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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 340 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—No sé qué demonios están pensando estos malditos, pero no voy a dejar que me atrapen ni muerta... —pensé, apretando con fuerza la empuñadura de mi espada mientras la energía de mi adaptación comenzaba a calentar mis músculos—. Si alguien va a salir victorioso de aquí, voy a ser yo quien los elimine a todos. Sin embargo, a pesar de la adrenalina y el peligro inminente, una duda profunda empezó a dar vueltas en mi cabeza, opacando por un instante el fragor de la batalla. Lo único que de verdad me sorprende es la participación de los espectros. Nunca pensé que ellos estuvieran revueltos en este tipo de conspiraciones. Si los abismales, los dioses antiguos y ahora los espectros están uniendo fuerzas... ¿Significa que lo hacen por la inminente llegada de los gigantes, o quizás por el despertar del dios nocturno o el mismísimo dios demonio de la destrucción? Para bien o para mal, los gigantes son seres que han vivido por incontables milenios. A lo largo de la historia, fueron ellos quienes moldearon y fundaron los cimientos de la humanidad, buscando crear un mundo donde todas las razas pudieran convivir en el centro de una paz duradera. Pero esa utopía se vino abajo hace mucho tiempo; la paz dejó de existir cuando la ambición humana y el odio mutuo rompieron el equilibrio. Por eso la guerra estalló hace diez mil años, tras los pasos de aquel legendario primer humano que se atrevió a desafiarlos. Los gigantes tenían expectativas altísimas sobre aquel hombre, creyendo que él lideraría a los suyos bajo su tutela. Pero cuando el verdadero "humano dragón" descendió al tablero, las cosas cambiaron drásticamente: se dice que la confrontación le costó la vida a aquel héroe original, y que ambos —el gigante y el humano dragón— desaparecieron para librar una batalla eterna en los confines del mundo, sin dejar rastro alguno. Y ahora... —analicé con frialdad, mirando de reojo las mesas de experimentación y los frascos con restos de ADN divino a mi alrededor—. Si estos tipos están intentando provocar un nuevo "destello" o resucitar a los dioses del pasado mediante la manipulación genética, eso podría ocasionar la condena absoluta de la humanidad. Todo encajaba. Por eso el imperio ha estado tan obsesionado con recrear un arma biológica definitiva. No quieren solo ganar una guerra contra otros reinos; querían asegurarse el control absoluto ante la catástrofe que se avecina. —Si creen que vand a usar este mundo como su patio de juegos para revivir a sus falsos dioses... —susurré con una sonrisa helada, elevando mi ki mientras las chispas de mi rayo del caos volvían a encenderse—, van a tener que pasar por mi cadáver primero. Me puse en guardia, flexionando las piernas y calculando cada milímetro de distancia entre los dos espectros y yo. Si quería romper su estúpida arrogancia, un ataque frontal común no serviría. Tenía que cambiar las reglas del juego en pleno vuelo. —Tendría que usar la espada del rayo... —murmuré para mis adentros, canalizando la energía estática directo en la empuñadura hasta que el metal comenzó a vibrar con una frecuencia letal—. ¡Magia de rayo, rango veintisiete: Ira del cielo estelar! En un parpadeo, mi figura se desvaneció en un haz de luz cegadora, transformándome en una descarga pura que se abalanzó contra ellos a una velocidad supersónica. Lanzué mis ataques en ráfagas calculadas, buscando acorralarlos... pero caí directo en su juego. No pensé que uno de ellos me tuviera preparada una maldita trampa. —Para ser alguien fuerte, a veces eres demasiado torpe, humana... —burló el dios de la locura, apareciendo justo en mi trayectoria con una barrera de energía ya lista—. Te lo había dicho: tu magia de rayo simple no funciona contra mí. Su sonrisa triunfante se ensanchó al ver cómo su escudo absorbía el primer impacto. Pero lo que él no sabía es que mi mente iba tres pasos adelante. —¿Eh...? —le devolví la mirada con una sonrisa desafiante y astuta—. ¿En verdad crees eso? En una fracción de segundo, la estática dispersa a nuestro alrededor dejó de ser un simple hechizo de impacto. La densa energía se comprimió de golpe, cambiando de forma drásticamente hasta convertirse en una sólida y titánica lanza