arrow_back

Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 78 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 78: Reminiscencias de Drakenthorn, el peso de un juramento y la chispa en la sangre Punto de vista — Hina Sánchez Transcurrieron un par de horas desde que mi hijo hincó la rodilla frente a la princesa de la corona de Frostglen. Jamás imaginé que Carlos fuera capaz de dar un paso de semejante trascendencia con tanta firmeza… pero lo hizo sin un solo titubeo. Cuando crucé mi mirada con la suya en el despacho, percibí un destello inconfundible en sus pupilas… Una determinación de acero que me transportó de golpe a mis propios pasos, muchas décadas atrás. Esa misma intensidad… desenterró fragmentos de mi pasado que creía sepultados bajo el polvo del tiempo. Memorias de la época en que residí en el ancestral reino de los dragones, conocido en todo el continente como Drakenthorn. Una nación majestuosa, imponente… tan antigua y colosaria como la cuna misma del fuego elemental. Únicamente permanecí unos años allí para completar las fases más extremas de mi adiestramiento. Sin embargo, fueron años que dejaron cicatrices indelebles en mi espíritu. Conservo una nitidez absoluta del momento exacto en que me presenté ante la presencia del Rey de los Dragones. Experimenté una presión aplastante sobre los hombros… un aura de fuerza tan abrumadora que, en aquel instante de mi juventud, ni siquiera yo habría sido capaz de doblegar. Aunque… si hoy decidiera desatar la totalidad del maná oscuro que alojo en mi interior… Tal vez sería capaz de derribar a esa enorme bestia sin pestañear. Pero no puedo permitirme divagar en hipótesis triviales. Mi hijo ha quedado vinculado formalmente como el caballero de lealtad de Lucia Hayashi. Y ese juramento de sangre… ha alterado el tablero político de forma irreversible. Me inquieta profundamente la espiral de conflictos que se desencadenará a partir de este instante. Por esa precisa razón, debo tomar a esa muchacha bajo mi tutela y someterla a un entrenamiento infernal. La firmeza en la voz de Lucía… la resolución de sus palabras… fueron cualidades que genuinamente captaron mi atención. Si consigo pulir su potencial y volverla implacable… tal vez algún día sea capaz de defender su reino y su vida con sus propias manos… sin depender de la espada de mi hijo. Sin embargo… debo respetar la elección de Carlos. Si él tomó la decisión de convertirse en su escudo, no me corresponde intervenir para deshacer su destino. Dejé escapar un suspiro en la penumbra del pasillo. El aire circundante pareció descender un par de grados. Cielos… mis hijos están creciendo a una velocidad aterradora. No he recibido noticias de Kronos ni de Dani desde hace una eternidad. Han transcurrido demasiados años desde la última vez que sostuve sus manos… Y presiento una anomalía helada en sus vidas. Lo percibo en la médula. Desde el día en que Carlos llegó a mi vida… me concedió una plenitud que jamás creí experimentar. Pero Karen y Abrán no se quedan atrás… Ambos representan la luz de mis ojos. Los amo con cada fibra de mi ser. Su energía me evoca de inmediato a la niña que alguna vez fui… Una leve sonrisa se dibuje en mis labios al evocarlos. Estar a su lado… compartir instantes cotidianos… Es lo único que me hace sentir verdaderamente humana. Tengo pendiente una conversación a fondo con Karen y con mi pequeña nieta, Yue. Continuo rastreando cada indicio sobre el asesinato del Dragón de la Felicidad. Me niego rotundamente a aceptar que ese haya sido su trágico desenlace. Hay demasiadas inconsistencias en los registros… Alguien de poder abismal tuvo que intervenir para erradicarla. La interrogante que no me deja descansar es… ¿Quién fue el ejecutor? Necesito recolectar pistas concluyentes… Mi mente no deja de retornar a los sucesos de hace años. Apenas contaba con quince años cumplidos… cuando aconteció la partida de Sara… Aún la extraño con una fuerza que me quema el pecho. Tras su fallecimiento… los cimientos de mi alma se desmoronaron. Quedé convertida en un cascarón vacío. Rota. Extraviada. Dejé de alimentarme, descuidé el sueño y mi estado físico colapsó. Mis ojos perdieron todo destello… Exhaustos de existir… Cansados de seguir inhalando aire. En medio de esa penumbra constante… yo también anhelé