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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 326 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Natalia suspiró profundamente, apretando el abrazo un poco más antes de separarse apenas unos centímetros para mirarlo directamente a los ojos con una expresión llena de compasión. —Tienes razón... En ese tiempo tenías como 10 años, y ahora tienes 16. Qué rápido pasa el tiempo, ¿verdad? —murmuró ella con una nostalgia tibia, acariciando suavemente la mejilla de Carlos—. Creciste muy rápido... y tuviste que madurar a la fuerza. —Es verdad... —respondió Carlos, rascándose la mejilla con un toque de timidez—. ¿Cuándo es tu cumpleaños? El mío es... bueno, tengo dos fechas, el 5 y el 3 de junio, pero no te preocupes... Natalia parpadeó sorprendida, deteniendo la mano sobre su rostro mientras lo observaba con curiosidad. —¿Y no lo has celebrado nunca? —Nunca he tenido tiempo para celebrarlo. Siempre ocurren cosas feas en esas fechas, por eso nunca lo celebro —dijo Carlos con una sonrisa melancólica, intentando restarle importancia al asunto—. Por ahora solo quiero estar tranquilo... pero no puedo. —Mmm... ya veo —respondió Natalia en un susurro cargado de significado. Sus ojos rasgados de dragón brillaron con una determinación silenciosa. Le dolía en el alma saber que la vida le había arrebatado incluso momentos tan simples como celebrar el día de su nacimiento. En su mente, una promesa comenzó a forjarse: si algún día lograban cambiar el destino, ella se encargaría personalmente de que esas fechas dejaran de ser un recuerdo trágico para convertirse en el día más feliz de su vida. —Pues qué mal por el destino —dijo ella, esbozando una sonrisa tierna pero decidida—. Porque a partir de ahora, aunque no lo celebres con fiestas, yo me acordaré de ambos días. El 3 y el 5 de junio... los guardaré aquí —añadió, tocándose suavemente el pecho, justo donde latía su núcleo espiritual. —Bueno, casi me olvido, pero él ya está aquí, mira... —murmuró Natalia suavemente, haciendo un gesto hacia la penumbra del espacio espiritual. Volteé a ver hacia atrás. Una silueta familiar comenzó a formarse entre la bruma del alma. Un porte erguido, una armadura gastada pero majestuosa y esa sonrisa cálida que tanto lo caracterizaba. —Jajajaja, ha pasado tiempo, ¿no lo crees, muchacho? —exclamó Henry con esa voz imponente y llena de vida que parecía imposible que perteneciera a un caído. Quería llorar en cuanto lo vi, pero la sonrisa no se fue de mi rostro. En ese instante, él supo de inmediato todo lo que significaba; recordó aquel momento en que me había salvado, no una, sino dos veces. —Lo mismo digo, Henry... —respondí con la voz levemente quebrada—. Quería preguntarte una cosa, se trata de... —De mi hija, ¿verdad? —interrumpió Henry, adivinando mis pensamientos con solo mirarme a los ojos. —Así es... Melissa. Siento que ya no es la misma persona que conocí en aquel momento. Henry dejó escapar un suspiro pesado, rascándose la nuca con cierta melancolía antes de responder. —Veo que le dijiste la verdad de lo que me ocurrió en el lago... Sé que mi hija es fuerte, y tal vez no te perdonó al principio por lo que pasó, pero... ¿buscar venganza? Yo no quiero que mi hija se convierta en una asesina... —No, Henry, ella solo quiere vengarse del Caballero Oscuro... pero aquí entre nos, ambos sabemos la verdad: ni siquiera nosotros le pudimos hacer frente a él. —¿Bromeas? —exclamó Henry, soltando una pequeña carcajada mientras me daba una palmada en el hombro que resonó en el plano espiritual—. Carlos, tú le hiciste frente con ese poder tú solo. Fuiste el más rápido de todos nosotros. Eres inteligente, sabes pensar bien cada movimiento antes de intentar atacar. Por eso Masha siempre te siguió: porque sabía que eras más rápida que ella. —Ya veo... eso explica por qué ella logró ser más rápida cuando el reino fue atacado... —murmuré, encajando finalmente las piezas en mi mente. Henry sonrió con nostalgia y cruzó los brazos sobre el pecho. —Dime, muchacho... ¿cómo han estado mis camaradas? —¿Te refieres a Sasha, David y Masha? No te preocupes por ellos, se han hecho increíblemente fuertes... al igual que Mío. Esa chica también se ha vuelto muy fuerte, ten por seguro que nos superarán