Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 7 online gratis en español
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CAPÍTULO 7: Alianzas de sangre y la flor pelirroja
Oscuridad absoluta. Un sonido lejano y sordo que parecía atravesar una densa masa de agua. Y luego, una voz suave y familiar que llamaba insistentemente a la puerta de mi conciencia.
—¿Carlos?... ¿Carlos?... Por favor, despierta...
Abrí los ojos muy lentamente, sintiendo que los párpados me pesaban toneladas. La habitación principal se encontraba sumida en una tibia penumbra. Mi cuerpo entero se sentía aterradoramente pesado, entumecido de pies a cabeza, como si la masa de un continente entero me hubiera caído encima tras desatar aquel Corte Dimensional Celestial.
—Demonios... ¿qué fue exactamente lo que me pasó? —susurré con la garganta seca como el esparto—. Recuerdo haber caído de rodillas tras atrapar a Karen... pero me desmayé por un milisegundo... ¿cuánto tiempo he estado completamente dormido?
Al enfocar la vista, distinguí una silueta sentada en una silla junto a la cabecera del lecho: era mi madre. Tenía la cabeza recostada hacia un lado sobre la cobija y los ojos cerrados; la pobre se había quedado profundamente dormida vela tras vela. Sin embargo, al sentir mi ligero movimiento, abrió los ojos de golpe y se incorporó como un resorte antes de abalanzarse a abrazarme.
—¡Carlos! ¡Oh, mi cielo, me alegro tanto de que por fin hayas despertado! —exclamó con la voz entrecortada—. Estaba tan aterrorizada... de verdad creí que algo irreparable le había sucedido a tu núcleo de maná...
Le devolví una sonrisa suave y reconfortante, acariciando su espalda.
—Perdóname, madre. Te hice preocupar demasiado sin necesidad... pero te prometo que estoy bien, no tienes por qué angustiarte más.
Ella dejó ir un largo suspiro de alivio, limpiándose una pequeña lágrima del rostro.
—¿Acaso tienes la menor idea de cuántos días has pasado completamente inconsciente en esta cama, hijo?
—No lo sé con certeza... ¿tal vez unas cuatro o cinco horas? —pregunté intentando calcular el cansancio.
—Has estado profundamente dormido durante casi cuatro días enteros, Carlos.
—¿¡C-Cuatro días!? —exclamé intentando levantarme de golpe por la incredulidad, pero la cabeza me dio una vuelta violenta que me obligó a apoyarme contra la pared de madera para no volver a caer.
Los recuerdos de aquella noche sangrienta regresaron de golpe a mi mente: el descontrol místico de Karen, la posesión de la diosa divina Akira Yasuka, la invocación de mi Poder Nocturno y el colapso final del dojo.
—Había luchado con mi hermana menor a muerte... y terminé en este lamentable estado —murmuré entre dientes, procesando las secuelas.
Mi madre me observó con una mezcla de ternura maternal y una marcada seriedad política.
—Hijo... necesito que te vistas y te arregles lo mejor posible de inmediato —dijo levantándose de la silla..
—¿Pasó algo grave mientras estaba inconsciente, madre? —indagué frunciendo el ceño.
—Verás... los patriarcas de las Doce Grandes Familias del imperio están por llegar a la mansión para sostener una cumbre de emergencia con tu padre. E incluso se sabe que los hijos herederos de cada uno de esos linajes vendrán acompañándolos.
Me quedé en absoluto silencio durante un par de segundos, atando cabos en mi cabeza.
—Ya veo... —respondí pensativo—. De modo que toda esa élite viene hasta nuestra casa con el único objetivo de evaluarnos y conocernos en persona, ¿no es así, madre?
—Así es, Carlos —asintió ella—. Supongo que es un evento diplomático de máxima importancia para la estabilidad del reino.
—Lo que me resulta verdaderamente raro —añadí cruzándome de brazos— es que figuras tan prominentes hayan aceptado viajar hasta nuestra sede únicamente por una reunión informal. Debo mantenerme alerta ante cualquier intento de provocación o espionaje.
—Bueno, mi niño, solo venía a darte el aviso. Te dejo descansar unos minutos más para que te alistes —concluyó dedicándome una cálida sonrisa antes de abandonar la habitación.
