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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 53 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 53: Lazos inesperados, visiones de fuego y un frente común Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez y Melissa Ogawa Al salir de la enfermería central, me encontré a Carlos sentado pacientemente en una banca de piedra del pasillo. Lo miré fijamente durante un par de segundos; abrumada por una mezcla de vergüenza y timidez, aparté rápidamente la mirada y rompí el silencio: —¿Te quedaste esperándome todo este tiempo, Carlos? —Por supuesto que sí —respondió levantándose de inmediato—. No podía dejarte aquí sola después de lo que ocurrió. Me alegra enormemente ver que estás de pie. ¿Qué fue exactamente lo que te dijo la doctora allá adentro? —Solo me hizo una serie de preguntas de rutina y me explicó que necesitaba extraer una muestra de mi sangre para sus investigaciones —respondí bajando ligeramente la cabeza. —¿Crees que de verdad sea algo bueno todo esto? —pregunté con la voz visiblemente decaída y llena de incertidumbre. —No tienes por qué preocuparte en absoluto, Melissa —contestó Carlos colocándome una mano sobre el hombro para infundirme confianza—. Todo va a salir bien. Confía plenamente en la doctora, estoy seguro de que encontrará una solución definitiva a tu mal. —Está bien, pondré mi confianza en ella. Por cierto, Carlos… ¿podrías hacerme el favor de acompañarme a un lugar específico después de que terminen las clases? —Claro, no hay problema. Solo dime hacia dónde vamos. —Más tarde te revelaré el sitio —respondí mirándolo con una frialdad repentina e inexpresiva. \> En mi mente: “¿Ah? ¿Pero qué demonios le acaba de pasar? —pensé, completamente descolocado por su drástico cambio de actitud—. Hace un segundo me hablaba con una calidez enorme y ahora me clava una mirada distante como si fuera un desconocido.” \> Ambos abandonamos el pabellón médico y nos dirigimos a paso firme hacia el salón de clases del profesor William. Ayer en la mañana nos había prometido formalmente que en la sesión de hoy evaluaríamos de forma directa el progreso individual en nuestro entrenamiento de canalización de maná. —Por cierto, Carlos… —interrumpió Melissa mientras avanzábamos por los pasillos, movida por una repentina curiosidad—. Hay algo que realmente me gustaría que me respondieras, si es que no te molesta en absoluto. —Claro, dime. ¿De qué se trata? —¿Por qué exactamente odias con tanta intensidad a tu hermano mayor, Kronos? Me detuve en seco. La pregunta me golpeó como un balde de agua helada. —¿A qué viene semejante cuestionamiento de la nada? —pregunté confundido y con la mandíbula apretada. —Simplemente quiero entender la razón por la cual guardas tanto rencor hacia él. Guardé un silencio absoluto y pesado. El ambiente en el pasillo se volvió sofocante. Melissa se dio cuenta de inmediato de que había cruzado una línea sumamente personal y delicada. —Es un tema extremadamente complejo del que no puedo hablar con soltura, Melissa —respondí con voz seca y apagada—. Aprender a confiar en los demás mis secretos más oscuros no es algo que me resulte sencillo. —Ya veo… —murmuró ella con una evidente chispa de decepción en la mirada—. Por un momento llegué a pensar que de verdad confiabas en mí. —Por supuesto que confío en ti, Melissa… pero hay asuntos que no puedo revelar todavía. Todo en esta vida tiene su momento adecuado. Te doy mi palabra de que algún día te contaré la historia completa. —Bueno, ya hemos llegado al salón —dije deteniéndome frente a la puerta para cambiar drásticamente de tema—. ¿De verdad te encuentras bien, Melissa? Te notas un poco pálida. —Sí, descuida, solo fue un mareo pasajero… —respondió ella esbozando una débil sonrisa. Sin embargo, detrás de esa fachada serena, la mente de Melissa estaba siendo atormentada por el vívido recuerdo de un sueño profético que había presenciado la noche anterior: \> En mi mente: “Todo el mundo ardía en llamas abrasadoras… El cielo entero estaba sofocado por una manto espeso de fuego y ceniza. No lograba comprender la magnitud de la tragedia, solo era consciente de que presenciaba el fin de la existencia misma. Y justo frente a mí, envuelta en la devastación, se erguía una figura solitaria cuya cara permanecía borrosa, absolutamente imposible de reconocer…” \> —¿En qué estás pensando con tanta fijeza, Melissa? —le pregunté con curiosidad al notar su mirada perdida. —En nada en