Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 6 online gratis en español
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CAPÍTULO 6: La prueba del alma y el despertar de los Dioses
Al comienzo del entrenamiento, Karen cerró los ojos y se concentró por completo en encontrar su propio camino dentro de las artes místicas. Esto no era más que el principio de un nuevo e incipiente sendero que pretendía llevarla mucho más allá de los límites humanos ordinarios; el concepto fundamental se basaba en aprender a controlar y moldear su propio flujo de magia interna, dado que su especialidad natural se inclinaba marcadamente hacia la hechicería antes que a la fuerza bruta. Al observarla fijamente con mis propios ojos, sentí una curiosidad fuera de lo normal recorriéndome la sangre. Sin embargo, lo que me tomó por sorpresa y me dejó sin aliento fue ver cómo Karen dominó el manejo básico del flujo de maná en tan solo veinte minutos.
—¡Aah! ¡Lo logré, hermano mayor! ¡Mira esto! —exclamó ella abriendo los ojos con emoción desbordante.
—Eso es solo el comienzo de tu instrucción, hermana —le respondí intentando mantener la compostura—. Bien, ahora da el siguiente paso e intenta canalizar magia de tipo elemental.
—¿¡M-Magia elemental!? —repitió ella parpadeando confundida.
La magia elemental era un concepto sumamente complejo que casi nadie en este plano terrenal comprendía del todo en la actualidad. Era la técnica prohibida y avanzada que permitía a una sola persona dominar e invocar múltiples elementos de la naturaleza de manera simultánea, no solo para usarlos individualmente, sino para fusionarlos en combinaciones destructivas sin precedentes. Era un método que yo mismo había desarrollado tras incontables años de estudio durante mi vida anterior. Supongo que soy un genio después de todo, pensé con ironía. Aunque carecía de un talento innato prodigioso, mi verdadero poder se había manifestado tres años atrás; ahora que lo pensaba con frialdad, en este nuevo cuerpo apenas tenía siete años recién cumplidos... qué aterradoramente rápido pasaba el tiempo. Sin embargo, mi hermana pequeña aún no tenía la menor idea de cómo activar semejante nivel de hechicería.
Una sonrisa casi imperceptible se dibujó en mi rostro al ver su rostro desorientado; parecía que tendría que ser yo quien le abriera las puertas de ese conocimiento.
—Bien, Karen, mantén la calma y pon muchísima atención a mis palabras —le indiqué en tono grave.
—¡Sí, entendido perfectamente, hermano! —asintió ella cuadrándose al instante.
—Solo cierra los ojos, respira hondo y concéntrate en la esencia pura del tipo de hechizo que deseas materializar: fuego, agua, viento, tierra, luz u oscuridad. Esos son los seis pilares fundamentales que pueden manifestar los seres vivos según la naturaleza de su flujo interno. Ahora dime con sinceridad... ¿qué es lo que sientes en lo más profundo de tu ser, hermana?
—Lo puedo sentir... es una calidez extremadamente brillante y pura... —susurró ella con la voz serena.
Al escuchar sus palabras, me quedé helado y con la boca abierta.
—Ya veo... de modo que tu elemento afín es la luz pura —murmuré incrédulo.
En ese preciso milisegundo, la esencia del poder divino se manifestó de forma violenta en el cuerpo de mi hermana, haciendo que un rayo dorado y cegador emergiera del suelo e iluminara el dojo entero con una majestuosidad aterradora.
—¡Pero qué demonios está pasando...! —exclamé cubriéndome el rostro con el brazo.
Me di cuenta de inmediato de que aquello era algo que ni siquiera mis propios cálculos habían sido capaces de prever. Al parecer, la presión del entrenamiento había provocado que Karen despertara su aura de combate y su magia elemental exactamente al mismo tiempo, un fenómeno astronómicamente raro en la historia del continente. En mi vida anterior, ella no había logrado despertar ese potencial desmedido sino hasta los doce años, durante las pruebas de la academia. Aparentemente, mis acciones en esta nueva línea temporal estaban alterando drásticamente el destino del mundo. Sin embargo, mi asombro se convirtió en angustia pura al notar que algo andaba terriblemente mal: la energía divina circulando por sus venas había comenzado a descontrolarse de forma caótica.
—¿¡Karen!? —grité al ver cómo sus ojos se volvían completamente blancos.
—¡AHHHHH! ¡Hermano mayor, ayúdame! ¡No puedo... no puedo controlar este calor! —gritó ella desesperada antes de que su voz fuera sofocada por el aura.