—Muchas gracias, madre —le respondí. En cuanto la puerta se cerró, solté un pesado resoplido. Había cosas en este panorama político que aún me resultaban turbias... ¿accaso la llegada repentina de las Doce Familias estaba ligada directamente al despertar de Karen como la nueva Santa de la Espada? Sacudí la cabeza para despejar las dudas, me puse de pie a duras penas y me dirigí hacia la sala de baño. Dejé que el chorro de agua fría cayera sobre mi espalda para despejar la niebla de mi mente. Me vestí con un traje elegante del clan Tanaka y salí a los pasillos principales.
Caminaba a paso tranquilo reflexionando sobre las palabras de Akira cuando, de pronto, una voz alegre y juvenil me sacó de mis pensamientos.
—¡Muy buenos días, hermano mayor!
Giré la cabeza y vi a mi hermano Abrán aproximándose con una amplia y radiante sonrisa.
—Buenos días, Abrán —le devolví el saludo—. ¿Cómo has estado?
—¡De maravilla! Me alegra enormemente verte tan recuperado después de esos cuatro días —respondió con entusiasmo—. Por cierto... quería preguntarte algo muy importante... ¿será que podrías echarme una mano con un asunto delicado?
—Por supuesto, hermano. Dime de qué se trata —respondí con amabilidad.
—Se trata sobre mis hermanos Dani y Kronos —explicó Abrán, y de pronto su rostro alegre cambió por una mueca de evidente preocupación.
—Ya veo... —dije entornando los ojos al escuchar el nombre de Kronos, recordando que en mi vida anterior él había sido uno de los comandantes que me traicionaron a los 32 años—. ¿Qué ocurre exactamente con ellos dos?
—La verdad es que no he sabido absolutamente nada de ellos desde hace bastante tiempo —comentó Abrán inquieto.
—Si la memoria no me falla, escuché a los sirvientes comentar que ambos salieron a cumplir una serie de misiones de exploración por las fronteras del reino —respondí de forma analítica.
—Sí, lo sé, pero me parece terriblemente extraño que ellos hayan aceptado misiones de tan bajo perfil sin avisar a nadie...
—Podría tratarse de algo sumamente bueno para su entrenamiento, o tal vez de algo bastante peligroso en las sombras; la verdad es que no sabría decírtelo con claridad en este momento, Abrán —contesté desviando sutilmente el tema—. Cambiando drásticamente de asunto... quería hacerte una pregunta sobre las Doce Grandes Familias que están por llegar.
Mi hermano me miró con los ojos abiertos de par en par, completamente incrédulo de que no supiera de qué hablaba.
—¿¡De verdad me estás diciendo que no sabes quiénes son las Doce Grandes Familias del imperio!? —exclamó.
—No del todo, a decir verdad —respondí encogiéndome de hombros.
—Las Doce Grandes Familias son los doce clanes nobles representados por los patriarcas más poderosos y temibles de cada linaje mágico del continente —explicó Abrán adoptando una postura solemne—. Siempre están compitiendo ferozmente entre sí, rivalizando por demostrar cuál de las casas posee el heredero más fuerte y el ejército más destructivo.
—Ya veo... con muchísima razón mi madre lucía tan angustiada esta mañana —murmuré para mis adentros.
—¿Dijiste algo en voz baja, Carlos? —preguntó Abrán inclinando la cabeza.
—No, absolutamente nada —respondí rápidamente con una sonrisa rápida.
Abrán se echó a reír.
—En fin, vámonos de una vez. Los patriarcas y sus séquitos ya deben estar ingresando al Gran Gran Salón de los Espejos.
—Tienes razón. Vamos, hermano.
El ambiente dentro del salón principal estaba saturado de una presión mística casi sofocante. Las autoridades de las Doce Grandes Familias ocupaban los asientos de honor, observando el recinto con miradas frías, calculadoras y despiadadas, dignas de guerreros veteranos. Podía sentir el peso de su aura rasgando el aire; sus ojos tenían ese destello característico de quienes han pisado campos de batalla bañados en sangre.
Avancé entre la multitud manteniendo una postura firme y una calma absoluta, evaluando los niveles de maná de cada patriarca. De repente, una voz aguda y juguetona resonó por encima del murmullo general.