la muerte. Shiro y su hermano abandonaron la academia al constatar el deterioro alarmante de mi salud mental. Yo… a duras penas lograba sostenerme en pie. Con la mirada fija en el suelo y una depresión abismal devorándome, estuve a punto de soltarlo todo… De gritar, de implorar, de fragmentarme en mil pedazos… Pero no me me permití caer. Me mantuve erguida. Forcé a mi cuerpo a levantarse con más ferocidad. Porque comprendí con dolor que rendirse equivale a condenar al olvido a quienes amamos. Y tú, Sara… tú jamás te doblegaste ante la adversidad. “Debo continuar avanzando… debo seguir con mi vida”, era el mantra que me repetía cada mañana con la voz temblorosa. Pero quiero que sepas, Sara… que la mujer en la que me he convertido… te lo debe absolutamente todo a ti. Fuiste mi refugio y mi mejor amiga. Incluso más cercana que Shiro, a quien considero un hermano de sangre. Tú siempre conservarás el altar más alto en mi memoria. Inhalé hondo… y di un paso al frente sobre la madera del pasillo. Mi mirada se volvió fría y calculadora. Apreté el puño derecho mientras me acomodaba el cabello con un gesto mecánico. Fue un juramento silencioso grabado en mi propio maná: —Debo continuar la marcha… si aspiro a coronarme como la entidad más poderosa sobre la tierra. Porque mi título como… la Princesa Emperatriz de la Oscuridad… …jamás me fue otorgado como un simple adorno. Transcurrieron un par de horas más… Los invitados trasladados por mi hijo hicieron finalmente su ingreso a las instalaciones. Sin embargo, al observar la comitiva, un detalle llamó poderosamente mi atención. El número de chicas en el grupo sobrepasaba por mucho mis expectativas. Mi expresión cambió de inmediato. Dudaba entre experimentar un arranque de celos maternales o asestarle un regaño ejemplar a Carlos por transformar la casa en un harén imprevisto. Aunque… debo admitir que mi hijo ha adquirido una popularidad abrumadora en los pasillos de la academia. Fue en ese instante cuando mi atención se posó en él. Un joven de cabellera albina y deslumbrantes ojos azules. Una chispa de curiosidad ancestral se encendió en mi interior. «¿Acaso pertenecerá… al linaje primogénito de la familia Akinori?», cavilé en silencio. «¿Alojará en sus venas la sangre de aquellos prodigios absolutos… exactamente igual que su madre?» Guardé compostura. Me limité a examinarlo desde la penumbra del pórtico con absoluta cautela. Confío en que su madre, su padre y su pequeña hija se encuentren a salvo… en cualquier rincón del mundo donde estén ocultos. Por lo pronto… me dedicaré a vigilar de cerca el desarrollo de este muchacho. La panorámica del patio era serena… Los pétalos danzaban mecidos por la brisa… el aroma a vegetación fresca transmitía una paz extraña… y por un instante efímero… mi pecho se llenó de tranquilidad. —Al final decidiste cumplir tu palabra y venir, Miguel —murmuré para mis adentros. La misiva que le envié a Carlos surtió el efecto deseado. Ahora solo resta esperar que estos dos días de estancia sean suficientes… para que logre superar la prueba de fuego y aplastar sus propios límites. En ese preciso segundo, Miguel giró la cabeza y cruzó miradas conmigo. El rostro se le cubrió de un rubor carmesí instantáneo. ¿La razón de su desconcierto? Era evidente que se debía al abrazo afectuoso con el que lo recibí horas atrás. Fue un impulso que me brotó del alma. Su postura me evocó de inmediato a mis primeros años junto a Josué. Mi esposo lo había perdido absolutamente todo. Era calificado como un fracasado rematado. La nobleza se mofaba de sus aspiraciones y su propio padre lo repudió… tildándolo de estorbo inservible. Sin embargo, Josué jamás se rindió. Entrenó hasta el desgarro muscular… una y otra vez, sin permitir que la desesperación lo quebrara. Hasta que el destino lo recompensó y fue investido con el título supremo del Santo de la Espada. Aquella jornada… cada una de las bocas que lo vilipendiaron quedaron selladas para siempre. Y desde ese instante… las altas esferas comenzaron a contemplarlo… con pavor y respeto absoluto. «Y tú, Miguel…», pensé fijando la vista en el chico de pelo blanco, «es muy probable que albergues la capacidad de alcanzar la cima, tal como lo hizo mi esposo.» Una sonrisa de franca diversión se me escapó. Aquella chispa renovó mis