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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 320 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—No solo se trata de buscar lo que uno encuentra... pero todo lo que tiene que ser olvidado tiene que ser renovado —murmuré para mis adentros, observando el cielo sobre Sage—. Si me baso en mi propia lógica, es muy posible que algo grave vaya a ocurrir en la academia. Solo espero que el resto esté bien... Mientras tanto, en un rincón más tranquilo del campamento, el grupo se había reunido alrededor de la pequeña. —Oye, Miguel, dime algo —dijo Mei, cruzándose de brazos y mirando de reojo a la niña que jugaba distraída—. ¿Crees que Carlos no se dé cuenta de que Yue se quedó con nosotros? Miguel soltó un suspiro pesado, rascándose la nuca con desconcierto. —Esa es mi duda, la verdad... Al final es solo una niña, pero me sigue sorprendiendo enormemente que sea un dragón. Por lo menos ahora está en su transformación humana y no llamará tanto la atención, pero necesitamos ver qué pasará después... —Yo digo que entrenemos a la pequeña Yue —propuso Hiko con una sonrisa confiada y los brazos en jarra. Miguel lo miró de arriba abajo, enarcando una ceja. —¿Estás seguro? —Más que seguro, Miguel —afirmó Hiko sin dudarlo un segundo—. Además, Alicia está de acuerdo conmigo, ¿verdad? Alicia, sintiendo la mirada inquisitiva de Hiko sobre ella, desvió la cara bruscamente mientras un ligero rubor le cubría las mejillas. —Oye... ¡quita tus ojos de encima de mí! —exclamó con molestia impostada—. Sabes perfectamente que soy de primer año, no me metas en tus locuras. —Jajaja, ¡bien dicho! —intervino Merlín, apareciendo de repente con una carcajada burlona mientras caminaba acompañada de su hermana menor, Milin—. No la presiones, Hiko, que apenas va comenzando. Milin solo observó a Yue con curiosidad, mientras la pequeña dragona, ajena al peligro y al destino que amenazaba a su padre, les dedicaba una sonrisa inocente a todos los presentes. —Oye, Miguel... —dijo Yue de pronto, inclinando la cabeza con curiosidad—. Tengo una pregunta. ¿Por qué tú y Mei se agarran de la mano? La pregunta cayó como una bomba silenciosa en medio del grupo. El ambiente, que hasta hace un segundo estaba lleno de burlas y risas por la propuesta de Hiko, se congeló por completo. Miguel se quedó paralizado a mitad de un paso, mirando sus dedos entrelazados con los de Mei como si de pronto se hubieran quemado, mientras un rojo intenso le subía desde el cuello hasta las puntas de las orejas. Mei, por su parte, soltó un pequeño ahogo, soltando la mano de Miguel de un tirón seco y dando un salto hacia atrás con los ojos abiertos de par en par, escondiendo los brazos tras su espalda. —¡Y-Yue! —exclamó Mei con la voz un octavo más aguda de lo normal, sintiendo cómo sus mejillas ardían como brazas—. ¡N-No es lo que piensas! Solo... solo estábamos... ¡el camino está resbaloso! ¡Sí, eso! ¡Era para no caernos! —Jajajaja, ¡te atraparon, Miguel! —estalló Hiko en una carcajada escandalosa, señalándolos sin ningún tipo de piedad mientras se apretaba el estómago—. ¡La niña les sacó la verdad en un segundo sin siquiera intentarlo! Alicia rodó los ojos con una sonrisa de medio lado, disfrutando del espectáculo, mientras Merlín soltaba una risita burlona al lado de su hermana Milin, quien miraba a Yue con los ojos brillando de diversión. Miguel se aclaró la garganta ruidosamente, intentando recuperar la dignidad que le quedaba frente a una niña dragón que simplemente inclinaba la cabeza, esperando una respuesta sincera con una inocencia absoluta. —A ver, Yue... —dijo Miguel, agachándose a la altura de la pequeña y raspándose la nuca con timidez, incapaz de sostenerle la mirada a Mei—. A veces... cuando dos personas se tienen mucho cariño y