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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 79 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 79: Sombras de un pasado truncado, memorias de la conflagración y el primer duelo Punto de vista — Karen Tanaka Sánchez Tras encomendar el cuidado de la pequeña Yue a mi madre, solté un prolongado suspiro de aprensión. Mi objetivo primario era localizar a mi hermano Abrán, pero ignoraba por completo hacia qué ala de la residencia se había dirigido. Avanzaba a paso apresurado por el corredor este cuando, al doblar una de las galerías, colisioné de lleno contra una figura imponente y salí despedida hacia el suelo. Al alzar la vista con el ceño fruncido, me topé con una fisonomía pálida y aristocrática. Un vampiro. Un ahogado «¡Ahhh!» de pánico estuvo a punto de escapar de mi garganta, pero en un acto reflejo impulsado por el susto, terminé asestándole un golpe directo con la mano. —De todos modos… me lo tenía bien merecido por sobresaltar a las damas —murmuró el joven llevándose la mano al pómulo con elegancia impecable—. Le ruego me disculpe solemnemente, señorita. ¿Acaso estoy ante la hermana menor de nuestro salvador? Permanecí sentada en el suelo, completamente desorientada. ¿Salvador? Estaba claro que se refería a mi hermano Carlos, pero… ¿por qué utilizaban semejante título para dirigirse a él? —Ah, veo que aún no le han informado del contexto —añadió el vampiro, extendiendo una mano enguantada para ayudarme a poner en pie—. Su hermano fue el hombre que irrumpió en nuestras cadenas para liberarnos de una vida de esclavitud. En ese instante, la realidad encajó en mi mente. Comprendí la razón por la cual tantas facciones y razas poblaban actualmente nuestra residencia. No poseían un hogar al cual retornar… Y él, mi hermano, jamás dudó en dar la cara para proteger a los desvalidos. Y yo… yo continuaba rezagada en las sombras de mi propia incapacidad. De repente, una voz resonó directo en los canales de mi conciencia. «Pequeña, no hay motivo para que caigas en el desánimo.» ¿El Dios de la Espada…? ¿Aquella entidad legendaria decidía manifestarse precisamente ahora? «Ejem», carraspeó en mi mente. «Requiero tu atención por un asunto de extrema gravedad que concierne a la jerarquía de tu linaje. Ha hecho su arribo… tu hermano mayor.» Un escalofrío me congeló la sangre. —¿Acaso te refieres a…? «Así es. Kronos… ha pisado este dominio.» —Vaya, vaya. Varios años sin contemplar la estructura de mi propia casa. Tenía noticias de que mis hermanos menores rondaban por aquí… pero jamás contemplé que trajeran a semejante masa de intrusos. Una sonrisa retorcida y carente de calidez se dibujó en mi rostro. Sería una experiencia fascinante quebrantarle la existencia a Carlos. «Aléjate de mi hermano. Ni se te ocurra tocarlo.» La voz resonó en lo más profundo del núcleo anímico del impostor. —Vaya, vaya. Aún conservas una pizca de voluntad para levantarte, cadáver. «Tú no eres más que un parásito… El verdadero Kronos Tanaka Sánchez pereció en el frente. Tu alma no debería estar profanando mi carne.» —¡Cierra la boca! —bramó el verdadero Kronos desde la prisión de su propia mente—. Maldito bastardo usurpar ador… —Deberías aprender a reconocer tu posición en la cadena alimenticia —sentenció el falso Kronos con una frialdad absoluta—. Si no deseas que erradique a la persona que juraste proteger en tu juventud, más te vale someterte. El verdadero Kronos apretó la dentadura con impotencia e ira reprimida. No podía permitir que ninguna de las personas valiosas para su pasado sufriera las consecuencias de su resistencia. ¿Qué sucedería si mi familia descubriera que la entidad que habita esta carne no es más que un monstruo usando mi rostro? Ninguno de