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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 74 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 74: El peso del aislamiento, caravanas de sombras y la promesa del caballero Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez Solo lo miré desde la distancia… estaba completamente aislado, como si el peso de todo este plano recayera sobre sus hombros. Caminé hacia él con pasos tranquilos. —Al fin te encuentro —dije esbozando una sonrisa amable. Miguel me devolvió una mirada severa, frunciendo el ceño de inmediato. —¿Qué es lo que quieres? —Solo vine a hablar contigo… Te observaba hace un momento y… se notaba que no estabas bien. Quería saber si realmente te encuentras bien. No podía simplemente ignorar su estado. Algo en mi instinto me advertía que necesitaba ayuda, aunque su orgullo le impidiera admitirlo. —No es de tu incumbencia —respondió secamente. —Solo quiero ayudarte… ¿Por qué no te permites recibir apoyo? Miguel guardó silencio. Bajó la mirada, ocultando una herida profunda que claramente jamás había terminado de cicatrizar. —Tú jamás podrías ponerme una mano encima para arreglar esto, Carlos… Lo que me ocurre es algo que nadie tiene la capacidad de solucionar. Cada quien carga con sus propias cruces. ¿Qué podrías saber tú… sobre mis demonios? Sus palabras cayeron con fuerza, pero no di un solo paso atrás. —Tienes razón. Cada uno de nosotros carga con sus propios abismos… pero eso no significa que debas atravesarlos en absoluta soledad. No puedo permitir que continúes hundiéndote de esa manera. Por eso… quiero que me acompañes mañana a mi casa. Es fin de semana. Creo… que te vendría bien salir del entorno de la academia. Miguel permaneció completamente inmóvil durante unos segundos. La presión en el aire se volvió espesa. Finalmente, pronunció en voz muy baja: —…Te dije claramente que no pienso aceptar tu invitación. Sus ojos reflejaban una sombra de dolor, pero en el fondo destellaba una chispa microscópica. Quizás la última resistencia de alguien que todavía no se ha rendido por completo ante la desesperanza. —Eres alguien bastante complicado —le solté sin apartar los ojos de los suyos. Sonó dramático, pero era la realidad. Aun así, comprendía sus motivos y los respetaba. Solo deseaba construir una convivencia genuina. Yo también requiero un amigo verdadero… alguien con quien compartir batallas y una existencia basada en la lealtad. Tal vez, si logro descifrar lo que atormenta su mente, sabré exactamente cómo actuar. Su mirada siempre me ha causado curiosidad. Es demasiado reservado… un reflejo exacto de mi propia reserva. Quizás por esa misma razón podamos llegar a ser tan cercanos. El día siguiente no tardó en llegar. Sábado. Un nuevo punto de partida. Solo disponía de dos días para regresar a la residencia familiar, hablar con mi madre y mi padre, y ponerme al tanto de lo que han averiguado respecto a los disturbios que se están gestando. Mi plan inicial era viajar en solitario… pero el destino tomó un rumbo drástico. Jamás imaginé que todo el grupo terminaría acompañándome. Solté un suspiro profundo. Gojo, Natsu, Lucía, Shirou, Mio, Melissa, Mei… y Miguel. Todos caminaban a mi lado. Esto se salía por completo de mis cálculos. Iba a ser un fin de semana excesivamente… intenso. —Es la primera vez que visito tu residencia, Carlos —dijo Gojo con una sonrisa expansiva—. ¡Al fin conoceré el hogar de este príncipe! Las risas no se hicieron esperar entre el grupo. —Eres demasiado divertido, Gojo —comentó Mei sonriendo. A decir verdad… tampoco esperaba la presencia de Mei. Asumo que Miguel fue quien la convenció de unirse. Ayer sostenía que no vendría, y ahora caminaba en la fila. ¿Qué fue lo que cambió su parecer? Quizás esto