arrow_back

Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 76 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 76: La galaxia en la noche, el eco de la armadura negra y la cacería en el bosque Punto de vista — La Elfa de la Caravana Sentí un alivio tan profundo que las lágrimas heladas por el cautiverio finalmente resbalaron por mis mejillas. Alguien había respondido a mi llamado de auxilio. Pero jamás imaginé que quien vendría a romper nuestras cadenas fuera un humano. Lo observé detenidamente a través de la pequeña rendija de la jaula. Se veía joven, tal vez de mi misma edad… aunque con esa clase de presencia resulta imposible estar segura. Su mirada era seria, tajante; sus ojos brillaban con un azul tan intenso que parecía cortar la penumbra de la noche, y su cabello negro alborotado contrastaba con la ropa llamativa que vestía. ¿Acaso se trataba de un noble de alguna casa influyente? Mi mente se inundó de dudas, sospechas e inseguridades. Sin embargo, había algo en su postura… algo completamente ajeno al resto de su especie. A través de sus ojos no vi la avaricia ni el sadismo que tanto nos habían atormentado. Vi protección. Vi una firmeza inquebrantable. Vi… la chispa de una esperanza real. Pero… ¿de verdad puedo permitirme confiar en él? El miedo amenazaba con paralizarme. Tenía pánico de ser engañada y traicionada una vez más por la ambición humana. Desde el día en que dejé los confines de mi reino para explorar los senderos del continente, todo me parecía maravilloso… hasta que ellos irrumpieron en el camino. Los caballeros del Imperio. Corrí con todas las fuerzas que mis piernas podían resistir, buscando refugio en la maleza, pero terminaron por darme caza. Fue en ese carruaje donde conocí la auténtica cara del horror. No quería aceptar este destino. No quería convertirme en una propiedad. Sin embargo, al mirar a los demás prisioneros —enanos con los hombros hundidos, hombres bestia con las miradas apagadas— comprendí que no estaba sola en esta pesadilla. Todos estaban rotos por dentro. Y mi propio corazón comenzó a hundirse más y más en una espiral de absoluta desesperanza. Me hacía las mismas preguntas una y otra vez en mitad del silencio: «¿Realmente estamos condenados a esta existencia de sometimiento? ¿De verdad merecemos un trato tan aberrante?» No es justo. No es justo que tengamos que pagar con nuestra sangre y libertad por crímenes que jamás cometimos. Yo solo anhelaba conocer el mundo exterior. Soñaba con regresar a mi hogar y convencer a mis padres de que la coexistencia entre las distintas razas era posible. Deseaba estudiar en una gran academia, aprender sobre la arquitectura y la cultura de los humanos… Soñaba con un futuro brillante. Y sin embargo, allí estaba. Encadenada con hierro frío. Humillada. A punto de perder hasta el último rastro de dignidad. Pero entonces… ocurrió el milagro. Aquel chico… ese joven humano derribó a un oficial de la guardia imperial él solo, con un golpe desprovisto de dudar. En ese preciso instante, algo dentro de mi alma volvió a encenderse. La oscuridad sofocante que me rodeaba se desvaneció de golpe. Sentí una luz… una emanación cálida y abrumadora que nos abrazaba a todos lentamente. Era como si la noche misma hubiera desplegado su propia galaxia sobre el bosque; como si las estrellas se hubieran reunido en el cielo para velar por nuestra seguridad. Alrededor de él, el flujo de energía brillaba con un esplendor magnífico. Era hermoso. Era el aura pura de la libertad. Gracias a su mera presencia, el pulso desbocado de mi pecho comenzó a estabilizarse. Respiré hondo, llenando mis pulmones de aire fresco, y giré para observar a mis compañeros de cautiverio. Todos permanecían encogidos, deprimidos, con las pupilas opacas por el trauma, convencidos de que su vida había terminado. No podía permitir que se rindieran en el último tramo. Me puse de pie en mitad del vagón, ajusté la postura y hablé con una voz que sorprendió a todos por su firmeza: —Sé perfectamente el terror que sienten en este momento… pero no se rindan ante la desesperación. Él ha venido por nosotros. Y cuando termine de romper estas rejas, les juro que nadie volverá a ponernos una mano encima. Una joven enana de cabello enredado me miró desde el rincón, con la voz cargada de