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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 63 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 63: El último legado de Henry, la batalla por la mente y el destello de la salvación Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez, Henry, Lucifer, Karen Tanaka Sánchez y Gojo Akinori Interior — Ruinas del espacio mental. Un paisaje desolado bajo un cielo roto y agrietado. La luz crepuscular se filtraba entre las fisuras del vacío. Henry permanecía de pie a unos pasos de Carlos, con la mirada fija en el horizonte etéreo y el rostro manchado de polvo y sangre ilusoria. Su voz, quebrada por la emoción pero inquebrantable en su firmeza, resonaba en medio del absoluto silencio: —¡Carlos, escúchame con atención! Hay tantas cosas que nunca, pero NUNCA logré decirle a mi hija Natsu... No tenía la menor idea de que todo este viaje terminaría de una manera tan repentina. ¡Pero sabes algo, Carlos! Tuve una revelación absolutamente explosiva cuando me tocó enfrentar a aquel caballero oscuro en las sombras... Henry dejó escapar una respiración pesada y fatigada. Cada palabra que salía de sus labios cargaba el peso aplastante de mil batallas pasadas. —Había cosas aconteciendo que jamás debieron haber ocurrido. Cuando presencié el instante exacto en que perdiste el control de tu poder demoníaco… simplemente no podía creer lo que mis ojos estaban viendo. Pero tú, y solo tú, estuviste ahí plantado. Nos protegiste a todos como un verdadero héroe de leyenda… entregaste prácticamente tu propia vida por nosotros cuando nos gritaste con desesperación que huyéramos del lugar. Pero yo, en mi obstinación y locura, no te obedecí. Henry cerró los ojos con fuerza durante unos segundos, conteniendo a duras penas la rabia y el arrepentimiento que amenazaban con ahogarlo. —¿Y sabes perfectamente por qué no me fui? Porque no podía permitirme el lujo de quedarme de brazos cruzados observando cómo un joven tan valiente como tú se sacrificaba en solitario. Sentí un orgullo indescriptible por ti… pero al final, comprendí con claridad que debía entregar mi propia existencia para que tú y los demás tuvieran la oportunidad de seguir adelante. Y lo sé de sobra, Carlos… sé de la culpa gigantesca que carcome tu alma por no haberte sentido lo suficientemente fuerte para proteger a todos. La voz de Henry se quebró por un instante, revelando su lado más humano. —Créeme cuando te digo que lo entiendo muchísimo mejor de lo que te imaginas. Yo también estuve atrapado en ese mismo infierno. Perdí compañeros entrañables, maestros que me guiaron... ¡Incluso a mi amada esposa, que estuvo a un paso de morir por culpa de los malditos invasores del reino vecino! El aire dentro de la dimensión mental se volvió denso y sofocante. Henry apretó los dientes hasta hacerlos crujir, mientras sus ojos reflejaban el dolor vivo de un pasado insoportable. —Jamás seré capaz de olvidar aquel fatídico día... Estaba completamente destruido por dentro. No podía soportar la idea de ver morir a la mujer que amaba. Ella representaba lo más hermoso y puro que la vida me había otorgado. El amor que compartimos fue algo tan infinitamente poderoso que ni la propia muerte podrá separar nuestros destinos. Un silencio solemne envolvió el lugar. La débil luz parpadeó entre los muros agrietados de la mente de Carlos. El joven, sentado en la penumbra sobre sus rodillas, sostenía con fuerza la empuñadura de su espada. Una voz tenue, profunda y reconfortante resonaba como un eco en lo más hondo de su ser… la voz de Henry. —Sé muy bien que todo lo que estás experimentando en este momento es desgarrador... cruento y cruel. Pero te lo suplico: no te rindas jamás, ¿me estás oyendo, Carlos? Tú posees la determinación para superar cualquier obstáculo que te pongan enfrente. Ellos están peleando con uñas y dientes afuera por ti. Desean con el alma que su compañero regrese sano y salvo. Carlos cerró los ojos con vehemencia. Su respiración se volvió agitada y errática. En la oscuridad de sus pensamientos brotaron destellos del mundo exterior: los rostros ensangrentados de sus amigos, el fuego devorando el campus, las cadenas, los gritos de agonía. El eco de una batalla que seguía latiendo con furia en el mundo real. —Tus amigos están arriesgando sus vidas en este preciso segundo únicamente para traerte de vuelta a casa —continuó Henry con una calma reconfortante—. No estás solo en esta pelea, muchacho. Tal vez en el pasado te sentiste aislado... pero hoy en día aún tienes personas valiosas por las cuales luchar. Déjame darte un último consejo de vida... La voz de Henry se tornó profundamente grave y serena: —En este mundo hay personas genuinamente amables... buenas y nobles, como tú y como yo. Pero dime una cosa, Carlos... ¿de qué sirve ser amable e indulgente con absolutamente todo el mundo? Carlos apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. El eco de las palabras de Henry se mezclaba con el rugido distorsionado del viento abismal. —La vida real es implacable y cruel, Carlos. La corrupción está arraigada en las entrañas de todos los reinos de este mundo. Y personas como nosotros no podremos cambiar esa realidad solos... pero tú sí serás capaz de lograrlo. Porque confío plenamente en la fuerza de tu corazón. Carlos levantó la cabeza despacio. La mirada abatida en sus ojos desapareció, sustituida por una determinación de acero; una llama azulada y fulgurante parpadeó en el fondo de sus pupilas. —Henry... ¿cómo diablos fui poseído por este demonio abismal en primer lugar? ¿En qué momento exacto ocurrió esta maldición? Henry bajó levemente la mirada, cavilando la respuesta. —No tengo la certeza absoluta de los hechos... pero algo en mi