ellos sospecha aún que he dejado de pertenecer al mundo de los vivos. Ni siquiera Dani. Ambos caímos en la expedición al Reino Imperial… durante aquella operación encubierta. Fuimos víctima de una emboscada, sometidos a torturas inhumanas y ejecutados a sangre fría. Intentamos presentar batalla hasta el último aliento… pero la brecha de poder era insalvable. Mi único anhelo era regresar con honores… demostrar a mis padres el fruto de mis esfuerzos. Hacer que se sintieran orgullosos de contar con un primogénito talentoso y versado en la estrategia. Pero sucumbí. Les fallé miserablemente. Y debido a mi debilidad… permanezco encadenado en el abismo más negro de mi propia mente, anhelando que una mano piadosa destruya este contenedor. Que me concedan… el descanso eterno. No deseo ser testigo de cómo este engendro utiliza mi cuerpo para masacrar inocentes. Fui demasiado débil… agoté mis recursos, pero la suerte nos dio la espalda. —¿Has concluido tus reflexiones patéticas? —se burló la entidad que controlaba el cuerpo de Kronos—. Hagas lo que hagas, jamás recuperarás el dominio de estos nervios. El impostor soltó una carcajada impregnada de una malicia inhumana. —Observa desde la oscuridad cómo cada ser que juraste resguardar perece bajo el filo de tus propias manos. Para el mundo… solo serás recordado como un monstruo sediento de sangre. El destello del verdadero Kronos terminó por atenuarse, dejando que la culpa y un silencio abrumador consumieran lo que restaba de su conciencia. Caminaba al lado del joven vampiro cuando un detalle omitido cruzó mi mente. —Por cierto… olvidé preguntar tu nombre. El chico se detuvo un instante y realizó una reverencia fluida. —Mi nombre es Rai. —Es un placer, Rai. Yo soy Karen Tanaka, la hermana menor de ese tonto con espada… pero confío en que nos llevemos de maravilla de ahora en adelante. —El honor es enteramente mío, señorita Karen. Sentí un ligero rubor subir por mis mejillas. Este chico es ridículamente educado… y sostiene una etiqueta impecable. ¿Por qué razón su presencia me altera de esta manera? ¿Será mera sugestión de mi mente? Me presioné las mejillas con ambas manos. «Controla tus gestos, Karen, concéntrate.» Rai me observó con una ceja elevada y una leve sonrisa en los labios. —Si su objetivo es localizar a su hermano Abrán, conozco su ubicación exacta. ¿Me permite escoltarla? Los sirvientes de la casa comentaban que es un erudito excepcional y que maneja una vertiente mágica bastante peculiar. —Es tal cual lo describes… Abrán siempre ha destacado por ser el más sereno y observador de nosotros. Trata con amabilidad a todo el mundo. —Siente una profunda admiración por él, ¿me equivoco? —indagó Rai mirándome de reojo. —Así es… él representa un pilar para mí. Siempre me reprende cuando cometo imprudencias… asume el rol de educarme aunque no sea mi padre, solo para evitar que la gente me juzgue con severidad. Por esa razón siempre lo he respetado. Me brinda su apoyo incondicional… incluso cuando yo actúo con absoluta irresponsabilidad. Rai dejó escapar una risita suave. —Veo que reconoce su propia pereza con total soltura… Enarbolé un puchero fingiendo indignación. —Le aconsejo que mantenga esa determinación —continuó Rai recuperando la compostura—. Las circunstancias del mundo pueden volverse caóticas en un parpadeo, pero si requiere asistencia de cualquier índole, no dude en acudir a mí. Vamos a la biblioteca a buscar a su hermano. Sonreí, disipando la tensión de mi rostro. —Comprendido… y muchas gracias, Rai. Avanzamos juntos por la galería… él marcando un paso pausado y elegante, mientras yo intentaba disimular un pulso acelerado que se negaba a estabilizarse. Biblioteca del Castillo — Punto de vista de Abrán Me encontraba sepultado entre imponentes