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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 316 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
(Punto de vista de Eime) En las gradas, Fer, Erick y Kai se cubrieron los rostros ante el impacto del aura colosal que inundó la arena, mientras Yuki y el Señor Carlos observaban fijamente la metamorfosis. Emilia frenó su paso de golpe, abriendo los ojos de par en par ante el poder titánico que acababa de nacer frente a ella. Entiendo todo lo que pasa aquí... mi propósito, mi voluntad es ser fuerte y superar todos mis límites. Ya no había dudas en mis manos ni miedo en mi pecho. Me lancé hacia adelante, rompiendo la fricción del aire en un destello púrpura y dorado. Corrí hacia ella atacando con la espada de Dasshonl, desatando una ráfaga incesante de docenas de estocadas y cortes horizontales. El chocar del acero resonaba como truenos continuos en el recinto. Emilia bloqueaba con una maestría helada, desviando la hoja divina con la cazoleta de su estoque y esquivando los filos por milímetros, pero podía ver en sus ojos que ya no me estaba subestimando. Aun así, algo andaba mal en mí. Este poder... el poder de adaptarme al ritmo de combate de cualquiera en tiempo real era doloroso y sumamente complicado. Sentía cómo mi piel ardía y mis músculos se tensaban al límite bajo la fricción de la energía. Pero gracias a Emperor, ya no estaba sola. Él leía mis intenciones antes de que se convirtieran en órdenes; si yo avanzaba a la izquierda, la sombra del coloso cubría mi flanco derecho; si lanzaba una estocada, Emperor descargaba un impacto masivo en perfecta sincronía. Atacamos al mismo tiempo. Rompí la guardia de Emilia por una fracción de segundo y la hoja de Dasshonl logró rozar su hombro, rasgando su túnica y haciéndola sangrar. Logré hacerle daño... pero no fue suficiente. Ella seguía de pie, tan firme como una montaña de hielo, ajustando su postura de combate instantáneamente para devolverme el contraataque con una presión descomunal. Hubo un punto crucial en el que Emilia logró frenar mi avance en seco, atrapando la hoja de mi espada entre el filo helado de su estoque y una barrera de cuarzo congelado. Sintió la resistencia de mis brazos y por un instante pensó que el choque había terminado. Pero yo no quería parar. Quería luchar. Quería seguir luchando hasta romper el cielo. —¡AÚN NO HE TERMINADO! —grité con todo el aire de mis pulmones. Forcé la adaptación más allá del límite seguro. El aura dorada y púrpura que nos rodeaba estalló, elevando mi capacidad al 100%. Una ola de choque destructiva pulverizó el suelo de la pista por completo, enviando fragmentos de piedra volando hacia los techos. El dolor en mis venas era insoportable, como si mi cuerpo se estuviera quemando desde dentro hacia afuera. Sabía perfectamente que no podría mantener este estado por mucho tiempo... solo tenía cinco minutos. Cinco minutos de poder absoluto. Cinco minutos para demostrarle a la Primera Guardiana de qué estoy hecha. Esos cinco minutos valdrán la pena. Emperor rugió a mi lado con una voz que hizo temblar la estructura misma del coliseo, entrelazando su sombra gigante directamente con mi cuerpo. Mi velocidad se multiplicó por diez. Antes de que Emilia pudiera procesar la magnitud del cambio, me convertí en un borrón de luz que reapareció a milímetros de su rostro, lista para descargar el golpe que definiría nuestro destino. (Punto de vista de Eime) Los cinco minutos comenzaron a correr. Cada segundo consumía mis venas como si me tragara fuego líquido, pero ya no me importaba. —¡EMPEROR! —grité al unísono con la sombra titánica. El coloso se fundió por completo en mi espalda, convirtiendo su aura púrpura en un par de alas gigantescas de pura sombra adaptativa. Me abalancé sobre Emilia a una velocidad que rompió la barrera del sonido tres veces consecutivas. La pista entera saltó en pedazos. Lanzamos una tormenta ininterrumpida de ataques. Cien estocadas por segundo. Doscientos cortes que cruzaban el aire como relámpagos dorados. La espada de Dasshonl brillaba con una luz cegadora mientras colisionaba contra