particular… solo reflexionaba sobre lo que haré una vez que terminen las clases —respondió ofreciéndome una sonrisa fingida—. Como bien dijiste hace un rato, no debo permitir que los pensamientos negativos me consuman. Así que será mejor que entremos de una vez, que nos vemos como dos idiotas parados a mitad del pasillo. No pude evitar soltar una carcajada espontánea ante su ocurrencia. —Vaya… ¿desde cuándo te convertiste en comediante? En fin, entremos antes de que el profesor nos llame la atención. En cuanto cruzamos el umbral del aula, noté inmediatamente que la atmósfera estaba cargada. Sentada sobre uno de los escritorios de la primera fila, Lucia nos estaba esperando fijamente. —Vaya, vaya… hasta que por fin te dignas a hacer tu aparición, Carlos —dijo Lucia dibujando una sonrisa sumamente desafiante en el rostro. —¿Qué se te ofrece ahora, Lucia? —pregunté cruzándome de brazos. —¿Acaso no es ridículamente obvio? Ayer por la tarde te declaré abiertamente la guerra. Además, te atreviste a burlarte en mi cara durante la lección. —Eso tiene una explicación totalmente lógica, Lucia. Fue un simple malentendido sin importancia. Lucia soltó una risa teñida de un tono sinisteriormente burlón. —¿Un malentendido? No me hagas reír, estúpido. Vi perfectamente la manera en que te reías a mis espaldas. —¿Podrías tener un poco más de respeto y dejar de llamarlo estúpido? —intervino repentinamente Melissa, dando un paso al frente y hablándole con una voz sorpresivamente fría y firme. Lucia ladeó la cabeza, evaluándola de arriba abajo con soberbia. —¿Y tú se puede saber quién eres para meterte en mis asuntos? —Soy tu compañera de clase, mi nombre es Melissa Ogawa. —Ah… la chica que logró colarse en el décimo puesto de los exámenes de admisión, ¿verdad? —Así es —respondió Melissa erguendo el mentón con orgullo. —Interesante… Muy interesante —murmuró Lucia acomodándose el cabello plateado—. Esta bien, te dejaré pasar la falta solo por el día de hoy, Carlos. Pero te aseguro que la próxima vez no será para nada bonito el trato que te espera. —¿Acaso tienes que estar bromeando todo el tiempo? —Yo jamás me tomo a broma mis advertencias. —¡Lucia, quieres hacer el favor de dejar de buscar peleas absurdas por un segundo! —interrumpió de pronto una voz femenina a la distancia. La puerta se abrió y por ella ingresó una chica de estatura promedio, luciendo una vistosa e inquietante cabellera naranja corta y unos llamativos ojos amarillos que irradiaban determinación. —Arlette, no te metas en lo que no te importa —gruñó Lucia frunciendo el ceño—. Tengo que dejarle bien en claro a este tipo quién es la que manda aquí. —¿Qué fue lo que dijiste? —respondió Arlette apretando los puños, notablemente furiosa por la terquedad de su amiga. —Yo… este… bueno, yo… —balbuceó Lucia de repente, perdiendo de golpe toda su aura de superioridad y encogiéndose de hombros. Arlette dejó escapar un profundo suspiro de resignación, se acercó a Lucia y le propinó un certero y sonoro golpe en la parte posterior de la cabeza. —Lamento sinceramente los contratiempos y los problemas que suele causar esta completa idiota —dijo Arlette con una calma impecable hacia nosotros. —¡Oye! ¿De verdad era estrictamente necesario que me golpearas en la cabeza frente a todos? —se quejó Lucia sobándose el chichón. —Te lo merecías completamente por andar de provocadora —replicó Arlette antes de girarse hacia mí con una gran sonrisa—. ¿Verdad que me salió fenomenal mi actuación de madre regañona, Carlos? No pude evitar soltar una risa ante la escena doméstica. —Sí, debo admitir que fue bastante convincente. —A que soy extremadamente simpática, ¿a que sí? Me alegra mucho saber que te estés llevando con esta cascarrabias de Lucia —dijo Arlette extendiendo su mano con entusiasmo—. Un placer conocerte formalmente, me llamo Arlette. Soy su amiga de la infancia. —Ya veo. Mucho gusto, mi nombre es… —No hace falta que te presentes, sé perfectamente quién eres. Además, me enteré de que eres un amigo bastante cercano de Gojo-san, ¿cierto? —Sí, efectivamente soy su amigo —respondí, aunque noté de inmediato cómo las mejillas de Arlette se teñían de un intenso color carmesí al pronunciar el nombre de Gojo. Lucia, que también se había percatado del drástico cambio de su amiga, y yo intercambiamos una mirada complice antes de decir exactamente al mismo tiempo: —Es ridículamente obvio que está completamente enamorada de él. —¡O-Oigan! Ya que eres su amigo cercano… —continuó