Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 339 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Hace media hora... Qué raro, no hay nadie —murmuré mientras avanzaba con pasos cautelosos por los pasillos subterráneos—. Mmm, algo me dice que aquí está ocurriendo... ¡Ah! Espera, hay una puerta. Supongo que tendrían que abrirla a ver qué habrá allá adentro. Supongo que esta vida no sería tan molesta si al menos encontrara algo de información...
Al girar el mecanismo y empujar la pesada puerta, noté algo extraño en el ambiente. Al mirar adentro, quedé completamente traumatizada. Mis ojos se ensancharon de terror al ver lo que había en las mesas de metal: varios humanos habían sido utilizados como sujetos de prueba, pero... ese cuerpo de allí no es el de un abismal, ¿qué carajos es eso? ¿Qué es ese corazón palpitante? ¿Y qué son todos estos restos esparcidos de diferentes razas?
—¿Cómo es posible esto...? —susurré con la voz temblando de incredulidad—. ¿Acaso los del imperio están o han estado experimentando con humanos...? Tengo que avisarle a...
Me detuve en seco. Mi respiración se cortó por completo al ver lo que reposaba al fondo de la cámara.
—Esa criatura... ¿Qué mierda es eso? ¿Cómo demonios tienen esa cosa aquí...? Creí que no... Espera, ¿no es la bestia que apareció cuando mi amo atacó a los del imperio? Por lo que veo es extremadamente peligrosa... pero, ¿hay más?
Miré a mi alrededor, notando una hilera de armamento prohibido.
—Esas armas... Creo que las he visto antes. Parece que han estado experimentando con ellas, aunque al menos veo que están sujetas con una magia de control de sellos; al menos así no se van a mover. Pero, ¿por qué el imperio está creando armas biológicas? Esto me recuerda a lo que Kronos decía antes... Pensé que estaba loco, pero veo que no. Ambos tienen esa misma ambición enfermiza de querer tener a todos bajo su control. Pero lo más rápido es... No pensé que te fueras a ocultar tan fácil, ¿o me equivoco?
—Jajaja... Eres muy lista para haber llegado hasta aquí, mocosa —resonó una voz tétrica desde las sombras.
—¿Quién eres tú, por cierto? —espeté, poniéndome en guardia de inmediato.
—Yo solo soy un espectro...
—¡¿Espectro?! —exclamé, sintiendo un frío helado recorrer mi columna—. Eso es imposible... Creí que los espectros no se iban a entrometer en estos asuntos. ¿Qué están haciendo con los humanos, y cómo es que alguien como tú está colaborando con ellos?
—Es verdad, tienes preguntas y buscas respuestas, pero no somos unos simples espectros; somos algo más que eso —respondió la voz, burlona y distante—. Pero en fin, no eres alguien para entender lo que significa ser un dios. En teoría, todo lo que ves aquí son restos de dioses antiguos que han sido reconstruidos tras ser borrados. Cada hebra de ADN valió la pena, aunque todavía tienen fallas... Lo único que necesito ahora es una sangre tan pura y poderosa que sea capaz de dar vida a un ser perfecto. Un dios tan supremo que sería capaz de borrar este cruel mundo.
—¿A qué te refieres con eso? —le reclamé, apretando los dientes con furia—. ¿Acaso planean gobernar un mundo donde solo aquellos... están dispuestos a ser salvados, o a ser esclavos bajo su maldito control? ¿O me equivoco, autoproclamado dios de la locura? ¿Por qué no te muestras ante una mujer de frente en lugar de esconderte?
—Oh... no tienes por qué insistir en eso —susurró una voz gélida directamente en mi nuca—. De todas formas, esa mujer estará muerta en poco tiempo.
Apareció justo detrás de mí en un parpadeo. Giré con desesperación para atacarlo con todas mis fuerzas, pero un golpe invisible y devastador me impactó de lleno, haciéndome salir disparada por los aires a través de los muros de la instalación.
Caí destrozando varios edificios en cadena hasta estrellarme contra una plaza central, levantando una nube de polvo que me dejó sin aliento. Tosí con fuerza, sintiendo el cuerpo adolorido, pero no podía darme el lujo de dudar. La situación estaba a punto de volverse insostenible.