el estoque transparente de Emilia. Ella, usando cada gota de su experiencia de más de tres décadas, bloqueaba con precisión quirúrgica, pero el impacto del 100% de la adaptación era tan feroz que sus brazos temblaban y las barreras heladas que levantaba se pulverizaban antes de tocarme. —¡ESTA ES MI VOLUNTAD! —aullé, elevándome en el aire junto a la figura espectral de Emperor para descargar el corte final: un colosal tajo descendente de maná púrpura y dorado capaz de partir la arena en dos. Emilia me miró desde abajo. En sus ojos ya no había frío, solo un respeto absoluto y feroz. —¡MUÉSTRAMELO, EIME! —respondió la Primera Guardiana, elevando su estoque al cielo para invocar un pilar de hielo glacial absoluto. Las dos fuerzas colisionaron en el centro del coliseo. Un resplandor incandescente tragó la luz de la sala, acompañado por un estruendo sordo que hizo vibrar el suelo hasta las gradas. Por tres segundos, mi filo cortó el pilar de hielo de Emilia, desgastando su guardia, acercándome a su hombro, a punto de asestar el golpe definitivo... Y entonces, el reloj interno se agotó. Los cinco minutos terminaron. El 100% de la adaptación se apagó de golpe. Un chasquido seco resonó dentro de mi pecho cuando el sobreesfuerzo destrozó mis circuitos de maná. El aura dorada desapareció como una vela soplada por el viento, la espada de Dasshonl cayó de mis dedos entumecidos y la figura de Emperor se disipó en humo negro. Mi cuerpo, completamente exhausto y sangrando por los poros, cedió ante la gravedad. La inercia del ataque fallido me hizo caer de rodillas sobre la piedra destruida, incapaz de levantar un solo dedo, respirando con bocanadas agónicas. El choque de energía se disipó poco a poco. Entre la neblina de polvo y fragmentos de hielo, la silueta de Emilia permanecía de pie. Su túnica estaba rasgada, su hombro sangraba y su respiración era agitada, pero sostenía la punta de su estoque a milímetros de mi garganta. La Primera Guardiana era la ganadora. —Tiempo agotado... —murmuró Emilia con la voz rasgada por el cansancio. Bajé la mirada, sintiendo las lágrimas calientes mezclarse con la sangre de mi rostro. Lo había dado todo, pero mi cuerpo simplemente no pudo sostener la victoria. —Perdí... —susurré, esperando la reprimenda helada que siempre recibía. Sin embargo, el filo del estoque no rozó mi piel. El sonido del metal al ser enfundado resonó en el silencio del coliseo. Antes de que pudiera procesarlo, un calor inesperado me envolvió por completo. Emilia se había dejado caer de rodillas frente a mí y me estaba abrazando. Sus brazos se apretaron con fuerza alrededor de mis hombros heridos, pegándome a su pecho. El frío helado que siempre emanaba de su túnica se sintió, por primera vez en mi vida, ridículamente cálido y reconfortante. Me quedé helada, en shock absoluto, sintiendo cómo el cuerpo de la criatura más temible y estricta del ejército temblaba levemente mientras me sostenía para que no me desplomara contra el suelo. —Lo hiciste increíble, Eime... —susurró Emilia cerca de mi oído, con una voz suave que jamás le había escuchado a nadie—. Peleaste como una verdadera guerrera. Ya no le tienes miedo a la muerte. Un sollozo descontrolado escapó de mi garganta. Pegué mi rostro contra su hombro, aferrándome a la espalda de su túnica con las pocas fuerzas que me quedaban en las manos, llorando no por la derrota, sino por el alivio de haber sido finalmente reconocida por la persona que más intentaba alcanzar. —Perdóname por haber sido un monstruo contigo todo este tiempo... —continuó Emilia, apretando más el abrazo mientras una lágrima helada corría por su propia mejilla—. De ahora en adelante, pelearemos juntas en la vanguardia. Ya no eres mi subordinada... eres mi compañera. —Parece que todo terminó bien —dije mientras soltaba un suspiro de alivio desde el estrado—. Al fin se arreglaron las diferencias entre ellas. Pero, Yuki, no te veo tan contenta... Yuki cruzó los brazos sobre el pecho, desviando la mirada hacia la arena donde Emilia y Eime permanecían abrazadas sobre las ruinas de cuarzo. —No te lo puedo negar, Carlos... quería que Emilia