Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 70 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 70: El peso de un sacrificio, la destrucción escarlata y el amanecer de una nueva era
Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez, Shiro Shimizu y Gojo Akinori
—Me alegro profundamente de que todos hayan conseguido salir con vida de la batalla contra Lucifer —dije mientras dejaba escapar un suspiro cargado de alivio.
—No tienes absolutamente nada que agradecernos —respondió Gojo dibujando una sonrisa inflada de orgullo—. Sinceramente este tutorial estuvo bastante fácil. Es más, ni siquiera requeríamos de ningún tipo de asistencia.
Shiro entrecerró los ojos en su dirección, clavándole una mirada cargada de picardía.
—Por favor, Gojo, no seas tan jodidamente presumida... si fuiste tú el primer sujeto en caer fuera de combate en la primera ronda.
—¡Oye! No andes divulgando las cosas que presenciaste —bufó él, cruzándose de brazos con indignación teatral—. Además, debo admitir abiertamente que sí representó un peligro masivo para el grupo. Pero gracias a esta experiencia logramos comprender la verdadera naturaleza de los demonios abismales… sin duda son un problema colosal, una amenaza latente para la existencia de la humanidad.
Lucía se aproximó a nuestro círculo; la seriedad de su rostro contrastaba drásticamente con la ligereza de la conversación.
—Planteas un punto sumamente válido —declaró—, pero hay un detalle específico que necesitamos esclarecer de inmediato… fuiste poseído directamente por la conciencia de un rey demonio.
—Hablando justamente sobre ese tema… —tragué saliva con dificultad—. ¿En dónde están los demás? ¿Qué ocurrió con el resto de la vanguardia?
Lucía bajó la vista por una fracción de segundo, dejando escapar un pesado suspiro.
—Respecto a esa situación… me parece que es mejor que lo compruebes por tus propios medios. Y te adelanto que no te va a gustar en lo absoluto lo que vas a presenciar.
Me puse de pie con tremenda dificultad, afirmando los pies sobre la tierra y avanzando un par de metros hacia el frente… Lo que mis ojos presenciaron me heló la sangre al instante.
Una auténtica masacre. Un terreno devastado hasta sus cimientos. Natsu, Freya, Mio y Melissa se encontraban arriesgando sus propias vidas, conteniendo a duras penas a la marea del ejército demoníaco que Lucifer había dejado convocado antes de ser purgado de mi interior. Ellas peleaban desatadas, como si esa fuera a convertirse en la última batalla de sus vidas.
—¡¡OIGAN, TODOS USTEDAS!! —grité con la voz temblando por la rabia y el cansancio.
Todas giraron el rostro en mi dirección. Yo apenas conseguía mantenerme erguido; mi rostro denotaba una palidez cadavérica.
—Es indispensable que se retiren a las instalaciones de la academia… ¡de inmediato!
—¿Pero qué clase de estupidez estás diciendo, Carlos? —reclamó Miguel apretando los puños—. ¿Acaso pretendes hacerle frente a semejante horda tú solo?
—Miguel… hay responsabilidades que uno tiene que asumir individualmente —respondí apretando los dientes con rabia—. Me niego rotundamente a permitir que ustedes continúen cargando con este infierno sobre sus hombros. Ya vivieron una pesadilla al enfrentarlo directamente. ¡Vieron con sus propios ojos cómo estuvieron a un milímetro de morir por su culpa!
Mi voz se quebró por completo. Había liberado toda la contención emocional que guardaba en el pecho.
—No voy a tolerar que ninguno de ustedes caiga derrotado… no en este momento.
Lucía dio un paso al frente, mirándome fijamente.
—Te preocupas infinitamente más por el bienestar de los demás que por tu propia integridad, Carlos…
Sus palabras resonaron en mi mente… eran exactamente las mismas palabras que me había dedicado el Caballero Oscuro en su momento. Ambos tenían toda la razón del mundo. Sin embargo, no podía permitir bajo ningún concepto que volvieran a sufrir los estragos de esta guerra.
Observé a cada uno de mis compañeros por última vez… y tomé la decisión de ignorar sus objeciones.