—Parece que las cosas se van a poner intensas... —murmuré, secándome un hilo de sangre del labio mientras me ponía de pie con una sonrisa desafiante—. Necesito detenerlos, pero bueno... Creo que ya es hora de probar mi evolución. Ya no soy aquella guardiana de antes.
Cerré los ojos por un instante, sintiendo cómo el maná renovado y denso fluía por cada fibra de mi ser. El poder que ahora recorría mis venas era abrumador, muy distinto al que poseía en el pasado.
—Pero ahora necesito entender una cosa: ¿cómo demonios el dios de la locura está detrás de todo esto? —fruncí el ceño, procesando las piezas del rompecabezas—. Al principio no tenía sentido, pero ahora lo entiendo perfectamente. Por ahora, dejaré que Emanuel se encargue del rey y de los 15 caballeros imperiales... Yo me encargaré de este maldito. No dejaré con vida a ese supuesto dios de porquería. Al menos tendré que averiguar todo lo que ocurre en este laboratorio clandestino.
Un nudo de preocupación me apretó el pecho al mirar a mi alrededor, viendo las lejanas siluetas de los civiles caminando por las calles del imperio, totalmente ajenos al horror que se cocinaba bajo sus pies.
—Pero me preocupa la gente de este lugar... Necesito encontrar un modo de sacarlos de aquí. Ahora. Si no hago nada, todos van a morir en este matadero... Pero tendría que... Mmm... ¿Qué haría Emilia en mi lugar?
Me quedé pensativa un segundo, recordando su temple y su versatilidad.
—Mmmm... Conociendo a ella, usaría magia de portales a gran escala para trasladar a las personas a un lugar seguro. Pero si hago eso yo sola... consumiría todo el maná de mi magia en cuestión de segundos.
Apreté los puños con frustración, sintiendo que el tiempo se agotaba, mientras una duda aún más grande nublaba mi mente.
—Necesito entender algo más... ¿Por qué un dios antiguo está operando tan libremente aquí? Parece que Zeus ni siquiera está enterado de esto... O me equivoqué de plano, y las cosas son mucho más oscuras de lo que imaginamos.
—Ya veo... —dije con una sonrisa desafiante, viendo cómo varias esferas de distintos elementos caían directo sobre mí desde el cielo—. ¡Tch!
Bloqueé el primer impacto con la hoja de mi espada, pero la fuerza desató una violenta explosión que me obligó a retroceder de un salto mientras el calor chamuscaba el aire a mi alrededor. Aterrizada sobre los escombros, alcé la mano rápidamente y canalicé mi energía, invocando un hechizo de ataque directo:
—¡Magia de rayo, rango uno: Destello de luz...!
Un haz de luz pura y chisporroteante cayó con furia abrasadora sobre la figura del espectro, iluminando la oscuridad de la noche con un fulgor cegador. Me puse de pie con los ojos abiertos de par en par, conteniendo la respiración, solo para darme cuenta de algo desconcertante:
—No pensé que esto se revelaría tan temprano... —murmuré con frustración al ver que el rayo, en lugar de impactarlo de lleno, se fragmentó en miles de chispas y terminó disolviéndose por completo en el aire como si nunca hubiera existido.
El autoproclamado dios de la locura permaneció inmutable, rodeado por un aura estática y burlona.
—Parece que mi magia de rayo no te puede hacer nada... —le dije, entrecerrando los ojos con suspicacia mientras analizaba sus movimientos—. ¿Es porque tú mismo eres el rayo y por eso eres capaz de detenerlo... o es en realidad porque puedes anular cualquier hechizo que cruce tu camino, no?
—No exactamente... —respondió el espectro con una sonrisa macabra y distante—. Pero te voy a enseñar lo que es el verdadero poder de un rayo. ¡Magia de cielo del mundo: trae el caos y la destrucción! ¡La sinfonía del mundo terminará en desolación... Rayos de legiones!
—¡¿Qué mierda es esta presión...?! —grité sintiendo que el aire se me congelaba en los pulmones.
El cielo nocturno se rasgó en miles de fragmentos eléctricos. El rayo rugió con una ferocidad bestial, cayendo directamente hacia mí en una tormenta de destrucción pura que provocó una explosión titánica. La onda expansiva me golpeó de lleno, haciéndome salir disparada a una velocidad brutal a través de varios muros y escombros.
