializa a través del esfuerzo constante. Me representarás al mismo nivel que mis propios hijos. A partir de este instante, formas parte de la familia Tanaka. Las artes, el ki y los secretos de esta casa serán tuyos para moldear tu futuro.
—¡Sí, señor! —asentí, inclinando la cabeza con determinación absoluta.
De pronto, una vibración helada recorrió el ambiente. La temperatura del salón cayó drásticamente y un hedor rancio y siniestro se filtró por las rendijas. Josué frunció el ceño, dibujando una sonrisa cargada de tensión.
—¿Hina… acaso tú estás…? —murmuró para sí mismo antes de volver la vista hacia mí—. No es nada, Miguel. Acompáñame al exterior. Es hora de que empuñes la espada.
Salimos a una de las terrazas posteriores que daban hacia el bosque, pero no estábamos solos. Una silueta solitaria permanecía inmóvil junto a los arcos de piedra, como si el tiempo se hubiera detenido a su alrededor.
—Ha transcurrido un largo periodo desde nuestro último encuentro, patriarca… —habló la figura con una voz rasposa que erizaba la piel.
Josué apretó la mandíbula, apretando ligeramente el puño.
—¿Kronos…?
—Lamento la ausencia de años. Tuve deberes impostergables que requerían mi atención —respondió el sujeto. Su sola presencia proyectaba una distorsión en la realidad, algo que no pertenecía a este mundo.
—Me alegra ver que estás de vuelta, hijo —dijo Josué con cautela—. ¿Piensas marcharte de inmediato?
—Así es. Solo vine a verificar el panorama. Por cierto… ¿dónde se encuentra mi hermano?
—Debe estar atendiendo a sus invitados en las estancias interiores, pero si deseas que lo llame—
—Innecesario —lo interrumpió Kronos fríamente, dándole la espalda—. Solo… infórmenle a mi madre que su hijo ha vuelto.
Sin añadir más, caminó hacia las sombras del pasaje. Josué soltó un largo suspiro cargado de pesadumbre.
—Está bien… Hasta pronto, Kronos.
Justo antes de desvanecerse por completo en la penumbra, una sonrisa retorcida y monstruosa se dibujó en el rostro de Kronos.
Disfruta de tu falsa calma, Carlos… pensó la sombra. Cuando el día señalado llegue, verás esta fortaleza reducida a cenizas. Mi señor Lucifer estará sumamente complacido con el informe que le entregaré esta noche…
—¿A qué lugar nos dirigimos, patriarca? —pregunté para romper la pesadez que había dejado aquel extraño sujeto.
—A un santuario natural donde aprenderás los fundamentos del ki, la manipulación de la energía espiritual y el estilo de esgrima de mi linaje.
Llegamos a la cuenca de una cascada monumental. El rugido del agua al estrellarse contra las rocas resonaba como un trueno ininterrumpido.
—Entrenarás bajo el torrente —indicó Josué—. Al principio sentirás que la presión te muele los huesos, pero con los días notarás la transformación de tu contenedor energético.
Durante horas permanecí bajo la caída de agua sin ceder un milímetro. La energía espiritual comenzó a emerger desde lo más profundo de mi ser, respondiendo a cada inhalación. Sin embargo, el ki requería un enfoque distinto. Podía sentir cómo fluía de forma paralela a mi maná, como dos cauces de agua que luchaban por converger en un mismo núcleo. Un brillo verdoso, vibrante y trascendente comenzó a brotar de mis poros, envolviéndome en un aura pura.
La naturaleza misma parecía alinearse con mi respiración. Sonreí con satisfacción al sentir semejante torrente de poder… pero el entusiasmo me hizo perder la concentración por un microsegundo. El núcleo se desestabilizó y la energía se disipó violentamente.
—Perdí el control… —murmuré con frustración, jadeando sobre las rocas húmedas.
—No te desanimes, Miguel —dijo Josué desde la orilla, mirándome con asombro contenido—. Lo que acabas de hacer en tu primer intento es extraordinario. Tómate un respiro. Ahora quiero que mires con atención.
El patriarca se puso de pie, adoptó una postura firme y colocó la mano sobre la empuñadura de su espada. El sonido del metal al ser desenvainado cortó el estruendo de la cascada.
—Técnica de espada: Pétalos de Luz del Alma.
