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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 73 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 73: Sombras en el vestíbulo, cicatrices del pasado y la juramentación del caballero Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez —¿Y por qué querías saber sobre mi regeneración, Lucía? —inquirí, ajustándome el uniforme mientras la observaba con atención. —Solo tenía curiosidad —respondió con una calma calculada, aunque la frialdad de su mirada traicionaba la simpleza de sus palabras—. Pero ya que estamos juntos en esto… ¿qué te parece si vamos a comer algo? Hay muchas cosas que quiero hablar contigo. Y tú… también tienes curiosidad sobre mí, ¿verdad? Me miró fijamente. Seria. Sin pestañear. Aquello no era una invitación casual; era una declaración absoluta. Y no se equivocaba. Siempre he tenido curiosidad sobre Lucía. Desde que obtuvo el primer lugar en los exámenes de ingreso, se convirtió en la cúspide de la academia: la mejor en fuerza física, intelecto y estrategia. Ella siempre fue como una sombra implacable que esperaba el instante preciso para asestar un golpe. Me retaba una y otra vez a un duelo directo, y yo siempre rechazaba sus desafíos. No por temor, sino por la imperiosa necesidad de no llamar la atención. Dentro de estas paredes hay presencias a las que no quisiera volver a cruzarme jamás. Pero entonces… lo sentí. Una presión gélida recorrió mi espina dorsal. Esa presencia. Kronos. Estaba allí, a escasos metros en mitad del vestíbulo, observándonos en absoluto silencio como un depredador cuya lectura de intención resulta imposible. Pero no venía solo. A su lado caminaban Drako, Oscar y Ascan. Las miradas del grupo eran completamente distintas entre sí, reflejando motivaciones oscuras e independientes. No había señales de Charlotte ni de Kratos, lo que me confirmó que la tormenta principal aún no había estallado. Una sonrisa, casi involuntaria, se dibujó en mi rostro. «Esta… podría ser una oportunidad perfecta», pensé. Una oportunidad para desentrañar lo que ocurrió realmente en aquella era… antes de que mi propio hermano me diera la espalda. Al cruzarnos en el corredor, un susurro helado cortó el aire a mi lado: —Me alegro de que hayas sobrevivido… mi querido hermano menor. Kronos se detuvo a mi costado como si fuera un transeúnte cualquiera, pero cada una de sus palabras venía cargada de veneno. Mi expresión cambió al instante. Lo miré de reojo con aparente serenidad, pero la rabia ardió de inmediato en mi interior. —Así que… tú sabías todo esto desde el principio… ¿Kronos? Él sonrió. Esa sonrisa arrogante que he detestado desde que tengo memoria. Nos sostuvimos la mirada como dos bestias encubiertas midiendo el alcance del otro. Sorprendentemente, Lucía no percibió el intercambio de intenciones. —No tienes por qué enojarte —dijo él con un tono inquietantemente tranquilo—. Solo escuché rumores de que fuiste poseído por un demonio abismal. No hay razón para que me mires de esa forma. Seguía sonriendo, disfrutando de la tensión que provocaba en mí. Yo no respondí. Me limité a fijar mis ojos en él, más serio que nunca. Estaba profundamente molesto. No lograba comprender por qué siempre buscaba arruinar mi existencia, como si yo fuera un error de la naturaleza que debía ser borrado del mapa. ¿Qué secreto está ocultando? ¿Qué es lo que aún desconozco sobre nuestro linaje? Sin embargo, me negué a perder la compostura. Respiré hondo y reanudé la marcha con paso firme. Él podía seguir ocultando sus cartas, pero tarde o temprano la verdad terminaría por alcanzarlo. —¿Ocurre algo, Carlos? —preguntó Lucía, mirándome con una mezcla de curiosidad y sospecha. —No es nada —suspiré relajando los hombros—. Vamos a comer… y después me hablarás de ti. —Sí, sí, como digas. Ni modo que te me fueras a declarar delante de medio campus —soltó con una sonrisa burlona. Rodé los ojos en silencio. «Algún día… te haré temblar de miedo», pensé con ironía. Pero por el momento debía concentrarme en perfeccionar el control de mi flujo mágico. Quizás no fuera mala idea solicitar la ayuda de Lucía; al fin y al cabo, es la única que me desafía constantemente. Aun así, mientras caminábamos, no pude evitar preguntarme qué estarían haciendo Yue y Natsuki en este preciso instante. Punto de vista — Narrador / Residencia del Clan En la sala de entrenamiento privada, la atmósfera era serena pero densa debido a la concentración de energía arcana. —Bien, Yue. Has mejorado exponencialmente en el control de tu reserva de maná —reconoció la madre de la joven, observando el brillo residual en sus manos. —Todo ha sido gracias a tus enseñanzas, madre —respondió