Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 317 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Punto de vista de la Facción Abismal)
En las profundidades del Reino Abismal, una atmósfera pesada y sofocante cubría el salón del trono. Las sombras se retorcían en las paredes mientras los seres más temibles de la facción se reunían tras el llamado de emergencia.
—Parece que las grandes naciones se han atrevido a rebelarse ante nosotros... —comentó una voz helada que resonó entre las tinieblas.
Gabriel dio un paso al frente, observando a la poderosa asamblea reunida en el recinto: Sayu, Astaroth, Leviatán, Alexia, Laxuz, Lucas, Skorn, Belcebú, Belfagor, Satán, Azazel, Lucifer y Mónica.
—Me alegro de que todos estén aquí —dijo Gabriel con una calma fría en su rostro—. La razón por la cual los llamé es para darles un informe: Yoruzu murió en batalla, pero su sacrificio valió la pena para deshacernos del Dios de la Espada y el Héroe de las Sombras, junto con el hermano menor de Carlos. Nuestros planes han salido a la perfección.
Un murmullo de satisfacción recorrió el recinto al escuchar el resultado.
—En fin, todo el plan se llevó a cabo gracias a Lucifer —continuó Gabriel—. Además, el Dios Demonio de la Destrucción ha dejado un registro en el festival del año...
Mónica abrió los ojos de par en par, interrumpiéndolo con evidente sorpresa.
—¿Qué? Espera... ¿él acaba de despertar? —preguntó Mónica, sintiendo la enorme presión que representaba ese evento.
Las miradas de Sayu, Astaroth, Leviatán, Alexia, Laxuz, Lucas, Skorn, Belcebú, Belfagor, Satán, Azazel y Lucifer se cruzaron en silencio. La caída de los héroes y el despertar del Dios Demonio marcaban el inicio de una nueva era de caos, justo cuando la nación de Gran-Aura terminaba de alzar sus murallas.
—No del todo —intervino Gabriel, corrigiendo la suposición—. La droga que consumió Drako dejó algo en claro, y es que sí funciona. Solo que el detalle es que tenemos el corazón del Dios Demonio; lo importante ahora es conseguir un cuerpo. Una vez que todos consuman esa droga, morirán... las almas serán un gran sacrificio.
Alexia frunció el ceño, dando un paso al frente con una inquietud en la mirada.
—Tengo una duda —dijo Alexia, observando a los altos mandos—. Si quieren traerlo a la vida, ¿por qué no usamos a Kronos?
—Eso sería imposible —respondió Lucifer con voz tajante y autoritaria—. Kronos no puede ser usado de sacrificio, ya que un dios lo está ocupando. Y no podemos darle la espalda ahora que todos nuestros planes han salido bien.
—Mmm, ya veo... ¿Qué opinas, Leviatán? —preguntó Mónica, desviando la mirada hacia el gran demonio.
—¿No sería buena opción usar de carnada a Tanaka Sánchez? —propuso Leviatán con una sonrisa calculadora.
—Eso sería difícil... —intervino Gabriel, negando lentamente con la cabeza—. En estos momentos se encuentra en el reino de Sage. No podemos atacar por ahora, ya que si lo hacemos nos meteríamos en problemas con el Dios General Dragón.
—Es verdad —coincidió Satán, apoyando los brazos con pesadez—. A ese tipo no lo podemos tocar; es una amenaza que no podemos evitar. Pero también... ¿qué pasa si nos atacan a nosotros? Saben que todos terminaremos muertos ante él.
—Tienes razón —dijo Belcebú—. Belfagor y yo podemos darle pelea a ese loco dios, pero aquí el detalle sería Carlos y sus guardianes. Primero hay que ir por él. ¿Qué les parece si vamos a destruir el reino de los humanos?
—¡Eso sería divertido! —exclamó Azazel, dejando escapar una risotada siniestra—. Siempre y cuando no se metan los dioses. Ellos son unos traidores, jajaja... dándole esperanza a los humanos de que están a salvo, pero Zeus sabe muy bien las consecuencias de la situación en la que están ahora.
«"Están locos... ¿Cómo demonios harán eso si Shiro está presente? No pueden entender que si lo desafían solo ellos terminarán muriendo en vano. Solo espero que mi plan haya salido a la perfección... espero que cumplas con tu palabra, Shiro de la Destrucción. Espero que Amadeus esté a salvo en Austria..."»
(Hace unos meses atrás...)
—Shiro, tenemos que hablar —dije, mirando fijamente a las tres clones de Shiro frente a mí—. ¿Crees que podrías infiltrarte en el reino y llevarte a Amadeus? No pude lograr escapar con ella; estoy como prisionera y no quiero que sufra más por esto...
—No te preocupes, lo haré —respondió Shiro sin dudar—. Lo hago porque sé que Carlos lo haría sin pensarlo dos veces.