Activé la técnica arcana de teletransportación masiva que había aprendido de cierta persona. Una ligera sonrisa surcó mi cara.
—Perdónenme por esto, chicos…
—¡¡CARLOS, NO LO HAGAS!! —bramó Gojo desesperado.
Pero el hechizo ya estaba ejecutado.
Los envié a todos de regreso a los dominios protegidos de la academia. Freya y las demás fueron envueltas por los portales dimensionales, siendo arrastradas hacia el interior sin margen alguno para resistirse.
En los jardines de la Academia Ryouou Clannad.
—¿En qué lugar nos encontramos? —preguntó Mio, completamente desorientada al pisar el césped. Natsu observaba los alrededores sin alcanzar a comprender la transición.
—¡¡Maldita sea!! —gritó Miguel, impactando su puño contra el suelo impulsado por la rabia y la impotencia.
Gojo inhaló una profunda bocanada de aire y murmuró con tono sombrío:
—Honestamente yo habría actuado exactamente de la misma forma… pero no nos queda margen de maniobra, Miguel. Tanto tú como Karen estuvieron al borde de perecer… exactamente igual que las chicas. Él comprende perfectamente el peso de lo que tiene que ejecutar…
Gojo inclinó la cabeza. La actitud infantil y la sonrisa despreocupada habían desaparecido por completo.
—Aunque lo que jamás imaginé… —susurró para sus adentros— es que Shiro decidiría permanecer al lado de Carlos.
En el campo de batalla devastado.
—Así que conseguiste evitar ser arrastrada por el portal de teletransportación, ¿eh, Shiro?
Shiro cruzó los brazos sobre el pecho, devolviéndome una mirada cargada de esa actitud provocadora y desafiante que la caracterizaba.
—Ni crea que iba a permitir que te enfrentaras completamente solo contra semejante muchedumbre.
—Tienes razón… —suspiré dejando escapar una sonrisa fatigada—. En fin, Shiro… ¿a cuánto asciende el número exacto del contingente enemigo?
Ella fijó la vista en la línea del horizonte, donde la marea de criaturas avanzaba como una ola colosal sin final.
—En cálculos aproximados… deben ser alrededor de sesenta mil efectivos.
—Entendido… sesenta mil —repetí mientras una sonrisa decidida se dibujaba en mi rostro—. En efecto, son bastantes…
Sin embargo, esa expresión no denotaba una vana confianza. Era la resolución absoluta de quien ha aceptado su destino.
Paralelamente, utilizando un canal de proyección mágica en el firmamento sobre la academia, hice emerger una pantalla de maná para que los chicos pudieran atestiguar el desarrollo del evento con sus propios ojos.
—¡Oigan todos! —exclamó Freya señalando hacia el cielo—. Tienen que observar esto.
La totalidad del grupo alzó la vista.
—¿Pero qué carajos es eso? —preguntó Miguel, absolutamente estupefacto.
La transmisión reflejaba las siluetas de Shiro y mía, solos en medio de la nada, encarando a una legión que parecía devorar el espacio.
—¿Un par de personas… contra una legión completa? —susurró Karen, incapaz de procesar la escena.
Punto de vista — Shiro Shimizu
Jamás cruzó por mi mente que Carlos fuera capaz de dominar y ejecutar magia de teletransportación de alto nivel. Es literalmente la primera ocasión en mi vida que presencio semejante hazaña. ¿Por qué decidió apartar a todos?
Me formulé esa interrogante… pero al contemplar la naturaleza de su postura lo comprendí todo al instante.
Su sola presencia.
La densidad del aura que emergía de los poros de su cuerpo se había transformado… emanaba una fuerza descomunal. Era una energía oscura, pero completamente distante de la mía. Su poder nocturno poseía una naturaleza distinta… considerablemente más densa, pura y salvaje.
«En verdad… eres un sujeto fascinante, Carlos», pensé para mis adentros. «Albergas un potencial aterrador.»
Si comparo tu nivel actual con el mío, te encuentras sumamente distante de alcanzarme… Sin embargo, muy en el fondo reconozco que con el transcurrir del tiempo te volverás exponencialmente más poderoso.
Una sonrisa se dibujó en mis labios mientras el viento mecía mi cabello, agitado por la colisión de nuestras auras.