eléctrica en mis manos. —Déjame presentarte mi verdadera arma... —susurré con los ojos destellando de poder mientras alzaba la punta electrificada directo hacia su pecho—. ¡Magia de rayo: Lanza de destrucción lluviosa! El tiempo pareció detenerse por un segundo milisegundo. La expresión de confianza absoluta en el rostro del dios de la locura se quebró de inmediato al ver que la forma del hechizo no se había disipado, sino que se había condensado en una masa de energía pura, densa y letal. —¡¿Qué diablos...?! —logró exclamar el espectro antes de que la presión del arma lo golpeara de lleno. —¡Muere! —grité con todas las fuerzas de mis pulmones, empujando la Lanza de destrucción lluviosa con un impulso descomunal. La lanza no solo perforó su barrera defensiva como si fuera de papel, sino que al entrar en contacto desató su verdadero terror: miles de fragmentos de rayos condensados estallaron en todas direcciones, multiplicándose como una tormenta de gotas afiladas que caían del cielo directo sobre ambos enemigos. Cada chispa era una hoja invisible capaz de cortar el acero y desestabilizar la materia misma. El estallido fue ensordecedor. La onda expansiva barrió lo que quedaba del laboratorio subterráneo, haciendo que los techos de piedra comenzaran a derrumbarse en una lluvia de escombros gigantescos. —¡Gaaaaah! —rugió el segundo espectro, intentando cubrir a su compañero con una cúpula de energía oscura, pero la densidad de mi magia de rayo del caos era superior; estaba destrozando su sincronización con este plano dimensional. Aprovechando el caos y el humo espeso que ahogaba el lugar, me deslicé a través de las descargas eléctricas con la precisión de una bailarina mortal. La adaptación de inmortalidad al 20% bombeaba a través de mis venas, adormeciendo el dolor de mis heridas y otorgándole a mis músculos una velocidad que desafiaba las leyes físicas. —No se confundan... —susurré, apareciendo justo sobre ellos, girando en el aire con la espada imbuida en un fulgor carmesí—. ¡Esto apenas comienza! Descargué un tajo descendente combinado con un relámpago en espiral que partió el suelo en dos, generando un cráter titánico que sepultó la mitad de sus posiciones bajo toneladas de rocas encendidas. Jadeando, con el sudor mezclándose con la sangre en mi frente y los canales de maná ardiendo al límite, aterricé firmemente sobre un bloque de piedra flotante, sosteniendo mi arma con ambas manos y sin apartar la mirada de la densa cortina de polvo. Sabía que seres de esa categoría no caerían tan fácilmente, pero la ventaja había cambiado de bando. —Al menos... no gasté todo mi maná en esa lanza —murmuré para mí misma, tragando saliva mientras sentía mis músculos protestar por el esfuerzo—. No es nada fácil utilizar la magia de esta forma electrizante... Me ha tomado muchísimo tiempo aprender a dominarla, especialmente sabiendo que la tierra y el rayo son los únicos elementos naturales que poseo en mi núcleo. Apreté los dientes, sintiendo cómo el peso de mis propios pensamientos amenazaba con quebrarme en el peor momento posible. —Pero a todo esto... la situación no podría ser peor. Lo que más me preocupa es... ¿y si pierdo de nuevo? No quiero perder. No quiero que Emilia vuelva a menospreciarme otra vez... Quiero ser alguien fuerte. Quiero ser la única persona que estaría dispuesta a entregarle su vida a Carlos. Un nudo doloroso se formó en mi garganta. Nadie en este maldito mundo sabe por todo lo que he tenido que pasar, pero yo también lo entiendo. Bajé la mirada, hundiéndome por un segundo en mi propio mar de pensamientos oscuros y cicatrices del pasado. Sé muy bien lo que se siente estar al borde del abismo. No quiero verlo caer a él tampoco. No quiero que Carlos se convierta en esa persona fría, cruel y despiadada que yo misma vi en mis propias pesadillas... Esa sonrisa tan cálida, tan honesta y pura de un verdadero caballero que una vez vi en sus ojos... me demostró que este mundo está hecho exclusivamente para destruir a los que están dispuestos a darlo todo por salvar a los demás. El mundo no cambia, y jamás cambiará. Eso me hizo creer que, en la cruda verdad de este planeta podrido, nadie puede hacer un cambio real... pero tú... tú no eres así. —Tú... me has devuelto la vida —pensé con los ojos cristalizados, recordando cada momento a su lado—. Me ayudaste a salir de