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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 50 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 50: Revelaciones tras la cortina, lecciones de maná y la ira de la reina helada Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez Shirou había venido directamente hacia nosotros para conocerme en persona, pero mientras conversaba con él me di cuenta de una coincidencia de la que no me había percatado en absoluto: mi hermana Karen y él estaban compartiendo la misma área o grupo de la academia. Me quedé pensando por unos instantes, procesando la información e intentando entender exactamente cómo se habían dado las cosas. Por unos segundos desvié la mirada hacia la masa de estudiantes que empezaba a dispersarse. Allí, a unos metros de distancia, se encontraba la señorita Freya-sama, observándome con una mirada helada y distante, con los brazos cruzados, como si estuviera profundamente molesta conmigo por alguna razón que yo desconocía. Decidí no darle la menor importancia a sus arranques. —¿Sucede algo malo, Carlos? —preguntó Shirou con una sonrisa simpática y amigable. —No, no es nada… solo estaba pensando en un par de asuntos —respondí sacudiendo levemente la cabeza. —¿Y se puede saber de qué se trata? —preguntó con genuina curiosidad, inclinándose un poco hacia adelante. —Es algo completamente privado, Shirou. ¡No seas tan chismoso! —le espeté con el ceño fruncido antes de cambiar de tema—. En fin… ¿podrías explicarme por qué estabas tan cerca de mi hermana hace un momento? —Ah, bueno… eso tiene una explicación muy sencilla y lógica, Carlos. En verdad, ella resulta ser mi compañera asignada de habitación para este ciclo —explicó Shirou alzando las manos en señal de paz—. A decir verdad, al principio no tenía la menor idea de que se trataba de tu hermana menor. Pero cuando la vi por primera vez, iba acompañada por una niña pequeña muy extraña… al principio pensé que también era parte de nuestras compañeras de dormitorio, pero resultó ser nada más y nada menos que tu… En cuanto procesé sus palabras, me abalancé rápidamente sobre Shirou y le planté la mano de golpe sobre la boca, callándolo antes de que terminara la frase. —¡Oye, idiota! ¡No digas eso en voz alta en medio del auditorio! —le susurré furioso directamente al oído. Karen, Shiro y los demás nos miraron de inmediato con evidente confusión ante nuestro brusco movimiento. —¿Dijiste algo importante, Shirou? —preguntó Karen ladeando la cabeza. —No… no, para nada. No dije absolutamente nada —respondió él, bastante nervioso y tratando de zafarse de mi agarre. —¿Estás completamente seguro? Porque escuché claramente que estabas diciendo algo sobre una niña, pero no logré oír bien. Suspiré en voz baja, soltando el aire contenido. Me alegraba enormemente de que no hubieran llegado a escuchar la imbecilidad que este sujeto estaba a punto de soltar delante de todos. Sin pensarlo dos veces, le propiné a Shirou un certero golpe con la palma de la mano justo en la nuca. —Deberías tener muchísimo más cuidado con lo que hablas en público, Shirou. —¡Auch! —se quejó sobándose la zona afectada—. ¿De verdad era estrictamente necesario golpearme en la cabeza de esa manera? —No tenía otra manera más rápida de hacerte reaccionar —le respondí con voz helada antes de acercarme a su oído nuevamente—. Además… ya debes saberlo a estas alturas: esa niña pequeña es mi hija. —Lo sé perfectamente. En verdad me quedé completamente sorprendido cuando la vi por primera vez en la habitación —me susurró de vuelta, recuperando la postura—. Aunque, a decir verdad, se parece muchísimo a ti en la mirada… y eso que se nota a leguas que es una semi-humana. —¿Acaso mi hermana te contó absolutamente todo lo que pasó? —pregunté, sintiendo un ligero sudor frío de nerviosismo. —Sí, me lo contó todo con lujo de detalles. Y entiendo perfectamente la razón por la cual tomaron la decisión de traerla secretamente a la academia, pero debes ser consciente de que esto representa un problema gigantesco, Carlos. En este instituto está estrictamente prohibido el ingreso de niños o dependientes. —Pero afortunadamente existe una forma muy efectiva de evitar que los altos mandos se den cuenta —rebatí en voz baja—. Ella es mitad humana y mitad dragón ancestral. Puede transformar su presencia y forma mágica para que los sensores