Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 321 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—¿A qué te refieres? ¡Dímelo! —exigió Shirou, apretando la mandíbula con tanta fuerza que los dientes le crujieron. La sombra en su mente soltó un silbido divertido, una risa rasposa que vibró en la base de su cráneo. —Ay, Shirou, Shirou... será mejor que cortes la conexión conmigo o de lo contrario me robaré tu cuerpo. —Yo que tú ni lo haría —respondió Shirou en un susurro helado, manteniendo la vista fija en las olas oscuras que rompían contra la estructura del Drak'Tharion. Su maná empezó a fluctuar de forma peligrosa, chocando violentamente contra la corrupción negra que amenazaba con devorarlo. El Dios Demonio soltó una carcajada cargada de escepticismo, sintiendo la resistencia del joven. —¿No me digas que lucharás contra mí ahora? —Por supuesto... —Shirou entornó los ojos, dejando que una chispa de instinto asesino recorriera su mirada—. ¿O qué, tienes miedo de morir otra vez? El silencio duró solo un segundo antes de que la voz de la entidad se deformara por completo, perdiendo toda burla y transformándose en un gruñido gutural que hizo que las venas del cuello de Shirou ardieran como si llevara lava en el torrente sanguíneo. —¡Hijo de perra! —rugió el Dios Demonio, haciendo resonar un eco ensordecedor en su mente—. Si eso es lo que quieres, ¡adelante! Pero tenlo por seguro... una vez que te destruya, iré por Carlos y después por tu hermana. Punto de vista: Angélica El viento frío del atardecer soplaba con fuerza sobre el balcón del refugio, agitando mi capa dorada mientras observaba las dos siluetas que acababan de materializarse ante mí. Mantenía la postura firme, con las manos cruzadas a la espalda y los ojos fijos en ellos. La tensión en el aire se podía cortar con un hilo. —Parece que aún no has cambiado mucho, Josué... Hola, Hina Sánchez —dije, rompiendo el silencio con una voz serena pero impregnada de una autoridad indiscutible. Hina dio un paso al frente, ajustándose el broche de su armadura con una ligera mueca de duda en el rostro, mientras Josué permanecía un paso atrás, observándome en silencio con la cautela de quien sabe que una reunión a solas no augura nada bueno. —Hola, Angélica... ¿De qué se trata que nos llamaras? —preguntó Hina, yendo directo al grano sin intenciones de perder el tiempo en rodeos diplomáticos. Respiré hondo, dejando que el peso de la información cayera sobre mis hombros antes de soltar la bomba. —Los llamé porque debo informar que hay un traidor en el Reino Platinos del Amanecer... —hice una breve pausa para mirarlos fijamente a los ojos— ...y al parecer tiene conexión directa con el Reino del Imperio. Las palabras resonaron con la gravedad de una sentencia. Hina se congeló en su sitio, mientras que la mirada de Josué se oscureció al instante. Que el Reino Platinos estuviera infiltrado por el Imperio no solo ponía en riesgo sus propias fronteras, sino que dejaba completamente expuestas las líneas de suministro y las decisiones estratégicas de la alianza justo cuando la amenaza del Abismo apretaba el cerco. —Lo que dices es muy serio, Angélica... —interrumpó Josué, apretando los puños mientras la mandíbula se le tensaba—. Si lo que dices es verdad... entonces debe ser uno de mis caballeros, ¿verdad? Sostuve su mirada con pesadez. Romper este tipo de ilusiones nunca era fácil, pero el tiempo se nos estaba agotando. —Así es... lamento informarte que las pruebas apuntan directamente a tu círculo interno —dije, desviando lentamente los ojos hacia la mujer a su lado—. Pero Hina... hay algo más que tengo que decirte. Se trata sobre tus hijos... Dani y Kronos. Hina no dio un solo paso atrás. Mantuvo la espalda recta, aunque pude ver cómo sus nudillos se ponían blancos al apretar las manos. —Para estar informada... debo saber que ya lo sabes, ¿no? —preguntó Hina con un hilo de voz increíblemente controlado, aunque cargado de un dolor profundo. —Así es —admití, bajando la cabeza con respeto—. Lo sé todo. Y en verdad me duele ver que tus hijos se hayan convertido en... monstruos. —Hina, yo... —intentó intervenir Josué, dando un paso hacia ella con intención de calmar la situación. De pronto, la atmósfera en el balcón se rompió por completo. El aura de Hina exploded con una violencia