«Aguardo con enorme expectativa presenciar tu evolución definitiva… Carlos.»
—¿Te encuentras lista para esto, Shiro? —preguntó Carlos, endureciendo las facciones de su rostro.
—Por supuesto que sí, Carlos… estoy más que preparada —respondí, mientras arcos voltaicos estallaban con estruendo alrededor de mi figura.
Una detonación de relámpagos nos envolvió a ambos simultáneamente. Carlos desencadenó el estado de Dios del Rayo, y en un abrir y cerrar de ojos las dos siluetas se evaporaron de la superficie. Descendimos desde las alturas del firmamento como un par de cometas destructivos; el impacto contra el suelo fue de tal magnitud que incluso aquellas entidades demoníacas, desprovistas de cordura, retrocedieron presas del pánico ante la presión ambiental que liberamos.
Carlos y yo nos desplegamos hacia flancos opuestos sin necesidad de articular una sola palabra, entablando una competencia implícita sobre quién masacraba una mayor porción de la legión en menor tiempo.
Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez
En el fondo de mi mente solo podía pensar: «Vaya… esta horda parece no tener fin. De acuerdo, ya barrí con la vanguardia principal. Es hora de activar las habilidades pesadas.»
Decenas de bestias abismales irrumpieron frente a mí emitiendo aullidos guturales, intentando cercarme desde múltiples ángulos. Sin embargo, ejecutando el Corte Mundial, desintegré a batallones enteros sin contenerme lo más mínimo; aquello era una masacre ensordecedora.
A escasos metros de mi posición, Shiro reía desatada con un frenesí electrizante mientras rebanaba sin piedad a todo organismo que se cruzara en su trayectoria. «Vaya que está desquiciada… infunde un pavor real», pensé forzando una sonrisa. «Pero me llena de satisfacción volver a combatir codo a codo contigo, Shiro…» Una calidez nostálgica recorrió mi pecho. «Esto me trae recuerdos sumamente lejanos.»
A través de la proyección mágica en la academia, los espectadores permanecían paralizados, rozando el trauma psicológico.
—¿Qué clase de monstruosidad estamos atestiguando? —murmuró alguien temblando fuera de sí. ¿Un par de jóvenes encarando y erradicando a una horda de sesenta mil demonios? Resultaba una noción descabellada… y, sin embargo, lo estaban ejecutando frente a sus ojos.
Mis espadas emergieron flotando en círculo a mi alrededor, vibrando con un poder tan desmedido que hacía estremecer la atmósfera. Su resplandor se volvió afilado y penetrante.
Una presión gravitacional y sofocante aplastó a la totalidad del ejército restante.
—Todos y cada uno de ustedes… serán erradicados de la faz de la tierra.
Mi hoja principal comenzó a fulgurar con un brillo carmesí sangriento. Cerré los ojos durante un segundo. La energía escarlata cubrió el perímetro entero, concentrando una masa destructiva con el potencial de pulverizar la geografía de un continente.
Abrí los ojos pausadamente.
\> «Pirámide de la Muerte: Destrucción de la Muerte Escarlata»
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El plano terrenal estalló en mil pedazos.
Una detonación titánica retumbó por todo el territorio. El bosque preexistente dejó de existir por completo; no sobrevivió una sola rama, un tronco ni una hoja. La zona entera se transformó en un infierno de fuego, cenizas y un silencio sepulcral.
En el extremo opuesto del mapa, Shiro había pulverizado hasta el último de sus objetivos. Cada entidad enemiga fue reducida a la nada.
«Supongo que… finalmente hemos concluido…» Sentí cómo las reservas energéticas abandonaban de golpe mi cuerpo. Había sobrepasado mis límites físicos al ejecutar semejante técnica.
Caí de bruces contra la tierra, perdiendo el conocimiento.
Entre la bruma cálida y dorada del atardecer, alcancé a divisar a Shiro aproximándose a mi posición. Su rostro denotaba una expresión profundamente hermosa, con sus mejillas teñidas por un leve rubor.
—Llevaste a cabo un trabajo sencillamente espectacular, Carlos… —susurró, agachándose a mi lado.