estanterías de roble. Pergaminos amarillentos, tomos encuadernados en piel y el aroma seco de la tinta antigua definían el entorno. El silencio era tan denso que la frecuencia de mi propia respiración resultaba ensordecedora. Llevaba días sin conciliar el sueño. Desde que Kimberly, Farid y Kevin se unieron a las jornadas de investigación en el archivo, apenas hemos dedicado un par de horas al descanso. Puede parecer una obsesión absurda, pero el estudio de la historia antigua y los acontecimientos que moldearon la estructura de los reinos es nuestra verdadera pasión. Sin embargo… existía un fenómeno que no me permitía mantener la concentración. —¿Qué camino debo tomar…? —murmuré en voz baja mientras hojeaba un volumen. Paso las horas analizando tratados de magia elemental, pero constantemente emergen fragmentos de memoria ajenos a mi existencia. Vivencias que no corresponden a esta época. Visiones que me hielan la sangre. Campos de batalla devorados por el fuego… El sonido de estructuras colapsando… Figuras cayendo una a una ante una entidad de poder indescriptible. Sin embargo, el rostro de aquel ser permanece distorsionado, como si una magia de alto nivel hubiera purgado el registro de mi mente. Giré la hoja con extrema lentitud. ¿Quién era esa criatura? ¿Por qué mi alma reacciona con tanto pavor ante su recuerdo? De repente, un eco desgarrador resonó en el fondo de mi conciencia. «¡Huye!» Un guerrero gritaba con desesperación en medio de la humareda: «¡Sin importar el costo… debes garantizar la supervivencia de los demás!» «¿¡Y qué sucederá contigo!?», replicaba una segunda voz, agotada y al borde del colapso… Una voz que no lograba reconocer. «No malgastes energías preocupándote por mi destino. Solo corre… no intentes asumir la victoria en soledad…» Traté de forzar la visión para identificar al emisor, pero el sonido se diluyó en un zumbido ensordecedor. «Todos asumimos las consecuencias de este enfrentamiento desde el inicio… Únicamente te pido un favor… cuando tu esencia reencarne… vela por ellos… en mi lugar…» Un dolor agudo me oprimió el pecho. Lágrimas involuntarias comenzaron a humedecer mis ojos. Aquel luchador… aquel líder… entregó hasta la última gota de su maná en esa contienda. Soportó mutilaciones fatales, habiendo perdido un extremidad en la colisión… y aun así jamás dio un paso atrás. Pereció en ese páramo… dándolo todo en un combate condenado al fracaso. ¿De quién se trataba? ¿Por qué la nostalgia me destruye por dentro al evocar su figura? ¿Acaso… yo estuve presente en esa masacre? El chasquido de la puerta principal interrumpió el flujo de mis pensamientos. Me limpié el rostro apresuradamente con la manga de la túnica. —Hermano… ¿te encuentras aquí? Era Karen. Sin embargo, no venía sola. A su lado avanzaba un joven de tez pálida y porte refinado. Un vampiro de sangre pura. Quedé paralizado. Mi pulso se aceleró de inmediato. Jamás había tenido a un ejemplar de su especie a tan corta distancia. Karen me dedicó una sonrisa despreocupada. —Él es Rai. Pensé que sería buena idea presentártelo. Avancé un par de pasos con cautela. —Saludos… es un honor. Soy Abrán… ¿y tú eres…? —Mi nombre es Rai —respondió inclinando la cabeza con una etiqueta impecable—. El honor es enteramente mío, señor Abrán. Ajusté la postura, sorprendido por su modo de expresarse. —Posees una conducta sumamente refinada… ¿A qué linaje perteneces? —Provengo de la casa… Brown. —¿Brown…? Un momento… ¿no formas parte de las casas de la alta realeza? —En absoluto —contestó con serenidad—, aunque noto que posee un ojo clínico para evaluar a las personas. Lo examiné con detenimiento… Y al fijar la vista en sus pupilas, percibir una sombra abismal oculta tras su serenidad. Un rastro de dolor antiguo. —Soy