devastadora, haciendo retumbar las paredes de piedra y provocando que las grietas se expandieran por el suelo. Un vendaval de maná puro descontrolado envolvió su figura, volviendo el aire sofocante. —¡Josué! —el grito de Hina resonó como un trueno, con los ojos brillando en una furia ciega mientras se giraba hacia él—. ¡¿Por qué me lo ocultaste?! ¡Exijo que me lo digas ahora mismo! —¡Hina, yo...! —Josué alzó los brazos, tratando de contener la onda de choque de su poder—. ¡No podía decirte por tu reacción! ¡Mira cómo estás ahorita! ¡Lo hice por tu bien! ¡Además, tu hijo Kronos se alió con los Abismales! —¡¿QUÉ CARAJOS ACABAS DE DECIR?! —la presión gravitacional en el lugar se volvió absurdamente pesada, obligando a los guardias a lo lejos a caer de rodillas—. ¡Josué! ¡Eres un idiota! ¡¿Por qué mierda no me lo dijiste antes?! El suelo cedió un poco más bajo sus pies. Hina respiraba agitadamente, mirando a Josué como si quisiera despedazarlo ahí mismo, luchando entre la ira incalculable y el luto de madre por la pérdida moral de sus hijos. —¿Quién más sabía de esto? —exigió Hina en un murmullo destructivo, clavando su mirada en Josué. Josué tragó saliva con dificultad, incapaz de mentirle con la presión aplastándolo. —Carlos... Karen... y por último, Shiro. El nombre de Carlos y los demás flotó en el aire, agregando una capa de traición aún más dolorosa para Hina al darse cuenta de que todos a su alrededor le habían guardado el secreto. —¡Kronos fue el causante de la muerte de tu hijo Abraham, Hina! —intervine con voz firme, haciendo que mi propia aura resonara para frenar por un segundo la devastadora presión de su maná—. ¡Por eso todos lo estamos buscando! ¡Para capturarlo y ejecutarlo por lo que hizo! Las palabras cayeron como un mazo de hierro sobre el balcón. El aura furiosa de Hina no disminuyó, pero se congeló en el aire por un instante mortificado. La mención de Abraham atravesó su furia ciega como una daga helada. Sus pupilas se contrajeron violentamente mientras la realidad del fratricidio —un hermano asesinando a otro por el poder abismal— terminaba de romper los últimos pedazos de cordura y compostura que le quedaban. —¿Abraham...? —susurró Hina, con la voz quebrada por un dolor abrumador mientras el suelo a su alrededor crujía por la inestabilidad de su energía—. Kronos... mató a... Josué apretó los dientes, dando un paso al frente para ponerse al lado de Angélica, sosteniendo la mirada de Hina con pesadez. —Por eso no podías saberlo hasta que tuviéramos una forma de detenerlo, Hina —admitió Josué con la mirada sombría—. No queríamos que te destruyeras a ti misma buscando venganza a ciegas. Carlos, Shiro y Karen están moviendo cielo y tierra para dar con su paradero. Hina apretó los puños hasta que sus uñas le perforaron la piel y la sangre comenzó a gotear sobre las piedras agrietadas. La ira, el luto y el deseo de venganza se mezclaron en una tormenta destructiva en sus ojos. El aura devastadora de Hina se extinguió de golpe. Como si el peso de la verdad le hubiera arrebatado las fuerzas, sus ojos volvieron en sí, perdiendo ese brillo furioso para llenarse de lágrimas traicioneras. Sus rodillas cedieron y cayó bruscamente al suelo agrietado, sollozando con el corazón destrozado. —¿Por qué no me lo dijiste, Josué...? —logró articular Hina entre un llanto ahogado que quebraba el aire—. Se... se pudo encontrar una manera para resolver las cosas... ¿Por qué Kronos hizo eso...? Josué se agachó de inmediato, poniéndose a su altura con el rostro desencajado por la culpa y la tristeza. Extendió los brazos vacilantes, sin atreverse a tocarla del todo. —Hina... Karen me explicó que Kronos había revivido al Rey de los Héroes —comenzó a explicar Josué con la voz temblorosa—. Karen y Abraham lucharon contra él... pero también me dijo que el Héroe de las Sombras había reencarnado en nuestro hijo. Lucharon con todas sus fuerzas para detenerlo y lo lograron... pero entonces aparecieron ellos dos, los Abismales. Josué apretó los puños, haciendo una pausa dolorosa mientras las lágrimas también amenazaban con salir de sus propios ojos. —Ellos mataron a nuestro hijo... Abraham dio su vida por salvar a Karen. Pero ella... quedó profundamente traumatizada por lo que presenció y, en medio de su dolor, mató a uno de los Abismales sin dudarlo