Su poder se desbordó en una onda expansiva que agrietó el suelo de piedra. En un parpadeo, la figura de Karen desapareció de mi campo de visión a una velocidad divina y reapareció instantáneamente a mis espaldas, como si su conciencia humana hubiera sido sofocada por completo por una entidad externa. Me di cuenta de que no tenía otra opción que detenerla antes de que la sobrecarga mágica destruyera sus canales de maná para siempre. Intenté utilizar un hechizo rápido de control mental para dormirla, pero fue completamente inútil; la barrera de su poder divino era infinitamente más fuerte de lo que había imaginado. Una sonrisa sombría y resignada se me escapó de los labios.
—Parece que no me queda de otra más que pelear en serio contra mi propia hermana menor...
Así, el sangriento y desastroso encuentro entre hermanos dio inicio.
Mientras tanto, en la planta superior de la mansión, el patriarca Josué Tanaka se encontraba revisando informes de inteligencia en su escritorio cuando, de pronto, una presión divina de proporciones asfixiantes hizo temblar los cimientos de la oficina.
—¿Qué demonios es esta aterradora sensación...? —murmuró el patriarca poniéndose de pie de golpe y apoyando las manos sobre la madera—. ¿Acaso... acaso uno de mis hijos acaba de despertar la esencia de un poder divino?
Sin perder un solo segundo, Josué Tanaka salió disparado de su despacho y se dirigió a máxima velocidad hacia la Sala de Entrenamiento Principal. No obstante, en la mente del gobernante rondaban sombras mucho más oscuras. La vida no había sido nada fácil para él; sus recuerdos y su turbulento pasado como ser humano estaban plagados de tragedias que ni él mismo podía rememorar sin sentir un dolor punzante en el pecho. Las anomalías que estaban ocurriendo en el imperio solo confirmaban sus peores sospechas: según las investigaciones secretas sobre los Dioses Antiguos, existía un traidor de altísimo rango oculto en el seno del reino, esperando pacientemente el momento indicado para desatar una crisis que pondría al borde de la extinción a toda la humanidad. Como el Santo de la Espada de esta generación, Josué no era el único consciente de la amenaza; otras figuras legendarias investigaban en las sombras, incluida aquella sabia elfa que había visitado en las fronteras días atrás. Juntando las piezas de este rompecabezas, era evidente que el mundo estaba al borde de una gran guerra.
Al aproximarse al dojo, el patriarca sintió la densidad del maná estallar en el aire.
—¿Qué está pasando allí dentro...? —mencionó deteniéndose frente al pasillo de la sala—. Ese poder que percibo... no es solo magia avanzada. Es la estirpe de un poder divino puro. Eso significa que... ¡un nuevo Santo de la Espada ha nacido dentro de mi propia familia!
Josué abrió las pesadas puertas de madera de par en par y se quedó helado en el umbral. La fuente de semejante poder inconmensurable no era otra que su pequeña hija Karen, quien se movía envuelta en un fuego dorado luchando encarnizadamente a muerte contra su hermano Carlos. Sus ojos de guerrero experimentado no podían crédito a la danza de destrucción que presenciaban.
—¿Qué demonios está ocurriendo aquí...? —susurró el patriarca apretando la empuñadura de su espada. Tenía el impulso de intervenir, pero se contuvo. Sabía que aquella no era una simple rabieta infantiles; era una prueba del destino entre ellos dos, un duelo que debían resolver con sus propias manos. Solo le quedaba observar en silencio.
Minutos antes de la llegada del patriarca, la batalla en el dojo continuaba con una violencia implacable.
—¡Karen, reacciona de una maldita vez! —le grité una y otra vez mientras esquivaba sus estocadas de luz, pero ella no me respondía.
Nuestras espadas chocarón con una fuerza descomunal, liberando una marea de energía mágica que destrozó las columnas circundantes. Una explosión de maná dorado me lanzó violentamente hacia atrás; logré amortiguar la caída y salir ileso en su mayoría, pero un corte profundo ardía en mi brazo izquierdo, chorreando sangre sobre el suelo. Tenía que encontrar la manera de noquearla antes de que esa energía consumiera su fuerza vital.
—Perdóname por lo que voy a hacer, Karen... te prometo que esto te dolerá más a ti que a nadie en este mundo —murmuré dejando de lado la empatía para entrar en modo de combate absoluto.