perdiera. En fin, la siguiente en darle una paliza a Emilia seré yo —respondió con una mueca de fastidio que rápidamente se volvió seria—. Pero antes de eso, Carlos, dime algo... ¿qué tan seguro es eso de construir una nación? Es la primera vez que veo un cambio así en ti. ¿Acaso quieres ser un Rey? —Bueno, eso la verdad es posible que me convierta en uno —admití, observando el panorama destrozado del coliseo y sintiendo el peso de mi propia aura—. Sabes que mi poder nocturno es sumamente peligroso y, sobre todo, no puedo dejar que los abismales, o mis hermanos Dani y Kronos, se salgan con la suya. Lograré borrar esa corrupción que hay en los reinos; tal vez tengan miedo y temor de ser asesinados por otras naciones. Yuki, tú me has dicho que después de que mataras a mis buenos amigos en mi vida anterior... por casualidad, ¿no han destruido todos los reinos, verdad? Yuki no pestañeó. Una sombra helada y absoluta cubrió su rostro, revelando la devoción desmedida y peligrosa que siempre ha guardado en su interior. —¿Ya te diste cuenta de lo que soy capaz? —contestó sin un solo rastro de arrepentimiento—. Si alguien intentara acabar con su vida, yo destruiría el mundo por usted. Ver arder al mundo por lo que le han hecho, por haberle dado la espalda a usted y a Shiro... Tuve que hacerlo. Pero ahora tenemos a las dos Shiro en un mismo barco. —Te refieres a la Shiro de mi vida anterior que quedó sellada —comenté, hilando los recuerdos de aquel pasado distante—. Es verdad, no la he visto desde que se fue con Sayu... pero ahora está su yo más joven. —¿Qué diferencia hay entre ellas? —preguntó Yuki, inclinando levemente la cabeza con curiosidad. —La diferencia es que la Shiro de hace un millón de años que quedó sellada es mucho más fuerte que la Shiro de hace mil años. Esa es la diferencia. Por eso, cuando Shiro usó a Kuromi hacia mí... no mentiría al decir que ella podría morir si no domina ese poder. Yuki apretó los puños al escuchar la gravedad en mi voz. La presencia de las dos Shiro, el despertar de la adaptación en Eime y la reconciliación de la vanguardia dejaban en claro que el tiempo de las preparaciones se estaba agotando. La sombra de Kronos y de los abismales acechaba en el horizonte, y el nacimiento de nuestra nueva nación en la Planicie de Gran-Aura ya no era solo una ambición: era la única forma de garantizar que nadie más tuviera que sacrificarse. —Está bien, haré los preparativos para que se haga la construcción —respondió Yuki, asintiendo con absoluta determinación y serenidad. —Agradécelo, Yuki —agregué, observando el coliseo en ruinas donde el resto de los Guardianes comenzaba a reunirse alrededor de Emilia y Eime—. Reúne a Otis, a Fer y al equipo de logística. Necesitamos asegurar el perímetro de la Planicie de Gran-Aura antes de levantar el primer bastión. La Iglesia y las fuerzas de Kronos no tardarán en notar nuestros movimientos cuando comiencen las cimentaciones. Yuki dio un paso atrás y colocó una mano sobre su pecho, haciendo una leve reverencia. —Considerelo hecho, Señor Carlos. Si alguna de las naciones vecinas o los abismales intentan interferir con la creación de su reino, me aseguraré personalmente de que no quede ni el polvo de ellos. Con Emilia y Eime finalmente unidas en la vanguardia, y Yuki tomando la delantera en los preparativos de la nación, el verdadero camino hacia la Planicie de Gran-Aura acababa de comenzar. Las órdenes se ejecutaron con una precisión impecable. Tras la orden dada a Yuki, el consejo completo de Guardianes fue convocado en el centro estratégico de la Planicie de Gran-Aura para dar inicio a la mayor hazaña que estas tierras habían presenciado. Ahí estaban todos reunidos, listos para distribuir las responsabilidades de la construcción: Emilia y Eime, ahora reconectadas y en perfecta sincronía como la vanguardia principal, asumieron la seguridad perimetral exterior, patrullando las fronteras heladas para cortar de raíz cualquier incursión de la Iglesia o de las fuerzas de Kronos. Yuki, actuando como el brazo ejecutor y comandante en jefe, coordinó el despliegue general y la protección directa del Señor