escepticismo: —¿De verdad… sugieres que pongamos nuestra vida en manos de un humano, elfa? ¿No ves las insignias que lleva el enemigo? —Sí —respondí sin un solo milisegundo de vacilación—. Tal vez sea imposible confiar en la especie humana como conjunto… pero podemos depositar nuestra fe en este individuo en particular. Ese chico está arriesgando su propia vida por nosotros en este instante, a pesar de que no nos conoce de nada, a pesar de que no le debemos nada. No podemos permitirnos perder la esperanza ahora. ¡Vamos a salir con vida de esta caravana! Un silencio sepulcral se apoderó del interior de la jaula. Hasta que un vampiro de tez pálida, encadenado por las muñecas en el rincón más oscuro del carruaje, rompió la calma con una voz grave y resonante: —Mantengan la cordura y escuchen con atención… —dijo inclinando la cabeza hacia la rendija—. Ese muchacho… es exactamente la anomalía que este mundo lleva décadas esperando. Alguien que posee la determinación suficiente para desafiar los dogmas de su propia sangre. Él no guarda parentesco alguno con la plebe ignorante ni con los nobles podridos que se autoproclaman deidades. Ese chico carga algo completamente diferente en su interior. Mis ojos se cruzaron con los del vampiro, y durante un segundo eterno sentí una conexión absoluta con cada prisionero de la caravana. Todos estábamos procesando la misma revelación. —Él podría ser… la salvación que tanto le pedimos al cielo —concluyó el vampiro. Aproveché el impulso, me erguí cuan larga era y alcé la voz para que resonara en los vagones contiguos: —Existen incontables nobles egoístas, tiranos y despiadados en estas tierras… pero él ha demostrado no pertenecer a esa estirpe. Está combatiendo en solitario en mitad del bosque para darnos una oportunidad real de respirar en paz. Por eso les pregunto… ¿están dispuestos a darle esa oportunidad? ¿Están dispuestos a luchar a su lado? El silencio que siguió fue denso, casi místico. Nadie emitió una sola palabra. Pero, uno a uno, todos los cautivos alzaron la cabeza. En la profundidad de sus miradas se leía una consigna unánime: Si hemos de confiar en alguien antes de perecer, que sea en él. Que sea este guerrero quien nos guíe hacia un horizonte donde la discriminación y el sometimiento sean reducidos a cenizas. Lo único que nos quedaba por hacer era aguardar el desenlace. De pronto, un estruendo ensordecedor sacudió la estructura de madera del carruaje. ¡Una detonación mágica había estallado en el camino exterior! Afuera, los caballeros imperiales estaban siendo aplastados… o, mejor dicho, completamente humillados. Golpe tras golpe, la guardia de élite caía derrotada ante un chico de apariencia juvenil… demasiado joven para albergar un dominio tan ridículo de las artes de combate. —¿P-Pero… quién demonios es ese muchacho? —preguntó un enano con la voz entrecortada por el asombro. Me pegué a la madera para observarlo desde el ángulo superior. La palidez de mi rostro se acentuó pero, al mismo tiempo, una pequeña sonrisa de incredulidad comenzó a dibujarse en mis labios. —J-Ja… ja… ja… —dejé escapar una risa ahogada—. Esto tiene que ser una ilusión… ¿Cómo es posible que posea semejante destreza? Los demás prisioneros me rodearon, compartiendo una mezcla fascinante de temor instintivo y veneración. —¿Acaso su reserva de maná es ilimitada? —susurró un hombre bestia a mi lado. Yo también albergaba mis dudas, pero una hipótesis mucho más extravagante cruzó mi mente por un instante: ¿Y si no se trata de un simple mortal? ¿Y si estamos presenciando a una divinidad que descendió de los cielos para juzgar a los hombres? Una chispa de curiosidad casi infantil brilló en mis ojos, pero sacudí de inmediato la cabeza. No era momento para dejar volar la imaginación; debía conservar la compostura. Aunque… viéndolo moverse con tanta soltura en mitad de la sangrienta refriega, daba la impresión de que simplemente estaba jugando con sus oponentes. —Oigan… —dije girándome con una sonrisa pícara hacia el grupo— ¿no creen que deberíamos preparar una ración de comida para disfrutar del espectáculo con calma? Las miradas de los cautivos cayeron sobre mí. Varios no sabían si soltar una carcajada o preocuparse por mi estado mental. —¿Esa niña… de verdad se está divirtiendo viendo cómo descuartizan a la guardia imperial? —murmuró un anciano enano secándose el sudor. Un joven bestia con una enorme cicatriz cruzándole la ceja soltó una carcajada estrepitosa. Sus pupilas ardían con un ardor salvaje: —¡Ja! En mis tiempos, ningún novato se habría atrevido a plantarle cara a la corona… Pero esa elfa tiene toda la razón —apretó los puños hasta hacer crujir los nudillos—. ¡Esto es una obra de arte! ¡Que arda la tiranía! Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez En el centro del camino, la confrontación había alcanzado su punto más crítico. El aire en el bosque se volvió sofocante, cargado del olor a ozono y sangre. Una ráfaga de fuego ardió a lo largo del perímetro, haciendo que la vegetación crepitara como si la tierra misma estuviera rugiendo de indignación. Caminé entre las brasas con paso lento pero implacable, arrastrando el filo de mi espada sobre la tierra seca. —Se los preguntaré por última vez… —mi voz retumbó en el claro con la densidad de un trueno lejano—. ¿Cuál es el objetivo real que persigue su rey al desplegar este tráfico de esclavos? En ese preciso segundo, una anomalía perturbadora se manifestó. Detrás de mi figura, la densidad del maná comenzó a distorsionarse. Una silueta espectral, imponente y revestida con una armadura de placas oscuras que parecía absorber la luz, comenzó a proyectarse como un reflejo sobre mi propio cuerpo. La manifestación de mi vida pasada se erigió sobre mis hombros. Al contemplar la figura flotante, los caballeros imperiales supervivientes retrocedieron tambaleándose, con los rostros desencajados por el pánico absoluto. —N-No… e-es imposible… —tartamudeó el capitán de la patrulla, dejando caer levemente la punta de su mandoble—. ¿Acaso… tienes alguna relación con ese guerrero…? Fruncí el ceño, ajeno a la visión que se proyectaba a mis espaldas, pero sumamente atento a sus reacciones. Ellos reconocían la figura. Sabían perfectamente de quién se trataba. —Es una locura… —murmuró otro soldado mientras un temblor incontrolable le recorría las piernas—. ¿Cómo es posible que conozcas la técnica del… Caballero Oscuro? El ejecutor más temido de los registros antiguos… Me quedé inmóvil durante unos segundos, paladeando el título en mi mente. —¿El Caballero Oscuro…? —repetí con voz pausada—. Así que conservan registros de su existencia… En ese caso, ¿también están al tanto de los motivos por los cuales tuvo que convertirse en una calamidad en aquella era? Los caballeros tragaron saliva convulsivamente. Ninguno se atrevió a articular palabra alguna. La calidez de mi mirada desapareció por completo. Mis ojos se tornaron gélidos, desprovistos de cualquier matiz de clemencia, semejantes a la hoja de una guadaña a punto de cercenar una vida. —Buscaré las respuestas que ocultan por mis propios medios —sentencié con un tono seco y distante—. Y una vez que confirme la verdad detrás de esta pudrición… los cazaré. Uno por uno. Sin contenerme. Elevé mi mano izquierda y las llamas circundantes respondieron instintivamente a mi voluntad, elevándose en espirales de calor. —Rey del Imperio… no importa qué clase de atrocidades planees desde tu trono, ni cuántas legiones envíes a interponerse en mi camino. Cada uno de tus siervos terminará exactamente en la misma tumba. —¡No pierdan la formación! —gritó el oficial intentando reagrupar a los suyos—. ¡Debemos capturarlo vivo a cualquier precio, utilicen la magia de red y…! No logró concluir la orden. Irumpí en su posición a una velocidad hiperiónica. Mi espada trazó una diagonal perfecta, cercenándole la cabeza de un solo corte limpio. La sangre tibia salpicó mi mejilla, pero ya no sentía la menor duda en el pulso. Giré la vista hacia los cuatro caballeros restantes. Todos adoptaron guardia defensiva en acto de desesperación. Y entonces… cometieron el error de parpadear al mismo tiempo. El contraataque fue inmediato y sangriento. El primero de ellos logró conectar un golpe de escudo por mi flanco ciego. La fuerza del impacto me hizo retroceder un par de metros, pero antes de recuperar el equilibrio, un segundo guerrero apareció por mi espalda descargando un tajo descendente mientras un tercero se arrojaba desde la copa de un árbol. Forcé mis reflejos al límite. Bloqueé la hoja superior con la empuñadura de mi