Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 333 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Pero nada importaba de mí... —pensó el Débora Dioses, apretando los dientes con una mueca de amargura mientras sus botas pisaban con fuerza el suelo estéril—. Solo dejé que todos se fueran al carajo. Tal vez habría podido evitar esto, pero por ahora voy a comprimir todo el poder y haré un nuevo núcleo. No será nada sencillo, pero podría intentarlo.
Cerró los ojos un instante, respirando con dificultad mientras la energía oscura chisporroteaba a su alrededor.
—Ahora, si hago que mi maná se incremente a tal punto, podría estar superando el núcleo de 50 capas —murmuró con una sonrisa torcida y sombría—. Sí, es difícil de creerlo, ya que yo fui el único que logró volverse más fuerte, pero la persona que jamás logré derrotar fue el Dios General Dragón; es tan fuerte que ni siquiera yo con ese poder pude hacer nada. Ah, bueno, ¿qué se esperaba de mí, si ni siquiera poseo el poder nocturno? Nunca lo desperté, tal vez porque no fui lo suficientemente apto para poder ser digno...
Bajó la mirada, dejando caer los hombros con un profundo sentimiento de derrota.
—Pero en fin, aprendí muchas cosas a lo largo de mi vida como un devorador de dioses. Ya no había nada ni quedaba nada en mi mundo, solo mi hermano y los traidores que me dieron la espalda. Algún día los mataré... tal vez logré escapar, pero ellos me van a encontrar para acabar conmigo. Si tan solo hubiera sido distinto...
Dio un suspiro pesado, sacudiendo la cabeza con frustración y auto-desprecio.
—Si tan solo hubiera sabido toda la verdad... pero era tarde. Bueno, todos me lo advirtieron y fui yo el ignorante. ¿Tan equivocado estaba? Karen... —su voz se quebró ligeramente, y sus ojos se abrieron con dolor mientras una lágrima contenida amenazaba con escapar— ¿Cómo te extraño demasiado! No fui capaz de protegerte. Te hice una promesa en el puente al amanecer, cuando éramos unos niños... Te juré que yo estaría ahí para salvarte en cualquier momento desde que apareció ese Dios General Dragón y quitó lo último que me quedaba: tu presencia, tu sonrisa, tu mirada amable y cálida, el amor de hermanos que me tenías. And ahora ya no estás conmigo. Si encuentro tu versión aquí, me pondría triste y no podría contenerme...
Apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos crujieron, sintiendo una rabia punzante en el pecho.
—Tenía mucha razón, Caballero Oscuro, debí preocuparme por mí mismo. ¿Qué más importa ahora? Solo soy un cascarón vacío, nadie jamás me comprendería. Todos cometemos errores, pero de esos errores se aprende, ¿no? —soltó una risa seca, casi inaudible, teñida de una profunda ironía—. Tuve que seguir adelante, aunque me dolía más el alma de lo que me duele ahora... ¡Qué buen chiste, verdad!
Su expresión se suavizó por un segundo, volviéndose más distante, antes de recuperar su mirada calculadora.
—Pero... recordé el nombre de Locutor: Rachel. Tú fuiste alguien que yo fui en ese tiempo. Es una pena que te haya matado. Después de todo obtuve un poder más allá, y ahora logré alcanzar un núcleo de 79 capas. Puedo sentir todo este poder mientras lo neutralizaba con mi poder de éter oscuro; pude perfeccionarlo. Ahora solo queda poner a prueba... ¿Qué tal si utilizo el Susanoo Dragón que usó él en mi contra? Podría servir más para mi beneficio...
Por otro lado, en una zona apartada y segura, los representantes de las grandes razas se encontraban reunidos bajo un tenso silencio: Elena, la chica bestia, cruzaba los brazos balanceando la cola con impaciencia; Ginebra, la representante de los enanos, se apoyaba contra una columna de piedra; King, el semidragón, fruncía el ceño con los brazos cruzados; Morbius, el joven vampiro, sonreía de lado con burla; y Stiven, el elfo, mantenía una postura rígida y analítica.
