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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 71 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 72: Sombras en el trono, resonancias del alma y el peso de las legados Punto de vista — Narrador / Abismo En la inmensidad del Mundo Abismal, allí donde la luz moría antes de nacer, la gran cámara del trono parecía respirar. Columnas de obsidiana viva se retorcían bajo la presión espectral de catorce presencias legendarias. Era una reunión que no se convocaba desde hacía siglos: los catorce Abismales más poderosos se hallaban frente a frente, y el simple choque de sus auras amenazaba con rasgar el tejido de aquella dimensión. En el centro, Lucifer sonreía con esa compostura vil que contagiaba parálisis. —Me alegra verlos aquí, amigos míos —declaró, dejando que su voz retumbara suave pero helada—. Los mandé llamar porque… he logrado mi objetivo. El murmullo de incredulidad se extinguió casi al instante. Lucas rompió el silencio, apretando el puño. —¿D-De verdad lo hiciste? Es difícil creer que, en tan poco tiempo, hayas conseguido exactamente lo que querías. —Lo sé, Lucas… sobre todo para alguien que siempre duda de mí —replicó Lucifer con una risa baja y pausada—. Pero deberías saberlo mejor que nadie: yo nunca fallo. Y siempre consigo lo que me propongo, independientemente de la severidad de los métodos. Sus ojos carmesí recorrieron el perímetro del consejo. —Al igual que ustedes… mi objetivo principal sigue siendo Carlos Tanaka Sánchez. Tuve la oportunidad de combatir contra él… e incluso de poseer su cuerpo por un breve instante. Y durante esa fusión espiritual, me enteré de algo que les interesará desmedidamente. Sayu, con los brazos cruzados y la mirada rígida como el hielo, dio un paso al frente. —¿A qué te refieres con eso, Lucifer? —Oh, vamos, mi querida Sayu… deberías ser más perspicaz. En fin —Lucifer alzó la voz, volviéndola grave y autoritaria—: Lo que presencié en el interior de su alma es sumamente alarmante. Existen individuos… entidades en este plano que superan drásticamente lo que habíamos calculado. Seres que sobrepasan con facilidad el poder del propio Carlos. —¿Insinúas que hay presencias por encima de ese muchacho? —intervino un Abismal cubierto por mantos de sombra. —Por supuesto —confirmó Lucifer con una malignidad calculada—. Y la razón por la que los he reunido hoy es para emitir una advertencia directa: ni se les ocurra enfrentarse a ellos. No todavía. Nuestro objetivo fundamental sigue siendo la Reliquia Sagrada de Dios. Para alcanzarla debemos aguardar con paciencia antes de realizar el siguiente movimiento. —¡¿Qué?! —exclamó Laxuz, dando un paso furioso mientras la energía destructiva chispeaba a su alrededor—. ¡¿Cómo que esperar?! ¡Lucifer, sabes perfectamente que—! La atmósfera del salón se cortó de golpe. La sombra de Lucifer estalló hacia el techo, desplegándose como las alas de un dios primigenio devorador. La presión gravitacional aplastó a Laxuz contra el suelo de obsidiana, haciendo crujir sus huesos. —¿Acaso no escuchaste lo que dije? —retumbó la voz de Lucifer con el peso de un cataclismo—. Aún no podemos movernos. Si actuamos ahora, arruinaremos un plan perfecto. Y créeme, Laxuz… aunque te descompongas por causar caos, este no es el momento. Laxuz apretó los dientes con una rabia impotente, mordiéndose el labio hasta que un hilo de sangre negra goteó sobre la piedra. —Es tal como dice Lucifer. Una voz grave, serena y cargada de una autoridad milenaria resonó en el ambiente. Gabriel, uno de los Abismales más antiguos, avanzó desde las penumbras. Su sola presencia hizo que hasta los contendientes más impulsivos guardaran compostura. —Debemos ser pacientes… ¿pero de cuánto tiempo estamos hablando exactamente? —inquirió Gabriel, fijando su mirada inquisitiva en Lucifer. —Yo diría… que entre uno o dos años —respondió Lucifer, disfrutando del manejo de los tiempos—. Requerimos estructurar una estrategia sin fisuras que garantice la victoria absoluta. Movernos entre las sombras es la decisión más sensata; nadie debe conocer nuestras intenciones por el momento. Además… ya he conseguido manipular a múltiples razas a mi favor. Gabriel dejó escapar una carcajada suave, casi poética. —Vaya, cuánto te envidio, Lucifer… Tienes a prácticamente