Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 335 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Bien, la maldición ya se fue, Mío. Ahora tengo que irme —le dije, incorporándome y sacudéndome un poco la ropa—. Por cierto, ve a visitar a David más tarde; estaré ahí contigo para hablar de un asunto importante.
—¿De qué se trata, Carlos? —preguntó ella, parpadeando con desconcierto y mirándome con fijeza.
—Un mensaje de Henry... —respondí en un susurro grave.
¡¿...! Mío quedó completamente en shock, con los ojos abiertos de par en par al escuchar ese nombre.
—Bueno, nos vemos luego... —añadí.
Y, sin dar más explicaciones, me desvanecí en el aire con un parpadeo de mi maná, dejando atrás a Mío, Miguel y Mei, mientras mi mente volaba hacia el siguiente punto crítico: Shiro y Freya.
—¡Carajo, ni siquiera eso fue suficiente! Se nos acaban las opciones, Freya... ¡Tenemos que acabar de una vez por todas con el Dios Demonio! —exclamó Shiro, respirando con dificultad y con el cuerpo al límite.
—¡Eso lo sé, pero aún tenemos una posibilidad! Lancelot lo está distrayendo. Ve tú a ayudarlo mientras yo analizo cómo usar el separador de almas... —respondió Freya, con los dedos temblando sobre los pergaminos arcanos.
—Bien, te daré esos minutos... —murmuré, apareciendo de la nada en el campo de batalla.
Avancé caminando lentamente, preparando mis puños mientras se impregnaban de un aura densa y pesada. Mis ojos brillaban con intensidad y mi chamarra se desabrochó con la fuerza del maná que irradiaba. El Dios Demonio desapareció en un parpadeo para atacarme por la espalda, pero lo esquivé con un giro fluido y le propiné un puñetazo directo que lo hizo salir disparado varios metros a una velocidad monstruosa, destruyendo el suelo a su paso.
—Aún te quedan fuerzas, maldito Shirou... Ya ríndete, nunca fuiste rival para mí. Miserable nocturno, entiende que aunque uses todo tu poder contra mí no eres más que una basura, ¡pero tú no podr...! —bramó la entidad con soberbia, intentando incorporarse.
—¿Ajá? ¿Qué decías? —lo interrumpí, apareciendo justo frente a él con una sonrisa sombría.
Cayó casi de rodillas, con los ojos inyectados en incredulidad:
—¿Cómo... cómo es posible...?
—Al momento de que me atacabas, analicé cada parámetro de tus movimientos y, para hacerlo, tuve que neutralizarlos por completo... —le respondí con frialdad.
—¡Increíble! —festejó Freya a lo lejos—. ¡Lo logró, pudo derrotarlo!
—¿Por qué no me puedo mover, maldito mediocre? ¡¿Qué me has hecho?! —rugió el Dios Demonio, furioso y paralizado.
—Tenías razón en algo: estar horas luchando contra ti me debilitó más de lo que pensaba... Pero ahora se acabó. Yo he...
—¡Espera un segundo, Freya, atrás de ti!— grité, sintiendo que el aire se congelaba de golpe.
Ni siquiera pude ver su movimiento; su presencia era tan veloz que mi propia magia no llegó a registrarla a tiempo. Lancelot intentó intervenir, pero tampoco pudo alcanzarlo.
Freya logró esquivar por un milímetro, retrocediendo con el rostro pálido. De inmediato, mantuvo los ojos cerrados y, en un destello de luz pura, apareció su Fénix plateado. El majestuoso animal se lanzó directamente contra la nueva amenaza para atacarlo con una lluvia de escamas deslumbrantes. Al mismo tiempo, me propulsé usando toda mi fuerza, lanzando puñetazos y desvaneciéndome para atacarlo una y otra vez.
Con espada en mano y los puños ardiendo en maná, nos lanzamos al asalto sin detenernos un instante. Los choques de velocidad sacudieron el terreno, provocando retrocesos y ondas expansivas en una danza puramente destructiva.
—Yo que tú, no cometería ese error, Dios Demonio... ¿Acaso olvidas quién es el padre de este mundo, verdad? —le espeté con una sonrisa tétrica.
En ese instante, mis ojos perdieron su tono habitual, volviéndose de un rojo carmesí absoluto por unos segundos, desprendiendo una presión abrumadora—. Yo soy aquel que está por encima de todos...
Avancé a toda velocidad para conectar un golpe definitivo, pero al impactar contra él, una extraña sensación me recorrió la espalda. Al girarme, noté lo imposible: él seguía estando justo detrás de mí.