espada, giré sobre mi talón para esquivar la estocada trasera y conecté una patada brutal en el yelmo del segundo agresor. Sin perder la inercia, ejecuté un corte horizontal directo a la garganta del hombre que tenía enfrente. Su armadura de cuello cedió como tela desgastada y cayó de rodillas al suelo, ahogándose en su propia sangre. Salté hacia atrás para tomar distancia… pero las últimas dos sombras habían desaparecido de mi campo visual. Estaban utilizando las copas de los árboles y la densidad del humo para ejecutar un ataque de sigilo, desplazándose como espectros en la noche. Resultaba imposible fijar su ubicación exacta a simple vista. Siseos metálicos cortaron el aire. Múltiples cortes superficiales rasgaron mi uniforme y mi piel, dejando líneas de sangre que ardiendo al contacto con el oxígeno. —Ya veo cómo juegan… —murmuré dejando escapar una pequeña risa fría mientras una mueca siniestra se dibujaba en mis labios. Me detuve en seco en mitad del camino despejado. Cerré los ojos e ignoré las heridas. Respiré con calma, canalizando el maná desde mi núcleo hacia la empuñadura, adoptando la postura de esgrima ancestral que mi padre me instruyó en la infancia. —Estilo de la Casa Tanaka: Pétalos de Luz del Alma. El entorno experimentó una transformación drástica. Una brisa mística, serena pero dotada de un corte abrumador, comenzó a girar en torno a mi cuerpo. Cientos de pétalos luminosos de maná emergieron desde el suelo de la cordillera, danzando en el viento como si el firmamento mismo se abriera para dictar sentencia. Avancé tres pasos lentos hacia la penumbra. Cada movimiento de mis pies desencadenó ráfagas de cortes invisibles que rasgaron el espacio. Las sombras entre los árboles fueron masacradas instantáneamente. Los cuerpos de ambos caballeros, divididos entre la carne y el polvo, cayeron desintegrados en mitad de la danza de pétalos radiantes. La sangre se disolvió en el resplandor mágico. Era una técnica tan hermosa como letal. Todos los efectivos de la guardia principal habían sido erradicados. —Solo queda uno… —susurré limpiando la hoja de mi espada—. El que logró conectar el golpe inicial. Aunque el sobreviviente intentaba poner distancia internándose a toda prisa en la espesura del bosque, su destino ya estaba sellado. Había tomado la ruta equivocada. Porque en este sector del dominio forestal habita una entidad antigua que ha permanecido famélica durante días. Punto de vista — Narrador / Profundidades del Bosque El último soldado imperial corría a través de la maleza, tropezando con las raíces y soltando el escudo para ganar velocidad. El pánico le impedía respirar con normalidad. —¡Ese maldito demonio con rostro de niño… es un monstruo incontrolable! —chillaba desquiciado mientras la sangre le corría por la frente—. ¡Debo alcanzar la guarnición! ¡Tengo que advertirle al rey sobre la amenaza que representa ese sujeto! Sin embargo, desde lo alto de un carpe ancestral, un par de pupilas amarillas seguían meticulosamente cada uno de sus pasos. La respiración de la bestia era pesada, hambrienta, salvaje. En cuanto el soldado bajó la guardia para tomar aire tras cruzar un arroyo seco, la criatura se proyectó desde las alturas como un rayo de sombras. El impacto aplastó al hombre contra las rocas. —¿Q-Qué… qué clase de demonio es este? —gritó el soldado, sintiendo cómo una presión colosal le fracturaba las costillas—. ¡No me puedo mover! ¡Que alguien me ayude! ¡Por los dioses, auxilio! Sus alaridos se perdieron en la inmensidad del bosque silencioso. Ningún refuerzo vendría a salvarlo. Las fauces y las garras de la bestia se cerraron sobre su torso. El soldado lloró descontroladamente mientras el terror le consumía el juicio: —¡¡NOOOOO!! ¡¡NO QUIERO MORIR AQUÍ!! ¡¡POR FAVOR, NOOO!! Un crujido seco y definitivo resonó entre las Sombras. La bestia destrozó el cráneo del guerrero de una sola mordida, silenciando para siempre los ecos de la batalla. El bosque recuperó su calma habitual. El rescate había concluido.
The strongest warrior of humanity (Novela)

Continúa leyendo

The strongest warrior of humanity (Novela)

Capítulo 77

Siguiente Capítulo ›

The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 76

Estás leyendo el capítulo 76 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.