quieren protegerse el uno al otro en momentos difíciles, se toman de la mano. Es solo... una forma de decir "estoy aquí contigo". Yue parpadeó un par de veces, procesando la respuesta con la seriedad que solo una pequeña podía tener, antes de mirar a Mei y luego a Miguel. —Entiendo... —murmuró Yue, esbozando una sonrisa dulce—. Entonces ustedes dos se quieren mucho, ¿verdad? Mei tapó su cara roja con ambas manos, dejando escapar un gemido de pura vergüenza, mientras Hiko volvía a soltar otra carcajada que resonó por todo el lugar. —¿Así que son novios, verdad? —insistió Yue con la mirada fija en ellos, sin soltar su expresión de pura curiosidad infantil. Miguel soltó una risita apenada, rascándose la mejilla mientras Mei intentaba por todos los medios que el rubor de sus mejillas no la delatara por completo. —Bueno... se podría decir que sí —admitió Miguel en voz baja, mirando a Yue con una mezcla de calidez y nostalgia—. No te puedo mentir, Yue. Cuando veo a tu papá y a Natsuki juntos, siempre me pregunto cómo se siente el amor... A veces es tan lindo sentir todo esto. Cuando los sentimientos se cruzan o son opuestos, a veces simplemente se siente esa atracción inevitable. —¡Me alegro por ustedes, en verdad! —interrumpó Hiko con una sonrisa franca, dándole una palmada amigable en la espalda a Miguel antes de cambiar de tema y mirar alrededor con curiosidad—. Por cierto... ¿dónde está Freya? No la hemos visto en todo el día. —Si no mal recuerdo —intervino Alicia, cruzándose de brazos—, ella está investigando lo que Shirou estaba haciendo. —Se trata sobre la droga, ¿verdad? —preguntó Miguel, borrando la sonrisa de su rostro y adoptando un aire serio. —Así es —asintió Mei, recuperando la compostura—. Según los informes, Freya me dijo que Shirou estaba desesperado por detener esa droga, ya que era un peligro inminente para toda la población. Pero bueno... nosotros mismos fuimos testigos de lo que le pasó a ese chico de tercero, Drako. —Es verdad... —murmuró Hiko, apretando los puños al recordarlo—. Él perdió el control por completo y atacó a Carlos de la nada durante el festival. Pero para ese momento, ya había perdido toda su humanidad... Ese Dios acabó con la vida de Drako desde antes. —Así es —concluyó Miguel con pesadez, bajando la mirada—. Por eso Carlos tuvo que matarlo a sangre fría... a él y también a Óscar. No le quedó otra opción. —Es verdad... Carlos se ha vuelto aterradoramente fuerte, y Melissa también —añadió Hiko, recordando la brutal demostración de poder que presenciaron—. Ellos dos deben tener algún tipo de secreto. Siempre veo a Melissa rondando detrás de él, como si fuera un obstáculo o alguien a quien no puede perder de vista. La pasión de Melissa es desbordante... Ustedes vieron cómo acabó contra un ejército entero ella sola. Fue una locura total. Mientras hablaban, la sombra del grupo se alargó bruscamente cuando una figura avanzó hacia ellos a paso lento. De pronto, llegó Mío. Su rostro estaba desencajado, con la piel tan pálida como la de un cadáver y una mirada perdida que heló el ambiente al instante. —Mío... —murmuró Miguel, poniéndose de pie de inmediato al notar el estado en el que venía—. ¿Qué pasa? Pareces haber visto a un fantasma. Mío ni siquiera parpadeó. Tenía los labios secos y entreabiertos, y sus manos temblaban de manera incontrolable mientras apretaba un pergamino arrugado contra su pecho. La atmósfera ligera que Yue había creado unos momentos antes se evaporó por completo, dejando un silencio sepulcral en el que solo se escuchaba la respiración agitada de la recién llegada. Mío temblaba ligeramente, abrazándose a sí misma como si intentara protegerse del frío que le provocaban sus propios pensamientos. Miró al grupo con los ojos desorbitados por el cansancio y el desconcierto. —Me siento