—En verdad, gracias...
—No tienes por qué agradecer. Solo hago lo que es correcto.
—¿Estás segura? —dijeron al unísono la Shiro del Amor y Amabilidad junto a la Shiro de la Naturaleza de la Humanidad, observándola con preocupación.
—Completamente —respondió la Shiro de la Destrucción con determinación—. No hay margen de error cuando se trata de proteger a los nuestros.
—El plan está decidido entonces —interrumpó Gabriel, devolviendo la atención a la mesa del Reino Abismal y cortando el hilo de pensamientos de la espía—. La meta principal sigue siendo recolectar las almas necesarias para el receptáculo. Si los humanos o el reino emergente de Carlos intentan entrometerse, los aplastaremos antes de que los dioses decidan intervenir.
—Así se habla —se burló Lucifer con una sonrisa gélida—. Dejemos que Zeus y el Dios General Dragón sigan creyendo que tienen el control del tablero. Cuando se den cuenta de lo que estamos construyendo con el corazón del Dios Demonio, será demasiado tarde para todos ellos.
Mientras los altos mandos del Abismo afinaban los últimos detalles de su ofensiva contra el mundo humano, la misteriosa prisionera apretó los puños en silencio, aferrándose al secreto que guardaba en su pecho.
La misión clandestina de las clones de Shiro ya había sido puesta en marcha meses atrás. Si Amadeus continuaba oculta y protegida en Austria, lejos del alcance de los abismales y de los dioses, aún quedaba una esperanza para inclinar la balanza a favor de Carlos y la recién fundada nación de Gran-Aura.
—La diferencia está clara, Amadeus —dijo la Shiro del Amor y Amabilidad, observándola con una mirada llena de compasión antes de hacer una pausa—. Dime algo... ¿qué es lo que te pasó? ¿Por qué tienes todas esas torturas en tu cuerpo?
Amadeus bajó la cabeza, apretando las manos temblorosas mientras los recuerdos dolorosos de milenios volvían a su mente.
—Yo... porque quería iniciar una rebelión —confesó Amadeus con la voz quebrada y ahogada por las lágrimas—. Estaba cansada de vivir así... quería encontrar mi paz, yo quería ser libre. Pero Lucifer es un asco. Llevo más de 10 mil años de tortura... ellos simplemente se aprovechaban de mí.
—Pero cuando vi que Sayu estaba herida de los ojos, no podía creer lo que estaba pasando... —continuó Amadeus con la mirada perdida—. Querían matarla junto conmigo. Si no hubiera sido por ese humano que vino a salvarnos, ambas estaríamos muertas.
—¿Hablas de Carlos? —preguntó la Shiro de la Destrucción, atando los cabos de aquel rescate—. Él siempre se arriesga por todo. Él te conoce, y por esa misma razón fue a rescatarte, pero fracasó porque eran 14 abismales. Si él luchaba solo contra todos ellos, terminarían matándolo.
—Aun así, él no dudó en dar la cara por ti —añadió la Shiro de la Naturaleza de la Humanidad, cruzándose de brazos con expresión seria—. Ese idiota siempre actúa antes de pensar cuando se trata de la gente que le importa.
Amadeus se limpió una lágrima con el dorso de la mano y dejó escapar un suspiro tembloroso.
—Lo sé... por eso no puedo permitir que vuelva a arriesgar su vida por mí —dijo Amadeus con absoluta firmeza—. Si Lucifer o Gabriel descubren que las clones me sacaron de ahí y me ocultaron en Austria, desatarán el infierno. Pero mientras yo esté a salvo y ustedes mantengan la fachada, Carlos tendrá el tiempo necesario para consolidar Gran-Aura y preparar la defensa.
La Shiro de la Destrucción asintió en silencio, ajustando su postura con un aura dominante.
—Entonces el plan no cambia —sentenció la Shiro de la Destrucción—. Mantenlos entretenidos en la reunión del Abismo. Que crean que tienen el control y que la marioneta sigue en su celda. Mientras ellos planean atacar el reino de los humanos y usar la droga del Dios Demonio, nosotras terminaremos de mover las piezas desde la sombra. Carlos no estará solo esta vez.
(Punto de vista de Lucas)
Permanecí en silencio mientras la discusión en la mesa del Abismo continuaba a nuestro alrededor. Gabriel, Lucifer y los demás seguían debatiendo sobre el corazón del Dios Demonio, el sacrificio de almas y el ataque al reino de los humanos, pero sus voces se volvieron un murmullo distante para mí.
Miré mis propias manos. Manos que habían derramado más sangre de la que podía recordar, atadas para siempre al hilo de la culpa y a un pasado que jamás dejaría de perseguirme.
Mi mente regresó inevitablemente a aquellos días en el templo. A la época en la que Gojo Akinori, Arlette y yo caminábamos bajo la misma luz, antes de que las sombras del Abismo nos consumieran por completo.
