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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 323 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Tienes mucha razón... —asintió Octavio con pesadez, apretando los puños con rabia contenida—. Pero no hay que olvidar que él siempre debe ponerse de pie y cargar todo el peso. Solo hay que vigilar lo que hacen los demás... Solo debemos encontrar una respuesta de cómo lidiar con Kronos o Dani. Inglis entornó los ojos y, tras mirar a ambos lados del pasillo para asegurarse de que nadie más los escuchaba, dio un paso hacia él y bajó el tono de voz a un susurro casi imperceptible. —Dani... Ahora que lo mencionas, averigüé algo sobre él. Encontré su ubicación. ¿Crees que sea mejor ir tras él ahora, sin que se entere nuestro señor? Antes de que Octavio pudiera articular una respuesta, una tercera voz fría y firme resonó justo a sus espaldas, haciendo que ambos se tensaran al instante. —¿Oh? Así que... ¿le van a ocultar todo a nuestro señor? —dijo Otis, saliendo lentamente de la sombra de una columna con los brazos cruzados y una mirada implacable clavada en ellos. —Sabes que mentirle va contra las reglas... —advirtió Otis con voz grave y pausada, dando otro paso al frente sin romper el contacto visual. El silencio se volvió espeso en el pasillo. Inglis suspiró y acomodó el flequillo de su rostro, mientras Octavio fijaba en Otis una mirada seria pero tranquila, evaluando a la imponente figura ante ellos. —No quiero ofenderte, Otis... pero tú apenas llevas unos cuantos días aquí. Eres nueva; además, eres una primordial —respondió Octavio sin inmutarse, manteniendo su tono sobrio. Otis alzó ligeramente la barbilla, sosteniendo la postura con una elegancia intimidante. —Es correcto. Soy un rey demonio —admitió Otis, cruzándose de brazos—, pero eso no significa que sea así de grosera con ustedes. Al contrario... quiero conocerlos mejor. En verdad quiero saber y aprender de ustedes. Hizo una breve pausa, dejando que la abrumadora presión de su aura resonara levemente en la piedra del pasillo. —Siendo una de las más fuertes, no sería un problema si los acompaño a donde van ustedes dos. Conozco los límites humanos, pero yo soy la misma tormenta que trae destrucción al mundo. Fui creada por la naturaleza... no es tan fácil desafiar esto. Inglis miró a Octavio y luego volvió los ojos hacia Otis, esbozando una sonrisa calculadora. —Un rey demonio primordial ofreciéndose como vanguardia... —murmuró Inglis—. Si vamos a ir tras la pista de Dani sin alertar al señor Carlos, tener la fuerza destructiva de una tormenta de tu lado no es una mala idea. Pero si nos traicionas o pones en peligro la misión, Otis, las cosas no terminarán bien. Otis soltó una breve risa seca, ajustando sus guanteletes. —No vine a jugar a las traiciones. Si van a buscar al Dios de la Guerra, la tormenta va con ustedes. —Vaya... Para empezar, no creí que esa mujer tuviera una presión tan horrible —murmuró Octavio en voz baja, mirando por encima del hombro mientras la figura de Otis se distanciaba unos pasos—. Esa mujer... ¿de dónde diablos la habrá sacado Carlos? Otis no es una persona cualquiera. Con esa fuerza es capaz de destruirlo todo... ¿Será capaz de superar a Yuki? Inglis soltó una breve risita amarga, acomodándose la túnica mientras mantenía la vista fija en el camino por el que avanzaban. —Bueno, tampoco es para que la compares tan a la ligera —respondió Inglis, negando levemente con la cabeza—. Viéndolo desde el punto de vista de ella, no sería tan factible. Yuki es un monstruo de una naturaleza totalmente distinta; su dolor y su poder destructivo arrasaron reinos enteros por pura desesperación. Otis es una tormenta primordial, una fuerza bruta creada por la naturaleza misma, pero la locura de Yuki cuando lo perdió todo no tiene punto de comparación. Octavio apretó los dientes, recordando la devastación que presenció tiempo atrás. —Aun así, tener a un Rey Demonio Primordial de nuestro lado nos da la ventaja que necesitamos —comentó Octavio, apretando el paso—. Si Dani realmente está en esa ubicación bajo la influencia de la magia prohibida de Lucifer, la tormenta de Otis nos servirá de escudo para romper sus defensas sin