arrow_back

Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 330 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Lo sé, lo tengo claro —dijo la comandante Yuki, dando un paso al frente mientras acomodaba su postura y concentraba su poder espiritual ante la amenazante figura de Carlos—. No será tan fácil frenarlo, así que tendré que pelear yo sola... —¡Oye, Yuki! No es momento de que te hagas la valiente —interrumpió Fer con frustración, secándose el sudor del rostro mientras miraba a su compañero—. Octavio, ¿crees que puedas detenerlo con tus cadenas? —Por supuesto —respondió Octavio con voz firme, sosteniendo la mirada firme sobre el aura descontrolada de nueve capas—. Así que ustedes luchen y yo lo analizo... Yuki observaba la tormenta de éter negro, rojo, azul y plateado con el corazón acelerado. «¿Por qué Carlos ha perdido el control así?», se preguntó en silencio, sintiendo cómo el aire a su alrededor se volvía cada vez más denso. «Su fuerza es demasiado peligrosa...» Antes de que alguno pudiera reaccionar, Carlos alzó lentamente su mano derecha hacia el cielo. El aura plateada y azul se comprimió de golpe en la palma de su mano, distorsionando el espacio y provocando un ensordecedor chasquido eléctrico que hizo retumbar los cimientos del plano etéreo. —¡¡Voltstrike: Estruendo del Rayo!! —resonó la voz gutural de Carlos. Un rayo colosal de energía eléctrica azul y negra descendió directamente desde los cielos, amenazando con pulverizar a todos los presentes en un abrir y cerrar de ojos. El rayo cayó de golpe hacia nosotros con una velocidad aterradora, amenazando con reducir el lugar a cenizas. Sin embargo, en el último microsegundo, Saleh se puso de pie con determinación y desplegó su Magia de Teletransportación Arcano. Con un chasquido que distorsionó el espacio, desvió la trayectoria del ataque destructivo hacia otra dirección. El relámpago colosal de éter azul y negro disappeared en un parpadeo y fue a impactar directo al horizonte, cayendo al otro lado donde se erigía una colosal montaña. Todos volteamos de inmediato hacia el punto de impacto, con los ojos abiertos de par en par. ¡BOOOOOOM! Un resplandor ciego iluminó el cielo y la montaña entera simplemente desapareció del mapa, convertida en polvo atómico por la fuerza bruta de una sola de las técnicas de Carlos. —A-Absurdo... —murmuró Fer, tragando saliva mientras el polvo de la montaña destruida cubría el cielo a lo lejos—. Si esa cosa nos alcanzaba de lleno, ni siquiera las cadenas de Octavio habrían dejado un rastro de nosotros. Saleh, jadeando fuertemente tras haber consumido una cantidad abrumadora de maná arcano para mover semejante masa de energía, reajustó el agarre sobre la Lanza del Anochecer. —No hay tiempo para impresionarse —advirtió Saleh, con la frente empapada en sudor—. La magia arcana apenas logró desviar eso. ¡Se está preparando para atacar otra vez! En el centro del cráter, Carlos ni siquiera parpadeó. Su mirada vacía, consumida por las 9 capas y la presencia del Phoenix, se fijó nuevamente en la Red Blood Association y en los elfos, mientras el aura negra, roja, azul y plateada comenzaba a compactarse sobre el filo de su hacha de guerra azul. —Octavio, ¿qué hacemos?... —preguntó Fer con la gota de sudor corriendo por su sien, sin quitarle la vista de encima a la monstruosa energía de Carlos. —No se preocupen, creo que tengo una idea... —respondió Octavio, ajustando su postura y comenzando a trazar mentalmente los nodos del sello mágico—. Yuki, ¿puedes enfrentarlo tú sola por varios minutos? —Está bien, está bien. No me voy a contener —dijo la Comandante Yuki con una calma absoluta y desafiante. Caminó lentamente hacia adelante, manteniendo las manos metidas dentro de los bolsillos de su falda negra con rayas moradas. Su largo cabello verde ondeaba suavemente por las ráfagas de viento, mientras sus ojos naranjas resplandecían con un brillo deslumbrante e hipnótico. Carlos, guiado por la furia ciega del Phoenix, alzó nuevamente la mano y lanzó un rayo de energía destructiva directamente hacia ella. Yuki, sin siquiera parpadear, recibió el impacto de lleno con gusto. ¡BOOOOOOM! Una explosión ensordecedora retumbó en el lugar y una densa nube de humo lo cubrió todo. Al ver la magnitud de la descarga, el resto pensó que Yuki había muerto al instante bajo semejante poder. Sin embargo, entre