mal, chicos... —confesó Mío con la voz quebrada y un hilo de aliento tembloroso—. He tenido sueños... sueños de alguien que ni siquiera me pertenecen. Esos recuerdos... —¿Qué recuerdos? —preguntó Miguel de inmediato, dando un paso al frente mientras la preocupación se dibujaba en su rostro. Mei y Hiko se acercaron también, sintiendo un escalofrío al notar la gravedad en su tono. Mío trocó la mirada, perdida en las visiones que la atormentaban por las noches. —Una mujer... alta, de ojos azules y cabello rubio... Un silencio sepulcral cayó sobre el grupo, interrumpiéndose de golpe cuando Yue se tensó por completo. La pequeña dragona, que hasta hace un segundo jugaba inocentemente, dio un paso adelante con los ojos abiertos de par en par, fijos en Mío. —Esa mujer... —murmuró Yue en voz baja, con un tono escalofriante que no pertenecía a una niña—. Es la misma mujer que aparece en mis sueños. Miguel y Mei se intercambiaron una mirada llena de pavor. Si tanto Mío como la hija de Carlos estaban conectadas a la misma figura misteriosa a través de sus visiones, aquello no era una coincidencia casual, sino el presagio de una entidad ancestral que ya comenzaba a mover sus fichas. Mío tragó saliva con dificultad, mientras la temperatura alrededor parecía descender un par de grados. Yue la miraba fijamente, con los ojos rasgados de dragón brillando con una intensidad sobrenatural. —Dime... —insistió Yue, dando un paso más hacia ella, con una voz extrañamente grave para su pequeña figura—. ¿Te ha dicho esa mujer que mi papá corre peligro? —Así es... —respondió Mío en un susurro tembloroso, apretando los dientes mientras se llevaba una mano al brazo—. Pero eso no es lo peor. Cuando estaba dormida... aparecieron estas marcas. Mío se bajó ligeramente la manga de la túnica, revelando una red de patrones místico-luminosos que serpenteaban por su piel con un fulgor tenue y amenazante. Miguel y Hiko ahogaron un grito contenido al verlo. —No sé qué significan... —continuó Mío, mirando sus propias manos con terror—. Tal vez sean marcas del linaje de un dragón... Pero desde que tomé la Espada Mata Dioses, sentí que ya no era la misma de antes. Es como si algo dentro de mí hubiera despertado... o como si me estuvieran preparando para algo terrible. —La Espada Mata Dioses... —murmuró Mei, palideciendo al instante—. Mío, esa arma no debería responder ante cualquiera... Si esas marcas están reaccionando a la mujer de tus sueños y a la energía de Yue, significa que el Dios Antiguo o esa presencia del Abismo ya está manipulando las reliquias. Yue apretó sus pequeños puños, sintiendo cómo el maná draconiano dentro de su pecho comenzaba a rugir en respuesta a las marcas de Mío. La amenaza sobre Carlos no solo venía de fuera, sino que ya estaba incubándose dentro de la propia academia. Mío cayó de rodillas, apretando su brazo mientras las marcas brillaban con mayor intensidad, soltando destellos de una luz violenta y antigua que parecía quemarle la piel. —Tenemos que encontrar una forma de detener esto... pero no sé cómo —murmuró Mío con la voz ahogada por el dolor, mirando fijamente el suelo—. Algo me dice que ella... esa mujer... nos está utilizando a todas como recipientes. Antes de que Miguel o Mei pudieran agacharse para auxiliarla, el sonido de pasos apresurados y respiración agitada resonó por el pasillo. La puerta se abrió de golpe, revelando la silueta de Freya. Traía la capa manchada de polvo y sostenía un par de pergaminos arrugados junto a un pequeño frasco de cristal con un líquido negro y denso que parecía moverse por sí solo. —¡Chicos! Tienen que ver esto —dijo Freya, con el rostro serio y la voz cargada de urgencia mientras avanzaba hacia el centro de la habitación. El grupo se tensó al instante. Miguel ayudó a Mío a ponerse en pie, mientras Hiko y Alicia