deseos de presenciar una sesión de combate entre ellos. Sin embargo… la hora de retornar al salón principal había llegado. Debía localizar a la joven princesa y escoltarla a mis aposentos. Antes de dar media vuelta, dejé caer un susurro impregnado de una advertencia letal: —Confío en que no me decepciones… porque si mi hijo llega a perecer bajo tu responsabilidad… me encargaré personalmente de transformar tu existencia… en un infierno perpetuo. El semblante de Hina se tornó siniestro, emitiendo una presión abrasadora de maná oscuro tan destructiva que congeló la circulación de quienes se encontraban cerca. Nadie saldría con vida de su ira. Avanzaba por el corredor lateral cuando las divisé… Karen y mi pequeña nieta Yue se encontraban inmersas en un juego de escondite. Una calidez espontánea me iluminó el rostro. Esa muchacha representa un orgullo inmenso… Debería ser Karen quien pasara más tiempo de calidad con ella actuando como su madre… permitiéndole reír, explorar y jugar como corresponde a una niña de su edad. No obstante… al enfocar la vista en las pupilas de Yue, una punzada de preocupación me atravesó el pecho. Su mirada lucía apagada. Distante. Como si hubiera contemplado el abismo de la muerte y apenas hubiera logrado escapar de sus garras. Me cuestioné en silencio: ¿Qué clase de calvario habrá presenciado? Su semblante era el de alguien que ha mirado fijamente a la Parca a los ojos. No podía permanecer indiferente. No podía consentir que arrastrara semejante trauma en soledad. De repente, Karen le advirtió con tono juguetón: —¡Yue, atención por allí! La pequeña giró sobre sus talones… sus ojos colisionaron con los míos… y sin articular palabra alguna… corrió impulsada por el pánico a refugiarse en mis brazos. Se aferró a mi túnica con un desespero desgarrador mientras las lágrimas comenzaban a empapar su rostro. Quedé petrificada un segundo… pero la estreché contra mi pecho de inmediato. Le acaricié la nuca suavemente y le susurré al oído: —Todo estará bien, Karen… sé perfectamente lo doloroso que resultó. Fue una experiencia traumática… pero debes mantener la entereza. Tarde o temprano, el mundo nos enfrentará a una nueva tragedia… y necesitas estar preparada para lo que se aproxima. Suspiré, levantándole el rostro para mirarla fijamente. —Valora cada instante del presente. La misión de una madre es guiar a sus hijos sin importar cuán oscura sea la tormenta. Cueste lo que cueste… debes priorizar la supervivencia. Karen bajó la mirada. Una sombra de resignación cruzó sus ojos. Tras un breve silencio, sus labios articularon las palabras: —Sé que mi desempeño ha sido deficiente… —admitió con la voz quebrada—. Pero cuando estuve al borde de la muerte… me paralicé por completo. El mundo a mi alrededor comenzó a desmoronarse. Mis recuerdos contigo… con mi hermano… con papá… y con cada ser querido pasaron frente a mis ojos. Sentí un terror indescriptible de perecer allí. Si no hubiera sido por las súplicas desmedidas de mi hermano, que logró contener a Lucifer durante unos breves segundos dentro de su propia mente… yo no estaría respirando ahora. Escuché cada sílaba en absoluto silencio, asimilando la magnitud del informe. La imprudencia de haberse medido contra una entidad abismal me helaba la sangre. —No es mi intención juzgar severamente tus límites ni los de Carlos —le manifesté con tono grave—. Pero debes comprender que cuando te enfrentas a un demonio de rango abismal, ellos no combaten con seriedad. Se dedican a infligir tortura psicológica y a jugar con sus presas. Te lo comento por experiencia propia… yo misma me medí contra Astaroth en mi juventud y fui incapaz de someterlo. Sin embargo, hubo alguien que sí lo logró. Una humana común… cuya única aspiración era ganarse un lugar entre los Diez Héroes Legendarios. Ella erradicó al demonio y fue aclamada como la Heroína de la Esperanza. Una leve mueca de orgullo se me dibujó en la cara. —Me siento inmensamente orgullosa de su legado… fue mi compañera más leal. Durante mucho tiempo me cuestioné si lograría alcanzar sus hazañas, pero comprendí que eran meras ilusiones. A pesar de todo, entrené incansablemente durante años hasta ponerme a su nivel. Hoy en día… solo anhelo disfrutar del sosiego y compartir el tiempo junto a mis hijos. Porque ustedes