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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 322 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—¡Tenemos que encontrar...! —comenzó a decir Hina, dando un paso adelante con la respiración agitada, lista para trazar el plan de acción. Sin embargo, sus palabras se cortaron de golpe al escucharse el estruendo de pasos apresurados subiendo a toda prisa por las escaleras del balcón. —¡Perdón por interrumpir! —exclamó una voz agitada y familiar mientras la puerta se abría bruscamente. Una chica apareció sin aliento, apoyando las manos sobre sus rodillas para recuperar el aire. Era Sara, pero no venía sola; detrás de ella se recortaba un numeroso y variopinto grupo de guerreros cargados de armas, túnicas de viaje y expresiones cansadas. —¿Sara? —preguntó Josué, frunciendo el ceño por la sorpresa ante la interrupción—. ¿Qué te trae por acá? Sara se erguía con una sonrisa apenada y se rascó la nuca con vergüenza, rompiendo por un instante la sofocante tensión que reinaba en el lugar. —Pues... ¡no tenía un lugar a dónde caer muerta, jejeje! —soltó con una risita nerviosa antes de mirar de reojo hacia la gran comitiva que la acompañaba—. Este... ¿y estas personas? Se dio un golpecito en la frente con la palma de la mano, cayendo en la cuenta de la situación. —¡Ahhh, casi me olvido! Verás, ellos... bueno, mejor que se presenten. Una joven de porte refinado y mirada decidida dio un paso al frente, haciendo una leve inclinación antes de que los demás comenzaran a tomar la palabra uno a uno: —Un gusto, mi nombre es Noelle. —Mi nombre es Luis. —Mi nombre es Miranda. —Mi nombre es Queen. —Mi nombre... bueno, yo soy el Héroe de la Lanza. Ella es Jasmin, y él es Hércules. —Y yo soy Shin. —Yo, Izami. —Yo soy Iván. —Y yo, Elis. Hina, Josué y Angélica se quedaron inmóviles, observando a la repentina tropa de refuerzos que acababa de reunirse en el refugio. En medio del caos, la desesperación y la inminente batalla contra los dioses y traidores, la llegada del Héroe de la Lanza y sus poderosos acompañantes prometía cambiar el rumbo de la guerra. —¿Espera... ustedes son los tres héroes legendarios? —preguntó Hina, abriendo los ojos con una mezcla de asombro y desconcierto ante la imponente presencia del grupo. Hércules dio un paso al frente, cruzándose de brazos con una sonrisa orgullosa y confiada que irradiaba una fuerza arrolladora. —Por supuesto —afirmó Hércules con voz potente—. Jasmin, el Héroe de la Lanza y yo somos los legendarios héroes. Y bueno... también tu amiga, aunque tú ya lo sabes sobre ella. Hina dejó escapar un suspiro amargo, desviando la mirada por un segundo mientras los recuerdos volvían a golpearla. —Sí, lo sé... Ella se convirtió en la Heroína de la Esperanza cuando peleó contra Astaroth —admitió Hina, apretando ligeramente los puños—. Bueno, la verdad es que aún no lo supero... Desde que fingió su muerte, me lastimó más de lo que me lastimó Josué. —¡¿Eh?! ¡¿Yo?! —exclamó Josué de golpe, poniéndose las manos en el pecho con una cara de indignación absoluta—. ¡¿Por qué salgo embarrado yo aquí?! Hina lo miró de reojo con una frialdad cortante que hizo que el aire del balcón volviera a congelarse por un segundo. —No te hagas el tonto —espetó Hina sin dudarlo, logrando que Josué cerrara la boca de inmediato y diera un paso atrás rascándose la nuca. Sara soltó una risita ahogada ante la escena, mientras Noelle y el Héroe de la Lanza intercambiaban miradas, conscientes de que habían llegado justo en medio de un torbellino de tensiones no resueltas. —¿Si los interrumpí en algo importante? —preguntó Sara, ladeando la cabeza al notar el peso sofocante que aún flotaba en el ambiente. —No... no, para nada —respondió Hina rápidamente, forzando una sonrisa torpe y fingida para cubrir el rastro de las lágrimas que acababa de limpiarse. "No quiero que me veas de esta manera... No quiero que me veas llorando, de cómo me hundo más de lo que ya estoy ahora", pensó Hina para sus adentros, tragándose el nudo que le quemaba la garganta mientras intentaba mantenerse firme frente a todos. —Estoy bien, en verdad estoy bien... —insistió Hina con la voz ligeramente quebrada, ajustándose la capa. Sara entornó los ojos, observándola con detenimiento. "¿Qué