De su cuerpo brotó un aura tan densa e imponente que el suelo a su alrededor comenzó a resquebrajarse. La presión de su ki descendió sobre el lugar como una losa de plomo, haciéndome hincar una rodilla por instinto. Cada movimiento de Josué era fluido, perfecto, similar a una danza elegante bajo un árbol en flor.
El agua de la laguna se aquietó por completo, convertida en un espejo translúcido. A medida que agitaba la hoja, ráfagas de luz con forma de pétalos carmesí comenzaron a arremolinarse a su alrededor, creando una tormenta de energía cortante. Con una sola estocada lanzada hacia el bosque frontal, todo el aire acumulado se descargó en un destello cegador.
¡CRASH!
Decenas de árboles de tronco grueso fueron segmentados en milisegundos y, antes de tocar el suelo, se desintegraron en polvo fino, borrados por completo de la existencia.
Quedé petrificado. Aquella técnica no solo cortaba; erradicaba la materia misma.
—Le tomó mucho tiempo a mi hijo dominar la estructura básica de este ataque —dijo Josué guardando la espada con absoluta serenidad—. A ti también te costará, pero sé que tienes el temple necesario para lograrlo. El tiempo siempre le concede la victoria al guerrero que se niega a rendirse. Mañana continuaremos.
Punto de vista — Lucia
Mientras tanto, en una zona de entrenamiento alejada de la residencia principal, me encontraba tratando de recuperar el aliento. Jamás imaginé que terminaría siendo acorralada y superada de manera tan abrumadora por la madre de Carlos. Lo único positivo era que Carlos no había presenciado mi derrota, ya que tuvimos que llevarlo directo a su habitación para que descansara tras nuestro duelo.
¿Cómo se supone que deba clasificar a esta mujer?, pensaba mientras me limpiaba el sudor de la frente. ¿La cúspide absoluta del continente? Investigar sobre la historia del clan Sánchez solo dejó más incógnitas. Las crónicas dicen que eran invencibles, pero su linaje fue erradicado de la noche a la mañana… ¿Qué secreto ocultan? Si ese sujeto está involucrado, esto es más grave de lo que parece.
—¿En qué tanto cavilas, mocosa? —la voz fría de Hina cortó mis pensamientos.
—¿Por qué me hablas con esa irritación permanente? —respondí cruzándome de brazos.
—Porque eres una atrevida. Mi hijo ya tiene un compromiso establecido y como su madre, debo proteger su estabilidad.
—Por favor, eres demasiado sobreprotectora —repliqué desafiante—. Carlos es extremadamente leal. Además, como su dueña tengo ciertos derechos que Natsuki no posee. Ella es encantadora, pero su carácter explosivo lo mantiene más traumatizado de lo que ya está.
—En eso no te falta razón… —admitió Hina con una leve mueca—. Suele tratarlo con brusquedad, pero en el fondo es su forma de demostrar afecto.
—¿Afecto? —solté una risueña burla—. Eso no es amor. Yo me encargaré de enseñarle lo que realmente significa amar a alguien.
Hina entornó los ojos y la temperatura del lugar cayó drásticamente.
—Un momento… no me digas que tú…
—No saques conclusiones apresuradas. Mejor continuemos con la práctica.
—Eres una criatura insoportable, entrometida y provocadora —siseó Hina con la vena de la sien marcándosele—. Te vendría bien una corrección severa.
El ambiente se volvió pesado al instante. La tensión entre ambas amenazaba con desencadenar un combate destructivo. Sin embargo, contuve la respiración, cerré los ojos y dejé que mi maná fluyera nuevamente. Múltiples esferas de luz oscura y elementos primarios comenzaron a orbitar a mi alrededor.
Ella es estricta, sí… pero oculta un matiz oscuro, reflexioné mientras estabilizaba mis flujos internos. ¿Acaso teme perder el control sobre su hijo? No importa. Puedo sentir cómo mi capacidad mágica se expande a cada segundo.
Repentinamente, la naturaleza de mi energía sufrió una alteración drástica. El aire a mi alrededor se volvió etéreo, casi estelar. Una calidez desconocida brotó desde el centro de mi pecho, desatando un flujo de maná que amenazaba con desbordarme, pero que al mismo tiempo se sentía como un despertar latente.