Yue inclinando la cabeza—. Pero… a decir verdad, todavía no comprendo del todo la naturaleza de mi poder. ¿Tú sabes algo al respecto? Karen, que observaba la escena desde el umbral, intervino con seriedad en el rostro: —Déjame adivinar, Yue… Si tu potencial ha estado aumentando a este ritmo tan acelerado, la situación puede volverse preocupante. ¿Qué opinas tú, cuñada? —Es verdad —asintió la madre de Yue cruzándose de brazos—. No comprendemos la razón de esta aceleración tan drástica. Tal vez deberíamos instruirla en las técnicas avanzadas de contención de flujo mágico; eso mantendría su núcleo estable… al menos por un tiempo. Yue fijó sus ojos en Karen sin apartar la vista un solo segundo. Había algo en la profundidad de esa mirada, como si la joven estuviera a punto de despertar una percepción que ni ella misma lograba asimilar. —¿Qué tanto me miras, Yue? —preguntó Karen, intentando forzar una sonrisa, aunque un ligero temblor delató su nerviosismo. —No es nada, tía… —respondió Yue con voz pausada—. Es solo que… hay algo en tu presencia que me preocupa. Karen se congeló. Sus ojos perdieron el brillo del presente, como si su mente fuera arrastrada de golpe hacia un pozo oscuro. —¿En verdad… notas algo extraño en mí…? —susurró, con la voz quebrándosele en la garganta. Un temblor recorrió su cuerpo y se abrazó a sí misma como si un viento helado la hubiera atravesado. —Ha pasado mucho tiempo desde… aquella tragedia. Pero aún… —tragó saliva con dificultad— no puedo erradicar de mi cabeza aquel día. La mirada de Karen cayó hacia el suelo. Yue sintió un escalofrío al notar la densidad de la culpa que rodeaba a su tía. En ese instante, Karen no estaba en la habitación; estaba reviviendo el trauma de su caída. —Por primera vez en mi existencia… experimenté algo aterrador: mi propia muerte. Un silencio sepulcral envolvió el recinto. —Si no hubiera sido por el sacrificio de mi hermano… y por la intervención de Gojo, yo habría perecido a manos de Lucifer —continuó Karen, apoyando una mano sobre su pecho agitado—. El Dios de la Espada me advirtió que jamás me confiara ante una entidad superior. Pero dejé que la arrogancia guiara mis acciones… y pagué el precio. —Tía… —murmuró Yue con una sombra de aflicción en la mirada. —Desde ese día —Karen alzó la cabeza, y una llama de determinación feroz volvió a encender sus pupilas—, solo he tenido un pensamiento en mente: entrenar. Entrenar cada hora de cada día. Sin descanso. Sin piedad. Porque Lucifer no es la única amenaza libre en este mundo. Hay seres… mucho peores que él. «Hermano… ¿qué debería hacer?», pensó Karen en su fuero interno mientras su respiración se estabilizaba. «A veces me siento insuficiente, como si el peso de esa tragedia me impidiera avanzar. Siempre me dijiste que jamás me rindiera… pero ahora resulta tan difícil.» Exhaló lentamente, dejando ir la tensión. A lo lejos, a través del ventanal del patio interior, contempló a Yue y a Natsuki riendo mientras jugaban juntas. «Quizás… debería pasar más tiempo con ellas», meditó Karen con amargura y ternura entremezcladas. «Ellas siguen viviendo, siguen sonriendo. Tal vez yo también deba intentarlo.» Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez En el comedor principal de la academia, la concurrencia era moderada. Lucía y yo ya habíamos realizado nuestros pedidos en la barra. —Yo tomaré un plato de curry —indiqué al cocinero. —Y para mí, un cóctel de frutas —pidió Lucía con soltura. Con nuestras bandejas en mano, nos dirigimos a una mesa junto al gran ventanal que daba a los jardines. Al sentarnos frente a frente, Lucía cruzó una pierna con suma elegancia y me clavó la mirada. —Bueno —dijo dejando escapar una risita suave—, querías saber sobre mí, ¿no es así? —Así es —respondí antes de tomar el primer bocado. Ella dejó su tenedor a un lado y adoptó una postura erguida. Su voz sonó suave, pero cargada de una autoridad innegable: —En realidad… pertenezco a la realeza. Soy una princesa. Me detuve con la cuchara a mitad de camino y la miré completamente sorprendido. —¿Hablas en serio…? —Totalmente —asintió—. Te explicaré por qué oculté mi estatus social: no quería llamar la atención ni recibir un trato diferenciado. Provengo de un reino vecino y, aunque mis padres también estudiaron en esta academia en el pasado, eso ocurrió hace décadas. Yo solo buscaba aprender… experimentar una vida común. No la rutina de una princesa, sino la vivencia de un ser humano ordinario. Una sonrisa genuina iluminó su rostro. Era una expresión completamente diferente a su habitual máscara de arrogancia, la más sincera que le había visto jamás. —No me provoca reparo alguno relacionarme con la gente común —añadió—. Al