Carlos. Otis, el estratega e ingeniero principal, diseñó los planos rúnicos y las defensas magitecnológicas para el asentamiento. Fer, Erick y Kai, al mando de las unidades pesadas de combate y soporte, lideraron las cuadrillas de trabajo para canalizar la energía del terreno y levantar los muros de contención de la ciudad. Los días pasaron rápidamente, convirtiéndose en semanas de trabajo ininterrumpido. Bajo el liderazgo unificado de los Guardianes y la voluntad de Carlos, la tierra virgen se transformó a pasos agigantados. El paisaje desértico de la Planicie dio paso a una majestuosa metrópoli soberana: amplias murallas concéntricas de piedra blanca y dorada se alzaron protegiendo los distritos residenciales, mientras que los puertos estratégicos se adaptaron a las aguas cristalinas de la costa. En la cima de la gran cordillera urbana, un imponente castillo blanco de agujas doradas se erigió hacia los cielos, coronando la nueva nación como un bastión inexpugnable contra la corrupción del mundo. Un día, mientras observaba desde el gran balcón del castillo la imponencia del nuevo reino que florecía bajo las nubes, el sonido de unos pasos firmes resonó a mis espaldas. Era Sage, quien llegaba de inspeccionar el territorio tras varios días de ausencia. Se detuvo a unos metros de mí, contemplando la deslumbrante vista de la metrópoli portuaria y la gran fortaleza. —Ha pasado un tiempo, Carlos —dijo Sage, cruzándose de brazos mientras observaba los capiteles dorados que brillaban bajo la luz del sol—. Debo admitir que cuando hablaste de levantar una nación desde cero para proteger a los tuyos y erradicar la corrupción de los reinos, muchos lo habrían considerado una locura... pero ver esto en persona es otra historia. Giré levemente la cabeza para mirarlo. —Sabes que no teníamos opción, Sage. La Iglesia, Kronos y los abismales no se detendrán. Esta ciudad no es solo un refugio; es la prueba de que no volveremos a ser víctimas de sus leyes rotas. Sage dejó escapar una ligera sonrisa de respeto, mirando la constante actividad de los ciudadanos y los patrullajes de la guardia en las murallas exteriores. —Las defensas rúnicas que colocó Otis y la presencia de Emilia, Eime y Yuki patrullando los bordes le han dejado en claro a los reinos vecinos que atacar este lugar sería un suicidio —comentó Sage, inclinando la cabeza en reconocimiento—. Lo lograste, Carlos. La nación de Gran-Aura finalmente es una realidad. ¿Cuál es el siguiente paso para el soberano de estas tierras? La Vanguardia de Élite (Comandantes y Oficiales Superiores): Emilia (La Primera Guardiana, Comandante General) Eime (Guardiana de la Adaptación) Yuki (Comandante de Defensa Imperial) Otis (Estratega Jefe e Ingeniero) Fer (Líder de Asalto Pesado) Erick (Comandante de Artillería Rúnica) Kai (Guardián de Impacto Terrestre) Valen (Maestro de Esgrima) Kaelen (Guardián del Abismo) Darian (Escudo de Platino) Rhea (Maga Estelar) Gideon (Capitán de Infantería Pesada) Vael (Centinela Helado) Lira (Invocadora de Fuego) Caspian (Guardián de Muros) Soren (Especialista en Velocidad) Eliana (Maga Temporal) Thorne (Rompe-Barreras) Nix (Asesina de Perímetro) Kael (Cazador Nocturno) Cuerpo de Combate Táctico y Defensa: 21\. Aria 22\. Balthazar 23\. Cora 24\. Darius 25\. Evander 26\. Fiona 27\. Garrett 28\. Helena 29\. Ignis 30\. Jarek 31\. Kira 32\. Lysander 33\. Mireia 34\. Nolan 35\. Orion 36\. Pyra 37\. Quintus 38\. Rael 39\. Selene 40\. Titus Cuerpo de Defensa Territorial: 41\. Urien 42\. Valeria 43\. Xander 44\. Yael 45\. Zephyr 46\. Aurelius 47\. Brontes 48\. Cyra 49\. Dorian 50\. Elysia 51\. Fenris 52\. Gwyn 53\. Hestia 54\. Ivar 55\. Juno 56\. Kaelis 57\. Lorcan 58\. Maeve 59\. Nico 60\. Odin Cuerpo de Apoyo, Logística y Magitecnología: 61\. Perseus 62\. Ronan 63\. Silas 64\. Talia 65\. Vesper 66\. Wynter 67\. Xenia 68\. Zane (Punto de vista de Carlos) El gran salón del consejo del palacio imperial guardó un silencio reverente. Frente a mí, reunidos en largas mesas alineadas con el estandarte de la nación y con el imponente ventanal mostrando el castillo y la metrópoli portuaria al fondo, se encontraban los 68 Guardianes. Me puse de pie al frente del estrado, dejando resonar mi voz con firmeza y calma por todo el recinto: —Muy bien, escúchenme todos. Sé que es difícil y que venimos de enfrentamientos duros, pero podemos hacer una nación mejor. Quisiera saber sus opiniones, de ustedes... ¿qué les gustaría para este lugar? Un murmullo suave recorrió las filas antes de que los representantes de cada sección comenzaran a tomar la palabra. La Vanguardia y Comandantes Supremos Emilia (1.