mi depresión y de las ganas de dejarme caer... Fue gracias a ti. Un destello de pura resolución iluminó mi mirada. Con un impulso que desafiaba el dolor de mis extremidades, me moví a una velocidad absurda, apareciendo frente a uno de los espectros para abrirle una herida profunda con mi espada. —Todo lo que soy ahora se lo debo a ti... y no me arrepiento de nada. Siempre te veré como el hombre del que me enamoré en el peor momento de mi vida... Del otro lado de los escombros, la tensión en el aire cambió de golpe. —¿Esa mocosa... se está volviendo fuerte de verdad? —espetó el espectro secundario, con la voz temblando ligeramente de incredulidad. —No te confíes tanto... —respondió el dios de la locura, recuperando la compostura mientras una sonrisa siniestra se dibujaba en su rostro—. Recuerda que esa mujer ya no es solo una molestia. No solo domina la magia del rayo a la perfección; ha logrado condensar materia y maná para crear una lanza con masas de energía pura. Eso es algo completamente nuevo para este mundo... Alguien capaz de crear algo así debe ser considerada una amenaza de nivel supremo, alguien que debería estar bajo nuestro mando absoluto. El espectro soltó una carcajada hueca, extendiendo los brazos mientras la atmósfera comenzaba a distorsionarse con una gravedad aplastante. —Pero es una pena, ¿no crees? Si no podemos controlarla, tendrá que ser borrada. ¡Magia astral: Templo de ámbito hímico! En un abrir y cerrar de ojos, el entorno físico desapareció, tragado por una oscuridad tan espesa y asfixiante que parecía devorar la luz misma. El lugar se volvió lúgubre, siniestro, extendiendo su influencia más allá de las ruinas del laboratorio subterráneo hasta cobijar a todo el reino bajo una cúpula de pesadilla. —¿Qué... qué mierda es esto...? —alcancé a balbucear, sintiendo el terror helado oprimiéndome el pecho al escuchar los gritos desesperados que se filtraban desde la superficie—. ¡La gente está corriendo... Por favor, sálvenos...! El dios de la locura flotaba en el centro de esa nada opresiva, observando con total desdén hacia arriba, como si las vidas de los inocentes fueran meros insectos. —¿Por qué usas a la gente inocente como rehenes...? —le reclamé, apretando los dientes con rabia pura. —Esa gente a la que llamas "inocente" no es más que un atajo de pecadores... Merecen morir, ¿o acaso no lo crees? —respondió el espectro con una mueca burlona y desalmada. —¡Te equivocas...! —grité con el alma destrozada por la impotencia, pero con una furia inquebrantable encendiéndose en mis ojos—. ¡Te equivocas, maldito! No voy a permitir que mates a nadie. Sé perfectamente lo que estás planeando... pero te aseguro que no va a funcionar. De repente, guardé silencio. Mi respiración se calmó, y cerré los ojos para concentrar cada gota de maná restante en lo más profundo de mi núcleo. Ya no había tiempo para dudas. —Esta vez... invocaré a Emperor —susurré con absoluta convicción—. Confío en ti... Por favor, salva a estas personas... Un círculo mágico colosal, grabado con runas ancestrales y un fulgor abrumador, se abrió paso en el cielo oscuro. Una presión descomunal hizo que los propios espectros retrocedieran varios pasos, boquiabiertos. —¡¿Q-Qué carajos...?! —gritó el dios de la locura, con los ojos abiertos de par en par—. ¡No solo eres una maga con un potencial absurdo... sino que también dominas la magia de invocación a este nivel?! El segundo espectro dio un paso atrás, temblando visiblemente al reconocer la silueta colosal que comenzaba a emerger del portal. —Espera un momento... Esa cosa... Yo la conozco... —tartamudeó con pánico en la voz—. ¡Es imposible! ¿Cómo es posible que un ser inferior haya podido domar a ese monstruo legendario, a esa criatura considerada imposible de destruir?! Una sonrisa cansada, pero llena de orgullo, se dibujó en mis labios mientras sentía las lágrimas mezclarse con el sudor en mis mejillas. —Es difícil de creer... Yo también pensaba lo mismo —les contesté con la voz firme, sosteniendo mi espada con renovada fuerza—. Pero cuando me encontraba al borde de la muerte, acorralada y sin esperanza... yo no quería rendirme. Quería demostrarles a todos de lo que soy capaz, rompiendo mis propios límites una y otra vez para proteger lo que amo. ¡Y ahora ustedes van a pagar por haber cruzado la línea! Emperor se movió sin parpadear, una