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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 52 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 52: Sombras sobre el patio, la amenaza de un hermano y el veneno del alma Punto de vista — Melissa Ogawa Hoy no me sentía para nada bien. La depresión me pesaba en los hombros como una losa de granito; aunque ponía todo mi empeño en sonreír y tratar de seguir adelante, la realidad era que no lograba asimilar ni soportar todo el dolor acumulado desde el trágico día en que mi padre murió. Todavía recordaba el impacto helado que paralizó mi cuerpo cuando mi madre, con lágrimas en los ojos, me dio la noticia desgarradora de su fallecimiento. Me quedé en shock absoluto, sin saber exactamente cómo reaccionar o qué sentir. Lo único que deseaba desesperadamente era entender cómo y por qué había muerto. Las pocas explicaciones que llegaron a mis oídos señalaban que había caído heroicamente en combate... peleando contra un enemigo infinitamente superior y entregando su propia vida hasta el último aliento para salvar a sus compañeros de escuadrón. Semanas después de la tragedia, logré ingresar a la prestigiosa Academia Ryouou Clannad. Evidentemente no estaba con el mejor estado de ánimo, pero el desánimo y la apatía se habían vuelto mi nueva normalidad. Mientras caminaba por el patio central, un alboroto repentino llamó mi atención. A solo unos metros de donde me encontraba, dos personas —un chico y una chica— estaban envueltos en un combate feroz y destructivo. Al principio pensé que se trataba de dos estudiantes arrogantes buscando llamar la atención de los demás... pero me equivoqué rotundamente. La intensidad de la pelea se estaba saliendo por completo de control. Observé el incidente con extrema cautela. Ese chico... Carlos. Había algo en la determinación de su mirada, en la precisión quirúrgica de sus movimientos... una chispa intangible que me recordaba de forma abrumadora a mi difunto padre. Mi corazón comenzó a latir con una fuerza inusual dentro de mi pecho al verlo luchar. Su postura marcial, la densidad de su poder mágico... todo en él brillaba con una intensidad cautivadora. Solo me detuve a observarlo durante unos breves segundos, pero ya era demasiado tarde para detener el choque. Ambos duelistas, Carlos y la chica de cabello azul —Shiro—, desataron sus técnicas secretas de espada de forma simultánea. La colisión destructiva generó una enorme onda de choque que los envolvió en una densa cortina de polvo y escombros. Cuando el humo finalmente se disipó, ambos yacían exhaustos en el suelo. Un empate absoluto. Dejé escapar un suspiro de alivio. Por suerte, nadie más había salido herido... salvo ellos dos. Pero incluso presenciar semejante demostración no pudo disipar el abismo de mi mente; ese día en particular me sentía emocionalmente rota por dentro. Decidí salir a caminar por los alrededores del campus para intentar despejar mis pensamientos. Levanté la vista hacia el cielo matutino. Las nubes, empujadas por el viento, formaban una extraña y casi perfecta silueta de estrellas. No tenía la menor idea de qué tipo de presagio o mensaje quería transmitirme esa señal en el firmamento, así que opté por ignorarla por completo. Seguí caminando en silencio hasta llegar a la puerta de mi habitación. Me sentía profundamente agotada. En realidad no había realizado un gran esfuerzo físico en todo el día, pero me sentía vacía por dentro. Desde hacía meses, la verdadera alegría se había evaporado de mi vida junto con la partida de mi padre. Recordé en silencio todo el doloroso trayecto hasta este punto: lo agotador que había sido estudiar sin descanso, las largas jornadas de entrenamiento físico y lo profundamente frustrante que resultaba darme cuenta de mi falta de talento nato con la espada. Aunque milagrosamente había logrado posicionarme dentro del Top 10 en los exámenes de admisión, esa puntuación no me proporcionaba el menor consuelo. En mi mente: “Tal vez debería intentar hacer algunos amigos de verdad…” —pensé con tristeza. Sin embargo, mis párpados comenzaron a pesar como el plomo y mis ojos se cerraron casi por instinto. Me quedé profundamente dormida durante toda la noche. Al día siguiente, me desperté con una determinación renovada. Decidí firmemente que debía intentar cambiar mi