—Ya veo... así que estás usando magia de clonación. Creí que la espada original estaba destruida, pero veo que acabas de duplicarla, ¿no? —analicé en voz alta.
—¡Así es! Yo tengo la duplicada, pero la original desapareció. Por lo que tengo entendido, alguien la robó, aunque jamás imaginé que la usarían justo ahora para detenerte... O mejor dicho, para matarte y después robar tu cuerpo a toda costa. ¡Te robaste toda mi atención! —bramó la entidad con descaro.
—¿Y por qué alguien como tú debería tomar mi cuerpo? —le reté, frunciendo el ceño con desprecio.
—La persona a la que quiero matar ya se encuentra cerca, más de lo que crees, humano. Tengo mis razones, o de lo contrario alguien más me robará ese preciado cuerpo que cargas, Shirou...
—Hace rato dijiste que yo moriré... Es por esa razón que quieres mi cuerpo, ¿no es así? —le corté tajante, mirándolo con frialdad—. Te lo preguntaré otra vez: ¿quién es la persona que me matará en el futuro?
El Dios Demonio esbozó una sonrisa picada, deleitándose con la tensión del momento:
—Oh, ¿ya te dio curiosidad? Muy bien, te lo diré... pero a cambio, acepta ser mi discípulo.
Lancelot y Freya abrieron los ojos de par en par, completamente atónitos.
—¡No lo hagas, Shirou! ¡Es una trampa! Si aceptas, él logrará exactamente lo que quiere, te lo digo por experiencia propia —advirtió Lancelot con desesperación.
En un movimiento desesperado, el fénix plateado de Freya se lanzó al ataque contra el Dios Demonio, pero este lo pulverizó con un simple movimiento de mano antes de abalanzarse con la espada de clonación directo hacia Freya para atravesarla.
Sin embargo, antes de que la hoja tocara a Freya, Shirou se interpuso y detuvo el filo mortal con un solo dedo.
—Arrodíllate. Magia de rango 1: Gravedad Oscura Marcial —ordené, liberando una presión invisible.
El Dios Demonio cayó de rodillas de golpe, sintiendo el tremendo impacto de una gravedad descomunal aplastándole los hombros.
—¿Qué diablos...? ¡¿Por qué no me puedo mover?! —rugió el Dios Demonio, con el rostro pegado al suelo mientras intentaba en vano levantarse.
—¡Te lo dije, yo soy el más fuerte que mi hermana! Oculté mi poder para que ella no se sintiera débil, pero ahora que las cosas van mal, todo lo que están haciendo tus queridos hijos abismales es traerte de vuelta... ¡pero para eso necesitan más tiempo para reunir por completo tu voluntad! —le recé con fiereza, manteniendo la presión sobre su cuerpo aplastado.
El Dios Demonio guardó silencio por un instante antes de estallar en una risa estridente y macabra:
—¡Jajajajajajajajaja! ¡Ja, jajajaha! ¡Ya veo, ya veo! ¿Así que quieres lucirte, verdad? En ese caso... ¡muere!
—¿¡...!? —alcancé a exclamar con los ojos abiertos de par en par.
Una mano fría y despiadada acababa de atravesar mi estómago desde atrás. La sangre brotó de inmediato empapando mi ropa.
—¡¿Qué?! ¿En qué momento...? ¡Shirou! —gritó Freya con desesperación, viendo cómo la escena se desmoronaba.
Bajé la guardia por una milésima de segundo y lo pagué caro. Caí de rodillas, sintiendo el ardor punzante del dolor y la sangre caliente manando de la herida. Al perder la concentración, la magia de Gravedad Oscura Marcial se desvaneció por completo.
El Dios Demonio se levantó de un salto y, a una velocidad monstruosa, se abalanzó sobre mí, golpeándome brutalmente contra el suelo de piedra. Me agarró del cuello con furia y me lanzó lejos como si fuera un muñeco de trapo. Salí disparado, rebotando contra los escombros, y antes de que pudiera recuperar el aliento, ya había aparecido de nuevo frente a mí.
Comenzó a masacrarme sin piedad, atacando una y otra vez con una lluvia de golpes y cortes que destrozaban mi armadura y mi piel. Estaba perdiendo demasiada sangre; mi visión comenzó a nublarse y el mundo se tornaba borroso, pero me negaba a rendirme. No iba a caer aquí.
Justo cuando preparaba su golpe final para decapitarme, alcé la mano con lo último que me quedaba de fuerza y atrapé su puño al vuelo. Una violenta onda expansiva estalló a nuestro alrededor, y con un grito de rabia, liberé la presión acumulada hasta arrancarle de cuajo el brazo derecho con una explosión destructiva.