—¡Hermano mayor! ¡Por aquí! —era Karen, quien me saludaba con la mano desde un costado del salón.
Tracé una diagonal para dirigirme hacia ella pero, al acortar distancia entre los invitados, choqué accidentalmente contra el hombro de una joven que caminaba en sentido contrario. El impacto, aunque leve, hizo que la chica perdiera el equilibrio y cayera sentada sobre el suelo de mármol.
—¡Ah! —exclamé dando un paso atrás—. ¡Te pido mil disculpas! De verdad no vi que estabas parada ahí. Permíteme ayudarte a levantarte.
Le extendí la mano con educación. La chica alzó la cabeza y me miró con una mezcla de intensa molestia y profunda sorpresa.
—¡Cielos contigo! Deberías tener muchísimo más cuidado por dónde caminas en una reunión de este calibre —reclamó sobándose el codo.
En ese momento, la luz de los candelabros iluminó su rostro y me quedé momentáneamente paralizado. Tenía una deslumbrante melena de cabello rojo fuego que caía como una cascada sobre sus hombros, y unos ojos carmesíes de un brillo hipnótico y encantador. Llevaba puesto un elegante vestido azul marino que resaltaba su esbelta figura con una elegancia aristocrática. Simplemente no pude apartar la mirada de ella durante unos segundos.
—Oye... ¿por qué demonios me te me quedas viendo con esa cara? —preguntó ella, sintiendo cómo sus mejillas comenzaban a arder en un sonrojo visible.
—Lo siento... es solo que... te ves realmente hermosa con ese vestido —respondí con total honestidad y sin medir mis palabras.
La joven pelirroja se puso roja como un tomate hasta la punta de las orejas.
—¡I-Idiota desvergonzado! —gritó apartando la cara de golpe para ocultar su vergüenza.
—Por favor disculpa mis pésimos modales —añadí rápidamente ofreciéndole una disculpa formal—. Ni siquiera me he presentado correctamente. Mi nombre es Carlos Tanaka Sánchez.
La chica me miró de reojo, bajando la intensidad de su molestia.
—Un placer conocerte, Carlos... Yo soy Natsuki Yoshida Kawa, heredera del clan Kawa.
—De modo que tú eres la célebre Natsuki... el placer es completamente mío —respondí dedicándole una amplia sonrisa.
Natsuki se me quedó viendo en un silencio sepulcral, procesando el nombre que acababa de escuchar. ¿Carlos Tanaka Sánchez?, pensó la pelirroja con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. ¿Acaso este niño es el legendario hijo del Santo de la Espada?
\[Punto de vista de Natsuki Yoshida Kawa — Un día antes de la ceremonia\]
En la sede central de la Gran Familia Kawa, mi padre me había hecho llamar a su estudio privado con carácter de urgencia.
—Hija mía, te mandé llamar porque necesito que vengas conmigo a la ceremonia diplomática de mañana —dijo mi padre ajustándose la capa noble—. El evento se llevará a cabo en la residencia principal del Santo de la Espada, Josué Tanaka.
—¿De verdad iremos a la mansión del clan Tanaka? —pregunté sumamente sorprendida por la noticia.
—Así es. Y la razón principal de tu asistencia es porque debo revelarte un asunto de vital importancia para tu futuro.
Lo miré con absoluta atención, sintiendo un leve presagio en el pecho.
—¿De qué se trata exactamente, padre?
—Si durante tu estancia en la mansión llegas a toparte con el hijo menor del Santo de la Espada, el joven Carlos... quiero que lo trates con el más absoluto de los respetos. Pues él será, a partir de este momento, tu futuro prometido.
—¿¡P-Prometido!? —exclamé dando un paso atrás, con los ojos desencajados por el shock—. ¿¡A qué te refieres con semejante locura, padre!?
—Hace apenas unos años, uno de los hijos de Josué logró despertar un flujo de poder mágico descomunal a la absurda edad de tres años —explicó mi padre con admiración—. Un prodigio semejante jamás se ha visto en la historia del imperio. Desde ese preciso instante, Josué y yo sellamos un pacto de sangre y una alianza matrimonial definitiva entre ambas familias para unir nuestras dinastías.