interior me dice que hay un infiltrado operando dentro de la mismísima academia. —¿Un infiltrado...? Eso es sencillamente imposible —murmuró Carlos desconcertado—. Los sistemas de seguridad y las barreras mágicas del instituto son impenetrables. —Y, aun así, la catástrofe ocurrió frente a nuestras narices —argumentó Henry—. Voy a intentar ayudarte a romper este sello desde adentro, pero si no logro mantener mi conciencia por más tiempo... —¡Henry! —Es una posibilidad real que no lo logres a la primera, Carlos. Pero existe una sola alternativa para reclamar tu libertad: debes entablar una lucha mental directa contra la voluntad de Lucifer. Carlos se estremeció al escuchar el término, mirando el suelo con cierta incredulidad. —¿Una lucha mental? ¿Acaso algo así es siquiera posible de ganar contra un demonio primigenio? —Por supuesto que lo es —replicó Henry con una sonrisa confiada—. No hallé ninguna otra forma en los antiguos escritos... pero estoy absolutamente seguro de que tú puedes lograrlo. Carlos contempló sus propias manos temblorosas. La marca oscura y corrupta del abismo ascendía lentamente por las venas de su piel, amenazando con devorarlo por entero. —La verdad... no sé si sea lo suficientemente fuerte para ganar... —¡Claro que puedes! Jamás vuelvas a dudar de ti mismo, muchacho. Ha llegado la hora de que des tu primer paso al frente. Supera de una buena vez esta barrera de sombras que te consume. Mira con firmeza hacia el futuro. Deja que tu verdadero poder fluya, exactamente a tu manera. El espacio psíquico entero comenzó a vibrar con intensidad. Una luz dorada, cálida y resplandeciente emergió directamente del pecho de Henry. Su silueta espiritual empezó a desvanecerse progresivamente, convirtiéndose en miles de partículas flotantes de pura energía divina. —Mi tiempo en este plano se ha agotado por completo, Carlos... —¿Acaso... nos volveremos a ver en alguna parte? —preguntó Carlos con la voz entrecortada por el nudo en su garganta. Henry sonrió con esa paz y serenidad absoluta que solo los verdaderos héroes logran transmitir en su último aliento. —No puedo garantizártelo con certeza... Pero si logras salir con vida y regresar al mundo real, hazme un último favor: dile a mi querida hija Natsu... y a mi amada esposa... que las amo con toda la fuerza de mi alma. Carlos agachó la cabeza, incapaz de detener las lágrimas que rodaban libremente por sus mejillas y caían al vacío. —Henry... —No llores por mí, muchacho. Me siento profundamente agradecido y feliz de haberte conocido en esta vida. Ahora ve allá afuera y demuéstrale al mundo entero... de qué estás hecho verdaderamente. Henry extendió su mano y le dio una firme y cálida palmada sobre el hombro. Un instante después, su figura se disipó por completo en la penumbra, dejando tras de sí una deslumbrante lluvia de luz dorada que envolvió la mente de Carlos. Silencio absoluto. Carlos quedó completamente solo en medio de la oscuridad de su espíritu. Apretó la empuñadura de su espada con una convicción destructiva, cerró los ojos por un segundo para enfocar su maná... y dio un paso firme hacia la superficie. Mundo Real — Salón de entrenamiento en ruinas. Las luces mágicas del recinto crepitaban entre los escombros y el humo. Karen, desplomada y arrodillada sobre la tierra ensangrentada, levantó la vista hacia el cuerpo de su hermano. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla. —Sabía perfectamente que regresarías a tiempo, hermano… —Karen… —pronunció la boca de Carlos con un hilo de su voz original. De pronto, un rugido oscuro y gutural sacudió la atmósfera del lugar. La sombra de Lucifer volvió a emerger con violencia en el rostro de Carlos, envuelto en una densa niebla abismal mientras su voz retumbaba como un trueno asesino: —¡Maldita sea la miseria! ¿Cómo carajos es posible que hayas sido capaz de recuperar la conciencia en medio de mi dominio? —¡Devuélveme el control de mi cuerpo de una puta vez, Lucifer! —gruñó la conciencia de Carlos luchando desde el interior—. ¡No voy a permitir que le pongas una sola mano encima a mi hermana! Lucifer esbozó una sonrisa cargada de una malicia helada y perversa. —¿De verdad crees que te lo voy a ceder tan fácilmente, humano estúpido? ¿Pero qué te crees que estás...? Antes de que pudiera concluir la frase, una oleada de oscuridad interna sofocó violentamente la chispa de Carlos. La mente del joven volvió a ser sepultada temporalmente, perdiendo el control motor de sus extremidades y sumergiéndose de nuevo en las profundidades del vacío. \> En la mente de Carlos: “Maldición... no puedo dejar que este monstruo la asesine...” \> Karen cerró los ojos aguardando el golpe fatal. La temperatura alrededor bajó a cero y el aire se congeló. Y justo en ese instante crítico... ¡BOOM! Una explosión colosal de energía púrpura atravesó de lleno el costado de Lucifer con la velocidad de un meteoro, lanzando su cuerpo a toda velocidad contra los muros de piedra que terminaron de colapsar. Karen, completamente aturdida y mareada por el impacto de la onda de choque, abrió los ojos lentamente. Aunque su visión era borrosa por la pérdida de sangre, reconoció al instante esa silueta inconfundible y el aura dominante que emanaba. —¿Te encuentras bien, Karen? —preguntó la figura caminando entre la humareda. El corazón de Karen se detuvo por un segundo ante el alivio indescriptible. —Esa voz... Era Gojo Akinori. El indiscutible fundador y el aliado más poderoso de Carlos había hecho su entrada triunfal en el campo de batalla... listo para rescatarla y cambiar el rumbo del destino más oscuro. Continuará…
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Estás leyendo el capítulo 63 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.