ni un segundo. Angélica observaba la escena en silencio desde unos pasos atrás, con la mirada sombría. El dolor de una madre rota y la verdad de un sacrificio sangriento llenaban el balcón, demostrando que la guerra contra el Abismo ya les había arrebatado demasiado a todos, mucho antes de la batalla final. —¡Tenemos que investigar! —intervine con firmeza, dando un paso hacia ella para cortar la pesada marea de luto—. Hina, por favor, déjame a mí la tarea de encontrar a Kronos. Además... Dani... Hina levantó la vista, con los ojos hinchados por las lágrimas y la respiración aún entrecortada. —Lo que te voy a decir es algo cruel sobre Carlos... Hace un tiempo —hice una pausa, apretando los puños al recordar aquel fatídico encuentro—... Angélica, hay algo que tengo que decirte. El incidente del año pasado... luché con Dani. Luego de luchar, noté algo extraño en él. No quería aceptar esto, pero él ya no era mi hermano... un dios lo había poseído. Por un momento, su voz suplicaba que yo huyera... pero no lo hice. Luché para tratar de salvar su alma, pero yo no fui lo suficientemente fuerte para detenerlo. Al final, solo alguien pudo detenerlo... fue el Dios Nocturno que poseyó mi cuerpo. —¡¿El Dios Nocturno?! —exclamó Hina, abriendo los ojos de par en par mientras la incredulidad y el pavor paralizaban sus sollozos—. Sara tenía razón... Shiro tenía razón... Ese tipo volvió para traer caos al mundo. ¡Maldición! —También escuché que Shiro fue poseída... —añadió Josué con el rostro sombrío—. Hina, sabes lo que eso significa, ¿verdad? —No... es imposible —susurró Hina, frotándose la frente mientras sentía que el mundo se desmoronaba bajo sus pies—. ¿Acaso él tiene el control sobre nuestro poder nocturno? —Es muy posible que sea eso —continuó Angélica, manteniendo la postura—. Hina, también traje a dos personas que te dirán qué pasó en realidad en aquella misión en la que estuvieron Kronos y Dani... El eco de pesados pasos sobre la piedra agrietada interrumpió la conversación. Dos figuras envueltas en capas de viaje avanzaban lentamente hacia nosotros desde la sombra del pasillo. Al recortarse contra la tenue luz del atardecer, Hina se congeló, reconociendo al instante la silueta del hombre que encabezaba la marcha. —A uno de ellos lo reconozco... Tú eres... ¡¿Karl?! El hombre se bajó la capucha, revelando un rostro curtido por la batalla y cruzado por viejas cicatrices. —Ha pasado varios años desde la última vez que la vi, señorita Hina... o mejor dicho, Princesa Emperatriz de la Oscuridad —saludó Karl con una inclinación respetuosa pero sobria—. Lamento mucho lo que tendré que decirle hoy. Hay cosas que ni siquiera sé por dónde empezar... Ah, por cierto, este de aquí es un compañero de un reino que fue destruido ese mismo día de la misión llevada a cabo por el Imperio. Karl hizo un gesto hacia el guerrero silencioso que caminaba a su lado, cuyo rostro reflejaba la marca indeleble de una tragedia antigua. —Te presento, él es Roger. —Así que al fin podré conocer a la famosa Reina de la Oscuridad... Es un gusto, Hina —habló Roger con una reverencia sobria, sosteniendo la mirada con el respeto de quien ha sobrevivido al infierno. —Lo mismo digo... —respondió Hina en un susurro, haciendo un esfuerzo sobrehumano por recomponer la compostura y secarse las lágrimas que aún brillaban en sus mejillas. Karl dio un paso al frente, cruzándose de brazos mientras la sombra de los recuerdos le oscurecía el rostro. —Hina, antes de hablar te diré lo que ocurrió en aquel momento... Fue una trampa —comenzó Karl, articulando cada palabra con pesadez—. Los del Imperio hicieron un trato directo con Lucifer. En esa expedición yo iba con Solis, Dilan y Dilshan... la prometida de Dani. —¡¿Dani tenía novia y no me lo dijo?! —exclamó Hina, abriendo los ojos de par en par, impactada por la revelación en medio de todo el dolor. —Yo tampoco lo sabía... Yo también estoy sorprendido —admitió Josué, llevándose una mano a la cabeza mientras cruzaba miradas con ella. —Ejem... Bueno, como decía —retomó Karl con seriedad—, fuimos al Valle del Fin, pero fue ahí donde la tragedia ocurrió. Un ser misterioso apareció de la nada y nos atacó sin piedad. La primera persona en morir fue Solis, luego Dilan... Después, su propio hijo Kronos los traicionó. Es difícil de creer, pero