El horizonte se tiñó con los tonos escarlatas del sol poniente. Su mirada reflejaba una perfección absoluta.
Permanecí sumido en un coma profundo durante cuatro semanas consecutivas. Cuando finalmente recobré el conocimiento, la primera duda que cruzó mi mente fue: «¿E-en qué lugar me encuentro…?»
La visión se me presentaba completamente borrosa. Sombras difusas. Figuras moviéndose. Voces distorsionadas. Parpadeé repetidamente hasta que el enfoque retornó de forma paulatina… y entonces la identifique.
Mi madre se encontraba parada junto a la cama, temblando visiblemente, con las pupilas irritadas y cubiertas de lágrimas.
—¿Te encuentras bien… hijo mío? —su voz se quebró al instante.
Se arrojó sobre mí envolviéndome en un abrazo sofocante, apretándome con tal desesperación que me dificultaba la respiración.
—Llegué a pensar… llegué a aterrarme con la idea de que jamás volverías a despertar… —sus lágrimas caían sobre mi hombro.
—Madre, por favor no llores —le dije dibujando una débil sonrisa—. Todo se encuentra bajo control. Tu hijo es sumamente resistente… no tienes motivo para angustiarte.
—Es que no tienes remedio, muchacho… —rió entre sollozos, experimentando una profunda catarsis.
Detrás de su figura, mi padre me contemplaba en completo silencio, sosteniendo una postura severa… aunque el temblor en sus ojos traicionaba su compostura rígida.
—Realizaste una labor formidable, Carlos —sentenció con voz firme y solemne.
—No representa nada, patriarca, yo solo…
Sin embargo, sus ojos se humedecieron de golpe. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla.
—Me reconforta enormemente saber que estás a salvo, hijo…
Incliné la cabeza un instante. Una sonrisa involuntaria se me dibujó en el rostro… y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos sin que pudiera contenerlas.
De pronto, una presencia interrumpió el cuadro familiar.
—Lamento profundamente interrumpir este emotivo reencuentro, pero… ¿me permitirían conversar a solas con Carlos?
Una figura ingresó al recinto: Angélica.
—Ha transcurrido un tiempo considerable sin vernos, mi estimado discípulo —declaró con una seriedad absoluta.
—Angélica… en efecto ha pasado tiempo. Veo que has incrementado tu nivel drásticamente —le respondí, sosteniéndole la mirada.
Mi madre se limpió el rostro.
—Está bien, Hina —mencionó mi padre—. Es momento de ir a supervisar el estado de nuestra hija Karen.
—Tienes toda la razón —asintió ella, dedicándome una sonrisa cálida—. Nos vemos más tarde, hijo.
—Lo mismo digo, madre —repliqué mientras ambos abandonaban la habitación.
Angélica tomó asiento en la silla contigua a la camilla.
—Muy bien… ahora necesito que me relates con lujo de detalles exactamente lo que aconteció.
Le expuse la totalidad de los hechos: la posesión de Lucifer, el escenario mental, las visiones y la esencia que intentó arrebatarme desde las profundidades de mi alma.
Angélica escuchó la narración en absoluto silencio, mientras una tensión evidente se apoderaba de sus facciones.
—Comprendo… de modo que ese fue el desarrollo de los hechos. Pero dime una cosa, Carlos… ¿qué es exactamente lo que esa entidad está buscando obtener?
—¿Has escuchado hablar en alguna ocasión sobre la Reliquia Sagrada de Dios?
—Espera un momento… ¿qué vínculo guarda semejante artefacto con este conflicto?
—Uno drásticamente más profundo de lo que alcanzas a dimensionar —respondí con extrema gravedad—. Lucifer pretende resucitar a Astaroth.
Los ojos de Angélica se dilataron invadidos por una furia helada.
—Semejante atrocidad es imposible. ¿Traerlo de vuelta a este plano? ¿Tienes la menor noción de las consecuencias catastróficas que eso desencadenaría?
La contemplé fijamente.
—Lo sé perfectamente. Y me resulta espantoso… Sin embargo, consiguió concretar su objetivo primario. Logró extirpar algo de mi interior. Ignoro la naturaleza exacta de lo que substrajo… pero tengo la certeza absoluta de que debemos localizar esa reliquia antes de que ellos pongan sus manos encima.
