arrow_back

Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 318 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Debería estar contento, Shima —dijo Shizune con tono sereno, rompiendo el silencio del pasillo—. Robert ha muerto. Agradece que el Caballero Oscuro lo haya matado. Shima se detuvo bruscamente, girándose hacia ella con los ojos abiertos de par en par. —¿Cómo sabes que él murió? —preguntó, con la voz cargada de incredulidad. —No es tan difícil de averiguar —respondió Shizune, ajustando su postura—. Mandé a uno de los nuestros a investigar y encontraron los restos del abismal. —¿Y eso cuándo fue? —Hace seis meses, su majestad —continuó Shizune con mirada grave—. En ese momento vi todo. En verdad ese Caballero Oscuro es demasiado poderoso para vencer a un abismal por sí solo. Pero antes de que él lo derrotara, alguien más apareció frente a él... Shima dio un paso al frente, apretando los puños con evidente alteración. —¿Qué? ¡Dime quién era esa otra persona! —La persona es el Dios Nocturno —reveló Shizune, bajando el tono para que las sombras del Palacio no escucharan—. El ser de hace mil años que desapareció ha aparecido para traer el caos al mundo. Y según mis informes, volvió a atacar la academia Ryouou Clannad y el Festival del Año... el evento más importante de todas las razas. —¡Eso es imposible! —exclamó Shima, apoyando con violencia ambas manos contra la pared de mármol del pasillo, mientras una sudoración fría recorría su nuca—. Él murió... murió hace mil años junto con el Héroe Legendario y la diosa de la guerra, Mikoto. Esto es malo... muy pero muy malo. ¿Cómo demonios se supone que vamos a detener a un ser de esa magnitud? ¡No hay nadie en este plano que sea capaz de vencerlo! El eco de sus palabras resonó en las alturas de las columnas de madera sagrada. El aire en el Palacio de Arce se volvió denso, sofocante, hinchado por el pánico latente de un príncipe que veía cómo el mundo que intentaba proteger se desmoronaba en secreto. Shizune no dio un solo paso atrás. Mantuvo la cabeza erguida, aunque el temblor imperceptible en sus dedos traicionaba la enorme presión que ambos sentían. —Si me disculpa, su majestad... hay una persona que puede hacerle frente —dijo Shizune en un susurro cargado de una gravedad siniestra—. Creo que ha llegado la hora de que hable con el Dios General Dragón. Si usted logra comunicarse con él y le explica lo que está pasando... él podría acabar con esa amenaza en cuestión de segundos. Shima la miró como si de repente le hubiera crecido una segunda cabeza. La sangre se le congeló en las venas y sus pupilas se contrajeron violentamente por la rabia y el horror. —¿Acaso te volviste loca?! —rugió Shima en un susurro desesperado, tomándola bruscamente por los hombros mientras la mirada se le desorbitaba—. ¡Ese dragón jamás nos ayudaría a nosotros ni a nadie! Desde que su hermana murió, ¡ese maldito ser perdió por completo la cordura! ¿Acaso ya olvidaste la masacre? ¿Tienes idea de cuántos reinos enteros han sido reducidos a cenizas y devastados por su ira descontrolada mientras busca al asesino? Shima la soltó, dando dos pasos hacia atrás mientras se pasaba las manos por el rostro, temblando visiblemente. —Llamar la atención del Dios General Dragón no es pedir ayuda, Shizune... ¡es invocar la erradicación total! Si ese monstruo pone un solo pie en nuestro territorio o en el Reino de Sage, no buscará culpables ni alianzas; reducirá a polvo a los abismales, a los humanos, a Gran-Aura y a los elfos por igual. ¡Estaríamos entregándole el mundo a un loco sediento de venganza! —¡Eso lo sé, pero no hay otra manera de hacerlo, su majestad! —gritó Shizune con la voz quebrada por la desesperación, sujetándole los brazos a Shima mientras las lágrimas de impotencia amenazaban con brotar de sus ojos—. ¡Todos tenemos miedo de ser borrados de la existencia por ellos! ¡Usted no sabe el miedo en el que vive nuestra gente día y noche! ¡Si no hacemos algo, todos nosotros...! —Morirán —sentenció una voz gutural y helada que pareció nacer del fondo mismo del suelo. El ambiente dentro del pasillo se congeló en un instante. Una presión aplastante y sofocante cayó sobre el lugar, haciendo que la madera sagrada de las paredes crepitara bajo una fuerza invisible. Las sombras de las columnas comenzaron a retorcerse, densas como la brea, desprendiendo un pestilente aroma a azufre y sangre seca. Desde la penumbra más profunda emergió