—¿Por qué nos has llamado, King? —preguntó Stiven, arqueando una ceja con desconfianza mientras lo miraba fijamente.
—La razón por la cual los llamé es para informarles que Carlos está creando una nación donde los humanos y las grandes razas puedan convivir... —respondió King con seriedad, apretando ligeramente la mandíbula.
—¿Eso es posible? —cuestionó Ginebra, bufando con escepticismo mientras negaba con la cabeza.
—No lo sé, Ginebra, pero a mí me da desconfianza —intervino Morbius, rodando los ojos con fastidio—. Ustedes fueron testigos de lo que vimos en el festival de este año, de cómo masacró a esas dos personas, de cómo luchó contra ese Minotauro —un dios— y al final contra el Dios Nocturno y los Abismales.
—Nosotros no hicimos nada, ni siquiera mostramos nuestro poder —apretó los puños King con profunda frustración, bajando la mirada al suelo—. En verdad es tan frustrante sentir eso... ¿de no demostrar lo que somos nosotros como razas?
—No te equivocas, King —dijo Elena con una sonrisa distante y los ojos brillando con un anhelo extraño, jugando distraídamente con un mechón de su cabello—. Yo sí demostré mi fuerza contra Lucía. Ella es fuerte, pero ni siquiera me llega a los talones. Solo hay alguien que puede domarme, y ese es Tanaka Sánchez. Al ver su gran fuerza, mi corazón latió de una forma que nunca antes había sentido...
—Vaya, vaya, ¿ahora la masoquista se enamora de un humano? —bromeó Morbius, soltando una risita burlona mientras negaba con la cabeza—. En fin, a él le debemos que haya salvado a toda nuestra gente cuando el Imperio los secuestró. Si no hubiera sido por él, hoy sería un experimento más de ellos...
—Es verdad —concedió Stiven, relajando un poco los hombros—. Me alegro de que la princesa elfa esté bien por ahora, pero no debemos olvidar que aún hay amenazas que pueden destruirnos a todos.
—De eso no hay duda —afirmó King, levantando la vista con renovada firmeza—. Pero hay que ser conscientes de todo esto, chicos: tenemos que invitar a Carlos. ¿Qué les parece un convivio entre los representantes de las grandes razas?
—Es verdad, somos seis, deberíamos decidir cómo nos llamaríamos, porque dentro de unos dos meses ya no formaremos parte de nuestras academias anteriores; ahora somos de la Academia Ryouou Clannad, una fusión entre estudiantes —reflexionó Elena, ladeando la cabeza con una sonrisa pícara—. Espero que las cosas no salgan de control... pero sabes, al menos podría estar más cerca de Carlos.
—¡Ay, ay, siempre tan acosadora, Elena! —suspiró Ginebra, dándose a abanicar con una mano en señal de fastidio—. Somos las únicas dos chicas en esta reunión, no hay que pensar en romance, hay que pensar en mejorar nuestros núcleos.
—Es verdad, aún no hemos salido del núcleo de 5 capas —admitió Stiven, cruzándose de brazos con preocupación—. Según nuestros colores, ¿son los mismos, no?
—Así es, estamos en el azul —confirmó King, apretando los puños con determinación mientras miraba a sus compañeros—. Pero si queremos superar el azul, tenemos que mejorar y concentrar nuestro maná al límite.
—Tienes razón... Bueno, ¿qué les parece si vamos afuera para entrenar? —propuso King, cambiando de tema mientras estiraba los brazos con determinación.
—Ah, pero antes, King, dime algo... ¿sabes a dónde está Carlos? —preguntó Elena, inclinándose hacia adelante con un brillo de intensa curiosidad en los ojos.
—Sí, sé a dónde está; se encuentra en mi ciudad —respondió King con una sonrisa segura.
—¿Puedes llevarnos allá? —inquirió Stiven, arqueando una ceja con interés.
—Bueno, tendría que usar un pergamino para que se abra el portal... Bien, vamos —concluyó King, sacando un pergamino antiguo de su túnica mientras los demás se preparaban para el viaje.