Karen se abalanzó sobre mí sin piedad, manipulada por ese instinto desbocado. Esquivé sus ataques con movimientos milimétricos, permitiendo que mi cuerpo se moviera por puro instinto refinado en mil batallas, resultando ser mucho más rápido que la percepción de sus ojos dorados. Concentré una densidad masiva de aura en mi nudillo derecho e invoqué el Puño de Acero, asestándole un impacto seco en el plexo solar que la hizo salir volando contra la pared opuesta. Sin embargo, eso no fue suficiente para detenerla; se reincorporó al instante con un rugido de luz y ambos volvimos a chocar en el centro del campo en un destello cegador.
—¡No voy a permitir que caigas bajo el control de tu propio poder! —rugí bloqueando su filosa espada.
\[Punto de vista de Karen Tanaka Sánchez\]
¿Dónde estoy...? ¿Qué es este lugar tan extraño y vacío...?
—Parece que has conseguido pisar un nuevo e inalcanzable sendero, pequeña... —resonó una voz majestuosa e imponente a mi alrededor.
—¿¡Quién... quién eres tú!? —pregunté mirando hacia todos lados con el corazón en la garganta.
De entre la niebla dorada emergió la figura de una mujer alta, de deslumbrante cabello dorado y ojos del mismo color que emanaban un brillo sagrado. Su mirada transmitía una calidez dulce, pero al mismo tiempo cargaba con una seriedad milenaria.
—Te estarás preguntando por qué perdiste el control de tu cuerpo al momento de manifestar tu poder divino —dijo la figura con calma—. La razón es simple: al intentarlo, tocaste un plano dimensional que tu cuerpo de niña aún no está capacitado para soportar.
Me quedé en absoluto silencio, paralizada por la majestuosidad de su aura.
—El flujo de tu aura, el equilibrio de tu maná y tu técnica de esgrima... no son simplemente poder divino ordinario. Dentro de tu ser se está gestando una metamorfosis sagrada. Cuando tu poder madure por completo, serás capaz de usarlo a voluntad. Pero por ahora... déjame tomar el control de tu cuerpo un momento para contener la sobrecarga. Te prometo que no le haré daño a tu hermano; solo quiero probar de primera mano qué clase de existencia es realmente.
A pesar del terror que me oprimía el pecho, el tono sincero de la mujer me hizo asentir con la cabeza. Una luz dorada cubrió mi conciencia mientras me sumergía en las profundidades de mi mente.
—Dime... ¿cómo te llamas, deidad? —alcancé a preguntar antes de perder el control.
—Mi nombre es Akira Yasuka. Soy una deidad menor del Panteón de la Luz... y fuiste elegida personalmente por mí para llevar mi estandarte —respondió la entidad.
—¿Elegida? ¿Elegida para qué? ¡Explícamelo ahora mismo! —exclamé desde la sombra de mi mente.
—No tengas miedo, Karen. Se aproxima una gran guerra que devastará este mundo, y tú no eres la única elegida que ha despertado. Habrá otros héroes que conocerás cuando entres a la academia en el futuro. Mi único consejo para ti es este: hazte ridículamente fuerte, lo más que puedas. Todo lo que amas en esta vida te será arrebatado si no tienes la fuerza para protegerlo. Si no quieres perder a tu hermano ni a tu familia, abandona tus miedos y conviértete en la más fuerte de todas.
—Está bien... confiaré en ti, Akira... —susurré entregándole las riendas de mi cuerpo.
De vuelta en el mundo real, la deidad tomó posesión absoluta del cuerpo de Karen. Frente a ella, mi hermano mayor se movía a una velocidad tan absurda e imposible que ni siquiera con la visión divina de la diosa era fácil seguirle el rastreo. Akira dibujó una sonrisa desafiante en los labios de mi cuerpo.
\[Punto de vista de Carlos Tanaka Sánchez\]
No entendía por qué mi hermana no reaccionaba a mis llamadas, pero la mirada que me devolvió no pertenecía a Karen. La energía que emanaba de sus poros era limpia, antigua y aterradoramente calculadora.
—¿Quién demonios eres tú y qué le hiciste a mi hermana? —le pregunté con una voz extremadamente fría.
—Vaya, vaya... conque fuiste capaz de notar mi presencia al instante, pequeño humano —respondió Akira usando las cuerdas vocales de Karen con una soltura divina—. Eres bastante perspicaz. Si de verdad quieres salvar el alma de tu hermanita, vas a tener que derrotarme en este duelo. Aunque debo advertirte algo... no tienes absolutamente ninguna posibilidad de ganarme.
No me molesté en responderle con palabras. Canalicé el maná a través de mis meridianos e invoqué la técnica del Dios del Rayo, desapareciendo en una estela de electricidad azul que atravesó su defensa dorada en un microsegundo, apareciendo a sus espaldas con mi espada rozándole el cuello.