actitud destructiva. —Hoy haré amigos de verdad —me dije a mí misma frente al espejo—. Hoy va a ser un gran día. Me di un baño rápido, me puse el uniforme oficial y salí rumbo al pabellón de clases. Mientras avanzaba por el pasillo principal, escuché un par de voces familiares discutiendo con fuerza: Gojo y Shiro estaban cruzando insultos otra vez. Esos dos siempre se la pasaban peleando por las tonterías más insignificantes. Aunque, al observarlos detenidamente, en el fondo se notaba a leguas que se llevaban bastante bien. —¡Buenos días, Melissa! —exclamaron ambos al unísono en cuanto me vieron acercarme. —Buenos días a los dos —respondí esbozando una sonrisa amable—. Oigan... ¿saben si Carlos no está con ustedes esta mañana? —¿Te refieres al chico serio de cabello negro y ojos azules? —dijo Gojo rascándose la nuca—. Se fue desde muy temprano a los campos de entrenamiento exteriores. —¿Entrenando a estas horas de la madrugada? —pregunté sumamente sorprendida—. ¡Pero si en un par de horas tenemos clases oficiales! —Sí, exactamente eso mismo le dijimos nosotros, pero no escucha a nadie —bufó Shiro cruzándose de brazos. —¿Otra vez vas a empezar a quejarte de él, enana? —replicó Gojo rodando los ojos con fastidio. Shiro dejó escapar un largo suspiro de resignación y se giró hacia mí. —Mira, Melissa... Si de verdad necesitas hablar con él por algo importante, lo más probable es que lo encuentres en la sala de entrenamiento principal o en las áreas verdes cercanas. —Ya veo —respondí dibujando una sonrisa para disimular mi inquietud—. Muchísimas gracias a los dos, iré a buscarlo de inmediato. —Espera un momento —me detuvo Shiro, clavándome una mirada analítica—. ¿De verdad te encuentras bien, Melissa? Su mirada reflejaba una preocupación sincera, pero no quería convertirme en una carga ni causarles problemas innecesarios a los demás. —No te preocupes por mí en lo absoluto, Shiro. Estoy perfectamente bien. Nos vemos más tarde en el salón de clases. Salí corriendo a toda prisa por los pasillos. La razón por la que deseaba encontrarlo era simple: Carlos había sido la única persona que me había visto derrumbarme y llorar ayer al finalizar la jornada. Aún me dolía absolutamente todo por dentro, pero necesitaba ver su rostro. Busqué minuciosamente por casi toda la academia hasta que finalmente logré dar con él en una explanada despejada. Estaba sentado con las piernas cruzadas en el suelo, sumido en una concentración absoluta. Para mi asombro, la presión de su energía mágica... se había incrementado de una forma abrumadora. ¿Cómo era posible que hubiera logrado semejante salto en solo un día? —Es sencillamente increíble… —susurré sosteniéndome el pecho—. Carlos ha logrado algo que ningún otro estudiante de nuestro nivel ha sido capaz de hacer todavía. Su poder ha crecido a pasos agigantados… y sigue aumentando a cada segundo. Suspiré en voz baja, maravillada. Me quedé mirándolo fijamente durante unos instantes, pero en el brevísimo segundo en que parpadeé para despejarme, su figura desapareció por completo de mi campo de visión. Lo había perdido de vista. —Muy buenos días, señorita Melissa —dijo una voz tranquila justo detrás de mí—. ¿Se puede saber si me estabas espiando? —¿Eh? ¡No, no, para nada! ¡No es lo que estás pensando! —exclamé dando un brinco del susto y ponerme completamente nerviosa—. Solo... solo vine hasta aquí para hablar sobre lo que ocurrió ayer. Carlos frunció levemente el ceño, observándome con curiosidad. —¿Lo que ocurrió ayer? ¿Te refieres al momento en que te encontré llorando en el salón de clases? —Sí… exactamente a eso. —Tranquila, Melissa —respondió su rostro relajándose—. Te doy mi palabra de que no le diré absolutamente a nadie sobre lo que vi. Sé perfectamente por lo que estás pasando y el dolor que sientes. Jamás le haría una vileza semejante a una compañera. Guardé un silencio absoluto, bajando la mirada. —Bueno —continuó él acomodándose la espada en la cintura—, ya que estás aquí, hay algo que sí me gustaría compartir contigo. La verdadera razón por la cual entreno a horas tan tempranas… el motivo por el que necesito fortalecerme mucho más rápido que el resto. Todos en esta academia tenemos un objetivo claro por el cual luchar, tanto tú como yo. Tú deseas volverte una guerrera fuerte para proteger lo que amas. Por mi parte, yo