las llamas y el polvo, la figura de Yuki emergió intacta, continuando su caminata sin un solo rasguño. De pronto, aceleró el paso y empezó a correr a una velocidad abrumadora. Desapareció de la vista de todos y reapareció instantáneamente por encima de Carlos en el aire. Concentrando un peso destructivo abrumador, descargó un fiero hachazo con su pierna directamente sobre el hombro de Carlos para asestar el golpe con la mayor fuerza posible. El impacto fue brutal. Carlos salió disparado como un meteorito a una velocidad ridícula, atravesando y destruyendo a su paso varios edificios de la zona hasta estrellarse contra los escombros. Inglis apareció instantáneamente sobre los escombros donde había caído Carlos, desplegando su magia y haciendo llover sus cuchillas de agua de alta presión, las cuales cayeron sobre él a una velocidad monstruosa. Sin embargo, entre el impacto y el agua evaporándose al contacto con el aura ardiente, una sonrisa siniestra y helada se dibujó en el rostro de Carlos. —Supongo que están intentando detenerme... —murmuró Carlos con una voz que hacía eco desde lo profundo de sus 9 capas—. Pero, ¿qué pasaría si mis primordiales los atacan? De la oscuridad que rodeaba el cráter, las dos presencias ancestrales volvieron a emerger sin sufrir un solo rasguño. —Ellos dos no han muerto. Levántense... León, Johnatan —ordenó Carlos, revelando los nombres de los dos entes primordiales que lo custodiaban. Yuki, al escuchar la voz y la presencia que emanaba de Carlos, dio un paso adelante y lo observó con una mirada profundamente seria. —¿Quién eres? —preguntó Yuki. —Oh, bueno... soy yo de todos modos, Yuki Heather —respondió Carlos con una frialdad absoluta, alzando la vista hacia la comandante. Yuki entrecerró los ojos naranjas, reconociendo al instante la sutil pero aterradora transformación en el tono y la postura de su líder. —Esa mirada... Así que estás usando tu antigua personalidad de antes... —dijo Yuki, sintiendo la pesadez de la era que ese ser representaba. Al escuchar las palabras de Yuki y contemplar la aterradora aura que combinaba el abismo con el pasado de su líder, todos los presentes cayeron en un shock absoluto. —Pero, ¿cómo es posible si él mismo juró que jamás la usaría?... —soltó Fer, apretando los dientes con una mezcla de rabia y desconcierto—. ¡Maldita seas, Kai! Tú debes estar detrás de todo esto... En un parpadeo, Kai apareció de la nada, justo detrás de Fer, cruzado de brazos y con una expresión indescifrable en el rostro. —No sé de qué me estás hablando... —dijo Kai en voz baja—. Bueno, hace tiempo se lo había dicho, pero no creí que despertaría su poder a esta determinada edad. Pero sí soy consciente de este acto. Aunque no olvides que tú también, Yuki... Yuki cerró los ojos por un instante y dejó salir un largo suspiro, sintiendo la abrumadora vibración de la energía que distorsionaba el aire. —Tienes toda la razón. Nosotros dos somos los culpables... —admitió Yuki, volviendo a fijar sus ojos naranjas en la figura amenazante frente a ellos—. Pero ahora es difícil detenerlo. Si recibo un ataque más poderoso de nuestro Señor, moriré de verdad... Tenemos que confiar en el plan de Octavio. Antes de que alguien pudiera reaccionar al plan, una sonrisa retorcida y siniestra se dibujó en el rostro de Carlos. De su garganta brotó una carcajada desgarradora y desquiciada que retumbó en todos los rincones del mundo: —¡HA-HA-HA-HA-HA! ¡HA-HA-HA-HA-HA! ¡HA-HA-HA-HA-HA! Con ese rugido de locura pura, decenas de esferas de éter puro —negro, rojo, azul y plateado— salieron disparadas en todas direcciones a una velocidad cósmica. Las ondas expansivas atravesaron la atmósfera y, en un abrir y cerrar de ojos, las explosiones destruyeron varios continentes enteros, reduciendo masa terrestre a polvo estelar y sumiendo al planeta en el caos absoluto. ¡BOOOOM! Antes de que las esferas de éter continuaran devorando el horizonte, una figura irrumpió desde el cielo a una velocidad supersónica. Sage apareció de la nada, impactando un puñetazo cargado de una fuerza destructiva descomunal directamente sobre el rostro de Carlos, mandándolo a estrellarse brutalmente contra la tierra. —¡Idiota! ¡¿Qué diablos estás haciendo?! —gritó Sage, aterrizando con pesadez mientras las ondas de choque del impacto aún agrietaban el terreno alrededor. —Esto es malo... —murmuró