se colocaban al frente, cubriendo a Yue por instinto. —Freya, ¿qué encontraste? —preguntó Miguel, con la mirada fija en el extraño frasco que la joven sostenía con cautela—. ¿Tiene que ver con lo que Shirou estaba investigando? —Es peor de lo que pensábamos —respondió Freya, dejando caer los documentos sobre la mesa central y apuntando al frasco—. Esta no es solo una droga común para aumentar el maná. Es la sangre concentrada del Dios Antiguo... mezclada con la energía del Abismo. Shirou descubrió que no la están distribuyendo al azar. Alguien la está usando en los alumnos de la academia para encontrar a un recipiente compatible... alguien capaz de portar la Espada Mata Dioses y acabar con Carlos. Un silencio sepulcral cayó sobre la estancia. Mío se miró las marcas del brazo con horror, mientras Yue apretaba los dientes, sintiendo cómo la amenaza contra su padre se volvía cada vez más real. Mío miró el frasco con la sangre concentrada del Abismo y luego sus propias manos, sintiendo cómo un sudor frío le recorría la espalda. La confusión y el pánico se reflejaban claramente en sus ojos. —Pero... ¿cómo? —balbuceó Mío, con la voz temblándole por la angustia—. ¡Si yo jamás consumí nada de esa porquería! —No, espera... tal vez no seas tú, Mío —intervino Miguel, analizando la situación con rapidez mientras un destello de comprensión y terror cruzaba su rostro—. Si están buscando un recipiente de esa manera... no es solo para controlar a alguien. Es para traer a la vida al Dios Demonio de la Destrucción. El aire en la habitación se volvió sofocante al pronunciar ese nombre. —¡¿El Dios Demonio de la Destrucción?! —exclamó Hiko, dando un paso atrás con los puños apretados—. Se supone que ese monstruo permanecía sellado desde la era ancestral... Si los remanentes del Abismo y la secta de la droga están usando la sangre del Dios Antiguo para romper el sello, necesitan a alguien con una afinidad mágica pura o una reliquia divina para encarnar su conciencia. —Por eso la Espada Mata Dioses reaccionó contigo, Mío —explicó Freya con gravedad, mostrando los informes de Shirou—. No necesitaban que consumieras la droga directamente; la resonancia del arma con el catalizador del Dios Antiguo en la academia fue suficiente para activar las marcas de linaje en ti. Te están usando como una antena para canalizar el ritual desde las sombras. Yue dio un paso al frente, con un destello dorado brillando en sus pupilas draconianas mientras miraba fijamente las marcas en el brazo de Mío. El silencio cayó sobre la habitación como una losa de plomo. Freya desdobló lentamente la última página de los informes de Shirou, revelando unas notas manuscritas con trazos erráticos y manchados de tinta seca. Sus manos comenzaron a temblar salvajemente. —Pero hay algo más... —murmuró Freya, con la voz apenas audible. Lentamente, se llevó la mano a la boca para ahogar un sollozo de puro terror al leer las últimas líneas. Su rostro perdió todo rastro de color. —No... No puede ser... —susurró Freya, retrocediendo un paso como si los papeles en sus manos quemaran. —¿Qué pasa, Freya? ¡Habla de una vez! —exclamó Miguel, sintiendo un nudo opresivo en el estómago. —Shirou... él... él consumió la droga... —¡¿EN SERIO?! —gritó Hiko, dando un paso al frente fuera de sí—. ¡¿Qué?! ¡¿Imposible?! —¡¿Ese idiota...?! —Mei se llevó las manos a la cabeza, mirando el frasco con el líquido negro y luego a los demás con los ojos desorbitados—. ¡Él sabía mejor que nadie lo peligrosísimo que era esto! ¡Estaba investigándolo! ¡Vio lo que le pasó a Drako! —No lo hizo por imprudencia... —interrumpó Freya con la voz quebrada, leyendo la última nota de Shirou—. Estaba acorralado. Descubrió que la droga ya estaba en la fase final para activar al recipiente. Para medir los efectos, buscar una cura desde dentro