originario del reino de Dreamspire —añadió en tono grave. El ambiente de la biblioteca pareció volverse más pesado. Le formulé un par de preguntas sobre su travesía y él… me detalló sin reservas el calvario que atravesó su gente. Al concluir su relato, tardé unos segundos en procesar la información. —Comprendo… esa fue la secuencia de eventos que te trajo hasta este territorio. Rai esbozó una sonrisa melancólica. —Así es. De no ser por la intervención de su hermano… tanto mi comunidad como yo estaríamos muertos o en cadenas. Karen me observó con firmeza. —Abrán… gracias a la determinación de Carlos, todas estas personas tienen una segunda oportunidad. Cerré el tomo que tenía sobre la mesa y bajé la mirada. Carlos arriesga la vida salvando personas reales… Mientras yo me dedico a consumir historias pasadas en el aislamiento de esta sala. Una opresión incómoda se asentó en mi estómago. ¿Acaso mi rol debería trascender los libros? ¿Aquella visión en mi mente fue solo un deliro… o una advertencia del pasado? En otro sector de la residencia, Lucia ingresó a la habitación de Carlos. Avanzó a paso lento, inspeccionando cada mueble como si analizara un recinto ajeno a su estatus. —De modo que… ¿estos son tus aposentos? —comentó con un tono suave pero analítico—. Es la primera ocasión en que observo un espacio tan rigurosamente ordenado. Se nota que posees una disciplina peculiar. Lucia mantenía una postura elegante mientras sus ojos escudriñaban las esquinas del cuarto, asegurándose de la privacidad del lugar. —Te noto algo distante… ¿ocurre algún contratiempo, Lucia? —Nada en absoluto, Carlos —respondió acortando la distancia. Se acomodó en la orilla de la cama con gracia, cruzando las piernas. Dejó caer el brazo izquierdo sobre la tela mientras fijaba sus ojos claros en los míos de forma ininterrumpida. —Existen asuntos prioritarios que debemos estructurar… considerando tu nuevo rol como mi caballero de lealtad. Permanecemos vinculados por un pacto de sangre y la encomienda que juramos ejecutar. —Estoy al tanto —repliqué—. Para garantizar el éxito de esta alianza, debemos trazar una estrategia clara. Si existe alguna amenaza o presión sobre tu persona, debiste notificármelo previamente. Habría neutralizado el inconveniente de inmediato. La expresión de Lucia se fragmentó en una mezcla de frustración, impotencia y cansancio acumulado. —¡Es que no entiendes la magnitud del problema, Carlos! —exclamó perdiendo la compostura—. No logro apartar de mi mente las complicaciones políticas que asedian a mi padre… Debes comprender que esa facción lleva años acorralándome. ¡No tienes la menor idea del infierno que ha sido mi día a día! Guardé silencio y bajé la mirada. Tenía razón… Fui superficial en mi planteamiento. Aquellos que la acosan pagarán las consecuencias una vez que pise su territorio natal. —Será mejor que cambiemos el enfoque de la conversación… niña caprichosa. Lucia apretó los puños. Aquella provocación fue suficiente. Sin previa advertencia, un círculo mágico de tonalidad carmesí se desplegó bajo mis pies e inmediatamente ¡una columna de llamaradas emergió del suelo, envolviéndome por completo! —¡Oye! ¿¡A qué viene ese ataque directo!? —le reclamé sacudiéndome la túnica humeante. —Por osar dirigirte a mí como 'niña caprichosa' —sentenció con una frialdad absoluta—. Es mi deber castigar cada una de tus insolencias. ¿O acaso olvidaste cuál es tu posición respecto a mi estatus… muchacho vulgar? —Vaya… ¿así que tú sí tienes la prerrogativa de dirigirte a mí en esos términos? Lucia esbozó una sonrisa desafiante y peligrosa. —¿Tienes la intención de medirte conmigo? Adelante… chico lindo. Acércate un poco más. Sus ojos reflejaban un brillo intenso. Aquella sonrisa no era más que una provocación