mole imponente de destrucción que barrió el espacio y redujo el Templo de ámbito hímico del dios de la locura a puros escombros en cuestión de segundos. Mientras la colosal invocación cumplía con su labor, las personas en la superficie corrían despavoridas, y por mi mente cruzó un pensamiento fugaz: ¿En verdad sería lo correcto salvar este reino podrido, o quizás lo mejor para este mundo sería destruirlo todo desde la raíz...? Me preguntaba si lo que vi allá adentro en los laboratorios clandestinos —ese sufrimiento inhumano, los experimentos profanos— terminaría pesando en la conciencia de este imperio de una forma que nadie podría soportar. —Espero que no sea tarde... —susurré con determinación, mientras Emperor arremetía directamente contra el dios de la locura, desintegrando por completo su impenetrable defensa mágica con un solo golpe. —Se me olvidó decirte algo... Tu preciada defensa ya no sirve contra él —le dije, esbozando una sonrisa burlona y confiada mientras me pasaba una mano por el cabello, acomodándome los mechones revueltos por la batalla—. ¿Qué pasa ahora? Una vez que puedo romper tu estúpida defensa, no eres más que una patética imitación de Octavio... —¡No bajes la guardia, mocosa de mierda! —bramó el segundo espectro de repente, lanzándose a atacarme de frente a una velocidad letal. Levanté mi espada a tiempo para bloquear su estocada, pero la fuerza bruta y la presión que emanaba su cuerpo me superaban con creces. En apenas segundos, el impacto me hizo salir disparada hacia atrás, deslizándome peligrosamente sobre el suelo destruido. Antes de estrellarme contra un muro, alcancé a trazar un complejo círculo mágico en el aire con la punta de mi bota. Aproveché el impulso del retroceso para reaparecer con una precisión milimétrica justo a su espalda, descargando un tajo con toda la fuerza que me quedaba, mientras el aire a nuestro alrededor se volvía cada vez más denso y siniestro. La batalla se prolongó durante horas. Fue un intercambio brutal e incansable de bloqueos, esquivas, ondas de choque y destrucción masiva en un combate de dos contra uno que ponía a prueba cada fibra de mi ser. Mientras yo contenía a los espectros con lo último de mi maná, Emperor cumplía su misión en segundo plano, abriendo portales de evacuación y sacando a los civiles a un lugar seguro, lejos del matadero en el que se había convertido el imperio. Avanzé lentamente a través del caos, ignorando deliberadamente cómo varios choques de maná y ráfagas de energía venían directo hacia mí. En ese instante, el mundo pareció detenerse por completo. La realidad misma se congeló, permitiéndome caminar con total calma sobre las ondas de choque suspendidas en el aire hasta llegar justo a la espalda del espectro. Con un movimiento limpio y definitivo de mi espada, atravesé su núcleo, acabando con su vida en un parpadeo. El efecto se desvaneció, y el segundo espectro, el autoproclamado dios de la locura, sintió el impacto de la muerte de su compañero. Intentó avanzar, pero sus extremidades se quedaron estáticas. —No me puedo mover... ¡¿Qué demonios está ocurriendo?! —bramó, con los ojos inyectados en pánico y furia—. ¿Acaso... acaso ella detuvo el tiempo? ¡No, es imposible! ¡No hay nadie en este mundo que pueda hacer algo así! ¡Tiene que ser algún maldito artefacto o una trampa... de otra forma no se explica! Me giré hacia él con una tranquilidad aplastante, apoyando el peso de mi cuerpo sobre la espada mientras el maná residual danzaba a mi alrededor. —¿Eh? Te equivocas... —le respondí con una sonrisa fría y desafiante, ladeando la cabeza—. En realidad, no detuve el tiempo. Lo único que hice fue obligar a que el flujo temporal se volviera infinitamente lento para ti y para tu entorno. Di un paso al frente, sintiendo el peso de los años, del dolor y de cada obstáculo superado resonar en cada una de mis palabras: —¿Ahora entendiste cuál es la diferencia entre un supuesto "dios" inmortal como tú y un humano común? Esos mismos seres a los que tanto desprecias, a los que tratas como si no tuvieran valor ni destino... Te acaban de superar por completo. Ahora dilo sin llorar, maldito farsante.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 340

Estás leyendo el capítulo 340 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 8 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.