termine siendo entretenido. Es la primera vez que llevo amigos a mi casa. Aun así, mi hermana me confirmó ayer que se adelantaría para llegar antes que nosotros, llevándose a Yue con ella. Shirou la escoltó; no es tan descuidado como para dejar a mi hermana sin protección en el camino. Aunque… pensando en Shirou… él y yo tenemos una deuda pendiente del pasado. Recordé aquel instante en que le atravesé el abdomen… mientras mi cuerpo era controlado por una fuerza ajena. ¿Qué eran realmente esos fragmentos de memoria que me invadieron? Las últimas palabras que intercambiamos, su cuerpo cubierto de heridas… Intenté salvarlo en aquella ocasión, pero el tiempo se había agotado. Él… no logró sobrevivir en la era anterior. Ocurrió durante mi vida pasada. Y a pesar de poseer tanto poder, fui incapaz de evitarlo. Sentí una punzada de dolor amargo en el pecho. Él fue quien me tendió la mano cuando no me quedaba nada… exactamente igual que Shirou en esta era. Les guardo un profundo respeto a ambos. Ellos me forjaron en lo que soy hoy: un guerrero con el instinto necesario para prevalecer en cualquier escenario. Pero todo eso pertenece a la historia previa. Si tuviera la oportunidad… ¿podría convertirme verdaderamente en la persona que debo ser? La vida no es sencilla, jamás lo ha sido. Solo me queda demostrar de lo que soy capaz y defender la razón por la cual mi objetivo es coronarme como el guerrero más fuerte. Los sueños pueden materializarse, pero rara vez se amoldan a lo que uno planifica. Existen individuos que solo observan la luz ajena para intentar apagarla, como si el mundo rechazara la existencia de la esperanza, permitiendo que la gente camine sin rumbo tras perder lo que más valoraba. ¿Me limitaré a ser un mero espectador? ¿O tomaré cartas en el asunto antes de que los inocentes sigan sufriendo? Esto jamás ha sido un asunto enfocado únicamente en mi persona. Se trata también de ellos… de los que no tienen voz, de los que son aplastados por la tiranía del reino, de aquellos que son tratados como absolutas naderías. Giré la cabeza ligeramente y miré a Lucía, recordando los términos de nuestra conversación anterior. «¿Por qué me observa con tanta fijación?», se preguntaba Lucía en absoluto silencio, absorta en sus propios pensamientos mientras caminaba. «¿Será por lo que discutimos ayer? Tal vez cada palabra que cruzamos tenía un peso real. Pero… ¿cuál es la razón verdadera por la que decidí venir? No es que sienta un interés personal por él… o eso quiero pensar. Solo vine porque deseaba evaluar a su familia, eso es todo. Quizás sea posible formar una alianza estratégica entre mi reino y su casa noble. Nadie conoce mi verdadera identidad aquí. Nadie… excepto él. Ni siquiera le he mencionado el nombre de mi ciudad natal: Frostglen. Ese nombre jamás debe ser pronunciado a la ligera. Hay asuntos urgentes que debo investigar, y si estoy aquí es por un propósito mucho más ambicioso que una simple visita social.» «He escuchado rumores oscuros sobre las fronteras de este reino: los Platinos del Amanecer. Afirman haber presenciado la captura y esclavización de diversas razas. Un trato brutal e inhumano… Los degradan como si no tuvieran valor alguno, vendiendo la vida de seres conscientes por unas cuantas monedas.» Lucía apretó los puños suavemente, bajando la vista. La llama de su convicción volvió a encenderse en su pecho. «No puedo seguir ignorando esta realidad. Si las voces son ciertas, descubriré la verdad con mis propios ojos. Y si es real… romperé esas cadenas una por una. Carlos es el único en quien puedo depositar mi confianza para esto. Además… es mi esclavo. Está obligado a acatar mis indicaciones. No creo que se atreva a rebelarse contra mi autoridad… ¿o sí?» En ese instante, una sensación helada recorrió