—¿Qué...!? ¡Imposible! —exclamó la diosa Akira abriendo los ojos de par en par, completamente atónita por mi velocidad.
—¿Decías que no tenía ninguna posibilidad de ganarte? —le respondí al oído con una sonrisa sombría y burlona—. Cometiste un grave error al tomar posesión del cuerpo de mi hermana en mi presencia.
La deidad no respondió de inmediato, pero pude notar a través de su reflejo cómo sus ojos dorados comenzaban a brillar con un frenesí competitivo.
—Veamos de qué estás hecho realmente, mocoso insolente. ¡Te haré pagar caro por esta humillación! —rugió la diosa.
—Inténtalo si puedes.
Akira desató el verdadero arte místico de su esencia divina: Espada de Mil Mundos. Una lluvia de cortes de luz dorada rasgó el espacio. Intenté bloquear la embestida cruzando mis armas, pero la fuerza física detrás del ataque era simplemente abrumadora. Salí disparado hacia atrás como un proyectil, impactando contra la pared de piedra del dojo y dejando un hoyo enorme en la estructura tras el impacto.
La diosa soltó una carcajada resonante.
—¿Eso era todo lo que tenías para ofrecer, humano? ¿De verdad creíste que un niño podía competir contra una deidad?
En medio del polvo y los escombros de la pared destruida, dejé de contener la fuerza de mi alma. El aire de la sala comenzó a temblar violentamente, el suelo de madera crujió hasta agrietarse y una sed de sangre pura y sofocante recorrió cada rincón del recinto.
—¿Q-Qué es esta presión tan aterradora...? —murmuró Akira dando un paso atrás por instinto, sintiendo cómo el miedo le oprimía el corazón—. No puede ser... ¿acaso este simple humano...?
—Poder Nocturno... —susurré desde la penumbra.
El ambiente de la sala cambió drásticamente. La luz dorada de la diosa fue sofocada por un aura de sombras abismales que hicieron temblar las piernas del cuerpo de Karen. El Poder Nocturno... la bendición suprema reservada únicamente para los seres más letales y destructivos en la historia de la humanidad.
—Así que... así que tú fuiste el mortal elegido por el Dios Nocturno de la Era Antigua... —dijo Akira con la voz entrecortada.
—No necesito que una deidad de pacotilla me recuerde quién soy —le respondí saliendo de los escombros.
A mi alrededor, docenas de espadas de maná purpura y negro comenzaron a materializarse en el aire, flotando en un dominio de oscuridad absoluta que congeló la temperatura del dojo.
—Ni se te ocurra intentar escapar —le advertí señalándola con la mirada—. Este campo de batalla es mi dominio.
—Debo admitirlo con humildad... eres un auténtico monstruo, Carlos Tanaka —admitió Akira dibujando una sonrisa torcida y nerviosa.
—No es la primera vez en mis vidas que me dicen exactamente lo mismo —contesté con frialdad.
Mis espadas flotantes comenzaron a girar a una velocidad vertiginosa, formando una tormenta mágica perfecta que combinaba cuatro elementos fundamentales: viento, fuego, oscuridad y luz celestial. Akira observó la técnica con los ojos desencajados.
—¿Qué clase de poder destructivo es este...? Esto desafía las leyes de la magia...
—El poder de alguien que ya lo perdió todo en el pasado y regresó para saldar cuentas —le respondí apretando el puño—. Nadie en este mundo ni en el cielo tiene el derecho de decidir si mi hermana o yo debemos vivir o morir. Yo soy un lobo nocturno... y los lobos no le temen a los dioses.
\[Punto de vista del Patriarca Josué Tanaka\]
Desde la entrada destruida del dojo, presenciaba el choque de energías incapaz de articular palabra. Mis ojos no podían dar crédito a la escala de la batalla; ambos hermanos se movían a velocidades que superaban la barrera del sonido, intercambiando golpes que resonaban por toda la mansión como truenos de tormenta.
—Esto no puede continuar de esta manera... la estructura no resistirá y Carlos tendrá que matar a Karen si no detienen el flujo —pensé alarmado mientras preparaba mi aura para intervenir.
De vuelta al centro del campo, Akira sintió que el cuerpo de Karen estaba llegando a su límite biológico.
—Acabemos con este duelo con un último movimiento, Carlos Sánchez —dijo la diosa con voz solemne y respetuosa—. Con el choque de nuestras técnicas definitivas veremos quién es el legítimo vencedor de esta noche.