Mientras tanto, en la habitación, el ambiente estaba lejos de ser relajado.
—Carlos, dime algo —preguntó Sage, cruzándose de brazos con una mirada severa y los ojos destellando una fría advertencia—: que sea la última vez que pierdes el control. ¡Ya destruiste varios continentes ahora mismo! Por ahora te quedas en cama sin salir del cuarto, ¿entendido?
—Estoy de acuerdo con eso —apoyó Natsuki, asintiendo firmemente desde el marco de la puerta con los brazos cruzados—. Bien, me tengo que ir... pero por último: mañana sin falta es nuestra cita, ¿sí?
—Está bien —respondí con una sonrisa nerviosa, rascándome la nuca—. Nos vemos luego...
—Yo también me iré —dijo Saleh, estirándose un poco—. Tengo que comprar algo de comida. ¿Vienes conmigo, Alefa?
—No, papá, no te preocupes, yo quiero cuidar de él, ¿sí? —respondió Alefa con una sonrisa dulce, sentándose a un lado de la cama.
—Bueno, está bien... —cedió Saleh con una sonrisa paternal.
—Si vas a comprar comida, te quiero acompañar —anunció Yuki, poniéndose de pie de inmediato.
—¿Ah? ¿Vas a ir sin mí, desgraciada? —protestó Inglis, abriendo los ojos con indignación.
—¡Esperen, yo también quiero ir! —exclamó Fer, apresurándose a alcanzarlos.
—Octavio, ¿vienes? —preguntó Saleh antes de salir.
—No, gracias. Tengo otras cosas por hacer, debo ir con Otis a cierto lugar —respondió Octavio ajustándose los pergaminos—. Por ahora, nos despedimos.
Todos se fueron, y la puerta se cerró con un suave clic, dejándome a solas en la habitación con Alefa.
El ambiente se volvió denso, cubierto por un silencio que se prolongó durante varios minutos, roto únicamente por el parpadeo de la luz que entraba por la ventana. Alefa jugueteaba nerviosa con el borde de su ropa, evitando cruzar miradas conmigo al principio, hasta que finalmente decidió romper el hielo.
—Este... Bueno, ¿cómo has estado, Carlos? —preguntó en voz baja, con una mezcla de timidez y genuina preocupación.
—Yo... bueno, más o menos bien. ¿Y tú cómo has estado últimamente? Tú y Melissa se han ido de aventuras con Angélica y Saleh... —respondí intentando sonar calmado, incorporándome un poco sobre las sábanas.
—Jejeje, es verdad, pero... —su voz se apagó de repente. Bajó la mirada, apretando los labios con tristeza—. Mi padre y ella dejaron de hablarse...
—Ya veo... ¿Me puedes decir cuál fue el motivo? —inquirí, frunciendo ligeramente el ceño ante la mala noticia.
—El motivo fue que... lo que ocurrió en el Reino Platino del Amanecer. ¿Recuerdas cuando tu ciudad fue atacada por los abismales? Bueno, las palabras de Robert hicieron que mi padre desconfiara de Angélica. Discutieron y otra vez volvieron a enfrentarse; casi mueren los dos, pero gracias a eso fue un empate...
—Ellos llevan así desde hace años, ¿verdad? —suspiré, frotándome las sienes con cansancio.
—Por supuesto. Es por eso que él tomó la decisión de visitarte. Según me dijo, te va a entrenar en cómo usar la magia de teletransportación... aunque, para decir verdad, ya eres bastante rápido. ¿Sabes? Tu magia está casi a la par de la de mi padre —concluyó con una pequeña sonrisa cálida, intentando aligerar el ambiente.
—Pero oye, ¿y has usado tu anillo de caballo espiritual? —preguntó Alefa, mirándome con curiosidad mientras inclinaba la cabeza.
—Bueno, una vez lo usé y casi muero contra el Dios Nocturno —respondí con una mueca amarga.
—¿Quéeee? Pero, ¿cómo fue que pasó eso...? —exclamó con los ojos abiertos de par en par.