quiero convertirme en el guerrero más poderoso que haya existido en la historia de la humanidad. Tal vez nadie haya sido capaz de alcanzar semejante cúspide antes, pero ese es mi propósito de vida definitivo. Carlos dejó escapar una pequeña risa relajada, disipando de golpe la tensión del ambiente. —Me esfuerzo al máximo cada mañana porque creo firmemente que todo sacrificio, tarde o temprano, rinde sus frutos. —Ya veo… —dije mirándolo con profunda admiración—. Así que ese es el gran sueño que persigues. —Exactamente. Si de verdad queremos alcanzar las metas que nos hemos propuesto, no nos queda más remedio que darlo absolutamente todo. Hasta el mismísimo final. Me quedé en silencio durante unos segundos, procesando la gravedad de sus palabras, hasta que una duda amarga brotó de mi boca: —¿Y qué ocurre si al final... simplemente fracasamos en el intento? Carlos se giró hacia mí y me sostuvo la mirada con una seriedad absoluta. —Esa es una buena pregunta, Melissa. Si eso llega a pasar... sencillamente nos levantamos del suelo una y otra vez. Está perfectamente bien llorar cuando el peso sea demasiado, está bien sentirse solo e impotente en medio de la tormenta. Pero lo que bajo ninguna circunstancia debemos hacer es rendirnos. Debemos seguir luchando sin descanso hasta encontrar la respuesta definitiva. —¿La respuesta a qué exactamente? —A nuestro verdadero propósito en este mundo. A lo que realmente somos. —¿Nuestra… propia existencia…? —repetí en un susurro, asombrada por la profundidad de su pensamiento. —Así es. Tengo el presentimiento de que todo lo que ocurrirá en los próximos meses estará marcado por grandes tragedias y pruebas extremas… Y hablando precisamente de tragedias —añadió Carlos de repente, su voz volviéndose drásticamente tensa y peligrosa—, sal de una vez de donde estás. Sé perfectamente que estás escondido en las sombras. Ante sus palabras, la temperatura del lugar cayó en picado. De entre las sombras proyectadas por los árboles del fondo, emergió la figura de un chico alto, de tez pálida y con una mirada tan fría como la muerte misma. —Vaya, vaya… pero si es mi querido y recordado hermano menor —dijo el desconocido avanzando con paso elegante—. Cuánto has crecido desde la última vez que te vi, Carlos. Carlos se tensó por completo; sus hombros se endurecieron y su aura comenzó a fluctuar de forma violenta. —¿Qué demonios estás haciendo aquí, Kronos? —demandó Carlos con la voz envenenada de odio. —¿Acaso un hermano mayor no tiene el derecho de venir a saludar a su hermanito en su primer día de clases? —respondió Kronos esbozando una sonrisa profundamente retorcida. El ambiente a nuestro alrededor se volvió sofocante, denso, casi irrespirable debido a la colisión silenciosa de sus presencias. Yo no sabía qué hacer ni cómo reaccionar. En mi mente: “¿Debería decirle a Carlos que mantenga la calma? ¿Y si interrumpo y se enfurece conmigo también?” Me mordí el labio inferior con fuerza, sintiendo cómo mis piernas temblaban incontrolablemente. —Bueno —dijo Kronos rompiendo la tensión con un tono de abierta burla—, parece ser que te encuentras bastante ocupado en compañía de esta señorita. Ya hablaremos con más calma en otra oportunidad. Me despido por ahora, hermanito. Espero grandes cosas de ti en los próximos duelos. Kronos dio media vuelta y su figura pareció disolverse suavemente entre la bruma del pasillo. Carlos apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos, pero logró contenerse y no lanzarse al ataque. Simplemente se mordió el labio hasta sacarse sangre, dominando su rabia. Sentí un alivio inmenso al ver que la confrontación no había pasado a mayores... pero la mirada de Carlos me dejó profundamente preocupada. Había un abismo de odio y oscuridad indescriptible entre esos dos. —¿Te encuentras bien, Carlos? —pregunté dando un paso vacilante hacia él. —Sí, Melissa, no te preocupes —respondió exhalando despacio y tratando de calmar su respiración—. Lamento mucho que hayas tenido que presenciar un momento tan desagradable. De verdad lo siento. —No tienes absolutamente nada por qué disculparte —murmuré en voz baja—. Yo solo quiero que tú estés bien. En ese instante, las estrictas advertencias de mi madre resonaron en mi mente: “Melissa, jamás te involucres en asuntos o disputas ajenas que no te correspondan.” Pero antes