directa. Nos mantuvimos la mirada con evidente molestia… pero tras esa fachada de hostilidad, comprendía perfectamente la realidad de la situación. Desde nuestro primer encuentro en la academia, ella ha cargado con una exigencia desmedida. Destaca en cada disciplina, pero esa perfección implacable no es más que una armadura. Es la muralla con la que oculta su fragilidad interna. Y verla quebrarse… por primera vez… me produjo una molestia genuina en el pecho. Entendía la razón de su comportamiento hostil hacia mí… No se trataba de aversión. Simplemente necesitaba un punto de apoyo. Alguien que no la contemplara como una figura política inalcanzable. Anhela una existencia pacífica… convivir con sus progenitores y proteger a su pueblo. En el fondo, Lucia… posees una convicción admirable. Y eso… es algo que reconozco francamente. —¿Por qué te me quedas viendo con esa cara de idiota? —murmuró Lucia, aunque esta vez su tono carecía de agresividad, dejando entrever un matiz tímido y frágil. La observé nuevamente y la certeza se afianzó en mí. Ambos compartíamos la misma carga… Ese impulso irracional por salvaguardar lo que consideramos valioso. Una determinación tan pesada que infunde pavor. De pronto, un alud de memorias fragmentadas golpeó mi mente. Aquellos recuerdos que destruyeron mi antigua realidad… La sensación de pérdida todavía quema en el alma, ¿verdad? El entorno pareció quedar en absoluto penumbra. Una soledad fría me envolvió por unos instantes. Resultaba imposible articular un pensamiento claro. Toda la responsabilidad que he asumido… Todas las pérdidas que he tenido que asimilar… Por más firmeza que intente proyectar… ignoro si seré capaz de contener esta presión indefinidamente. El temor primordial de todo guerrero… Perderlo todo una vez más. Sin embargo, no me está permitido ceder. Cada acción que emprenda debe alterar el curso de los acontecimientos. Lo llevaré a cabo por mi propia convicción. Demostraré ante el continente la razón de mi existencia y la validez de mis metas. Las críticas y el juicio ajeno son inevitables… pero uno decide si abatirse ante ellos o utilizarlos como combustible. Solo así se alcanza la cúspide de la fuerza. Porque cada individuo en esta tierra… alberga una voluntad. Y esa voluntad… debe prevalecer. Nadie debe claudicar. Jamás. Debemos exhibir al mundo de lo que estamos hechos. (Pensamientos de Lucia) Al estar en presencia de Carlos… percibo una seguridad que no había experimentado en años. Sin embargo, mi forma de responderle estuvo fuera de lugar. No deseaba proyectar una imagen deplorable ante sus ojos. No quiero que él… No debo permitir que mis esperanzas se desmoronen. Debería entablar una conversación madura con él… pero ¿qué tema resultaría adecuado en este momento? —Oye, Lucia —rompí el silencio finalmente—. ¿Te parece si nos trasladamos al terreno de entrenamiento? Podría ser una buena oportunidad para que liberes toda esa tensión que vienes acumulando. Ella parpadeó descolocada. —¿Acaso estás sugiriendo que tú y yo…? —Exacto. Sostendremos nuestro primer combate de práctica oficial. La luz en sus ojos cambió drásticamente. Algo latente en su interior se encendió. Por primera vez desde que cruzó el umbral de la residencia… Lucia esbozó una sonrisa genuina. —Jamás había experimentado esta sensación… —susurró para sí misma—. Por primera vez… me siento… plenamente entusiasmada. Has logrado captar mi atención… Carlos. Se incorporó de la cama con una postura erguida y una determinación renovada. —Esto será interesante. Finalmente comprobaremos… cuál de los dos posee el dominio superior sobre el campo de batalla.
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Estás leyendo el capítulo 79 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.