le está pasando a Hina? La noto muy extraña desde que llegué ahorita... Tendré que hablar con ella a solas ahora. Pero no veo a Carlos... parece que salió. Mmm, puedo aprovechar justo ahora..." Sara dio un paso al frente, mirando al numeroso grupo de guerreros, a Angélica y a Josué con expresión seria. —Oigan... ¿creen que todos ustedes me dejarían hablar con Hina a solas? El grupo intercambió miradas en silencio. Josué pareció a punto de protestar, pero al ver la determinación en los ojos de Sara y la mirada distante de Hina, simplemente asintió con pesadez, haciendo una seña a los recién llegados para que despejaran el balcón. —Dime, ¿en verdad estás bien? —preguntó Sara con suavidad, dando un paso más cerca de ella. —Claro que lo estoy, ¿por qué...? —comenzó a responder Hina, forzando nuevamente esa fachada de compostura. —Mientes, Hina —la cortó Sara secamente, mirándola fijamente a la cara—. Te conozco más que a mi propia alma. Sé que algo te pasa, por qué... Hina no pudo sostenerle la mirada. Bajó la cabeza, apretando los dientes mientras sus hombros temblaban levemente por el esfuerzo de contener la marea de emociones que amenazaba con destruirla por completo. —Estoy bien... en verdad... —murmuró Hina hacia el suelo. Sara dio un paso más y la tomó de la mano. Los dedos de Hina estaban helados. Al alzar el rostro para mirarla a los ojos, el dolor de Hina era tan transparente y desgarrador que a Sara se le oprimió el pecho. Pero, en el fondo, Sara no quería terminar de escuchar la verdad. En ese preciso instante, la culpa golpeó a Sara como una estocada helada al darse cuenta de la realidad: Hina estaba enfrentando una depresión profunda, y gran parte de ese pozo sin fondo comenzó el día en que ella fingió su muerte. "Tenía que hacerlo... Lo hice por el bien de ella y de todos", pensó Sara para sus adentros, mientras la pesadez del pasado se aferraba a su conciencia. "Sabía lo peligrosa que la situación se volvía realmente. Desde que me encontraba al borde de la muerte, no tuve más opción que aceptar hacerme un solo ser si quería derrotar a Astaroth..." Sara apretó la mano de Hina con más fuerza, incapaz de soltarla, mientras el silencio en el balcón se volvía denso y sofocante. De repente, la mano de Hina se movió en un reflejo puro y le asestó un golpe seco directamente en el rostro. El impacto resonó en el balcón antes de que Sara pudiera reaccionar. —¡No tienes ni idea de lo que sufrí por ti, Sara! —estalló Hina, con las lágrimas acumuladas finalmente cayendo por sus mejillas mientras la voz se le quebraba entre la rabia y el desgarro—. ¡Llevaba años cargando con este dolor desde que tú me dejaste sola! ¡Tú no tienes ni idea de lo que tuve que vivir... no tienes perdón por esto! Sara se llevó una mano a la mejilla, sintiendo el ardor del golpe mientras la miraba en silencio. —Ya veo... En verdad lo lamento —murmuró Sara, sobándose el rostro antes de soltar un pequeño suspiro—. Pero... ¡¿era necesario el golpe?! —¡Lo era! ¡Y mucho, estúpida! —gritó Hina, limpiándose las lágrimas de manera torpe con el antebrazo, enfurruñada y respirando agitadamente. —Oh, vamos... Te lo dije una vez, nuestro pasado ya quedó atrás, pero parece que te encanta dramatizarlo todo conmigo —dijo Sara en un tono más suave, esbozando una pequeña sonrisa para aligerar la carga. Sin darle tiempo a reaccionar, Sara se acercó a ella y la envolvió bruscamente en un abrazo apretado, pegándola a su pecho. —Tenía tantas ganas de abrazarte, Hina... Estar todo este tiempo sin ti solo hace que las cosas se me alteren más. —¡Oye, oye, oye! ¡Eh, espera! ¡¿Qué haces?! —exclamó Hina, sobresaltada mientras intentaba en vano empujarla por los hombros—. ¡Quita tus manos de encima de mí, por favor! Hina se estaba poniendo visiblemente nerviosa. Cada segundo que pasaba envuelta en el abrazo, el tono de su rostro se volvía más y más rojo, luchando por mantener esa fachada de mujer fría y poderosa que solía mostrar ante el mundo. —Sabes muy bien que... —intentó protestar con un hilo de voz, apartando la mirada. —Oh, vamos, no seas tímida conmigo —le susurró Sara al oído, ajustando el abrazo sin soltarla ni un solo segundo—. No eres tímida; eres capaz de derrotar a seres aterradores, pero a mí no me engañas. —¿Por qué me haces