Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 75 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 75: La sombra sobre la ruta y el juicio de la hoja
Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez
Avancé a paso firme por la tierra batida hacia el carruaje principal, pero una figura corpulenta se interpuso en mi camino. El hombre sostenía un látigo manchado de hollín y me observó con una sonrisa torcida, disfrutando con sadismo de las lágrimas de los inocentes encerrados a sus espaldas.
—Libera a las personas que están ahí adentro —ordené. Mi voz resonó con una calma tajante.
El sujeto soltó una carcajada lenta… un sonido hueco y desagradable que retumbó en la espesura del bosque.
—¿Que te libere a los esclavos…? —me midió de arriba abajo con evidente desprecio—. ¿De verdad crees que voy a dejar que un mocoso me venga a intimidar? Das vergüenza. Aprende a hablar con respeto, maldito malnacido.
Lo observé en absoluto silencio, pero en el fondo de mis pupilas la furia comenzaba a arder con la violencia de un volcán a punto de hacer erupción.
—¿Vergüenza…? Vergüenza me das tú —sentencié, dando un paso al frente—. Escoria como tú no merece ni respirar el mismo aire que esas personas. Si de verdad crees que voy a permitir que sigan sufriendo… estás acabado.
—¿Repetilo otra vez… niño? —dijo el hombre, irritado. Dio un paso amenazante mientras acortaba la distancia—. Atrévete a hablarme así y te haré—
No alcanzó a articular la última palabra.
En un parpadeo, eliminé la distancia entre los dos. La velocidad fue tan absurda que el aire pareció rasgarse. Un solo golpe. Un impacto seco y destructivo directo al plexo.
Un estruendo sordo sacudió el lugar. El sujeto salió disparado varias docenas de metros, rebotando y rodando por el suelo como un cadáver sin control hasta estrellarse contra la rueda de un carro secundario.
Sin embargo, el impacto no pasó desapercibido.
Voces pesadas resonaron entre la penumbra. Pasos metálicos y coordinados marcaron el ritmo de una marcha letal. Emergiendo de las sombras proyectadas por los carruajes, seis caballeros provistos de armaduras pesadas con las insignias del Reino Imperial hicieron acto de presencia. Venían armados hasta los dientes, emanando una clara intención asesina.
Apreté los dientes, sintiendo cómo el maná a mi alrededor comenzaba a fluctuar por la indignación.
—Así que… ustedes están detrás de todo este horror —murmuré con la mirada fija en sus visores de acero—. ¿El mismo rey imperial les dio semejante orden? ¿Son ustedes los responsables directos de este infierno?
Ninguno de los seis respondió. Ni siquiera se escuchaba una respiración agitada debajo de sus cascos. Se mantenían impasibles, en una calma fría y metódica que hacía que la atmósfera se volviera sofocante.
Alcé mi espada. El metal reflejó un destello carmesí mientras mi energía comenzaba a cubrir el filo.
—Muy bien… si no quieren hablar por las buenas, los haré hablar por las malas.
El choque posterior fue brutal.
En un instante, las espadas colisionaron en una ráfaga implacable de acero. Chispas de luz estallaron por todo el claro, iluminando los árboles circundantes. Mantenía la posición bloqueando ataques sincronizados, retrocediendo con giros tácticos, saltando y desviando estocadas mortales. Cada impacto de mi hoja contra las suyas sonaba con la fuerza de una pequeña detonación, haciendo vibrar la atmósfera.
Sin embargo… la presión no dejaba de aumentar. El ritmo de los embates era milimétrico, propio de unidades de élite curtidas en incontables campañas militares.
Apreté el agarre de la empuñadura mientras la vibración me recorría los brazos.
«Son… seis guerreros de rango alto…», pensé, sintiendo cómo la tensión muscular alcanzaba su punto crítico. «Debo admitirlo… Ni siquiera yo puedo vencerlos a todos en un combate frontal sin desgastarme por completo.»
Por primera vez en mucho tiempo, mi corazón aceleró su pulso. ¿Sería posible que este fuera mi límite en esta era?
Una pequeña sonrisa, irónica y cargada de determinación, se dibujó en mi rostro.
—Nah… claro que puedo con ellos. No debo dudar de mi fuerza. Les mostraré lo que se siente… enfrentarse a un verdadero monstruo.
Comencé a caminar lentamente hacia el centro de su formación, haciendo girar la espada en mi mano derecha. Los caballeros no dudaron; al contrario, acortaron filas y se lanzaron en una embestida coordinada a velocidad letal. Antes de que pudiera alzar la guardia convencional, sus espadas atravesaron mi pecho y mi torso.
Pero el metal no encontró carne.
Las hojas cortaron únicamente una ilusión distorsionada por maná.
Aparecí instantáneamente detrás de uno de los flancos. Un golpe ascendente. Uno solo. La fuerza del impacto fue tan abrumadora que la armadura pesada del caballero se deformó hacia adentro y el hombre salió despedido contra las rocas, aplastado por una energía descomunal.
—Este mocoso… ¿qué clase de monstruo es? —exclamó uno de ellos con la voz alterada por el asombro mientras daba un paso atrás.