ª Guardiana - Comandante General): —Señor Carlos... para nosotros, la vanguardia, lo más importante es la seguridad y la justicia. Durante años, los reinos tradicionales nos vieron como herramientas de guerra. Me gustaría que esta nación no solo sea un bastión defensivo, sino un lugar donde nadie sea perseguido por la naturaleza de su poder o su origen. Queremos fronteras seguras, pero también un hogar al que valga la pena regresar tras la batalla. Eime (2.ª Guardiana - Adaptación): —A mí me gustaría que haya un centro de entrenamiento e integración. Muchos de los nuevos reclutas y ciudadanos tienen miedo de sus propios poderes descontrolados. Si les enseñamos a adaptarse y dominarlos sin temor a ser juzgados, seremos invencibles. Yuki (3.ª Guardiana - Defensa Imperial): —Mi única prioridad es su seguridad, Señor Carlos. Sin embargo, si hemos de construir un reino verdadero, me gustaría que la red de inteligencia y vigilancia sea absoluta. Que ningún influjo de la Iglesia o de sus hermanos Dani y Kronos pueda envenenar este refugio desde dentro. Cuerpo de Asalto Pesado e Ingeniería Otis (4.º Guardián - Estratega e Ingeniero): —Desde el punto de vista magitecnológico, me gustaría que Gran-Aura fuera una nación autosuficiente. Necesitamos expandir los talleres rúnicos en el distrito portuario y establecer redes de energía limpia que alimenten tanto las murallas defensivas como los hogares de la población civil. Fer (5.º Guardián - Asalto Pesado): —¡Infraestructura y buena comida para los soldados! —dijo con una sonrisa franca—. Pero hablando en serio, Carlos... a la tropa pesada le gustaría saber que sus familias y los civiles que rescatemos de los otros reinos tengan vivienda digna y trabajo dentro de la ciudad, no solo campamentos improvisados. Representantes del Cuerpo Táctico y Territorial Rhea (11.ª Guardiana - Maga Estelar): —Señor, a muchos de los Guardianes del cuerpo táctico nos gustaría que se creara un Gran Consejo Académico y de Investigación Arcana. Hay demasiado conocimiento perdido y oculto sobre el Origen y la magia ancestral. Esta nación debería ser la cuna de la sabiduría, no solo de la fuerza militar. Gideon (12.º Guardián - Infantería Pesada): —Nos gustaría igualdad de derechos para todas las razas y mestizos. Los reinos del exterior marginan a los semi-humanos y a los portadores de magia oscura. Si Gran-Aura les abre las puertas como ciudadanos de pleno derecho, lucharán por esta bandera hasta el último aliento. Cuerpo de Apoyo, Sanidad y Logística Elysia (50.ª Guardiana - Sanidad y Curación): —A la división médica le gustaría un hospital central integrado con cristales de maná curativo. Queremos asegurarnos de que ningún habitante o soldado sufra secuelas permanentes por la corrupción o la magia del Abismo. Perseus (61.º Guardián - Logística y Comercio): —Para que la nación prosperar a largo plazo, necesitamos establecer rutas comerciales independientes con las regiones neutrales y aprovechar el puerto marítimo que acabamos de levantar. Si demostramos prosperidad económica, las otras naciones lo pensarán dos veces antes de intentar declararnos la guerra. Escuché atentamente a cada uno de ellos. Las miradas de los 68 Guardianes no reflejaban duda, sino esperanza y un deseo genuino de construir un futuro próspero. Nuestra nación ya no era solo una fortaleza contra Kronos y la Iglesia; se estaba convirtiendo en el refugio que este mundo desesperadamente necesitaba.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 316

Estás leyendo el capítulo 316 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 28 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.