sonrojar, Sara...? —murmuró Hina, escondiendo el rostro acalorado entre las manos mientras intentaba recuperar la compostura. —Bueno... tal vez porque siempre captas mi atención, jejeje —respondió Sara con una sonrisa pícara, aflojando lentamente el abrazo pero sin alejarse demasiado—. Hacía tiempo que no veía una reacción tuya de esa manera... Sara cambió sutilmente el tono de su voz, volviéndose un poco más seria pero manteniendo esa calidez que consolaba a Hina. —Pero en fin... La razón principal por la cual vine es para preguntarte si dejarías que ellos se quedaran contigo un tiempo. Necesito ir al Reino de los Elfos... y quiero que tú me acompañes. Hina bajó los brazos, parpadeando con sorpresa ante la repentina petición. —¿Al Reino de los Elfos...? —repitió Hina, procesando la información mientras el calor de sus mejillas comenzaba a ceder frente a la intriga—. Sara... ¿qué hay allá? ¿Tiene que ver con la traición de Platinos o con el Dios Nocturno? —No... es algo más delicado, Hina —respondió Sara, borrando la sonrisa juguetona de su rostro. La mirada le cambió por completo, volviéndose sombría y cargada de una inquietud helada—. Se trata de un ser desconocido que acaba de despertar... Hina frunció el ceño, sintiendo cómo la calma momentánea se evaporaba al instante. —Su nombre es Débora Dioses... y se dirige hacia el Reino de los Elfos —continuó Sara, apretando los puños mientras fijaba sus ojos en ella—. No sé cuánto vaya a tardar ese tipo en llegar allá, por eso estoy aquí. Su objetivo exacto lo desconozco, pero... por lo que he podido investigar, lo más seguro es que se trate de tu hijo Carlos. Las palabras de Sara volvieron a encender todas las alarmas en la mente de Hina. —¿Carlos...? —murmuró Hina, abriendo los ojos de par en par mientras la angustia de madre volvía a oprimirle el pecho—. ¿Por qué ese tal Débora iría tras de él al Reino de los Elfos? ¿Acaso Carlos ya está en territorio elfo? —Es muy probable —asintió Sara con pesadez—. Carlos está siguiendo el rastro de la venganza contra Kronos sin medir las consecuencias, y si un ser de la magnitud de Débora Dioses está en marcha, Carlos corre un peligro mortal si lo enfrenta a solas y a ciegas. Hina dio un paso al frente, apretando la empuñadura de su arma mientras la determinación borraba cualquier rastro de duda o sonrojo en su rostro. —Entonces no hay nada más que discutir, Sara. No voy a perder a otro hijo. Salimos para el Reino de los Elfos de inmediato. Mientras tanto, en la organización... —Parece que todo ha cambiado desde aquel día de su muerte... Fue lo que me despertó —susurró Octavio en la penumbra del recinto, con la mirada fija en el vacío—. Pensaba que usted jamás moriría, pero el día que desperté solo vi el reino en ruinas... Las ciudades y los reinos de las razas fueron destruidos por Yuki. El dolor que ella vivió se convirtió en algo que usted jamás se imaginó. Yo, Octavio, no dejaré que otra vez mueras, líder... O mejor dicho, Carlos. Octavio apretó los puños, dejando escapar un suspiro pesado y melancólico. —Bueno, no soy tan bueno explicando las cosas... pero me enseñaste a ser diferente a los demás. Tú me guiaste hacia un buen camino. Pensaba que serías igual que los otros, que me verían simplemente como un arma... pero tú eras distinto. Me elegiste no como un guardián, sino como un amigo. Aunque siempre era serio y tranquilo —a veces solo un durmiente—, tuve que dormir un largo sueño desde que te fortaleciste. Eras más fuerte que los dioses, e incluso fui testigo de cómo aniquilaste a todos los clanes... Acabaste con ellos tú solo, sin ayuda de los demás guardianes, más que yo. Me elegiste para observar y mirar. En verdad fue increíble ver algo que cumplió sus expectativas... pero cuando abrí los ojos, solo encontré su cadáver. Su cabeza fue cortada por su hermano... Las venas de los brazos de Octavio se marcaron por la tensión reprimida, mientras su voz se volvía aún más rasposa. —En ese momento que vi todo a través de Yuki... lloré más por usted. La única persona que me enseñó a estar tranquilo y no destruir el mundo. Por usted era que me contenía, porque tú eras bueno con las personas, y alguien como usted jamás debe ver manchado su nombre ni su honor. Como caballero lograste más títulos como todos te conocían: el Rey