—Da igual lo que sea —respondió el líder de la patrulla con voz firme—. Tienen la orden directa: matar a cualquiera que interfiera con la carga.
—¿Matarlo…? —intervino otro guerrero en voz baja, evaluando la densidad del aire que me rodeaba—. No. Hay algo en este niño… Es como si estuviéramos luchando contra una entidad que trasciende nuestro nivel. Debemos capturarlo vivo. Una fuerza así le serviría al imperio para la guerra.
Los miré con un desprecio absoluto, sintiendo cómo el aire a nuestro alrededor descendía varios grados.
—¿Servirle a su Imperio…? Jamás dejaré que me pongan una mano encima. Y no pienso dejar que ninguno de ustedes salga con vida de este bosque. ¿Les quedó claro… malditos asesinos?
—Será mejor que cuides bien tus—
No le permití concluir la amenaza.
Aparecí justo frente a su rostro. Mi hoja trazó un arco perfecto y limpio en el aire: le cercené el brazo armado a la altura del hombro y, acto seguido, le asesté una patada brutal en el pecho que lo mandó a volar contra la madera del carruaje. Cayó al suelo retorciéndose mientras la sangre manchaba la tierra seca del camino.
Los alaridos del hombre agonizante resonaron en la penumbra como si su alma misma estuviera ardiendo en brasas.
Lo observé sin un solo gramo de piedad en la mirada.
—Ahora siguen ustedes.
—¿Qué diablos es este niño? —dijo uno de los mercenarios supervivientes, dando dos pasos hacia atrás con la espada temblando en su puño—. No solo le cercenó el brazo a nuestro segundo al mando… ¡sino que derribó a dos de los nuestros sin sufrir un solo rasguño! ¿Cómo puede ser tan fuerte? ¿Acaso es humano?
—Quiero que me respondan algo antes de que termine con esto —hablé con firmeza, manteniendo la espada apuntando hacia el suelo—. ¿Por qué están esclavizando a las otras razas? ¿Qué busca el Imperio con todo esto?
—¿Tanto quieres saber, mocoso metiche? —dijo el caballero imperial con desprecio, intentando ocultar el pánico en su voz.
—Así es… ¿o es que no tengo derecho a saber la pudrición que están gestando? —respondí. Mi mirada se volvió oscura, densa, pesada.
Al desviar ligeramente la vista hacia el fondo del campamento, divisé nuevamente la celda donde yacía la joven elfa de cabellera rosada. Estaba en un estado lamentable, temblando sobre la madera, cubierta de polvo y marcas de cautiverio. Solo con ver la fragilidad de su figura, una oleada de rabia pura recorrió mi torrente sanguíneo.
—¿En serio tuvieron que ser tan desmedidos y violentos con una chica indefensa? Qué cobardes son. Ustedes… no merecen ser llamados caballeros de ningún reino.
—¿Y acaso tú tienes el derecho de juzgarnos? —preguntó el caballero del frente, ajustando el agarre de su mandoble.
—Por supuesto que lo tengo —lo miré fijamente, clavando mis ojos en los suyos con una intensidad que lo atravesó como una daga helada.
Blandí mi espada ensangrentada en un movimiento circular, pero no para iniciar el ataque directo, sino para posicionarme como un muro inamovible entre la elfa y los agresores. No podía permitir que una sola ráfaga de viento helado o un ataque descarriado la volviera a dañar. Concentré mi energía y desplegué una barrera de magia defensiva de alto nivel… una estructura rúnica que aprendí durante las sesiones de entrenamiento avanzado con el profesor Willian.
Gracias a sus enseñanzas y a la comprensión de mi propia reserva de maná, había logrado dominar el Rango 5 de magia defensiva. La barrera brilló con un tono dorado traslúcido, envolviendo la celda y aislando por completo a los prisioneros del impacto del combate.
En el fondo, no pude evitar admirar la eficacia del plan. El diseño táctico de Lucía estaba funcionando a la perfección… aunque jamás imaginé que la ejecución nos llevaría a una confrontación directa contra tropas de élite del Imperio.
Ella confió en mi capacidad para contener la vanguardia… Y yo confié plenamente en su destreza para infiltrarse y asegurar las caravanas.
De pronto… el cielo nocturno sobre las copas de los árboles se iluminó con un resplandor carmesí brillante.
Era la señal. La prueba inequívoca de que Lucía había asegurado las filas traseras y liberado con éxito a los prisioneros del sector posterior.
Al ver el destello rojo en la cordillera, lo entendí con absoluta claridad: mi parte del trabajo debía concluir de inmediato.
Solo había una forma de finalizar este encuentro. Para garantizar la seguridad de todas las razas liberadas y evitar que la noticia de la intervención llegue a oídos de la corona imperial, no podemos dejar ningún rastro en este camino.
Ajusté el agarre de la empuñadura, canalizando mi maná en las extremidades.
Debo ser veloz…
Silencioso…
Y letal.
Nadie sabrá lo que ocurrió esta noche en este bosque.
Ni siquiera… los muertos.

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Estás leyendo el capítulo 75 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.