Angélica suspiró profundamente, mientras la palidez cubría su rostro.
—Rastrear ese artefacto puede requerir años de búsqueda… Pero estás en lo correcto. No podemos darnos el lujo de claudicar.
Se puso de pie.
—En fin… me aguardan investigaciones urgentes que llevar a cabo. Y confío en que en un futuro no muy lejano sostendremos un duelo formal entre instructora y estudiante.
—Cuenta con ello, Angélica.
—Procura descansar. Nos veremos pronto, Carlos —concluyó al abandonar el recinto.
La puerta se cerró. Sin embargo, se abrió nuevamente de manera intempestiva.
Era Yue.
—¡¡PAPÁ!! —corrió despavorida hacia la camilla, temblando y con el rostro empapado en llanto—. Me llena de una alegría infinita ver que has despertado… me encontraba tan aterrada…
—Yue… ¿acaso permaneciste custodiándome durante todas estas semanas?
Antes de que la pequeña pudiera articular respuesta, Natsuki ingresó a la estancia.
—Efectivamente —aseguró cruzándose de brazos—. Yue no se separó un solo día de esta habitación… aunque yo tampoco me retiré. Y me alegra desmedidamente comprobar que te encuentras con vida.
Se aproximó a la cama, pero sus facciones mutaron de pronto. Hilos de lágrimas comenzaron a desbordarse por sus mejillas.
—Oye, Natsu… ¿te encuentras bien?
—¿Acaso no resulta evidente, idiota? —exclamó entre sollozos—. ¿Tienes la menor idea de cuántos días permanecí aguardando a que abrieras los ojos? No conseguía apartar de mi mente el pensamiento de que… de que quizás jamás regresarías a nuestro lado…
Su voz se quebró por completo.
Me acorraló un dolor profundo al contemplarla en ese estado. Me negaba rotundamente a ser el causante de su sufrimiento.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano me incorporé de la camilla y me aproximé hacia ella, envolviéndola en un abrazo sumamente suave. Natsu se encontraba totalmente quebrada en llanto.
Ella se aferró a mi torso con una fuerza desesperada, como si temiera que me evaporara en el aire.
Fui incapaz de contener la carga emocional. Las lágrimas comenzaron a rodar también por mis ojos.
—Si a ti… a Yue… o a mis padres les llegara a ocurrir la menor desgracia… —apreté las manos con furia—. Me transformarías en un auténtico monstruo. Los voy a proteger a todos ustedes, sin importar el precio que deba pagar. Porque sin su presencia… yo no significo nada en este mundo.
En las profundidades del Abismo
Una silueta se desplazaba entre las sombras luciendo una sonrisa cortante y calculadora.
—Vaya, vaya, Lucifer… no calculé que manipularías a ese muchacho con semejante facilidad. No obstante, alcanzaste tu cometido primario. Siempre consigues apoderarte de lo que te propones… debo admitir que eso me despierta cierto grado de envidia.
El individuo alzó la mirada, revelando unos ojos que fulguraban con una malevolencia siniestra.
—Confío en que en un futuro cercano tengamos la oportunidad de encontrarnos cara a cara, Carlos.
La figura misteriosa respondía al nombre de Gabriel.
—Las cosas van a tomar un curso verdaderamente fascinante a partir de este instante…
En las instalaciones de la Academia Ryouou Clannad
—Ha transcurrido un tiempo considerable sin vernos, Hina… —expresó una voz en los pasillos.
—Y en especial a ti, Josué.
Habían transcurrido múltiples años desde la última ocasión en que sus caminos se cruzaron.
—¿Cómo les ha ido en la vida últimamente? —inquirió Shiro con una compostura serena.
—Bastante bien… manteniéndonos a una distancia saludable de ti —respondió Josué clavándole una mirada tan gélida que el ambiente pareció congelarse.
—Vaya, vaya… —Shiro sonrió con ironía—. No tenía idea de que me echabas de menos.
Antes de que Josué pudiera rebatir, una silueta se materializó frente a ellos.
Shirou.