del Anochecer, el Rey de la Esperanza... o el Demonio Nocturno, tal cual te llamaban tus enemigos. Por eso le dejé el resto a Yuki. Confiaba más en Emilia en vez de Yuki... pero Emilia me decepcionó cuando se fue del grupo. En ese día... jamás te voy a perdonar, Emilia. Es tu culpa por haberlo abandonado cuando él más te necesitó, por haberle dado la espalda... —¿Oh...? —murmuró una voz desde la penumbra. Octavio cortó sus palabras de golpe y giró levemente la cabeza, encontrándose con unos ojos calculadores que lo observaban desde las sombras. —¿Octavio...? —preguntó Inglis, quien estuvo escuchando todo en silencio mientras lo espiaba detenidamente desde el pasillo. —¿Inglis...? —murmuró Octavio, rompiendo el tenso silencio mientras la miraba de reojo—. ¿Inglis? ¿Qué te trae por acá? Pensé que estarías construyendo la nación... —Es verdad, pero vine a descansar un poco —respondió Inglis, dejando escapar un suspiro de fatiga mientras apoyaba el hombro contra la pared del pasillo—. Me tiene cansada hacer los planos... Pero escuché que estás decepcionado de Emilia. Tiene que ver con lo que ocurrió hace 32 años, ¿verdad? Octavio negó levemente con la cabeza, esbozando una mueca casi imperceptible. —Siempre tan pensativa, Inglis. Al menos tú eres diferente a Shalltear. Ella es peor que Eime cuando se excita cuando ven a Carlos... Pero esas locas pervertidas son capaces de hacerle lo peor. —Jajajaja, es verdad —soltó Inglis con una risita suave y amarga—. Siempre ellas dos son tan obsesionadas con él. Yo le tengo respeto y lealtad a mi señor, pero... no puedo olvidar el hecho de que todos los reyes le dieran la espalda. —A veces me pregunto cómo demonios no nos dimos cuenta de lo que tramaba Kronos... —murmuró Octavio, apretando la mandíbula al recordar la sombra de esa traición. Sin embargo, giró el rostro hacia ella con una duda que llevaba tiempo carcomiéndolo—. Antes de que digas algo, Inglis... dime algo. ¿Cómo mierda Kronos revivió a Gabriel hace 32 años? Carlos lo había borrado de la existencia hace tiempo... Inglis cruzó los brazos sobre el pecho y entornó los ojos, recordando los oscuros archivos que había tenido que revisar. —Eso no lo sé con certeza... pero según lo que investigué, fue con la reliquia sagrada de Dios y el Ojo del Dios. Y para usarlos para la resurrección, tuvieron que hacer un pacto y un sacrificio para que él reviviera. Octavio abrió ligeramente los ojos, conectando los hilos en su mente. —Entonces eso quiere decir que Natsuki... —Así es —asintió Inglis con gravedad—. Esa princesa era la clave para revivir a Gabriel por su maldición. —Ya veo... Así que Natsuki fue el principio de todo esto. Ahora entiendo por qué ella siempre lo miraba a él con odio y desprecio. Tal vez ella sabía algo de Kronos y por eso sacrificó su vida invocando a esa cosa que nadie pudo detener... —Es verdad —murmuró Inglis, bajando la mirada hacia las grietas del suelo—. ¿Cómo demonios una humana sería capaz de invocar esa bestia en su interior? Acabó con todos... aniquilando a todos los demonios, elfos, vampiros, humanos, chicos bestia, enanos y dragones. Todos murieron por esa criatura... Ella murió porque se dio cuenta de que se había enamorado de él. Octavio la miró de golpe, sorprendido por la revelación. —Inglis... ¿acaso tú sabías que ella...? —Mmm... sí —sonrió Inglis con dulzura, una sonrisa triste y melancólica—. Un amor tan indestructible sería capaz de entregar la vida por un hombre que tanto ama. El odio se convierte en amor puro. Ella lo amaba, pero hubo un lazo donde se separaron... y eso fue culpa de alguien. —¿Te refieres a Mío? —preguntó Octavio con voz áspera. —No la culpo... pero ella murió en los brazos de Carlos. Nunca había visto un dolor tan fatal en él. Luego de que él viera todo el caos en llamas, fue por eso que cambió demasiado. Shirou también murió, y esas llamas del infierno condenaron a nuestro señor... porque perdió amigos, familia, seres queridos. Juró proteger a todas las razas, pero eso era un peso enorme y falló. Es cruel, lo sé... pero no a todos los puede salvar Carlos.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 322

Estás leyendo el capítulo 322 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 30 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.