tener que causar un estrépito que alerte al señor Carlos antes de tiempo. —Entonces no perdamos más el tiempo —sentenció Inglis, ajustando su postura con la mirada fría y decidida. Mientras tanto en el puente del reino Drak'Tharion —¡Mierda! No creí que fueras capaz de hacerme rasguños... ¡maldito mediocre, ser miserable! —rugió el Dios Demonio con una voz que hizo vibrar las estructuras mismas del centro del puente, sintiendo las marcas sangrientas que manchaban su imponente armadura. Shirou sostuvo la empuñadura de su espada con ambas manos, ajustando su postura de combate mientras apretaba los dientes para mantener la compostura. —Esto no es nada... —murmuró Shirou, alzar la mirada hacia la imponente silueta del enemigo—. Esto apenas va empezando. Sin embargo, por dentro, la realidad lo golpeaba de forma brutal. "Es verdad... apenas le pude hacer unos cuantos rasguños", pensó Shirou mientras las piernas le temblaban levemente bajo el peso de una atmósfera sofocante. "Por algo él es el Dios Demonio de la Destrucción... No puedo con su fuerza mental. ¿Cómo demonios le hizo Carlos para desafiar a esta clase de demonio? Esto no se compara con nada a lo que me haya enfrentado antes... pero esta fuerza me está aplastando. Su presión de fuerza me está hundiendo contra el suelo..." Shirou escupió un hilo de sangre hacia el suelo de piedra del puente, buscando frenéticamente una brecha en la compostura del Dios Demonio mientras las grietas bajo sus pies comenzaban a expandirse. "Necesito encontrar una forma de darle la vuelta a esto... o este puente será mi tumba." —¿En verdad puedo salir con vida...? —se preguntó Shirou a sí mismo, apretando los dientes mientras el aire helado le quemaba los pulmones—. Necesito ser más precavido de lo seguro. Freya ya se dio cuenta de lo que hice... Un sudor frío le recorrió la nuca al recordar la imprudencia que lo había arrastrado a este infierno. "Tenía que consumirlo para ver qué tan poderoso sería un fragmento de ese dios... pero cometí el grave error de subestimarlo. ¡Ni siquiera está usando su verdadero poder! Solo está jugando conmigo... Tengo que salir de aquí, de su mente... ¿Pero cómo lo hago?" El peso cósmico del Dios Demonio amenazaba con aplastar su alma por completo. Shirou sabía que no le quedaban márgenes de error. "Tendré que usar todo mi ataque justo ahora..." Tragó saliva con dificultad. No sería fácil, pero si lograba concentrar cada gota de su energía en un solo instante, tal vez podría abrir una brecha para romper el enlace mental y sacar ventaja. Respiró profundo, cerrando los ojos por una fracción de segundo antes de que sus pupilas destellaran con una intensidad abrasadora. —¡Técnica de la espada elemental... Espada de Fuego Azul del Valle de los Caídos! —gritó Shirou a pleno pulmón. Llamas de un azul profundo y espectral brotaron con furia desde el filo de su arma, rasgando la densa oscuridad del espacio mental y elevando la temperatura hasta hacer crujir el entorno. —¡Jajajajaja! —Una risa ensordecedora y despectiva retumbó desde lo alto, haciendo temblar los cimientos de la mente del Dios Demonio—. ¡Jajajaja! ¡¿Así que planeas escapar?! ¡Qué patético eres en verdad! ¡No te dejaré que lo hagas... morirás aquí! El Dios Demonio alzó una sola mano y, sobre él, una esfera de energía oscura e incalculable comenzó a condensarse. Era una mole de destrucción masiva, tan colosal y opresiva que la sola onda de choque hizo que Shirou se tambaleara. "Mierda...", pensó Shirou al ver la sombra del ataque cubriéndolo por completo, sintiendo cómo sus llamas azules apenas parecían una chispa ante semejante abismo. "Ni siquiera yo podría contener esa clase de poder..." —¡Carajo! —gritó Shirou mientras las llamas azules de su espada colisionaban directamente contra la colosal esfera de energía oscura. La presión era aplastante. Los cimientos de la mente crujían y se agrietaban bajo el impacto, pero el fuego azul comenzaba a ceder alarmantemente rápido. "¿No tengo fuerzas...? ¡¿Cómo es posible?! ¡Está devorando mi magia! No, espera... necesito pensar, carajo..." La esfera del Dios Demonio avanzaba sin piedad, aplastando las llamas de Shirou pulgada a pulgada. Justo cuando la oscuridad estaba a punto de