de maná de las barreras no la detecten como una intrusa. Además, Karen puede ponerle cualquier tipo de pretexto a los profesores si llegan a revisar las habitaciones. Mientras hablaba, una duda comenzó a rondarme por la mente. No lograba comprender por qué el hermano mayor de Shiro estaba tomándose tantas molestias para ayudarme con este asunto tan delicado… —¿Puedo hacerte una pregunta seria, si no te molesta? —dije mirándolo con evidente cautela. —Claro, dime lo que quieras. —¿Por qué exactamente me estás ayudando con el secreto de mi hija? —Tengo mis propias y muy personales razones para hacerlo, Carlos —respondió Shirou, perdiendo por un instante su aire desocupado—. Hay algo de suma importancia que quiero discutir formalmente contigo… pero este no es el lugar ni el momento adecuado. Si quieres estar más tranquilo, puedes venir más tarde a nuestro dormitorio a ver a tu hija. Me quedé pensando por un breve instante. Sinceramente no tenía la menor idea de qué era lo que Shirou buscaba obtener de mí… pero al menos tendría la oportunidad de ver a Yue durante las tardes. Saber que mi pequeña estaba en buenas manos, resguardada bajo la protección de él y de mi hermana Karen, me devolvía una paz enorme. Pensaba que ella podía estar corriendo un grave peligro dentro del campus, pero veo que por el momento no hay ninguna necesidad de preocuparme en exceso por su seguridad. De lo que sí debía preocuparme seriamente era de no llegar tarde a la que sería mi primera clase oficial en la academia Ryouou Clannad… si me dejaban fuera el primer día, allí sí que tendría verdaderos problemas. —Me tengo que ir inmediatamente, Shirou. Nos vemos más tarde en tu habitación. —Está bien, nos vemos después, viejo amigo —respondió despedidos con una sonrisa genuina y bondadosa. Me di la vuelta y me eché a caminar a paso rápido por los amplios pasillos hasta dar con el pabellón de primer año. Afortunadamente, llegué justo a tiempo al aula asignada; el profesor a cargo aún no había hecho su aparición. Si no recordaba mal el horario que nos entregaron al inicio, esta asignatura se llamaba Control de Magia y Manejo de Maná. En cuanto crucé el umbral de la puerta, la gran mayoría de mis compañeros de clase giraron la cabeza y fijaron sus miradas en mí. Algunas chicas susurraban entre sí, pareciendo notablemente emocionadas al verme entrar; tal vez ya habían revisado la tabla de posiciones y sabían que había quedado en el segundo lugar general. Supongo que ese tipo de atención se estaba volviendo algo dolorosamente habitual para mí. Por otro lado, la reacción de la mayoría de los chicos fue radicalmente opuesta: me clavaban miradas cargadas de envidia, desdén e irritación. Preferí ignorar el ambiente y no tratar de entender sus motivos. Examiné el salón en busca de un sitio libre y encontré una sola /butaca desocupada al final del aula, justo al lado de la gran ventana que daba hacia los jardines interiores. Me dirigí hacia allí y me senté en silencio. Desde esa posición estratégica tenía una vista privilegiada de los majestuosos árboles del campus y de todo el patio central. Para mi sorpresa, al girar la cara descubrí que en la butaca contigua a la mía se encontraba sentada nada menos que Lucia Hayashi, la chica de cabello plateado y primer lugar absoluto de la academia. Me pareció bastante curioso volver a topármela tan rápido en esta clase en específico. Aunque… viéndola de cerca, no parecía estar pasando por su mejor momento; su rostro reflejaba un fastidio notable. Más adelante, en la segunda y tercera fila de la hilera central, alcancé a divisar a Natsuki y a Gojo. Natsuki parecía estar algo molesta por tener que sentarse tan enfrente, mientras que Gojo simplemente se giraba a ratos hacia mi dirección solo para hacerme muecas y caras tontas. —En fin… —murmuré para mí mismo apoyando el rostro sobre mi puño—. Solo voy a limitarme a prestar atención y pasar desapercibido. Aunque… el profesor a cargo ya se tardó demasiado en llegar, ¿no? Desvié la mirada hacia el exterior a través de la ventana durante unos segundos. En la explanada inferior, varios estudiantes de cursos superiores se encontraban practicando encantamientos y duelos mágicos. Y justo allí, bajo la sombra de un frondoso árbol del jardín, vi a María. Estaba sentada sobre la hierba, leyendo un grueso libro con una sonrisa encantadora dibujada en