constituyen mi mayor tesoro. El ritmo cardíaco de Karen se fue estabilizando a medida que asimilaba mis palabras. Lo que jamás anticipé… fue que Yue me estrechara por la espalda en un abrazo sorpresivo. Sentí el calor de su cuerpecito contra mi pecho… y en ese preciso instante, el resto del mundo careció de importancia. «Ruego porque este círculo se mantenga intacto», elevé una plegaria interna. «Aunque Carlos y Karen mantengan ciertas distancias en presencia de Josué y mía… seguimos siendo un núcleo indisoluble.» Una familia marcada por las cicatrices de la guerra. Pero plena de vida… y eso era lo único que realmente importaba. —Bien… ahora que te encuentras más serena, ¿tendrías la amabilidad de ponerme al tanto sobre los avances de mi nieta? Ha transcurrido bastante tiempo desde la última vez que la tuve cerca, pero cuando me abrazó con esa sonrisa… fue exactamente como contemplar a Carlos durante su infancia. Es encantadora. —Es impresionante, incluso heredó los mismos rasgos de temperamento de mi hermano —comentó Karen esbozando una sonrisa cálida—. Todavía no me explico cómo fue posible que el mapa genético de Carlos se fusionara con el de Yue de forma tan directa. —Ese fenómeno ocurre cuando se asume la incubación de un huevo de criatura mágica —expliqué contemplando el firmamento a través del ventanal—. El calor corporal y el flujo constante de maná que emanas terminan fusionándose con la matriz del embrión. Sin embargo, lo ocurrido entre Yue y Carlos trasciende lo ordinario… fue un evento prodigioso. La niña es un calco exacto de su padre. Una risita traviesa se me escapó, transformada rápidamente en una carcajada que resonó en el pasillo. Me resultaba imposible contener la gracia, pero era la realidad insustituible. —Aunque debo admitir… que posee una belleza deslumbrante. Es infinitamente más hermosa de lo que yo era a su edad —añadí entre risas mientras Karen me observaba con una mezcla de desconcierto y gracia—. ¿De qué rama familiar habrá heredado semejante gracia? El tiempo todo lo acomoda. Y gracias a ello he tenido el privilegio de atestiguar su evolución… aunque el aspecto que más me causa inquietud es el volumen monstruoso de su maná. Su poder interno se expande a un ritmo alarmante. Es el mismo fenómeno que experimenta mi hijo. Según los informes de Willian, a medida que pasan los días, la energía en sus núcleos adopta una conducta sumamente agresiva. Una mueca de profunda preocupación me ensombreció el rostro. Debo intervenir en el desarrollo de Yue… antes de que la densidad de su poder sobrepase la estructura de sus canales mágicos. Al menos… instruirla en la contención de una fracción de su fuerza. Y paralelamente… investigar la naturaleza exacta de la entidad que está despertando en su interior. ¿En qué estaba concentrada…? Presiento que un detalle crucial se me está escapando de la memoria. Permanecí contemplando el horizonte en silencio, tratando de hilar mis ideas… pero no lograba dar con el hilo conductor. Ah… claro que sí, ya lo recordé. Estaba por salir en búsqueda de esa mocosa. O tal vez debería referirme a ella como… la ladrona de corazones. No le sentaría nada mal ese calificativo. La princesa ladrona de corazones. Una sonrisa socarrona y maliciosa se dibujó en mi rostro. —Karen, debo retirarme de inmediato —anuncié incorporándome mientras tomaba a Yue en brazos—. Y tú, mi pequeña Yue… vendrás conmigo un momento. —Me la prestarás un rato —agregué con tono firme dirigiéndome a mi hija—. Por lo pronto, ve a localizar a tu hermano Abrán y hazte cargo de atender a los invitados. Considero que interactuar con gente nueva te vendrá de maravilla para despejar la mente. —Comprendido, madre. Me retiro entonces. Pórtate bien, Yue. —¡Claro que sí, no te preocupes! Me iré a jugar un rato con mi abuelita Hina. En ese preciso instante… sentí como si una ráfaga de flechas invisibles me atravesara directamente el pecho. Aquella niña… me había llamado por mi nombre con un cariño absoluto. Qué absoluta felicidad.
The strongest warrior of humanity (Novela)

Continúa leyendo

The strongest warrior of humanity (Novela)

Capítulo 79

Siguiente Capítulo ›

The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 78

Estás leyendo el capítulo 78 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.