luego de analizar todo lo he comprobado: cuando nos enfrentamos cara a cara, Kronos ya no actuaba por voluntad propia. Y por último... murió Dilshan. Karl apretó los puños, haciendo una pausa sofocante. —Eso fue lo que destruyó a Dani por completo. Lo que yo noté en ese instante fue que Lucifer aprovechó el quebranto mental de Dani para usar magia prohibida en él... —¡¿¿¿QUÉ???! —gritaron Hina y Josué al unísono, haciendo retumbar el balcón mientras la revelación de la trampa de Lucifer terminaba por encajar las desgarradoras piezas de la caída de su hijo. —Entonces todo este tiempo... —murmuró Hina, dejándose caer un poco más contra el hombro de Josué, con la voz quebrada por una mezcla de alivio amargo y horror absoluto—. Todo este tiempo... mis hijos no eligieron convertirse en monstruos... —Así es —asintió Karl con una expresión llena de pesar, apretando el puño con rabia contenida—. Ese ser llamado Kronos no era más que el títere de un dios que estaba usando su cuerpo. Esa es la realidad de todo lo que está pasando. Cada convivio que ustedes vieron, cada palabra o acción que presenciaron de ellos en estos años... no eran ellos. Ni Kronos ni Dani. Ellos dos fueron víctimas desde el principio de un plan maestro orquestado por Lucifer, el abismal con quien luché aquella vez. Roger dio un paso al frente, ajustando la correa de su espada mientras la mirada le ardía en puro odio contenido. —Lucifer no solo buscaba destruir los reinos desde afuera, sino pudrir las familias más poderosas desde adentro —añadió Roger con la voz áspera—. Manipuló los hilos del Imperio, selló los destinos de los jóvenes y sembró la discordia entre los Dioses para que cuando la verdadera guerra empezara, ustedes estuvieran divididos por la culpa y el dolor. Hina apretó los dientes, sintiendo cómo el llanto en su pecho comenzaba a transformarse lentamente en una chispa de furia pura y helada. Miró a Josué, luego a Angélica y finalmente a Karl y Roger. —Si mis hijos fueron víctimas... —dijo Hina poniéndose de pie con lentitud, mientras pequeñas chispas de maná nocturno volvían a recorrer sus brazos, pero esta vez con un control aterrador— ...entonces la ejecución de Kronos ya no es solo para proteger al mundo. Es para liberarlo a él y a Dani de ese maldito tormento. Josué se puso de pie a su lado, colocando una mano firme sobre la espada de su cintura. —La única persona que no sabe la verdad sobre Kronos... así es —murmuró Karl, cruzándose de brazos y dejando escapar un largo suspiro sombrío. —Carlos, su hijo... —continuó Roger con la voz áspera y helada—. Tuve la oportunidad de hablar con él. Él desea vengarse, al igual que yo. Por eso les pido que no se metan en los asuntos de Carlos, por el bien de ustedes. Esto ya es algo correspondiente exclusivamente entre ellos dos. —¡De ninguna manera! —intervino Hina de golpe, dando un paso al frente con el rostro desencajado y la voz temblando por la desesperación—. ¡Mi hijo no puede matarlo! ¡No voy a permitir que un hermano asesine al otro sin saber la maldita verdad! —Hina... —dijo Angélica con una mirada llena de compasión pero con una firmeza absoluta—. Sé lo mucho que amas y adoras a tus hijos... pero su familia ya está hecha pedazos. Ya no hay ningún arreglo posible para esto. El silencio volvió a caer sobre el balcón, pesado, frío y doloroso. —Es por esa razón... que esto es lo correcto —añadió Karl con pesadez—. Carlos tampoco sabe exactamente todo lo que pasó con Kronos, pero por lo que escuché sobre Dani... lo más seguro es que él ya se haya dado cuenta de parte de la verdad. Porque un Dios de la Guerra fue traído de regreso a la vida... y su nombre es Daniel. Josué abrió los ojos de par en par, mientras Hina ahogaba un grito con la mano sobre la boca. —¿Daniel...? —susurró Josué, sintiendo un escalofrío que le recorrió toda la espina dorsal—. El alma de nuestro hijo... reconvertida en un Dios de la Guerra para el bando enemigo... —Así es —concluyó Roger, ajustando la empuñadura de su arma—. La tragedia ya está en marcha. Si intentan detener a Carlos ahora, solo conseguirán que los dioses que manipulan a sus hijos los destruyan a ustedes también. La única forma de darles paz... es permitir que la hoja del destino corte el hilo de una vez por todas.

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