los labios. De pronto, como si hubiera sentido mi presencia, alzó la vista hacia el piso superior, me descubrió en la ventana y me saludó agitando alegremente la mano. Le devolví el saludo con un leve gesto de cabeza. Luego, utilizando señas rápidas con las manos, me indicó que nos viéramos en la entrada principal al finalizar las clases. Le respondí con un asentimiento afirmativo antes de volver mi atención al frente. En ese preciso instante, la puerta del aula se abrió de par en par y el profesor a cargo hizo su entrada triunfal. —¡Muy buenos días a todos, estimados alumnos! Una disculpa enorme por el terrible retraso, jejeje —dijo rascándose la nuca con soltura mientras dejaba sus carpetas sobre el escritorio—. Mi nombre es William, y durante este ciclo me encargaré de enseñarles la teoría y la práctica sobre cómo controlar su maná y canalizarlo correctamente dentro de sus cuerpos. El profesor acomodó sus anteojos y recorrió con la mirada a los estudiantes presentes antes de continuar con su explicación: —Muchos de ustedes probablemente se estarán preguntando cuál es el método más eficiente para lograr esto. La respuesta rápida es que es un proceso engañosamente sencillo… y a la vez, extremadamente complicado. El profesor William explicaba con una calma y fluidez impecables, pero de repente guardó silencio a mitad de una frase. Su atención se había fijado por un segundo en la figura de Melissa Ogawa, que también se encontraba en nuestro grupo, un par de filas más adelante. Tras una breve pausa microscópica, el docente retomó la palabra: —Bien, chicos, ya ha sido bastante teoría por el momento. Es hora de que pasemos a la práctica directa. Yo me encargaré de guiarlos y ayudarlos individualmente. Pero antes de comenzar con los ejercicios básicos, permítanme hacer una aclaración fundamental sobre la naturaleza de nuestro estudio. El profesor se giró hacia la pizarra y comenzó a trazar diagramas mágicos mientras hablaba: —El maná es la fuente primordial de la magia tal como la conocemos hoy en día. Sin embargo, no es bajo ningún concepto la única que existe en este mundo. Lo que la gran mayoría de los practicantes comunes no logra notar a tiempo es que la energía interna puede manifestarse de formas drásticamente diferentes según la naturaleza del individuo. Para demostrar esto de forma práctica… necesitaré a un voluntario que pase al frente. El silencio reinó de inmediato en el salón. Ninguno de los alumnos parecía estar muy dispuesto a ponerse en evidencia en su mismísimo primer día de clases. Justo cuando yo estaba contemplando la idea de levantar la mano para poner a prueba mi control interno, alguien se me adelantó repentinamente. Era Lucia. —Oh, vaya… —murmuró el profesor William arqueando las cejas con evidente sorpresa—. Ciertamente no me esperaba que la mismísima estudiante que obtuvo el primer lugar general de la academia fuera la primera en ofrecerse. Una marea de murmullos sofocados recorrió instantáneamente las filas de butacas, pero todo sonido desapareció por completo en cuanto Lucia se puso de pie y comenzó a caminar con paso firme hacia la parte frontal del salón. Había algo profundamente extraño en su andar; era como si el flujo del tiempo y la densidad del aire en el aula se ralentizaran a su paso. Nadie entre los estudiantes parecía ser consciente de esta anomalía, excepto el profesor William y yo. \> En mi mente: “Esta alumna tiene algo oculto que no logro descifrar del todo… —pensó William para sus adentros mientras la observaba avanzar—. Su talento bruto es sencillamente aterrador. Pero jamás imaginé que alguien a su edad fuera capaz de alterar la percepción del espacio y el equilibrio de la sala con el simple acto de caminar. Parece que en esta generación han coincidido personas con un potencial ridículamente destructivo… me recuerda de una manera escalofriante a cierta persona extraordinaria que desapareció sin dejar rastro hace años.” \> El profesor se aclaró la garganta y continuó con la lección: —Muy bien… presten muchísima atención a lo que va a ocurrir a continuación. Lo que verán en esta demostración será el objetivo que buscarán replicar ustedes más adelante. Lucia, ¿podrías indicarle a la clase qué tipo o vertiente de magia utilizas actualmente? —Domino prácticamente cualquier tipo de magia elemental que exista —respondió Lucia con una voz tan helada como