Recordaba el olor a incienso y la paz que alguna vez respiró aquel santuario sagrado. Pero sobre todo, recordaba el día en que todo se rompió. El día en que ese monstruo ancestral irrumpió en el templo sagrado, trayendo consigo una marea de energía corrupta y muerte.
Arlette fue la primera en dar un paso al frente para protegernos. Aún podía ver la desesperación en los ojos de Gojo mientras luchábamos codo a codo para contener a la bestia. La fuerza del monstruo era descomunal; desgajaba la piedra del templo como si fuera papel y anulaba nuestro maná con cada zarpazo.
—¡LUCAS! ¡GOJO! ¡NO SE DETENGAN! —gritó Arlette mientras su cuerpo colapsaba bajo el peso de las heridas.
Vi el momento exacto en que las garras de la criatura atravesaron el pecho de Arlette. El sonido de su último aliento congeló a Gojo en su lugar. La mirada de horror y la culpa aplastante que se instaló en el rostro de Gojo en ese preciso instante fue algo que jamás pude borrar de mi memoria. Ver morir a su amiga más cercana frente a sus ojos, incapaz de salvarla mientras el templo se derrumbaba en ruinas, quebró a Gojo por dentro. Cargó con esa culpa durante años, atormentado por el peso de su propia debilidad ante un monstruo que no debió haber existido.
Y yo... yo no fui capaz de evitarlo tampoco. Dejé que ese dolor nos moldeara a todos.
—Oye, Lucas... ¿estás escuchando? —la voz de Skorn me sacó bruscamente de mis pensamientos, devolviéndome a la realidad del Reino Abismal.
Parpadeé lentamente, ocultando el destello de nostalgia y pesadez en mis ojos.
—Los escucho perfectamente —respondí con tono frío y desinteresado, cruzándome de brazos—. Sigan con su plan. Solo asegúrense de que cuando nos enfrentemos a Carlos y a sus Guardianes, nadie vuelva a cometer el error de dudar en el momento decisivo.
«"Necesito encontrar la forma de no cruzarme con Gojo. Él no debe saber, ni mucho menos Arlette, que aún sigo con vida... Bueno, al menos fue gracias a Lucifer que regresé a la vida."»
Apreté los puños en silencio, manteniendo la mirada fija en el mapa del salón mientras los demás continuaban discutiendo. Pero mirando la situación global, las piezas del tablero eran mucho más complejas de lo que aparentaban. No solo los dioses estaban envueltos en esta guerra; los gigantes aún no habían hecho un solo movimiento, y esa inactividad resultaba extraña y preocupante para mí.
«"Tendré que ir con Laxus al Reino de los Vampiros... Según los informes de inteligencia, hay una rebelión gestándose en nuestra contra. Debemos ser rápidos o ellos terminarán poniéndose completamente de nuestro lado enemigo."»
—Laxus —dije en voz baja pero lo suficientemente clara para interrumpir el ambiente pesado del recinto—. Prepárate. No podemos perder el tiempo aquí mientras las fronteras se desestabilizan. Partimos al Reino de los Vampiros ahora mismo.
—Lucas, ¿vendrás conmigo? —preguntó Laxus, volteando a mirarme mientras se ajustaba las hombreras de su armadura.
—¿Estás hablando en serio? —respondí, dejando escapar un suspiro de pesadez—. Como sea... solo espero que no te excedas demasiado, como la última vez que mataste a ese chico.
—¿Hablas del archiduque que maté? —se burló Laxus con una sonrisa fría—. Ese tipo era un simple estorbo. Solo no obedeció lo que debía hacer. Todos sus planes de intentar arruinarle la vida a ese mocoso no sirvieron de nada. E incluso ahora estamos buscando al Caballero Oscuro para matarlo, luego de que Robert muriera ante él... Me sorprende que haya alguien más que sea capaz de hacernos frente de esa manera.
—Por favor, muchachos, no se peleen —intervino Satán, alzando una mano con calma pesada para calmar la tensión entre los dos—. La solución es simple: ese tipo posee algo similar a Tanaka Sánchez. ¿Ustedes han oído hablar de las llamas de la aceptación?
—Las llamas de la aceptación... —murmuró Lucifer, entornando los ojos mientras conectaba las piezas—. Ahora que lo mencionas, Carlos posee las llamas del infierno. La combinación de las llamas del infierno y las llamas de la aceptación ocurre cuando alguien está o ha vivido una larga vida de mala suerte... Se considera una maldición heredada tras haberlo perdido todo por completo. El odio y el dolor solo hacen que el usuario se vuelva más fuerte.
Lucifer hizo una breve pausa, observando el fuego abismal que ardía en el centro del salón.