Logré recuperar el equilibrio en el aire con un esfuerzo sobrehumano, frenando en seco al clavar las manos directamente contra el pavimento agrietado. El dolor en mis extremidades era insoportable, pero la rabia y el instinto de supervivencia me consumían.
—Tch... ¡La magia de este tipo es demasiado poderosa...! —maldije entre dientes, levantando la mirada con los ojos encendidos de maná—. Si juego a su nivel, no voy a salir de esta con vida. ¡Es hora de arriesgarlo todo!
Canalicé hasta la última chispa de energía en mi núcleo, elevando mi poder al límite con un hechizo prohibido por su consumo, pero necesario para romper su defensa:
—¡Magia de rayo, rango veinte... ¡Dragón de trueno de muerte!
El gigantesco dragón de trueno que invoqué rugió con ferocidad, desgarrando el cielo nocturno y abalanzándose directamente hacia el espectro.
—Mi ataque se dirige hacia él... —pensé con los ojos fijos en el objetivo, viendo cómo la bestia eléctrica avanzaba a una velocidad descomunal hasta impactar de lleno contra su posición.
Una explosión cegadora de luz blanca y azul sacudió el lugar, levantando una marea de escombros. Aprovechando la cortina de humo y la confusión generada por el impacto, me impulsé con todas mis fuerzas, corriendo hacia él para acortar la distancia y rematarlo...
Hasta que sentí el peligro demasiado tarde.
Alguien más me estaba esperando.
El dios de la locura emergió de la nada a mi costado, lanzándome un ataque directo y letal que amenazaba con atravesarme el pecho. En apenas una fracción de segundo, mi mente procesó las alternativas: tenía dos opciones clásicas, esquivar hacia atrás perdiendo la iniciativa o recibir el impacto de lleno y arriesgarme a morir... pero opté por una tercera opción, una tan arriesgada y demencial que pondría al límite cada gota de mi maná.
—¡No me subestimes...! —grité con furia, extendiendo mis manos mientras mi núcleo estallaba en chispas descontroladas—. ¡Magia de rango veinticuatro: Tormenta de rayo del caos!
Un destello de caos puro estalló desde mi cuerpo, expandiéndose en una cúpula eléctrica de color carmesí y violeta que barrió el entorno en un radio de cien metros. La Tormenta de rayo del caos no solo interceptó el ataque del espectro, sino que convirtió el suelo a nuestro alrededor en un mar de estática y cráteres humeantes.
El impacto resonó como el fin del mundo. Las descargas eléctricas se retorcían como serpientes vivas, devorando los escombros y desestabilizando por completo la gravedad del lugar.
—¡¿Gkh...?! —jadeé, sintiendo que mis rodillas flaqueaban por el desgaste extremo de maná. Invocar un hechizo de rango veinticuatro al límite había estado a punto de romper mis propios canales de energía.
A través de la cortina de chispas y humo espeso, la figura del autoproclamado dios de la locura emergió. Su túnica estaba ligeramente chamuscada en los bordes, y un rastro de energía inestable parpadeaba en su hombro, demostrando que el ataque le había alcanzado de verdad. Ya no era intocable.
—Vaya, vaya... —su voz sonó distorsionada, mezclando tonos superpuestos que resonaban directamente en mi cabeza—. Parece que la pequeña guardiana tiene colmillos más afilados de lo esperado. Romper mi barrera con un hechizo de caos puro... Fascinante. Pero dime, ¿cuánto tiempo más crees que tu cuerpo mortal podrá soportar ese ritmo?
Apreté los dientes con tanta fuerza que sentí el sabor metálico de la sangre en mis labios. Tenía razón; mis brazos temblaban y mi respiración era un desastre. Si intentaba otro ataque de esa magnitud, mi núcleo colapsaría antes de tocarlo.
Necesito pensar en algo más... Si la fuerza bruta no va a aniquilarlo por completo, tengo que encontrar la falla en su sincronización con este mundo.
Mientras el espectro comenzaba a levitar de nuevo, cargando otra ofensiva en sus manos, a lo lejos el estruendo de la ciudad me recordó que Emanuel ya debía estar enfrentándose a los caballeros y al rey. No podía fallar aquí. Tenía que superar esta prueba, cuésteme lo que me cueste.