Skorn. Su silueta era una masa de aura abismal pura que ahogaba la luz de las antorchas. Sus ojos refulgían con una malevolencia que paralizó el corazón de Shizune, dejándola sin aliento, incapable de mover un solo músculo mientras sus rodillas temblaban violentamente. —Así que... ¿planean darnos la espalda? —murmuró Skorn, dando un paso lento cuya sola pisada vibró en los huesos de ambos elfos—. Tal vez Robert haya muerto a manos de ese Caballero Oscuro... pero no olviden que aún quedamos 14 de nosotros vivos. Skorn se inclinó levemente hacia Shima. El aire a su alrededor se volvió tan pesado que a Shima le costaba inhalar, sintiendo como si miles de agujas de maná corrupto le atravesaran los pulmones. La muerte misma estaba a solo unos centímetros de sus rostros. —Se los dejaré sumamente claro... —siseó Skorn con una sonrisa macabra que reveló colmillos afilados, dejando que su aura de terror envolviera por completo a la realeza elfa—. Si se atreven a buscar a ese dragón o a dar un solo paso en nuestra contra... los mataré a ustedes. A ti, a ella, a tu hermano Saleh y a cada maldito elfo que respire en este bosque. Los despellejaré vivos antes de que puedan articular una sola plegaria. —¿Q-Qué es lo que quieren de nosotros...? —preguntó Shima con la voz entrecortada, apretando los dientes para evitar que el castañeo de sus dientes delatara el pánico visceral que amenazaba con paralizarlo por completo. Skorn dejó escapar una risotada baja, una vibración siniestra que hizo retumbar las paredes del recinto y envió un escalofrío mortal por la columna de Shizune, quien permanecía inmóvil, helada por el terror. —Ustedes saben muy bien que los elfos son los más poderosos de las grandes razas, al igual que los dragones —respondió Skorn, con una mirada sádica y calculadora que parecía devorar sus almas—. Controlarlos a ustedes fue una tarea sumamente fácil... Pero con los vampiros y los semihumanos no fue diferente; ellos también cayeron ante nuestro dominio, al igual que los enanos. Skorn dio un paso más hacia Shima, permitiendo que la masa informe de su aura abismal rozara las vestiduras del príncipe elfo, asfixiando cada partícula de aire puro en el pasillo. —En este momento, solo me queda someter al Reino de Sage... —continuó Skorn, entornando los ojos con evidente frustración y veneno—. Pero con la protección del Dios Dragón sobre ellos, no podemos hacer nada por ahora. Así que mantengan sus sucias lenguas atadas y sigan sirviendo como los títeres obedientes que son, si no quieren ver a su preciado reino arder hasta las cenizas. —Además, la tecnología de ustedes es mucho más avanzada —añadió Skorn, dibujando una sonrisa cruel mientras jugueteaba con un filamento de energía oscura entre sus dedos—. Gracias a eso tenemos a nuestra disposición buenos artefactos y armas sumamente poderosas... Pero aun así, no es suficiente para lo que se avecina. Skorn se inclinó bruscamente sobre el rostro de Shima, sofocando el aire entre ambos. La presión de su presencia hizo que Shizune ahogara un grito de puro terror, cayendo de rodillas al suelo, incapaz de soportar la aplastante manifestación de muerte que emanaba del abismal. —Por eso mismo, necesito que vigiles a tu propio hermano, Saleh... —siseó Skorn, clavando sus ojos sangrientos en las pupilas dilatadas de Shima—. No apartes la mirada de él ni un solo segundo. Porque si ese idiota intenta comunicarse con el Dios Dragón o nos traiciona durante el viaje a Sage... no querrás ver a tu preciada ciudad reducida a llamas y a tu gente suplicando piedad antes de ser masacrada. La sombra de Skorn envolvió el pasillo por un instante eterno antes de disiparse gradualmente en la penumbra, dejando tras de sí un silencio sepulcral, el denso olor a azufre y a dos príncipes elfos temblando sobre el frío mármol. —¡Maldición! —rugí, descargando con toda mi furia un puñetazo contra el suelo de mármol. El impacto agrietó la piedra y dejó mis nudillos ensangrentados, pero el dolor físico no era nada comparado con el infierno que me devoraba por dentro—. Condené a mi propio reino... Soy un absoluto idiota por ser tan débil. Si tan solo Saleh hubiera sido el rey, este reino no estaría siendo controlado por estos malditos demonios... Shizune aún temblaba en el suelo, limpiándose las lágrimas de terror mientras intentaba ponerse de pie. El denso rastro de azufre de Skorn todavía flotaba en el aire, recordándonos que las cadenas del Abismo