a todos... Guardé silencio por un segundo. Los recuerdos cayeron como peso muerto sobre mi pecho. —Ellos no te han olvidado, Henry... y mucho menos te han superado. Para ellos lo fuiste todo. Aunque nos hayamos conocido en tan poco tiempo, fuiste una de las personas que más llegó a mi corazón. De tanto respeto que te tengo, siento que ni siquiera soy digno de nada de esto... —Wo-wo-wo, tranquilo, muchacho —dijo Henry deteniéndome con un gesto firme y una sonrisa sincera—. Sé que soy una buena influencia dando motivación a quien sea, pero fue gracias a tu valentía y al honor que demostraste. Eres alguien a quien admiro, al igual que el resto de ellos. La enseñanza siempre debe ser correspondida. Tú tienes un corazón puro, niño. Tienes mucho que aprender, eres joven y eres brutalmente talentoso. Créeme, confía en ti mismo y verás el resultado. Bajé la mirada, sintiendo cómo un nudo se apretaba en mi garganta. —Muchacho, no te sientas mal —continuó Henry, sujetando mis hombros con fuerza mientras me obligaba a erguirme—. Sé que podrás superarme. Lo sé porque tú eres el guerrero con más valentía, el único que daría todo por salvar un mundo que está por caer. Solo mírame... y sonríele al mundo mostrando de lo que estás hecho. Habrá cosas nuevas que aprenderás, y creo que ya es el momento de que te enseñe mis técnicas de la espada... Me hubiera gustado enseñárselas a Melissa, pero sé que en tus manos estarán seguras. —¿Estás seguro de esto...? —pregunté, sintiendo un leve escalofrío al notar cómo el aire alrededor de Henry comenzaba a distorsionarse. —Por supuesto. Nunca me has visto luchar, y mucho menos has presenciado todo mi poder —respondió Henry con una sonrisa desafiante y confiada—. Así que, ¿qué dices, Tanaka Sánchez? ¿Te parece si te reto a un duelo? Usa todo lo que tienes contra mí mientras analizas mis técnicas de la espada. —Henry... yo no soy digno de ti... —murmuré, apretando los puños y bajando la mirada. —Me recuerdas mucho a Sasha, Carlos —interrumpió Henry, soltando una pequeña risa melancólica—. Tú y ella son bastante parecidos; de seguro ella jamás me ha podido olvidar. Siempre es tan rencorosa, siempre deprimiéndose por su orgullo al no aceptar las cosas ni las caídas de un caballero que lo dio todo por quienes aspiran a serlo... Te lo diré una vez más: ¿estás dispuesto a heredar mis técnicas? —¿En verdad planeabas hacerlo...? —Por supuesto. Si tú eres quien heredó mi voluntad, jamás debes olvidar lo que todos harían por salvarte la vida. Debes estar agradecido con todos, muchacho... Solo te pido que cuides bien de mis amigos. Miré a Henry con una determinación renovada. Hacía tiempo que no veía esa mirada tan seria en él, pero sabía una sola cosa... En ese preciso instante, los ojos de Henry comenzaron a brillar con un tono rojo intenso, revelando un aura majestuosa e intimidante que jamás le había visto en vida. —Veo que te preguntas por qué nunca usé todo mi poder contra el Caballero Oscuro —dijo Henry, notando mi asombro—. Tenía dudas sobre si dejarte esto a ti o darles a ustedes una oportunidad de escape mientras yo daba la vida. Te oculté la mayoría de lo que ocurrió aquel día, pero al luchar contra él entendí algo: la fuerza entre nosotros era casi pareja. Nunca creí que él lo hubiera perdido todo... El imperio lo manipuló, haciéndole creer que fuimos nosotros quienes le quitamos todo lo que amaba. Por eso fue a atacar el Reino Platino del Amanecer. Henry alzó la mirada hacia el firmamento del espacio espiritual, y su tono de voz se volvió pesado y doloroso. —Él tenía una hija y una esposa a quienes les dedicó todo su amor y esfuerzo, pero fue en vano... El rey mandó a ejecutar a su esposa e hija. Es desgarrador ver cómo hay gente que solo desea destruir la vida de otros —suspiró Henry, negando con la cabeza—. Pero ¿sabes algo? Noté algo familiar... Un idealismo que él y yo compartíamos. Uno lo tenía todo, una vida feliz... mientras que el otro lo perdió todo en medio de una guerra de manipulación y alteración del mundo. —Por eso te pediré un favor: quiero que le dejes esto a Melissa, que ella se encargue de él... pero tú... quiero que te asegures de algo. Hay algo extraño con nuestro reino. Debes saber que Haruto Yoshida está en peligro. Tienes que salvar a Natsuki cueste lo