—Sobre todo lo digo porque entendí algo crucial sobre esas llamas —continuó Lucifer con voz sombría—: solo nos quema a nosotros, pero a él no le hace absolutamente nada. Eso es un misterio que debo resolver antes de que iniciemos el ataque definitivo.
(Punto de vista del Reino Elfo)
En el majestuoso Palacio de Arce del Reino de los Elfos, la brisa entre los enormes árboles sagrados traía consigo un ambiente de tensa calma. Mientras en las sombras del Abismo se orquestaban conspiraciones y en la Planicie de Gran-Aura florecía una nueva era, la vida en el reino silvano transcurría con cautelosa expectativa.
Alefa caminaba por el amplio balcón del palacio real, ajustando con nerviosismo el bordado de su túnica mientras miraba hacia el horizonte.
—Oye, papá... —preguntó Alefa confundida, inclinando levemente la cabeza mientras se giraba hacia el Rey Elfo—. ¿Crees que todo saldrá bien si Carlos nos viene a visitar?
El soberano elfo se mantuvo firme junto a la barandilla de piedra tallada, contemplando el dosel del bosque ancestral antes de soltar un pesado suspiro de paternal resignación.
—Tal vez él esté ocupado, hija —respondió con voz serena pero cautelosa—. Ha pasado mucho tiempo desde que no viene por aquí, pero hay que asegurar todo. Además, según me envió en una carta, sugirió que nos veamos allá, en el Reino de Sage.
Alefa parpadeó con sorpresa, procesando las palabras de su padre.
—¿En el Reino de Sage? —murmuró Alefa, apretando las manos contra su pecho—. Eso significa que las cosas en el exterior deben estar más complicadas de lo que imaginamos... Si él prefiere reunirnos en territorio neutral junto a Sage en lugar de hacer una visita pública, es porque la Iglesia o los abismales están vigilando cada uno de sus pasos.
El Rey Elfo asintió con gravedad, caminando hacia la mesa de mapas donde descansaba el sello real deshecho de la misiva de Carlos.
—Así es, Alefa. Levantar una nación desde cero no es solo mover piedra y maná; es declarar la guerra al viejo orden del mundo. Si Carlos nos convoca en el territorio de Sage, es porque el tablero entero está a punto de moverse, y los elfos debemos decidir de qué lado de la historia vamos a estar cuando la tormenta finalmente estalle.
—Sigo preocupado por mi hermano Shima... algo le ocurre y no me lo quiere decir —admitió Saleh con la mirada decaída, cruzándose de brazos mientras la inquietud se marcaba en su rostro—. Tendré que hablar con él hoy, antes de irnos.
Su padre se detuvo en seco, volteando a ver a Saleh con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
—Espera... ¿iremos allá? —preguntó el Rey Elfo, ajustando la postura ante la repentina determinación de su hijo.
—Por supuesto que sí —afirmó Saleh, levantando la mirada con firmeza—. Si Carlos nos está citando en el Reino de Sage, no podemos quedarnos de brazos cruzados en el bosque esperando a que las amenazas lleguen a nuestra puerta. Además, si Shima guarda un secreto o algo lo está atormentando, prefiero que estemos juntos cuando el viaje comience.
El soberano contempló a Saleh durante unos segundos en silencio. Sabía que la determinación de su hijo no se doblaría fácilmente.
—Está bien... —cedió finalmente el rey con un leve asentimiento—. Habla con Shima y averigua qué es lo que le pesa en el alma. Prepararemos la escolta real para partir de inmediato hacia el Reino de Sage. Si la tormenta que se avecina involucra al Abismo y a la nueva nación de Gran-Aura, los elfos no seremos meros espectadores.
—Nunca pensé que habría dos reyes... —murmuró Saleh, sacudiendo la cabeza mientras la idea resonaba en su mente—. Mi hermano, y ese tipo que se acaba de convertir en uno.
El Rey Elfo guardó silencio un instante, apretando la empuñadura de su cetro con cierta gravedad.
—El destino de este mundo está cambiando a un ritmo acelerado —respondió el soberano, mirando el horizonte a través del ventanal—. Que Carlos haya logrado consolidar el trono de Gran-Aura no solo lo pone a la par de los grandes gobernantes, sino que altera todo el equilibrio político. Para muchos es una bendición, para otros, una amenaza incipiente... y para tu hermano Shima, evidentemente representa algo mucho más profundo.
Saleh apretó las manos en puños, sintiendo la presión de la corona y de los lazos de sangre.
—Por eso mismo debo averiguar qué es lo que ronda por la cabeza de Shima —dijo Saleh con firmeza—. Tener a dos reyes tan cerca de nosotros, con el Abismo acechando desde las sombras y la Iglesia lista para atacar, significa que cualquier duda o secreto en la familia real nos costará la vida. Iré a buscarlo ahora mismo.

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