mi nuca. —¿Por qué de pronto siento un escalofrío tan extraño? —murmuré para mí mismo. No es que les tema a las mujeres, pero sus complicaciones suelen superar cualquier escala. He enfrentado monstruos reales en combate, pero la idea de estar formalmente "esclavizado" por Lucía me genera un recelo muy particular. Aun así, ella es una princesa. Si existe una trama oculta detrás de las fronteras, debo investigar de qué se trata. En ese preciso segundo, ocurrió. Una voz clara y desesperada resonó directamente en el centro de mi mente: “Por favor… quienquiera que escuche… sálvame.” Me congelé en el sitio. ¿Telepatía? ¿Magia mental? ¿Un llamado de auxilio real? Alguien estaba sufriendo en las cercanías. —Oigan… adelántense sin mí —declaré con tono firme—. Me detendré aquí un momento. —¿Señor del carruaje… podrá guiar a los demás sin contratiempos hasta la residencia? —pregunté hacia el pescante. —Por supuesto, joven amo —respondió Julián, el hombre de confianza de mi padre, sujetando las riendas. —Bien… te los encargo. Lucía me clavó una mirada llena de sospecha, pero no emitió palabra alguna. En cuanto el carruaje avanzó, me interné en el bosque en total silencio. La voz pertenecía a una mujer. Sonaba aterrorizada, al borde del colapso. Necesitaba confirmar qué estaba sucediendo. Si se trataba de magia o de algo más oscuro, este área forestal no era un simple terreno de paso. Maldición… Me tomaría horas rastrear el origen exacto de esa voz a pie. Solo me quedaba una alternativa rápida. Me senté sobre la hierba, cerré los ojos y concentré mi maná. Expandí mi percepción utilizando la Visión del Dragón. El bosque se desplegó en mi mente como un laberinto tridimensional. Y entonces, la visión se enfocó: una caravana oculta entre la maleza. Al menos veinte carruajes permanecían estacionados en la penumbra, aguardando el momento para movilizarse. Pero lo que reveló el interior de los vagones me congeló la sangre. Elfos, enanos, hombres bestia… Todos encadenados, hacinados como despojos. Tratados peor que a bestias de carga. Algo antiguo y violento despertó en lo más profundo de mi ser. Mi sed de sangre y mi furia amenazaron con desbordarse. En ese instante, percibí una presencia acercándose a gran velocidad por mi flanco. Abrí los ojos y me giré: era Lucía. ¿Cómo demonios logró rastrearme hasta aquí? —Carlos… dime qué es lo que está ocurriendo —demandó con absoluta seriedad. Exhalé un suspiro helado, me puse de pie y transferí una fracción de la proyección visual para mostrarle la realidad. Lucía contempló las imágenes de las personas encadenadas y se quedó completamente paralizada. —¿Qué estamos esperando, Carlos? ¡Tenemos que ir a liberarlos ahora mismo! —Lo sé —respondí con firmeza—. Pero hay un inconveniente grave. Son veinte carruajes saturados de prisioneros, incluyendo niños y ancianos aterrorizados. Si lanzamos un ataque directo e irreflexivo, los guardias ejecutarán a los rehenes antes de que podamos intervenir. —Debemos estructurar una estrategia —agregué apretando los puños—. No podemos actuar como idiotas impulsivos. Se requiere precisión. Lucía se mordió el labio inferior, sumida en la inquietud, y bajó la cabeza. —Lo siento, Carlos… no estaba razonando con frialdad. Tienes razón… no podemos ir a ciegas. —No te disculpes —contesté con tono sereno pero tajante—. Sé perfectamente que te preocupan los niños y cada una de esas personas. No es sencillo presenciar una atrocidad semejante. Pero el objetivo es salvarlos a todos. No me pienso permitir ver más inocentes derramando lágrimas, como si este mundo fuera una condena perpetua. Lucía alzó la vista. Sus ojos reflejaban una determinación renovada, un fuego real ardiendo en sus pupilas. —Quiero que seas tú quien diseñe el plan de infiltración —continué—. Yo