—Te lo explicaré... —murmuré, tomándome un momento antes de continuar—. Varios minutos después...
Le resumí brevemente el peligro de aquel enfrentamiento, omitiendo los detalles más los oscuros para no alarmarla de más, aunque su expresión seguía reflejando preocupación.
—Ya veo... Así que tu hermano Kronos está detrás de todo esto, ¿no? Si las cosas están así, debieron ejecutarlo —dijo Alefa con firmeza, cruzándose de brazos.
—Nah, prefiero hacerlo yo mismo. Él merece morir a toda costa —contesté apretando los puños.
«No dejes que la venganza y el odio te consuman; debes saberlo por ti mismo», resonaron en mi mente las palabras de Henry.
Quisiera hacer eso, pero no puedo, Henry. Él ya me ha hecho tanto daño a mí y a todos. No quiero caer de nuevo, debo calmarme. Alefa no tiene que saber todo lo que me está pasando; traté de matarla cuando ni siquiera podía controlar mi núcleo. Mi duda es: ¿quiénes eran esos dos primordiales? Ellos solo aparecieron, es raro ver eso. Lo bueno que Octavio y los demás intervinieron, pero Yuki... tal vez hayas sobrevivido, pero de otro ataque mío ni siquiera saldrías viva. Debo ser más claro conmigo mismo; mi éter y mi poder se vuelven más salvajes. Tendré que ir a visitar a William, necesito su ayuda, necesito saber la verdad de lo que está pasando... Además, hay algo extraño que me preocupa.
De pronto, unos golpes secos y firmes resonaron en la puerta de la habitación.
—¿Estás esperando a alguien? —preguntó Alefa, deteniéndose a mitad de la frase y frunciendo el ceño.
—No, no para nada... Pero igual yo iré a abrirla —respondí intentando incorporarme.
—No, no, yo iré... —se apresuró a decir ella, estirando la mano.
—No te preocupes, además no creo que alguien me golpee solo por abrir la puerta... —dije con una media sonrisa confiada.
Giré el picaporte y abrí de par en par. Grave error.
Antes de que pudiera procesar nada, un impacto brutal me sacudió el rostro, enviándome un par de pasos hacia atrás por la fuerza del golpe.
Se trataba de Shiro.
—Vaya, vaya... ¿Parece que la princesa necesita media hora de descanso, verdad? —soltó Shiro con una sonrisa burlona, asomándose al interior de la habitación.
—Eh... —atiné a decir, sobándome la mejilla con incredulidad.
—¿Y esa chica quién es? Bueno, como sea, escuché lo que te pasó: ¡casi rompes nuestra promesa! Pero antes de eso, necesito tu ayuda, hermano... Está en peligro, puedo sentir su poder, y lo que no quiero aceptar es que ese demonio con el cual está luchando se trate del Dios Demonio de la Destrucción.
—¿Ah? Mmm... nah, déjalo que él lo haga solo —respondí cruzándome de brazos con desinterés.
—¡Ehhhhh?! ¡Pero... pero...! —tartamudeó Shiro, agitando los brazos en el aire con desesperación.
—Ay no, Shiro, no empieces a hacerme un berrinche... —bufé rodando los ojos.
—¡Shiro, no hagas eso! —exclamó Alefa desde atrás, intentando calmar la situación.
—¡Tienes cuatro segundos para que me ayudes, o de lo contrario volaré esto en mil pedazos...! —amenazó Shiro, con una vena saltándole en la frente.
Pero, de la nada, una voz helada resonó directamente en mi mente:
—Ayúdala, acepta, no dejes que sea tarde o de lo contrario la verás morir frente a tus ojos...
—¿Quién eres? —pensé, congelado en el sitio.
Una sonrisa mental se dibujó en la voz, una que sonaba aterradoramente idéntica a la mía.
—Nada importante, solo haz lo que tengas que hacer, mocoso...
—Tú... ¿eras la persona que me habló antes? ¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Por qué hablas hasta ahora?
—Yo no tengo mis motivos para darte explicaciones...

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 334
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 333
Estás leyendo el capítulo 333 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 4 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.