—¡AAAAHHHH! —rugió la entidad, retrocediendo trastabillada.
Sin darle un solo segundo de respiro, me puse de pie a la fuerza, corrí hacia él y alcé mi espada para asestar el golpe definitivo. Él esquivó por poco y bloqueó mi estocada con lo que le quedaba, dando inicio a una batalla feroz y desesperada donde el acero chocaba contra el acero en una danza frenética de chispas y velocidad pura.
Pero yo ya estaba al límite... No podía seguir sosteniendo este cuerpo al borde del colapso. Concentré lo último que me quedaba de maná y liberé mi técnica definitiva:
—Magia de viento, rango 15: Lluvia de luz de corte...
El ataque fue absolutamente devastador. Cientos de cuchillas de viento puro y concentrado barrieron el campo de batalla en una tormenta cegadora, desgarrando todo a su paso. Caí de bruces contra el suelo, perdiendo una cantidad masiva de sangre, con los pulmones ardiendo y las fuerzas completamente agotadas. Sin embargo, cuando alcé la vista, vi que el Dios Demonio, aunque con el cuerpo casi destruido y cubierto de heridas fatales, seguía sonriendo con malicia mientras se dirigía paso a paso hacia mí.
A lo lejos, Freya se había precipitado con desesperación. Con ambas manos, clavó con toda su fuerza la empuñadura del separador de almas directamente en el pecho del Dios Demonio.
Por un instante, creí que con eso nos habíamos salvado... pero fue un error fatal que nos costó el preciado tiempo que tanto nos había costado conseguir. La espada no le hizo absoluto efecto. La hoja se quedó clavada en su carne sin desatar ninguna purificación.
—Oh, qué mal... parece que no funcionó. ¿Sabes por qué? —soltó la entidad con una risa burlona, mirando a Freya con desprecio.
Solo el usuario legítimo es digno de usar esa arma. Solo quienes son elegidos para portarla son capaces de borrarme, pero cuando se trata de otra persona que ni siquiera ha sido llamada, ¡se vuelve inútil contra mí! Al principio sí estaba aterrado, pero ahora ya no es nada esta cosa... Así que...
En un movimiento fulminante, me sujetó firmemente del cuello, levantándome del suelo a pesar de sus propias heridas graves. Sus ojos rojos brillaban con una locura sádica mientras acercaba su rostro al mío.
—Mira con atención, Shirou... Este será tu mayor error por haber rechazado mi oferta...
—¡Detente, no lo hagas...! —supliqué con lo poco que me quedaba de voz, viendo el peligro inminente sobre Freya.
—¿Jajajaja, ahora suplicas? Es mejor que la veas morir... —respondió con una sonrisa sádica, apretando aún más su agarre en mi cuello.
Intenté levantarme a la fuerza, pero mis extremidades no respondían; el cuerpo me fallaba por la masiva pérdida de sangre y el desgaste del núcleo. No quiero verla morir... ¡Por favor, levántate, maldición!, grité por dentro, sintiendo un dolor desgarrador que no provenía de las heridas, sino de la más profunda impotencia.
Por un costado, Lancelot intentó lanzarse a una última y desesperada ofensiva, pero la espada de clonación del Dios Demonio cruzó el aire como un destello mortal, atravesándolo de lado a lado y partiendo a Lancelot a la mitad.
—No hay nadie quien te salve... —sentenció la entidad.
—¡NOOOOO! —grité con todas mis fuerzas.
Pero antes de que pudiera ejecutar a Freya, un violento rayo de color verde azulado impactó de lleno contra el Dios Demonio con una fuerza puramente destructiva, haciéndolo salir disparado por los aires como si lo hubiera arrollado un huracán.
Abrí los ojos con lentitud, intentando enfocar la vista a través del borrón de sangre y sudor.
—Parece que logré salvarte, Freya... —se escuchó una voz familiar mientras giraba la cabeza hacia donde estaba Shirou.
—Hola, buenos días, vieja llorona. Me alegro que estés bien, bastardo —saludé con una sonrisa peligrosa y desafiante, aunque con el ceño fruncido—. Más tarde hablaremos de todo esto...
—¿...Carlos? —murmuró Freya, parpadeando con absoluta incredulidad al verme aparecer de la nada.
Sin perder un segundo, extendí la mano hacia Shirou y concentré mi maná:
—Magia de sanación, rango 20: Sanadora solitaria...