respaldaré cada uno de tus movimientos. Eres la persona más inteligente y capaz que conozco para este tipo de situaciones, Lucía. Ella se quedó en silencio un instante, hasta que una sonrisa genuina, desprovista de cualquier arrogancia, se dibujó en sus labios. —Gracias… Carlos —susurró en voz baja. —No hay nada que agradecer —dije mirándola fijamente—. Todos tenemos el derecho y el deber de luchar por aquellos que carecen de los medios para defenderse. Dí un paso al frente y le extendí la mano. —Vamos, Lucía. Nosotros dos nos encargaremos de esto. El viento agitó las copas de los árboles mientras el bosque guardaba un silencio absoluto. El rescate había comenzado. Punto de vista — Narrador / Campamento de Esclavistas Cerca del vagón principal de la caravana, la voz que había emitido el llamado de auxilio yacía sofocada. —Oye… ¿no crees que deberíamos divertirnos un poco con la elfa antes de mover la carga? —comentó uno de los mercenarios con una sonrisa repulsiva. —No es una mala idea… —respondió el segundo evaluando a la prisionera—. Pero recuerda las instrucciones del comprador. Tenemos una tarea simple y no se tolerarán desvíos. Ni se te ocurra desobedecer. La joven elfa temblaba en un rincón. Su mente estaba traumatizada. Poseía una cabellera rosada, piel pálida y profundos ojos de un tono verde celeste que en otro tiempo reflejaban vitalidad, pero que ahora solo transmitían terror puro. Terror a los humanos. Terror a ser tratada como mercancía. «¿Por qué nos hacen esto?», pensaba con la voz rota en llanto. «¿Qué culpa tenemos para terminar así? Creímos en la posibilidad de la paz… creímos que las razas podían coexistir… pero todo fue una cruenta mentira.» Sus pensamientos pesaban como losas. A su alrededor, los demás prisioneros —elfos, enanos y hombres bestia— habían dejado de llorar. En sus miradas no quedaba tristeza, solo un deseo abrumador de libertad. No buscaban simplemente vivir, necesitaban escapar de esa pesadilla. «Los humanos…», articuló la elfa en un susurro amargo, «son despiadados… ¿Acaso carecen de alma?» Antes de que pudiera asimilar su situación, un sujeto de gran estatura se aproximó a la jaula. Su sombra la cubrió por completo. Metió la mano entre las rejas, la sujetó bruscamente del cabello y tiró con violencia hacia atrás, haciéndola caer de rodillas sobre la madera. —¡No! ¡Por favor, deténgase! —suplicó temblando. Deseaba resistirse, pero comprendía que cualquier represalia de su parte provocaría la ejecución de los prisioneros más débiles. Se dejó arrastrar, asumiendo su destino con desesperación. En ese instante, un niño elfo se puso de pie en el vagón contiguo. Apretó los puños y encaró al mercenario con los ojos ardiendo en coraje: —¡Maldito bastardo! —gritó temblando de rabia—. ¡Déjala en paz! ¡Ella no ha hecho nada! ¡¿Crees que puedes tratarnos así solo porque estamos encadenados?! El hombre se giró lentamente y sonrió. Una mueca vacía, carente de cualquier rasgo de empatía. —Vaya, parece que los mocosos de esta camada tienen valor. Pero escucha con atención, sabandija… —sus ojos se tornaron oscuros— será mejor que cierres la boca si no quieres que te descuartice aquí mismo. La presión en el lugar se volvió insoportable. El niño dio un paso atrás sin bajar la mirada. Y entonces, un crujido seco resonó en la maleza circundante. Carlos y Lucía habían tomado posiciones. —¿De verdad consideras que esta maniobra funcionará, Lucía? —susurró Carlos desde la penumbra de las ramas. —Por supuesto —aseguró ella sin dudar—. Mantén la precisión y ejecuta tu parte en cuanto te dé la señal. Carlos la observó de reojo. Confiaba en su intelecto, pero mantenía la atención fija en el objetivo. Dentro del vagón principal, la elfa y el niño percibieron la alteración en el exterior. El