la antigua Natsuki desde la distancia, limpiándose un hilo de sangre del rostro y apretando los dientes—. ¡¿Ni siquiera ellos pueden con él?! En medio de ese caos desolador, Natalia y Henry se posicionaron a los flancos, manteniendo a Carlos bajo control momentáneamente mientras coordinaban sus auras para sofocar la marea de energía desbordada. Carlos, tras el golpe de Sage y la contención de sus aliados, retrocedió dando unos pasos inestables. Cerró los ojos por un segundo, intentando analizar el flujo descontrolado de su propio maná de 9 capas. Fue en ese preciso instante cuando una sacudida interna atravesó su ser. «¿Eh?... ¿Por qué mi cuerpo no reacciona?», pensó Carlos en la penumbra de su propia mente, sintiendo la pesadez de la personalidad antigua y el fuego feral de Phoenix. «¿Acaso volví a perder el control?... ¡¿Siempre tengo que ser salvado por otros?!» Un sentimiento de determinación pura y rabia contenidos rompió las cadenas del abismo mental. «¡No! ¡Ya no quiero ser salvado! ¡Yo mismo detendré este poder! ¡Lo voy a contener aquí y ahora!», dije en mi interior con una voluntad de hierro. En el mundo exterior, el torrente de éter negro, rojo, azul y plateado frenó su expansión en seco. Las cuatro auras comenzaron a convulsionar violentamente mientras mi conciencia tomaba el control del maná a la fuerza, obligando al abrumador poder de las 9 capas a retraerse hacia el núcleo a pura fuerza de voluntad. Las venas de mi cuerpo resplandecieron con una intensidad cegadora mientras el éter de nueve capas luchaba salvajemente por liberarse. Apreté los dientes hasta hacerlos sangrar, obligando a cada gota de maná negro, rojo, azul y plateado a comprimirse violentamente dentro del núcleo. «Es difícil...», pensé con la vista nublándose por el dolor absoluto que desgarraba mi origen mágico, «pero si analizo mis posibilidades, podrían ser correctas... Después de todo, puedo con esto.» En lugar de forzar a mi cuerpo a soportar la descarga interna de esa masa destructiva que amenazaba con incinerar la realidad misma, tomé una decisión instantánea. Canalicé toda la presión del éter hacia el centro de mi pecho y la dejé detonar hacia afuera en un punto cero. ¡BOOOOOOM! Una detonación blanca y pura, contenida en un radio reducido, sofocó de golpe la tormenta de aura de cuatro colores. La onda expansiva limpia resonó en el aire y el impacto interno apagó de golpe mi conciencia. El hacha azul se disipó en el aire y mi cuerpo colapsó hacia adelante, cayendo inerte sobre la tierra resquebrajada mientras el humo del sofoco se elevaba lentamente hacia el cielo devastado. El silencio volvió de golpe al campo de batalla. —¡Se desplomó! —exclamó Fer, dando un paso al frente mientras bajaba la guardia con el pecho agitado. Natalia corrió desesperadamente entre los escombros, cayendo de rodillas al lado de Carlos para tomar su cabeza con delicadeza, revisando su pulso con lágrimas en los ojos. —Está... está inconsciente —suspiró Natalia, dejando salir el aire que tenía contenido—. Logró contener el maná por sí mismo antes de que la sobrecarga lo destruyera... Octavio deshizo el sello de sus manos y se limpió el sudor de la frente, mirando a la Comandante Yuki y a Kai. —Al final, la voluntad del Señor fue suficiente para frenar la personalidad antigua y a Phoenix —dijo Octavio en voz baja—. Pero el daño a las capas de su origen y la destrucción alrededor son colosales. Sage se cruzó de brazos, mirando al grupo de la Red Blood Association y a los elfos que aún intentaban procesar lo que acababa de suceder. —¿Qué fue ese poder tan peligroso?... —murmuró Saleh, con las manos temblando sobre la Lanza del Anochecer mientras contemplaba la vasta nada en el horizonte donde solían estar los continentes—. Nunca me habría imaginado que sería capaz de destruir varios continentes estando aquí... En verdad, Carlos, tú... Saleh apretó los puños y miró el cuerpo inerte de Carlos con una mezcla de respeto y absoluto temor. —Eres alguien a quien debemos vigilar. Esa fuerza... nadie debe enterarse. Nosotros ya vimos de lo que eres capaz de hacer tú solo... Octavio dio un paso al frente, dando una reverencia formal hacia la figura imponente que acababa de intervenir. —Es un honor verla, Reina Sage. Perdón si nuestro Señor perdió el control... Tampoco sabemos con certeza lo que ocurrió, pero nosotros, la Red Blood