serena—. Sin embargo, usted acaba de hacer una pregunta referente a las manifestaciones del maná y sus variantes, ¿no es así? En ese caso, puedo enseñarles dos de ellas por el momento. Un silencio casi místico cayó sobre la clase. Los estudiantes se miraban entre sí, incrédulos. El profesor William se quedó paralizado por un instante, ajustándose los lentes con mano temblorosa. \> En mi mente: “¿Dos tipos de manifestación de maná puro? ¡En mis tiempos de estudiante a los magos de élite nos tomaba casi diez años de entrenamiento continuo descubrir y dominar una segunda variante!” \> —Bien… —dijo William tratando de mantener la compostura profesional—. ¿Podrías explicarnos a todos cuáles son exactamente esos dos tipos a los que te refieres? —El primero es el maná de flujo normal —explicó Lucia alzando su mano derecha, sobre la cual empezó a girar una esfera perfecta de luz azulina—, el cual corresponde a la circulación natural e inofensiva de nuestra energía dentro de los canales mágicos del cuerpo. El segundo es el conocido como maná liberador o estado de descontrol consciente. Muchos teóricos no logran ponerse de acuerdo sobre si es una técnica buena o mala debido a la inestabilidad que genera en el recipiente, pero resulta ser una herramienta excepcionalmente útil cuando nos enfrentamos a oponentes con un poder abrumador. Lucia cerró la mano, disipando la esfera, y miró fijamente a la audiencia: —Por poner un ejemplo práctico: si en algún momento nos vemos en la necesidad de enfrentar a un demonio de rango superior o inferior, debemos entender perfectamente el uso y el verdadero potencial destructivo de esta liberación. Cabe destacar que no cualquier individuo es capaz de soportar la presión de liberar su maná de esta forma; depende enteramente de la constitución de la persona que lo manifieste. Y por último… existe un tercer tipo, conocido en las antiguas escrituras como el maná infinito. —¿Infinito? —murmuró el profesor William en un susurro cargado de asombro. —Así es —asintió Lucia—. Solo un número extremadamente reducido de seres en la historia han poseído semejante anomalía de poder. En ese preciso instante, una voz descarada e impertinente interrumpió bruscamente la explicación de la chica plateada: —Perdón que me meta en tu elaborada exposición… pero por lo que estoy escuchando, me da la impresión de que no estás del todo informada sobre ese último punto en particular. Todos los ojos del salón se giraron hacia el dueño de esa voz. Gojo se levantó tranquilamente de su asiento, se metió las manos en los bolsillos del pantalón y caminó con paso perezoso hacia el frente de la clase, deteniéndose justo al lado de Lucia. —Yo soy el usuario legítimo del maná infinito —declaró Gojo esbozando una sonrisa llena de una arrogancia natural—. Fui el primero en manifestar abiertamente esa anomalía hace ya varios años. Pero no he venido hasta aquí para presumir de mis habilidades… sino para advertirles a todos sobre el inmenso peligro que conlleva intentar manipular una cantidad inagotable de energía sin la preparación adecuada. A pesar de la sonrisita provocadora que adornaba su rostro, el tono de voz de Gojo era completamente firme y seguro. Lucia giró lentamente la cara hacia él. Su mirada heterocromática se llenó de una irritación punzante, clavándose en Gojo como dos dagas de hielo. \> En mi mente: “Maldito seas, Gojo… ¿por qué demonios tienes siempre esa bendita manía de meterte en problemas innecesarios y arrastrarme a mí en el proceso?” —pensé llevándome una mano a la cara. \> Dejé escapar un largo suspiro de resignación. Gojo de verdad no tenía ningún tipo de remedio… en ese aspecto se parecía escalofriantemente a Shirou, otro idiota rematado que no sabía cuándo quedarse callado. El profesor William, por su parte, había comprendido instantáneamente el alcance de las palabras de Gojo, sorprendido de tener a dos monstruos de semejante calibre en su salón. —Además —continuó Gojo manteniendo esa sonrisa confiada mientras lanzaba una mirada rápida en mi dirección—, tal vez no soy el único estudiante en esta prestigiosa academia que posee una cantidad de poder abrumadora e infinita dentro de su cuerpo. Las cejas de Lucia se fruncieron hasta el límite. Su rostro se transformó en una máscara de pura furia contenida. Sin molestarse en pronunciar un solo conjuro ni realizar un solo gesto