todas las especies jugando en tu tablero. Es sencillamente magnífico, ¿no lo crees? —"Magnífico" no es la palabra —sentenció Lucifer, endureciendo la mirada—. Es meramente… necesario. Y agradecería que mostrases un nivel de respeto superior ante mi persona. —Vaya, vaya… no seas tan dramático —respondió Gabriel con una sonrisa torcida—. ¿O prefieres que revivamos los viejos tiempos? Un silencio sepulcral volvió a engullir la cámara del trono. —Ni me lo recuerdes —murmuró Lucifer tras una pausa larga—. En aquella época no existía un solo mortal capaz de frenar nuestro avance. Ni siquiera los Diez Legendarios Héroes. —El Rey de los Héroes… —susurró Sayu, y por primera vez un microtemblor recorrió sus ojos—. Incluso él terminó sucumbiendo ante aquel ser… el que ascendió a la divinidad. —Exacto —asintió Lucifer—. Fuimos testigos directos de aquella carnicería teñida de sangre. Y no olviden la razón por la cual seguimos respirando: fue gracias al pacto firmado con el Dios Nocturno y el Dios Antiguo. Aunque el Antiguo cayó derrotado… y el Nocturno simplemente se desvaneció. Creí erróneamente que había exterminado a la totalidad de su linaje, pero mis indagaciones revelan que cuatro descendientes lograron sobrevivir. Las pupilas de los catorce Abismales brillaron con un interés renovado. —Por el momento —concluyó Lucifer, mientras una sonrisa macabra deformaba sus facciones—, he localizado la posición exacta de tres de ellos. Y sugiero… que vayamos primero por sus cabezas. Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez El sol matutino iluminaba los amplios senderos de la Academia Ryouou Clannad. Aunque los rastros de la batalla previa comenzaban a borrarse gracias al esfuerzo diario, la calma se sentía frágil, como cristal a punto de quebrarse. Ya había cumplido los 14 años, pero el peso sobre mis hombros parecía triplicarse con cada mes transcurrido. —Oye, Carlos… ¿no crees que deberíamos ir al campo de Ciencia Mágica? —preguntó Abrán, inclinando la cabeza con curiosidad mientras caminábamos por el pasillo principal. —Tal vez tengas razón, hermano —respondí rascándome la nuca—. ¿Pero por qué te llama tanto la atención esa clase en particular? —Tenía bastante curiosidad —sonrió él francamente—. La ciencia mágica es fascinante. Me gusta aprender conceptos nuevos y creo que nos vendría bien un distractor después de todo el caos reciente. —Es verdad… —suspiré profundamente—. Nadie pudo haber previsto lo que sucedió aquel día. Pero al menos seguimos con vida. Por ahora solo me interesa volverme más fuerte, descansar… y asegurarme de no volver a ser esclavo de las circunstancias. —¿De verdad fue tan aterrador? —musitó Abrán con una sombra de duda en la voz. Me detuve un instante, dejando que mis pensamientos se sumergieran en aquel recuerdo sombrío. «Nadie en la academia llegó a comprender la magnitud real de lo que ocurrió… solo unos pocos presenciaron el desenlace. Cuando el director y la comandante Angélica me interrogaron, tuve que medir cada una de mis palabras. Oculté la verdadera naturaleza de lo que Lucifer extirpó de mi interior… Siento en lo más profundo de mi ser que esto penas comienza. Se avecina una tormenta mucho peor. Pero no puedo darme el lujo de perder la esperanza.» Apreté los puños para disimular un ligero temblor en las manos y reanudé la marcha. —Vamos a ver esa clase, hermano. Quizás aprenda algo útil para cuando necesite forjar mi propia espada mágica. Al aproximarnos a la entrada del aula de Herramientas Arcanas, la figura seria de Miguel se recortó frente al umbral. —Ah, ¿ustedes también vienen a esta clase? —inquirió Miguel con su habitual frialdad. —Así es —respondió Abrán—. Íbamos a entrar justo ahora. Tú eres Miguel Sasai, ¿verdad? —Correcto. Y tú debes ser Abrán… el hermano de este tonto. Fruncí el ceño de inmediato. —¿A qué viene lo de "tonto", Miguel? Ni siquiera sé qué es lo que te molesta de mí. ¿Te hice algo en particular? Miguel suspiró con evidente desgana, cruzándose de brazos. —Hay aspectos que jamás vas a procesar, Carlos. Simplemente hay detalles de tu persona que no tolero, eso es todo. Como sea, entremos de una vez. —¡Oigan, aguarden un segundo, no entren sin mí! —resonó una voz desde el fondo del corredor. Giramos el rostro justo a tiempo para ver a Mei corriendo a toda prisa, antes de