de que pudiera dar otro paso, algo dentro de mi organismo colapsó de forma catastrófica. Un dolor punzante y abrasador me atravesó el pecho y mi cuerpo entero comenzó a convulsionar con temblores violentos. —¿Melissa? ¿Qué te está pasando? —preguntó Carlos con la voz desencajada por la alarma. —¡Aléjate... por favor, aléjate de mí! —grité en medio de un ataque de desesperación. Caí de rodillas sobre el suelo de piedra. Una tos violenta me desgarró la garganta... y una gran cantidad de sangre oscura brotó de mi boca, manchando el pavimento. —¿Qué… qué es lo que me está sucediendo? —pregunté aterrorizada, viendo mis manos manchadas—. ¿Acaso estoy enferma de algo grave? Carlos corrió de inmediato hacia mi posición, arrodillándose a mi lado. —¡Melissa! —¡No me toques! —traté de empujarlo débilmente—. Puedo ponerme de pie sola... —¡Estás perdiendo demasiada sangre, deja de comportarte como una niña obstinada por una vez! —exclamó Carlos con los nervios de punta. Sin escuchar más protestas, me pasó un brazo por la espalda y otro debajo de las piernas, levantándome firmemente en el aire—. Te voy a llevar de inmediato a la enfermería central. Me tomó delicadamente en sus brazos. Ante la cercanía de su pecho y la firmeza de su agarre, un calor repentino me recorrió el cuerpo y sentí cómo mi rostro ardía de pura vergüenza. —Carlos… —susurré bajito, poniéndome completamente sonrojada a pesar del dolor. Avanzó a toda velocidad por los pasillos hasta irrumpir en el área médica de la academia. —¡¿Hay algún médico o sanador aquí?! —gritó Carlos con desesperación al entrar a la sala. No lograba comprender por qué se preocupaba de una manera tan intensa por mi salud. Jamás en mi vida me había ocurrido una crisis semejante. Una mujer de túnica blanca emergió apresuradamente desde una oficina contigua. —¡Buenos días! Disculpen la demora, no estaba prestando la debida atención a la puerta... ¿Qué le ocurrió a esta estudiante? —Doctora —explicó Carlos colocándome con suma delicadeza sobre la camilla de revisión—, estábamos en las inmediaciones de la sala de entrenamiento cuando se descompensó de la nada. Comenzó a convulsionar y a toser grandes cantidades de sangre. La doctora examinó las manchas en mi uniforme y su rostro se tornó sumamente grave. —Hiciste excelentemente bien en traerla de inmediato. Estos cuadros clínicos no son para nada comunes en jóvenes de su edad. Lo que padece tu compañera no es una simple descompensación por esfuerzo físico. ¿Me permites examinarla a solas? —Por supuesto, doctora —asintió Carlos dándome una última mirada de aliento antes de salir al pasillo para esperar fuera. La sanadora se acercó a la camilla y comenzó a pasar sus manos sobre mi abdomen, canalizando un tenue flujo de magia médica. —Melissa… hace un par de años tuve la oportunidad de atender a otro estudiante que presentó exactamente los mismos síntomas iniciales que tú. En aquel entonces, a pesar de nuestros mejores esfuerzos mágicos y alquímicos, jamás fuimos capaces de diagnosticar la causa real del mal. Lamentablemente... meses después, el chico terminó falleciendo. Un choque de terror helado paralizó mi corazón. —Lamento profundamente no haber encontrado una cura en ese entonces —continuó la doctora con un tono de voz grave y acongojado—. Pero la firma mágica y la reacción de tu sangre se ven trágicamente idénticas a ese caso. Dime la verdad: ¿has estado alimentándote bien últimamente? ¿Has consumido algún brebaje o realizado alguna práctica fuera de lo normal en estos días? —No... no lo sé —respondí con los labios temblando por el pánico—. Esto me ocurrió de repente esta misma mañana... —Ya veo —asintió la médica con severidad—. Voy a tener que realizarte una serie de estudios exhaustivos de inmediato. Necesito extraer una muestra de tu sangre para analizar la pureza de tus canales de maná. Muy pronto sabremos con certeza qué es lo que está consumiendo tu cuerpo por dentro. —Está bien... muchísimas gracias por atenderme, doctora. —No tienes nada que agradecer, pequeña —respondió la sanadora dedicándome una cálida sonrisa de apoyo—. Por el momento, estás libre de volver a tus aposentos a descansar por el resto del día. Continuará…
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 52

Estás leyendo el capítulo 52 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.