—Me reconforta que nos encontremos reunidos nuevamente. Ha transcurrido demasiado tiempo, Hina… Josué.
Hina dejó escapar un suspiro.
—Vaya, tú jamás vas a cambiar.
—Lo sé perfectamente —admitió Shirou esbozando una sonrisa relajada—. Sin embargo, en esta oportunidad necesito presentar una disculpa sincera… Hina, lo que le aconteció a Carlos fue responsabilidad mía. Me dejé llevar por el entusiasmo de evaluar el alcance de su fuerza y, por mi propia arrogancia, uno de los abismales consiguió manipularlo.
Josué apretó el puño con tal intensidad que la piel de sus nudillos se tornó pálida.
—No… fue enteramente tu culpa, Shirou —intervino Hina con tono apacible.
—Todos los seres humanos cometemos equivocaciones —añadió.
Josué, sin embargo, alzó la vista con una frialdad que cortaba como una hoja afilada.
—Pero más te vale que semejante negligencia no vuelva a repetirse jamás —su voz retumbó con una autoridad implacable.
Shirou dejó escapar una risa contenida.
—Lo tendré muy presente… y para la próxima le solicitaré la debida autorización a él.
Josué frunció el ceño visiblemente irritado.
—Definitivamente no entiendes nada, ¿verdad?
—Tu mirada infunde muchísimo más terror que la de mi propia hermana —respondió Shirou riendo con nerviosismo.
Hina intervino para reconducir la conversación.
—De acuerdo. Una vez presentadas las disculpas, decláranos cuál es el motivo real de tu presencia aquí.
Shiro adoptó una postura de extrema seriedad.
—Afrontamos un problema severo. Existe un infiltrado dentro del recinto de la academia. Desconocemos su identidad exacta y el lugar donde se oculta.
Ambos interlocutores se tensaron al instante.
—Por esa razón vengo a solicitarles un favor —prosiguió Shiro—. A partir de este día… asumiré el rol de ángel guardián de Carlos.
—¿Ángel guardián? —cuestionó Hina sorprendida.
—La situación marcha de forma crítica. Desde el instante en que recuperó la conciencia, percibo algo sumamente anómalo en su ser. Algo que escapa a mi comprensión. ¿Cómo fue capaz de ofrecer resistencia y salir con vida de la posesión directa de Lucifer?
Hina y Josué permanecieron en absoluto silencio.
—¿Acaso estás insinuando que ellos dos…? —susurró Hina.
—Efectivamente —confirmó Shiro—. Carlos combatió directamente contra la entidad en el plano espiritual de su mente. Una proeza que ninguno de nosotros poseería la capacidad de ejecutar. Por ello requiero investigar este asunto hasta las últimas consecuencias.
Shiro los observó con una seriedad incuestionable.
—Y ustedes tienen prohibido revelarle el menor detalle sobre los eventos ocurridos años atrás. Tampoco el motivo por el cual mi hermano y yo abandonamos la academia.
Hina asintió solemnemente.
—De acuerdo. Mantendremos el secreto.
Josué también asintió en silencio.
Shiro suspiró con alivio.
—Me reconforta que comprendan la magnitud de esto.
Dio media vuelta para retirarse.
—Tenemos trabajo pendiente por ejecutar. Nos veremos pronto.
—Hasta pronto, Shiro —respondieron al unísono.
Los días transcurrieron de manera paulatina.
En las afueras de la academia, los estragos generados tras la feroz batalla permanecían como una cicatriz abierta en la geografía. Como medida disciplinaria por haber actuado por cuenta propia, se me asignó la tarea de restaurar la totalidad del terreno con mis propias manos. Sin embargo, no albergaba ningún resentimiento… me correspondía asumir las consecuencias de mis actos.
Lo verdaderamente trascendental era que, paso a paso, la estabilidad retornaba a la institución.
Mientras caminaba por los pasillos principales, inhalé una profunda bocanada de aire fresco y una sonrisa serena se dibujó en mi rostro.
—Por lo pronto… debo concentrarme en recuperar el ritmo de las clases perdidas. Supongo que este representa… un excelente nuevo comienzo.
FIN DE TEMPORADA 1

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Estás leyendo el capítulo 70 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.