Arlette intentando disimular su pánico y hablándome en un murmullo nervioso—, podrías darme algunos consejos sobre los gustos personales de Gojo-san… —Oye, Arlette, no empieces con tus cosas desorientadas —la interrumpió Lucia con una sonrisa burlona—. Vas a terminar dejando traumado a este pobre tipo el primer día. —¡Cierra esa boca de una vez, Lucia, o te juro por lo más sagrado que voy a quemar cada uno de tus libros favoritos de la biblioteca! —¡¿Qué dijiste?! ¡Eso sí que sobrepasa todos los límites! ¡Podrás golpearme la cabeza cuantas veces quieras, Arlette, pero jamás te atrevas a tocar mis preciados tomos! Dejé escapar un suspiro de agotamiento mental. \> En mi mente: “Esto se va a salir de control en cualquier segundo… Por favor, que un ángel baje directamente del cielo y nos libre de este desastre.” \> En ese preciso instante, la puerta volvió a abrirse de par en par y Gojo caminó hacia el interior del aula con los brazos cruzados tras la cabeza. —¿Acaso estaban organizando una fiesta privada sin invitarme? —preguntó Gojo con su habitual sonrisa engreída. —¡No, para nada! —exclamé con un alivio indescriptible—. ¡Muchísimas gracias, Diosito, por enviarme la salvación en el momento justo! Arlette se quedó completamente congelada en su sitio en cuanto la voz de Gojo resonó en la habitación. —Él… él está aquí mismo… —susurró poniéndose roja como un tomate. —Vaya, veo que estabas conversando animadamente con Lucia y Melissa —comentó Gojo acercándose con curiosidad—. ¿Y quién es la señorita de cabello naranja? —Yo… este… bueno, yo me llamo… —balbuceó Arlette incapaz de articular una frase coherente. —Ella es Arlette, mi gran amiga de la infancia —intervino Lucia saliendo al rescate de su compañera—. Suele ser extremadamente tímida con personas desconocidas, pero te aseguro que te caerá bastante bien. —Ah, entiendo perfectamente —respondió Gojo regalándole una sonrisa amigable—. Mucho gusto en conocerte, Arlette. Espero que podamos colaborar y entrenar juntos en el futuro. —S-Sí… lo mismo digo para mí, Gojo-san —logró responder ella con un hilo de voz, profundamente sonrojada. Mientras la conversación fluía entre ellos, Melissa permanecía sumida en un silencio sepulcral, apoyando la barbilla sobre la palma de su mano mientras nos observaba desde su asiento. \> Punto de vista de Melissa Ogawa: “No puedo dejar de darle vueltas en la cabeza a lo que está sucediendo a nuestro alrededor… Ese páramo en llamas, esa sofocante sensación de pérdida y desesperación… Es como si sintiera que una parte fundamental de mi alma estuviera muriendo progresivamente por dentro.” \> Mientras los demás continuaban bromeando alegremente, Carlos permanecía a mi lado sin decir una sola palabra, con la mirada fija en el horizonte del patio. \> En la mente de Carlos: “Todas estas coincidencias no pueden ser una simple casualidad… Pero en fin, el profesor William se está tardando más de la cuenta en llegar a la sesión.” \> —¿Creen que vaya a llegar tarde hoy también? —pregunté rompiendo mi mutismo. —Tal vez se quedó atascado en el sanitario —bromeó Gojo soltando una carcajada. Lucia soltó una pequeña risa ante el comentario descarado de Gojo y se giró en mi dirección. —Oye, tú eres Melissa, ¿verdad? —Sí, así es. ¿Ocurre algo malo? —respondí regalándole una sonrisa educada. —¿Por qué razón te la pasas sonriendo prácticamente todo el tiempo? Eres una persona empalagosamente alegre. —Supongo que me acostumbré a ser de esta manera desde que era una niña pequeña —expliqué pausadamente—. A veces no sé qué tipo de rostro poner frente a las dificultades, pero creo firmemente que siempre debemos mantener una actitud positiva. —Sabes… si te dignaras a aprender un poco más sobre mi trasfondo y mi entrenamiento, probablemente podríamos llegar a ser muy buenas amigas —comentó Lucia con tono pensativo. —¿Y si realmente llegáramos a serlo? ¿Cambiaría en algo la situación actual? —inquirí con curiosidad. —Tal vez sí. Sin embargo, en este preciso momento no puedo darme el lujo de entablar una amistad formal contigo ni con nadie. Tengo grandes metas y objetivos que debo cumplir a como dé lugar. —¿Por qué odias tanto a Carlos? —solté la pregunta a bocajarro, sin pensarlo dos veces. Lucia me miró con ligera sorpresa antes de soltar un resoplido. —¿Crees que de verdad lo odio? Para nada. Lo único que siento hacia él es una ligera envidia competitiva. Me molesta profundamente que siempre parezca estar un paso por delante o sea superior en la