engullirlo por completo, una luz deslumbrante cortó el espacio mental. Un majestuoso Fénix Plateado de maná puro brotó de la nada, rugiendo con una fuerza celestial mientras descendía en picado, embestiendo de lleno la esfera del Dios Demonio. La colisión de las tres fuerzas provocó una detonación catastrófica. La onda de choque destruyó el plano mental, y Shirou salió disparado varios metros, rodando violentamente por el suelo hasta impactar contra la piedra antes de abrir los ojos de golpe en el mundo real, escupiendo aire y jadando con descontrol. —Aaggh... cielos, ¡siempre es lo mismo contigo! —reclamó una voz femenina, cargada de ira y alivio contenido. Shirou alzó la cabeza con dificultad para ver a Freya de pie frente a él, ajustándose la capa mientras disipaba los últimos destellos plateados de sus manos. —Pensé que ibas a perder, payaso —espetó Freya, mirándolo desde arriba con los brazos cruzados y una vena marcándosele en la frente—. Para la próxima tómate una pastilla para dormir, ¿sí? ¡¿Cómo vergas se te ocurre consumir esas drogas?! ¿Acaso no fue suficiente con lo de Alan y ahora lo intentas tú? Ten algo de valor por tu vida, idiota... Freya bajó levemente la mirada, y su voz perdió por un segundo esa agresividad, volviéndose extrañamente suave y frágil. —... ¿Qué haría una vida sin ti, Shirou...? Shirou parpadeó, desconcertado entre el dolor de su cuerpo y lo que acababa de escuchar. —¿Eh...? ¿Qué dijiste? —¡Nada! ¡Nada, idiota! ¡Dije que eres un idiota! —exclamó Freya de golpe, girando la cabeza hacia un lado a toda prisa con las mejillas completamente sonrojadas y apretando los puños. —¿Cómo diablos entraste aquí? —preguntó Shirou, pasándose una mano por la cabeza mientras intentaba incorporarse por completo. —Fue gracias a Yue que pude ingresar —respondió Freya, cruzándose de brazos y desviando la mirada mientras intentaba calmar el ardor de sus mejillas—. Esa niña tiene mucho talento en la magia... Debería decir que es peligrosa, pero ahora esto no tiene ningún sentido para mí. Ver esto es extraño, pero sacarte de aquí será lo más difícil. Al menos con Tanaka fue fácil, ya que era Lucifer... pero contra ese dios no hay comparación. Será mejor que te pongas muy listo, pendejo, o de lo contrario no te lo voy a perdonar, ¡idiota, idiota, idiota! Shirou soltó un suspiro, dejando escapar una pequeña sonrisa nostálgica que suavizó por completo la tensión del ambiente. —Sí, sí, sí, ya lo sé, mujer tóxica... Pero me alegro de verte de nuevo, Freya. Freya se quedó congelada un segundo, observando esa sonrisa que no veía desde hacía tanto tiempo. El tono agresivo de su voz se desvaneció al instante, dando paso a una mirada infinitamente más suave. —Ni que lo digas, cariño... —murmuró Freya sin pensarlo. Shirou abrió los ojos de par en par, parpadeando desorbitado ante la palabra que acababa de salir de la boca de ella. —¿Eh...? ¡¿Me dijiste "cariño"?! Freya se puso roja como una manzana hasta las puntas de las orejas, dándose cuenta de inmediato de lo que acababa de soltar. —¡N-NO! ¡Apreté mal las palabras! ¡Cállate la boca, tarado! —exclamó tropezándose con sus propios pies mientras daba un paso atrás, tratando desesperadamente de recuperar su imagen dura. "¡Cielos, por qué dije eso...!", pensaba Freya para sus adentros, sintiendo cómo el rostro le ardía a más no poder mientras le daba la espalda a Shirou. "Lo dije porque me preocupé por él... No podía perderlo. Él es el chico que me gusta... Tal vez a mi padre no le gustaría que tuviera novio, pero él... él es diferente a los demás. Él no lo sabe, pero mientras no lo sepa, todo bien por ahora. ¡Pero aquel frente a nosotros es al que debemos acabar...!" Freya apretó los dientes, tragándose el bochorno de golpe y volviendo a enfundarse en su postura de combate. Las marcas mágicas de sus brazos brillaron con una luz platinada deslumbrante. —No me queda de otra más que avanzar —sentenció Freya, extendiendo la mano hacia el cielo mental mientras las plumas de luz se condensaban a su alrededor—. El Fénix regresó a mí... ¡Yo seré quien te borre de aquí, maldito bastardo! El majestuoso Fénix Plateado reapareció a sus espaldas, desplegando sus alas de maná puro y lanzando un chirrido celestial