mercenario que había amenazado al menor salió a inspeccionar la causa del ruido. Allí afuera, una figura solitaria avanzaba a paso firme por el camino de tierra. Su presencia emanaba una frialdad sofocante. Cada uno de sus pasos parecía resonar con el peso de una montaña. El guardia intentó evaluar al recién llegado, pero la mirada del sujeto no transmitía humanidad alguna, únicamente un desprecio absoluto por los esclavistas. La elfa, observando a través de las rendijas de la madera, abrió los ojos de par en par. Sintió cómo el aire regresaba bruscamente a sus pulmones. —Él… él ha respondido a mi llamado… —susurró, mientras lágrimas silenciosas resbalaban por sus mejillas. El niño frunció el ceño, confundido por la escena, pero una ola de murmullo y esperanza comenzó a extenderse entre los prisioneros. —¿Ese hombre… vino a rescatarnos? —preguntó una anciana enana con la voz entrecortada. La elfa sonrió, sintiendo su corazón latir con fuerza renovada. —Sí… creo que finalmente seremos libres. El miedo que los había aplastado durante días dio paso a una determinación colectiva. Aferrados a la visión de aquel desconocido que avanzaba sin vacilar, los prisioneros comenzaron a rezar en silencio para que aquello no fuera una cruel ilusión. Mientras Carlos atraía la atención de los guardias del frente, Lucía ejecutaba el flanqueo. Se desplazó con agilidad entre la maleza, utilizando los árboles como cobertura táctica. Su respiración era rítmica y controlada; era consciente de que el mínimo error le costaría la vida a los rehenes. Al alcanzar el sector posterior donde se custodiaban los vagones secundarios, dos caballeros provistos de armaduras completas del Reino Imperial le salieron al paso, desenvainando sus mandobles con coordinación impecable. —Así que no tienen intención de dejarme pasar por las buenas, ¿verdad? —dijo Lucía deteniéndose en seco. Los caballeros no emitieron sonido alguno; simplemente bajaron los visores de sus cascos y adoptaron guardia de combate. Lucía esbozó una sonrisa helada. —Son unos cerdos despreciables. La provocación fue efectiva. Ambos mercenarios cargaron simultáneamente contra ella. Sin embargo, Lucía ya había trazado el mapa de su ataque. —Magia combinada: Rayo de Fuego. Un intrincado círculo mágico de doble matriz se desplegó bajo sus pies, desencadenando una poderosa detonación de fuego eléctrico que cimbró el terreno. Las armaduras de los caballeros se fundieron parcialmente bajo el calor extremo, y sus cuerpos cayeron inconscientes sobre la tierra húmeda. Lucía los contempló con una mirada despiadada, dispuesta a erradicar cualquier amenaza que se interpusiera en su camino. Se aproximó de inmediato al carruaje y forzó los cerrojos. Los prisioneros retrocedieron instintivamente hasta que la puerta se abrió de par en par y la luz del fuego iluminó el rostro de la joven. —No hay nada que temer —declaró Lucía con voz firme—. He venido a sacarlos de aquí. Se produjo un breve silencio, roto por la voz temblorosa de un hombre bestia de pelaje grisáceo: —¿En verdad… somos libres? Lucía le extendió la mano con determinación. —A partir de este instante, todos ustedes son libres. Pero necesito que me ayuden a asegurar el resto de los carruajes. ¿Contaré con su apoyo? El hombre bestia sonrió con renovada esperanza, incorporándose de inmediato. —La fe no nos ha fallado… Sí, señorita. La seguiremos. Es momento de liberar a nuestros hermanos. El resto de los prisioneros asintió con firmeza, rompiendo sus cadenas con la ayuda de Lucía mientras la voluntad de luchar renacía en sus rostros. —¡Entonces muévanse! —ordenó Lucía—. ¡Esto apenas comienza!
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 74

Estás leyendo el capítulo 74 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.