contrario… me reconforta estar rodeada de ellos. Sus palabras resonaron en mi mente con fuerza. —Los nobles… —continuó Lucía, y su tono se volvió sombrío— suelen ser corruptos y despiadados. He presenciado injusticias en mi hogar que jamás podré borrar de mi memoria; actos que no deberían permitirse en ninguna nación civilizada. Clavó sus ojos en los míos. Sentí una vibración en el aire, una mezcla de respeto y tensión. —No puedo erradicar esa corrupción yo sola. Necesito… un caballero. Alguien capaz de proteger la voluntad del pueblo, de actuar como escudo para quienes han perdido la voz. Porque absolutamente todas las personas tienen derecho a una existencia digna. Un silencio cálido y comprensivo se asentó entre nosotros. La observé en silencio, comprendiendo al fin la carga que llevaba sobre los hombros: la princesa no buscaba un título, buscaba cambiar el orden del mundo. Y, sin darme cuenta, un antiguo propósito comenzó a despertar en lo más profundo de mi ser. —Entonces… ¿de verdad deseas cambiar la estructura de este mundo, Lucía? Ella me sostuvo la mirada en silencio. No necesitó pronunciar palabra alguna; la respuesta estaba escrita en la firmeza de sus ojos. En ese instante, el eco de una voz ancestral resonó en mi memoria, entregada como un legado imperecedero: \> “Existe demasiada corrupción en este mundo, muchacho. Pero sé que algún día tú serás capaz de cambiarlo todo… porque confío plenamente en ti.” \> Aquella voz, pertenencia del fundador Gojo, aún vibraba en mi alma. Su fe en mí fue lo único que me sostuvo cuando la oscuridad amenazó con consumirme por completo. Sentí que el peso de este mundo no debía ser una carga sobre mis hombros, sino una convicción dentro de mi corazón. Tomé aire y miré a Lucía con absoluta sinceridad: —Si para transformar este mundo debo arriesgar la vida, lo haré sin dudarlo. No importa cuántas veces caiga ni cuántas fuerzas se posicionen en mi contra. Si hay personas que necesiten auxilio, yo estaré allí para defenderlas. Sin exigir recompensas, sin buscar títulos ni gloria… Solo deseo un mundo donde todas las razas puedan coexistir sin temor, donde nadie deba atravesar el sufrimiento que yo experimenté. Lucía escuchó cada una de mis palabras sin desviar la mirada. La brisa que entraba por el ventanal movió suavemente los mechones de su cabello rubio, y la sonrisa que me dedicó superaba en belleza a cualquier corona real. —Carlos… —susurró con ternura— quizás tú seas el caballero que he estado esperando durante todo este tiempo. Mis ojos se abrieron ligeramente. Por primera vez en mucho tiempo, lo que experimenté en el pecho no fue dolor ni rencor… fue una auténtica chispa de esperanza. —Pero aun hay algo más, ¿verdad, Lucía? —añadí rompiendo el trance—. No se trata solo de tu identidad secreta como princesa, sino de tu verdadera personalidad… esa que dista mucho del protocolo real. —Tal vez con el resto de la academia mantenga la postura que corresponde a mi rango —dijo ella mirando hacia su plato con un ligero rubor—, pero cuando estoy contigo puedo expresarme con total libertad y mostrarme tal como soy. Además… —levantó la mirada con una expresión de fingida molestia— eres un tonto. Un idiota desobediente que siempre se entromete en asuntos ajenos. Sus palabras cayeron como flechas directas, haciéndome muecas de dolor. Dolían porque eran rigurosamente ciertas. Sin embargo, su tono se volvió reflexivo de inmediato: —Carlos… quiero que me ayudes a reescribir el destino. Quiero transformar este mundo aunque nos tome años de esfuerzo, pero debemos comenzar trazando una estrategia sólida. Tenía razón. Seguíamos siendo estudiantes dentro de Ryouou Clannad y aún nos quedaba un largo camino por recorrer. Contemplé el paisaje a través del cristal por unos instantes, preguntándome si este mundo realmente valía la pena. Si la respuesta era afirmativa, entonces estaba dispuesto a luchar contra el destino mismo. Debía demostrar quién soy realmente y la razón por la que continúo en pie. Al terminar de comer, nos pusimos de pie y nos despedimos de forma distendida. —Nos vemos luego, Lucía. —Lo mismo digo, Tanaka. Me alejé por el corredor principal con una sensación de extrañeza en el pecho. Al doblar la esquina que conducía hacia las salas de entrenamiento, divisé a Miguel Sasai. Estaba de pie en una esquina, apoyado contra la pared y mirando fijamente hacia el cielo a través de la ventana, como si buscara en la inmensidad del horizonte un poco de paz… o la mínima oportunidad de recuperar la tranquilidad que le había sido arrebatada.
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Estás leyendo el capítulo 73 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.