ejecución de ciertos conceptos. —Entonces… ¿eso significa que en el fondo lo admiras? —Sí, debo admitirlo —confesó Lucia cruzándose de brazos y mirando fijamente a Carlos—. Lo he estado observando meticulosamente desde los exámenes. Es un sujeto que se esfuerza hasta el límite absoluto de sus capacidades. Yo poseo un talento mágico nato inmensamente superior, pero él sabe exactamente cómo explotar su disciplina y su esfuerzo. Respeto enormemente esa cualidad en un guerrero. Lucia dejó escapar un suspiro prolongado. —Es muy probable que Carlos termine volviéndose mucho más fuerte que yo en el futuro… o tal vez no. Pero cuando llegue el momento definitivo, ambos nos enfrentaremos en un duelo sin restricciones para medir nuestras capacidades. Existen otras academias e instituciones en continentes lejanos con practicantes absurdamente poderosos, así que debo entrenar al máximo. Y para lograr esa meta, necesito obligar a Carlos a que me ayude a perfeccionar mis técnicas de combate. Si él se encarga de entrenarme personalmente, sé que seré capaz de superarme a mí misma. La miré en silencio, profundamente pensativa. \> En mi mente: “Tiene toda la razón en sus palabras… pero hay algo en la forma en que lo dice que me genera una inquietud amarga en el pecho. No sé si se trata de una simple intuición o de un miedo irracional a quedarme atrás.” \> —En ese caso… ¿por qué no dejamos que Carlos nos entrene a las dos juntas? —propuse extendiendo mi mano para estrechar la suya. —¿Ayudarnos a las dos? —repitió Lucia arqueando una ceja. —Por supuesto. Además, tú misma mencionaste hace un momento que se aproxima un evento competitivo de gran escala. La fuerza y la guía de Carlos pueden ser la clave para que nuestro grupo triunfe. —Mmm… no creo que ese idiota testarudo acepte ayudarnos tan fácilmente por las buenas. —¿Y qué te parece si lo reto a un duelo formal de entrenamiento al terminar las clases? —sugirió Lucia con una chispa de entusiasmo encendiéndose en sus ojos heterocromáticos. —¿Un combate de dos contra uno? —pregunté sorprendida. —Exactamente. Tú y yo contra él. —La verdad no sé si reírme de tu locura o felicitarte por tu valentía… pero después no quiero verte llorando como una tonta si termina barriendo el suelo con nosotros. —¡De verdad eres una chica profundamente insoportable, Melissa! —exclamó Lucia rodando los ojos. —Te terminarás acostumbrando a mi carácter con el tiempo —respondí soltando una risita traviesa. —Das un miedo bastante extraño a veces, ¿sabías eso? —Es literalmente la primera vez en mi vida que alguien me dice semejante cosa. —Dime una cosa, Melissa… Si por alguna razón del destino resultaras ser una amenaza real para la seguridad del reino… ¿tendría que matarte con mis propias manos? —preguntó Lucia de repente, su voz volviéndose mortalmente seria. —¿Qué…? Pero si apenas nos estamos conociendo hoy —respondí desconcertada. —Solo era una simple curiosidad hipotética, nada más —dijo Lucia recuperando su postura indiferente. —Dejen sus conversaciones hipotéticas para otra ocasión —interrumpió Carlos desde su lugar, poniéndose de pie—. Les sugiero que regresen inmediatamente a sus respectivos asientos; el profesor acaba de entrar al pasillo. En ese preciso instante, la puerta principal se abrió y el profesor William ingresó tranquilamente al salón de clases, sosteniendo una serie de pergaminos bajo el brazo. —¡Muy buenos días a todos, jóvenes! —saludó con voz resonante—. Espero que hayan aprovechado la mañana para practicar con la canalización de su maná. Los alumnos reaccionaron de inmediato, regresando a sus lugares mientras sus auras mágicas comenzaban a manifestarse sutilmente en el aire de la sala. El profesor se detuvo junto a su escritorio, parpadeando con evidente confusión mientras revisaba un calendario de pared. —Por cierto… ¿alguno de ustedes sabría decirme qué día de la semana es hoy? —preguntó William rascándose la nuca con soltura. —Es día martes, profesor —respondió Miguel desde la fila central. —Ah, muchísimas gracias, muchacho. A veces tiendo a perder por completo la noción de los días entre tanto estudio —rió William jovialmente antes de cambiar drásticamente su postura a una mucho más seria y profesional—. En fin, chicos… prepárense todos. Ha llegado el momento de evaluar qué tan listos están realmente para lo que se avecina. Continuará…
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Estás leyendo el capítulo 53 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.