que cueste; si no haces algo ahora, esa maldición la podría consumir por completo. Mis ojos se abrieron de par en par, y mi respiración se cortó de golpe. Sentí cómo un sudor frío recorría mi nuca mientras la sangre se me congelaba en las venas. —¡¿En verdad?! ¡¿Cómo sabes sobre la maldición?! —exclamé, dando un paso al frente con el rostro desencajado por el impacto. Henry mantuvo la calma, sosteniéndome la mirada con una seriedad absoluta. Su rostro, firme y sin un solo rasgo de duda, denotaba la autoridad de quien comprende secretos que van más allá de la vida. —Lo sé todo. De igual modo, no hay nadie que pueda saber más que yo... conozco bien a Haruto. Al fondo del plano espiritual, Natalia frunció levemente el ceño, cruzándose de brazos mientras sus ojos rasgados de dragón brillaban con inquietud al escuchar ese nombre. Henry desenvainó su espada lentamente. La hoja emitió un resplandor escarlata que iluminó la penumbra, mientras una sonrisa desafiante y llena de orgullo se dibujaba en su rostro. —Pero basta de pláticas amargas, Carlos. Te prometí un duelo y el tiempo de mi alma corre... ¡Muéstrame de qué estás hecho, Tanaka Sánchez! ¡Enséñame esa velocidad de la que Masha tanto se enorgullecía! Apreté los dientes y llevé la mano a la empuñadura de mi arma. Con una mirada cargada de determinación y el corazón latiendo a mil por hora, liberé mi aura nocturna para responder a su reto. Nos quedamos mirando fijamente durante unos segundos que parecieron eternos. Mis manos temblaban ligeramente, atrapadas en un mar de dudas sobre Haruto, Natsuki y la maldición... pero sabía que frente a Henry no podía permitirme vacilar. Exhalé despacio, cerré los ojos un instante para disipar el miedo y, con una mirada llena de convicción, blandí mi Espada Sangrienta, haciendo que un aura escarlata y densa envolviera la hoja. Henry me observó con aprobación y, sin perder un segundo, blandió su propia espada, liberando una ráfaga de aire espiritual que hizo resonar todo el espacio. Al ver el arma en mis manos, Natalia abrió los ojos de par en par. Su rostro pasó de la preocupación a la sorpresa absoluta, e inclinó la cabeza mientras una pequeña mueca de asombro se dibujaba en sus labios. —Emm... ¿esa espada...? —murmuró Natalia, llevándose una mano a la barbilla mientras observaba el brillo sangriento del filo—. ¿Acaso es la espada del Duque de los Vampiros, el héroe legendario? Así que... le dejaste tu espada a él... Henry soltó una risita baja y llena de orgullo, sin quitar sus ojos rojos fijados en los míos. —Así es, Natalia. Él fue digno de heredarla —respondió Henry, ajustando su postura de combate mientras su aura roja se elevaba como una llamarada—. ¡Pero una gran espada no sirve de nada si el caballero no sabe usarla! ¡Avanza, Carlos! ¡Demuéstrame el verdadero peso de esa hoja! Apreté los dientes, asentí con firmeza y me impulsé hacia adelante a una velocidad cegadora, cortando la distancia entre nosotros en un abrir y cerrar de ojos. Me impulsé a una velocidad cegadora, cortando el aire en una milésima de segundo para lanzar un estocada directa hacia su pecho. El sonido de los filos chocando resonó en todo el espacio espiritual, pero Henry ni siquiera se inmutó; bloqueó mi ataque con una firmeza absoluta, desviando la Espada Sangrienta con la maestría de un veterano. Apreté los dientes y, sin perder el impulso, giré sobre mi propio eje para cambiar bruscamente la trayectoria de mi ataque. —¡Magia de viento: Tormenta de Ráfagas! —exclamé con firmeza. Decenas de ráfagas de aire con forma de espadas salieron disparadas en su dirección, cortando la penumbra a una velocidad absurda. El impacto de la onda expansiva hizo retroceder a Henry unos metros, pero él no perdió el control en ningún momento. Con movimientos ágiles y precisos, corrió a través del ataque, inclinando el cuerpo y girando su hoja para esquivar cada una de las espadas de viento, haciendo que pasaran a escasos milímetros de su armadura. Natalia observaba la pelea con los ojos bien abiertos, impresionada por el despliegue de habilidad de ambos, mientras el brillo rojo de los ojos de Henry se suavizaba por un instante, dando paso a una expresión de profunda admiración y orgullo. —Nunca creí que te habías vuelto tan fuerte hasta ahora... —dijo Henry