que hizo temblar la oscuridad. El Dios Demonio, sumergido en las sombras del espacio mental, dejó escapar una risa grave y pesada que resonó como el eco de un abismo. —Oh... Así que tú eres la dueña de ese Fénix Plateado —dijo el Dios Demonio, entornando sus ojos rojos y fijando una mirada hambrienta sobre ella—. Solo una familia de alto rango puede hacer eso... Acaso eres de la familia Kwog Mae... Qué fascinante. Al fin una mujer que puede invocar seres poderosos... Valdrá la pena robarte y que seas mi recipiente. Shirou, aún recuperando el aliento tras el impacto anterior, se puso de pie de un salto y empuñó su espada de fuego azul, colocándose de inmediato al lado de Freya. —¡Sobre mi cadáver, maldito monstruo! —rugió Shirou, cruzando su aura. —¡Dos contra mí! Qué interesante... Veo que me divertiré un buen rato con ustedes —exclamó el Dios Demonio con una sonrisa desquiciada, dejando que su aura maligna se expandiera por todo el espacio mental—. Espero que estén satisfechos, porque solo se están enfrentando a un fragmento mío... Toda la información de este combate llegará al cerebro de mi verdadero cuerpo, jajaja. Solo espero con ansias el día en que al fin pueda despertar por completo. —¿Hablas mucho, verdad? —interrumpió Shirou con frialdad. Sin darle tiempo a reaccionar, Shirou se impulsó hacia adelante a máxima velocidad, cortando la distancia en un pestañeo. Embistió con un corte directo, pero el Dios Demonio bloqueó la hoja de la espada de fuego azul utilizando únicamente dos de sus dedos cubiertos de energía oscura. Shirou no se detuvo: aprovechó el impulso para conectar una patada seca directamente en el costado del monstruo y giró sobre su propio eje, neutralizando cada uno de los contrataques inmediatos del enemigo con una serie de desvíos precisos. —¡Ahora, Shirou! —gritó Freya desde el aire. Freya atacó por la espalda mientras Shirou mantenía la presión por el centro. El Fénix Plateado desplegó sus enormes alas y lanzó una ráfaga devastadora de llamas platinadas que se fusionó en el aire con el fuego azul de la espada de Shirou. ¡BOOM! El impacto de la combinación elemental resonó como un trueno en el espacio mental, levantando una nube abrasadora de maná. Sin embargo, cuando el humo comenzó a disiparse, la figura del Dios Demonio permanecía de pie, habiendo desplegado un escudo de energía oscura que apenas mostraba una pequeña grieta. —Los felicito a ambos por intentar atacar —dijo el Dios Demonio, sacudiéndose el polvo de los hombros mientras sus ojos rojos destellaban con una sed de sangre implacable—. Pero ya es hora de que yo empiece a atacar... —¡Esquiva eso, Shirou! ¡Atrás de ti! —gritó Freya con la garganta desgarrada. Antes de que las palabras terminaran de resonar en el espacio mental, el Dios Demonio reapareció como una sombra instantánea a las espaldas de Shirou. La velocidad del monstruo superaba por completo la percepción humana; con un movimiento seco, una garra envuelta en materia oscura se disparó directamente hacia el corazón de Shirou. —¡Mierda! —reaccionó Shirou al sentir el aire congelarse tras de sí. Sin tiempo para girarse o bloquear con la espada, Shirou inclinó el torso en un reflexo desesperado. La garra del Dios Demonio rozó su armadura, destruyéndola como si fuera papel y dejando un corte sangriento en su costado. La onda de choque del impacto lo mandó rodando por el suelo de piedra, escupiendo un rastro de sangre antes de lograr clavar la hoja de fuego azul en el suelo para frenar su caída. —¡Jajajaja! ¡Demasiado lento, mediocre! —retumbó la voz del Dios Demonio, alzándose por encima de ellos mientras la energía oscura a su alrededor comenzaba a moldearse en decenas de lanzas negras flotantes, todas apuntando a Shirou mientras yacía herido en el suelo. —¡Ni se te ocurra tocarlo, maldito! —rugió Freya desde el aire. El Fénix Plateado se cruzó de golpe en la trayectoria, desplegando una barrera de llamas platinadas para cubrir a Shirou justo cuando las lanzas salieron disparadas como una lluvia mortífera.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 323

Estás leyendo el capítulo 323 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 30 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.