Las lecciones teóricas vinieron a mi mente. Los cinco pilares fundamentales del poder supremo:
\* Luz Oscura
\* Elemento Puro
\* Infinito
\* Poder Cósmico
\* Trascendencia de Límites Humanos
¿Y si las leyendas sobre el Dios Nocturno no fueran simples mitos?, me pregunté con un escalofrío recorriéndome la columna. Existieron registros prohibidos por la Iglesia porque quienes presenciaron aquella manifestación quedaron marcados por el trauma de por vida. Si semejante entidad existe… no seríamos más que polvo ante su presencia.
Hina me observaba a la distancia con los ojos ligeramente entreabiertos, analizando la formación del contenedor de energía espiritual que estaba intentando consolidar.
Punto de vista — Yue
A pocos metros de allí, me encontraba concentrada en mi propia instrucción.
Papá lleva sobre sus hombros una carga demasiado pesada para una sola persona, pensaba mientras regulaba mi respiración. No puedo permitir que siga sufriendo en silencio. Soy su hija y mi deber es volverme lo suficientemente fuerte para respaldarlo. Todos merecen alcanzar la felicidad.
Al hacer circular mi maná, una extraña y brillante energía dorada celestial, entretejida con destellos de poder nocturno, comenzó a brotar de mis manos.
—¿Magia dorada…? —murmuré sorprendida. Jamás había presenciado semejante tonalidad.
De pronto, una presencia ajena a este mundo se materializó justo frente a mí. El tiempo pareció congelarse. La figura pertenecía a una mujer alta, esbelta, luciendo una sonrisa serena que no transmitía malicia, pero tampoco una benevolencia terrenal. Su cabello poseía el tono dorado de un atardecer radiante, y sus ojos plateados parecían reflejar el infinito.
—¿Quién eres tú…? —pregunté retrocediendo un paso.
—No necesitas saber mi nombre aún —dijo con una voz suave y melódica que resonaba directamente en mi mente—. Pronto entenderás todo. Solo… disfruta de la vida que tienes ahora.
A pesar de la calidez de sus palabras, mi instinto me gritaba que aquella mujer no pertenecía a nuestro plano existencial. La figura dio un paso hacia mí y, con una mirada cargada de una nostalgia profunda, susurró:
—Cuida mucho a tu padre… No permitas que la soledad lo consuma otra vez. Deseo de todo corazón que seas feliz. Me alegra tanto que hayas sido tú la que…
La última frase se disipó en el aire. El cuerpo de la mujer comenzó a desintegrarse en un rastro de polvo de estrellas, desvaneciéndose por completo sin dejar una sola rastro de maná.
—¡Espera! —grité extendiendo la mano, pero solo atrapé el viento.
Un vacío inmenso me oprimió el pecho y lágrimas amargas comenzaron a rodar por mis mejillas sin que pudiera contenerlas. No entendía quién era ni el motivo de su aparición, pero sus palabras habían quedado grabadas a fuego en mi alma.
Me limpié el rostro, respiré hondo y abrí los ojos. Mi abuela Hina se acercó de inmediato al percibir la alteración de mi aura, observándome con honda preocupación.
—¿Te encuentras bien, mi pequeña Yue?
Sin decir una palabra, me arrojé a sus brazos. Ella me acogió con dulzura, acariciándome la cabeza mientras emitía un suave susurro tranquilizador.
—Todo está bien, pequeña. Ya pasó… no hay razón para estar triste.
Hina permaneció en silencio unos instantes, adivinando la tormenta interna que acababa de atravesar mi mente.
—Por hoy ha sido suficiente entrenamiento —concluyó con tono suave—. ¿Por qué no vas a buscar a tu padre y descansas un poco?
—Está bien… —asentí, retirándome a paso lento hacia los aposentos interiores del castillo.
Hina contempló mi marcha en silencio y luego volvió la mirada hacia Lucia, quien terminaba de estabilizar su respiración tras el agotador ejercicio.
—Has mostrado un progreso notable hoy, Lucia —declaró la mujer recuperando su porte severo—. Tómate el resto del día libre. Mañana iniciaremos con la formulación de los hechizos de alta escala.
—De acuerdo —respondió Lucia, esbozando una leve sonrisa de satisfacción mientras la brisa de la tarde envolvía los terrenos de la fortaleza Tanaka.

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Capítulo 82
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 81
Estás leyendo el capítulo 81 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.