—Me parece perfecto. No esperaba menos de ti —respondi concentrando la totalidad de mi Poder Nocturno.
Akira condensó toda la energía sagrada que le quedaba en el cuerpo de Karen, creando una esfera gigantesca de fuego dorado sobre su cabeza, como si un sol en miniatura hubiera nacido entre sus manos. Por mi parte, reuní la totalidad de mi poder elemental —oscuridad abismal, viento huracanado y luz divina— y los condensé en el filo de mi espada de madera. El espacio-tiempo a mi alrededor comenzó a vibrar con un chasquido metálico.
—¡Corte Dimensional Celestial! —rugí lanzando un tajo ascendente que tomó la forma de un dragón colosal de pura energía elemental.
Akira, determinada a no ceder, lanzó la masa de fuego divino hacia adelante:
—¡Llamas Carmesí Estelar!
Ambos poderes de magnitud cataclísmica colisionaron en el centro del dojo. Una explosión ensordecedora devoró la sala entera, destruyendo el techo de la mansión y haciendo temblar los cimientos del pueblo entero. La luz dorada y la sombra nocturna se mezclaron en un vórtice violento hasta que, tras varios segundos de agonía, el silencio más absoluto volvió a cubrir las ruinas.
Cuando la humareda comenzó a disiparse entre los escombros y la piedra fundida, una sola figura permanecía erguida en el centro del cráter, sosteniendo una espada de madera medio quemada.
Era yo. Carlos. Había logrado doblegar el poder de la deidad Akira Yasuka y salvar a mi hermana.
—Ugh... m-mierda... —susurró Akira, cayendo de rodillas con el cuerpo de Karen totalmente exhausto—. Jamás en mis milenios de existencia pensé que terminaría siendo derrotada por un niño humano de siete años...
La mirada divina de la diosa se suavizó, perdiendo su agresividad.
—Bueno... es hora de cumplir con mi palabra... Oye, Karen, ya puedes tomar nuevamente el control de tu cuerpo. Solo quería comprobar con mis propios ojos qué tan lejos llegaría el hermano del que tanto te enorgulleces...
Akira sonrió débilmente mientras su forma astral comenzaba a separarse del cuerpo de la niña.
—Te daré un último consejo, Karen Tanaka... vigila muy bien de cerca a tu hermano mayor. Él es una pieza sumamente importante para el destino de todos los dioses de este mundo... e incluso para nuestro Señor Supremo. Te lo encargo con la vida...
—Lo haré... te lo prometo, Akira... —respondió Karen recuperando el control de su conciencia justo a tiempo para colapsar suavemente hacia adelante.
Salté a toda velocidad y logré atrapar a Karen entre mis brazos antes de que su rostro diera contra las piedras. Apenas podía mantenerme en pie; mi cuerpo estaba al límite absoluto de sus capacidades, la herida del brazo me ardía como si tuviera fuego en las venas y la respiración me costaba un esfuerzo sobrehumano.
El patriarca Josué Tanaka, quien había presenciado el desenlace completo en silencio, dio varios pasos al frente entre los escombros.
—Derrotaste a la manifestación de un dios sin mostrar un solo milímetro de temor en tu mirada, Carlos... —dijo el patriarca con su voz grave resonando en la noche—. Definitivamente eres digno de llevar el nombre y la sangre de este clan.
—No hay ninguna necesidad de que me des tus halagos, Patriarca... —respondí con extrema dificultad mientras sujetaba a Karen—. Yo solo... solo quería salvar la vida de mi hermana menor...
—Déjame llevar a Karen a su habitación para que los médicos la atiendan —añadió él con una serenidad paternal, tomando a la niña en sus brazos—. Descansa, Carlos. Has hecho esta noche mucho más de lo que cualquier guerrero de este imperio podría aspirar en toda su vida.
Asentí en silencio. Mis fuerzas se agotaron por completo en cuanto sentí que Karen estaba a salvo. El peso vertiginoso de la fatiga mágica me hundió en la penumbra; la vista se me volvió borrosa y caí de rodillas sobre la piedra fría.
Y justo antes de perder el conocimiento por completo, una última y definitiva promesa cruzó por mi mente:
«Debo seguir haciéndome infinitamente más fuerte... no importa cuánto dolor consuma mi alma en el proceso.»
El silencio volvió a llenar las ruinas de la sala de entrenamiento. La luz plateada de la luna asomó a través del techo destruido, bañando los escombros con una calma pacífica.
Continuará…

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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 6
Estás leyendo el capítulo 6 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.