perder el equilibrio de forma aparatosa y estrellarse duramente contra el piso. —¡A-Ahh! —gimió ella, sujetándose el tobillo en el suelo. Sorprendentemente, Miguel fue el primero en reaccionar. Avanzó a pasos agigantados, agachándose a su lado y extendiéndole la mano con firmeza. Mei sostuvo su agarre mientras se ponía de pie, teñida por un rubor intenso. —P-perdón… soy increíblemente torpe —murmuró inclinando la cabeza—. Tenía miedo de quedarme fuera de la sesión… jeje. —Solo sé más precavida la próxima vez —musitó Miguel, ocultando bajo un todo seco la genuina preocupación de sus ojos. «Esta chica es verdaderamente particular…», pensé al contemplarla. «Apenas la vi caer, mis pies se movieron solos. No puedo negar que posee una belleza deslumbrante, como si una pequeña deidad hubiera tropezado en mitad del pasillo.» —Tendré mucho cuidado, de verdad muchas gracias… este… ¿cómo dijiste que te llamabas? —preguntó Mei, ladando la cabeza con genuina confusión. A Miguel se le desmoronó la compostura al instante; casi cayó sentado de la impresión. —¿D-De verdad no recuerdas mi nombre? —se tocó la sien, soltando un pesado suspiro—. Soy Miguel. —¡Oh! Un placer, Miguel. Y discúlpame por el despiste —se disculpó ella, visiblemente avergonzada. —No te preocupes… es comprensible —intentó responder él con serenidad, aunque por dentro estaba sufriendo una derrota aplastante. Al observar la sonrisa con la que Mei iluminó el corredor, el rostro de Miguel se tornó completamente rojo. El contraste entre su actitud distante y esa reacción no pasó desapercibido para nadie. —Oye, Abrán… ¿viste eso? —le susurré a mi hermano aguantando la risa. —Sí lo vi, pero no seas chismoso, Carlos —me reprendió él cruzándose de brazos. —¡Pero si Miguel prácticamente voló a socorrerla! —insistí sonriendo. —Hermano… tú pasaste por algo exactamente igual con Natsu —disparó Abrán sin anestesia. Me congelé en el acto. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. —N-no me recuerdes eso… esa mujer puede ser aterradora cuando se lo propone… —No decías lo mismo cuando estaban a solas en la enfermería —agregó él con una sonrisa juguetona. —¿Q-Qué más alcanzaste a ver…? —pregunté con la voz rota por el pánico. —Tranquilo, hermano —la expresión de Abrán se volvió serena—. Solo te vi derrumbarte emocionalmente… cuando prometiste que darías tu propia vida con tal de mantenernos a salvo. Me quedé en silencio, bajando la mirada. Las palabras de aquella promesa realizada semanas atrás pesaban en la atmósfera como plomo. —No lo digo para deprimirte —prosiguió Abrán en voz baja—. Es solo que me dejó pensando… cuando afirmaste que si algo nos sucedía, te convertirías en un auténtico monstruo. Apreté los dientes sin responder. La oscuridad latente en mi interior era algo que debía contener a toda costa. Punto de vista — Miguel Sasai y Mei Mientras caminaban un par de pasos por detrás, Mei observaba la silueta rígida de Miguel con evidente inquietud. —¿De verdad crees que Carlos se encuentra bien? —le preguntó en voz baja. —Él sabe perfectamente lo que hace —respondió Miguel manteniendo la vista al frente—. No tienes de qué preocuparte. —Ehh… ¿no te llevas bien con él, verdad? Miguel dejó escapar un suspiro amargo. —Es tal como dices. No congenio en absoluto con su forma de ser. A veces… no puedo evitar sentir rabia al ver la familia tan atenta que tiene. Cuando yo estuve al borde de la muerte tras la batalla, mis propios padres ni siquiera se molestaron en venir a verme. Esperaba que al menos se presentaran, que me dieran un abrazo y me dijera que todo estaría bien… Pero no les importó en lo absoluto. Sus manos se cerraron con impotencia. —Sin embargo… la madre de Carlos se acercó a mí en la enfermería. Sin ser su hijo, me envolvió en un abrazo cálido. Y su padre, a pesar de esa aura intimidante que transmite, se comportó de forma completamente distinta a como lo haría el mío. Mei se cubrió la boca con las manos, conmovida por la confesión. La memoria de Miguel viajó a aquel día en el hospital de la academia. «"Muchacho, ¿en dónde están tus padres?"», le había preguntado Josué con tono firme pero comprensivo al notar su soledad. «"No te permitas caer en ese pozo. La vida es sumamente dura, y yo estuve en una posición idéntica a la tuya en el pasado. No abandones tus metas ni