estaban apretadas firmemente alrededor de nuestros cuellos. De pronto, tres golpes firmes resonaron al otro lado de la pesada puerta de roble. —¿Hermano? ¿Estás aquí? —se escuchó la voz de Saleh desde el pasillo. El corazón se me detuvo por un segundo. Shizune dio un brinco, tapándose la boca con pánico y mirando la puerta con los ojos desorbitados. —Su majestad... es él —susurró Shizune al borde del colapso, mirando aterrorizada la sangre en mis manos y el mármol roto—. ¿Q-Qué es lo que vamos a hacer? Apreté los dientes con fuerza, tragándome el nudo de desesperación que amenazaba con ahogarme. Me limpié la sangre en las vestiduras reales con un movimiento brusco y traté de componer la postura, disfrazando el miedo visceral bajo una máscara de fría entereza. —Por el momento hay que fingir —respondi en un susurro apresurado pero tajante, mirando fijamente a Shizune—. No quiero que él me odie. Trataré por todos los medios de que ni él ni mi sobrina paguen el precio de mis errores. Hice una breve pausa para estabilizar mi respiración, apretando los puños a mis espaldas antes de alzar la voz hacia la puerta: —Pasa, Saleh... Estoy aquí. La pesada puerta de roble se abrió lentamente, dejando entrar la figura de Saleh. Se detuvo un instante en el umbral, ajustando su capa de viaje mientras sus ojos expertos recorrían el salón de par en par. La tensión en el aire se podía cortar con una daga, y aunque Shizune intentaba disimular limpiando apresuradamente un mueble, el leve temblor de sus manos no pasó desapercibido. —Shima... —dijo Saleh, dando unos pasos hacia el centro de la habitación con el ceño levemente fruncido—. Te estuve buscando por todo el ala este. La escolta real ya está lista para partir al Reino de Sage. ¿Qué estaban haciendo aquí adentro? Me forcé a esbozar una sonrisa tranquila, manteniendo las manos cruzadas a la espalda para ocultar los nudillos agrietados y ensangrentados. Cada latido de mi corazón sonaba como un martillazo en mis oídos; la sombra de Skorn y sus amenazas aún se sentían frescas en el ambiente. —Nada de qué preocuparse, hermano —respondí con una voz sorprendentemente firme, aunque por dentro me quemaba el remordimiento—. Solo repasaba con Shizune los últimos informes tácticos y las rutas de suministro antes de nuestro viaje. No queremos sorpresas en el camino. Saleh se detuvo frente a mí, clavando su mirada dorada en mis ojos. Hubo un silencio pesado de varios segundos. Saleh no era estúpido; podía sentir que algo andaba mal, pero la barrera que yo había erigido entre los dos era demasiado gruesa. —Espero que sea solo eso —murmuró Saleh, dejando escapar un suspiro de resignación mientras se cruzaba de brazos—. Sabes que puedes confiar en mí, Shima. Alefa también vendrá con nosotros. Si hay alguna amenaza acechando en las sombras o si el Abismo está moviendo sus piezas cerca de nuestras fronteras, debemos enfrentarlo juntos como familia. Escuchar el nombre de mi sobrina me oprimió el pecho con una fuerza desgarradora. "Trataré de que ni él ni mi sobrina paguen el precio", me repetí mentalmente como un mantra de desesperación. —Lo sé —asentí, dándole una palmada firme en el hombro con la mano limpia—. Alefa estará segura. Ahora ve a supervisar la vanguardia; yo me reuniré con ustedes en las puertas principales en cinco minutos. Saleh dudó un momento, pero finalmente asintió y se giró para salir del recinto. Tan pronto como el sonido de sus pasos se desvaneció en el pasillo, dejé caer la cabeza, soltando todo el aire que había estado reteniendo. Shizune se apoyó exhausta contra la pared, cayendo sentada sobre el suelo. —Su majestad... Saleh sospecha —susurró ella con el rostro pálido—. Si Skorn descubre que Saleh o Alefa intentan hacer algo sospechoso durante la cumbre en Sage... —No lo permitiré —la interrumpí, con la mirada oscurecida por una determinación amarga—. Los mantendré bajo control, cueste lo que cueste. Que el Abismo cree que soy su marioneta perfecta... pero cuando llegue el momento oportuno, encontraré la forma de romper estas cadenas sin que mi familia sufra las consecuencias. Me ajusté el manto real, ocultando la herida de mi mano, y caminé hacia la salida del palacio. El viaje al Reino de Sage había comenzado, y el tablero de esta guerra diplomática y ancestral estaba más peligroso que nunca. —¿Dime, hermano... irás a ver a Tanaka Sánchez? —preguntó Shima, caminando a mi lado por el pasillo del palacio con la mirada