Una luz cálida e intensa me envolvió, haciendo que las células dañadas y las graves heridas de su cuerpo comenzaran a cerrarse y regenerarse a una velocidad milagrosa.
—Déjame esto a mí, Shirou. Yo me encargo de él... Y tú, Freya, llévatelo de aquí ahora mismo. Yo seré su nuevo oponente —ordené, mirando fijamente a la abominación que se ponía de pie entre los escombros.
—No pensé que nos volveríamos a encontrar, Tanaka Sánchez... —escupió el Dios Demonio, intentando recomponerse mientras su brazo regenerado manaba una energía oscura.
—Sí, pero tu estancia aquí no durará por mucho tiempo... —respondí con una fría serenidad.
De inmediato, liberé todo mi maná acumulado, haciendo estallar el entorno en una onda expansiva de presión asfixiante que hizo temblar el suelo bajo nuestros pies.
A lo lejos, Shirou, Freya y un moribundo Lancelot —que se aferraba a la vida tras el brutal ataque anterior— se quedaron completamente en shock.
—¿Qué demonios...? ¿Qué es esa presión tan monstruosa...? —balbuceó Shirou, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones.
—Te has vuelto fuerte... Nuestro anterior encuentro no fue para nada como esto... —reconoció la entidad con un atisbo de genuina sorpresa en la mirada.
—Solo guarda silencio.
En un parpadeo, desaparecí y aparecí justo sobre él, lanzando una estocada frontal con mi espada. Él logró esquivar el primer movimiento por los pelos, pero jamás imaginó que ese ataque era solo un señuelo. Giré el cuerpo en el aire y utilicé mi espada nocturna para cortarle el otro brazo con total facilidad y absoluta precisión.
Porque yo soy el más rápido...
Me aleje deslizándome hacia atrás a toda velocidad y clavé mi espada firmemente en el suelo de piedra. Comencé a canalizar el ki de mi cuerpo, fusionándolo de manera perfecta con mi magia de éter. El choque de ambas energías empezó a distorsionar el espacio, creando un agujero negro colosal que giraba con furia destructiva, dispuesto a tragar y desintegrar por completo el fragmento de esa abominación.
—Imposible... ¿Cómo demonios te has hecho tan fuerte...? —bramó el Dios Demonio, sintiendo por primera vez el peso real de la desesperación.
Una sonrisa bastante retorcida y cruel se dibujó en mi rostro, reflejando el frío desprecio que sentía hacia él:
—Porque yo soy tu peor error y tu peor pesadilla. Espero que no se te ocurra volver a atacar a mis amigos... de lo contrario, no tendré piedad en matarlos a todos hasta no dejar rastro. Pero dime, es tal como tú lo dices... Aunque solo seas un fragmento, todo el conocimiento de lo que ha pasado aquí quedará grabado en tu conciencia principal, ¿o me equivoco?
—¡Maldito mocoso, no me subestimes! —rugió la entidad con desesperación.
Varios de sus últimos ataques desesperados me impactaron de lleno, pero la densa barrera de maná que me rodeaba neutralizó el daño por completo. El colosal agujero que había creado terminó por devorar lo que quedaba del fragmento, absorbiéndolo en una espiral de pura destrucción.
Retrocedí un par de pasos al sentir la inestabilidad de mi propia técnica, consciente de que no podía contenerme más. Antes de que el flujo desbocado del hechizo me alcanzara, chasqueé los dedos:
—Magia de agua, rango 10: Escudo de mar...
Una cúpula de agua densa y cristalina me rodeó por completo, protegiéndome de la onda expansiva mientras observaba cómo el Dios Demonio era borrado del campo de batalla.
Aunque solo se trataba de un fragmento y pude deshacerme de él, una fría certeza se instaló en mi pecho: si su conciencia principal logra reunir aún más poder en el futuro, es muy probable que no pueda hacer nada contra él en este estado actual. Mi núcleo sigue al límite, y por más que temporalmente William haya logrado mantener a raya este desborde con el sello, necesito fortalecerme urgentemente y superar mis propios límites.
Exhalé un suspiro profundo, disipando la barrera mientras el silencio volvía a apoderarse de los alrededores. Por ahora, había ganado algo de tiempo y eliminado una amenaza inmediata.
Miré hacia el horizonte con determinación. Solo me quedaba una cosa por hacer antes de que la situación empeorara.
Tengo que ir al Reino Platino del Amanecer y entregarles un mensaje a cada uno de ellos de parte de Henry. Solo espero que este próximo obstáculo no resulte ser demasiado desafiante...

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 336
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 335
Estás leyendo el capítulo 335 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.