tu determinación. Si alguna vez necesitas orientación o entrenamiento, ven a buscarme. Te daré los consejos necesarios."» En aquel instante, Hina Sánchez también se había aproximado con una sonrisa reconfortante. «"Nunca permitas que la negatividad te consuma, Miguel. Tienes un templo de acero en el pecho. Mantén la mirada fija en el frente y sonríe."» Recordar aquellas palabras hizo que los ojos de Miguel se humedecieran ligeramente antes de recobrar la compostura. Mei, sin dudarlo un segundo, le ofreció una sonrisa suave que buscaba transmitirle toda la calidez que le faltaba. «Espero poder conocerlo mucho mejor…», pensó ella para sus adentros, mientras Miguel desviaba el rostro para disimular el rubor que volvía a invadir sus mejillas. Punto de vista — Narrador / Aula de Ciencia Mágica —En fin, es hora de ingresar —marqué el paso junto a Abrán. Al cruzar la puerta del aula de Ciencia Mágica —el sector dedicado a las Herramientas Arcanas—, el ambiente cambió drásticamente. El aire olía a metal fundido, ozono y cristales energéticos. A lo largo del salón se distribuían mesas de trabajo repletas de engranajes runicos, núcleos de maná y diagramas complejas. Esta disciplina no solo estudiaba los artefactos, sino también la canalización artificial de energía para usuarios con baja afinidad elemental. En el estrado principal, un hombre de postura firme y amplia sonrisa nos dio la bienvenida. —¡Excelente! Me alegra ver tantos rostros motivados el día de hoy —exclamó alzando la mano—. Soy el profesor Nicolás, y es un auténtico honor guiarlos en esta materia. Detrás de él se erigía una efigie de piedra y metal con forma humanoide. Su presencia transmitía un peso antiguo y sobrecogedor. «Un momento…», pensé al analizar las inscripciones de la base. «¿Esa no es una representación de los Diez Legendarios Héroes? ¿Qué hace una pieza así en esta aula?» El profesor Nicolás dio un toque suave sobre la superficie de la estatua. —Muchos se estarán preguntando la naturaleza de esta escultura. Se trata de un artefacto reactivo de combate y defensa táctica. Su rendimiento depende de la calidad y el flujo de maná que el usuario sea capaz de transferirle. ¿Alguien desea pasar al frente para realizar la primera demostración? —Yo lo haré, profesor —declaró una voz firme desde el centro del salón. Un joven de cabello castaño y anteojos intelectuales se puso de pie: Farid, perteneciente a una de las 12 Grandes Familias. Junto a él, dos figuras más alzaron la mano de forma coordinada. —Yo también me presento —dijo Kimberly, una chica de cabello oscuro, gafas y expresión entusiasta. —Y yo —añadió Kevin, un muchacho de mirada reservada y profundos ojos rojos. La energía de la clase dio un vuelco instantáneo. La presencia combinada de los tres transmitía una disciplina impecable. Sus miradas se cruzaron con la mía durante un segundo, cargadas de una expectativa silenciosa. Kimberly avanzó a paso firme hasta situarse frente a la estatua reactiva. —Profesor Nicolás, ¿la indicación es simplemente proyectar nuestra reserva mágica sobre el núcleo central? —inquirió verificando los conductos del artefacto. —Exactamente —asintió Nicolás con orgullo—. Coloca las manos en la placa de absorción y deja que tu maná fluya de manera natural. Kimberly asintió, cerró los ojos y posicionó las palmas sobre la superficie helada. En cuestión de segundos, las runas de la base comenzaron a encenderse una a una. La vibración de la mesa hizo eco en todo el salón. El maná de la joven no solo fluyó, sino que comenzó a concentrarse en el pecho de la estatua, generando una presión lumínica enceguecedora. Una fulgurante luz dorada eclosionó desde el centro del monumento, proyectando destellos cálidos y puros que cubrieron las paredes de la estancia. —¿Q-Qué es esto…? —murmuró Kimberly, abriendo los ojos deslumbrada por la manifestación de su propio poder. El profesor Nicolás dio un paso atrás, observando el fenómeno con absoluta estupefacción. —Esto es sencillamente… magnífico —susurró el maestro, reconociendo al instante la naturaleza del fenómeno—. La firma energética del Poder del Sol… Una manifestación pura que no presenciaba desde hacía décadas.
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Estás leyendo el capítulo 71 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.