Association, pagaremos todo el daño que él ha causado. —No te preocupes —interrumpió la antigua Natsuki, limpiándose el rostro con el dorso de la mano mientras guardaba su espada azul—. Mi prometido había perdido el control cuando estábamos hablando sobre nuestra cita... Pero nunca creí que algo así lo afectara a este nivel. —No se trata de eso —sentenció Sage con una voz helada que hizo que el ambiente se volviera pesado al instante—. Estamos en graves problemas. Los Clanes han sido despertados... —¡¿A qué te refieres?! —exclamó Saleh, dando un paso adelante con el rostro desencajado. Yuki dejó salir una risotada baja, acomodándose el cabello verde detrás de la oreja mientras sus ojos naranjas brillaban con una intensidad maligna. —Ya veo... —dijo Yuki con calma—. Así que ellos han regresado, ¿verdad? —Parece que estás al tanto de todo lo que eso significa, ¿verdad, Yuki? —respondió Sage, fijando su mirada en la Comandante. —Sí, eso lo sé —dijo Yuki con una sonrisa bastante retorcida, cruzándose de brazos mientras la energía de su aura comenzaba a vibrar de nuevo—. Las cosas se pondrán interesantes... justo como hace 32 años. Natsuki se quedó paralizada en un shock absoluto, mirando a la Comandante de la Red Blood Association con las pupilas contraídas por el horror. —Yuki... —susurró Natsuki con la voz cortada—. Acaso... ¿planeas matar a todos ellos tú sola? —Oye, Fer... ¿qué te parece si la mandamos a un manicomio? —dijo Kai con tono burlón, rompiendo la tensión del aire mientras miraba de reojo a Yuki. —¡Jajajaja! Qué idea más loca tienes, Kai —se rio Fer, negando con la cabeza mientras se cruzaba de brazos—. ¿O qué, tienes miedo de que ella sea capaz de matarlos a todos? —No es nada gracioso —interrumpió Saleh, aún consternado por la revelación de la Reina Sage y la frialdad de los guardianes. —Solo sé lo que ella hizo hace tiempo —continuó Kai, borrando la sonrisa juguetona de su rostro—. Tanto Carlos como ella son capaces de masacrar a todos sin dudarlo... Lo bueno es que ahora Emilia está con nosotros de nuevo, así ella podría frenar a Yuki sin temor alguno. Al escuchar ese nombre, la sonrisa retorcida de Yuki disappeared al instante. Su rostro se ensombreció por completo, frunciendo el ceño profundamente con una expresión de puro enojo e irritación dirigida hacia Kai. —Que sea la última vez que mencionas a esa estúpida... —siseó Yuki con la voz cargada de veneno, mientras el aura naranja de sus ojos amenazaba con estallar de nuevo. —Suficiente, los dos —ordenó Octavio, interponiéndose con seriedad mientras señalaba el cuerpo inconsciente de Carlos—. Dejen las rencillas para después. Tenemos que mover a nuestro Señor antes de que los Clanes detecten el rastro de su éter de nueve capas. —No será necesario —interrumpió Sage con voz firme, levantando la mano mientras una barrera translúcida y dorada se extendía en cuestión de segundos sobre todo el perímetro devastado—. Por el momento ellos sintieron la fluctuación del poder, pero ahora lo he bloqueado usando mi magia defensiva. No podrán detectarlo mientras permanezca dentro de este sello. El grupo dejó escapar un suspiro de alivio colectivo al ver cómo la densa y peligrosa firma etérea de las 9 capas de Carlos desaparecía por completo del radar mágico del mundo. —Buen trabajo, Reina Sage —dijo Octavio, relajando por fin los hombros y guardando sus armas—. Eso nos dará el tiempo necesario para asentarnos. —Aun así, no podemos quedarnos en medio de este páramo —añadió Fer, mirando alrededor las ruinas y los continentes fracturados—. Carlos necesita descansar en un lugar seguro para que su núcleo se estabilice tras el colapso del Phoenix. Yuki, aún con los brazos cruzados y el ceño fruncido tras la mención de Emilia, recuperó la compostura y tomó la palabra. —Llevémoslo a la fortaleza central de la Red Blood Association —sentenció Yuki—. Ahí tendremos la infraestructura para tratar su origen mágico y, al mismo tiempo, prepararnos para cuando esos viejos Clanes decidan dar la cara.
The strongest warrior of humanity (Novela)

Continúa leyendo

The strongest warrior of humanity (Novela)

Capítulo 331

Siguiente Capítulo ›

The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 330

Estás leyendo el capítulo 330 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 3 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.