No hay una... pero de repente, una sonrisa silenciosa, casi imperceptible pero cargada de una fría confianza, se dibujó en mi rostro. Los dos espectros detuvieron sus movimientos un segundo, sintiendo de inmediato cómo el ambiente cambiaba de forma radical.
—¿Qué demonios está ocurriendo...? ¿Qué es esa energía que emana de ella...? —se oyó murmurar a uno de ellos, con una pizca de desconcierto colándose por primera vez en su voz.
Me puse de pie con total lentitud, desenvainando mi espada mientras la hoja resonaba con un zumbido metálico y denso. En mi mente, cerré los ojos por un instante para imitar la postura, la técnica y la absoluta precisión de mi maestro, Tanaka Sánchez.
Abrí los ojos, ahora envueltos en una mirada seria, vacía y profundamente oscura.
Un parpadeo.\* La presión del aire estalló.
Dos parpadeos.\* El espacio a mi alrededor pareció quebrarse.
En un abrir y cerrar de ojos, desaparecí de mi posición anterior y materialicé justo frente al dios de la locura. Antes de que pudiera procesar mi movimiento, descargué mi espada con una fuerza destructiva y descomunal, desatando un tajo que hizo temblar los cimientos de todo el laboratorio subterráneo.
—No es por presumir... —murmuré, dejando escapar una sonrisa bastante retorcida y sádica mientras sostenía firmemente la empuñadura de mi espada contra su defensa rota—. Pero no tienen ninguna oportunidad contra mí. Y mucho menos ustedes, dios de la locura. No importa lo que estén tramando en las sombras de este maldito imperio, su plan va a fracasar estrepitosamente... ¿Saben por qué? ¡Porque lo digo yo!
El impacto de mi tajo mantenía al espectro acorralado, haciendo que las ondas de choque vibraran a través de su forma inestable. Sentía el calor de la adrenalina corriendo por mis venas, pero también la fría certeza de lo que mi nuevo cuerpo era capaz de hacer.
—Creo que ya es hora de poner a prueba mi verdadero poder... —continué, sintiendo cómo mi núcleo comenzaba a latir con un ritmo sobrenatural y denso—. Gracias a que evolucioné, por fin puedo usar mi adaptación de inmortalidad por completo... Bueno, al menos una fracción. Por ahora solo puedo usar el 20%. Si llego a forzarlo al 50%, lo más probable es que mi cuerpo colapse y caiga inconsciente.
Tuve que escalar infiernos y soportar dolores inimaginables para llegar hasta este nivel, y no pensaba desperdiciarlo allí.
Mientras mantenía al dios de la locura ocupado y contenido con mi espada, mis pensamientos volaron por un segundo hacia el exterior del complejo subterráneo, donde la masacre debía estar en su punto más álgido.
Espero que el Caballero Oscuro no caiga ahora... —pensé con genuina preocupación, entrecerrando los ojos mientras la presión a nuestro alrededor aumentaba—. Tiene que destruir a ese rey miserable de una maldita vez, cuéstele lo que le cueste...
—¿Te distraes por unos segundos, verdad, humana? —burló el dios de la locura con una voz gélida que resonó justo frente a mí, antes de que una fuerza descomunal me devolviera el golpe.
El impacto me sacó de golpe de mis pensamientos sobre Emanuel. Salí deslizándome hacia atrás por el suelo del laboratorio, dejando dos surcos profundos con las suelas de mis botas mientras levantaba la guardia de inmediato.
A pocos metros de distancia, el segundo espectro me observaba con una mezcla de fanatismo y fría calculadora, analizando cada centímetro de mi cuerpo maltrecho.
—Esa mujer... hay que usarla como sujeto de prueba, dios de la locura —dijo el espectro secundario, ladeando la cabeza con una sonrisa macabra y calculadora—. Imagínate el potencial. Una fusión perfecta con el ADN de los dioses antiguos y nuestra mejor tecnología... Sería una arma biológica sin precedentes que nos podría servir a ambos para conquistar lo que queramos.
El dios de la locura soltó una carcajada seca, lúgubre, mientras la energía a su alrededor vibraba de forma errática.
—No es mala idea... el poder que emana de su núcleo es verdaderamente tentador —respondió, cruzando los brazos mientras me señalaba con desdén—. Pero sabes perfectamente que acabar con su voluntad y someterla para convertirla en nuestro peón sería un problema gigantesco... No es cualquier plebeya. ¿No lo crees?

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