o evitar que el catalizador alcanzara a Mío... decidió probarla en su propio cuerpo. Pensó que con su fuerza de voluntad podría contener la corrupción del Dios Demonio. —¡Ese imbécil rematado! —apretó los puños Miguel, haciendo crujir sus nudillos con rabia y desesperación—. ¡Creer que podía controlar la sangre de un Dios Antiguo él solo! —¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Alicia con pánico reflejado en el rostro—. ¿Cómo diablos se lo diremos a Shirou cuando pierda el control? ¿O cómo se lo diremos a Carlos si descubre que su amigo se convirtió en la misma amenaza que tuvo que ejecutar en el festival? Yue miró fijamente las notas arrugadas en la mesa. La sombra del Dios Demonio de la Destrucción no estaba esperando fuera de la academia... ya estaba devorando a uno de sus propios aliados desde adentro. En uno de los bordes más apartados del Drak'Tharion, lejos del bullicio y la tensión de la academia, Shirou se encontraba de pie sobre el puente. El viento marino le azotaba el rostro mientras mantenía la mirada fija en el horizonte del mar, sintiendo una pesadez sofocante circulando por sus venas. De pronto, el aire a su alrededor se volvió denso y helado. Una voz ancestral y profunda, cargada de una malevolencia que hacía vibrar el espacio mismo, resonó directamente en el interior de su cabeza: —¿Tú eres Shirou Shimizu... el hermano de Shiro? Shirou ni siquiera se inmutó. Apretó la barandilla de piedra con fuerza hasta que sus nudillos se pusieron blancos, manteniendo la vista en el agua antes de responder con una calma fría y amenazante. —Parece que por fin nos vemos cara a cara... Dios Demonio. Una carcajada oscura y rasposa resonó en la mente de Shirou, acompañada por un chispazo de maná corrompido que hizo que las venas de su cuello se marcaran de un tono morado oscuro por un segundo. —Nunca pensé que un nocturno como tú pudiera consumir esta droga hecha de mis propios fragmentos... Shirou cerró los ojos un instante, conteniendo el dolor punzante que amenazaba con desgarrarle la cordura desde adentro. Al abrirlos, sus pupilas brillaban con un destello de pura determinación. —No vine para ser tu recipiente —dijo Shirou en un murmullo helado, cortando las palabras de la entidad ancestral—. Solo vine a advertirte... Si te atreves a revivir, te mataré de una vez por todas. Una risa seca, distorsionada y cargada de una malevolencia abrumadora retumbó en la mente de Shirou, haciendo que la estructura misma del puente pareciera temblar a su alrededor. —¿Pretendes matarme? —se burló el Dios Demonio, sumergiendo los pensamientos de Shirou en un abismo de ecos oscuros—. Eso mismo lo dijo otra persona... Carlos Tanaka Sánchez. ¿Pero tú? No eres nada contra mí, Shirou. Será mejor que guardes tus palabras, o ¿acaso no quieres que se repita la historia otra vez? Shirou apretó los dientes, sintiendo cómo un sudor frío le recorría el cuello mientras las venas marcadas por la droga comenzaban a pulsar con violencia en sus brazos. —¿A qué te refieres? —exigió Shirou, manteniendo la voz firme a pesar de la punzada de pavor que le atravesó el pecho. La entidad soltó una carcajada estridente, un sonido chirriante que parecía disfrutar cada segundo de la incertidumbre del joven. —Oh... ¿no lo sabías? —susurró la voz, volviéndose horriblemente cercana, como si la sombra estuviera parada justo a sus espaldas—. Tú morirás, jajaja... Pero no ahora. Sí en el futuro. El silencio volvió a caer sobre el mar, pesado y sofocante. Shirou se quedó inmóvil en el puente del Drak'Tharion, con el corazón latiéndole a mil por hora, procesando el macabro vaticinio que el Dios Demonio acababa de plantar en su mente.
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Estás leyendo el capítulo 320 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.