Asentí lentamente con la cabeza, comprendiendo el peso político que cargaba sobre las espaldas.
—Entiendo perfectamente, padre... si esa es la voluntad de nuestro clan, cumpliré sin dudar con mi deber como única heredera. No te fallaré. Ese chico... tal vez ese chico sea la persona destinada a liberarme de la maldición que consume mi alma.
\[De vuelta a la ceremonia en el Presente\]
Recorriendo con la mirada la majestuosidad del salón, me volví a cruzar con la figura de Carlos, quien se encontraba acompañado por una niña pequeña de cabello claro. Tras dudarlo durante un breve milisegundo, decidí dar un paso al frente y acercarme a ellos.
—Hola de nuevo, Carlos —saludé dibujando una sonrisa refinada.
—¡Natsuki! Qué enorme gusto me da verte de nuevo —respondió él girándose con amabilidad.
Karen, que observaba la escena con una curiosidad desbordante, inclinó la cabeza y miró fijamente a la pelirroja antes de encarar a su hermano.
—Oye, hermano mayor... ¿quién es exactamente esta chica tan bonita?
—Ah... verás, es que ocurrió un pequeño accidente de tráfico entre nosotros dos hace un momento —explicó Carlos llevándose una mano a la nuca, visiblemente nervioso.
—¿Desde cuándo te me volviste tan torpe y torpe para caminar, hermano? —se burló Karen soltando una risita traviesa.
Carlos la miró con una mueca de severidad impostada.
—¿Acaso te estás burlando abiertamente de mí, Karen?
—¡No, no, para nada! —chilló ella riendo a carcajadas antes de darse media vuelta y salir corriendo a toda velocidad entre la multitud antes de que su hermano pudiera atraparla.
—Como me lo esperaba de ti... solo sabes huir y esconderte cuando me haces una broma, hermanita —suspiró Carlos negando con la cabeza divertido.
Luego, se giró nuevamente hacia mí con una expresión disculpándose.
—Te pido una enorme disculpa por las tonterías y las infantilidades de mi hermana menor, Natsuki.
—No tienes de qué preocuparte, no hay ningún problema —respondí disfrutando de la calidez de su entorno familiar.
—Y dime... ¿qué es lo que te trae por aquí con una mirada tan seria, señorita Natsuki? —inquirió él mirándome a los ojos.
—En primer lugar, podrías hacer el gran favor de dejar de llamarme "señorita" con tanto protocolo —le respondí cruzándome de brazos con una pequeña risa.
—Solo intentaba mantener la educación formal frente a los invitados —se defendió él.
—No me refería a tu educación —añadí bajando el tono de voz para que solo él pudiera escucharme—. Verás... hay un asunto sumamente trascendental que necesito revelarte aquí y ahora.
Carlos me miró con una curiosidad renovada.
—Tu padre y mi padre... —comencé a decir buscando las palabras adecuadas—. Esto te va a sonar increíblemente extraño y repentino, pero... al parecer, estamos oficialmente comprometidos por un pacto de honor, tú y yo.
Carlos se quedó completamente inmóvil en su sitio, como si le hubiera caído un rayo de hielo en la cabeza.
—¿Q-Qué dijiste...? Tienes que estar bromeando conmigo, ¿verdad, Natsuki?
—¿Cómo crees que me atrevería a bromear con un tema tan sagrado y serio como un compromiso noble? —le respondí dedicándole una sonrisa ligera y misteriosa.
—Esto tiene que ser una completa locura... si mi padre realmente arregló todo esto a mis espaldas, ese viejo loco... —murmuró Carlos entre dientes con una vena marcándosele en la sien—. ¿De verdad piensa que puede ir haciendo alianzas matrimoniales y decidiendo el resto de mi vida como si nada?
Soltó un largo y resignado suspiro, para luego mirarme directamente a los ojos con una sonrisa limpia y aceptando su destino.
—Bueno... supongo que no me queda de otra más que apegarme a las circunstancias. Espero de todo corazón que nos llevemos de maravilla a partir de este momento, Natsuki.
Le devolví una sonrisa radiante.
—Digo exactamente lo mismo... mi querido prometido.
Continuará…

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Estás leyendo el capítulo 7 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.