con una sonrisa sincera, deteniendo su carrera por un segundo mientras sostenía su espada con firmeza—. Has mejorado en todo, e incluso estoy seguro de que superaste el dolor de mi caída. Me tranquiliza mucho saber lo mucho que has progresado, Carlos. —Técnica de la espada... —dijo Henry, fijando sus ojos rojos en Carlos mientras adoptaba una postura baja y fluida. Un halo de luz dorada y carmesí comenzó a concentrarse alrededor de su hoja—. Voluntad de Equilibrio de la Espada. El aire a su alrededor se volvió denso y perfectamente estático, como si el propio espacio contuviera el aliento ante la majestuosidad de su guardia. Sintiendo el inmenso peligro de esa postura, Carlos frunció el ceño con pura concentración. Retrocedió de un salto, deslizando sus botas por el suelo espiritual para ganar distancia mientras infundía su propia energía en la Espada Sangrienta. El filo emitió un resplandor gélido y azulado que congeló el aire instantáneamente. —¡Técnica de la espada: Golpe Glacial de Mares! —exclamó Carlos, lanzando un estocada vertical con todas sus fuerzas. Una ola gigantesca de cortes helados y energía espiritual se desbordó como una marejada embravecida. Al mismo tiempo, Henry se lanzó hacia adelante ejecutando su corte con una precisión magistral. ¡BOOM! Ambos ataques chocaron en el centro del espacio espiritual, provocando una explosión masiva de energía, hielo y ráfagas de viento sangriento. La onda de choque hizo retumbar la dimensión, mientras Natalia observaba atónita, cubriéndose el rostro ante la magnitud del impacto entre maestro y alumno. El hielo destruido y las chispas carmesí aún flotaban en el aire cuando ambos nos lanzamos el uno contra el otro, desapareciendo por completo a la vista. ¡CLANG! ¡CLANG! ¡CLANG! Los choques de acero resonaron como truenos consecutivos en todo el espacio espiritual. Entramos a una velocidad tan absurda que solo se podían distinguir destellos de luz roja y azul cruzándose sin detenerse ni un solo segundo. Cada estocada que lanzaba era respondida con un bloqueo perfecto de Henry; cada contraataque suyo me obligaba a llevar mis reflejos al límite, desviando su hoja por milímetros. Natalia seguía la batalla con la mirada fija, abriendo los ojos de par en par con una mezcla de asombro y fascinación al ver la fluidez letal con la que intercambiábamos ataques. Giré bruscamente, buscando un ángulo ciego en su defensa, pero Henry leyó mi movimiento al instante, cruzando su espada contra la mía con una fuerza brutal que hizo saltar chispas entre nuestros rostros. —¡No te detengas, Carlos! —exclamó Henry con una sonrisa feroz y llena de orgullo, sosteniendo el choque de espadas mientras sus ojos rojos brillaban intensamente—. ¡Sigue manteniendo ese ritmo! ¡Demuéstrame hasta dónde llega tu verdadera velocidad! —No solo estás analizando, estás estudiando a tu rival... ¿o me equivoco, Carlos? —murmuró Natalia desde la distancia, con los ojos de dragón entrecerrados y una expresión de perspicacia absoluta—. Pero mi pregunta es... ¿por qué no usas tu Poder Nocturno? ¿Acaso no quieres...? Henry me empujó con fuerza hacia atrás, haciendo que mis botas se deslizaran varios metros sobre el suelo espiritual. Sostuvo su espada con firmeza y me miró con una sonrisa desafiante pero seriedad en la mirada. —Ya veo... así que aún no estás peleando en serio, chico. ¡Demuestra todo lo que has progresado! Apreté los dientes, sosteniendo el aire en mis pulmones. La Espada Sangrienta en mi mano comenzó a vibrar intensamente, emitiendo un resplandor rojo oscuro y fluido como si fuera maleable. Con un movimiento rápido de mi muñeca, la masa de energía y acero cambió de forma bruscamente: la hoja se extendió, el empuñadura se alargó y, en un parpadeo, la espada se transformó en una imponente y estilizada lanza sangrienta. Giré la lanza sobre mi espalda, haciendo crujir el aire y clavando la punta hacia Henry con una postura de combate completamente nueva. —¡Si eso es lo que quieres, Henry... allá voy! —exclamé con los ojos brillando en una intensidad nocturna, listo para el verdadero duelo.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 326

Estás leyendo el capítulo 326 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 2 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.