formal, la chica de cabello plateado liberó de golpe una ráfaga ardiente de presión mágica concentrada. El impacto concusivo fue tan repentino y brutal que mandó a Gojo volando hacia atrás por el aire, haciéndolo estrellarse estrepitosamente contra mi escritorio. Lucia se giró hacia mi posición y me clavó una mirada cargada de una frialdad aterradora. —La próxima vez procura controlar y atarle una correa a tu perro de pelea si no quieres terminar recibiendo los golpes tú mismo —dijo con un tono que helaba la sangre. Volví a suspirar pesadamente mientras Gojo se levantaba de mi mesa sobándose la espalda. ¿Por qué demonios todas las situaciones ridículas tenían que terminar salpicándome a mí? Si las cosas seguían a este ritmo, no me extrañaría que más tarde aparecieran los estudiantes de tercer año a buscarme pelea también. —Lucia —intervino el profesor William recuperando la voz y hablándole con estricta firmeza—, esa actitud y esa agresión injustificada no estuvieron para nada bien. Recuerda que estás en un salón de clases. —Pero profesor, él fue quien empezó todo esto —protestó Lucia cruzándose de brazos y desviando la cara con un leve puchero de indignación—. Se estaba burlando abiertamente de mí… y eso es algo que bajo ninguna circunstancia voy a tolerar. Una pequeña y sutil risita se me escapó del pecho antes de que pudiera contenerla. Resultaba ser una combinación bastante cómica: una chica que aparentaba ser tan fría, distante e inalcanzable, pero que al mismo tiempo resultaba ser extrañamente adorable cuando la hacían perder el juicio y se enojaba de esa manera. Lucia escuchó mi risa, se giró bruscamente hacia mí y me lanzó una mirada echando chispas de pura furia. —¿Acaso a ti te parece algo remotamente gracioso, Carlos? —preguntó con la voz envenenada. —¿Eh? ¡Demonios! —exclamé internamente al darme cuenta de que me había descubierto. Nuestras miradas se cruzaron directamente en un duelo de voluntad silencioso que pareció congelar la habitación. —Te voy a destruir por completo en las pruebas de los próximos días —dijo Lucia de repente, cambiando su expresión por una sonrisa siniestra y desafiante—. Espero sinceramente que te prepares con todo lo que tengas. Porque cuando te vea tirado en el suelo derrotado, me voy a reír sin parar en tu cara. El profesor William dio un paso al frente, dando un fuerte aplauso para romper la tensión abrasadora del ambiente. —¡Ya fue más que suficiente de discusiones por hoy! —anunció con voz potente—. Por ahora, olvídense de las provocaciones y concéntrense todos en intentar manifestar y canalizar su propio flujo de poder interno. El profesor caminó hacia el centro del estrado, se sentó con las piernas cruzadas sobre el suelo de madera, colocó las manos sobre sus rodillas y cerró lentamente los ojos. A los pocos segundos, su respiración se volvió profunda, rítmica y pausada. De repente, una imponente luz dorada comenzó a emanar desde el centro de su pecho. El maná del profesor William brillaba y fluía con una intensidad y una pureza tan abrumadoras que la totalidad de los estudiantes en el salón comenzaron a temblar ante la sola presencia de su aura. Era un espectáculo verdaderamente impresionante. \> En mi mente: “Si logro replicar con exactitud el mismo proceso de canalización y meditación que está utilizando el profesor William en este momento… ¿seré capaz de resolver por fin el problema de inestabilidad de mi propio cuerpo?” \> Sin embargo, en el fondo de mi mente sabía perfectamente que las cosas no serían ni remotamente tan sencillas para mí. Lograr controlar, purificar y canalizar mi magia interna de forma segura era un proceso que me llevaría meses, o tal vez años de entrenamiento implacable. Mi poder nocturno se volvía considerablemente más agresivo, volátil y hambriento con el pasar de cada día. Si no aprendía a dominarlo y someterlo bajo mi voluntad lo antes posible, existía el peligro real de que terminara perdiendo el control y lastimando de gravedad a alguien a quien de verdad apreciara. Dejé escapar un último suspiro, cerré los ojos e imité la postura de meditación del profesor. Con esta primera lección, por lo menos ya tenía una idea bastante clara del camino que debía empezar a recorrer. Continuará…
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Estás leyendo el capítulo 50 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.