puesta en el camino. Me detuve un momento, dejando que un leve destello de orgullo cruzara mi rostro antes de disimularlo. —¿Te refieres a mi discípulo? Por supuesto —respondí, manteniendo la voz serena—. Quiero saber qué tan fuerte se ha hecho. No he tenido la oportunidad de verlo últimamente, pero espero que haya dominado la técnica de teletransportación. Sabes muy bien que no hay nadie más en este mundo que pueda usarla... Shima guardó silencio durante unos pasos, observándome de reojo con una mezcla de respeto y profunda preocupación. —Eso lo sé... Tú naciste con ese poder y un talento excepcional —dijo Shima en voz baja, deteniendo su paso para mirarme de frente—. Pero... has cargado con demasiado, ¿verdad? La muerte de tus... —Hermano —lo interrumpí de inmediato, cerrando los ojos mientras apretaba los puños tras la espalda—. Sé perfectamente lo que me pasó hace años. Cuando Angélica y yo luchamos a muerte... El odio hacia esa mujer es tan fuerte que ni siquiera ella tiene el corazón para disculparse por lo que hizo. El ambiente se volvió pesado. Las viejas heridas de la familia real salieron a la superficie, demostrando que no solo el Abismo nos rodeaba, sino también los fantasmas del pasado que aún no terminaban de sanar. —Lo noté cuando Sage, James Grayson y Aiden vinieron a mi reino sobre la propuesta del festival... —murmuró Shima, bajando ligeramente la cabeza mientras el peso del recuerdo apretaba su pecho—. Es evidente que tú y ella se odian a muerte. Pero... ¿por qué no intentas perdonarla, Saleh? Las palabras de Shima se congelaron en el aire como un impacto helado. Me detuve en seco en mitad del pasillo. La sola mención de esa palabra —perdonarla— hizo que la sangre me arriera en las venas y que el corazón me diera un vuelco violento dentro del pecho. —¿Qué? —respondí en un susurro que tembló de rabia e incredulidad. Me giré bruscamente hacia él, clavándole una mirada llena de dolor contenido—. ¡De ninguna manera! ¿Por qué me pides algo como eso, hermano? ¡¿Por qué?! Yo simplemente... yo no puedo... Apreté los puños con tanta fuerza que mis nudillos crujieron, sintiendo cómo los bordes de la culpa gastada volvían a enterrarse en mi alma. Tragué saliva, pero el nudo en mi garganta era demasiado amargo, demasiado denso para desaparecer. —Cada vez que la miro... cada vez que esa mujer respira cerca de mí, todo el maldito dolor regresa de golpe —dije, y esta vez mi voz se quebró, traicionando la entereza que tanto me había costado fingir durante años—. Ellos eran mis amigos, Shima. ¡Eran las personas con las que crecí, con las que reí, con las que juré proteger este bosque! Dieron sus vidas enteras por este reino... ¡y aún así yo no fui lo suficientemente fuerte para salvarlos! El eco de mis palabras retumbó en las paredes de piedra del palacio, rompiéndose en un silencio sofocante. Las imágenes de aquella sangrienta batalla volvieron a proyectarse detrás de mis ojos como un torbellino desgarrador: el olor a hierro quemado, el humo asfixiante, el frío desgarrador de sus manos cuando la vida se les escapaba y la mirada de desesperación que me lanzaron antes de cerrar los ojos para siempre. —¿Sabes cuánto me atormenta eso cada día de mi existencia? —continué, cayendo de rodillas sin poder evitarlo mientras me apretaba el pecho con ambas manos, intentando contener la agonía que amenazaba con destrozarme por dentro—. ¡No tienes ni idea de lo que se siente! No sabes lo que es cerrar los ojos por la noche y seguir escuchando sus gritos... no sabes lo que es verlos morir en carne propia mientras tu propia debilidad te paraliza en el suelo. Un par de lágrimas pesadas cayeron sobre el mármol del pasillo. Shima permaneció en silencio, impactado, incapaz de articular palabra ante el abismo de culpa y tristeza que su hermano había guardado en lo más profundo de su corazón durante tanto tiempo. —Perdonarla a ella... sería traicionar la memoria de los que cayeron —murmuré con la voz rota, mirando al suelo con los ojos nublado por el llanto—. Esa cicatriz no va a cerrar jamás, Shima. Y aunque pasen mil años más, el odio y la culpa son lo único que me recuerda que sigo vivo.
The strongest warrior of humanity (Novela)

Continúa leyendo

The strongest warrior of humanity (Novela)

Capítulo 319

Siguiente Capítulo ›

The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 318

Estás leyendo el capítulo 318 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.